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Tiempos Olvidados

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Prólogo. Editar

¡Farelar!-Gritó la joven elfa- Llevas días encerrado entre estas paredes. Deberías descansar. Ni todo el conocimiento del mundo puede ser sano.

El altonato no le prestó demasiada atención. Desvió la mirada hacia ella, la cual yacía bajo el marco de la puerta, a oscuras, mientras sus infantiles ojos plateados le escudriñaban. Tras un frío pestañeo, se encaró nuevamente hacia sus libros, sumergiéndose en los fantasiosos y místicos mundos que estos le proporcionaban. Mas que su habitación, la sala emulaba una biblioteca a la perfección, adornada por una pequeña parte de la exótica colección de tomos mágicos de su familia.

Tras un largo instante, Farelar frunció el ceño, mirándola.

Deberías preocuparte por tus asuntos, Lyra. Soy yo quien devora estos libros mientras tú te limitas a recoger flores en los bosques. Cuando An'da exija resultados y nos proporcione acceso a la Corte, serás tú quien quede fuera.

Mis estudios son envidiables, pero puedo decir lo mismo de tus relaciones. -Espetó de repente la joven- Madre está preocupada. 

Lyrania se inclinó hacia delante para verle mejor. El joven altonato mostraba profundas ojeras sobre su azulada tez, adornada por desdeñosos cabellos de color oscuro. 

No tienes buen aspecto. Farel, por favor.

Farelar era un joven de férreos valores, pero jamás pudo negar algo a su hermana.

Cogió un único libro, sujetándolo entre sus brazos. Un instante después, camino junto a la joven elfa. Lyra alzó la mirada, agradeciéndole su gesto con un tierno abrazo.


La habitación de Lyrania era más que peculiar. Aunque estaba decorada de una forma sumamente ostentosa y exótica, cada rincón y mueble estaba adornado por bellas flores que desprendían agradables aromas, los cuales se unían volviéndose una única y evocadora fragancia. Una fragancia que evocaba y emulaba a los mismísimos bosques sagrados de los kaldorei.

Te has perdido muchos sucesos durante estos días. -Dijo Lyrania.- Dalithria aún no ha regresado y lleva días fuera. ¡Min'da está preocupada también!

Quizás haya pasado la noche entre las sábanas de algún alto cortesano. -espetó Farelar, socarrón.-

¡Farel! -Dijo Lyra, algo molesta.- ¡No hables así de tu hermana! 

El altonato desvió la mirada con un suspiro, recorriendo la habitación de Lyra con sus ávidos ojos violáceos, dándose cuenta de que habían más flores que la última vez. Es así como reparó en que llevaba días sin abandonar la inmersión de sus estudios. Días sin ver la luz de la Dama Blanca.

¿Sabes? Pronto habrá una gran celebración. An'da desea que acudamos, todos. Cree que debemos conocer cómo es el ambiente de la Corte Eterna, y que debemos estar a la altura. -Dijo Lyra, con tono disgustado.-

Farelar asintió ante esto, dirigiéndose al balcón de la habitación. Abrió las enormes cristaleras y observó la ciudad de Zin-Azshari a sus pies, mientras la Dama Blanca iluminaba su cuerpo con sus potentes destellos plateados.

¿Le temes? -Dijo Farel, inquisitivo.-

Sí. -Titubeó Lyrania.- ¿Y... tú?

El altonato apretó los labios, callando mientras posaba la mirada sobre el palacio de la Luz de Luces que se avistaba en la lejanía.

Capítulo 1: Min'da. Editar

La familia Sombraeterna fue una de las familias mejor posicionadas en la Corte Eterna de Zin-Azshari. Una familia colmada de poder y riquezas, cuya matrona era la bellísima Eldara Sombraeterna. Los melosos y evocadores cánticos y las nobles representaciones artísticas con la que los demás nobles colmaban a Eldara caían en vano en su intento de captar su mínima atención, pues contra todo pronóstico, la sacerdotisa cayó víctima de los encantos del oscuro Shalanor Sombraeterna.

La belleza de la mujer que tiempo atrás decidió formar una familia con Lord Shalanor no conocía límites. Largos cabellos plateados como la mismísima Dama Blanca y con la suavidad de la seda de las arañas más letales y exóticas de los bosques Kaldorei, caían recubriendo sus hombros y su espalda, adornados por filamentos metálicos engarzados a sus mechones. Contrarrestando su condición y a su esposo, las facciones del rostro de Eldara eran firmes y angelicales, ensalzadas por su exótica tez azulada y sus brillantes ojos plateados, piadosos ante todo cuanto observaban.Y allí estaba, contemplando a sus retoños. 

Para Eldara, aunque sus jóvenes hijos ya habían alcanzado la mayoría de edad, no estaban preparados para afrontar la realidad del exterior. No la que su padre les otorgaría.

Parpadeó despacio, adentrándose lentamente en la habitación de Lyrania, observando a sus dos hijos sobre el balcón. Cuando Eldara les miraba, sentía orgullo. Orgullo y miedo de que corrieran su mismo destino. Un miedo que jamás sería capaz de admitir.

Farelar. -Dijo Eldara, calmada y susurrante.- Su voz siempre fue afable y cálida, pero el miedo de los últimos años había hecho mella en esta.

Farelar abrió levemente los ojos, dando una rápida media vuelta para contemplar a la mujer que llevaba días sin ver. 

Min'da... -Titubeó. Farelar era distante con cualquiera, incluso con su amada madre. Aun así, la forma en la que él se dirigía hacia ella, completamente distinta a la de todos los demás, era especial. La apreciaba por encima de cualquiera.

Mis estudios me ocuparon por completo. -Prosiguió Farelar, excusándose ante su ausencia.-

No has de dar explicación alguna, hijo mío. Estás aquí. Una madre no necesita más. -Comentó Eldara mientras esbozaba una amplia sonrisa.- Era así como ocultaba sus sentimientos. Con cálidas sonrisas que se apreciaban frías en lo más profundo de su atormentada alma. Eldara sabía que pronto, oscuras mareas agitarían el destino de su familia. Ocultarlo era la mejor opción para protegerles.

-Tu padre regresará hoy, pues sus quehaceres ya han finalizado en palacio. Junto a Dalithria. -Añadió Eldara.-

Farelar asintió despacio ante las palabras de su madre, escudriñándola desde la distancia. Lyrania aún era joven e ignorante, ajena a los oscuros secretos de su familia, pero él podía ver más a través de las cándidas sonrisas de su madre.Sabía lo que se avecinaba.

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