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Saetziel Darrowesque

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Alliance.png
Saetziel Darrowesque
Imagen de Saetziel Darrowesque
Información del personaje
Servidor Los Errantes
Género Masculino
Raza Humano
Edad 32 años
Clase Guerrero
Alineamiento Neutral
Ocupación Ex-soldado de Lordaeron, Mercenario, Herborista, Alquimista, y Cazador de Monstruos
Lugar de nacimiento Villa Darrow, Reino de Lordaeron
Afiliación La Alianza
Estado Vivo

TrasfondoEditar

El Soldado de Lordaeron:Editar

Saetziel nació en Villa Darrow, en el mismo año de la apertura del Portal Oscuro. Miembro de una familia de estrato humilde, tuvo una infancia sencilla y cómoda en su pueblo natal. Desde el estallido de la Segunda Guerra, fue entrenado por su padre (que trabajaba como herrero) en el manejo de las armas como miliciano, por el miedo que existía de que las hordas bárbaras de los orcos llegasen al Reino de Lordaeron.

Con el entrenamiento, y al pasar los años, el joven Saetziel se alistó en el ejército de la Alianza a los dieciséis años de edad. De su historial de servicio apenas se sabe mucho, salvo que estuvo destinado en Andorhal y posteriormente en Corin. Tras el inicio de la Tercera Guerra y la expansión de la Plaga por el norte de los Reinos del Este, fue reubicado de vuelta a Villa Darrow, donde participó en la famosa batalla que tuvo lugar en aquella población bajo la dirección de Joseph Rutagrana y el paladín Davil Fuegoluz. A pesar de la victoria de las fuerzas del Azote, Saetziel consiguió salir con vida al evacuar a dos familias por orden de sus superiores con dirección a Trabalomas.

En el trayecto, transitando por la altura de Strahnbrad, el joven militar con la ayuda de los padres de familia que escoltaba, salvó la vida de Sir Augustus de Sternhold, un noble de baja estofa que estaba dando caza a los bandidos de las colinas de Alterac que habían saqueado su finca aprovechándose del caos en el que el reino se encontraba. Inmensamente agradecido por la ayuda, el caballero ofreció cobijo a Saetziel y a las familias que traía consigo, para guiarlas a continuación hacia Costasur, el único enclave humano que eludió junto a los Campos de Trabalomas la destrucción del norte.

Cumplida su misión, Saetziel rechazó seguir el éxodo de lordaneses supervivientes del Azote hacia el sur, continuando de lado de Sir Augustus, al que sirvió como espada juramentada en sus pequeños dominios al norte de los Campos de labranza de Trabalomas, a pocos kilómetros de la frontera con el Bosque de Argénteos. En los siguientes años, el soldado se internó en varias incursiones en territorio enemigo y ayudó a mantener la precaria situación de los territorios de la Alianza en Lordaeron. Su carácter temerario y en ocasiones imprudente lo llevaron a disfrazarse de no-muerto para acercarse a los muros de Ciudad Capital, ahora rebautizada como Entrañas, donde observó horrorizado la marcha de un potente ejército renegado reforzado con tropas de la Horda que se dirigían hacia las posiciones aliadas de Costasur. A las pocas semanas después, los últimos enclaves de la Alianza fueron devastados por la maquinaria de guerra de los no-muertos de Sylvanas en la Batalla por Trabalomas, en la que emplearon el añublo para borrar toda resistencia existente. Al igual que otros defensores, Saetziel se mantuvo junto a Sir Augustus de Sternhold resistiendo en los campos de labranza, donde ambos fueron hechos prisioneros. A partir de entonces, fue obligado por sus captores a trabajar en la edificación de Los Campos de Lodo.

Saetziel luchando para escapar de los Campos de Lodo.
Después de meses de trabajos forzados y abusos, Saetziel fue enviado al laboratorio del Celador Aguaserena, donde fue sujeto de ensayos científicos debido a que presentaba ‘unas características idóneas’ con las que experimentar. El deseo del maléfico renegado buscaba crear nuevos zombies leales a Sylvanas empleando añublo, prescindiendo así de la tarea de las Val’kyr. Para ello empleó no solamente cobayas humanas, sino otros propios no-muertos también.

