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Sobre la escarcha y Bajo la escarcha

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Sobre la Escarcha y Bajo la Escarcha. El largo viaje del Cónclave del Martillo por Rasganorte.
Imagen de Sobre la Escarcha y Bajo la Escarcha. El largo viaje del Cónclave del Martillo por Rasganorte.
Información del evento
Fecha 13/02/2015-X/04/2015
Lugar Rasganorte. Azjol-nerub, Campos del Torneo Argenta y Cumbres Tormentosas.
Participantes
Promotores

TrasfondoEditar

Expedición a Azjol-Nerub: "Bajo la escarcha" Editar


El Cónclave del Martillo ha de ir en representación de Forjaz a el Torneo que se celebraría en los Campos del Torneo Argenta, pero llegan noticias de problemas en el corazón de Rasganorte y el senado manda un equipo de rescate de élite de cinco personas liderada por Bragni Montelejano a averiguar el paradero y el resultado de una partida de la Liga de Expedicionarios, para después ayudarles en su cometido y rescatar tantos artefactos arqueológicos como sea posible.

Puede leerse sobre esta parte de la campaña en la página: Expedición del Cónclave del Martillo a Azjol-Nerub.

Torneo Argenta Editar


Tras lograr salir de los interminables túneles bajo el continente helado el equipo de rescate llega a los Campos del Torneo Argenta a tiempo y se reúne con los demás miembros del Cónclave del Martillo para participar en las lizas, mientras que Valtheim Thandruinson acompañaría a los expedicionarios hacia las Cumbres Tormentosas.

Expedición a Cumbres Tormentosas: "Sobre la escarcha" Editar


Al finalizar el torneo, los miembros del Cónclave del Martillo se dirigen hacia el Fuerte Escarcha a reunirse con Valtheim y los expedicionarios, donde enfocarán esta vez sus investigaciones en la mítica ciudad de Ulduar.

Crónica Editar

Esta Crónica está extraída del diario del Estratega de campaña, Bragni Montelejano:

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Los últimos preparativos Editar


En la eterna e inexpugnable capital de los Enanos: Forjaz, la Sede del Cónclave estaba bastante más calmada que hacía unas horas. Abarrotada de Enanos la noche anterior, ya apenas restaba uno en su interior, que acomodado en un sillón, se encontraba sentado a la mesa con la única compañía de los mapas, pergaminos y una jarra. Bragni Montelejano dio otro sorbo a su Cerveza del Trueno mientras repasaba una vez más la ruta trazada en el mapa y cada uno de los detalles necesarios para la futura expedición a Rasganorte.

Había sido elegido por votación en la última Asamblea como Estratega del Cónclave del Martillo en su inminente viaje a los baldíos helados, más allá del Gran Charco, dado que él ya había estado en varias ocasiones en Rasganorte, a las órdenes de Bolgar Grimthuriok "Acero de Escarcha". Tal vez la proclamación del Torneo en el que estarían presentes varias de las organizaciones de todo Azeroth, junto con la característica diversidad del Cónclave (el Puño del Consejo lo formaban Enanos de los Tres Clanes) fuese una de las razones por las que el Consejo de los Tres Martillos se decidiera a enviarles precisamente a ellos en representación de Forjaz a la competición. Sin embargo, el verdadero detonante que motivaba a los Enanos a viajar allí no era otro que su innata curiosidad por dichas tierras, que según se decía, habían sido la cuna de su raza tanto como la mismísima Uldaman.

Muchos habían sido los viajes y prospecciones realizadas en el pasado por los Barbiluengos en el continente más septentrional, siendo algunas de las más famosas la expedición de Muradin Barbabronce, los descubrimientos de su hermano Brann o las misteriosas andanzas de Baelgun en el Imperio de la Araña: Azjol-Nerub. Sí, Rasganorte siempre había estado de una forma u otra en el corazón de muchos Enanos y no eran pocos los que acababan poniendo el pie en aquel lugar. Y le había llegado el momento al Cónclave del Martillo. Bragni Montelejano se puso en pie cuándo oyó que alguien llamaba al portón, pues ya esperaba la visita. Apareció un Enano con una barba perfectamente arreglada, atraviado con ricos ropajes y anillos con hermosas joyas incrustadas:

- ¡Montelejano! Me complace ver que has heredado de tu buen padre esa puntualidad. Sabes que me irrita sobremanera que me hagan esperar - Asintió dando su aprobación al Montaraz.

- Senador Rocarroja, es un honor que haya accedido a reunirse conmigo. Adelante, no deseo demorarle más de lo necesario - Bragni se hizo a un lado para dejarle atravesar el umbral del portón.

Los dos Enanos descendieron por la escalera, flanqueados por las paredes dónde estaban inmortalizadas en piedra las hazañas de los ya disueltos Montaraces Hachafunesta junto con todos los Cónclaves anteriores a lo largo de sus años al servicio del Trono de Forjaz. Finalmente ambos tomaron asiento en dos sillones de la mesa, quedando barba frente a barba:

- Supongo que ya sabrás porque he venido, Bragni - Acto seguido hizo una pausa mientras Montelejano asentía con la cabeza- He tomado una decisión respecto a tu petición. Conocí personalmente a tus mentores: los difuntos Kilv y Bolgar. Ambos fueron Enanos honorables del Clan Barbabronce y parece que su legado sigue vivo en el Cónclave del Martillo dados tus años de servicio y sobretodo vuestras últimas acciones en Roca Negra.

El Montaraz guardó silencio. La batalla de Roca Negra contra la Horda de Hierro había estado en boca de todos últimamente, a él sin embargo los rumores le importaban más bien poco, pues había estado en la vanguardia de la misma a las órdenes de Valtheim Thranduinson y sabía la verdad tras meses de combate y hambre en los túneles de la Montaña. En cualquier caso, nunca había sido un Enano dispuesto a fanfarronear de sus hazañas, y más cuándo otros compañeros habían perdido la vida y merecían más honores que él.

- Por ello retiraré el sello de esa galería del Camino Subterráneo para atajar vuestro viaje hasta los Humedales. Podréis valeros del túnel que requieres - Explicó con voz clara el Senador antes de proseguir- Sin embargo, tengo otra labor en Rasganorte para vosotros además del Torneo. Quiero que toméis un camino algo especial y comprobéis los avances de la Liga de Expedicionarios por allí.

- Su gesto nos ahorrará muchos días de ruta, Senador. Respecto a la Liga, no habrá inconveniente, se lo comunicaré a los demás Enanos del Cónclave. ¿Cuál es ese camino? - Bragni observó entonces que el dedo de Barin Rocarroja se detenía sobre un punto en el mapa de Cementerio de Dragones.

- Azjol-Nerub. - Pronunció mientras observaba bajo sus espesas cejas a Bragni.


Partida Editar

Aguacero Editar


El Camino Subterráneo ha sido todo un acierto. A pesar de que algunas secciones del mismo no se encontraban en tan buen estado como durante la Guerra de los Tres Martillos, llegamos sin incidentes desde la Vieja Forjaz a las granjas occidentales de pastores que hay sobre los Humedales. Allí tengo entendido que está retirado uno de las viejos héroes del Cónclave de Piedra y buen amigo: Thangrin, el General Invierno. Sin embargo, no había tiempo para hacerle una visita y tras sellar de nuevo el túnel y una conversación con uno de los Enanos locales buscando información acerca de las rutas más prometedoras, nos enteramos de la existencia de dos caminos principales para el descenso, reanudando nuestra marcha por el sendero más corto de ambos hasta el Puerto de Menethil.

Más que llover, diluviaba, y la senda pedregosa llegó a ser algo traicionera debido a la roca mojada, el barro que había por doquier y la gran pendiente hasta llegar abajo. Sin embargo, el verdadero riesgo del día vino más adelante al toparnos con varios nidos de raptores que se habían establecido en la región. A pesar de todo, ya estábamos advertidos acerca de estos animales salvajes por los pastores, por lo que logramos pasar sin demasiados problemas y sin alertar a la mayoría de ellos de nuestra presencia. Se sucedió una pequeña refriega necesaria para silenciar a los que sí nos detectaron. Atravesar los pantanos hasta llegar al Puerto fue quizá lo más molesto. El agua llegaba hasta la cintura, el diluvio no ayudaba y las moscas que parecían deleitarse con nosotros tampoco, cebándose especialmente con Biktur Barbatrueno. Pese a todo, el Camino Subterráneo nos había dejado verdaderamente al lado de la Bahía de Baradin, por lo que nos evitamos una larga marcha a lo largo de todos los Humedales en estas condiciones, reduciéndose a esta ruta más bien corta y de varias horas.

En cuánto llegamos a Menethil la situación no mejoró demasiado, porque el fuerte oleaje y la lluvia habían conseguido volver a inundar buena parte de las calles de los distritos más cercanos al mar. Con las barbas a remojo, logramos encontrar al fin el famoso Mesón Aguahonda dónde Helbrek, un viejo amigo mío de la Tercera Guerra, nos hospedó y ayudó a conseguir pasaje en un barco rompehielos hacia Rasganorte. He de decir que el navío parece de todo menos fiable, la proa dónde debía estar la cabeza del grifo está sin el pico y el barco sigue sometido a constantes reparaciones antes de volver a salir a la Bahía. El capitán tampoco parece tener una gran reputación entre los marineros locales dados los pocos tripulantes de los que dispone, y los menos numerosos aún que sobrevivieron a su última travesía en el Mar del Norte por lo visto.

De todos modos, hemos aceptado trabajar en la sala de máquinas del rompehielos a cambio de embarcar por un precio más razonable, Valtheim Thranduinson está de acuerdo conmigo en que es la mejor opción. El resto de la velada fue bastante agradable, se nos concedió una gran mesa cercana a la chimenea dónde comprobé una vez más cómo la mujer de Helbrek sigue siendo la mejor cocinera de todo Puerto de Menethil, aunque algunos como Biktur Barbatrueno o Bael'gor no apreciaban demasiado la gastronomía local por notarla algo falta en carne o condimiento respectivamente. Zarpamos pasado mañana, en cuánto lleguen los demás.


Vapor y caparazón Editar


Suponía que este capitán tenía mala fama por algún accidente en el pasado, pero nunca imaginé hasta qué punto eran verídicas estas advertencias. En general la travesía en el rompehielos nos fue bastante bien teniendo en cuenta la reputación que tiene el Mar del Norte. A pesar de que poseía más de una herida de guerra y de que las máquinas eran algo toscas debido a la fabricación Humana logramos que la embarcación navegara con éxito durante días. Pero esto por desgracia no duró hasta llegar a tierra. Más bien la "tierra" vino a nosotros, pues estuvimos al borde de terminar en alguna fosa marina ya que por poco nos estrellamos contra un iceberg debido a un despiste del timonel.

Con un grito procedente de cubierta se dio la alerta en la sala de máquinas, dónde nos encontrábamos y tuvimos que sacarle el máximo partido a nuestras capacidades y al vapor para evitar el desastre e irnos a pique en este océano repleto de tiburones y cosas peores. En cualquier caso solo logramos evitar un daño mayor al que fue sometido el navío con un potente choque a babor, que sacudió buena parte de la maquinaria de esa ala, dejándola prácticamente inutilizable y con algunos compartimentos parcialmente inundados. El barco quedó tocado, aunque por suerte no hundido, almenos por ese momento y quedamos a la deriva durante parte del trayecto. Nuestro objetivo era intentar llevar la embarcación a tierra de alguna manera y finalmente logramos con algo de esfuerzo atracar y realizar una parada de emergencia en la aldea de Komawa, gracias a la ayuda que nos ofrecieron los nativos colmillarr del lugar.

He de decir que fuimos bien atendidos por estas gentes, también nos enteramos de que podríamos continuar nuestro viaje a Cementerio de Dragones en Isla Verde, la gigantesca tortuga que iba a salir en el próximo amanecer del muelle y que este pueblo marítimo tan curioso utiliza a modo de transporte entre sus asentamientos por toda la costa. Así, nuestro próximo destino será Puerto Moa'ki, un importante enclave comercial de los colmillarr desde dónde procederemos a adentrarnos en los baldíos helados. Parece ser que nos dejará bastante cerca de los accesos a Azjol-Nerub por lo que sin duda es el destino más prometedor y mediante el cuál llegaremos antes. El tiempo apremia y hemos de encontrar a la Liga de Expedicionarios aún debido al encargo del Senador Barin Rocarroja, así como llegar a tiempo al Torneo en Corona de Hielo, por lo que es una suerte que el animal avance incluso más veloz que un barco tradicional o me atrevería a decir, el propio rompehielos a vapor.

No todos parecen llevar esta combinación de velocidad y constante balanceo demasiado bien. La mayoría de Enanos nos aferramos con cierta desconfianza a todo aquello lo suficientemente firme para evitar caer por error a las olas desde dónde de vez en cuándo asoma alguna aleta de tiburón, pero algunos como Bael'gor han tenido que "despedirse" con unas arcadas del almuerzo de este mediodía por la borda. Más allá de estos ligeros contratiempos podría decirse que la travesía ha sido agradable en comparación a nuestra experiencia con el rompehielos, pues Qatiichii y Oomailiq, los colmillarr encargados, parecen dirigir a Isla Verde con verdadera maestría y la tortuga esquiva los icebergs del mar como un carnero salta entre los riscos de la montaña. Espero que la travesía prosiga así.


Orejas oportunas Editar


Una vez desembarcamos en Puerto Moa'ki nos presentamos ante los locales como el Cónclave del Martillo y ascendimos la colina que dominaba la ensenada, acudiendo a la cabaña del Ancestro Ko'nani, dónde nos explicamos ante el venerable anciano y pedimos consejo para proseguir nuestro viaje. Así nos enteramos de cómo en efecto, un grupo de la Liga de Expedicionarios se había dirigido hacía ya un tiempo hacia el noroeste, más allá del siniestro bosque que según decían los colmillarr estaba dominado por malvados practicantes de Artes Oscuras. Haciendo caso omiso de sus advertencias, finalmente nos despedimos tras agradecerles la ayuda prestada y emprendimos la marcha por la senda que se adentraba en los retorcidos y sombríos árboles de los confines del pueblo.

