Fandom

Wiki Errantes

Soldado de la Luz

1.451páginas en
el wiki}}
Crear una página
Comentarios0 Share

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

Soldado de la LuzEditar

Capítulo 1; el PasadoEditar

Era una noche fría en la Capilla Esperanza de la Luz, el joven Paladín Mercuryo se encontraba mirando a la distancia, no podía dormir aún rondaban por su cabeza los nombres de sus camaradas caídos, se preguntaba para que servía luchar contra una fuerza que crecía con cada muerte. Entonces se acordó por que luchaban todos aquellos soldados del Alba Argenta, luchaban para poder darle un atisbo de esperanza al mundo. Entonces sonó el cuerno del Alba Argenta, venían mas soldados no-muertos. - ¡Mercuryo, a las armas! - gritó su superior - ¡Ya voy señor! - exclamó Mercuryo mientras agarraba su arma y su escudo. Los no-muertos avanzaban cada vez mas rápido, cuando pararon de repente y empezaron a desaparecer como por arte de magia, parecía que estaban siendo teletransportados, y así era los No-Muertos se fueron en un abrir y cerrar de ojos, probablemente su oscuro señor les hubiese llamado, todo volvió a la normalidad. Mercuryo pensaría en esa noche durante algunos años después, no se explicaba como habían desaparecido tantos no-muertos.

*Cinco años mas tarde*

La ciudadela Corona de Hielo se erigía imponente en la lejanía, solo se podía apreciar una tenue silueta que poco a poco iba aclarándose mientras las tropas de la Cruzada Argenta se acercaban, los mejores campeones de Azeroth y de la Luz estaban allí, muchos paladínes, guerreros, brujos, magos...  Mercuryo se sacó un colgante de debajo de la coraza, lo había llevado desde hacía varios años, le recordaba por que luchaba, luchaba por darle un futuro digno sus hijos, a los que no veía tras haberlos dejado en Ventormenta poco antes de partir hacia Rasganorte, a menudo se si había hecho lo correcto, pero era su deber, y debía cumplirlo. Por fin llegaron a su destino, la ciudadela de la corona de hielo, lugar de descanso del Rey Exánime, el último bastión activo de la plaga, pues el resto ya no eran mas que ruinas o estaban controlados por los ejercitos de la alianza, horda, cruzada argenta o Espada de Ébano, pero eso ya no importaba mucho, lo que importaba ahora era se encontraban, ya estaban frente a la puerta de la oscura ciudadela, y empezaban a subir, para su sorpresa la Espada de Ébano ya estaba allí, y ya había preparado un campamento base fuera de aquella oscura construcción. Tardaron dos horas en subir el ariete que se iba a encargar de abrirse paso, pero al fin estaba ahí ese gran ariete con una cabeza de león en la punta y adornado con el simbolo de la Cruzada Argenta, entonces llegó el portador de la Crematoria, el Alto Señor Tirion Vadín, y tras un alentador discurso ordenó lo que todos esperaban, que el ariete derribase la puerta de aquella oscura ciudadela y entonces empezaron el ataque. - Mercuryo tengo un misión para tí - dijo un Comandante de la Cruzada Argenta - ¡Entendido señor! - dijo el paladín - Tú misión es pacificar una zona llamada camaras heladas - dijo el comandane - Así lo haré, señor - dijo Mercuryo subiendo sobre un grifo. Las camaras heladas hacían honor a su nombre, pensó Mercuryo mientras se acercaban a la primera parte de las camaras, según los exploradores aquella zona era como una Forja gigante para las almas, por lo que dedujeron que su nombre era la Forja de Almas, al principio le costó creer que existiera semejante sitio, pero era real , y era bastante aterrador, habían pavimentado el suelo con los cráneos de las víctimas de la plaga, entonces una voz les habló; - Soy el Devorador de las Almas, venir a que acabe con las vuestras, débiles mortales Algunos cruzados del grupo se miraron estupefactos, pero siguieron avanzando, los soldados de la plaga no eran nada contra el poder de la luz, y al fin llegaron a la cámara del Devorador de las Almas, era una criatura horrible, parecía estar hecha de roca, igualmente esto no intimidó al grupo y se lanzó al ataque contra aquella monstruosidad, de repente el devorador abrió la boca de ella salieron almas en pena que acabaron con los dos cruzados mas cercanos, Mercuryo empezó a ver que la misión peligraba por lo que le lanzó su martillo embuido con la luz al monstruo, desafortunadamente el Martillo estalló al chocar con el monstruo, Mercuryo acaba de perder el arma, pero el monstruo tambien habia estallado. Entonces un portal se abrió en la parte superior de la cámara, al cruzarlo se hayaron en el Foso de Saron, que según los exploradores era el lugar donde el ejercito del Rey Exánime se armaba, su misión era liberar a los presos y quedarse allí a la espera de mas ordenes. Acababan de liberar al último esclavo cuando les llegó la noticia, el Alto Señor Tirion Vadín había vencido al Rey Exánime y se iban a retirar ya. Mercuryo se iba a ir ya de ese lugar cuando un resplando atrajo su atención, el paladín se acercó se trataba de una espada bastante vieja, pero el soldado de la luz sintió que le llamaba, la cogió con cuidado y se la colgó en el cinturon. Unos días después Mercuryo decidió dejar la Cruzada pues creía que su deber ahora era proteger a los soldados de la Alianza.

