Fandom

Wiki Errantes

Sildras Hojavil

1.451páginas en
el wiki}}
Crear una página
Comentarios0 Compartir

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

Neutral.png
Sildras Hojavil
Imagen de Sildras Hojavil
Información del personaje
Servidor Tyrande
Género Masculino
Raza Kaldorei
Edad 10394
Clase Cazador de Demonios
Alineamiento Caótico Neutral
Ocupación Illidari
Lugar de nacimiento Suramar
Afiliación Vanguardia Illidari, Los Illidari, Druidas de la Zarpa (Anteriormente)
Estado Vivo

Historia y Trasfondo Editar

Nacimiento e iniciación druida Editar

Sildras Hojanocturna nació en una familia humilde de Suramar, en el año -10358. Hijo de un artesano y una guardia de la ciudad, a Sildras siempre le llamó más la atención el compromiso con su pueblo y la protección al mismo de las guardias como su madre que un oficio tan humilde como el de su padre. Sin embargo, sus padres no le permitieron unirse a la guardia, por lo que tuvo que buscar una alternativa.

Cuando fue lo suficientemente mayor, partió en busca de Malfurion Tempestira y demás druidas, quienes le probaron para ver si era capaz de convertirse en druida. Tras la valoración de los druidas, a Sildras se le permitió comenzar sus estudios.  

Alarion Bosquetormenta fue asignado como su maestro. Pronto, Alarion se percató de que el chico no lograba los resultados que debía. La razón era simple, Sildras no buscaba el druidismo por la naturaleza sino por deseo de protección. El maestro se encargó de redireccionar los objetivos del joven. Le mostró todo lo que pudo de la naturaleza, le enseñó a amarla, a respetarla. Al final, Sildras logró comprenderlo, y pudo avanzar a un buen ritmo.  

La destreza que alcanzaba el joven Sildras solo se veía superada por la admiración que este sentía por su maestro. Alarion estaba muy satisfecho con los avances de su aprendiz. Entonces llegó la primera tragedia de su vida. La Guerra de Los Ancestros.

La Guerra de Los Ancestros Editar

La reina Azshara había traicionado a todo su pueblo, se había unido a una legión de demonios que querían arrasarlo todo. Las ciudades más grandes y cercanas al Pozo de la Eternidad fueron las más afectadas. Cuando Sildras se enteró, salió corriendo hacia Suramar, pero Alarion no le permitió salir. Le prometió que él mismo buscaría a su familia. Aun así, Sildras no pudo resistirse. Sin que nadie se percatara partió hacia Suramar, iba a proteger a su familia.  

Allí todo era un caos. La ciudad estaba infestada de demonios, apenas pudo llegar a su casa sin que le pillaran. Un esfuerzo inútil. Solo encontró dolor allí. Dos cadáveres yacían en su casa. Su madre, con su armadura y armas en mano, defendiendo a su padre, detras de ella, con sus utensilios de trabajo como arma. Sildras se rompió en mil pedazos. Los demonios le habían arrebatado todo por lo que luchaba. Esos malditos demonios. Su odio hacia ellos creció hasta puntos inalcanzables. Salió de la casa, sin cuidado, enfurecido, iba a morir, pero se llevaría algún demonio por delante, eso por descontado. Pero Alarion apareció, logró frenar al chico y se lo llevó. Le enseñó que quedaba mucho por lo que luchar. No todos los kaldorei habían muerto, y la naturaleza le necesitaba.  

Con el tiempo, Sildras retomó sus estudios. Pasaron décadas. Varios siglos. Fue entonces cuando comenzó la guerra del Sátiro.

Guerra del Sátiro Editar

Sildras ya era un druida de la zarpa hecho y derecho, como su maestro Alarion, por lo que participó en la guerra junto a su instructor. En una de las noches, escuchó a un grupo de elfos hablar de un tal Ralaar y sus ideales, algo de adoptar una forma más poderosa, más que cualquiera. Sildras no pudo resistirse. Se dirigió a aquel grupo y comenzaron a reunirse en secreto. Estaba seguro de que con ese poder podría proteger a todos los kaldorei de esos monstruos asesinos.  