En el bosque reinaban un silencio y oscuridad casi totales, pero gracias a los fuegos elementales de Galic Buchebarrica y Bael'gor terminamos llegando a las ruinas de un antiguo asentamiento en el corazón del mismo que parecía abandonado. Recomendé precaución y mis sospechas fueron confirmadas cuándo dimos con unas extrañas luces a las cuáles nos acercamos para inspeccionar el origen de las mismas. Parecían en efecto ser Cultores de los Malditos levantando a los muertos del lugar para sin duda algún siniestro propósito. No dispuestos a tolerar ni un segundo más su repugnante Nigromancia, nos dispusimos para el combate casi de inmediato. Valtheim Thranduinson, Bael'gor y Biktur Barbatrueno cargaron frontalmente, mientras Galic Buchebarrica y yo les atacamos por el flanco descargando nuestro acero sobre ellos. Sorprendidos y superados por nuestra emboscada, aquellos criminales fueron rápidamente eliminados, sin embargo las cosas iban a emperorar pues nos dimos cuenta algo tarde de que todo el lugar era en realidad un gran campamento del Culto, y se habían enterado de nuestra presencia allí, por lo que acudieron en tropel a darnos caza.

Nos vimos obligados a retirarnos antes de que nos rodearan y cuándo uno de ellos gritaba alarmando a los demás sectarios por dónde escapábamos le acerté de lleno desde la distancia en la mano que usaba para señalarnos, con lo que cayó al suelo con un alarido de dolor. Bael'gor me debe una cerveza por eso. Lo que sucedió a continuación fue una carrera a través de la nieve, los Cultores nos pisaban los talones con sus No-Muertos en vanguardia y llegamos finalmente a un desfiladero dónde decidimos detenernos y presentarles batalla al fin. Cuál fue nuestra sorpresa al ver que los Nigromantes y sus esbirros eran recibidos por una descarga de flechas procedentes de Arqueras Elfas ocultas en los árboles y se veían obligados a retroceder. Al parecer habíamos armado tal jaleo que se habían enterado hasta en Refugio Estelar, un asentamiento cercano al bosque. Ya "a salvo", fuimos llevados con la Comandante Saia Aceroazur.

La Comandante de las Centinelas parecía en verdad divertida con nuestra intrusión y nos sorprendimos cuándo nos dimos cuenta de que conocía de algún modo nuestros motivos para pisar esas tierras. Sospechó de inmediato que buscábamos unirnos al grupo anterior de Enanos de la Liga de Expedicionarios en Azjol-Nerub y nos cedió un viejo diario que increíblemente parecía pertenecer a un miembro de la tropa del mismísimo Baelgun. En el diario se habla de todo tipo de horrores ahí dentro, no pinta nada bien a decir verdad. En cualquier caso, Saia ha ofrecido a una de sus Centinelas para que nos guíe a la entrada del Imperio Nerubiano. Una vez allí, tendremos que adentrarnos en solitario en los túneles y buscar a la Liga en el interior.


Bajo la escarcha Editar


Cavernas de las Redes de Sombra Editar


Saia Aceroazur cumplió efectivamente su promesa y al día siguiente partimos guiados por la Centinela Lineámbar hacia las extensas galerías a través de las cuáles se accede por diversas cuevas a Azjol-Nerub. Realmente la distancia no era muy lejana por lo que la marcha apenas llevó un par de horas hasta dicho lugar. Lineámbar nos dejó allí dándonos una particular bendición de Elune, su Diosa Lunar, aunque dudo mucho que ésta tenga poder alguno hacia dónde nos dirigimos, dónde la Luna sin duda jamás ha existido para muchos de los seres que moran en las profundidades de la tierra. Todo parecía relativamente tranquilo así que iniciamos el descenso buscando algún rastro de la Liga de Expedicionarios que nos pudiera dar una idea de qué camino habían tomado, pues a pesar de que los Enanos somos expertos tanto en orientación como guerra subterráneas no llegamos al punto de ser omniscientes.

El primer enigma se nos presentó cuándo dimos con lo que parecía ser un gran túnel que sin embargo estaba bloqueado por una especie de poderosa tela de araña reforzada con potentes encantamientos de Sombras y Escarcha. Ni siquiera la Magia Ígnea de Bael'gor fue capaz de superar estas defensas por lo que ya nos disponíamos a dar la vuelta cuándo tras unos momentos nos dimos cuenta de que había un segundo túnel no muy lejano que a pesar de que parecía haber dispuesto de un encantamiento similar, fue superado con éxito por no nos cabía duda, la Liga de Expedicionarios. Valtheim Thranduinson y Biktur Barbatrueno coincidieron conmigo en que debíamos tomar esa ruta por lo que empezamos a ganar profundidad atravesando los pasadizos de aquellas Cavernas hasta dar con lo que debía ser una puerta secundaria. Una vez cruzamos, ordené a los muchachos que extremaran las precauciones y abrieran bien los ojos, y de nuevo dí en el clavo, pues algo más abajo del arco dónde nos encontramos llegamos a otear a algunos Nerubianos a la carrera que no tardamos en perder de vista.

Aquellas Cavernas se volvían cada vez más enigmáticas y túneles más pequeños aparecían ante nuestros ojos a cada paso que dábamos. Pero sería entonces cuándo las cosas tomaron un desliz sombrío, pues sobre nuestras cabezas colgaba lo que parecía ser el cadáver de un Enano en descomposición, totalmente envuelto en una gruesa tela de araña. No era momento de echarse atrás y junto con Bael'gor tomé la delantera, internándonos aún más, preparados para entrar en combate en cualquier momento. Sin embargo, fuimos a caer finalmente en una trampa, pues la tela sobre la que caminábamos se volvió tan resbaladiza que nos haría precipitarnos sobre más cadáveres Enanos amontonados. Casi al instante, escuchamos como detrás de nosotros alguien gritaba, preso en una gruesa red.

Una vez liberado y tras unas rápidas presentaciones llegamos a pensar con algo de temor de que se trataba del único superviviente, decía llamarse Grinbur Barbaudaz. Nos disponíamos a preguntarle muchos más detalles justo cuándo nos atacaron los mismos monstruos que les habían emboscado: una Araña colosal acompañada de una numerosa horda de sus crías hambrientas. No había forma de regresar por dónde habíamos venido, así que la única opción era continuar hacia delante, o mejor dicho abajo, en el viejo elevador de Baelgun que llevaba a los niveles inferiores. El Cónclave del Martillo formó en línea para recibir a las alimañas hambrientas y su voraz Madre, dándole tiempo a Grinbur para que intentara hacer un apaño con el elevador y escapar. Mientras Galic Buchebarrica contenía a la mayoría, Valtheim Thranduinson en particular hizo una verdadera masacre en pleno frenesí, pero no importaba, pues no dejaban de llegar más. Fue tan cruento el combate así como la presión debido a la cantidad de alimañas hambrientas que terminaron inundando la estancia que finalmente se acabó viniendo abajo justo cuándo Grinbur Barbaudaz nos daba el aviso y saltábamos al elevador. Madre y crías fueron sepultadas en una tormenta de rocas, mientras el elevador cedía también y acababa saltando en pedazos, precipitándonos nosotros por la brecha a un oscuro abismo.


El Puente de Azjol-Nerub Editar


La caída debería habernos matado de no ser porque acabamos en un profundo lago subterráneo que evitó que nuestros cuerpos fuesen despedazados por la dura piedra que había alrededor de sus aguas negras. En cualquier caso no nos libramos de heridas varias, por lo que tuvimos que hacer un alto en aquella oscuridad una vez llegamos a la orilla para recuperarnos de aquello. Comprobé que todos habíamos logrado evitar ser sepultados por las rocas así cómo sobrevivido a la caída una vez el elevador quedó destrozado y cuyos restos aún flotaban sobre las aguas. Valtheim Thranduinson y Bael'gor parecían ser los que más magulladuras tenían junto conmigo, por otro lado Galic Buchebarrica, Biktur Barbatrueno y nuestro nuevo compañero, Grinbur Barbaudaz se encontraban algo mejor, aunque tampoco demasiado. El lago era a su vez parte de un río subterráneo que se perdía entre las sombras que dominaban aquellas profundidades.

Grinbur aprovechó para explicarnos que el principal emplazamiento de su expedición se encontraba en la Cámara de Baelgun. Durante los primeros días no habían tenido demasiados problemas, pero éstos fueron aumentado a medida que la Liga se apropiaba de artefactos y joyas en las salas abandonadas. Resultaron ser ciertas las historias acerca de la grandeza de aquel lugar, pues pronto descubrieron que Azjol-Nerub era tan inmenso y sus estancias tan innumerables que se extendían bajo la escarcha desde el Cementerio de Dragones a Corona de Hielo, y posiblemente más allá. Al ver en peligro sus reliquias, los Nerubianos finalmente hicieron acto de presencia cercando a los Enanos, buscando asesinar hasta el último de ellos. La Liga se había visto obligada a buscar una salida, por lo que envió dos grupos de veteranos que intentarían encontrar una vía de escape no vigilada, pero almenos el intento de Grinbur había fracasado y muy probablemente los expedicionarios estarían atrapados en la Cámara aún.

Ya en mejores condiciones y tras un necesario respiro, todos entendimos que nuestro siguiente objetivo sería cruzar el Puente de Azjol-Nerub y llegar a la Cámara de Baelgun, por lo que guiados por Grinbur Barbaudaz seguimos el curso del río subterráneo hasta dar con un portón que conectaba con el siguiente pasaje. Más allá del mismo encontramos finalmente el Puente y dos voces nos recibieron desde una galería que lo vigilaba desde el otro extremo dónde nos encontrábamos. Eran Angus y Enanín, el Equipo Mortero que había acompañado a la Liga de Expedicionarios y que ahora parecían estar apostados de vigías en ese lugar estratégico desde dónde nos apremiaban a cruzar para reunirnos con ellos. Casi a la carrera marchábamos cuándo entendimos que las cosas no serían tan fáciles pues alertados por el alboroto, aparecieron varios guerreros liderados por un imponente Señor de Nerub para cerrarnos el paso.

El combate se desató con un feroz choque justo en el centro del Puente de Azjol-Nerub. Los Nerubianos eran guerreros sumamente habilidosos y con reflejos muy superiores a la media, pero con audacia nos fuimos abriendo paso a golpe de hacha y martillo. Angus y Enanín me hacían señas desde su posición, indicando que debíamos cruzar ya, por lo que mientras Valtheim, Galic y Biktur mantenían a raya a los guerreros, le asesté un potente hachazo ascendente en la mandíbula al Señor de Nerub, que Bael'gor se encargó de acompañar con su Magia Ígnea, logrando derribarlo. Aprovechamos ese instante para saltar al extremo correcto del Puente junto con Angus y Enanín, en el momento que abrían fuego con el Mortero sobre las cargas colocadas previamente y demoliendo el Puente a la vez que les oía exclamar un "¡Soy TNT! ¡Yo soy Dinamita!" acompañado de gritos de júbilo. Sin embargo, no era momento de fanfarronear por lo que el Cónclave del Martillo, Grinbur Barbaudaz y el Equipo Mortero entraron y sellaron el portón tras de sí, impidiendo de nuevo a los Nerubianos iniciar una persecución, almenos por ahora. Era el momento de reunirse con los expedicionarios supervivientes e intentar escapar cuánto antes mediante la única opción que nos quedaba: seguir adelante.


La Cámara de Baelgun Editar


Con Grinbur, Angus y Enanín a la cabeza, los Enanos del Cónclave del Martillo avanzamos a través de la siguiente galería que a diferencia de la anterior no parecía poseer túneles secundarios, por lo que era mucho más defendible y debía ser el motivo por el cuál tanto Baelgun como la Liga de Expedicionarios habían decidido presentar resistencia justo allí. Tras un buen rato de marcha llegamos a una Sala de tamaño considerable dónde estaban acampados los Enanos supervivientes de la Liga, no llegando a ser ni treinta en total, contándonos a nosotros. La desesperación dominaba aquel lugar, ya que el otro grupo que buscaba una salida en el Reino Interior, igualmente que el de Grinbur había fracasado en su tarea, aunque se desconocía su destino, ya que la Cámara de Baelgun fue sellada también por ese lado para evitar que los Nerubianos lograran entrar. Supe de inmediato que era cuestión de tiempo que los arácnidos llegaran a nuestra posición, pues ya debían encontrarse excavando o avanzando a través de pasadizos ocultos hacia nosotros, por lo que todos nos mostramos de acuerdo en que había que romper el sello al Reino Interior y enfrentarnos a lo que hubiera más allá si pretendíamos salir con vida.

La Cámara ya había sido en el pasado una Tumba, dado que en ese lugar los Enanos de Baelgun realizaron su última batalla contra el ya totalmente enloquecido Arthas Menethil, en un intento por detenerle y hacerle pagar por su cruel traición contra su amigo Muradin. No estoy seguro del tiempo exacto que pasamos ahí dentro, pero no dispuestos a quedarnos ociosos, Bael'gor ayudó a Grinbur y los demás eruditos supervivientes de la Liga a romper el sello rúnico que bloqueaba nuestro camino, lo cuál llevaba su tiempo, mientras que Biktur, Angus y Enanín se encargaban con los Enanos más jóvenes de empaquetar las reliquias: todo tipo de artefactos así como joyas que pertenecieron a los Enanos de Baelgun y ahora recuperadas así como nerubianas, para nuestra próxima partida. Valtheim, Galic y yo junto con los guerreros de la Liga nos encargamos de vigilar la galería para evitar que los Nerubianos llegaran de algún modo a la Cámara, tarea que nos proporcionó bastante acción.