*Ventormenta unos días después de su regreso*

Ya de vuelta en Ventormenta, Mercuryo se encontró con sus hijos, Aiorôs, Elsá y Annà, los cuales se alegraron de volver a verle y tenerle ya en casa, tras eso el paladín pidió unirse a la Catedral de la Luz e instruir a los nuevos reclutas, su primer aprendiz fue su hijo Aiorôs el cuál había perdido a su mentor anterior en un ataque la Horda, Aiorôs se convirtió en un Paladín a las semanas de que Mercuryo lo tomase a cargo, su siguiente aprendiz fue su hija Annà la cuál tuvo que esperar pues su padre se marchó a ayudar en el Monte Hyjal, pues había vuelto Alamuerte el destructor de mundos, y posteriormente Mercuryo se fue a ayudar en la batalla en las tierras altas crepusculares, pero finalmente tras la derrota de Alamuerte, Mercuryo siguió entrenando a su hija, hasta que esta pudo valerse de la luz para curar y luchar, tras esto fue nombrada paladín. 

Capítulo 2: Nueva AmenazaEditar

La noche había cubierto Ventomenta, el día acababa como otro cualquier, había sido un día muy productivo, Annà por fin había recibido su martillo de paladín y se había puesto esas hombreras que le había regalado su padre poco antes de que este acabase su adiestramiento, hasta había tenido noticias de su esposa en una carta, diciendole que en la Abadía de Villanorte todo marchaba bien pero que estaban algo asustados por que empezaban a aparecer incursiones de orcos Roca Negra, cosa que alarmó bastante a Mercuryo, al final comprendió que no tenía que preocuparse pues había muy buenos soldados de la alianza destinados allí, incluida su mujer. Entonces alguien llamó a la puerta - ¿Quien anda ahí a estas horas de la noche? - dijo el veterano paladín - Padre abreme que me voy a helar - dijo una voz familiar para el paladín Mercuryo abrió la puerta para recibir a su hija - Pasa Elsá, pasa - dijo Mercuryo - no esperabamos tan tarde, tus hermanos ya estan dormidos - No pasa nada padre, resulta que el Kirin Tor ya no necesita mas magos y me he venido a ayudar a la alianza, asi que vuelvo a casa - dijo la joven maga - Me parece una gran idea, ya sabes donde está tu cuarto - dijo sonriente Tras esto lo dos se echaron a reír, parecía que había sido ayer la última vez que vió a su hija, pero no haría mas que un par de meses cuando le fue a recibir en Ventormenta tras su vuelta de la campaña por salvar el Monte Hyjal, lo cuál para Mercuryo se hacía una campaña muy distante en el tiempo. - ¿Y que tal con tus estudios allí en Dalaran? - preguntó el paladín - Pues... es raro la verdad, pues todos me conocen como la hija de dos siervos de la luz, lo cuál me hace sentirme rara al ser la única que maneja la magia - dijo la maga Tras esto se levantó hizo un gesto para indicar que se iba a dormir y subió escaleras arriba, era curioso cuanto había pasado él y sus hijos y cuanto habían crecido, Mercuryo se rascó la barbilla y se pusó de nuevo a mirar las cartas, hubo una que le llamó entonces su atención la carta era de un general de la Alianza, al parecer había pasado algo según la carta y estaban llamando a todos los soldados disponibles, curiosamente había otra carta tambien para Elsá con el mismo sello para Elsá, cosa que no le llamó la atención, pues era sabido que los magos del Kirin Tor eran bastante reclamados por sus respectivas facciones si no permanecían neutrales.