Reithalos by ladyavali-d4wy92z.jpg

Un joven Sildras, recién nombrado druida de la zarpa

La guerra llegaba a un punto álgido. Las batallas eran muy intensas y los sátiros parecían infinitos. Sildras se vió rodeado, eran seis y él solo uno, cerró los ojos y pensó que había llegado la hora de…Un momento. De repente, de entre la maleza, un enorme felino saltó al cuello de un sátiro, desangrándolo de un mordisco, y de camino rajándole el estómago a otro con su zarpa. Era Alarion, quien miraba a Sildras con determinación. Este comprendió el mensaje, estiró sus brazos en los que apareció pelo y de sus dedos comenzaron a salir unas garras. Todo su cuerpo se estiró hasta que entre los sátiros había dos enormes y peligrosas panteras. Se fueron abriendo paso a zarpazos, pero los sátiros no cedían, cada vez eran más. Ni siquiera esos dos druidas juntos podían con ellos.  

Sildras lo vio claro, había llegado la hora. Sorprendería a su maestro, mataría a todos los sátiros y se convertiría en un héroe para su pueblo. La pantera comenzó a cambiar. Empezó a parecerse más bien a un lobo. Era la forma de la jauría. Sildras empezó a destrozar sátiros como si nada, su poder era increíble. Pero algo no iba bien... Solo quería destrozarlo todo, le daba igual lo que fuera. Antes de que se diera cuenta, había acabado con todos los sátiros que le atacaban, pero había seguido luchando... ¿con quién? Sildras volvió en sí, y vio a Alarion con gesto horrizado. Había perdido el control, y sin percatarse, había asesinado a dos congéneres.  

Alarion logró detener a su descontrolado aprendiz, a cambio de unas profundas heridas en el estómago. Sildras cayó de rodillas, se dio cuenta de que se había equivocado. Alarion sobreviviría, pero tenía que ser atendido cuanto antes. Sildras lo cargó y comenzó su regreso al campamento a toda prisa.  

Por el camino, Alarion le contó lo que era esa forma de la jauría, lo que hizo que al chico se le quitaran aún más las ganas de volver a utilizarla. Faltaba poco para llegar al campamento cuando Alarion susurró algo al oído de Sildras. Les estaban siguiendo. En cuestión de segundos los sátiros salieron a la luz. Estaban rodeados. Alarion no podía luchar, solo había una opción, pero el maestro no permitiría a su alumno volver a convertirse en eso, así que saltó de la espalda de Sildras y le ordenó huir, él entretendría a los demonios. El chico se negó, pero Alarion usó parte de las pocas fuerzas que le quedaban para sacarlo del círculo de sátiros. Sildras, entre lágrimas, corrió lo más rápido que pudo y llegó al campamento. 

Cuando la ayuda pudo llegar, ya era tarde. El maestro era sólo un cadáver. Fue entonces cuando el odio hacia los demonios de Sildras llegó a ser más extremo aún de lo que ya era. Hacia los demonios... y hacia sí mismo. El resto de druidas que utilizaron la forma de la jauría fueron encerrados en el sueño esmeralda, pero Sildras no fue visto (los que lo hicieron ya no estaban) y no contó nada a los superiores, sin embargo no podía continuar como druida, no se lo merecía. Dejó a los druidas. Lo dejó todo.

Entrada al Templo Oscuro e iniciación como Cazador de Demonios Editar

Pasó décadas, siglos, vagando por el mundo. Los demonios no solo le habían quitado a su familia, sino también a su maestro. Pasó miles de años matando demonios usando sus armas. Buscaba grupos pequeños y los destrozaba.  

Un día, una noticia llegó a sus oídos. Illidan Tempestira, conocido como el traidor, estaba en Terrallende y estaba formando un ejército. Ese elfo sabía muy bien como destruir a los demonios, pero se había convertido en uno en parte. Sildras lo había perdido todo. Su único objetivo durante miles de años fue matar sátiros y diablillos, ¿acaso servía de algo? No. Era hora de hacer algo de verdad, erradicar a esos seres y salvar su mundo. Era hora de unirse a  Illidan.  

Llegó al templo oscuro y fue recibido por los tábidos. Estos le llevaron ante el maestro. Sildras no le contó su historia, tan sólo le hizo saber de su odio hacia los demonios, de sus sacrificios, de su compromiso con salvar el mundo. El Traidor aceptó a Sildras entre sus filas y así comenzó su instrucción.

Al principio a Sildras no le pareció un gran reto. Tantos años matando demonios (aunque débiles) le habían concedido la habilidad y forma física necesarias para usar armas mejor que muchos de los aprendices. No fue tan sencillo cuando los demás también aprendieron a usarlas, pero nada que no pudiera superar.  

Pese a tantos errores, conservaba cierto orgullo y arrogancia, y eso no le desagradaba, era lo único que le hacía sentirse menos... basura. Necesitaba sentirse superior, ser mejor. 