Las primeras patrullas fueron bien, pero en cuándo uno de los grupos se demoraba en volver, el mío se puso en marcha casi de inmediato para comprobar si les había ocurrido algo malo. Estábamos en lo cierto tras descubrir un cadáver Enano, y más adelante fuímos a dar con un segundo túnel en forma de abismo negro que anteriormente no se encontraba ahí, sin duda abierto recientemente. Suponíamos que los demás desaparecidos se habían precipitado al interior de aquel foso, pero de su interior empezamos a oír alaridos espeluznantes que no pertenecían a ningún Enano. En cuánto los primeros Nerubianos brotaron de su interior todos teníamos claro lo que teníamos que hacer, así que me hice con algunos de los explosivos que me habían prestado Angus y Enanín para preparar unas cargas que derrumbaran aquella sección e impidieran a los arácnidos inundar la galería y llegar hasta la Cámara. Valtheim y Galic por su parte destacaron luchando codo con codo contra los guerreros que no dejaban de ascender por el foso, aunque acabarían siendo superados tarde o temprano. Me concentré tanto como pude para preparar las cargas con la pólvora adecuada, ni muy poca ni demasiada para evitar derrumbar toda la galería. A pesar de que acabé tocado en el hombro con una hoja arrojadiza, le devolví el favor a mi agresor lanzándole una hachuela directa al cráneo, que le hizo precipitarse al vacío.

Acto seguido encendí las mechas de ambas cargas y grité a mis compañeros que retrocedieran a toda prisa. El pozo negro del que emanaban los guerreros de Nerub, quedó finalmente sepultado bajo las rocas que llovían hacia su interior debido a las explosiones. Los Nerubianos se precipitaron también al abismo, para ser finalmente aplastados o recibir una buena caída. Salimos de allí tan pronto como logramos ponernos en pie, con la intención de alertar en la Cámara que los arácnidos sabían perfectamente dónde nos encontrábamos y ya estaban abriendo accesos para llegar a nuestra posición. En el camino de vuelta dimos con Grinbur y varios expedicionarios armados, que alertados por el retumbar de la explosión habían acudido en nuestra ayuda. Nos comunicaron que el sello rúnico al Reino Interior estaba casi anulado y que nuestra partida era inminente, por lo que hemos regresado a la Cámara de Baelgun casi al trote para unirnos a los demás Enanos y prepararnos para escapar.


El Reino Interior Editar


Apenas unas pocas horas después de la última batalla, el sello finalmente cedió y transportando todas las reliquias que habían podido ser rescatadas de aquellas profundidades para el Reino de Forjaz y la Gran Biblioteca, nos internamos junto a la Liga de Expedicionarios armados hasta los dientes en el corazón del viejo Imperio Nerubiano. Lo primero que se alzó ante nuestros ojos fue posiblemente la caverna más inmensa que haya podido contemplar, no llegaba a ver el techo de la misma en la oscuridad que nos rodeaba y toda una extraña Ciudad aparentemente abandonada se extendía bajo ella, hacia la que nos dirigimos, atravesando el Arco de los Viejos Reyes, ricamente decorado con todo tipo de materiales extraños así como piedras preciosas. Pronto nos daríamos cuenta de que aquello estaba por supuesto habitado y vigilado, entrando en batalla contra los primeros vigías Nerubianos que nos estaban esperando. Todo un batallón de los mismos fue derrotado no sin un cruento combate, haciendo de Yunque los Enanos del Cónclave y la tropa de la Liga ejerciendo de Martillo por la retaguardia arácnida. Sabíamos que no podíamos quedarnos mucho allí y reanudamos la marcha prácticamente a la carrera internándonos en la Ciudad.

Todo tipo de alaridos de alerta se extendían por las calles y cuándo dimos con un túnel que parecía ascender hacia el Reino Superior y con ello la salida, nos lo encontramos defendido por toda una horda de Nerubianos, que nos gritó cómo había llegado nuestra hora, mientras más tropas arácnidas surgían por los demás pasadizos con la intención de aniquilarnos en un ataque por todos los frentes. Notaba verdadero miedo entre los expedicionarios, y hasta alguno de los Enanos del Cónclave empezaba a darse cuenta de que aquella batalla era totalmente imposible ganarla, justo cuándo Grinbur Barbaudaz y yo avistamos a lo lejos el último pasaje todavía no inundado de Nerubianos, así que nuestra tropa salió a la carrera hacia allí, tan rápido como nos permitían nuestras piernas mientras éramos perseguidos por las innumerables hordas del Imperio de la Araña que deseaban nuestra sangre y entregarnos como alimento a sus alimañas por "intrusos y ladrones".

"¡Vamos, Enanín! ¡En marcha! ¡Mueve el !@#$! ¡CORRED!" junto con gritos de pánico recorrían nuestras filas mientras avanzábamos a toda velocidad y los Nerubianos no paraban de brotar de nuestro alrededor e incluso llegaban a través de túneles excavados en el mismo techo de la colosal Caverna, descendiendo con habilidad por las propias columnas que daban soporte a la Ciudad. Cercándonos cada vez más, la persecución finalmente terminó en el extenso Bancal de Nerub, dónde más arácnidos nos sorprendieron por vanguardia, quedando así totalmente rodeados de innumerables Nerubianos ansiosos y que nos azuzaban con sus armas, mostrando su total convencimiento de acabar con nosotros. La banda completa de Enanos formada por los veteranos del Cónclave del Martillo y los supervivientes de la Liga de Expedicionarios cerramos filas, espalda contra espalda, quedamos en formación de círculo totalmente atrapados ante un mar de enemigos, dispuestos a vender caras nuestras vidas ya que no había escapatoria posible de allí.

De entre los guerreros arácnidos que nos rodeaban apareció al fin el que entendíamos por su líder, bastante más alto que los demás y que era animado por el ansia de sangre general. Pronunció por supuesto la sentencia de muerte contra los "saqueadores barbudos" a lo que Bael'gor respondió en un último arrebato un desafío al que nos unimos todos, con todo el coraje que fuimos capaces de reunir. Fue justo tras este intercambio de amenazas que un estallido de luces púrpuras y azuladas surgió de las profundidades e hizo temblar todo el Bancal. Los Nerubianos parecían en verdad asombrados ante lo que estaba sucediendo, por lo que llegué a entender que habían descuidado las defensas en los puntos más profundos del Imperio debido a la intrusión de los Enanos procedentes de la superficie y se estaba desecadenando un segundo ataque. De pronto aparecieron, no cabía duda, eran los Horrores de los que hablaba el diario recuperado de los muchachos de Baelgun.


Los Sinrostro Editar


Inmediatamente después estalló una feroz batalla entre tres ejércitos (aunque nuestra tropa apenas llegaba a veintitantos): los numerosos Nerubianos que pretendían acabar con los "invasores", los pocos Enanos que intentábamos únicamente escapar y los quién sabe cuántos Sinrostro que se habían estado preparando en los últimos tiempos y aprovechando nuestras refriegas para emerger de nuevo e intentar invadir el Imperio de la Araña una vez más. Según se decía las Legiones de la Muerte que formaban los Sinrostro eran innumerables y residían en lo más profundo de la tierra, no importaba si una vez eran derrotadas, volverían a emerger de los más oscuros abismos tarde o temprano. El inmenso Bancal de Nerub se llenó de alaridos y gritos de agonía mientras los tres bandos chocaban entre sí y no dispuestos a desaprovechar esta oportunidad, nos fuimos abriendo camino en el frenesí con audacia y haciendo retroceder a nuestros enemigos, luchando como únicamente los hijos de de Khaz Modan podemos hacer bajo tierra. A duras penas logramos salir del Bancal con no pocos heridos, pero los Nerubianos se dieron por supuesto cuenta de ello y un buen grupo de ellos dejó la batalla no dispuestos a permitirnos escapar. Nuestro Cónclave del Martillo se posicionó en la retaguardia para recibirles y dar tiempo a la Liga de Expedicionarios a descender por el túnel al que nos dirigíamos.

Detuvimos su embestida con determinación, procediendo acto seguido a realizar nuestro contraataque, con el que Galic y Biktur junto con Bael'gor causaron verdaderos estragos en el centro, mientras Valtheim y yo protegíamos los flancos y acabamos por rechazar por el momento a nuestros perseguidores. En cuánto Grinbur, el último de los expedicionarios, entró al túnel, le seguimos a través de él, mientras los sonidos de la batalla no dejaban de oírse a nuestras espaldas, recrudeciéndose por momentos. Llegamos finalmente a una gran explanada que parecía formar parte de un inmenso Templo y nos sorprendimos al descubrir un campamento abandonado que sin duda era del anterior grupo enviado allí para buscar una salida y que jamás regresó a la Cámara de Baelgun. Rápidamente nos organizamos, Angus y Enanín colocarían un par de cargas y cañonearían el túnel, intentando distanciarnos de la batalla, que todavía podía oírse a lo largo de toda la Caverna. Mientras, inspeccionamos a toda prisa el lugar, pero no encontramos superviviente alguno, únicamente un diario en buena parte destrozado y cuyas últimas páginas confirmaban que se habían dirigido hacia el Zigurat que se encontraba sobre nosotros, un punto intermedio en una escalera que sin duda llevaría al Reino Superior.

Reanudamos la marcha de inmediato a la carrera, ascendiendo por la escalera cargando todas las reliquias y enseres que podíamos transportar, mientras observábamos a lo lejos y ya por última vez como la batalla continuaba en el Bancal. Más interesados en la salvación que en quedarnos a comprobar si los Nerubianos rechazarían el último intento de ataque de los Sinrostro, accedimos finalmente al interior del Zigurat. Dentro del mismo encontramos efectivamente a los Enanos desaparecidos, sin embargo pronto nos dimos cuenta de que algo no iba bien. El portavoz de los mismos se negó a dejarnos pasar y recriminó a Grinbur y a los demás el haberlos abandonado, pero según pronunciaban el "no podéis salir" empezaron a retorcerse salvajemente contra el suelo. No creo que pueda olvidar jamás aquella espantosa transformación: sus barbas se convertían en tentáculos, así como las extremidades superiores, mientras la piel adquiría extraños tonos y crecían en tamaño hasta acabar finalmente convertidos en Sinrostro que se abalanzaron sobre nosotros buscando matarnos a todos, o aún peor, transformarnos en aquellas aberraciones.

El combate que siguió fue salvaje en todos los sentidos, no había forma de detener todos los tentáculos de aquellos monstruos, y tuvimos que desplegar todo nuestro arsenal para ir abriéndonos paso por el interior del Zigurat hacia el próximo tramo de la escalera. Angus y Enanín junto con los Fusileros de la Liga de Expedicionarios protegían a los heridos y a los que portaban las reliquias, mientras el Cónclave del Martillo iba en vanguardia una vez más. Los Sinrostro no dejaban de aparecer por los túneles del Zigurat, por lo que nos vimos obligados a, una vez llegamos de nuevo a la escalera, demoler el arco y los pilares que daban acceso a la misma. Mientras Valtheim y Biktur resistían heroicamente dándonos tiempo, fue necesario bombardear aquel punto con explosivos, toda la potencia de la magia elemental de Galic y Bael'gor, así como el cañoneo del Mortero de Angus y Enanín para cubrir nuestra retirada. Negándonos a continuar allí ni un segundo más, avanzamos todos hacia el interior del pasadizo al final de la escalera, en dirección al Reino Superior y dejando atrás de una vez por todas los Horrores presenciados en el Reino Interior.


Los confines del Imperio Editar


Avanzamos siempre ganando altitud a través de los pasadizos en gran parte desiertos del Reino Superior, no habiendo luz alguna y durante podría afirmar bastante tiempo. Aquel laberinto de túneles habría sido imposible de atravesar para cualquier raza no adaptada durante años a la vida subterránea y con un sentido de la orientación adecuado a la situación, uno como el que poseemos los Enanos. Dejando atrás decadentes estancias, secciones completamente derrumbadas por la guerra o los terremotos y sobre profundas gargantas que se precipitaban a los más negros abismos llegamos finalmente a los confines del Imperio Nerubiano en el Reino Superior. Era necesario ganar tanta distancia como fuera posible de nuestros enemigos y todos deseábamos salir a la superficie antes de que la gran batalla anterior llegase a su fin y los vencedores salieran en nuestra persecución, o volviéramos a encontrarnos con otra monstruosidad que poblaba las entrañas de Rasganorte. Finalmente a través de un pasaje bastante prometedor llegamos a una caverna dónde se decidió hacer una breve parada para descansar.

Todos necesitábamos un ligero respiro para recuperarnos tanto física como psicológicamente, dado que nuestras fuerzas y la cordura de más de un Enano estaba al límite, sobretodo entre las filas de la Liga de Expedicionarios que habían visto a sus compañeros perdidos convertirse en abominables Sinrostro. Se decidió levantar un campamento improvisado y comprobamos cómo las reliquias: artefactos, joyas y demás tesoros habían podido ser transportadas en su mayor parte, mientas organizábamos los turnos de guardia Angus y Enanín repartían la poca Cerveza que nos quedaba. Sí, todos necesitaban un poco de Cebatruenos para recuperarse tras las últimas experiencias, yo también, el ánimo terminó mejorando y todos sentían que apenas restaba el último empujón para salir de allí. Las cosas fueron bien durante mi guardia y en cualquier caso tenía la impresión de que estábamos en el camino correcto hacia la salida, en cuánto examiné ligeramente la galería dónde nos encontrábamos, pues la escarcha se hacía cada vez más presente y sabía que era sin duda una señal de que estábamos a poca distancia de nuestro objetivo. Apremié a los demás a que el alto duraría lo justo para atender a los heridos y dar un trago, estando Grinbur, así como los demás Enanos del Cónclave de acuerdo conmigo.