A la mañana siguiente cuando ya todos se habían levantado y habían recibido a Elsá, Mercuryo les contó que los llamaban del ejercito de la Alianza para ir a ayudar en una campaña a lo que parecía ser un nuevo contienente, ninguno pareció tomarselo mal, es mas parecían ansiosos por saber que mas decía la carta. - La carta es básicamente eso, nos llaman a mi y a vuestra hermana a combatir por el ejercito de la alianza a un nuevo continente para ayudar a buscar al principe - dijo Mercuryo - Es todo un honor para ti entonces, padre - dijo Aiorôs sonriente - ¿Y que pasa con eso de ir a enseñarme la Capilla Esperanza de la Luz? - dijo Annà - Cuando volvamos te llevo, te lo prometo - respondió el paladín Tras eso ambos se armaron con sus armaduras correspondientes y salieron hacia el barco donde les habían citado con muchos otros soldados de la Alianza, cuando por fin llegaron se soprendieron, había mas de doscientos soldados allí, la verdad es que se esperaban algún soldado mas. - Hola, ¿Eres Mercuryo? - dijo un Caballero de la Muerte - Si, soy yo, ¿Quien eres y por qué preguntas? - dijo el paladín mientras indicaba a su hija que fuese a dejar sus cosas - Me llamo Diamantino, la gran Almirante del barco ha pedido que vayamos todos a verle según lleguemos - dijo el Caballero de la muerte - Vale, gracias - dijo el seguidor de la luz mientras indicaba a su hija que cogiese todo y le siguiese. Tras esto el Caballero de la Muerte se fue a comunicarles esto a otros soldados y finalmente bajó del barco volador en su grifo y se marchó a informar a los altos mandos. - ¡Soldados de la Alianza! - grito la gran Almirante del barco - ¡Hemos sido convocados aquí por orden del Rey Varian, tenemos que salvar al principe, adelante!  Minutos después partían rumbo hacia lo desconocido, que les depararían esta campaña, no lo sabían.

Capítulo 3: Nueva misiónEditar

Habían pasado meses desde que la campaña en esa extraña tierra de Pandaria había acabado, habían cumplido su misión y habían vuelto a Ventormenta.

