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Se acercan largos días

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Capítulo 1. Una noche sin dormirEditar

Stelmaría no paraba de dar vueltas esa noche en la cama. No era dolor lo que sentía esta vez, sino angustia e inquietud. Alliser y Xiana ya dormían, pero ella solo podía quedarse mirando el techo de madera de su habitación apenas dos minutos antes de darse la vuelta y mirar el armario, o cerrar los ojos para volver a abrirlos de inmediato. Faltaban pocas horas para el amanecer, y no había pegado ojo, así que para no molestar se levantó y se puso una fina bata que había dejado en la silla del escritorio. Se acercó con cuidado a la cuna de Xiana y la arropó un poco, tratando de no despertarla. Se quedó mirándola un rato, reflexionando, pero no sobre su hija, sino sobre nada en particular, simplemente la miraba, le venían recuerdos, pensamientos… nada coherente. Pasó largo rato así antes de acariciar la cabeza de la pequeña con un suspiro y volverse a Alliser, que dormía de lado, dándole la espalda. Se quitó la bata y el suave pijama, y se vistió con una ropa sencilla, pantalones y camiseta, con una chaqueta por encima, aún hacía algo de frío. Con lentitud y procurando no hacer ruido, bajó las escaleras hacia el salón. Hacía apenas dos días que Alliser y ella habían firmado el divorcio, intencionado, pero al fin y al cabo era un divorcio, y se le hacía raro el mirarse la mano izquierda y no hallar el anillo de bodas.

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Se tomó un café, despacio, mirando la chimenea, mirando cómo el fuego crepitaba y cómo las llamas lamían la madera seca, consumiéndola poco a poco. Quizá ella se sentía así, como la madera que sin poder hacer nada era consumida por el fuego, pero… ¿qué era el fuego? ¿Qué era SU fuego? ¿Qué era eso que a ella la consumía? No tenía la más remota idea, pero ahí estaba. Mucha gente incluso diría que no tiene nada de lo que quejarse, pero… algo había, algo que no sabía qué era. Quizá con un paseo se le despejarían las ideas, así que se acabó el café y cogió las llaves de la casa. Cuando salió por la robusta puerta de madera aún era noche cerrada, pero le daba un poco igual, se iba a llevar a Dernié, hacía tiempo que no salía a dar un paseo con él, así que acarició la huesuda cabeza del bicho y éste le siguió, contento. Dernié en cierto modo parecía más un perro que un dinosaurio, adoraba perseguir cosas y echarse encima de la gente, no siendo consciente de la fuerza que tenía.

Stelmaría anduvo y anduvo durante un par e horas, con el pequeño... "pequeño" dinosaurio contento a su lado, corriendo de aquí para allá y persiguiendo conejos. Ya no sabía ni dónde estaba,no reconocía el 

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terreno, estaba oscuro, veía... rocas, musgo... No, no veía nada. Se paró en seco, entornando los ojos para intentar reconocer el terreno, hasta eso, que era su mayor don, lo había perdido, y así estaba, perdida. Miraba de un lado a otro, como queriendo encontrar un camino cuando escuchó algo.



Se aferró fuerte a Dernié, fijando la vista en onde provenía el ruido. Parecía una caravana, un carro tirado por caballos, iluminado. Parecía... un entierro. El carro era grande, o eso parecía. Iba rodeado por personas, iluminado por velas, siniestro. Tirado por caballos negros como la noche. Dentro parecía haber una féretro... ¿o no? No lo veía con claridad, solo veía las velas moviéndose, la gente acompañando el carro. ¿Cuántos eran? Diez o quince, no lo sabía. Uno de ellos portaba una especie de estandarte con la señal de la Luz... y parecía que todos llevaban capucha

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 Stelmaría buscó un seto para esconderse y mirar tan curiosa comitiva mejor, pero alguien se había adelantado a los acontecimientos y apareció detrás de ella. Era un encapuchado de la comitiva. Stelmaría se levantó despacio, con los ojos fijos en él, y él con los ojos fijos en ella, serio, con aspecto cadavérico. En realidad no sabía si estaba vivo o muerto... ¿Qué era? Escudriñaba ella con sus ojos negros cada parte del ser, durante tres segundos que fueron eternos, tres segunos en los que el encapuchado tardó en ponerle a Stelmaría una bolsa de tela gruesa en la cabeza y atarla. Dernié salió corriendo, la Luz sabe dónde. Y el encapuchado se llevó a Stel, cargándola en el hombro como un saco de harina.

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Capítulo 2. No se puede hablarEditar

Stelmaría fue depositada con violencia sobre el carro, no veía nada, pero movía la cabza en todas direcciones, confundida. Estaba todo negro, a veces un poco de claridad que venía de las antorchas traspasaba la gruesa tela de la cabeza, pero nada más. Empezó a gritar y un latigazo le sorprendió en las costillas. Se quedó callada de golpe, casi sin aliento, no se lo esperaba y el dolor le recorrió desde el costado hasta la punta de los dedos, como si de una corriente eléctrica se tratase. No quiso abrir la boca el resto de la noche, pero agudizó el oído, parece que sus amigos eran silencioso, ninguno hablaba, tampoco se les oía respirar, ni siquiera el roce de sus ropas al caminar... nada de nada. Lo único que oía eran los cascos de los caballos y las ruedas del carro, que en un momento dado parecía que atravesaban el agua, quizá irían hacia el Bosque del Ocaso, pero... ¿por dónde?

Alliser se despertó con el llanto de Xiana y aún de espaldas en la cama tendió una mano para despertar a Stelmaría, pero lo único que tocó fue algo de pelo suave que lo recompensó con un arañazo en la mano y un mordisco.

-Puto gato - pensó Alliser. Era Trotsky, el gato de pelaje albino y ojos azules que le habían

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regalado por su boda a ambos. El bicho en sí era adorable, pero cuando dormía(la mayor parte del tiempo) nadie podía acercarse a él. Alliser suspiró cuando vio la cama fría y vacía, sin Stel. Se quitó las mantas de encima y se sentó, no era la primera vez que ella bajaba a desayunar sin él. Miró el reloj, apenas eran las siete de la manaña y un poco de claridad entraba por la ventana de madera. Se oía a los pájaros de Elwynn cantar junto con algún gallo, probablemente el del vecino, se frotó la cara para despejarse un poco y se levantó, dirigiéndose a la cuna de su hija, que seguía reclamando su atención mientras se chupaba el puño por el hambre.