Agradecidos y algo recuperados, reanudamos la marcha a través de la galería, rodeados por estalactitas y estalagmitas gigantescas, así como flanqueados por las últimas estructuras Nerubianas que llegamos a ver, aunque éstas parecían estar a medio terminar, cómo si las obras allí jamás se hubiesen concluido. Acabamos por encontrar lo que en un principio nos pareció un altar, pero pronto nos dimos cuenta de que era una especie de prisión dadas las colosales cadenas rotas que habían a nuestros pies, no logrando imaginar para qué clase de bestias habían sido forjadas. En cualquier caso continuamos adelante ya que nuestras vidas dependían de ello, hasta que de pronto se produciría lo que en un principio identificamos como un terremoto. Pronto entendimos que no era así, ya que unas gigantescas fauces repletas de colmillos y dientes afilados aparecieron ante nosotros, solo comparables al descomunal gusano al cuál pertenecían. Parecía que los Nerubianos habían utilizado alguna vez en el pasado a los llamados Jormungar para extender su Imperio, ya que la excavación era bastante más rápida sometiendo a dichas bestias para sus designios. La voraz bestia no atendía a razón alguna o más bien parecía enloquecida, por lo que se abalanzó sobre nosotros provocando un terrible temblor que nos hizo salir despedidos en todas las direcciones. En cuánto nos reincorporamos con no pocos gruñidos, el Cónclave del Martillo enfrentó a la bestia, que tras un gran esfuerzo sería finalmente abatida con un potente martillazo de Biktur y el fuego de Bael'gor.

No había tiempo de celebrar nada, ya que un segundo Jormungar apareció con un estruendo más espantoso justo del techo de la estancia, cayendo muy cerca de nosotros y prácticamente enterrando a Galic. En cuánto ví que había más de una bestia allí dí la señal a la Liga de Expedicionarios para que se dirigieran al pasadizo ascendente que había en el extremo contrario de la galería. Acometimos con gritos de cólera para liberar a nuestro compañero para finalmente segar la vida del gran gusano entre un buen disparo por parte de mi arcabuz y un poderoso golpe de Valtheim. Galic no estaba lejos de allí y se levantó como bien podía, con lo que salimos a la carrera en la misma dirección por la que estaba escapando la Liga. Un tercer Jormungar emergió de un lago bloqueándonos el paso con lo que nos vimos obligados a reducirlo también combinando nuestras fuerzas y asestando el golpe final el mismo Galic con un martillazo imbuido en magma, que acabó por derribar a la bestia y cruzamos sobre ella, utilizando su cuerpo a modo de puente. Aquella caverna se derrumbaba tras nosotros y junto con la Liga de Expedicionarios, los Enanos del Cónclave del Martillo salimos finalmente a duras penas a la superficie: nos encontramos en las montañas septentrionales del Glaciar Corona de Hielo.


Interludio Editar


Despedida temporal Editar


El descenso a través de la cordillera fue algo complicado, en cualquier caso todos dábamos gracias por haber podido acceder al corazón del Imperio de la Araña y salir para contarlo, más aún con el tesoro recuperado para Forjaz que había pertenecido a los muchachos de Baelgun. ¡Un acto únicamente posible para los Reyes del Subterráneo: los Enanos! He de decir que las canciones de marcha, las alegres carcajadas y la animada conversación que nos acompañó durante ese trayecto casi nos hizo olvidar que nos encontrábamos en las tierras dónde hace relativamente poco el Rey Exánime había concentrado a la mayor parte de sus huestes de pesadilla. Se me había encomendado la tarea de oteador del grupo y finalmente avisté a lo lejos lo que parecía ser un torreón y más allá del mismo, los Campos del Torneo, el próximo destino del Cónclave del Martillo. Sólo esperábamos no habernos demorado tanto tiempo en el inmenso Imperio Nerubiano y que las competiciones no se hubiesen realizado mientras se producía nuestra aventura bajo la escarcha.

Entonces comprendimos que había llegado el momento de separarnos. La Liga de Expedicionarios marcharía a Fuerte Escarcha dónde estaban asentados buena parte de los arqueólogos de Khaz Modan destinados en Rasganorte. Valtheim Thranduinson nos sorprendió también al anunciar que partiría con ellos hacia allí, ya que antes de que abandonásemos Forjaz, el mismísimo Muradin Barbabronce le había hecho entrega de una carta para sus buenos amigos Natoescarcha de Cumbres Tormentosas. Acordamos reunirnos allí en cuánto los Torneos hubiesen llegado a su fin con lo que nos despedimos en aquella encrucijada de desfiladeros de nuestros compañeros, que se dirigían hacia el Este con el cargamento de tesoros y la carta de Muradin. Los competidores por otra parte, iniciamos la bajada de buen humor, hasta que llegamos a las inmediaciones del gran campamento levantado en los Campos, dónde nos recibieron unos jinetes de la Cruzada Argenta y tras una breve charla con ellos, acabamos entrando en el recinto.

Observamos como habían competidores de lo más extravagantes y venidos de todos los rincones de Azeroth para representar a sus respectivas facciones o a sí mismos. Efectivamente, habíamos llegado a tiempo para la Presentación y las posteriores competiciones, así nos lo confirmó una Elfa Nocturna (he de decir bastante agradable teniendo en cuenta lo habitual) llamada Dannasta Fil'naventh, que nos ayudó a su vez a orientarnos por los Campos. Finalmente nos alojamos en una gran tienda situada en la zona oriental del campamento. Biktur Barbatrueno, Galic Buchebarrica, Bael'gor, así como yo mismo nos mostramos ansiosos por recorrer el lugar y conocer a los demás aspirantes. En el campo de tiro realicé una prueba amistosa con una Humana llamada Alicia Mavel, una moza bastante simpática, a diferencia de otro Humano tuerto que llegó al rato, en cualquier caso ambos necesitarían mejorar un poco sus habilidades si querían situarse en los primeros puestos. El primero de los actos era inminente y el Cónclave del Martillo se aprovisionó bien de carne y Cerveza Enana para acudir a ella.

La diversidad de la Presentación hizo que fuese todo un espectáculo digno de verse, situados en las banquetas más altas, finalmente se nos llamó para que todos pudieran oírnos, anunciando nuestra intención de alzarnos como campeones Enanos de los Tres Clanes de Khaz Modan. Acto seguido se nos hizo un breve recorrido por las diferentes instalaciones preparadas para las competiciones y una vez terminé, acabé probando una exótica bebida llamada "pulque" con un tirasiano procedente de los Mares del Sur llamado Marcos Aguilar. Cuál ha sido nuestra sorpresa al encontrarnos con Dunnabor, uno de los Enanos que formaron parte del Cónclave de Piedra, y que hemos recibido de nuevo entre nuestras filas con alegría, a partir de ahora nos acompañará en nuestras aventuras a lo largo de Rasganorte y más allá, en el ahora Cónclave del Martillo.


Los Torneos Editar


Las competiciones empezaron con una auténtica barbaridad de participantes y no menos público dispuesto a presenciar todas y cada una de las pruebas. El Cónclave del Martillo tenía aspirantes en más o menos la mitad de ellas, siendo el primer turno para el narrador de esta historia en el Torneo de Puntería. "¡Vamos Bragni! ¡Demuéstrales tu puntería, Montelejano!" animaban Bael'gor y Biktur Barbatrueno desde las gradas, al momento que se sucedían los primeros aciertos y fallos. He de reconocer que Bael'gor me coló no pocos chupitos de Sulfuron, pero en cualquier caso me llevé el Bronce del Barbabronce en la competición, situándome como el mejor tirador con Armas de Fuego, pero tercero al haber dos aspirantes con Arco que tenían mejor puntuación. Posteriormente se realizó el Torneo de Justas dónde no teníamos a ningún representante, alzándose con la victoria un tipo que se dedicaba a ensartar con su lanza las monturas de los demás (lo cuál en todas las Justas que he presenciado es descalificación inmediata con multa, pero éstas debían ser diferentes) y llegando a matar al corcel del otro finalista en el proceso.

En el Torneo a Espada tampoco teníamos a ningún aspirante, aunque se desató un verdadero caos en la pista, dado que alguno de los participantes que no aceptaba su derrota por poco descabezó al que le había eliminado en venganza. El Torneo de Parejas fue algo complicado, ya que por poco no nos dejan participar en el mismo, con lo que fue necesario saltar cuatro de nuestros Enanos a la pista puños en alto para poder meter aunque fuera únicamente a dos de los nuestros en la liza. Una vez les llegó el turno, por desgracia Biktur Barbatrueno fue puesto fuera de combate algo pronto, por lo que Bael'gor en solitario no fue capaz de triunfar, pese a que plantó cara. En otra competición dónde también participó, el Torneo de Batalla, Bael'gor causó estragos entre los aspirantes, eliminando sin demasiados problemas a sus rivales con su Magia Ígnea y poderosas Runas Hierro Negro, pese a todo cayó en la propia final, quedando en segundo lugar con la Plata.

El siguiente en la lista era el Concurso de Cocina y evidentemente aquí estaba claro: el Estofado de Cangrejo de Fuego con Patatas en Salsa de Bael'gor causó un verdadero incendio entre los jueces en aquellas tierras tan frías, con lo que se llevó una merecida victoria. El Torneo de Pistas (búsqueda y supervivencia) era el siguiente, siendo una vez más yo el aspirante del Cónclave del Martillo. Cabalgué a través de los baldíos desolados del Glaciar rastreando con mis conocimientos de Montaraz, mediante orientación y deducción fui avanzando desafío tras desafío: me hice con una daga famosa de un caudillo Vrykul local, le arrebaté a un furioso Protodraco una hermosa joya, conseguí para una niña fantasmal la delicada flor invernal que deseaba y tras un salto en paracaídas por los acantilados septentrionales llegué a una inhóspita isla, dónde resolví los acertijos formulados por el Ermitaño que resultó ser un Mago. Me teletransportó a la prueba final, dónde compuse al instante las rimas con las que elaboré una canción para un anciano veterano de guerra, que me daría vía libre para el trayecto final. Únicamente tres campeones logramos superar todos los desafíos del Glaciar, pero dado que también era una carrera, me alcé con la victoria para los Enanos de Khaz Modan.

Los Torneos se estaban acercando a su inminente final y ya habíamos logrado alzarnos como campeones representando a los Clanes Hierro Negro y Barbabronce, únicamente los Martillo Salvaje necesitaban la victoria para que el Consejo de los Tres Martillos obtuviera un pleno. Todo depende ahora de Galic Buchebarrica, el Martillo Salvaje que participará en la Batalla de Campeones por los Enanos. Gracias a Sir Dario Galareth, un Paladín que he conocido a lo largo de estos días, me he enterado de que también se celebrará una Misa en honor a los Caídos fallecidos contra el Rey Exánime. El día siguiente será la Entrega de Premios y conclusión de las actividades. ¡Nos venían bien estas vacaciones después de casi terminar como presas en la red de los arácnidos de Azjol-Nerub!


La Brújula Dorada Editar


La Misa en honor de los Caídos durante la Guerra contra el Rey Exánime se realizó en la más grande de las tiendas levantadas para los Torneos, una carpa situada en la zona occidental del campamento que estaba abarrotada de gente. Otro conocido que había hecho a lo largo de la semana fue el encargado de dirigir la ceremonia, el Padre Alfdaen Hathore, que ofició un sermón centrándose en que aquellas pruebas no habían tenido otro objetivo que reunirnos a todos por voluntad de la Luz para honrar a los que habían sacrificado su propia vida por salvar a nuestras razas, los pueblos de Azeroth, de los horrores de la Plaga que nos habrían consumido a todos y sometido a una eterna era de oscuridad. Se alargó durante buena parte de la tarde, hasta que ya caída la noche nos dirigimos en una solemne procesión al gran cementerio situado en los confines orientales del Torneo dónde se pronunció un discurso de agradecimiento y múltiples oraciones por las almas de los difuntos, acabando el acto con la liberación de unos farolillos que ascendieron arrastrados por los gélidos vientos y cuya Luz fue desapareciendo poco a poco entre las nubes.

La Batalla de Campeones fue al día siguiente, y todos los Enanos teníamos las esperanzas puestas en Galic Buchebarrica, de los Martillo Salvaje. Uno a uno los contendientes fueron entrando a la liza y varios pasaron a las rondas finales mientras otros eran eliminados. En cuánto le tocó a Galic, dio lo mejor de sí mismo empuñando ambos martillos y con sus dotes de Chamán con el favor de los Elementos. Pese a todo, no fue suficiente y acabaría finalmente por caer y con él se esfumó la posibilidad de que los Tres Clanes Enanos tuvieran un campeón, al quedarse los Martillo Salvaje sin el suyo. En cuánto la competición terminó se armó una pelea a puño limpio, pero en cualquier caso, el resto de la velada fue bastante bien, sobretodo por la cantidad de Cebatruenos disponible en la bodega y las canciones que se interpretaron o directamente se inventaron a lo largo de la noche, retirándonos a las camas bastante más tarde que los otros días.

Había llegado el acontecimiento más esperado de toda la semana, la Entrega de Premios que repartiría reliquias y una buena cantidad de Oro entre los diferentes campeones de los Torneos. Los Enanos del Cónclave del Martillo no podemos quejarnos de nuestras recompensas, pues Bael'gor como Maestro de Cocina recibió un cucharón elaborado a partir de los huesos de Aullahielo, el más famoso de todos los Wendigos de Rasganorte, así como una generosa bolsa repleta de monedas de Oro. Una vez me llegó el turno, fui nombrado Campeón Buscador y se me hizo entrega de otra bolsa igualmente a rebosar de monedas de Oro, así como una misteriosa y enorme Brújula Dorada con Runas arcaicas inscritas. El Humano que me entregó el premio parecía desconocer cuál era el origen de la misma a pesar de que le pregunté, pero Bael'gor y yo lo tenemos claro: esta Brújula está relacionada de algún modo con el pasado de nuestro pueblo debido a las Runas que reconocimos con ojo experto. Quizá los eruditos de la Liga de Expedicionarios que nos esperan en Fuerte Escarcha puedan decirnos más acerca del artefacto.

