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Un cuento algo distinto

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Relato escrito por Adryân. Hilo original aquí.



La joven observó a su público sonriente, con lentitud comenzó a tocar una suave melodía con su lira al tiempo que modulaba su voz para atrapar con su cadencia la atención del grupo de aventureros que la observaba al amor de la lumbre del campamento.

- Me habéis pedido que os cuente una pequeña historia y siguiendo vuestros deseos así lo haré, os deleitaré con una historia que escuché de una vieja mercader, allá por los caminos en una noche como esta...- con una leve inclinación, comenzó a contar la historia, mientras varios pares de ojos se fijaban en ella, las conversaciones se apagaban y el silencio se iba extendiendo entre las tiendas.

"Hace mucho tiempo, en Villaoscura, acontecieron ciertos hechos que para algunos no son más que un cuento y para otros es una vieja leyenda.

Cuentan que una tarde apareció en la ciudad una bella joven en avanzado estado de gestación, con las ropas ajadas tras recorrer descalza el Bosque del Ocaso. Cuentan que surgió de entre los oscuros árboles retorcidos, con la mirada perdida y balbuceando extrañas palabras... cuentan los que presenciaron tal aparición que la niebla se arremolinaba a su paso con lentos movimientos como si hubiera sido parte de ella...

La joven fue atendida por la comadrona del lugar, y pasadas unas semanas, al fin trajo a su hijita al mundo. Agradecida a la comunidad, se acomodó en una vieja choza que se encontraba en las afueras, y con mimo y cuidado creo un hogar decente para ella y su hijita. La chiquilla mientras tanto fue creciendo, asombrando a su madre con su extraño don. Desde pequeña el pueblo murmuraba puesto que nació sin emitir sonido alguno, una niña que nunca derramaba una lágrima y que observaba todo con atención. Su melena cobriza contrastaba con su pálida tez, sus claros ojos ambarinos reflejaban una sabiduría impropia de una niña pequeña, sus rasgos suaves y delicados eran la comidilla del pueblecito, mientras a su madre la miraban con desdén puesto que de todos era conocido que aquella chiquilla no tenía un padre.

Así, ambas, madre e hija vivían en la casa más alejada colindante con el oscuro bosque, bañada por las sinuosas nieblas del anochecer, mecida por los ruidos del bosque al que la niña no temía puesto que era su jardín de juegos. Mientras su madre atendía con una media sonrisa a las mujeres que en público la maldecían, vendiéndoles pomadas, pociones y elixires de extraños colores. La pequeña se internaba en el bosque recogiendo las hierbas que su madre le enseñara, recorriendo los senderos y observando como las arañas creaban sus obras maestras, como los grandes Huargos cazaban a sus presas... La niña poco a poco fue haciéndose más solitaria, prefiriendo la compañía de la oscuridad del bosque que a las madres y los niños que se burlaban de ella.

Pasaron nueve años en que ambas disfrutaron de su muta compañía, la madre enseñando todos sus conocimientos a la pequeña, la hija asombrando a su madre con su don y sus descubrimientos... pero como en toda historia algo sucedió, la tragedia llamó a su puerta y nada volvió a ser como antes.

Una tarde de otoño, poco antes de las primeras nevadas, la joven madre escuchó el sordo rumor de los caballos, los gritos y las maldiciones que venían del camino del pueblo. Con temor se asomó a las ventanas y descubrió lo que más temía, un grupo de caballeros de radiantes armaduras encabezaban una marabunta compuesta por sus vecinos.

Soltando un grito de alarma, recogió en una manta algo de comida y haciendo un petate se lo tendió a su hija, al tiempo que abría una de las ventanas traseras y la ayudaba a salir por ella.

- ¡Corre! ¡No mires atrás!! ¡En cuanto pueda me reuniré contigo mi vida!!! ¡Corre por lo que más quieras y no vengas hasta que yo te llame!!- la niña sollozaba mirando a su madre sin comprender, la mujer angustiada esbozó una media sonrisa intentando tranquilizar a la niña- ¡Corre querida, en seguida estoy contigo, busca un buen escondite que ahora me reúno contigo!-

La niña asintió y corrió con todas sus fuerzas dispuesta a encontrar un buen lugar para que su madre estuviera orgullosa. Corrió sin parar hasta que escuchó el primer grito desgarrador. Con el corazón golpeando contra su pecho volvió temblorosa sobre sus pasos, agazapándose entre los matorrales, desde donde se asomó con cuidado... y su corazón se paró al presenciar la más horrible de las visiones.

Ante ella, veía a su madre, en brazos de dos hombres armados, mientras un tercero caminaba hasta un árbol cercano. Con calmada parsimonia, colocó la cuerda alrededor de una rama del árbol, y preparó la lazada volviéndose con una torva mirada hacia la mujer, que sollozaba y se debatía entre los brazos de los otros caballeros.

- Dinos dónde está la bruja, dinos dónde se escondió la hija del demonio... y tu alma sera purgada y salvada de los fuegos viles del infierno- El caballero que pronunció tales amenazas la miraba con desdén desde lo alto de su montura.