Mercuryo se hallaba a las puertas de la Catedral de la Luz, aquella magnífica edificación que le había dejado sin habla nada mas verla, pues su monumental torre central era una obra de arquitectura. Pero la sorpresa le llegó al ver el monumento a Uther El Iluminado delante de la catedral. Había pasado mucho tiempo desde que había visitado la Catedral por última vez y aquella noche era algo distinta, pues se encontraba a las puertas de la Catedral y estaba bastante emocionado por volver a entrar en aquella gran joya de la arquitectura, cuando estaba subiendo las escaleras se dió cuenta de que alguien o algo le estaba mirando. De improvisto sonó una voz detras de él. - ¿Conoce usted a algún siervo de la luz? - dijo la voz - ¿Paladín o Sacerdote? - dijo Mercuryo - Me da igual - dijo de nuevo la voz Tras esto Mercuryo se giró y vió un Huargen armado con armaduras de cuero y una especie de bastón El Huargen se presentó después como Arcnarus Lunasangrante, un Druida de la Zarpa, le comentó que iban a marchar sobre Las Tierras de la Peste, Mercuryo sin dudarlo se ofreció a ayudar, pues sabía que podía ayudar a esa nueva Orden. Varios días después Mercuryo se encontraba preparando el equipaje, armas, armaduras, vendas... todo lo esencial para ayudar a sus compañeros, cuando llamaron a su puerta, era Elsá, se había enterado de esa campaña - Me he enterado de la campaña a las tierras de la peste - dijo Elsá - A eso, no es nada, quiero ayudar a los que quieren hacer el bien - dijo el paladín - Yo tambien quiero ir, padre - dijo Elsá algo mosqueada - Esas tierras no son zonas para gente tan joven - dijo Mercuryo algo mosqueado - Padre, esas tierras son tierras destruidas por magia - dijo la maga - He estado destinado allí durante cinco años con el Alba Argenta, he visto los horrores que se han liberado en este mundo, he visto ciudades en ruinas y con fuegos eternos, he visto gigantes hechos de remiendos - dijo el heraldo de la Luz - Pero... - llegó a decir su hija maga - Si quieres ir hablaré con Arcnarus para que te meta... - dijo recordando que su hija ya no era una simple novicia, sino una maga - ¡Pero ten cuidado! Tras esto Elsá le enseñó una carta que había llegado de la Alianza para él, era de los Altos Mandos de la Alianza, le mandaban a las zonas del Norte de Elwynn, pues había empezado a crecer la amenaza Orca en esas zonas y amenazaba con que llegase a Elwynn. - Por esto te he pedido ir en tú lugar - dijo Elsá Mercuryo lo encajó todo, probablemente su hija era mas lista de lo que él se pensaba, finalmente el paladín decidió confiarle la tarea de ir a las tierras de la Peste a su hija Elsá mientras él se preparaba para ir hacia las zonas al norte de elwynn para luchar como soldado de la alianza una vez mas. Cuando había terminado de ordenar todo Elsá le mostró otra carta, era de su hija Annà ahora destinada en las tierras inhóspitas, la carta decía que estaba bien y se estaba enfrentano duramente a los que aun eran fieles a Garrosh Hellscream, tambien hablaba sobre uno enano, un orco y un gnomo que decían haber vencido a Alamuerte cuando apareció, estaba bastante feliz de ayudar a la alianza por lo que se podía deducir.  - Elsá ve preparandote debes saber todo sobre las Tierras de la peste - dijo el paladín