La culminación llegó con un Espectáculo de Magia a cargo de varios Hechiceros que nos sorprendieron con un acto bastante animado a todos aquellos que aún restábamos en las gradas. Tras esto, me despedí finalmente de todos los conocidos que pude, en especial de Alicia Mavel que regresará a Ventormenta, y a quién hemos prometido hacerle una visita algún día. Pero por ahora, nuestros pasos nos llevan a otro lugar, ya que ascenderemos las Cumbres Tormentosas por un sendero que he encontrado en gran parte desconocido y situado a lo largo de la muralla de rocas que forma la frontera entre esas Montañas y el Glaciar Corona de Hielo. Nos reuniremos con la Liga de Expedicionarios y Valtheim Thranduinson en Fuerte Escarcha.


Sobre la escarcha Editar


El Techo del Mundo Editar


A primera hora de la mañana tomamos la senda que previamente había reconocido como la más cercana y prometedora hacia las Cumbres Tormentosas. La ascensión a través del abrupto desfiladero nos llevó horas, acompañados por fuertes vendavales y nieve procedentes de la cima. La ventisca nos sorprendió una vez llegamos arriba, internándonos en una extensa altiplanicie que parecía un océano de escarcha sin fin. Únicamente en los inviernos de Dun Morogh se llega a temperaturas tan extremas como las que soportamos atravesando aquella llanura glacial, y fue necesario abandonarla para continuar entre la pedregosa falda de una gran montaña con tal de no morir congelados. Nos refugiamos en una gran roca hueca para orientarnos, pero la Brújula Dorada no parecía funcionar correctamente, aunque dudo mucho que sea casualidad o simplemente esté rota, más bien parece ser a propósito pues el hecho de que las Runas hayan empezado a brillar de manera continuada desde que hemos llegado a estas Montañas no deja de ser una prueba más. En cualquier caso dimos con un paso de montaña no muy lejano y decidí evitarlo mediante un segundo camino que subía por la ladera ya que el paso era perfecto para una emboscada y estaba advertido acerca de las feroces Hyldnir: mujeres guerreras que asesinaban o esclavizaban a todos los hombres que encontraban cerca de sus dominios.

Cruzando aquel elevado y tortuoso sendero en la ladera, veíamos cerca de seiscientos metros bajo nuestros pies los enormes y toscos edificios de lo que debía ser un poblado Hyldnir con el que nos habríamos topado de lleno si hubiésemos seguido el paso. Una vez al otro lado, no hubo que caminar demasiado hasta dar con un lago glacial y completamente congelado que teníamos que atravesar sin elección posible para continuar nuestro camino. Fue justo a mitad de conseguirlo cuándo unas cazadoras Hyldnir que regresaban de patrulla nos avistaron y saludaron con una descarga de flechas y arpones, con lo que tuve que abrir fuego de cobertura, mientras Biktur y los demás avanzaban, ayudándome Bael'gor con su Magia Ígnea que logró sumergir a dos de ellas en las aguas congeladas. Una vez al otro extremo, quedamos conmocionados al ver que no había salida, así que hachas y martillos, Biktur y yo golpeamos la escarcha del lago, logrando provocar una fisura que acabó destrozándolo y consiguiendo algo de tiempo. Las Hyldnir sin embargo, cada vez más numerosas, acabarían pasando de un modo u otro y entonces no podríamos abatirlas a todas ni escapar.

Entretanto, algo inmenso se acercaba a nosotros desde la parte alta de la Montaña bajo la cuál nos situábamos. No llegamos a ver más que unas grandes garras que nos recogieron de allí sin permiso alguno y nos elevaron a los altos cielos. Mientras gritábamos y nuestras barbas se zarandeaban, colgados boca abajo a esa velocidad de vuelo, eran por supuesto los Enanos Natoescarcha montados en sus Grandes Águilas. Un explorador había dado aviso sobresaltado ante el alboroto que se había producido en la falda de la Montaña Crestormenta, en cuyas cumbres se encuentra Fuerte Escarcha, y habían volado liderados por Fjorlin Cejohelado a comprobarlo. Dejando a atrás el lago y los alaridos de las Hyldnir, ascendimos hasta el hogar de los Natoescarcha en el vuelo más salvaje que jamás haya realizado. El pobre Bael'gor acabó tan mareado que apenas podía mantenerse en pie, Biktur Barbatrueno en cambio parecía llevarlo algo mejor, mientras Galic Buchebarrica, Dunnabor y yo hicimos las presentaciones con Fjorlin, aunque el Natoescarcha rió pues ya parecía estar al tanto de nuestra visita.

Acto seguido apareció Valtheim Thranduinson acompañado por algunos Enanos más, entre ellos Magthor Puño de Magma. Al parecer Valtheim ya había dado aviso acerca de nosotros a los habitantes de Fuerte Escarcha, lo que terminó de explicar el rescate anterior. Alegres por el reencuentro, todavía quedamos más satisfechos al enterarnos de que los Natoescarcha nos habían cedido un Salón para hospedarnos en agradecimiento por traerles la carta con noticias frescas acerca de Muradin Barbabronce, quién había sido en el pasado también Yorg Cuoretormenta y ejercido de Rey en Fuerte Escarcha. La hospitalidad de estos Enanos de Escarcha con los Barbabronce, al pertenecer al mismo Clan que Muradin excede lo habitual, pues hemos sido también aprovisionados con una generosa despensa y bodega durante nuestra estancia. Conocimos a un Humano extravagante llamado Saetziel Darrowesque que dice estar aquí para estudiar a las Val'kyr, los Ángeles de la Muerte. Parece que le falta un tornillo pero diría que no alberga admiración por la Nigromancia, más bien continuar aprendiendo a combatirla. También he aprovechado para aprender más acerca de las costumbres de este Pueblo Enano hermano al nuestro, así como le he cedido la Brújula Dorada a los expertos de la Liga de Expedicionarios que hay en el Fuerte para que la examinen. ¡Descansaremos aquí arriba unos días!


La Garganta de las Tormentas Editar


Mis sospechas finalmente se confirmaron. ¡La Brújula Dorada es también una Llave! O almenos eso creen en Fuerte Escarcha tras un exhaustivo análisis de las Runas que han resultado ser Titánicas y la similitud del artefacto (que según parece fue reforjado en el pasado a modo de Brújula) con las cerraduras circulares que se encuentran con tanta frecuencia en las Ruinas a lo largo de Cumbres Tormentosas. Todos ignoramos qué hacía una reliquia rúnica como ésta en manos de los Humanos, pero sea como fuere ha vuelto a manos de los Maestros de las Runas: los Enanos, y hemos llegado a la conclusión de que la aguja no se averió en las Montañas, ya que tenemos la corazonada de que su encantamiento señala justo en la dirección de la cerradura. Tras un debate sobre si el Consejo de los Tres Martillos estaría de acuerdo en que nos demoremos con esta búsqueda, los eruditos de la Liga de Expedicionarios han acordado que intercederán por nosotros si fuera necesario, ansiosos por averiguar más acerca de los misterios relacionados con el artefacto. El Cónclave del Martillo marcha así hacia el Este, pues es la dirección que marca la aguja, aunque según parece no es una tierra muy hospitalaria. Fjorlin Cejohelado me informó de que varios poblados Hyldnir controlan los accesos a las Cumbres Orientales, pero los Natoescarcha conocen un abrupto desfiladero conocido como la Garganta de las Tormentas del que podríamos valernos.

Tras los preparativos y una vez estuvimos dispuestos a salir de nuevo a la aventura, Fjorlin y varios Natoescarcha más nos transportaron con sus Grandes Águilas desde Fuerte Escarcha a la entrada de la Garganta de las Tormentas, dónde avanzaríamos en solitario. Antes de separarnos, nos contaron como uno de los Enanos de Escarcha: Lunn Melenafría, había partido hacía ya un tiempo a un lugar conocido como Truenotoño con intención de honrar a sus antepasados, congelados eternamente en la triste Guerra que enfrentó a los pueblos del Pacto de la Escarcha debido a las Mentiras de Loken, así como se nos advirtió de que los Gigantes de Escarcha subían a menuda a "jugar" en la Garganta. En cuánto nos despedimos de los Natoescarcha, nos quedamos solos ante una colosal brecha flanqueada por laderas casi verticales de hielo. La Garganta de las Tormentas hacía honor a su nombre, pues a medida que avanzábamos notamos como los truenos retumbaban brutalmente en su interior. Pronto nos dimos cuenta de que el camino estaba cortado, pues se había derrumbado, o aún peor, algo enorme lo había destrozado, con lo que tuvimos que descender mediante garfios y cuerdas para poder proseguir nuestro camino. Valtheim y Galic ya estaban observando hacia las laderas, pero avisé a los demás para que mantuvieran los ojos bien abiertos.

Continuando por el abrupto sendero que tenía complicados altibajos mediante empinadas cuestas, peligrosas bajadas y no pocos giros, más adelante algo pasó sobrevolando nuestras cabezas a gran velocidad. Acabé matándolo de un disparo que lo cazó en pleno vuelo, comprobando Biktur que se trataba de una Arpía del Hielo, a quién pasé a arrancarle el collar de topacios de su cadáver y guardarme en la flatiquera. Acto seguido, Bael'gor y Dunnabor se fijaron en que más Arpías descendían hacia nosotros con intención de masacrarnos, rechazando sin demasiados problemas a este primer grupo gracias a que no nos sorprendieron. Entonces, una segunda bandada más numerosa que la anterior se precipitaba en nuestra dirección, sólo para ser una gran mayoría machacadas literalmente contra la ladera por una roca congelada inmensa que apareció sobre la Garganta. Conmocionados aún, gritamos al observar que la gigantesca roca al caer estaba provocando un alud y derrumbando buena parte del lugar sobre nosotros. Agarrándonos dónde podíamos llegar, alcanzando los pocos puntos que se habían salvado de ser sepultados y quedando separados: Bael'gor y Biktur en una ladera, Valtheim y Dunnabor en la otra, Galic agarrado en lo que se había convertido en un acantilado y yo en la misma situación más adelante y sin poder ver a los demás.

Al perder el contacto visual gritamos alarmados, en un intento de comprobar si todos habíamos sobrevivido a la avalancha. Parecía que así era, pero justo entonces la sección dónde me encontraba se venía abajo y solté un alarido al entender que me precipitaba a una buena caída, justo cuándo una gran mano apareció en escena, salvándome de posiblemente la muerte. Pertenecía a un colosal guerrero de larga barba helada. ¡Uno de los Gigantes de Escarcha, los Hijos de Hodir! Sin apenas mediar palabra, y a no mucho tardar recogió a los demás Enanos del Cónclave, que entre refunfuñeos acabamos dentro de un enorme zurrón que el Gigante llevaba atado al cinturón, como vulgares juguetes, mientras éste escalaba y abandonábamos la Garganta. Una vez fuera del zurrón, hemos conseguido entablar conversación con él en una cueva situada a media Montaña y sobre un Valle dónde acampamos por esta noche. El Gigante se llama Igor Ingvarrson, y al haber entrado en los dominios de su pueblo, nos llevará ante el Rey Jokkum, líder de los Hijos de Hodir, más allá del Valle de los Viejos Inviernos, en Dun Niffelem.


Audiencia con el Rey Editar


Guiados por Igor Ingvarrson, descendimos el confín oriental de la Garganta de las Tormentas, llegando finalmente al Valle de los Viejos Inviernos, una de las maravillas de las Cumbres Tormentosas y prácticamente inaccesible o evitado por los forasteros debido a sus descomunales moradores que no siempre se muestran amistosos con los intrusos. A medida que avanzábamos, me iba dando cuenta de las peculiaridades de aquel hábitat casi inalterado desde los Días Antiguos, cuándo los Titanes aún caminaban en estas mismas Montañas. Todo tipo de bestias colosales siguen habitando allí: enormes Lobos que los Gigantes utilizan a modo de perros de presa, los Mamuts más grandes de todo Rasganorte que para ellos son a su vez el equivalente de nuestras cabras, pues se agrupan en manadas que los Hijos de Hodir se encargan de cuidar y pastorear como simples rebaños, hasta existen colonias de peligrosos Jormungar en las cavernas de la zona. Pero quizá lo más sorprendente de todo sean los magníficos Protodracos Azules que anidan en las cimas circundantes del Valle. Totalmente asombrados mientras observábamos esta fauna tan peculiar, casi no nos dimos cuenta de que una inmensa muralla de hielo se alzaba ante nosotros hasta casi perderse entre las nubes.

Un altísimo arco sirve a su vez de acceso al interior, custodiado por dos Gigantes guardianes, que tras conversar acerca de nosotros con Igor Ingvarrson y marchar uno de ellos a dar aviso al Rey Jokkum, nos abrieron el camino a Dun Niffelem. El hogar de los Gigantes de Escarcha es un poderoso bastión totalmente amurallado de forma natural por el hielo más frío y afilado, que según pude comprobar, parece imposible de quebrar debido a su extraordinaria resistencia a los golpes y elementos. Una poderosa magia parece estar presente en dicho lugar, no solo por la ya mencionada "siemprescarcha", sino porque las ventiscas que con frecuencia azotan las Cumbres Tormentosas no son tan comunes allí, haciendo del cielo nocturno de Dun Niffelem el mejor mapa de constelaciones y estrellas que haya visto jamás (los Gigantes parecen hacer predicciones y decisiones mediante la observación de los astros), añadiendo también el espectáculo que supone contemplar la Aurora en la más prístina de sus formas. Más Gigantes con largas barbas de hielo nos avistaban curiosos desde las lomas que se encuentran en el interior, mientras seguían con sus tareas, pues este pueblo no se dedica únicamente a la guerra y el pastoreo, ya que también son artesanos de gran tradición.

