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Zhurong

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Horda.png
Zhurong
Imagen de Zhurong
Información del personaje
Servidor Los Errantes
Título Maestro
Género Masculino
Raza Pandaren
Edad 37 años
Clase Mago
Alineamiento Neutral Bueno
Ocupación Eremita
Lugar de nacimiento Aldea Wu-Song, la Isla Errante
Afiliación La Horda, Pandaren Huojin, Los Eremitas
Estado Vivo

Aspecto físicoEditar

Zhurong es un pandaren corpulento y grandullón.

Lejos de ser un Fortimbrás, la robustez de Zhurong proviene de una alimentación sana y abundante: rica en bambú y en fideos pandaren. Su tripa prominente atestigua su pasión por la cocina; su cara de felicidad, por otro lado, corrobora su amor por una dieta copiosa a la par que nutritiva.

Su pelaje es de tonalidad marrón café, como el color de la tierra tras la temporada de lluvias. Está moteado por un aluvión de salpicaduras blancas que adornan graciosamente su cuerpo y que se extienden hasta crear una franja en su panza, sin solución alguna de uniformidad.

Su rostro es velludo; sus cejas, pobladas; su cabellera se asemeja a la guedeja de un león, anudada en una cola a la altura de la nuca. Es de complexión facial ovalada, con dos manchas con forma de nenúfares encuadrando sus ojos. Su barba es un matojo de pelos alborotados, frondosos como la Espesura Krasarang; la lleva al estilo de los antiguos filósofos de la Isla Errante, que vivían en toneles de cerveza y para quienes las bondades del afeite eran todo un misterio.

Tiene un gesto expresivo: lo hirsuto de su semblante se presta a formar tanto imágenes entrañables como muecas inquisitivas. En cualquiera de los casos, un rastro de astucia nunca abandona su mirada; a veces, hasta se puede detectar la huella de la ironía en su sonrisa.

Se mueve con la agilidad natural de una carpa fuera del río. Su marcha se parece a la del pesado Buey: sus pasos son lentos y firmes, pero seguros. Da la impresión de que camina distraído, posando la vista en detalles aparentemente insignificantes. En ocasiones se mesa la barba, señal inequívoca de que está inmerso en una reflexión profunda y a menudo disparatada.

Descripción psicológicaEditar

Zhurong es un pandaren afable, despreocupado y con un finísimo aprecio por la ironía.

VirtudesEditar

Es un estudioso de vasta erudición que tiene una mente aguda y despierta, aunque gusta de aparentar lo contrario y de adoptar unas maneras ingenuas, cuando no completamente absurdas, con el propósito de resultar más cercano y humilde.

Es sociable, campechano, cálido al trato, de buen corazón y con un buen fondo —sobre todo en lo tocante al ámbito estomacal—. Con los años ha cultivado un gran sentido del humor, amén de una ínclita barriga, que asienta sus pilares en la ridiculización por medio de la ironía, muy frecuentemente dirigida hacia sí mismo y tamizada por el candor y la bondad que se desprenden de su actitud.

Aunque no es típico de él beber hasta perder la consciencia, disfruta sin reparos de la bebida y de la pitanza. Nunca se impone prohibiciones, así que no peca de desmesura: al fin y al cabo, uno no suele abusar de aquello de lo que puede disponer cuando se le antoje.

Vicios y defectosEditar

El peor enemigo de Zhurong es la desidia. Es un flojo, un holgazán, y eso se pone de relieve tanto en la redondez de sus formas como en su mala costumbre de procrastinar sus obligaciones.

Sus modales también dejan bastante que desear, aunque normalmente actúa esa ausencia adrede, como parte de su impostura.

Aunque no es un cobarde, Zhurong tiende a evadir los temas que se le hacen incómodos. Su modo de enfrentarse a esos problemas, que extienden sus raíces hasta un punto temprano de su historia, consiste en esbozar una sonrisa y en cambiar rápidamente de tercio mediante alguna ocurrencia ingeniosa.

Asimismo, su tono burlesco, habitualmente jocoso e inofensivo, puede transformarse en un arma hiriente puesta en contra del imprudente que provoque su cólera. Sus estallidos de ira, aunque escasos, son terribles, y a menudo se sellan con una hondonada de dolorosos y didácticos bastonazos de bambú.