Capítulo 4: Batalla por las estepas ardientesEditar

Hacía menos de dos días que había llegado a las tierras al Norte de Elwynn, Mas conocidas como Estepas Ardientes, el Paladín se había encontrado con un combate nada mas llegar, los orcos estaban asaltando las posiciones avanzadas de la Alianza, no sabía a que se debía pero se dio cuenta de que no eran leales a Garrosh Hellscream, pues no portaban tabardos ni nada parecido, dedujo que eran los orcos que se encerraron en la antigua ciudad hierro negro al caer Ogrimm Doomhammer en la segunda guerra.  Mercuryo salió de explorar sus recuerdos cuando un explorador que acababa de volver de su patrulla volvió a informar. - El enemigo se está preparando, señor - dijo el explorador - ¿Preparando para qué? - dijo el Cruzado - Para un ataque a gran escala - dijo el explorador Mercuryo le hizo un gesto para que se retirase, aún no estaba acostumbrado pero debían haberle dado un puesto así debido a ser un Cruzado Argenta, se temía que los orcos atacasen ferozmente y que ademas les siguieran ogros y trolls que hubiesen quedado atrapados en esas tierras, por lo que mandó hacer unas hileras de sacos en las posiciones elevadas para colocar allí arqueros. Ordenó también que los soldados rasos se pusieran a afilar y adecentar sus armas, armaduras y escudos y finalmente ordenó a todos aquellos que luchaban por aire que afinasen la puntería o que descasasen. Finalmente el día de la batalla llegó, Mercuryo el cuál había pedido ayuda a Ventormenta a poco de saber sobre el inminente ataque estaba frente a la mesa de batalla se acercó lentamente a sus suboficiales, la mayoría eran hombres y mujeres de mediana edad y vestían armaduras doradas con hombreras de águilas y leones, todos sabían que se tenía en juego. - Bien, no haré discursos legendarios como el que hizo el líder de la Cruzada Argenta en la batalla final contra la plaga, pero diré que si perdemos hoy aquí, nuestros hijos, nuestros nietos, y nuestro legado se perderá - gritaba enérgicamente el paladín - ¡Por eso hoy debemos vencer! Tras eso todo se pusieron firmes y al minuto asintieron, Mercuryo había dado la orden de que todos los soldados rasos esperasen a que los orcos apareciesen y empezasen a atacar, tenía la certeza de que el enemigo caería antes por la lluvia de los arqueros que por el acero. Los Orcos aparecieron horas mas tardes de que todos estuvieran en sus posiciones, ademas llevaban ogros y trols, no era raro pues muchos habían sido acorralados en la ciudad enana de los Hierro Negro al caer su Jefe de Guerra en la Segunda Guerra. Esa especie de masa multicolor avanzó hacia la fortaleza de la Alianza, pero cuando estos alzaron sus armas una lluvia de flechas ardiendo destrozó las primeras líneas de ese extraño ejercito, pero no ralentizó su marcha ni tampoco los hizo huir, entonces Mercuryo dio la orden de que los soldados aguantasen hasta que los cañones que habían traído estuviesen a punto. Los orcos arremetieron furiosamente contra el flanco izquierdo de la formación de los soldados de la Alianza, el cuál al instante empezó a ceder. - ¡Señor, el flanco izquierdo está cediendo! - grito uno de los oficiales  - ¡Que todo aquel que no esté combatiendo vaya a reforzar ese flanco! - grito el Cruzado Tras esto el Cruzado cogió sus armas y se lanzó hacia el flanco izquierdo, tras él todo un destacamento de hombres que estaban esperando dentro de su base. - ¡Por la Alianza! ¡Por la Luz! - Grito Mercuryo al momento de atravesar a uno de esos orcos La batalla se pareció inclinar entonces hacia el lado de la Alianza pero entonces un rugido desgarro el aire, los dos bandos dejaron de combatir, la mayoría de los soldados de la Alianza miró hacia el cielo, y los vió. ¡Eran Dragones! Mercuryo no daba crédito a lo que veía ¿Acaso esos seres de piel verde habían amaestrado dragones? No importaba debían acaba con los soldados rasos ante atacar a los dragones, si esque quedaba alguno cuando los soldados en grifo y maquinas voladoras, enseguida la batalla se libraba ahora en la tierra y en el cielo. El Flanco izquierdo cedió las fuerzas enemigas intentaron !@#$trar pero fueron respondidas con fuego de cañones. - ¡Retiraos! - grito Mercuryo queriendo salvar a los que aún seguían combatiendo - ¡Retiraos tras los muros! Tras ese grito la mayoría de los soldados retrocedió hacia los muros de la base de la alianza, los que no lo consiguieron se quedaron para entretener a los enemigos, mientras tanto Mercuryo pudo ver como los cañones hacían huir a las fuerzas enemigas, y a sus dragones, habían ganado pero la victoria tenía un olor amargo y sentía como una derrota aparte.

Spotlights de otros wikis

Wiki al azar