Los instructores eran duros, a veces ellos mismos se enfrentaban a él y la cosa no era tan bonita. Las palizas eran brutales. Pero ahí estaba él, de pie, aguantando. Cada vez que se torcía el combate, recordaba su odio hacia los demonios. Recordaba los cadáveres de sus padres, a Alarion, los sátiros, todo lo que hiciera que le hirviera la sangre y utilizaba la ira como chispa para la guerra. Con eso mantenía el tipo contra los instructores durante unos segundos, luego volvía a recibir.

Los rituales Editar

Después de curtirse durante meses, sus maestros decidieron que era su hora. Sildras había visto lo que ocurría con los que se sometían al ritual, había visto suicidios, había visto locura. Todo eso le daba igual, tenía una ambición, un objetivo, y pensaba cumplirlo.  

Le escoltaron hacia el lugar del ritual, dentro de un círculo. Se le encerró dentro de una burbuja de magia y de las sombras emergió un demonio. Era un Guardia Vil. No un sátiro o un diablillo. Un Guardia Vil. Sildras sonrió, nunca se había enfrentado a uno tan grande, pero tantos meses de entrenamiento le habían hecho crearse una gran armadura de orgullo y confianza. Y por supuesto no nos olvidemos de su odio, ese odio que sintió al recordar sus desgracias.    

Descolgó sus gujas de la espalda y se lanzó, cortando varias veces al guardia vil, que ni se inmutó. El aprendiz no se lo podía creer, entonces el demonio comenzó a reír. 

-- Tantas pérdidas, tantos errores, tanto dolor y tanto odio. Y después de milenios, ¿esto es todo lo que puedes hacer? Eres débil. Un fracasado. Y un asesino. - dijo el guardia vil. 

Esas palabras fueron como un hachazo en el pecho. Sildras no podía creer lo que pasaba. Se lanzó de nuevo. El guardia vil no se movía. 

--Basta, es inútil. Pero puedes ser poderoso de verdad. Puedes unirte a nosotros, serás más poderoso que aquel al que llamas maestro. Libérame y te llevaré con mis líderes, ellos te darán lo que…   Antes de que terminara la frase el elfo le rebanó la mejilla con su guja, lleno de ira por el atrevimiento. Ahora el guardia vil sangró y por fin emitió un gemido. 

--Puede que yo sea basura, pero sigo siendo mejor que tú y los tuyos. Juré que os destruiría, y no voy a caer delante de un simple soldadito como tú.  

Fue entonces cuando comenzó el combate de verdad, el guardia vil empezó a intentar golpear a Sildras con su hacha, pero este esquivaba los golpes como podía. Recibió varios cortes profundos, pero logró apartarse antes de que le partiera en dos.  

Entre saltar, rodar y volver a rodar, Sildras pudo acercarse al demonio. Sabía que su piel era dura, muy dura, pero pudo cortar su zona abdominal hasta el pecho. El demonio cayó de rodillas, lo suficiente para que Sildras, en un grito de pura ira, se lanzara contra su cuello. La cabeza del guardia vil salió disparada. El cuerpo cayó de espaldas, con espasmos. El aprendiz, ya casi convertido en cazador, comenzó a rajarle el pecho de pura rabia, gritando a cada corte, hasta que profundizó y llegó al corazón.  

No sabía por qué, pero aún latía. Lo arrancó y lo miró. "Devóralo" escuchó desde fuera de la burbuja. No lo dudó un instante, comenzó a comérselo. El primer bocado le hizo apartar la mirada, era tan asqueroso como todos los demonios juntos. Miró el corazón fijamente y se decidió, empezó a devorarlo de manera frenética, bocados rápidos y grandes, cuanto más rápido mejor. Aquello ardía y aún más tras tragárselo. Casi lo vomita, pero mantuvo el tipo. “Y ahora bebe", después de comerse su corazón, no sería tan malo beberse la sangre de aquel demonio. Dio grandes tragos de la sangre que manaba del pecho del guardia. Quemaba, pero lo soportó. Sonrió. Había gana.... espera... comenzó a ver algo, visiones.  

Era la legión. Destrucción por todas partes, muerte, fracaso, más muerte. El cazador de demonios se estaba volviendo loco, no podía soportar todo eso, gritando de agonía y sujetándose la cabeza por los ojos rogó que aquello parara. No lo hizo. En un acto desesperado, urgó con sus dedos en sus cuencas de los ojos hasta sacarlos. Las visiones cesaron, pero ya no podría ver jamás, o eso creía. Se desesperó, se le aceleró la respiración hasta que por fin cayó inconsciente.  