Desde un elevado montículo, el Rey Jokkum, el más imponente y curtido de todos los Hijos de Hodir, nos sometió a un lento pero intenso interrogatorio acerca de nuestros motivos para adentrarnos sin permiso alguno en sus tierras, y que para la mayoría de las criaturas inferiores supone un terrible castigo. Una vez le explicamos que nuestro motivo para entrar en sus tierras no era otro que una búsqueda y gracias a que uno de los Natoescarcha (debe tratarse de Lunn Melenafría) se comportó de manera honorable cuándo recientemente pasó por aquí, camino de Truenotoño para honrar a los antepasados, logramos convencerle de que no teníamos malas intenciones hacia su pueblo. Zanjado el asunto, Igor nos llevó ante otro Hijo de Hodir llamado Lillehoff, que se encargó de señalar dónde podíamos montar el campamento. A decir verdad, estos Gigantes de largas barbas y tan aguerridos como trabajadores, tienen bastante en común con los Enanos de Dun Morogh entre los que me crié, el mismo Galic dijo que a fin de cuentas no son más que "Enanos Grandes" y quizá no le falte razón, como pude comprobar a medida que tratamos con ellos en Dun Niffelem.

Antes de nuestra partida hemos aprovechado para visitar algunos de los curiosos tesoros que los Gigantes tienen diseminados por todo su bastión, entre ellos la descomunal Lanza de Hodir, así como el enorme Yelmo del Vigía, el Cuerno de Dun Niffelem que posiblemente sea el de más envergadura que jamás haya podido contemplar y con el que fuimos recibidos a nuestra llegada, así como el Antiguo Rey Arngrim "el Insaciable", que custodia Dun Niffelem eternamente congelado en su trono desde la cima más alta del bastión. Pero el mayor descubrimiento vino cuándo mientras Valtheim, Galic, Dunnabor y los demás descansaban en las tiendas, Bael'gor, Biktur y yo visitamos el legendario Yunque de Fjorn, un artefacto rúnico similar al Gran Yunque de Forjaz que sin duda debe ser hermano del de Khaz Modan. Hablamos largo y tendido acerca de este asunto con el Herrero de Dun Niffelem, Njormeld, que se sorprendió al enterarse de que existía otro Yunque similar al de los Hijos de Hodir allende el mar, otra muestra más de que Galic Buchebarrica tiene razón respecto a que Gigantes y Enanos somos hermanos. Desearía poder quedarme mucho más en este grandioso lugar, pero partiremos pronto rumbo Norte para continuar con nuestra búsqueda. Nos acompañará Igor Ingvarrson por orden del Rey Jokkum, ya que se le ha encomendado la tarea de comprobar allí si son ciertos los rumores de que "el Hierro ha vuelto a golpear", aunque no sé muy bien a qué se refieren con ello.


El Encuentro de las Barbas Editar


Bordeando el Lago Campo de Escarcha que se encuentra cerca de la entrada oriental de Dun Niffelem, el Cónclave del Martillo reanudó la marcha siguiendo la aguja de la Brújula Dorada junto con Igor Ingvarrson. En aquellas tierras desoladas no parecía haber rastro de civilización o vida alguno más que los ecos de batallas pasadas, como comprobábamos a medida que nos acercábamos a Truenotoño. Los combatientes de la triste batalla entre los pueblos del Pacto de la Escarcha debido a las Mentiras de Loken, siguen todavía allí congelados desde los Días Antiguos. Igor Ingvarrson lideró una vez más nuestra comitiva, mientras Valtheim, Biktur, Galic Buchebarrica, Bael'gor y Dunnabor observábamos asombrados como entre los vestigios del conflicto, los espíritus de los combatientes nos observaban aún atrapados en dicho lugar. Pese a todo, quizás por ir acompañados del Gigante, no nos fueron hostiles, con lo que llegamos finalmente al epicentro dónde antaño golpeara el Martillo de Thorim y posteriormente se renovara el Pacto de la Escarcha acabando con las hostilidades abiertas entre sus pueblos. La aguja de la Brújula volvió a cambiar de dirección allí, con lo que ascendimos una ladera cercana (mucho más sencilla de superar con ayuda del Gigante), llegando a las cercanías del Templo de la Vida.

Una vez arriba, vimos una columna de humo que se elevaba a no mucha distancia de nosotros, con lo que nos dirigimos en esa dirección para comprobar de qué se trataba, descubriendo unos autogiros abandonados e inutilizables por los daños sufridos, que sin duda habían tenido el accidente recientemente. No muy lejos de allí... ¡Cuál fue nuestra sorpresa al encontrar a Grinbur Barbaudaz! y no solo él, sino más Enanos del Cónclave u otros que buscaban unirse al mismo tras haber oído nuestras andanzas hacia el Este, entre ellos: Galbur Barbarroja, Magthor Puño de Magma, Hallmar Menanegra o Denrik. Todos ellos habían querido unirse a nosotros en cuánto oyeron las noticias en Fuerte Escarcha acerca del artefacto circular Titánico. Nos refugiamos en una cueva cercana dónde nos presentaron al responsable de su rescate tras el accidente debido a unos enfurecidos Elementales de Viento: el Natoescarcha Lunn Melenafría junto con su Gran Águila, que nos reveló que había partido no solo hacia el Este para honrar a los caídos en Truenotoño, sino como Igor Ingvarrson, con la intención de verificar si "el Hierro había vuelto a golpear". Descubrimos entonces que esta expresión se refería a las Legiones de Acero, que pese a la derrota de Loken en Ulduar, aún eran posibles de encontrar en las Cumbres Tormentosas, librando una guerra interminable para que el Acero dominara las Montañas sobre Escarcha, Piedra y Carne. Lunn Melenafría cree que podría haber una Forja de Enanos Férreos operativa y oculta en los alrededores del Bancal de los Creadores y cómo no creemos en las casualidades, dimos por sentado que la Brújula Dorada está relacionada de algún modo con el asunto.

Tras este descanso y ampliación de barbas en nuestra tropa, los Enanos del Cónclave ahora más numerosos junto con Grinbur Barbaudaz, Lunn Melenafría e Igor Ingvarrson, continuamos avanzando entre los peligrosos riscos que sirven de muralla natural al Bancal de los Creadores, llegando al confín situado más al noreste del mismo, muy cercano a los inmensos acantilados y desde dónde se podía avistar la mismísima Ulduar, la Ciudad de los Titanes. Situados a una altura considerable, llegamos a ver la colosal entrada a una estancia Titánica y a cuyos pies se había producido recientemente una terrible batalla entre Terráneos y Enanos Férreos. Tanto Lunn Melenafría como Igor Ingvarrson parecían igualmente preocupados porque los rumores resultasen ser ciertos, mientras comprobé como la Brújula señalaba justo hacia las Puertas. Descendiendo la ladera, pasaríamos a aproximarnos a través de las magníficas escaleras de origen Titánico, pero totalmente rodeados por los cuerpos destrozados de Terráneos y Enanos Férreos. La batalla en este punto había terminado, pero viendo como Piedra y Hierro estaban destrozados salvajemente y una vez cruzamos las Puertas (tan grandes que hasta Igor el Gigante pudo acceder al interior), entendimos que la batalla podía estar continuando en el interior.

Después de un buen período de tiempo avanzando, flanqueados por columnas y muros levantados tiempo ha por los Titanes, empezamos a oír sonidos preocupantes y fuertes pisadas un poco más adelante de nuestra posición, con lo que nos preparamos para la batalla por si se trataba de los Enanos Férreos. No fue así, ya que acabamos localizando a los supervivientes del ejército Terráneo liderados por Pedruscón, el Creador de Rocas. Sorprendidos por nuestra inesperada aparición, así como la variedad de nuestro grupo formado por Enanos de los Tres Clanes de Khaz Modan, Natoescarcha e Hijo de Hodir, les mostré el artefacto que había guiado nuestros pasos hacia ese lugar. Gracias a Pedruscón, descubrimos finalmente la verdadera naturaleza de la Brújula Dorada, que tampoco es una Llave, sino el perdido, reforjado y ahora recuperado Disco de datos de El Sínodo, un sistema de defensa Titánico y posteriormente reprogramado por el Vigía Loken, aún operativo y centrado en la elaboración de soldados para las Legiones de Acero. El Sínodo, que hasta ahora se mantuvo oculto, es el responsable de mantener operativa la Forja Implacable, cuya función es la de crear Enanos Férreos totalmente dedicados a la labor con la que Loken reprogramó el sistema. Entendimos entonces que todos nuestros pasos en Rasganorte podrían habernos guiados hasta esta batalla, por lo que nos mostramos dispuestos a ayudar a los Terráneos y nuestros compañeros del Pacto de la Escarcha en la tarea de desactivar la Forja para neutralizar a los Enanos Férreos y detener al Sínodo.


La Forja Implacable Editar


(Este episodio puede amenizarse acompañado de esta música: https://www.youtube.com/watch?v=kb7AgMdr-NE)


La maquinaria Titánica en pleno funcionamiento provocaba un estruendo sin parangón similar al de inmensos tambores de guerra, e iba en aumento a medida que nuestra coalición recorría la Vía del Vigía y se aproximaba a la Forja Implacable. Los pueblos de las Montañas que habían acudido a hacer frente a las Legiones de Acero empezaban a entonar cánticos de guerra en cuánto quedó claro el plan y se acercaba la inminente batalla: la entrada principal al interior de la Forja Implacable había sido sellada, lo que obligaba a redirigir a nuestras fuerzas en un ataque por dos frentes (con el propósito de sorprender al Enemigo) que intentaría superar las defensas de los Enanos Férreos. Pedruscón lideraría a las fuerzas Terráneas en el asalto por el lado occidental, mientras que el Cónclave del Martillo junto con sus aliados del Pacto de la Escarcha, haría lo propio por el lado oriental. El objetivo de este arriesgado ataque era reunirnos todos en el corazón de la estancia, aunque dada la cantidad de tropas de las que disponía El Sínodo mientras no se desactivara la maquinaria, no había garantía alguna de que ambos o siquiera alguno de los dos fuese a conseguirlo.

La Forja Implacable resultó ser aún más espectacular de lo que esperábamos, como una de las magníficas obras de las Titanes, una colosal factoría impulsada por descomunales máquinas automáticas formaba un ingenioso complejo que no cesaba nunca en su producción mientras dispusiera de los materiales necesarios. Los Enanos Férreos pronto se dieron cuenta del nuevo intento de intrusión, por lo que dirigidos por sus Sobrestantes fueron posicionándose en formaciones cerradas de combate que defendían ambos accesos laterales. Los cánticos de batalla no cesaban por todo el lugar, mientras Hachas, Martillos, Arcabuces, Magia Elemental, Rúnica y la Luz Sagrada a nuestra disposición, nos separamos del grupo Terráneo de Pedruscón que se dirigió al Oeste a la carrera, y con gritos de guerra avanzamos a paso ligero en una potente carga contra las filas Férreas por la zona oriental, desencadenando un intenso combate por ese lado. Con el retumbar de la maquinaria casi insonorizando los golpes, la escaramuza se recrudecía por momentos, que se mantenía equilibrada y sin un claro vencedor entre las brutales embestidas de unos y los feroces contraataques de otros. Los Orcos Roca Negra de la Horda de Hierro apenas eran Troggs debiluchos en comparación con estos Enanos forjados en propio Hierro, así que tuvimos que insistir una y otra vez para que no nos rechazaran con sus potentes golpes y constitución superior que iba dejando huella en la contienda.

Junto con Magthor y Dunnabor disparé una y otra vez con más pólvora de la habitual para añadir potencia a la munición imbuida en Runas de nuestros arcabuces, mientras Valtheim, Biktur Barbatrueno, Galic Buchebarrica, Bael'gor y Hallmar Menanegra mantenían el frente y los golpes más duros, así como Denrik y Galbur Barbarroja se encargaban del apoyo mágico. Éramos a su vez apoyados por nuestros aliados: el expedicionario Grinbur Barbaudaz, el Natoescarcha Lunn Melenafría e Igor Ingvarrson, el Gigante de Escarcha. Pese a que nuestro asalto fue contenido en un principio con férrea determinación, poco a poco fuimos superando a las Legiones de Acero trabajando en equipo, acabando con el primer grupo y su Sobrestante. La batalla estaba lejos de terminar, por lo que seguimos avanzando a la carga contra más Enanos Férreos que brotaban de una máquina cercana y se interponían en nuestro camino. El choque entre las dos fuerzas volvió a ser espeluznante, mientras que el combate se iba desarrollando por momentos del lado de las Legiones de Acero debido a la cercanía de la máquina de dónde no cesaban de salir Enanos Férreos. En un último embate, empezamos a recobrarnos y a abrirnos paso empleándonos a fondo hacia el interior del complejo, alejándonos de la peligrosa posición de la máquina, aunque ésta no estaba ni mucho menos fuera de juego aún, continuando a plena actividad en su tarea.