-Ya está, calla. - Alliser la cogió en brazos y la arropó con su manta, que hasta hace unos meses era la capa e pelo de oso blanco de su madre, pero se la habían arreglado para ella, al parecer le gustaba. La niña se acurrucó entre sus brazos y su llanto cedió convirtiéndose en una leve protesta, pero como seguía comiéndose su propio puño, Alliser se vio obligado a retirárselo de la boca.

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Después de cambiarle lo pañales a su hija bajó las escaleras con ella en brazos, aún medio dormido, con las velas apagadas y con solo la poca luz que entraba por la ventana era difícil ver algo en la casa, aunque la chimenea estaba encendida, lo que quería decir que Stel había estado allí, además de que se había dejado sin recoger el  café de encima de la mesa.


-Stel - Llamó Alliser - Tu hija tiene hambre. ¿Dónde estás? - Fue al salón, donde no había nadie, únicamente el calor del fuego y la taza de café fría. - ¿Stel? - Se dirigió a la cocina, sin rastro de ella, ya era raro eso... Pero en fin,  parecía que le tocaba a él darle de comer a Xiana, así que cogió un biberón limpio y puso a calentar agua mientras seguía buscando por la casa. No, no estaba en ninguna parte. Se asomó por la ventana y no vio a Dernié, así que pensó que seguramente fueron a dar un paseo ambos, aunque... Alliser frunció el ceño, apenas eran las siete de la mañana, ¿y Stelmaría ya se había levantado, había desayunado y se había ido? Entonces tuvo que despertarse de madrugada, está claro, entre las 4 y las 7 concretamente, recordaba que a esa hora ella se había levantado para darle de comer a Xiana por última vez y se había vuelto a meter en la cama. Así que se fue a dar un paseo sin luz...

Meditó mientras le aba el biberón a su hija pacientemente. Pensó en qué la llevaría a irse tan temprano. No se había puesto nada fuera de lo común ni tampoco llevaba armas. Era raro, aunque

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también era cierto que estaba pasando una etapa delicada y cualquiera entendía sus reacciones... Vale, a lo mejor estaba un poco loca, pero no, no sería capaz de irse así como así de casa y aún menos tan temprano, de madrugada casi. Quizás se estaba comiendo mucho la cabeza a esas horas de la mañana... lo mejor sería esperar a que volviera con paciencia.


Stelmaría vislumbraba algo de claridad a través de la tela que le tapaba el rostro, y ahora no era claridad de las antorchas, sino la del día, estaba amaneciendo. Tenía los músculos entumecidos de no moverse y hacía rato que uno de ellos le había tado las manos a la espalda y los pies con una cuerda áspera... era incómodo y empezaba a ser doloroso. No sabía qué pretendían, ni qué querían ni por qué nunca vio tal cosa... Pero empezaba a estar harta, así que su cabeza comenzó a idear un plan de huida, pero estaba difícil sin ver, sin manos, sin piernas... Y sin poder gritar, o recibiría otro latigazo. Aquello era verdaderamente desesperante, incluso comenzaba a ahogarse dentro de su prisión de tela, le faltaba el aliento, era asfixiante y se agobiaba, respiraba poco a poco más deprisa, cada vez intentano coger aire nuevo sin éxito. Quería patalear, gritar, quitarse esa maldita cosa de la cabeza y correr lejor mientras respiraba, pero nada, que no fue posible. Antes de que esa sensación pudiera ir a más uno de ellos la cogió con brusquedad, no se lo esperaba y su corazón se paró un segundo para volver a latir. Era su oportunidad, podría derribarlo, incluso podría gritar, seguro que alguien ya se había levantado y la oía, así que gritó mientras le daba patadas en las costillas a aquella cosa, pero como antes, un látigo la silenció de nuevo.

Después de andar unos minutos con la respiración entrecortada por el dolor Stelmaría fue depositada en un terreno fangoso, y la claridad había desaparecido. Oía unas gotas caer y el sonido retumbaba en aquel sitio. Seguramente fuese una cueva o algo similar, aunque pudo adivinarlo pronto, puesto que para su 

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sorpresa, le quitaron la tela de la cabeza. Luz... que alivio. Respiró bocanadas de aire fresco y... ¿Limpio? No, en realidad olía un poco a humedad, pero le daba igual, ahora quería ver quien la había llevado hasta allí, pero al dirigir la mirada no vio nada, solo las paredes rocosas de la acertada cueva... bueno, "cueva", en realidad era una especie de construcción con piedras. La tierra era fangosa, una gota no hacía más que caer y olía a humedad, sin duda estaba cerca del río, pero estaba atada de pies y manos, sin posibilidad alguna. Su transportador aprovechó también para amordazarla para que no gritara,y allí la dejó, oculta, con la única compañía de la gota "clong, clong, clong". La mordaza era  como las otras cuerdas, áspera, gruesa y con un sabor asqueroso. Se revolvió para intentar quitarse algunos de los nudos y poder tener las extremidades libres, pero fue totalmente imposible, lo único que consiguió fue llenarse la ropa y el pelo de barro. Al final lo dejó, cansada ya y se quedó mirando el techo de roca con su nueva amiga, la gota Clong.

Eran ya las diez de la mañana y Stelmaría no había vuelto a casa, Alliser comenzaba a preocuparse, estaba buscando por toda la casa algo que hubiera dejado Stel, una nota, quizás, tampoco faltaba nada, se había vestido normal, sin la armadura. El corazón le dio un vuelvo cuando llamaron a la puerta y corrió a abrir,  


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seguro que era ella, al fin, Luz, menos mal que volvía... Cuando la abrió, se encontró con la risueña cara de su hermana y una ráfaga de ira le recorrió por dentro, en ese momento tenía ganas de matar a Fialia de alguna manera, o gritarle, o decirle que se fuera y no volviera nunca, pero solamente apretó la mandíbula del odio.


-¡Hola! Fialia sonrió, como siempre hacía. Era diez años más joven que Alliser y el polo opuesto a él, si su hermano era frío, ella era agradable y cálida, si él era borde, ella era todo amor y atenciones, si él era serio, ella estaba todo el día sonriendo... Y así con todo, lo que realmente hacía pensar a Alliser que en realidad ella no fuera su hermana y que sus padres probablemente la hubieran adoptado... ojalá fuera eso, pero tenía su mismo pelo y sus mismos ojos. Suspiró y la dejó pasar finalmente, al fin y al cabo venía todas las mañanas a ver a su sobrina

-Pasa...

