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Un año cuatro estaciones

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Relato escrito por Helha. Hilo original aquí.



Primavera: El deshielo había dado paso del blanco de la nieve a los miles de tonos en verde de la primavera, el anuncio del renacer de la vida con la nueva estación traía susurros sobre el renacer de antiguas alianzas. Las negociaciones se habían celebrado en secreto en una plaza neutral, si bien el actual clima no dejaba mucho margen de error para estas conversaciones, precisamente este era el mejor momento. Todo parecía estar encauzado, si bien lo que estaba en juego era demasiado importante para dejar nada a la suposición. Ellos se jugaban el ser condenados por alta traición en tiempos de guerra, nosotros restaurar lo que nunca debió ser roto y obtener un aliado crucial que acabara con esta maldita guerra de una vez para todos, pero los acuerdos debían ser sellados así como la flor no es más que la promesa del fruto.

Verano: El sol, la guerra y la sequía habían hecho estragos en el camino al norte, las ruinas en reconstrucción del ataque de Alamuerte se confundían con los recientes ataques de Garrosh. La comitiva partió amparada en las sombras y el frescor de la noche, un pequeño grupo de antiguos nobles de Lordaeron y altos elfos en peregrinaje a la Fuente del Sol, ningún documento ni salvaguarda salvo palabras susurradas por el enemigo y un largo camino desde Ventormenta; mientras el tiempo siguió pasando y los actos de unos pocos nos sobrepasaron, así como el granizo de una única tormenta puede acabar con toda una cosecha. La comitiva fue apresada apenas llegar, algo relacionado con Dalarán, la guerra había movido pieza antes nuevamente, los tratados de paz habían sido cambiados por grilletes, y nosotros en vez de emisarios éramos espías en territorio enemigo. Las noches empezaban a alargar mientras los días duraban cada vez menos.

Otoño: Para muchos volver a ver las calles Lunargenta y la Fuente del Sol fue un alivio, si bien los tonos ocres que todo lo cubrían eran un mensaje de lo agridulce de nuestra situación, la belleza de lo perecedero, de lo que se va a perder para siempre. Éramos llamados invitados y no prisioneros, se nos confinó en una serie de antiguos palacetes sin poder salir ni comunicarnos entre nosotros o con el mundo exterior, éramos fantasmas que nadie parecía querer recordar ni reconocer. El tiempo pasó lentamente en la soledad palaciega, nadie parecía querer decirnos nada, sin embargo las paredes no eran lo suficientemente gruesas, Dalarán ya no era una ciudad neutral, los Atracasol habían sido apresados y confinados en el Bastión Violeta, aquellos con la suerte de huir contaban la historia, Jaina hablaba de traición, mis anfitriones lo desmentían; si bien Garrosh se había hecho con un nuevo arma y la guerra se había recrudecido. El frío se sentía entre los viejos muros de oro y piedra, los árboles apenas guardaban hojas que dejar caer. El tiempo siguió pasando pese a su lentitud, hace apenas unos años habría añorado esa calma y comodidades, ahora veía los barrotes de oro de mi prisión, las noticias seguían llegando con cuentagotas, los señores habían vuelto a partir a la guerra.

Invierno: Las noticias ahora hablaban de guerra civil en la Horda, si bien ambos bandos parecían seguir en guerra contra la Alianza, demasiadas cosas que olvidar incluso por un enemigo común. Una nevada temprana nos recordó cuan cerca del norte estábamos ahora, de nuevo. La nieve no era tan blanca en el sur. Los señores no habían vuelto de la guerra, campesinos y sirvientes habían partido ahora también, Ogrimmar se encontraba bajo asedio, la flota de Lunargenta parecía ser la responsable del desembarco y abastecimiento del ejército sitiador, las palabras Vol´Jin vive se escucharon más de una vez. Ahora las noches ocupaban casi todo el día, apenas quedaban sirvientes en el palacio, guardias en mi cárcel de barrotes de oro y hielo, sería fácil huir, pero ¿a dónde? El asedio duraba demasiado, si los rumores de Garrosh y su nuevo arma secreta eran ciertos, ¿quedaría algún sitio al que volver? Puestos a morir por qué no hacerlo dónde nací. La guerra había terminado, Garrosh había sido derrotado, más no todos habían vuelto. Las celebraciones no lo fueron del todo, el asedio se había cobrado demasiadas víctimas, el Rey de Ventormenta y el nuevo Jefe de Guerra habían proclamado una tregua, a nosotros se nos “invitó” a partir de vuelta a nuestro hogar, nos explicaron muy amablemente que este ya no lo era. Un navío partiría a Vega de Tuercespina con motivo del año nuevo, teníamos un pasaje reservado, si bien mi camino no pasaba por allí. Antes de que el manto de hielo y nieve del padre invierno cubriera todos los Reinos del Este y borrara las huellas del pasado yo quería ser testigo de las mismas, saber lo que pudo haber sido, y ver lo que en verdad fue. Nadie había reclamado nuestra presencia en todo este tiempo, un poco más de tiempo que importaría, a los fantasmas no se les exige puntualidad.

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