Ya atravesado el portón oriental, nos reunimos en el corazón de la Forja Implacable con Pedruscón y los guerreros Terráneos que habían logrado unirse a nosotros por el portón occidental. No había forma alguna de desactivar las máquinas allí, por lo que era necesario que alguien subiera al nivel superior utilizando el elevador, atravesar la Galería del Acero y llegar a la Cámara del Sínodo dónde se podría neutralizar el sistema y terminar así con la fundición de más soldados para las Legiones de Acero. Se encomendó rápidamente esta tarea al expedicionario Grinbur Barbaudaz, que sería escoltado por el Cónclave del Martillo frente al Sínodo mientras los Terráneos y los valientes del Pacto de la Escarcha cubrían nuestra retaguardia de los Enanos Férreos que aún brotaban sin parar de las máquinas, dándonos nuestros aliados el tiempo necesario para llevar a cabo nuestra misión, de la que dependía el resultado de la batalla. Pedruscón activó el elevador una vez los designados para subir nos encontramos a bordo, alzándonos acto seguido en el mismo, totalmente decididos a cumplir con lo prometido y honrar el valeroso sacrificio que aquellos que se quedaban atrás estaban haciendo para conseguir la victoria.


Skaldirus, lugarteniente del Sínodo Editar


En cuánto el elevador llegó al nivel superior, los Enanos del Cónclave del Martillo junto con Grinbur Barbaudaz salimos del mismo a la carrera, atravesando la Galería del Acero tan rápido como nos era posible. Cada segundo era vital, pues la batalla seguía bajo nuestros pies y a pesar de que los Terráneos y nuestros aliados del Pacto de la Escarcha estuvieran en una posición bastante defendible en el corazón de la Forja Implacable, no podrían resistir eternamente contra los Enanos Férreos. El Sínodo debió detectarnos casi de inmediato en aquel nivel, porque activó Gólems Guardianes para eliminarnos, pero de nuevo el trabajo en equipo y la audacia fueron suficientes para continuar adelante, derribando a los caminantes bélicos y destacando tanto Denrik como Hallmar Menanegra. Siguiendo la aguja de la Brújula, reanudamos la carrera tras esta breve escaramuza, llegando tras unos largos pasillos a una enorme antecámara y localizando más allá de la misma nuestro destino: la Cámara del Sínodo. Una vez en su interior, nos quedamos atónitos al descubrir que El Sínodo era un concilio formado por tres descomunales rostros de metal: Æoneum, Gearak y Tearak, que eran a su vez los Bibliotecarios de la información necesaria para dirigir el sistema de toda la estancia Titánica. Justo debajo de Æoneum se encontraba una consola ideada para que los Titanes o sus encargados Vigías (en este caso fue Loken en su día) programaran al Sínodo según la necesidad del momento.

La consola tenía una ranura circular dónde introducimos la Brújula Dorada, que con un destello celeste fue despojada de todas las modificaciones realizadas con el paso de los años, convirtiéndose de nuevo en el artefacto circular original, el Disco de datos de El Sínodo. Pero la batalla no estaba ganada, porque en la consola se presentó un rompecabezas Titánico, y siendo éstos la civilización más avanzada de cuántas son conocidas, únicamente un erudito de la Liga de Expedicionarios con muchos años de estudio a sus espaldas puede llegar a ser capaz de resolver algo así. Grinbur Barbaudaz debía tener el corazón en un puño, porque ahora todo dependía de él y se puso manos a la obra para superar el rompecabezas, pero justo cuándo iba a empezar, el Sínodo activó al "Centinela Skaldirus" cómo última defensa. Ignorábamos qué demonios era este nuevo peligro, pero procedente de la Galería del Acero oímos un estruendo que sin duda pertenecía a algo descomunal que se acercaba para aniquilarnos. El Cónclave del Martillo salió a recibirle a la antecámara, sirviendo de escudo a Grinbur Barbaudaz que necesitaba concentrarse en el rompecabezas de la Cámara del Sínodo. Fue entonces cuándo Skaldirus apareció desde el extremo opuesto de la antecámara con un rugido aterrador: se trataba de un enorme Protodragón Vinculahierro totalmente forjado en los más resistentes materiales que podían encontrarse en las Cumbres Tormentosas, proporcionándole una armadura completa prácticamente imposible de atravesar por armas mortales.

Skaldirus se abalanzó sobre nosotros con sus grandes fauces, más afiladas que cualquier hacha, y sus garras que nada tenían que envidiar a las mejores espadas. Los Enanos del Cónclave del Martillo tuvimos que desplegar todo nuestro arsenal para contener la acometida del Protodragón, aunque pese a nuestros esfuerzos, no logramos superar su armadura. La lucha prosiguió con ataques mortíferos del colosal Skaldirus y de los que apenas lográbamos protegernos debido a Galbur Barbarroja que invocó la Luz Sagrada o gracias a la magia Elemental, así como con nuestros intentos en vano de herirle. Fue así hasta que casi por casualidad llegué a acertar con mi Arcabuz en una Runa que el Protodragón tenía grabada en su armadura a la altura del ala, lo que haría a la bestia tambalearse por un momento. ¡Las Runas! ¡Ese era el punto débil de su coraza! Ahora restaba encontrar las demás, sin embargo, hacerlo mientras un descomunal Protodragón Vinculahierro intenta matarte no resulta precisamente sencillo. Skaldirus montó en cólera, con lo que empezó a lanzar ráfagas de llamaradas azules a gran temperatura, pero Valtheim Thranduinson encontró la Segunda Runa en el ala restante, propinándole tras un grito de guerra el potente martillazo en la misma que haría al Protodragón retorcerse una vez más de dolor. La bestia acometió de nuevo, en un intento por arrollarnos o aplastarnos, lo que tuvo como consecuencia que más de uno de los nuestros saliera volando contra los pilares Titánicos de la más dura aleación, fracturándose varias de nuestras armaduras, ya tocadas tras el combate anterior contra los Enanos Férreos. Sin embargo, Biktur Barbatrueno había logrado evitar el embate con un buen salto y le asestó un segundo martillazo de gran fuerza en la cabeza, causándole una avería en la Tercera Runa.

Entonces algo cambió en Skaldirus, que tras retorcerse debido al impacto, dejó al descubierto una Cuarta Runa a la altura del pecho que había permanecido oculta hasta ahora detrás su armadura. Hallmar Menanegra fue quién la oteó con ojo avizor, dándonos el aviso y lanzándonos todo el Cónclave del Martillo de nuevo a la carga contra Skaldirus, que se precipitó una última vez contra nosotros con un gran rugido, mientras se disponía a incinerarnos con otra ráfaga de llamaradas azules. Pero unos segundos antes de que el Protodragón desatara la lluvia de fuego, los Enanos del Cónclave del Martillo alcanzamos la mencionada Runa del pecho que conectaba directamente con el Núcleo de la bestia, golpeándola con todas nuestras fuerzas restantes. Nos pusimos a cubierto justo cuándo una espantosa sobrecarga de energía recorrió el cuerpo de Skaldirus, desatando una reacción en cadena en forma de fugas de llamaradas y relámpagos azules, que acabaron en la derrota y muerte del Protodragón Vinculahierro. Justo entonces un cegador resplandor celeste procedente de la Cámara del Sínodo inundó toda la antecámara y más allá. ¡Grinbur Barbaudaz había resuelto el complicado rompecabezas Titánico! Dejamos de oír las máquinas retumbando desde el nivel inferior, lo que significaba que El Sínodo había sido finalmente neutralizado y con él, la Forja Implacable dejaba de estar operativa. El expedicionario se unió a nosotros junto al cadáver de Skaldirus, llegando más tarde Pedruscón y los Terráneos restantes junto con Lunn Melenafría acompañado de su Gran Águila e Igor Ingvarrson, el Hijo de Hodir, tras acabar con los Enanos Férreos restantes. Las Legiones de Acero habían sido derrotadas gracias a la coalición de Carne, Piedra y Escarcha, así como las hazañas y sacrificios realizados aquel día para obtener la victoria recorrerían las Cumbres Tormentosas. Acto seguido, Galic Buchebarrica creyó a bien reclamar como trofeo del Cónclave del Martillo la cabeza de Skaldirus, con lo que con no poco esfuerzo, la hemos despojado de su cuerpo inerte. Mientras las noticias vuelan entre los distintos pueblos de las Montañas, los Enanos del Cónclave del Martillo seremos llevados de nuevo a Fuerte Escarcha, Lunn Melenafría ha partido para dar aviso a los Natoescarcha que vendrán a por nosotros con más Grandes Águilas. ¡No creí que fuéramos a salir de esta! Y aunque desde luego los Enanos no necesitemos recuperar fuerzas salvo en contadas excepciones... ¡No diremos que no a un buen descanso tras semejante batalla!


Regreso Editar


Una muestra de amistad Editar


(Este episodio puede amenizarse acompañado de esta música: https://www.youtube.com/watch?v=NJC7z4l-rwQ)


Tras la victoria, Igor Ingvarrson regresó a Dun Niffelem para informar acerca de todo lo acontecido al Rey Jokkum y los demás Hijos de Hodir, así cómo nos despedimos de Pedruscón, el Creador de Rocas, y los Terráneos en cuánto Lunn Melenafría volvió con más Natoescarcha para llevarnos de vuelta. El viaje aéreo montados en esta ocasión sobre el lomo de las Grandes Águilas fue bastante más agradable que el último, cuándo íbamos colgados de sus garras y balanceándonos como sacos de patatas. Abandonamos el confín nororiental del Bancal de los Creadores y llegamos a contemplar Ulduar, la Ciudad de los Titanes, en todo su esplendor desde aquella altura, ya que por suerte había salido un día relativamente despejado. Incluso desde la lejanía, Ulduar impresiona a cualquiera que tenga oportunidad de contemplarla, parece un Reino por sí mismo pensado para las más enormes criaturas (los Titanes según se dice son más imponentes que los propios Gigantes en altura), una Ciudad digna de su leyenda, formada a partir de viejos palacios que se unen entre sí mediante colosales puentes y elevadas torres. Ha sido todo un privilegio poder observarla desde los cielos, pero en cualquier caso, Fjorlin Cejohelado, Lunn Melenafría, y los demás Jinetes de Águilas que nos transportaban, giraron finalmente hacia el Sur, alejándonos poco a poco de Ulduar, la Ciudad de los Titanes.

Pasamos sobrevolando las más altas cordilleras que puedan imaginarse, dónde de vez en cuándo avistábamos talleres y factorías de origen Titánico que fueron dejadas bajo la supervisión de los Vigías, llegando tras un buen rato de vuelo a un inmenso valle que forma el corazón de las Cumbres Tormentosas y en cuyo interior se encuentra excavado el Motor de los Creadores. Se trata de una impresionante boca de acero excavada en la tierra que desciende durante muchas millas en las profundidades y que según se dice, es el centro neurálgico de todo el sistema de estancias y forjas Titánicas repartidas a lo largo de las Cumbres Tormentosas. Bordeando poco después el Templo de las Tormentas, avistamos finalmente la Montaña de Crestormenta, dónde se encuentran tanto el Nido de las Grandes Águilas como Fuerte Escarcha, regresando así al hogar de los Natoescarcha. La noticia de la batalla y posterior derrota de las Legiones de Acero a manos de la coalición de los pueblos de las Montañas pronto recorrió Fuerte Escarcha, por lo que tanto Lunn Melenafría y Grinbur Barbaudaz como nosotros fuimos recibidos con los más altos honores por parte del Thane de los Natoescarcha: Velog Bramido de Hielo. Como necesitábamos recuperarnos de la batalla, además de preparar todo el equipaje para nuestro viaje de vuelta, se nos hospedó de nuevo en el Salón que anteriormente nos había sido asignado como enviados de Muradin Barbabronce.

Heridas varias, quemaduras, más de un hueso fracturado y alguna que otra cicatriz, fueron atendidas allí, dónde insisto una vez más, no nos faltó de nada con la extraordinaria hospitalidad de los Natoescarcha hacia los Enanos del Clan Barbabronce y sus aliados Martillo Salvaje y Hierro Negro que formamos el Cónclave del Martillo. Grinbur Barbaudaz acudió más de una vez al Salón con muchos miembros interesados de la Liga de Expedicionarios del Fuerte, dónde nos hicieron todo tipo de preguntas acerca de la Forja Implacable y El Sínodo. Parece que le van a perdonar finalmente los autogiros que "tomó prestados" y estrelló para darnos alcance, dado el extraordinario descubrimiento que hemos realizado en los alrededores del Bancal de los Creadores. Muy pronto los arqueólogos y eruditos destacados en Fuerte Escarcha marcharán allí para estudiarlo a fondo, por lo que unido al rescate imprevisto de Azjol-Nerub de sus compañeros, ¡han elaborado una recolecta de firmas para el Senado por si pidiera explicaciones al Cónclave del Martillo por su prolongada estancia en Rasganorte! A su vez, algunos de ellos regresarán con nosotros a Khaz Modan, entre ellos Grinbur Barbaudaz con varios expedicionarios y el Equipo Mortero que la Liga contrató para la expedición, formado por Angus y Enanín.

