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RecuerdosEditar

Capítulo 1; Recuerdos RobadosEditar

La tormenta de granizo arreciaba contra los muros de la oscura ciudadela de corona de hielo, dentro de ella muchos caballeros de la muerte, no-muertos y nigromantes se movían de un lado a otro, traían cadáveres de todas las razas de Azeroth en sus carros de desechos. Los carros iban a parar a los depósitos, donde el Nigromante Noth el pesteador los examinaba buscando un buen cadáver para alzarlo y engrosar las filas de su señor. 

Minutos después el nigromante esbozaba una sonrisa y señaló un cadaver, al minuto un grupo de no-muertos sacaban el cuerpo del montón y lo llevaban a los pies del nigromante, entonces Noth alzó la mano y apareció una especie de alma que salía del cuerpo. El nigromante destrozó los recuerdos del alma y la manipulo intentando hacerla fiel al Rey Exánime, pero no lo conseguía parecía que había un muro evitando destrozar la voluntad, por lo que tuvo que dejarlo estar, tras eso levantó al cadaver, ahora Caballero de la Muerte.

- ¿Quien soy? - Preguntó el Caballero de la Muerte

- Me temo que tus recuerdos se perdieron al resucitarte - mintió el nigromante - Pero apartir de ahora serás Diamantino por tu dura voluntad.

- Vale...- dijo el Caballero de la Muerte confuso

  • Ventormenta poco después de la caída de Garrosh*


Diamantino se levantó sudando de nuevo, siempre tenía pesadillas con sus recuerdos, no recordaba quien había sido antes de ser levantado como Caballero de la muerte en la Ciudadela de la Corona de hielo. Aún era de noche, pero ya no podía dormir, por lo que se levantó de la cama y se sentó cerca de la mesa de su cuarto mientras se colocaba la pechera y los guantes. Tras haberse puesto la armadura llamó a Profanación su yegua, su fiel compañera, y salió a dar una vuelta, no tenía nada que perder pensó el caballero de la muerte, no sabía quien era ni si tenía aún familia.

Llegó a Villadorada tras media hora de caminata, no era raro que no hubiese guardias y que todo estuviese tan desierto, al fin y al cabo era de noche, siguió al galope hacia Crestagrana, quería despejarse, no podía dormir, pero no podía quedarse quieto, entonces lo vió, una explosión a lo lejos, se quedó mirando y de repente perdió el conocimiento.

  • Algún lugar de un reino humano*


- ¡Seguir luchando! - Bramó alguien

Diamantino se despertó en una colina cercana a esa batalla, no sabía como había llegado hasta allí, pero la batalla no parecía real pues vió al principe Arthas Menethil encabezando el ataque del enemigo.

- ¿Acaso es un recuerdo? - Se preguntó el Caballero de la Muerte

Miró hacia donde estaban los defensores, parecían tener el tabardo de Ventormenta. De repente otra explosión a lo lejos, Diamantino volvió a desmayarse.

  • De nuevo Camino a Villa del Lago*


Diamantino parpadeó, estaba subid en Profanación y seguía camino a Crestagrana, no sabía que había pasado ¿Que era lo que había visto? se preguntaba ¿Acaso fue su última batalla como lo que hubiese sido antes de morir?, de repente decidió volver a su casa cuando vió que ya había llegado Villa del Lago, no sabía cuanto tiempo había pasado absorto en sus pensamientos, asi que decidió volver a Ventormenta.

Estaba entrando por la puerta cuando entonces oyó que una voz le hablaba desde su espalda, automáticamente se giró, sorprendente mente se vió a si mismo, pero no se parecía mucho, su cara tenía una expresión de prepotencia y vestía una armadura que no reconocía en su mano portaba un escudo y una espada, tenía una cicatriz en el ojo izquierdo, definitivamente era él.