Afortunadamente para el prisionero, la semana en la que Aguaserena planeaba darle de beber un vial de añublo alterado, el boticario Lydon consiguió liberarse de su confinamiento en el propio campo de concentración y lideró una revuelta contra el celador con el objetivo de imponerle la pena de muerte verdadera como consecuencia por haber experimentado con otros renegados, algo terminantemente prohibido en el régimen de la Dama Oscura. Durante la lucha interna, varios prisioneros humanos consiguieron escapar de su cautiverio, entre ellos Saetziel; pudiendo así huir hacia Arathi, en una caminata desesperada en la que perdieron la vida varios fugados que no lograron mantener la cordura tras haber sido sujetos de las más espeluznantes torturas.

Agotado, hambriento, y a punto de perder él también el juicio, Saetziel fue divisado por una patrulla de caballeros del Refugio de la Zaga, quienes lo llevaron a Stromgarde, donde lo pusieron bajo los esmerados cuidados de los clérigos locales, los cuales se esforzaron por sanarlo física y mentalmente. Durante varios meses, el exsoldado fue recuperándose poco a poco gracias al efecto de la Luz Sagrada, superando las duras secuelas psicológicas que su estancia en los Campos de Lodo le habían ocasionado.

Alquimia y Espada:Editar

Finalizada la recuperación, trató de descubrir en vano qué había sido de Sir Augustus, quien no había conseguido escapar de las prisiones renegadas. Confuso y sin saber dónde ir, se interesó por el papel de la Cruzada Argenta, de la que se decía que estaba recobrando las Tierras de la Peste. No obstante, tras enterarse de la pasividad de Tirion Vadín, quien no envió refuerzos para expulsar a los no-muertos de Sylvanas de Andorhal, ni prestó colaboración alguna para evitar la devastación de Trabalomas, decidió finalmente, resignado y dándolo todo por perdido, viajar hacia el Reino de Ventormenta en busca de nuevas oportunidades.

En el camino hacia el sur conoció un alquimista humano lordanés que vivía en Menethil como refugiado, el cual se interesó mucho por las pruebas experimentales a las que los boticarios renegados le sometieron. A cambio de un pasaje hacia la Ciudad de Ventormenta en barco, Saetziel le explicó algunas fórmulas que había visto realizar a sus captores. Sorprendido por la narración, el alquimista le sugirió aprender ese mismo arte para que combatiese fuego con fuego. El exsoldado, reacio en un primer momento, reconsideró la posibilidad de iniciarse en esa disciplina, y una vez llegado a la capital de la Alianza buscó a una persona a la que el hombre de Menethil le había referido con un apodo enigmático, “El Médico.”

Transcurridos varios días de incesante búsqueda, encontró un establecimiento anodino y corriente en un estrecho callejón del Barrio de los Magos; una sencilla botica que recetaba medicinas tradicionales y que ofrecía una discreta carta de herbolario para los clientes. El dueño de la tienda, un anciano bajo, calvo y sonriente admitió ser “El Médico” al que buscaba. Al contarle la historia de su cautiverio en los Campos de Lodo y su encuentro con el alquimista de Menethil, el tendero le reveló su identidad. Se trataba de Lucas Stalward, un apotecario que había trabajado en el Alba Argenta tras la caída de Lordaeron, pero que abandonó la organización debido a problemas de salud ocasionados por su avanzada edad. Este aceptó instruirle en el arte alquímico y poco a poco, compartió sus conocimientos con él acerca de la plaga original del Rey Exánime, y del añublo de los renegados.