Gustos e interesesEditar

Es un gourmet apasionado. Adora la cocina de casi todas las culturas de Azeroth, y aunque no es el mejor chef, sí que es un gastrónomo excepcional. Y es de notar su bizarría a la hora de catar ciertas muestras culinarias de dudosa salubridad.

Valora las propiedades aromáticas de las hierbas de corte medicinal, aun cuando se emplean sin unos objetivos terapéuticos claros.

En lo académico, sus intereses se derraman por una vertiente de letras: como todo eremita, es un curioso de la cultura pretérita de su pueblo; al contrario que la mayoría de los eremitas, su apego por el ahora es tan intenso como su amor por las leyendas de otrora. Su especialidad es la literatura, fruto de su voraz hábito como lector, tanto en su variante sapiencial como en sus derivaciones más poéticas.

La única rama que se despega de este árbol del saber es su obsesión con los cuerpos celestes. Para él, la posición de las constelaciones y el movimiento de los astros son acontecimientos cargados de magia y de un profundo calado simbólico. Su mayor ambición intelectual radica en descifrar el mensaje que fue grabado en las estrellas hace miles de años por las deidades del Cielo.

Ética y moralEditar

En lo filosófico, es partidario del relativismo moral y de la forja de un sistema autónomo de valores, siguiendo las prescripciones del pensamiento Huojin.

Discrepa con los Tushui, que afirman que solo existe una ruta hacia el bien y hacia la verdad: en su opinión, uno debe examinar continuamente sus actos, porque el bien y la verdad no son conceptos estancos y de naturaleza inalterable, sino que son plásticos y se descubren a partir de las experiencias vitales.

Su posición moral se inscribe dentro de una corriente altruista, reflejo de su educación en la cultura solidaria de los pandaren, donde todos se apoyan los unos a los otros aun en las circunstancias más aciagas. Desde su punto de vista, no existe un aparato de orden kármico que sancione qué es correcto y qué no, sino que son la práctica y la inteligencia las que establecen cuál es el mejor curso de acción posible.

De este modo, Zhurong se aleja de la trampa del determinismo: nada está fijado de antemano y nada de lo que existe es inmutable. Todo es susceptible al cambio; por ende, debemos ser flexibles como el tallo de bambú y no rígidos como un junco lacustre.

FeEditar

Zhurong no es un pandaren de fe.

Su aproximación a lo divino está mediada por la idea de que los dioses, aun siendo seres omnipotentes e intemporales, no son inmunes a los afectos mortales y pueden caer en sus mismos errores. Por ese motivo no se consagra a ninguna religión, aunque rinde homenaje a los protectores de Pandaria, los Augustos Celestiales, en reconocimiento de su importantísima misión como guías espirituales de los pandaren.

De esta misma guisa honra a sus ancestros: antepasados venerables que incluso desde el Más Allá continúan prestando ayuda y valiosos consejos a sus descendientes.

TrasfondoEditar

Este apartado ordena una serie de acontecimientos del trasfondo del personaje que pueden conocerse públicamente. Para una lectura más completa y extensa de sus desventuras, leed La primera lección..

Niñez: el aprendiz de magoEditar

Zhurong nació en la Isla Errante, a las afueras de la Aldea Wu-Song, en el seno de una familia bastante prestigiosa y acomodada. Su padre, Shanyuan, era un monje instructor de la escuela Tushui, de gesto grave y de magisterio extraordinariamente solemne. Su madre, Jiao, era una artista habilidosa que trabajaba en la alfarería y en la restauración de antiguas reliquias de Pandaria, infinitamente más bohemia y relajada que su padre.

De joven falló en las pruebas más elementales para ingresar al monasterio. Mientras que sus aptitudes mentales eran más que adecuadas, su torpeza física no tenía parangón: tras haberlo visto en las pruebas, los cachorros de la aldea acuñaron un nombre jocoso a su particular estilo de lucha: «el estilo del Mur Glotón».

Para su alivio, fue exonerado de sus entrenamientos diarios con su padre a una edad temprana. Tras haber advertido las inclinaciones de su hijo hacia las lecturas pedánticas sobre taumaturgia y leyendas del pasado, Shanyuan buscó consejo en un viejo amigo, un excéntrico maestro de magos de los Tushui, Hao. Hao, dado al retiro ascético y a la bebida en su choza del monte, aceptó al primogénito de Shanyuan como discípulo.