-¡¡Por los dioses!! Es sólo una niña! ¡No es una bruja... dejadla en paz!-

- ¡Blasfemias! Sólo existe la Luz Sagrada, maldita seas tú y la simiente de tu vientre... no importa, la encontraremos y correrá tu misma suerte.- Con un gesto ordenó a los hombres que procedieran, estos sin inmutarse arrastraron a la joven doncella hasta el árbol, a pesar de sus gritos, sus sollozos, sus súplicas... sus ojos desencajados de terror descubrieron el rostro de su hija, negando histérica pronunció unas palabras en su idioma secreto, dirigidas a la pequeña...

La marabunta se apartó asustada, pensando seguramente que pronunciaba un maleficio, pero la risa del caballero les enardeció y más aún sus crueles palabras.

- ¡Bruja! ¡Así te delatas, escupe las palabras en la lengua de tu blasfemo dios! ¡Que la Luz se apiade de tu alma!- sin mediar palabra los caballeros pasaron la lazada por el delgado cuello de la muchacha y tiraron los tres de la cuerda elevando su cuerpo convulso en el aire.

La niña se mordió las manos para no gritar, pues en sus oídos aun resonaban las palabras de aviso de su madre : "No grites mi vida, no les des el placer de matarte, ¡Vive! pues será mi mayor venganza!"

Observó estremecida desde su escondite como su madre pataleaba en el aire, gorgoteando en busca de aire hasta que finalmente su lengua hinchada afloro a sus mandíbulas encajadas, y su cuerpo permanecía balanceándose sin vida.

Los caballeros afianzaron la cuerda y con persignándose se alejaron de la ajusticiada, sus vecinos poco a poco se alejaron mirando con repugnancia la escena, el caballero sonriendo recogió una de las antorchas y la tiró al interior de la casa iniciando el incendio que destruiría el hogar de la niña.

Con una leve mirada en torno ordenó montar a los demás.

- Vámonos, se encargarán de la niña los animales salvajes y si no la primera nevada dará buena cuenta de esa bruja.-

Finalmente... cuando de las llamas no quedaban más que rescoldos, cuando la noche cerrada era mudo testigo del horror acontecido, la pequeña se atrevió a salir con pasos vacilantes, sus ojos fijos en los pies descalzos de su madre, con un pequeño sollozo se abrazó a la fría carne de su madre...

Así permaneció no se sabe cuanto hasta que un gruñido entre la maleza la hizo girarse asustada... poco a poco unas sombras se deslizaron de las lindes del bosque rodeándola mientras secos chasquidos la amedrentaban.

La niña les miró uno a uno... a esas bestias de enormes garras, alargadas orejas y grandes fauces babeantes, hasta distinguir al líder de la manada. Alzando la cabeza le miró enfrentando sus miradas, ambos permanecieron así unos largos minutos estudiándose como viejos amigos. Finalmente el gran lobo se acercó a unos centímetros de ella y con lentitud pasó una rasposa lengua por su mejilla, enjugando su llanto.

La niña suspiró y alzando la mano enterró sus pequeños dedos en la pelambrera del Huargo, después se giró mirando por última vez a su madre, y con renovada ira se encaramó al lomo de la bestia. Mirando a sus hermanos de camada, la niña hablo lentamente.

- Me conocéis puesto que he corrido a vuestro lado por nuestros bosques, soy una de los vuestros y ahora...- alzó sus ambarinos ojos al rostro amoratado de su madre antes de continuar- al igual que yo os acompañé en vuestra caza... vosotros me acompañaréis en la mía. Cazaré a quienes nos cazaron, beberé la sangre de aquellos que me arrebataron la mía, les arrancaré sus corazones como han hecho con el mío... y cuando no quede ni uno de ellos con vida, os pagaré con la mía.

Así, acompañada de sus hermanos, la niña se internó en el bosque... y cuando alcanzó la madurez y pudo adoptar en plenitud su verdadera forma... cumplió su venganza... pero eso... es otra historia que será contada en otro momento"

Con un leve rasgar de cuerdas terminó la sombría tonada inclinándose levemente ante su audiencia, que la observaba absorta aún, de entre la multitud surgió una temblorosa voz.

- La niña... era una huargen ¿no?-

- Así es, su padre por desgracia corrió la misma suerte que su madre, por eso ella se mantenía alejada del pueblo. Ahora yo os pregunto... ¿Quiénes eran los verdaderos monstruos?...

Con un leve sonrisa la juglar desapareció entre las sombras, tras hacerse con las monedas que le dieran, saliendo de la taberna y caminando entre las callejuelas, hasta que una figura se interpuso en su camino.

- ¿Te has divertido?- la joven soltó un suspiro al reconocer la voz-

- ¡No me des esos sustos! ¿¡Tu sabes la cantidad de desalmados que corren por estas calles!?- la figura soltó una leve risilla mientras echaba la capucha hacia atrás, dejando ver sus ambarinos ojos enmarcados por una melena pelirroja.

- Demasiado bien me temo, ¿sabes? Las cosas no fueron exactamente así como la cuentas...- la juglar la miro sonriente.

- Lo sé... pero ¿queda más dramático no? si les cuento que aquella noche diste caza a esos caballeros y que tus amigos y tu os disteis un festín con sus huesos... no quedarías como la víctima del relato, y eso, no vende querida.- Ambas estallan en carcajadas, mientras se encaminan por la callejuela al encuentro de sus camaradas, y quien sabe si la mayor, no encuentra un aperitivo por el camino...

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