Alguien le había vendado los ojos. Tenía cuernos. Ahora solo quedaba acostumbrarse, los entrenamientos le ayudaron a agudizar el resto de sentidos y a luchar a ciegas, pero seguía siendo complicado. Habló con el maestro. Le aseguró que con entrenamiento podría llegar a volver a ver como antaño. Dejó de ser Sildras Hojanocturna. A partir de ahora sería Sildras Hojavil.

46905975 p0 by pingping93-d88lyct.jpg

Sildras con el pelo ya oscurecido pero antes de que comenzaran a aparecer el resto de rasgos demoníacos

Eso no era lo más importante. Era hora de hacerse esas marcas en el pecho, esos tatuajes. Lo cierto es que fue mucho más agradable que lo que ya había vivido en aquel lugar. Bueno... "agradable". Lo ataron a una losa de piedra y comenzaron con los tatuajes. Dolía, muchísimo, fue entonces cuando lo notó.  

"Haz que paren, haz que paren" ¿de quién era esa voz? Era el demonio. Se había arraigado en su interior y se retorcía por el control que los tatuajes ejercían sobre él. Ahora estará bajo el control de Sildras. Acabaron de tatuarle, ya estaba listo. Todos los rituales se habían cumplido.

Nathreza, Mardum y a día de hoy Editar

Pasaron un par de meses, suficiente para recuperarse de todo aquello y comenzar a aclimatarse a su nueva "visión". Entonces el Traidor los reunió a todos. Había preparado algo. Iban a viajar a otro mundo, Nathreza, hogar de los señores del terror. Si Illidan decía que habia que hacerlo, Sildras lo haria, confiaba en ese elfo completamente. Viajó a aquel mundo.  

Su trabajo se limitó a permitir al maestro hacer ciertas cosas en un edificio del lugar. Junto a sus compañeros, logró reprimir a los demonios durante un rato, pero no lo harían para siempre. Varios cazadores de demonios habían caído ya, y Sildras estaba bastante magullado. Había lucha donde se encontraba el maestro, una grande. Sildras se acercó a ayudar, pero solo encontró cadáveres de demonios y la figura triunfal de Illidan. Habían triunfado. 

Not so fast hunter by funzee-d9dfm1s.jpg

Sildras combatiendo a un Guardia Vil

 

Volvieron al Templo Oscuro hasta que llegó el día de Mardum. Todos conocemos esta historia. Sildras siguió fiel al maestro Illidan, uniéndose a Kayn Furia del Sol tras escapar de la cámara de la celadora. Fue con él hasta Ventormenta, en el barrio Illidari. Finalmente partió con el objetivo de eliminar demonios hasta el retorno del maestro.

Apariencia física Editar

70f74333b8cf5f4383a4dd75e085514d.png

Sildras Hojavil

Sildras Hojavil es un elfo de 2 metros 14 centímetros de alto, con el

cuerpo fibrado y la espalda algo ancha. Lleva una venda negra en los ojos que deja traspasar el fulgor vil de sus ojos. De su cabeza salen dos cuernos laterales no muy largos que se curvan hacia arriba, su cabello negro cae sobre la espalda a excepción de una pequeña coleta en la nuca.

En su torso se ven tatuajes verdes que ayudan a controlar a su demonio interior. Camina firme, con gesto apático, ignorando todo aquello que no sea compañero illidari al que saludar  o demonio al que asesinar.

Carácter Editar

Pese a ser un cazador de demonios, Sildras conserva algo de sentido del humor. Eso sí, un humor retorcido y bastante oscuro en algunos casos. Es incapaz de tolerar faltas de respeto a sus ideales, al maestro o de respetar a aquellos que insultan su causa sin comprender la profundidad de sus sacrificios. Aquellos que le enfaden, cosa nada difícil, serán víctimas de su ira incontrolable y su furia.

Sin embargo, es fiel seguidor de los Illidari, concuerda con los métodos de Illidan, le seguirá y jamás le cuestionará. No esperes que sea agradable contigo, ni siquiera siendo tú también un seguidor de Illidan, pero si te ganas su respeto luchará a tu lado como un hermano.

Allegados Editar

  • Elfa de la Noche.gif Allene Hojanocturna (Madre, Fallecida)
  • Elfo de la noche.jpg Nildras Hojanocturna (Padre, Fallecido)
  • Elfo de la noche.jpg Alarion Bosquetormenta (Maestro, Fallecido)

Spotlights de otros wikis

Wiki al azar