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Shalahed Hojavil

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Shalahed Hojavil
Imagen de Shalahed Hojavil
Información del personaje
Género Femenino
Raza Kaldorei
Edad 6325 años
Clase Cazadora de Demonios
Alineamiento Caótico Neutral
Lugar de nacimiento Vallefresno
Residencia Desconocido
Afiliación Illidari
Estado Viva

TrasfondoEditar

Origen Editar

Nacida más de 6000 años antes de la Primera Guerra y casi 3000 años después del Gran Cataclismo, Shalahed no presenció el gran cambió que supuso la primera irrupción de la Legión Ardiente en Azeroth ni la catástrofe que el abuso de la magia conllevó para el pueblo Kaldorei, por lo que la gran mayoría de su vida la pasó en un extenso periodo de paz.

La vida de la que acabaría convirtiéndose en una de las aprendices de Illidan Tempestira comenzó en los apacibles bosques de Vallefresno, en los alrededores de la ciudad de Astranaar, uno de los asentamientos más poblados al norte de Kalimdor.

Sus padres fueron Kalyssa Brumaseda y Medras Verdeluz, dos sastres residentes en Astranaar. Kalyssa, procedente de Auberdine e hija de sastres, decidió trasladarse a Vallefresno en su cuarto siglo de vida con la intención de llevar las riendas de su propia vida sin que sus padres pudieran manejarla a su antojo. Medras, por otra parte, era hijo de la venerada cazadora de las Centinelas Shalahed Verdeluz, que quedó encinta de un elfo desconocido durante una expedición a la costa de Feralas. Su hijo, nacido varón, tenía vetado el acceso a las centinelas por motivos obvios, y no mostrando tampoco aptitud alguna para el druidismo fue enviado a Vallefresno para ser entrenado como guerrero.

Al coincidir Medras y Kalyssa en Astranaar la atracción fue inmediata, pero no fue hasta casi dos décadas después que ambos decidieron unirse a los ojos de la Diosa, y pocos años después dieron vida a una salvaje niña de piel violeta y ojos grises, que recibió el nombre de la madre de Medras, así como su apellido. Shalahed Verdeluz, la pequeña hija de los sastres pasó su más tierna infancia perdiéndose por los bosques de Vallefresno, mezclándose con la flora y la fauna de la floresta. 

Juventud Editar

Tras años y años de excursiones por los poblados bosques de Kalimdor, Shalahed acabó conociendo casi cada planta, el sonido de las pisadas de cada animal, los olores que el viento traía. Podría decirse que se hizo amiga del bosque y que se enamoró de la libertad. Su afinidad con la naturaleza y su amplio conocimiento de los bosques le valieron un hueco entre las arqueras de las centinelas.

La vida de Shalahed transcurrió con tranquilidad hasta que una terrible amenaza surgió en el sur. 

Amenaza Qiraji Editar

Una temible raza de seres insectoides había despertado de su letargo en las lejanas tierras de Silithus, al sur de Kalimdor. Como miembro de las centinelas y parte del brazo armado de la civilización Kaldorei, Shalahed acudió al llamamiento a las armas de su pueblo, y luchó fieramente junto con el preparado ejército elfo, resistiendo los interminables embates de los Qiraji, que atacaban impulsados por una desconocida y enloquecedora fuerza que habitaba en el Reino Caído.

Meses de campaña desgastaron el ya de por sí agotado ejército Kaldorei. Esto, sumado a la muerte de Valstann Corzocelada, hijo del Archidruida Fandral Corzocelada, rompió la voluntad del druida y, por tanto, de todo el ejército elfo que, sin fuerzas para resistir, no puedo evitar que la punta de anza del ejército Qiraji atravesase sus líneas y acabase en las Cavernas del Tiempo, hogar del ancestral Vuelo Bronce.

Shalahed había dado todo por perdido. Había enviado un búho a su familia para despedirse de ellos y desearles una larga vida. Sin embargo, el fuego de la esperanza ardió con fuerza cuando por el horizonte aparecieron enormes dragones de cada vuelo que hicieron retroceder a los Qiraji hasta el interior del Reino Caído. La carga de las centinelas fue brutal, Shalahed descargó toda su ira reprimida contra aquellos seres quitinosos hasta que, en un esfuerzo conjunto de dragones y druidas, un muro les recluyó en su árido y moribundo reino.

Vuelta al hogar Editar

Tras la Guerra del Mar de Dunas, Shalahed volvió a casa para alegría y alivio de sus padres, que la recibieron con los brazos abiertos y lágrimas en los ojos, pero para ella la tranquilidad del hogar era la peor de las condenas.