Los raptores salvajes de Tuercespina acabaron con la vida de "El Médico", durante una expedición que acabó en fracaso.
Iniciado en los misterios alquímicos, Saetziel acompañó a su mentor en un viaje de exploración y estudios a Tuercespina, en búsqueda de ingredientes exóticos para sus pociones (entre ellas la famosa pócima de la selva que los jíbaros de Kurzen habían confeccionado de extrañas propiedades), y la investigación del misterio de los elixires de Zanzil, que permitían crear zombies descerebrados y obedientes a aquel que les suministraba el maléfico componente. La expedición, en la que participaron otros ayudantes de "El Médico" acabó siendo un fracaso absoluto cuando un grupo de saurios de la jungla irrumpió en el campamento del alquimista, matándolo a él y al resto de sus trabajadores. Saetziel pudo salvar milagrosamente la vida al acabar con el raptor principal atacante, que puso en fuga al resto de las bestias cuando su líder cayó.

Siguiendo una abrupta senda, rudimentariamente abierta en el Cabo de Tuercespina, alcanzó un puesto de cazadores de animales exóticos que lo ayudaron sanándole las heridas y guiándole hacia la ruta principal a cambio de las garras del raptor que había abatido en el combate. Cuando finalmente regresó a la Capital de la Alianza, se apoderó de los volúmenes de su maestro alquimista y los robó antes de que las autoridades ventormentinas cerraran el establecimiento. A pesar de no comprender los misterios de los mayores arcanos alquímicos, atesoró los libros y las fórmulas secretas. Desoyendo cualquier consejo que su instructor le diese meses atrás, se adentró en la lectura y elaboración de algunas pociones prohibidas, que incluían toxinas de control mental como las que empleaban los jíbaros y Zanzil. No obstante, y debido a su aún inexperiencia, Saetziel no logró fabricar con éxito estas pócimas y se arruinó al gastar todo el dinero que le quedaba en materiales. Frustrado y sin blanca, pensó en volver al ejercico de las armas empleando la espada y los conocimientos de alquimia de los que disponía, con los que labrarse un futuro sostenible que le permitiese proseguir con su inaudita investigación y venganza personal.

Cadenas y Criptas:Editar

Su primer trabajo fue en el Bosque del Ocaso. Un agente de la Guardia Nocturna, Trevor Jagger, lo contrató para poner fin a la existencia de una oscura criatura que vagaba por los caminos aledaños a Cerro del Cuervo, a la que la gente de la zona llamaba “Cadenas” debido al sonido de este objeto que se escuchaba cuando el monstruo se acercaba. Nadie lo había visto, por lo que no constaba descripción; o al menos, no existían supervivientes de sus nefastos encuentros que pudieran dar testimonio. Se especulaba que la criatura era producto de los maléficos embalsamadores que aún merodeaban por el cementerio de aquel pueblo abandonado, colmado de no-muertos, arañas venenosas y asaltadores de tumbas sin escrúpulos. Curtido y forjado en Lordaeron, Saetziel aceptó la misión y se puso de camino hacia su objetivo, atravesando la maldita foresta, en la que sólo existía la oscuridad y la noche.

Cuando llegó a Cerro del Cuervo encontró a unos alquimistas gilneanos que trabajaban en la cura de los huargen de la zona, malditos por el Culto de Lobo y la Guadaña de Elune. Apenas le dijeron nada, salvo que ellos también habían escuchado el arrastre de las cadenas en las últimas semanas, procedente de las catacumbas del Camposanto y que llegaba hasta el camino principal. Por lo que pudieron relatarle, habían muerto varios viajeros, comerciantes y algún aventurero desafortunado a causa de sus ataques. Con la información suficiente, el exsoldado lordanés comenzó a dar caza a su víctima.

Durante los siguientes días se adentró en el Cementerio del Cerro del Cuervo, en los que eliminó varios esqueletos andantes, pero sobre todo, capturó a un asaltador de tumbas que parecía estar colaborando con algún misterioso personaje. Tras torturarle, el profanador le reveló que en efecto suministraba material a un necrólita llamado Nelvecius, el cual se había adueñado de una cripta y estaba tratando de salvar el trabajo que el fallecido nigromante Morbent Vil había realizado en el lugar.  Le contó que le pagaba una buena cantidad por traerle cadáveres frescos o muestras vivas con las que empoderar a su ominosa creación, el monstruo “Cadenas”. Al no poder sacarle más información a aquel cobarde lacayo, le dio muerte y lo enterró boca abajo, como se solía hacer con los fallecidos en Lordaeron tras la aparición de la Plaga.