- Supongo que te preguntaras quién soy - dijo la aparición

- Si - respondió Diamantino

- Soy tú - dijo la aparición - bueno lo que fuiste en la otra vida, un residuo de tu alma torturada, un héroe del pasado, un soldado del "Bien" 

- ¿Que quieres? - respondió el Caballero de la muerte

- ¡Quiero que vuelvas a ser quién eres! - dijo el espectro del pasado

Diamantino entonces agarró a Soul y Heart y se abalanzó sobre la aparición, la aparición paró el ataque de las armas con su escudo y su espada, el fantasma miró a Diamantino, este esbozó una sonrisa, de improvisto el fantasma vió como sus armas se helaban.

- Runas de Hielo - dijo Diamantino

Tras eso el hielo subió hacia las manos del fantasma el cuál por momentos pareció volver al mundo de los vivos, Diamantino estaba tirando del alma con su magia profana.

Poco después el combate había acabado el fantasma ahora estaba preso en las runas de Soul, una de sus espadas, entonces Diamantino volvió a pasar, pero con mas fuerza.

  • Ciudad Capital poco después de que Arthas abandonase Lordaeron para ir con el Rey Exánime*


Un grupo de soldados de la Mano de Plata se acercaba a un grupo de nigromantes, no muertos y caballeros de la muerte mandados por Kel'Thuzad a por los cuerpos que había al sur de Andorhal, los soldados los interceptaron y empezó el combate, los caballeros de la muerte que los escoltaban reaccionaron rápido y acabaron con casi todo el grupo, Diamantino se vió a si mismo tirado en el suelo desangrandose con una espada ensertada en el pecho, al fin sabía como había muerto, no parecía que le gustase pero era un recuerdo instantes después vió como su cuerpo era recogido por los nigromantes y todo se desvaneció de repente

  • El Valle de los héroes de Ventormenta*


Diamantino miró confuso las estatuas que tenía delante suya, estaba de nuevo en Ventormenta, y empezaba a salir el sol de nuevo, un nuevo día, en unas horas ventormenta recuperaría el ajetreo que tenía siempre, por lo que el Caballero de la Muerte optó por volver a su casa y prepararse para el día.

Capítulo 2; AthéneaEditar

El día había pasado sin incidentes desde que por la mañana se le apareciese esa especie de espectro y lo hubiese absorbido por las runas, estaba atardeciendo, Diamantino volvía a casa tras una dura jornada de guardia al sur de Elwyn, al nadie querer ir a esas tierras peligrosas el Caballero de la Muerte tenía que asumir esas vigilancias, suponía que por ser lo que era esas misiones se convertían en un juego de niños pues todo el enemigo que osaba atacarle acababa muerto en el suelo, al final llegó a su casa, hacía rato que había dejado a Profanación en el establo, supuso que mas recuerdos le asaltarían pronto por lo que se echó a dormir e intentó conciliar el sueño.

  • Corona de Hielo*


Diamantino se hallaba cubierto de una armadura de placa y telas negras , tenía en su mano la espada rúnica que inicialmente había llevado en su inicio como Caballero de la Muerte, pese a estar soñando Diamantino esbozó una muestra de repugnancia y automáticamente intentó soltar la espada, pero no pudo, pues al fin y al cabo era un recuerdo, no iba a poder alterar nada, y entonces empezó el recuerdo se trataba de una incursión a los asentamientos Vrykuls del norte de la Ciudadela, esos vrykuls se habían revelado contra su señor, el Rey Exánime, Diamantino sabía que iba a pasar, quería despertarse, pero no podía y de repente se vió inmerso en una emboscada por los Vrykuls, vió varios cuerpos de Caballeros de la Muerte tendidos sobre el frío suelo de Corona de Hielo, tambien se vió a si mismo cubierto de sangre Vrykul y atacando sin piedad, de repente todo se volvió borroso

  • Ventormenta*


Diamantino abrió los ojos de par en par, se sentía bastante cansado, hacía tiempo que no dormía bien, pues sus pesadillas de recuerdos le eliminaban el sueño rápidamente, rápidamente se volvió a levantar se volvió a colocar su armadura y salió a tomar el aire un poco, esta vez no salió de Ventormenta, fue hacia el cementerio de la catedral de la luz, cuando llegó una niebla densa rodeo a Diamantino, esta vez se formó la figura de una mujer