Había luchado en una guerra, había protegido los bosques durante siglos, y ahora la cama del hogar familiar era demasiado blanda para ella. Su cuerpo y su alma ansiaban batalla y, por desgracia, no había nada que le supusiera un reto en aquel lugar. La amenaza había sido contenida y los bosques se encontraban a salvo. Ni siquiera algunas de las incursiones trol en los bosques suponían un reto para ella.

Aquella larga tortura duró casi mil años más, y cuando acabó, hubiera preferido que durase otros mil años.

Tercera Guerra Editar

Tras milenios de aislamiento casi completo, los Kaldorei recibieron la “visita” de unos invitados no deseados. Unos seres con extraños colores de piel y enormes colmillos arribaron a las costas de Kalimdor, provenientes de los denominados Reinos del Este. Poco tiempo después de ellos, llegó el fuego.

Shalahed había oído hablar de la Legión Ardiente. Había escuchado historias sobre su vileza, su crueldad y su afán por consumir mundos enteros, pero lo había tomado todo por historias para asustar a los niños, sin saber cuan equivocada estaba. La centinela luchó en primera línea contra las interminables hordas de demonios y orcos corruptos por la sangre de los comandantes demoníacos de la Legión. Nunca hubiera pensado que la vida, que la existencia misma pudiera ser tan frágil como estaba demostrando ser. Aquella batalla le demostró a la centinela que los medios convencionales no servían de nada contra la Legión Ardiente. Eran infinitos. Siempre acabarían volviendo de su oscuro y retorcido mundo. Eran un enemigo imposible de derrotar. El espíritu de Shalahed se había quebrado en mil pedazos. No tenía nada que hacer.

Perdió a su familia. El fuego vil consumió las vidas de sus padres, así como las de miles de Kaldorei más a su paso por los amados bosques de Kalimdor. Debía sobreponerse al dolor. Su deber era proteger la tierra ancestral de los elfos. Nada supondría un obstáculo para ella, o al menos no debería haberlo supuesto.

La liberación de Illidan Tempestira, “el Traidor”, había supuesto un duro golpe para todos los implicados en la batalla del Monte Hyjal, no solo porque él había contribuido a la condena de los Kaldorei, sino porque finalmente, había acabado sucumbiendo a su ansia de poder y se había entregado a la magia vil, convirtiéndose en un demonio en sí mismo. El odio de Shalahed por un ser tan traicionero como Tempestira no podía ser mayor, y sus ansias de darle caza después de que la tormenta vil pasase no podían ser superadas por nada.

Sin embargo, cuando una enorme explosión sacudió la cima de Hyjal, destrozando gran parte de Nordrassil, el Arbol del Mundo, todo sentimiento se evaporó del interior de Shalahed. Pesar era lo único que sintió en aquel momento. Todos los Kaldorei sentían lo mismo. Habían perdido su don más preciado, su inmortalidad. El símbolo de su unión con el mundo había sido devastado. Habían perdido su esencia.

La caza Editar

A pesar del dolor de la tremenda pérdida que había supuesto la batalla de Hyjal para todos los elfos de la noche, una pequeña guarnición de guerreros y centinelas partieron en busca del traidor Tempestira, con la intención de volver a apresarlo en su oscura celda bajo el Monte Hyjal para toda la eternidad.

Varios meses de persecución les llevó a los Kaldorei dar con el traidor en las Islas Abruptas, fragmentos del enorme continente Kalimdor, que había quedado devastado con el Gran Cataclismo. Allí volvieron a comprobar que tan solo el fuego funcionaba contra el fuego. Tempestira estaba usando la magia vil de la Legión en su contra con absoluta maestría y fatalidad. Aquel híbrido entre demonio y elfo podía ser la esperanza de conseguir venganza con la que Shalahed había soñado. Por ello, se unió a la expedición del hermano gemelo de Illidan, Malfurión, y de Tyrande Susurravientos, la sacerdotisa de la Luna, hacia los Reinos del Este.

Allí, un Illidan prácticamente derrotado huyó hacia un mundo nuevo y desconocido no sin antes lanzar una arenga a sus aliados naga y Quel’Dorei. En aquel mundo devastado, Illidan prepararía su ataque contra la Legión Ardiente y terminaría con tu infinita y letal cruzada por todo el universo. Shalahed, ansiosa de vengar toda la destrucción que los demonios habían vertido sobre su tierra, se unió al exilio de Illidan en Terrallende, con la esperanza de, a su lado, encontrar los medios para devolverle el golpe a la Legión de una vez por todas.

Metamorfosis Editar

Tras varios meses de viajes por Terrallende, los “suplicantes” llegaron al Templo Oscuro, la fortaleza desde la que Illidan preparaba su golpe final contra los demonios. Allí, Shalahed y sus compañeros comenzarían su preparación para enfrentarse a la Legión. Durante todo aquel tiempo de camino hasta el bastión de Tempestira, la antigua centinela había comenzado a comprender su motivación. La pérdida, el sacrificio, el dolor… Todo aquello era necesario en su camino, y si para combatir al fuego había que añadirle leña a la hoguera, ella estaría dispuesta a hacerlo. Quería venganza, y nada se interpondría en su camino.