-¡Gracias! - Fialia se puso de puntillas para darle un beso a su hermano en la mejilla antes de pasar. Alliser suspiró... lo que tenía que aguantar. - ¿Dónde está mi sobrina preferida?

-En la cuna durmiendo, y ni se te ocurra despertarla, que me ha costado dormirla.

En realidad Fialia no tenía culpa de nada, era muy agradable, pero no la soportaba, era una relación amor-odio, pero era su hermana... y la tenía que aguantar, además su ayuda les venía bien. Subió al piso de arriba y se vistió para salir, necesitaba buscar a Stelmaría por donde fuera, así que cogió las llaves de la moto y bajó dispuesto a salir ahora que su hermana se podía quedar con Xiana.

-Fialia quédate con...

-¡Mira! Te he hecho un té, porque he visto que no has desayunado hoy. Muy mal, ¿eh? Hay que desayunar. - le cortó Fialia con una taza de té humeante en las manos

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Su hermana lo miraba con un brillo de felicidad en los ojos que le ponía nervioso mientras le ofrecía el té caliente. Era cierto que no había desayunado, pero lo último que quería era tomarse su estúpido té, sin embargo sabía que lo había preparado con todo el amor del mundo para él y con sus buenas intenciones. Miró el dichoso té y lo cogió.

-Gracias.

Como no tenía tiempo para aquellas chorradas se lo tomó de un trago y le abrasó la garganta, pero le daba igual, solo quería salir de allí y buscar a Stelmaría.

-Quédate con Xiana, yo tengo que salir

-¿Dónde vas? - Dijo Fialia con su eterna sonrisa. "¿A ti qué te importa?" respondió Alliser en su cabeza con la misma sonrisa que tenía su hermana, como haciéndole burla.

-Tengo cosas que hacer. Tú cuida de ella

Fue todo lo que dijo Alliser, después salió por la puerta y arrancó la moto, tenía pensado ir a la ciudad, a lo mejor estaba allí. O eso quería pensar él. La buscó durante toda la mañana, incluso durante toda la tarde, sin rastro de ella, ni siquiera por el Bosque. Tampoco había rastro de Dernié, ni huellas siquiera, y no había llovido, así que algo tuvo que  pasar, lo tenía a cada minuto más claro. Finalmente, a la última hora de la tarde, lo dio por imposible y fue al cuartel de la Guardia a denunciar su desaparición, cansado y abatido.

Stelmaría se había hecho amiga de la gota Clong y predecía cuando iba a hablar, aunque solo hacía clong, pero era el único sonido que podía oír. Estaba dormida cuando algo la levantó de nuevo sobresaltándola, era su otro amigo, el silencioso, que la volvió a coger en brazos, pero no le puso la tela encima sino que la sacó de su cueva con la cabe
Black horse by whitespiritwolf-d37045x.png
za destapada, lo que le pareció curioso, la verdad. Tenía el pelo lleno de barro y la ropa igual, mojada por el fango, era realmente incómodo aquello, aunque al menos podía respirar. Cuando la sacó de la cueva intentó ver algo de dónde estaba, pero ya era de noche y no veía nada más que los árboles o las sombras o... lo que fuera. De nuevo al carro, otra vez. Echaron a andar los caballos tirando de ellos, y aquellos seres al lado como si de una procesión se tratase, una procesión de antorchas perpetuas y silenciosas. Se intentó fijar en ellos, al frente iba el que parecía ser el líder, con el símbolo de la Luz y los demás le seguían, todos en riguroso silencio y encapuchados, no dejando ver nada de su piel, o lo que fuera que tuvieran por debajo de la túnica.

Se detuvieron al cambo de veinte minutos aproximadamente en un claro, donde en el medio había una 

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piedra lisa dispuesta de manera horizontal sobre la hierba. Cogieron a Stelmaría, que seguía atada de pies y manos y amordazada, lo que comenzaba a ser incómodo para ella, la aspereza de la soga le había hecho algunas heridas en la boca y de vez en cuando le daban arcadas cuando sentía que tocaba el paladar. Fue depositada encima de la roca y le quitaron la mordaza, pero no dijo nada, solamente observaba. Se disponían en media luna a su frente, quieto, hieráticos todos, como si ellos también se hubieran convertido en piedra. Uno de ellos se quedó detrás y el que se suponía que era el líder se acercó.

-¿Qué coño hacéis? - preguntó Stelmaría cuando vio en las manos de aquel ser una cuchilla.

Un latigazo volvió a recompensarla en la espalda, donde también empezaban a abrirse yagas. Ahora tenía claro que no había que hablar, así que apretó los dientes mientras miraba con pánico la cuchilla del hombre. No se había dado cuenta, pero la habían desatado y la cuchilla se acercaba a su muñeca despacio, o quizá el tiempo para ella se había detenido y lo estaba haciendo aún más lento, más agónico. Cerró los ojos cuando la piel se rasgó y comenzó a sangrar, aunque apenas era una herida pequeña la sangre brotaba de ella sin descanso. No había comido en todo el día y se empezaba a marear, un gemido inconsciente salió de ella, así que se preparó para el latigazo que justo le acababa de impactar, por el dolor abrió los ojos y aunque veía un poco borroso, pudo observar como su sangr era recogida en un cuenco y parpadeó un poco para recuperar la claridad de la visión, sin éxito. Los sudores fríos le recorrían la espalda y la cara, mientras veía como aquel líder pasaba el cuenco entre los seres, que bebían apenas un sorbo antes de dárselo al siguiente, y así hasta que acabaron. Stelmaría finalmente se desmayó, volviéndose todo negro y sin sentido.

