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Shiannas Camina-Sueños
Información del personaje

Shiannas Camina-Sueños, la Peregrina Blanca, la Dama Umbría, la Dama, la Brizna Imperecedera de Quel'thalas.

TrasfondoEditar

El origen de Shiannas se encuentra más de dos milenios y medio en el pasado, en el bosque de la Canción Eterna. Hija mayor de un linaje secundario de la nobleza de Lunargenta, Shiannas gozó de los relativos privilegios que le permitían su estatus social, ganando acceso a las principales academias de magia de Quel’thalas, entre muchas otras ventajas.

Como hechicera, Shiannas se destacó en los misterios de lo arcano, aunque poseyó desde pequeña una gran afinidad por la Fuente del Sol, que no hizo sino aumentar a medida que perfeccionaba sus poderes y pulía sus pensamientos.

Con el paso del tiempo, Shiannas ganó un notable renombre, ya no solo por su gran habilidad y destreza en el combate, sino por la sabiduría que medraba en su interior con el inexorable paso de los años. Pocos eran los que despreciaban sus consejos y rechazaban sus enseñanzas, pero por desgracia para Shiannas, el apellido de su familia la precedía; y con él, la envidia, la codicia y el despecho de los rivales políticos de sus padres.

La conspiración política llegó a su cénit con el asesinato de sus padres, momento en el que se vio obligada a asumir el gobierno de su familia para velar por la protección de sus hermanos. Pero el tiempo pasó y Shiannas no encontraba ningún gozo en la nueva vida política que debía llevar junto al resto de nobles hipócritas de la sociedad élfica. Cuando llegó el momento, cedió la dirección de la familia a su hermano Valnir y regresó a la academia que tanto había extrañado.

Pero la academia había cambiado. Los rivales políticos de su familia habían envenenado la mente de sus integrantes con mentiras sobre Shiannas, y a pesar de su brillante historial, su petición de docencia fue denegada y la expulsaron. Shianas buscó el apoyo de cuántos amigos le quedaban a su familia, desesperada por hacer justicia, pero sólo consiguió respuestas vagas y ninguna involucración real por parte de aquellos que se llamaban “sus aliados”.

Y entonces, un día que Shiannas debería haber estado con sus hermanos el día del 489 cumpleaños de Valnir, un accidente fatal acabó con la vida de su familia.

Sola. Desamparada. Sin ningún lugar al que acudir y con el soberano orgullo resquebrajado por la triple derrota a manos de sus detractores. Shiannas cargó a sus espaldas con la culpa de la muerte de sus hermanos y se convirtió en la Peregrina Blanca, una figura misteriosa, errante, que rara vez se dejaba ver y que vagaría durante numerosos siglos por los bosques que la vieran crecer hacía más de mil quinientos años.

Pero aquellos que le habían arrebatado su futuro la buscaron durante mucho tiempo, aunque jamás la encontraron. El tiempo pasó y el nombre de Shiannas desapareció poco a poco de la memoria de Lunargenta. Mas la Peregrina Blanca jamás olvidó, ni perdonó, y su soberbia tampoco había languidecido con el transcurrir de los siglos.

Todo cambió con la llegada del Azote a Quel’Thalas. Shiannas fue una de las primeras en percibir las energías nigrománticas que medraban en Lordaeron, y aún mientras el reino humano sucumbía a la plaga, la Dama se internó más allá del bosque para estudiar su naturaleza. Con el corazón en un puño, cabalgó tan rápido como pudo a Lunargenta para dar la voz de alarma. Shiannas sabía que sus rivales de antaño aprovecharían la ocasión para deshacerse de ella, pero era un riesgo, un sacrificio, que creía necesario.

Después de tres días de duro viaje, alcanzó las puertas de la ciudad que no había pisado en siglos y concertó una audiencia en la que previno a Anasterian y los demás grandes nobles de la amenaza inminente.

Pero sus palabras se las llevó el viento. Después de tantísimos años, nadie quiso creerla y la tomaron por desquiciada. La habrían encerrado de no ser por la intervención de Viendel, consejera de la corona, y amiga de Shiannas hacía mucho tiempo.

Desesperanzada y acongojada, Shiannas abandonó la ciudad de nuevo hacia las fronteras, donde se sumó a las fuerzas que, algunos meses después, cuando el Azote hubiese alcanzado el bosque, ayudarían a frenar su avance.

Shiannas participó en casi todas las grandes batallas que acontecieron a lo largo de estos días. Su combate más reseñable sería en la defensa por la Fuente del Sol contra el caballero de la muerte Anthaeras. Se dice que en este combate Shiannas sufrió tantas heridas que desde entonces se ha visto obligada a ocultar su verdadero aspecto bajo una máscara de belleza impermeable.

Pero la defensa de la fuente resultó ser en vano, y ésta terminó sucumbiendo como lo había hecho el resto del bosque. Shiannas, una criatura tan íntimamente vinculada a las energías de la Fuente del Sol, fue de las que más sufrieron el golpe de su caída. Como el resto de su especie, se vio obligada a recurrir a otras fuentes de poder, como la magia vil, aunque jamás llegó a abusar de ella cómo sí hacían sus congéneres. En su lugar, fue orientada por una extraña criatura hasta las ruinas de un antiguo templo en las Islas Abruptas. Allí encontraría el Ojo de Alentalle, una reliquia imbuida con poderes de preservación y magia arcana capaz de mantener en equilibrio su hambre de magia.

Mucho tiempo más tarde, aún cuando Shiannas había vuelto al bosque de la Canción Eterna, el mismo individuo se presentó ante la Peregrina Blanca por segunda vez, y allí le habló del Pacto del Anochecer y de la posibilidad de gobernarlos a todos.

Aunque Shiannas no había buscado la dominación en su vida pasada, la gema parecía haber matizado aspectos de su personalidad, y en su interior había crecido un anhelo de gobernar y disponer a otros de menor ascendencia que ella según sus designios.

Fue así como la Peregrina Blanca, una figura envuelta en el misterio y la superstición de Quel’thalas, se convirtió en la Dama Umbría, líder del Aquelarre más poderoso que llegaría a ver Azeroth… Algún día.

Pues, como ya se ha dicho, Shiannas jamás olvidó, ni perdonó, y su soberbia tampoco había languidecido con el transcurrir de los siglos.

AparienciaEditar

Alta, incluso para los estándares de su raza, y poderosa de brazos y piernas, Shiannas destaca por una belleza andrógina debido a su constitución. Hermosa de rostro, más suave  y menos afilado que el de sus congéneres, los ojos de Shiannas apenas destilan energía vil debido a las energías del Ojo de Alentalle del que se ha nutrido.

CarácterEditar

Sabia más allá de toda medida debido a la extrema longevidad que carga a sus espaldas, lo cierto es que puede llegar a ser despótica en numerosas ocasiones. Arrogante, soberbia y no menos vanidosa, la Dama esconderá estos atributos fingiendo una tapadera de candor y amabilidad a todo el que la conozca. Pese a todo, Shiannas es profunda y reflexiva, y es capaz de leer en los sentimientos de las personas que se encuentran alrededor.

A pesar de la fachada de cruel pragmatismo tras la que se oculta, lo cierto es que su corazón no es menos frágil que el de cualquier otra persona, y en el fondo todavía recuerda el sabor de la empatía.

AllegadosEditar

Valnir Camina-Sueños (hermano) (muerto)

Thiero (hermano pequeño) (muerto)

Viendel (amiga y aprendiz en su día) (viva)

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