Tras este período de descanso, finalmente fuimos transportados de Fuerte Escarcha a los pies de Caída de Bor, una gigantesca y congelada cascada en la entrada meridional de las Cumbres Tormentosas. Sorprendidos, comprobamos que la despedida iba a ser mucho más ostentosa de lo que nos esperábamos. Tres delegaciones nos esperaban para darnos el adiós: los Natoescarcha Thane Velog Bramido de Hielo, Lunn Melenafría y Brandig, Herrero de Fuerte Escarcha. Los Hijos de Hodir Rey Jokkum, Igor Ingvarrson y Njormeld, el Herrero de Dun Niffelem. Así como los Terráneos Pedruscón, el Creador de Rocas, acompañado de Breck Cejorroca, uno de sus guerreros, y del Herrero Terráneo, Dargum Martillazo. Pronto entendimos a qué se debía esto, dado que nos fueron entregados por los Tres Herreros en señal de amistad una panoplia de equipo nuevo, que sustituirá al que ya portábamos, pues quedó prácticamente destrozado tras la batalla contra las Legiones de Acero. Estas armas y armaduras, forjadas en el Yunque de Fjorn a partir de los materiales recuperados de la Forja Implacable, son un obsequio de una artesanía magnífica. En agradecimiento por la ayuda prestada a los pueblos de las Cumbres Tormentosas, Njormeld fue el que hizo la propuesta a los Herreros de los otros pueblos para trabajar juntos, ¡ya que quería demostrar que el Yunque de Fjorn no tiene nada que envidiarle al Gran Yunque de Forjaz del que le hablamos! Nos fueron cedidas también varias monturas que nos protegerían en el viaje de regreso: Osos acorazados y un Mamut de guerra. Con todo el botín de Azjol-Nerub y las Cumbres Tormentosas ya empaquetado y cargado en ellas (la cabeza de Skaldirus será transportada en el Mamut), el Thane Natoescarcha Velog Bramido de Hielo nos dio por último la carta de respuesta para Muradin Barbabronce a raíz de aquella que Valtheim Thranduinson le llevó. Había llegado la hora de partir, y tras ser nombrados Amigos de la Escarcha y la Piedra, nos despedimos con no poco pesar en los corazones de los nuevos aliados que el Cónclave del Martillo ha hecho en Cumbres Tormentosas, prometiéndoles regresar algún día. ¡Llegó el momento de iniciar el viaje de vuelta!


La Senda de los Titanes Editar


Abandonamos finalmente las Cumbres Tormentosas adentrándonos en la desolada floresta del Bosque Canto de Cristal, justo en el corazón de Rasganorte y durante la Guerra contra el Rey Exánime, sede del Reino Mágico de Dalaran. Nuestra comitiva formada por Barbabronce, Martillo Salvaje y Hierro Negro del Cónclave del Martillo, así como los expedicionarios de la Liga que nos acompañaban de regreso a Forjaz, debía resultar cuánto menos curiosa a la vista, montados en los Osos acorazados y con el colosal Mamut de guerra en el centro. Notamos como Dríades y Antárboles nos observaban curiosos desde la floresta que se alzaba a ambos lados del sendero, acercándonos finalmente a un lago dónde fuimos a encontrar de nuevo a Saetziel Darrowerque, el Humano que había partido a estudiar las Val'kyr de Cumbres Tormentosas. Reanudamos la marcha todos juntos, avistando viejas ruinas cercanas a las aguas del lago que me recordaron a las de Vallefresno, aquellas en las que en su día, liderados por Bolgar, nos enfrentamos a las Centinelas de Hoja de Ámbar dirigidas por la Capitana Aynarah, justo antes de que la Horda se adentrara en el Bosque y nos forzara a cooperar por el bien de la Alianza. En cualquier caso, estas tenían mala reputación, pues sombras extrañas parecían moverse entre los pilares derruidos por lo que no cabe duda de que los espíritus de los moradores asesinados continúan allí. Finalmente avistamos parte de la Senda de los Titanes, la Calzada de los Días Antiguos que unía todas sus obras a lo largo de Azeroth, saliendo del Bosque Canto de Cristal e internándonos de nuevo en el Cementerio de Dragones.

En los baldíos helados que se extendían hasta dónde alcanzaba la vista, la Senda de los Titanes algo dañada en varios puntos, pero que sigue siendo transitable, resultaba la mejor vía de comunicación de la que podíamos valernos para dirigirnos al Sur. Proseguimos durante un buen rato sobre esta vieja ruta de una Era pasada, hasta que finalmente empezamos a ver en la lejanía lo que quedaba del Templo del Reposo de Dragón, y abandonamos la Senda de los Titanes, dirigiéndonos hacia el Este una vez más, pues más allá de una cordillera que se alzaba ante nosotros se encontraba la Fortaleza de Hibergarde, dónde íbamos a hacer una parada en nuestro viaje a Valgarde. El trayecto no nos fue en absoluto difícil con las monturas perfectamente adiestradas y adecuadas a esas temperaturas que son los Osos acorazados y el Mamut de Guerra, y cuándo ascendiendo la ladera de la cordillera, unos Snóbolds empezaron a darnos problemas acudiendo en manada a bloquearnos el paso, cargamos contra ellos con toda la furia de nuestras monturas, arrollándolos sin demasiados problemas. La cosa se complicó cuándo el Magnatauro que actuaba a modo de jefe tribal, salió de una cueva cercana a por nosotros, pero de nuevo no fue rival para los Osos acorazados y el Mamut, que junto con nuestro Acero, logramos doblegar tras un breve pero feroz combate.

Una vez el sendero terminó, nos hallamos ante las puertas occidentales de la Fortaleza de Hibergarde, accediendo al interior tras una charla con los Guardias. Tras preguntar a los locales, no nos fue muy difícil dar con la Posada, dónde hubo algunos problemas para meter en las cuadras a nuestras monturas de guerra, pero una vez zanjado el asunto, entramos en el establecimiento. Nos presentamos ante una Elfa Nocturna que resultó ser la encargada, pero a su vez, el cocinero era Enano, por lo que cena no estuvo del nada mal, acompañada con abundante Cerveza. Más tarde, ya sentados junto a la chimenea hablamos largo y tendido acerca de qué íbamos a hacer cada uno al regresar a Khaz Modan. Biktur Barbatrueno en particular parece tener muchas ganas de volver a ver a su Grifo, así como conversamos con Saetziel Darrowesque sobre los desenlaces de nuestras respectivas búsquedas. Sin embargo, pronto nos retiramos a descansar al piso superior siguiendo a Valtheim Thranduinson, Galbur Barbarroja y los demás Enanos del Cónclave del Martillo, pues al día siguiente debíamos reanudar la marcha hacia el Este, con el objetivo de acabar de cruzar el Cementerio de Dragones hacia las Colinas Pardas por el sureste.

Fue así que al alba volvimos a ponernos en marcha con nuestras monturas atravesando los desiertos campos que anteriormente habían sido escenario de las batallas más sangrientas contra Naxxramas: la Necrópolis de Kel'Thuzad. Tras cruzar un siniestro bosque muy similar a aquel situado más al Oeste en el que luchamos contra el Culto de los Malditos en los primeros días de nuestro viaje, que ahora parecían tan lejanos, llegamos a las orillas del río que forma la frontera natural entre el Cementerio de Dragones y las Colinas Pardas. Hubo que cruzar el puente de uno en uno, dado el extraordinario peso que suponían los Osos acorazados cargados con todo el equipaje. Una vez todos nos encontramos al otro extremo, Biktur Barbatrueno fue el encargado de guiar al Mamut de guerra, haciendo crujir la madera de manera considerable, y llegar a romperse en varios puntos, cayendo a las aguas varios metros abajo. Justo cuándo el puente parecía que iba a ceder, ambos consiguieron llegar hasta nuestra posición. Por fin nos encontramos en las Colinas Pardas, ahora seguiremos el camino cercano a la costa meridional, no demasiado extensa hasta llegar al Fiordo Aquilonal y con ello a Valgarde.


Rumbo a casa Editar


Los altos pinos característicos de las Colinas Pardas forman un espeso bosque que nos vimos obligados a atravesar a medida que viajábamos hacia el sureste, buscando siempre la cadena montañosa que sirve de frontera entre estas tierras y el Fiordo Aquilonal. Tal vez fuimos en círculos durante un buen rato al abandonar el sendero, pero en cualquier caso, tras varias horas de marcha finalmente acabamos avistando la cordillera. El único problema era que había que cruzar un segundo río bastante más caudaloso y peligroso que el anterior, a su vez, no había puente alguno a la vista más allá de un viejo y gigantesco tronco caído que aunque no parecía muy fiable, utilizamos para cruzar al otro lado de las aguas. La madera volvió a crujir de manera espeluznante a medida que íbamos pasando con sumo cuidado, pero el verdadero peligro vino poco después. Nos encontrábamos en las inmediaciones de Runavold, un antiguo asentamiento aún defendido por algunos de los últimos Vrykul de Colinas Pardas, cuyos vigías tocaron el cuerno nada más detectarnos. Nuevamente dimos rienda suelta a nuestras monturas de guerra, que se alejaban a toda prisa del lugar, pese a todo, varios Huscarles de Runavold intentaban bloquearnos el paso al pie de las Montañas, con el objetivo de dar tiempo a los otros Vrykul del asentamiento para darnos alcance. Los Osos acorazados y el Mamut de guerra volvieron a resultar decisivos, pues nos permitieron superar una vez más a nuestros enemigos, en este caso los Huscarles, que pese a su gran tamaño, no pudieron contener la acometida de nuestras armas y monturas a la carrera. Pese a todo, mientras intentábamos huir viendo que más Huscarles llegaban procedentes de Runavold, aquellos restantes del grupo que había intentado detenernos, lanzaron una lluvia de flechas sobre nosotros, saldándose con algunos heridos, pero logrando cruzar hacia el Fiordo Aquilonal.

Continuamos tan rápido como las monturas nos permitían a medida que sorteábamos las arboledas septentrionales del Fiordo, intentando ganar tanta distancia como nos fuera posible de nuestros perseguidores antes de hacer un alto. Tras una buena carrera y una vez dimos por sentado que les habíamos perdido, decidimos descansar en una atalaya abandonada que avistamos en la lejanía. Entre Biktur y yo echamos la puerta abajo, entrando en la Torre Vrykul desierta. Allí dimos atención médica a los expedicionarios y demás heridos por la descarga de flechas, aunque por suerte, ninguna de las saetas había logrado causar heridas graves. Denrik y Grinbur descubrieron a su vez que entre el polvo y las telarañas del lugar, habían varios tomos, armas y escudos que antaño pertenecieron a la tribu Vrykul de los Desuelladragones, por lo que cargamos varios de estos artefactos en las monturas para su posterior estudio y exposición en la Gran Biblioteca de Forjaz, mientras acabábamos de vendar a los heridos. La marcha prosiguió apenas una hora después, acercándonos cada vez más al corazón del Fiordo Aquilonal, a medida que observábamos como lo que en un principio algunos muchachos identificaron como una montaña se alzaba ante nosotros entre los árboles. Pronto se darían cuenta de que no era así, pues se trataba evidentemente de la Fortaleza de Utgarde, antaño el Trono de Ymiron y que domina todas las tierras de alrededor, con sus últimos niveles perdiéndose entre las nubes más bajas. Seguimos el sendero alrededor de un pequeño lago que se extendía cerca de Utgarde, iniciando poco después el descenso a través del abrupto desfiladero que bajaba por la ladera del Fiordo hacia el Puerto de Valgarde, a los pies de la Fortaleza de Utgarde y en el confín de la Bahía Cubredaga.

El Puerto es en la actualidad una de las pocas colonias aún casi plenamente operativas que la Alianza dejó en Rasganorte. Anteriormente un importante puerto militar, ahora ejerce principalmente el comercio basado en la exportación de productos de Rasganorte con los Reinos del Este. Valgarde consiste en un pequeño pueblo de menor tamaño que Menethil y aún amurallado por si los Vrykul volvieran a suponer una amenaza, situado en el estrecho espacio de tierra que hay entre la ladera del acantilado y la Bahía Cubredaga. En cuánto entramos fuimos recibidos por el Capitán de la Guardia Zorek, encargado de la defensa de Valgarde y que nos aconsejó sobre dónde hospedarnos y el Rompehielos que podríamos tomar para regresar a Khaz Modan. El buque en cuestión se llama Picanorte y parece ser el que habitualmente hace la navegación entre el Puerto y Menethil, así que tras despedirnos de Zorek agradecidos por la información, llegamos a la Tasca local que también ejerce de Posada. Un muchachín Humano que apenas llegaría a superar los diez años era el encargado de los establos, asustándose en cuánto vio nuestras monturas de guerra, pero tranquilizándolo poco después al ver que son animales perfectamente adiestrados y que no causan problemas a no ser que se les provoque (en cuyo caso ya puedes correr). La tabernera, una moza Humana llamada Hazel Lagras, parece bastante habituada a hospedar Enanos, y de hecho el cocinero era Martillo Salvaje, por lo que nuevamente cenamos bastante bien acompañados de nuestras Cervezas, antes de retirarnos junto a la chimenea con las pipas. Valtheim Thranduinson nos comunicó que una vez regresemos a Khaz Modan, hará una visita a su familia en Loch Modan, ya que le prometió a sus nietos que les traería algún "regalo" de Rasganorte. ¡Estoy seguro que echan de menos al Abuelo! Finalmente acabamos marchando todos a las camas en el nivel superior de la Tasca para descansar tras el largo camino.

Esperamos cerca de una semana en el Puerto entre que el Rompehielos finalmente atracó y estuvo dispuesto para partir de nuevo. El día indicado, fuimos los pasajeros más problemáticos en embarcar debido a la gran cantidad de artefactos y equipaje que transportábamos. Con todo, el asunto fue finalmente solucionado con el Contramaestre, asignándonos las bodegas y camarotes correspondientes. Acto seguido, con las primeras luces del alba asomando por los acantilados, el Picanorte zarpó de Valgarde con el Cónclave del Martillo y los expedicionarios de la Liga a bordo, rumbo a Khaz Modan. Barbabronce, Martillo Salvaje y Hierro Negro juntos en cubierta lanzamos una última mirada al Fiordo Aquilonal a medida que éste iba desapareciendo en la distancia, despidiéndonos así de Rasganorte tras todos los sucesos y aventuras ocurridas en estos meses sobre la escarcha y bajo la escarcha del continente. Volviendo nuestra vista al horizonte, hacia el Mar del Norte, todos entendimos que era el momento de regresar a casa, con las Montañas y los Tres Clanes que nos habían visto crecer. Sin duda Forjaz nos necesitará una vez más y nosotros estaremos allí para responder a la llamada. ¡Con Khaz! ¡Hacia el Reino bajo la Montaña!

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