Aquellos seres esperaban con ansia la sangre de la virgen, aunque no fue eso lo que encontraron, no. Cuando se llevaron el cuenco a la boca todos pudieron notar que no les hacía el efecto que cuan bebían otra sangre, se miraban unos a otros extrañados. Ni siquiera deberían estar bebiendo, eran muertos, los muertos no beben, pero ellos tenían la convicción de que si bebían la sangre de una virgen les haría sentir algo de vitalidad, un recuero de lo que antaño tuvieron, era una obsesión suya que nada tenía que ver con la realidad, pero realizaban el rito cada noche y habían encontrado una mujer que se supone que era virgen, pero que resultó no serlo y ahora yacía sobre la piedra inconsciente, aunque sabían perfectamente que muerta no estaba, nunca mataban antes de tiempo. Nunca. Con decepción y sin el banquete de esa noche la volvieron a cargar en el carro, atada de nuevo, mientras pensaban qué partido iban a sacarle a aquella muchacha profanada.

Alliser volvió a casa, cansado y sin rastro de Stelmaría. Cuando entró cerró la puerta y se apoyó en ella suspirando.

-¡Hola!

La voz chillona de Fialia lo sobresaltó, ni siquiera se acoraba de que estaba allí, no se había acordado de nada en todo el día, ni de comer. Alliser suspiró y echó a andar hacia el salón, donde estaba su hermana leyendo un libro y se acercó a la cuna de su hija, que dormía tranquila.

-Hola Fia.

-¿Dónde has estado?

Alliser miró a Fialia, no quedaba más remedio que contarle todo, aunque no le apetecía nada, estaba cansado y solo quería meterse en la cama, pero hizo de tripas corazón y se sentó en el sofá quitándose las botas y contándole  con paciencia a su hermana todo lo sucedido. Podía observar como su cara cambiaba de expresión poco a poco, hasta quedarse totalmente serie y pensativa.

-Vaya... - Dijo al final Fialia - Lo siento Alliser... yo... he bañado a Xiana y le he dado de comer hace poco.. tal vez...

-Vete a casa, mañana volveré a salir y te necesito aquí temprano. Gracias

Alliser cuando dijo esas palabras cogió a su hija en brazos y subió las escaleras, confiando en que su hermana se fuera pronto a casa, así que arropó a Xiana en la cuna y él también se metió en la cama, pero no paraba de darle vueltas a la cabeza. Mientras la Guardia actuaba, él también debería hacerlo, por lo que mañana saldría temprano y peinaría la zona de Elwynn en busca de un rastro. Lo que no sabía era que su hermana no se iba a ir a casa, acoplándose en su sofá y durmiendo en él. No era tonta, sabía que su hermano necesitaba ayuda y se iba a quedar.

Stelmaría pasó otro día en la compañía de Clong, y a la noche de nuevo fue sacada para su paseo nocturno. La muñeca le dolía, tenía la herida que le habían hecho la noche anterior abierta y la soga le estaba produciendo nuevas yagas. La espalda la tenía también dolorida, además de que se sentía débil y estaba mareada, pálida y sin fuerzas. A pesar de todo esto no podía articular sonido, o el látigo la volvería a azotar, así que se esforzaba por no hacer ruido ni respirando. Llevaba dos noches y tres días sin darle el pecho a Xiana y la leche comenzaba a mojar la camiseta acartonada del barro seco y posteriormente húmedo de nuevo por el fango de su cueva secreta.

La noche anterior, antes de perder la consciencia, Stelmaría se había dado cuenta de algo, y era que aquel que le había rajado la muñeca para conseguir su sangre también tenía heridas en sus muñecas, y mientras sus pieles se tocaban cuando le estaba haciendo la herida con la cuchilla, también se dio cuenta de que el hombre estaba caliente, pálido pero caliente. Estaba vivo, y también a él le habían hecho heridas en algún momento. Así que el líder de los muertos era un vivo, qué curioso...

Los muertos se habían dado cuenta de que Stelmaría no era virgen, su sangre no les hacía sentir (o lo que ellos pensaban que era sentir, claro), pero sí se habían dado cuenta de otra cosa, y era que la chica acababa de ser madre, era obvio. Ya tenían una función para ella. La leche materna era incluso mejor que la sangre de una virgen, no se encontraba todos los días ni en todos los vivos, era un manjar. Ellos podían disfrutar de la "vitalidad" que les daba eso, coger un alimento esencial para un recién vivo y tomarlo para ellos, algo exquisito, no cabe duda.

Stelmaría comenzó a marearse cuando llegaron al claro con la piedra horizontal, solo recordando su sangre caer, pero hoy no era su destino sangrar. La cogieron de nuevo y la pusieron sobre la losa, desatándola las
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manos. Stelmaría solo se quedó con la cabeza baja, no quería más latigazos y se mostraba ahora sumisa, esperando para un nuevo desmayo, pero lo que le hicieron la sorprendió, y alzó la cabeza, atónita. La estaban desnudando de cintura para arriba. No podía ser... el instinto hizo que se tapara con los brazos, pero el otro instinto, el de sentir de nuevo el latigazo, deshizo su abrazo, dejando a la vista el torso desnudo. Parecía que los muertos, dispuestos de nuevo en media luna delante de ella, la miraban con deseo, claro que eso era imposible. El líder se acercó y sí, estaba vivo, Stelmaría sintió su respiración cuando le sacaba la leche y la vertía en un cuenco para dar de comer a su séquito... Le daba asco, mucho asco lo que estaban haciendo, esa leche era de su hija... no era de una panda de muertos asquerosos. Vio como se la bebían entre todos y vomitó la bilis que le quedaba en el estómago, era todo lo que tenía dentro.

Cuando la vistieron de nuevo se acurrucó contra sí misma y comenzó a llorar, intentando no hacer el mínimo ruido, como ellos, sus compañeros silenciosos. Y así pasó el resto de la noche.


Capítulo 3. InvestigacionesEditar

Llevaban ya una semana buscando a Stelmaría sin rastro alguno: ni huellas, ni prendas, ni testimonios ni nada. Para colmo la Guardia le amenazaba con quitarle a su hija y le tenían ya harto, ni siquiera sabía por qué les había avisado y aunque lo hubiera hecho, ¿por qué narices le habían tocado dos mujeres tan bordes? De verdad que eran insoportables, incluso le habían roto la puerta de la casa para entrar… pero joder, ¿no se habían dado cuenta de que no había nadie en casa? No, para ser de la Guardia eran muy tontas.