Su hermana menor, Lan, recogió el testigo de su padre como aprendiz de la disciplina monástica: fue admitida en el monasterio dos años antes de lo permitido, y era reconocida por sus mentores como un futuro prodigio y dechado de virtudes monacales: callada, atenta, perseverante y ágil; todo lo contrario a su hermano mayor, un desecho de virtudes ejemplar: charlatán, distraído, perezoso y patoso. Shanyuan no cabía en sí de gozo, así que se entregó en cuerpo y alma a adiestrar a su sucesora en las maneras y en el pensamiento de la doctrina Tushui.

Zhurong fue un estudiante terrible: se dormía y acudía varias horas tarde a las clases, se pasaba las tardes leyendo las páginas ilustradas del Pandasutra, conocía antes a autores de ficción que a los clásicos de la filosofía pandaren… Así que Hao lo arrastró por la calle de la amargura, obligándolo a esquivar pedradas sobre los postes de las Pozas Cantarinas con la promesa de que aquello obedecía a un propósito didáctico. No obstante, un buen día aquello cambió, para asombro de Hao, y Zhurong decidió centrarse en su formación como mago.

Mocedad: el copista frustradoEditar

Años más tarde, Hao emprendió el viaje al Bosque de los Bastones y relevó a un Zhurong ahora adulto del estudio de sus sapientísimas pedradas existenciales. Ya graduado en las bases de la magia bajo la tutela de Hao, y como estudioso de la literatura pandaren de antaño, llevó a cabo el proceso lógico para continuar educándose en su campo: entró en la escribanía del Templo de los Cinco Albores con la dignísima labor de copista.

Consiguió un éxito nulo como amanuense: su tendencia a corregir los errores de los textos, tanto ortográficos y sintácticos como de razonamiento, le granjeó rápidamente la enemistad de los bibliotecarios más conservadores del templo. Fue, sin embargo, esa misma disposición la que salvó del olvido al libro dinástico de los Zarpafirme, una familia de granjeros que agradeció con creces su método de contraste y adición, que sirvió para rellenar los huecos que plagaban la historia de su linaje y que reconstruyó pasajes que hasta la fecha se creían perdidos.

Desenterró un grimorio polvoriento y enmohecido de la zona más remota y profunda de la biblioteca del Templo de los Cinco Albores. En su portada figuraba el lema «El Pandanomicón», así que intrigado por los secretos que encerraría un manual con un título tan elocuente, abrió la tapa con expectación para nutrirse de su contenido. De lo único que se nutrió fue de un buen mordisco en los dedos, pues el libro se cerró de sopetón. Entonces entendió que estaba encantado y se lo llevó a casa para repararlo.

El Pandanomicón era un repositorio de sabiduría ancestral sin pies ni cabeza. Albergaba conocimientos de las áreas más dispares: tenía un vademécum botánico, prescripciones para practicar la acupuntura, unos anales que resumían la historia de los pandaren y el mito de su génesis, dibujos de arquitectura… En fin, Zhurong acabó enamorándose del Pandanomicón por su increíble variedad, y aquel le correspondió por causas desconocidas. De este modo, el mago elaboró un índice (que no tardó en quedar obsoleto) y resolvió continuar con la tarea de su antecesor: añadiría más ciencias, artes y saberes, todas bien amalgamadas, al Pandanomicón. Este último, sumamente contento por sentirse útil después de miles de años, desde entonces revolotea a la zaga del pandaren y transcribe en sus hojas lo que él le pide.

Cuando cumplió el cuarto de siglo, fue expulsado con honores del Templo de los Cinco Albores debido a sus innumerables escarnios contra el método escolástico, a sus flagrantes fracasos a la hora de reproducir literalmente las escrituras, a su irreverencia en general y a que, en palabras de sus superiores, «mancilló un tomo sagrado y milenario». Nunca se esclareció cuál, ni cómo lo hizo ni por qué.

Sembradas las semillas de la discordia, mantuvo una acalorada discusión con sus padres que estuvo cerca de prender en llamas su hogar. Tras esto, se hizo un hato con sus posesiones más preciadas y decidió que era el momento oportuno para dejar el nido y volar, al fin, en solitario. Renegó del apellido de su familia y se lanzó a los caminos con la esperanza de ganarse el sustento como sabio itinerante.

