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Una mentira milenaria

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Relato escrito por Januar que refleja los hechos transcurridos durante la Guerra de los Ancestros. Hilo original aquí.



De entre los singulares ejemplares que se llevó consigo Januar de los remilgados Arúspices, sólo uno fue capaz de generarle tanto pavor como sorpresa…

“Desde hace largos milenios, a nuestra gloriosa estirpe Altonato se le ha deleznado, rechazado y denigrado bajo una ufana mentira basada en la alteración de una historia tan gloriosa cómo arcaica: la de la Guerra de los Ancestros. Se ha afirmado en muchas ocasiones la flagrante acusación de que nosotros, los Altonatos, provocamos la implosión de la Poza de la Eternidad, siendo algo completamente incorrecto, falso e infiel a la historia verdadera. Nuestra estirpe, guiada por los ebrios ojos de la Reina Azshara, trató de traer al mundo a la demoníaca Legión Ardiente, bajo la promesa de un poder inconmesurable con el que podríamos moldear Azeroth a nuestro gusto, imagen y semejanza, cómo pertoca a aquellos que han nacido envueltos en los mantos púrpuras de la Magia. Recientes investigaciones realizadas por nuestros más sabios y avezados Tradicionalistas de Eldre'Thalas han demostrado que la veracidad de la afirmación de que la noble estirpe Altonato hizo destruir Azeroth es completamente incorrecta: todo lo contrario. Según los diarios y las crónicas de aquella tenebrosa época, los poderosos arcanistas Altonatos de la Corte más afines a Azshara utilizaron el Pozo de la Eternidad cómo nexo de unión entre la Antigua Kalimdor y el oscuro planeta capital de la Legión bajo las órdenes de la Reina, para traer a Azeroth al Señor de todos los Demonios: Sargeras el Destructor. Quien con sus insidiosas falacias tan solo deseaba ver Azeroth reducido a cenizas.

Sin embargo, los Altonatos son tan solo culpables en parte de ese hecho, pues es sabido que muchos de los nuestros lucharon contra los demoníacos designios de la Reina Azshara, y otros incluso decidieron mantenerse neutrales al peligroso conflicto. Por lo que no se puede juzgar a toda una raza por las acciones de una limitada parte de la misma sin incurrir a la arbitrariedad y a la ignorancia. Una ignorancia contraria a la justicia histórica que nosotros queremos mostrar a aquellos que se atrevan a leer las siguientes palabras extraídas de un libro conocido cómo La Guerra de los Ancestros: "Malfurion, convencido de que el Pozo de la Eternidad era el cordón umbilical de los demonios con el mundo físico, insistió en que debía ser destruido. Sus compañeros, que sabían que el Pozo era la fuente de su inmortalidad y sus poderes, estaban horrorizados ante tal perspectiva. No obstante, Tyrande comprendió la sabia teoría de Malfurion y convenció a Cenarius y a sus compañeros a que atacaran el templo de Azshara y encontraran la manera de cerrar el Pozo por el bien de todos." Después de leer este extracto, tan veraz cómo la historia misma, se deduce que no fueron los Altonatos aquellos que destruyeron Azeroth en los cuatro fragmentos que habitamos en la actualidad, si no que fueron los mismos kaldoreis aquellos que condenaron a su propia raza a una vida de mortalidad, desidia y pobreza, lejos del bienestar que los Altonatos habían concedido a sus súbditos elfos de noche antes de que la Reina Azshara incurriera en la locura de invocar a Sargeras para aumentar su poder y el de su pueblo, desconociendo en su totalidad la labor destructiva de los demonios. Cuando la Poza de la Eternidad se cerró para evitar la entrada de Sargeras a aquél arcaico Azeroth, toda aquella inmensa cantidad de energía mágica que poseía no pudo contenerse en el interior del gigantesco lago. En lugar de buscar solución alguna al nefasto problema de la Legión de Fuego, el archidruida Malfurion decidió cerrarlo sin tener en cuenta o pararse a pensar en las terribles consecuencias de su temeraria acción. Convenció a la Suma Sacerdotisa Tyrande Susurravientos, y al hijo de Elune, el ancestral Cenarius.

Cómo si de una olla a presión repleta se tratase, el Pozo no pudo contener toda esa cantidad de energía mágica que guardaba y estalló. Este concentrado de magia descontrolada infinita rebasó los límites de Pozo de la Eternidad, quebrando así los límites del sello que habían impuesto los kaldoreis y destruyendo el poderoso lago, liberando una gran explosión de energía que hizo quebrar en dos nuestro primigenio y hermoso Kalimdor, condenándole a la actual existencia del continente, repleto de inmundicia y de bajeza, sin un atisbo de la gloria pasada que hollara en tiempos pretéritos la faz de Azeroth. Por ello les invito a que lean el antiguo tratado, escrito por manos kaldoreis que vivieron la Gran Guerra y el Cataclismo de “La Guerra de los Ancestros”, y responded a vosotros mismos esta pregunta: ¿Quiénes fueron aquellos que hicieron implosionar el Pozo de la Eternidad?

Levantó la vista lentamente, como si se hubiera hallado sumida en un sueño durante miles de años. “¿Qué debo hacer con esto…?” Desde luego si lo sacaba a la luz, sería como una bomba de relojería para las relaciones kaldorei-Altonato. Pero, por otra parte, limpiaría en gran parte el nombre de su honrosa estirpe…

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