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Xiana Márquez, responsable de la investigación de la desaparición de Stelmaría Thorne estaba repasando sus notas junto a Sereas, la draenei que la acompañaba en el caso. Xiana era bastante seria y odiaba tener contacto con la gente, y menos la gente como Alliser, que era un borde de cuidado y ni siquiera cooperaba. Le había tenido que tirar la puerta abajo después de tres intentos de hablar con él para tomarle declaración y perfectamente sabía que las veces que fue y no abrieron había gente en casa porque vio luz por la ventana. Mientras pensaba esto, suspiró y se volvió a centrar en sus notas: primero había ido a ver a Nyrania Viento Nocturno, amiga de la desaparecida, ésta le dio una carpeta que contenía el testamento de la susodicha y declaró que pocos días antes de desaparecer había tenido una fuerte bronca con el marido, ex marido, se acababan de divorciar, llegando incluso a coger un cuchillo para suicidarse. Xiana cogió el testamento y lo abrió, leyéndolo una vez más:

Yo, Stelmaría Thorne, me dispongo a dejar constancia y herederos de todos mis bienes:

1.- Mi casa de Gilneas se la dejo a mi hija Xiana Thorne, pero mientras ella sea menor su padre, Alliser Thorne se beneficiará de ella y la regirá conforme a su total voluntad.

2.- Las ganancias que haya en mi banco personal a la fecha de mi muerte serán de mi marido, Alliser Thorne, para que lo gestione a su juicio y voluntad

3.- Mi gato Trostky se lo dejo a mi marido, Alliser Thorne. Si no lo quisiera, pasará a ser de Zaira McCullen

4.- Mi dinosaurio muerto se lo dejo a mi marido, Alliser Thorne, para que lo disfrute en su no vida

5.- La vajilla de mi madre se la dejo a mi hija Xiana Thorne, para que disponga de ella cuando tenga uso de razón. Mientras tanto la poseerá mi marido, Alliser Thorne

6.- El colgante de mi familia que guardo en el cajón de la cómoda se lo dejo a mi marido, Alliser Thorne, para que lo guarde y en caso de necesidad para el futuro, lo venda.

7.- Las monedas de oro que guardo en el armario de mi habitación en la casa de Gilneas, si siguieran allí, se las dono a Nyrania Viento Nocturno por todas las veces que ha estado conmigo, para que disponga de ellas y a su juicio haga lo que le convenga.

8.- Mi caballo “Cosa” se lo dejo a mi marido, Alliser Thorne, para que disfrute de él o a su juicio haga lo que le convenga.

9.- Mis tierras en Gilneas se las dejo a mi hija, Xiana Thorne, pero mientras ella sea menor su padre, Alliser Thorne se beneficiará de ellas y las regirá conforme a su total voluntad.

Estas son las disposiciones sobre los bienes que poseo a la hora de morir.

Stelmaría Thorne en:

Bosque de Elwynn

A:

Dieciséis del primer mes del presente año

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Es decir, que se lo dejaba todo o casi todo a su hija, pero mientras ella era pequeña a Alliser, pero en realidad no revelaba nada, porque no había indicios que llevaran a pensar que fuera Alliser el que la matara -si es que estaba muerta- por la herencia. ¿Suicidio? Puede ser.

Negó con la cabeza y volvió a centrarse en las notas que había tomado, la fuerte bronca. Nyrania decía que la pareja últimamente no estaba muy bien y Alliser se ausentaba de casa sobre todo por las noches por asuntos de trabajo según él, lo que llevó a Stelmaría a pensar que estaba siendo engañada por su marido, además de sentirse descuidada. Alliser reconoció la infidelidad cuando firmaron los papeles del divorcio y renunciaba a la custodia de la hija puesto que según dijo, era muy dado a la bebida y no se haría cargo correctamente. Pero ese es un tema a parte. La declaración de Nyrania llevaba a pensar que fue la propia Stelmaría quien se fugó de casa, concurriendo en un delito de abandono de hogar.

Cuando fue a hablar con Alliser, junto a Nyrania, la situación desvelaba que la relación entre el ex marido y la amiga era tensa e incluso inexistente, llegándose a aborrecer mutuamente. Alliser dejó claro que su ex mujer no se había marchado por propia voluntad, que eso tuvo que haber sido un secuestro, y ponía la mano en el fuego por ello, así que se abría una nueva línea de investigación, dos en realidad, la posibilidad de que de verdad Stelmaría estuviera secuestrada y la de que estuviera muerta.

En la siguiente visita, dadas las declaraciones de Alliser de ser un borracho incapaz de hacerse cargo de su hija, fue junto a Morrigan y Arahdiel, las cuales también estaban informadas del caso. Su objetivo era chequear el estado de la niña con la finalidad de entregarla al orfanato si tuviera signos de malos tratos. Alliser les abrió la puerta con su eterna cara de perro.

-Buenas tardes – Dijo Xiana, pasando directamente a la entrada de la casa y seguida de las otras dos mujeres.

-Buenas – Suspiró Alliser. Tenía bastantes ojeras y había perdido algo de color de no comer bien y no descansar lo suficiente. Parecía más un fantasma que un hombre, pero se levantaba cada mañana para proseguir su búsqueda con determinación.

-Venimos a ver a su hija – Prosiguió Xiana, con su voz seria y distante.

Alliser subió las escaleras sin mediar palabra, estaba en la habitación trazando nuevos caminos en busca de Stel, como hacía desde que volvía a casa hasta casi la mañana siguiente. Cuando llegó arriba tuvo la tentación de encerrarse en su habitación y no salir, que le den a la Guardia, si no estaban haciendo nada apenas, para hacer preguntas las podía hacer él, pero se quitó esos pensamientos de la cabeza y cogió a Xiana, que estaba medio despierta.

-Ahora te vas a portar bien delante de las tocapelotas esas, ¿vale? – Alliser arropó a su hija y la meció para que no empezara a llorar. Últimamente le costaba mucho dormir y comer, incluso ella echaba de menos a su madre. Desanduvo su camino hasta estar frente a las mujeres de nuevo.

-¿Me permite cogerla? – Dijo Arahdiel

-No. – Alliser endureció los brazos con recelo alrededor de su hija ante la petición de la letrada. –Ya me cuesta bastante dormirla como para que vengáis vosotras a molestar.

-Pretendemos saber si la niña está bien y si se cubren todas las necesidades

-Claro, guardo droga en sus pañales – Ironizó Alliser, harto de sus huéspedes.