Cadenas Abominación.jpg

Cadenas era una peligrosa abominación que vagaba por el cementerio del Cerro del Cuervo.

A las pocas horas de conocer todos los detalles de las repugnantes obras del fabricante de abominaciones, la maléfica criatura a la que buscaba sacudió sus cadenas cerca de una tumba principal del cerro. Saetziel, fue tras la monstruosidad y descubrió que se trataba de un ser retorcido compuesto por varios cadáveres que permanecían ensamblados mediante un complicado mecanismo de esposas y cadenas de hierro, las cuales resonaban cuando su portador se movía. A pesar de estar armado con varios cuchillos punzantes,  todas sus férreas ataduras eran empleadas como si de un mayal se tratase.

Tras arrojarle un vial incendiario desde su posición oculta, Saetziel cargó contra la criatura y combatió durante varias horas contra ella, en el cementerio. Empleando las lápidas para protegerse de sus ataques y de sus pociones alquímicas para incrementar su vigor físico, el lordanés acabó venciendo al monstruo no-muerto y le cortó la cabeza como prueba de su triunfo.  Sin embargo, aún quedaba por dar caza a su creador. Siguiendo las indicaciones que le había proporcionado el profanador, tomó un  viejo camino detrás de una lóbrega colina en la que se encontraba escondida entre la maleza, la entrada a una vieja cripta, oscura y fría como el hielo. Allí permanecía el laboratorio secreto del necrólita, donde había amontonado libros oscuros, instrumentos alquímicos y armas mágicas. Preparado para cualquier cosa, Saetziel tomó una poción de protección de las sombras que había manufacturado con musgo de tumba y sangrerregia y se adentró en las cámaras más profundas.

Su ominoso rival, que se había percatado de la presencia del intruso, no se hizo esperar mucho más y emergió de las sombras, lanzándole varios zombies putrefactos contra él, que cayeron fácilmente.  Acorralado, y sin su poderosa creación, el mago negro trató de escapar en vano cuando sus hechizos no hicieron el efecto deseado contra su enemigo. Finalmente, el creador compartió el destino de su creación cuando fue decapitado por la espada del exsoldado lordanés, quien ató  las dos cabezas obtenidas uniéndolas con cadenas. Antes de marcharse de aquel cubil, Saetziel hizo acopio de ingredientes y hierbas que el nigromante poseía, adquiriendo a su vez viales que se empleaban para el embalsamamiento. De vuelta en Villa Oscura, el exsoldado arrojó a los pies del Guardia Nocturno Trevor Jagger las cabezas de los monstruos a los que que había dado caza, por los cuales recibió una buena recompensa como sello final por aquel trabajo concluido.

AparienciaEditar

Saetziel lleva cabello largo, de color canoso, prácticamente blanco,  tras su estancia en los Campos de Lodo. La piel es blanquecina, presentando en varios lugares del cuerpo heridas y cicatrices producidas tanto en combates como en su cautiverio.

Los ojos, grises con un tono azulado claro, se muestran hundidos, rodeados por ojeras oscuras. Es alto, de físico entrenado, sin ser totalmente musculoso como otros soldados. Suele vestir con ropa de cuero negra y portar un mandoble de acero de manufactura lordanesa.

Es posible que los experimentos científicos a los que fue sometido tengan alguna repercusión a largo plazo en su constitución. No obstante, estos, de existir, aún no se han manifestado visiblemente.

CarácterEditar

Tras años de lucha contra la Horda y los no-muertos, más meses de confinamiento en los Campos de Lodo, el carácter de Saetziel se ha agriado y endurecido. De temperamento serio y retraído, no suele hablar mucho y prefiere mantenerse en soledad. Manteniendo aún rasgos de valentía y disciplina, ha incorporado a su personalidad métodos de conducta menos honorables y más pragmáticos.

A pesar de los cuidados de los sacerdotes de la Luz de Stromgarde, tiene pesadillas recurrentes sobre su cautiverio a mano de los renegados que no le permiten conciliar el sueño.

FamiliaresEditar

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