Cuando su entrenamiento dio comienzo, tanto ella como sus compañeros se dieron cuenta de que ninguna de las habilidades que habían adquirido durante sus años de vida eran realmente efectivas contra la Legión Ardiente. ¿Conocer los bosques? La Legión podía quemarlos ¿Diplomacia? No servía de nada con cadáveres humeantes. Allí, solo aprenderían a aniquilar demonios indiscriminadamente. Después de todo, era la única forma de ganar la guerra.

Durante meses, Shalahed sufrió un tormento de proporciones épicas. En ciertos momentos llegó a plantearse quitarse la vida, pero cuando estaba a punto de acabar con todo, algo en su interior, un fuego indomable, la impulsaba a seguir adelante.

Finalmente, llegó el día del ritual. Gran parte de los iniciados que habían llegado con ella al Templo habían muerto o se habían quitado la vida, como ella había intentado hacer tantas veces. Durante aquel tiempo había aprendido a considerarlos débiles. Se había convertido en un ser despiadado y pragmático.

Cuando la llevaron al círculo de invocación, un irracional miedo se apoderó de sus músculos. Estaba bloqueada. Tras unos interminables minutos de espera, un enorme demonio se manifestó frente a ella. Tenía seis brazos, con un arma en cada uno de ellos y una imponente cabeza ornamentada. Sin esperar un solo segundo desde su aparición, el demonio se lanzó contra ella, tratando de ganarse su libertad matando a aquella “ofrenda” que habían situado frente a ella.

El combate fue largo, de horas quizá, pero finalmente, gracias a sus milenios de experiencia en combate y tras cientos de heridas sangrando por su cuerpo, la shivarra cayó frente a Shalahed. Un enorme sentimiento de victoria se apoderó de ella, haciendo que emitiera un sonoro grito. Aquel sentimiento, no obstante, duró poco. Uno de los instructores le indicó que debía comerse el corazón del demonio para ganar su poder. El ritual no se habría completado hasta que hubiera asimilado al demonio en su interior.

De nuevo aquella sensación de pánico se apoderó de Shalahed cuando, con una de las armas de la propia shivarra, le abrió el pecho y le arrancó el corazón con sus propias manos. Aquel corazón retorcido todavía latía ligeramente entre sus manos, como retándola. Sin dudarlo un segundo más, le dio un enorme mordisco al musculoso órgano. La carne se retorcía en su garganta. Sabía a metal y fuego. Era puro veneno. Cada vez que tragaba un trozo de carne era como si la vida se le escapara poco a poco por cada uno de los poros de su piel. Cuando finalmente consumió todo el órgano, sintió como si el demonio ahora habitase en su interior. Notaba su esencia dentro de sí misma, luchando por acabar con ella desde dentro, nada podía ser peor que aquello, o eso creía ella.

Cuando aquella extraña batalla terminó, un torrente de magia vil recorrió su cuerpo, dejándola inconsciente. En aquella terrible experiencia astral, pudo ver cada una de las almas que la Legión había segado. Cada uno de los mundos que habían quemado hasta reducirlos a cenizas. La destrucción que portaban era imparable. Tal era la desesperación que estaba sufriendo durante aquella visión, que con la misma daga con la que había cercenado el corazón del demonio, se apuñaló sus propios ojos durante su trance, arrancándose después los restos de los mismos en un fútil intento de acabar con aquellas imágenes.

Varios días después, Shalahed despertó de su breve coma. No podía ver nada. No podría ser de utilidad contra la Legión en aquel estado.

Algunos de los iniciados que habían superado el ritual se encontraban allí con ella. A todos les alivió saber que su visión había resultado total o parcialmente dañada.

Sin embargo poco alivio cabía cuando dentro de todos ellos habitaba el alma de un demonio con ansias de venganza, tratando de acabar con ellos para ser liberados y volver al Vacío Abisal.

Durante varios meses más, Shalahed fue aprendiendo a contener su demonio interior, así como a manejar las armas y poderes propios de su nueva condición hasta que al fin dominó su nueva condición. Había cambiado por completo. No solo en apariencia, ya que los cuernos y los tatuajes eran simples complementos a lo que era ahora, sino toda ella, su misma esencia era otra. La centinela que había disfrutado de las carreras por los bosques de Kalimdor durante seis milenios había muerto en cierto modo. Allí había nacido otra persona. Shalahed Hojavil, Cazadora de Demonios de los Illidari, estaba lista para afrontar cualquier misión que Illidan Tempestira, el Maestro, le encomendara.