-Según declaró usted – Intervino Xiana – Era un padre irresponsable y dado a la bebida que no podría cubrir las necesidades de su hija

-Oh, por la Luz, ¿tomáis en consideración unas declaraciones que hice cuando estaba roto de dolor? 

Las tres mujeres se miraron entre sí, Alliser sabía interpretar muy bien.

-Lo único que queremos es el bienestar de su hija. Si no colabora nos veremos obligadas a venir con una orden para llevárnosla y quitarle la custodia. – Prosiguió Arahdiel

-Vamos a ver, soy un marido destrozado que se acaba de divorciar, su mujer ha sido secuestrada y tiene que cuidar de una pequeña niña prematura… Que insensible está la Guardia últimamente

-Ex mujer, tengo entendido que están divorciados. – Apuntó Xiana

-Oh disculpad, me ha hecho mucho daño y no quiero aceptarlo en el fondo.

Alliser sonreía burlón para sus adentros, pero también en cierto modo le ofendía, ¿cómo iba a descuidar a su pequeña? Nunca. 

-Mire, si no quiere colaborar me veré obligada a llevarme a su hija. – Arahdiel tomó una postura firme y dura

-¿Y a quién creerá el juez? A la impenetrable letrada o al marido destrozado. Jueces aparte, en la jurisdicción prevalece la propiedad, y si eso no os vale, esta noche cogeré las cosas y me iré, vuestra justicia no llega a todos lados.

Alliser notaba como el rostro de las mujeres cambiaba de la total confianza en sí mismas a la ira. Tenía la sartén por el mango y lo sabía, por lo que jugaba sus cartas mejor que ellas.

-Volved cuando tengáis algo útil. Y dad gracias que no presento cargos por haberme roto la puerta. – Fue todo lo que Alliser les dijo cuando las despidió y cerró la puerta, volviendo a poner su cabeza en funcionamiento en la búsqueda de Stelmaría.

Xiana, Arahdiel y Morrigan cabalgaban ya de vuelta a la ciudad, con el sabor de la derrota verbal aún en la cara, pero no estaban dispuestas a dejar el caso.

-La niña parece que está bien… - Dijo Arahdiel para romper el hielo – Además tiene razón, no tenemos forma de quitarle a su hija, aunque las visitas periódicas no las vamos a abandonar, toda precaución es poca.

-Deberíamos ganarnos su confianza, puede que nos ayudemos mutuamente – Continuó Morrigan.

Sereas era una draenei chamán de carácter similar al de Xiana. Era experta en ver cosas que los otros no veían y tenía muchos años de práctica, los elementos eran sus aliados y se había ganado su favor tiempo ha, así que utilizaba ese don cuando era necesario, y quizás en la investigación lo fuera. En una de las visitas posteriores a Alliser se permitió el hacerles preguntas a los elementos, estaban seriamente atascados en el caso y necesitaban dar con algo. Sereas entró en la casa junto a Xiana y cogió un pijama corto de la desaparecida, a continuación inició su particular ritual de concentración. Primero despejó una de las zonas de la casa y abrió una ventana para que entrara su hermano viento, luego invocó al agua, cogió prestada un poco de su hermana tierra e invocó a su hermano fuego. Se sentó mientras Xiana y Alliser miraban desde un lado apartados y encendió su incienso. La habitación se quedó muda, los dos observadores ni siquiera se movían, mirando el particular ritual. Xiana no sabía qué pensar respecto a los elementos ni si los chamanes veían lo que decían o directamente si veían algo, pero a decir verdad, no tenía otra cosa que hacer ni que probar, así que… ¿por qué no?

Por su parte a Alliser le parecía inútil. Lo único que le valía era que salieran con él a buscar, no que estuvieran quemando cosas mientras deliraba una draenei en el salón de su casa y cuando ésta empezó a hablar kalimag suspiró y se cruzó de brazos.

-¿Ya le han quitado a su hija, señor Thorne? – Comentó Xiana en voz baja

-No. Está con mi hermana – Alliser respondió lanzándole una mirada dura a la letrada.

-Ya veo. – Fue todo lo que respondió Xiana

Cuando terminó Sereas les relató lo que vio. Según ella, los que la tenían no pertenecían a su mundo. La veía atada, pero ningún emplazamiento, nada relevante, solo eso. Pues vaya ayuda… Pero qué se iba a esperar Alliser de un chamán, ni siquiera seguía los preceptos de la Luz. Ya era hora de que se fueran a trabajar de verdad y no ver gilipolleces, así que las despachó como solía hacerlo, con su manera borde y seca.

-Señor Thorne – Dijo Sereas antes de irse

-Qué…

-Necesitaría ver a su hija, a lo mejor ella me puede aportar información, tiene vínculos con su madre fuertes.

Alliser suspiró, cansado de tonterías.

-Que sí, pasaos mañana, pesadas.

Stelmaría estaba tirada en el suelo de su cueva, sin moverse y miraba fijamente a la Gota Clong, su compañera diurna. Aún faltaban horas para que su amigo viniera a por ella. Si se mirara al espejo, lo que vería no sería el rostro que tenía antes de desaparecer, seguramente no se reconocería. Tenía las cuencas de los ojos hundidas, los pómulos, antes carnosos y sonrosados, se habían tornado pálidos y prominentes. Los pantalones le quedaban grandes, lo mismo que la camiseta. Había adelgazado muchísimo y su melena áurea se había convertido en una maraña marrón de barro, lejos del dorado brillante que tenía antes. Muchas veces pensaba en su familia y lloraba. Echaba de menos a su hija entre sus brazos, con su pelo pelirrojo y sus ojos verdes, igual que su padre. A Alliser junto a ella, mientras se abrazaban en la cama para dormir. Se preguntaba si la estarían buscando, a veces tenía la convicción de que sí, pero otras veces lo negaba en su cabeza, sintiéndose abandonada. De vez en cuando soñaba despierta que Alliser venía a recogerla, la cogía en brazos y le daba un beso, y con él se iban todos los miedos y el dolor

Los pensamientos cada vez eran menos recurrentes en su cabeza y hacía tiempo que no pronunciaba palabra alguna, cada vez se parecía más a sus amigos silenciosos. Habían mermado su capacidad notablemente, la habían sometido por completo. Stelmaría se sentía mal, enferma, pero no podía hacer ni decir nada, solo aguantar. Sentía la fiebre, los mocos y el picor de garganta típicos de la gripe, apenas podía respirar y cada día le costaba un poco más, era como tener aquel saco de tela del primer día puesto todo el rato, y sentía como se iba asfixiando poco a poco, era como verse morir. Tampoco era raro: pasaba la mañana en aquel agujero húmedo y las noches al aire, donde el barro se secaba con el viento frío de Elwynn. Pero en realidad le daba igual, se estaba acostumbrando a la sensación febril. Las heridas de las muñecas por la soga ya las ignoraba prácticamente, acostumbrada a ellas y a su dolor constante.