Adultez: eremita y pensadorEditar

No logró una gran prez, y a duras penas comida, en su vagabundeo por la Isla Errante. Pasó un tiempo acogido en la vivienda de los Zarpafirme, una encantadora pareja de ancianos del Labrantío que compartió generosamente con él los yermos frutos de su cosecha y un humilde cobertizo en el que dormir. Determinado a compensarles por su hospitalidad, Zhurong ideó, prácticamente por accidente, un nuevo sistema de regadío que no tardó en hacerse popular y en extenderse al resto de granjas del Labrantío.

Gracias a aquel acto de serendipia, más comúnmente llamada chiripa, Zhurong obtuvo suficiente dinero y popularidad como para levantar su propia cabaña en los límites de las Pozas Cantarinas, repletas de dulces recuerdos para él con forma de piedra. Allí fundó un estudio independiente y se dedicó a leer y a investigar lo que le placía. Pero dado que su apetito era inmenso y que carecía de recursos con los que costear sus gastos, empezó a dar clases a los cachorros del Labrantío a cambio de las vituallas más esenciales: ropas, muebles, aperos de escritura y por supuesto víveres.

Fue admitido en los eremitas a tenor de su feliz hallazgo. Su reputación se propagó como la pólvora por el caparazón de Shen-zin Su, y pronto le fueron enviados los pupilos más díscolos y reticentes de toda la Isla Errante. Sus métodos docentes se volvieron igualmente famosos: desde «la ironía pedagógica», que muy a menudo rozaba los bordes del sarcasmo, hasta el «golpe de bambú» magistral, pasando por el clásico «zas, en toda la boca» en situaciones de extrema necedad.

Unos años después, cuando alcanzó la treintena, se consagró como filósofo y adalid ideológico de los Huojin al publicar una acerba crítica contra la filosofía Tushui, de la que muchos sospechan que estaba dirigida personalmente a su padre. En aquella época fue un fecundo autor de obras de erudición tales que «Los Augustos Celestiales, ¿realidad o ficción?», «Feng Shui: guisando un potaje cosmológico», «Apología a los Huojin y al relativismo epistemológico» y «Pandaren, demasiado pandaren», todas muy cotizadas y con una amplia distribución que no estuvo exenta de polémica.

Por su aula han pasado algunos de los talentos más opacos de toda la Isla Errante: entre ellos, se rumorea que asistió a sus lecciones un insigne hozen que no solo aprendió a leer, sino también a hablar con propiedad. Sin embargo, hubo un alumno que sobresalió por encima de los otros: Mojo, el más brillante de todos, un pandaren huérfano de padre e incipiente mago de fuego, conocido por su temperamento desabrido y por su carácter incendiario, en múltiples sentidos.

Ha vivido solo durante una década en los aledaños de las Pozas Cantarinas. Los Zarpafirme le regalaron una cría de yak a la que no podían mantener, a la que nombró Chou, y junto con el Pandanomicón, Mojo, y algún aprendiz ocasional, ellos han sido su familia, compañeros y amigos a lo largo de estos diez últimos años.

Salida de la Isla ErranteEditar

Hace tan solo un año, Mojo abandonó el maestrazgo de Zhurong para aventurarse al mundo exterior de la mano de los Huojin y de las fuerzas de la Horda. Todo aquello, sumado a un oscuro descubrimiento, cementó la decisión del eremita de salir de la Isla Errante para sumarse al contingente Huojin en Kalimdor.

Acompañado por la sanadora Nhung, nieta de los Zarpafirme y practicante de la medicina herbolaria tradicional, Zhurong recorre el planeta en busca de los sueños de su juventud: está indagando el legado de Pandaria en el Viejo Mundo; asimismo, también desea conocer la cultura de Pandaria, tierra natal de sus ascendientes; y desde luego, anhela degustar toda esa gastronomía exótica, regada por las mejores cervezas que Azeroth pueda producir.

En la persecución de esos horizontes, le acechan deberes y adversidades: Mojo ha desaparecido, y su principal preocupación consiste en traerlo sano y salvo a casa; además, le sigue la pista a un mito siniestro, desterrado de la historia de Pandaria, que guarda una estrecha conexión con los orígenes de su estirpe y con las relaciones entre el decadente Imperio Kal’dorei y el pueblo pandaren de la Antigüedad.

Con todo, Zhurong está listo para afrontar el desafío y para exhumar los misterios que yacen amordazados bajo el implacable Silencio de las Eras.

Obras relacionadasEditar

Ritual del té y las birras.

La primera lección.

Spotlights de otros wikis

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