(Pendiente de añadidos sobre las campañas de los Cazadores de Demonios)

AparienciaEditar

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Apariencia de Shalahed

Shalahed se encuentra en la altura media de los Kaldorei, ganando varios centímetros gracias a los demoníacos cuernos que salen de la parte superior de su frente.

Su pelo tomó un color ceniciento durante el ritual que la unió permanentemente a su demonio interior. La longitud de su pelo es un factor importante para ella, ya que el día que superó el ritual decidió que jamás se lo cortaría, para utilizarlo a modo de recordatorio de todo lo que había vivido y todo lo que había sacrificado para llegar a ser lo que era, siendo cada milímetro de su cabello una vivencia digna de ser recordada.

Tras el ritual, durante el cual se arrancó sus ojos de color gris brillante, dos refulgentes y pequeñas bolas de magia vil ocuparon sus cuencas. El brillo de éstas puede apreciarse a través de la venda que cubre sus "ojos".

Sus músculos están bien definidos, debido al continuo entrenamiento al que se somete prácticamente a diario para mantener su estilo de combate en un estado cercano a la perfección, así como para poder manejar sus gujas de guerra con la agilidad que un combate contra la Legión Ardiente requiere.

El anterior color violeta de la piel de Shalahed dejó paso a un morado abotargado más propio de un miembro engangrenado que de un ser vivo, que contrasta con el vil brillo verde de sus tatuajes. La mayoría de su piel está cubierta por cicatrices, algunas producto de su entrenamiento en el Templo Oscuro, pero siendo la gran mayoría secuelas de las batallas y escaramuzas en las que ha luchado contra los demonios de la Legión.

CarácterEditar

Ritual Shala.JPG

Shalahed al inicio de su ritual

Su carácter anteriormente alegre y amable desapareció entre las llamas al mismo tiempo que los bosques de Kalimdor durante la segunda invasión de la Legión Ardiente, en el transcurso de la Tercera Guerra.

El ritual de transformación terminó de hacer añicos su ya devastada personalidad, lo que la convirtió en la implacable y despiadada Cazadora de Demonios que es hoy en día. Su determinación para acabar con los infinitos ejércitos de la Legión es férrea, y no consentirá que nada se interponga en su camino. Para Shalahed, el fin justifica cualquier medio. No se detendrá ante nada para detener el avance de los demonios.

Shalahed suele permanecer en silencio, pero cuando habla sus intervenciones suelen ser tajantes y determinantes. Normalmente suele actuar cuando se desata una disputa entre algunos de sus compañeros Illidari, siendo en muchos casos la voz de la cordura entre éstos. Esta actitud, así como sus intervenciones implacables y casi quirúrgicas en el campo de batalla, le han granjeado una fama de eficaz estratega, fama de la cual no se molesta en deshacerse, pues para ella, todo vale en la Gran Guerra contra la Legión.

A pesar de sus planteamientos despóticos y suprematistas al respecto del resto de habitantes de Azeroth y Terrallende, a los que considera poco más que simples peones sin habilidad para luchar contra las hordas demoníacas de la Legión, no suele manifestar estas opiniones en público e intenta que sus hermanos Illidari más próximos se mantengan al margen de peleas y discusiones absurdas con ellos. Para ella, cualquier distracción es un obstáculo innecesario en la campaña contra el verdadero enemigo: la Legión Ardiente.

Combate Editar

A pesar de estar entrenada en el uso de casi cualquier arma y de ser capaz de desenvolverse con soltura con ellas, Shalahed suele usar el arma predilecta de los Cazadores de Demonios, las gujas de guerra.

Sus gujas de guerra son Anach y Kigon, las Hojas del Desesperado, cuyos nombres en Eredun (Demónico) significan respectivamente "Miseria" y "Corazón", fueron forjadas en el Templo Oscuro por algunos de los herreros demoníacos al servicio de Illidan Tempestira utilizando acero vil para las hojas por su extraordinaria dureza y korio para las empuñaduras y los ornamentos, debido a su capacidad para canalizar energía. En adición a los excepcionales metales utilizados para su creación, las hojas fueron forjadas en fuego vil y templadas con sangre de demonio con el fin de imbuirlas de los mismos poderes viles con los que posteriormente combatirían.

Su estilo de combate se fundamenta en la forma de combatir de las Shivarras, usar una velocidad y agilidad pasmosas para desorientar al enemigo a la vez que le ocasiona decenas de heridas en unos pocos segundos. Así mismo, es capaz de inspirar el deseo de combatir en aquellos que la rodean y desmoralizar a sus enemigos con su implacable y temeraria forma de luchar.

FamiliaresEditar

Shalahed Verdeluz (Abuela fallecida)

Medras Verdeluz (Padre fallecido)

Kalyssa Brumaseda (Madre fallecida)

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