Todas las noches la sacaban, pero ya no la ponían la mordaza, no era necesario, la viva había aprendido a no hablar y a obedecer. Habían doblegado su voluntad al fin, y a cambio solo le daban un vaso de agua al día y un trozo de pan, no podían dejar que la muchacha se secara tan pronto, y más cuando su leche les producía una falsa sensación tan agradable. La cogían y la montaban en el carro, la conducían hacia su claro secreto y allí realizaban su ritual de cada noche, para luego seguir su marcha sin rumbo fijo, acabando en el mismo punto siempre, donde volvían a guardar su preciosa mercancía a buen recaudo. En ese momento era cuando Stelmaría podía dormir un rato, antes de que su amiga Clong la despertara. Dentro de poco ella sería la que les guiara a ellos, no aquel vivo, ya lo habían usado mucho tiempo, había que cambiarlo. Era como un objeto manoseado durante años, cuando algo se desgasta… hay que cambiarlo, y tenían el recambio perfecto.

Al caer la noche Alliser recibió en su casa a su hermana con su hija de nuevo. A veces salían a dar un paseo, les venía bien para despejarse y así él trabajaba en silencio. Al llegar a casa Fialia puso a su sobrina en los brazos de su padre y se sentó junto a Alliser, tenía intención de hablar con él, últimamente se había tornado esquivo y ya era hora de enfrentarse.

-¿Cómo estás, Alliser? – Preguntó Fialia extrañamente seria.

-Bien. – Dijo Alliser mientras se levantaba para llevar a Xiana a la cuna.

-A mí no me puedes mentir. 

Alliser volvió a sentarse junto a su hermana en el sofá, delante de la chimenea que había visto marcharse a Stelmaría. Se quedó un rato en silencio mirando el fuego. En verdad estaba muy cansado. Apenas dormía, no comía bien y por las mañanas se pasaba las horas recorriendo palmo por palmo, arbusto por arbusto el bosque. Y su hermana se había apoderado de su sofá y dormía en su casa, aunque le agradecía mucho que estuviera con él en esos momentos, aun así… ¿Cómo querían que estuviera? Miró a Fialia serio y suspiró, no hacía falta decir nada.

-Ya veo… - Fialia bajó un poco la cabeza, impotente, luego se levantó y se fue a la cocina, era casi la hora de cenar y había que preparar algo, no iba a dejar que su hermano se abandonara, ni pensarlo.

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 Miró lo que tenían en la cocina, no era demasiado y se notaba que hacía falta ir a la ciudad a por víveres, así que saldría mañana, hoy se apañaría con un poco de sopa de pollo que ya había hecha. Y té, claro, sobre todo el té que no falte. Calentó la sopa al fuego y mientras hervía el agua para el té se la llevó a Alliser.

-No tengo hambre. – Contestó Alliser secamente mirando el cuenco

-Tienes que comer algo, te vas a quedar como un muerto.

-Fialia, ¿Te crees que tengo cuerpo para comer? Mi mujer está desaparecida, no hay rastro de ella… La Guardia me acosa, me quieren quitar a mi hija, me tiran la puñetera puerta abajo, nadie me ayuda, estoy cansado, ¿aún piensas que tengo hambre?

Alliser y Fialia se quedaron mirándose a los ojos en silencio, él con una expresión suplicante en ellos, ella intentando ver algo en su hermano. Finalmente Fialia negó con la cabeza y le abrazó cogiéndolo con la guardia baja. Alliser no sabía qué hacer, pero en verdad necesitaba ese abrazo, así que lo correspondió y enterró la cara en el rojizo pelo de su hermana, en busca de algo de cariño. Fialia acarició con cariño el pelo de su hermano en el que se habían formado algunas canas que se sumaban a las que ya tenía. Se le podía ver abatido, desmejorado y con unas ojeras bien marcadas, también había adelgazado… Se entristeció, la verdad era que hacía muchos años que no lo veía de aquella manera, parecía más un muerto en vida que aquel muchacho que trabajó en su tienda de té.

-Come un poco, Alliser. Hazlo por mí. – Dijo Fialia a su oído sin soltarle aún.

Suspiró y asintió, luego se despegó de su hermana y le acarició un poco la cara, haciendo un esfuerzo por sonreír. Se comió el cuenco de sopa a desgana, viendo a Fialia sonreír con cada cucharada y luego… luego le trajo el té… Luz, té otra vez no.

-Te va a venir bien. – Dijo Fialia contenta

-Pesada

-Te lo he preparado con hierbas que quitan el dolor de cabeza.

Ella sabía lo que necesitaba, y lo había hecho con ilusión… después de todo lo que estaba haciendo por él no le podía negar esa taza de té… rosa y hortera. Se lo bebió de un trago, de nuevo abrasándose la garganta, luego cogió a Xiana y subió a su cuarto, tenía que trabajar un par de horas o tres aún.

Se sentó en la mesa y puso junto a él la cuna de Xiana, así la tendría vigilada, luego miró sus papeles. Estaba estudiando el mapa del Bosque de Elwynn, cada día recorría una zona y luego si no encontraba nada lo tachaba y planificaba su ruta el día siguiente. Básicamente esa era su rutina, porque encontrar… no encontraba nada. Cogió unos papeles con notas de sus diferentes hipótesis con sus resultados, y ninguna le gustaba, pero allí estaban y alguna de ellas podía ser posible. Cogió un lápiz y se puso manos a la obra. Primero tachó la zona que hoy había ido a rastrear suspirando y luego se centró en un área que aún le quedaba por visitar. Así pasó las próximas tres horas, con líneas, círculos, interrogantes… Hasta que Xiana abrió los ojos y reclamó su atención.

-Shhh. A dormir. – Fue todo lo que le dijo Alliser mientras le cogía la mano y se la acariciaba. Xiana cogió el

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dedo de su padre con su manita, que ni siquiera lo abarcaba por completo, le gustaba hacer eso y parecía que con ello se tranquilizaba, así que Alliser le dejó la mano libre para ella mientras seguía apuntando cosas y tomando notas, hasta que notó las babas de su hija en la mano. Sí, definitivamente tenía hambre. Miró el reloj y pasaban ya dos horas de la media noche, así que se iba a tomar un descanso para darle de comer a Xiana y despejarse la cabeza, el dolor de cabeza volvía a la carga y se le estaban nublando las ideas. Antes de que pudiera levantarse de la silla una melena pelirroja entró en su habitación, era su hermana. Otra vez.

-¿Qué haces despierta? – Preguntó Alliser frunciendo el ceño

-No tengo sueño. Mira, te traigo el biberón de Xiana y para ti un té.

-No quiero té… - Alliser ya se desesperaba con el dichoso té a todas horas. Luego se tenía que levantar por lo menos os veces para ir a regar las plantas.

-Venga porfa… - Fialia puso su mejor carita de pena mientras miraba a Alliser desde la puerta

-Mamá te enseñó a hacer eso muy bien, ¿sabes?

Fialia sonrió y se acercó a la mesa para dejarle ambas cosas a Alliser y de paso mirar el mapa

-¿No hay ningún rastro, no?

Alliser negó con la cabeza despacio y suspiró mientras le daba vueltas a su jodido té.

-Intenta descansar esta noche, ¿vale? Estoy abajo por si necesitas algo. – Fialia sonrió un poco y le dio un beso a su hermano en la mejilla. – Como pinchas… la barba te ha crecido mucho, pareces un vagabundo.

-Fialia, a dormir, venga.

-Vale, vale… vagabundo.

Antes de salir le volvió a dar un beso y un abrazo a su hermano y a su sobrina. No, no se iba tranquila sin dar muestras excesivas de su empalagoso afecto… Joder, qué le costaba ser como los demás. Alliser negó con la cabeza cuando ella salió y cogió a su hija en brazos para darle de comer. Ella se acurrucó, estaba cómoda en los brazos de su padre y mientras comía ésta le cogía el dedo meñique. Antes tenía la costumbre de coger el largo pelo de Stelmaría, pero ya no era posible, y el dedo de su padre había sido una buena sustitución. Miró a su hija mientras comía, más bien peleaba por ello, la leche que le preparaban no le gustaba nada y les costaba mucho que se acabara el biberón en condiciones. Veía cómo se le cerraban sus párpados por el sueño, como suspiraba… En ese momento sintió que la había dejado de lado, estaba tan centrado en su mujer que había dejado a su hija de lado… No era el mismo, y no le gustaba. Estaba enfadado consigo mismo, sentía rabia que no podía pagar con nadie, porque nadie tenía la culpa, solo él. ¿Y si Stelmaría estaba muerta? No quería pensar eso, porque no era cierto… ¿o sí? Tampoco tenía indicios de lo contrario. No, no podía estarlo, no quería que lo estuviera. Se sentía agobiado en ese momento y le hubiera gustado salir de casa, coger un caballo y galopar con el viento frío. Pero joder, no podía hacer eso. Respiró hondo hasta que se calmó y terminó de darle de comer a Xiana, después se tomó el té y siguió trabajando aún con su hija en brazos.

Al cabo de 20 minutos los ojos se le cerraban, los bostezos eran frecuentes y no podía sostenerse en pie. Nunca le había pasado eso, era extraño. El cansancio había hecho mella en él. Se puso la ropa de dormir y se metió en la cama, con su hija acurrucada encima de su pecho. Ella estaba cómoda y él se sentía

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reconfortado por notarla consigo, así que cerró los ojos y se quedó dormido casi al instante. Hacía tiempo que no dormía tan bien, tan cómodo y tan… Cuando quiso darse cuenta ya era demasiado tarde, Fialia le había echado en el té plantas somníferas, pero los ojos ya ni se le abrían. Una parte de él dio las gracias por ese descanso. Pero ya no se fiaba de su hermana.

Las investigaciones continuaron, sin éxito alguno, al menos para la Guardia. Xiana Márquez se desesperaba más y más al ver que Sereas y ella no encontraban rastro alguno. Nada, como si se hubiera esfumado. Si en dos meses no aparecía, pondrían en marcha la herencia que dejó testada la desaparecida. Eso era lo que marcaba la ley. La visita a la hija de Alliser desveló algo. Sereas pudo ver a los seres, y reafirmó que aquellos que la tenían no eran de este mundo, sino muertos. Éstos tenían una curiosa forma de actuar: como líder tenían a un vivo, pero era un líder que ellos presionaba para que lo fuera, con lo cual los jefes realmente eran ellos, privando al vivo de cualquier cosa que le recordara que no era como ellos, que por sus venas corría sangre. Habían doblegado su voluntad y la siguiente era Stelmaría. Se trataba de una carrera contrarreloj. Cuando el líder ya no les servía, estos lo mataban y convertían en líder al que habían estado doblegando… Era una cadena de montaje bastante curiosa.

Al margen de las visiones de la draenei, Alliser sí que encontró algo, un cordón del zapato de Stel en un arbusto del Bosque de Elwynn, en un tramo que pegaba a Bosque del Ocaso. Era la última zona que le quedaba por mirar en Elwynn y había encontrado un rastro… Con las fuerzas renovadas fue a casa, recogió a su hija y guardó unas cuantas cosas en una mochila grande, luego le dejó escrita una nota a su hermana, que estaba en la letrina, pero no tenía tiempo de avisarla, simplemente le escribió:

Fialia:

He encontrado un rastro. Me llevo a Xiana, la necesito cerca de mí. Quédate en mi casa y cuida de ella. También tengo que pedirte que vayas al Cuartel de Arroyoeste y te presentes ante la Teniente Mishy Naelan. Di que vas de mi parte y explica la situación, seguro que lo entiende. Hasta que yo vuelva, harás mi trabajo.''

Gracias, Fialia.

Cuando la firmó salió a paso apresurado con su hija en brazos en dirección a Villa Oscura. Su plan era alquilar allí una habitación para él y su hija y luego investigar por los alrededores. Estaba convencido de que Stelmaría estaba viva y que allí la encontraría.

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