- ¿Padre, eres tú? - dijo la mujer

- Creo que te equivocas - dijo Diamantino, quitandose el casco para ver mejor

- No, no me equivoco, eres tú - dijo la mujer

La niebla empezó a disiparse, dejando ver la figura de una guerrera de no mas de veinte años, la cuál parecía bastante asustada al ver al Caballero de la Muerte, de repente el caballero de la muerte vió como todo se veía borroso y se desmayó, entonces notó como alguien le cogía y Caballero de la muerte decía donde estaba su casa tras eso, un recuerdo

  • Andorhal unos años atras*



Diamantino se levantó de la cama y salió por la puerta estaba en una calle de Andorhal, el pequeño pueblo parecía estar como antes del ataque dela plaga, de repente notó como alguien se le agarraba a la pierna,  el caballero de la muerte, observaba a su "yo" vivo desde la lejanía ese yo pareció hablar con la niña como si se tratase de su hija, no sabía que le decía, tras eso el tiempo pasó siguiendo a su "yo" vivo vio que huían hacia el Antiguo Monasterio en los Claros de Tirisfal, tras eso vió salir a su "yo" vivo armado con un grupo, supo a donde iban, tras esto todo se volvió borroso

  • Ventormenta*


Diamantino se levantó, pero esta vez no estaba solo, le acompañaba la joven que le ayudó antes, esta vez, al verle despierto se presentó

- Hola me llamo Athénea - dijo la muchacha

- Ese nombre... me suena... - dijo Diamantino algo confuso

- Claro, tú me lo pusiste, padre - dijo Athénea

- ¿Andorhal? - logró decir Diamantino

- Es donde vivíamos antes de que la plaga la usara de base, tu me llevaste con los tuyos y no volviste, ahora ya se por qué - dijo la joven guerrera

Tras eso Diamantino se alegró de saber que tenía familia, tras eso Diamantino le preparó la habitación que usaba para guardar cosas, al final, el día había acabado de mejor manera que había acabado el anterior pensó el Caballero de la Muerte, al menos su vida ahora tenía mas valor que antes.

Capítulo 3; Sentimientos fingidos.Editar

De nuevo era de noche, pero esta vez Diamantino había decidido no dormir, pues sabía que le deparaba cerrar los ojos, pese a que su hija Athénea le había animado a dormirse, él se había negado ya que los sueños que le atormentaban eran recuerdos al servicio del príncipe caído, eran aquellas masacres en als que había participado y en la que no había tenido piedad en matar a hombres, mujeres y niños desarmados, no quería revivir aquellas escenas de matanza en las que él había sido el verdugo. De tanta fuerza por intentar no dormirse Diamantino, se durmió.


  • Nuevo Avalon en el ataque del Acherus*


Hacía pocas horas que habían empezados los gritos, Diamantino sabía lo que tenía que hacer, tenía que matar a todos los residentes de Nuevo Avalon, Diamantino había sido de los primeros en bajar del Acherus, después de él habían bajado otros tantos Caballeros de la Muerte, y entonces sonó aquella voz, era el Rey Exánime

- Bien mis caballeros de la Muerte, la plaga tomará estas tierras tan brillantes para la plaga - dijo el Rey  Exánime

Tras estas palabras miles de Caballeros de la Muerte alzaron sus armas y salieron con sus respectivos grupos hacia donde estaba los habitantes de Nueva Avalon, cuando llegaron  una emboscada separó en dos el grupo en el que iba Diamantino afortunadamente, el grupo no tuvo problemas para matar a los emboscadores, tras haber vencido a casi todos los defensores el Rey Exánime ordenó atacar las casa, los Caballeros de la Muerte siguieron esa orden y marcharon sobre ellas. Diamantino entró en una casa, le pareció que ya había estado allí, pero al no poder recordar no supo por que aquella casa humana le parecía tan familiar, dejando a un lado sus pensamientos el Caballero de la Muerte avanzó hacia la cocina donde se encontró con una mujer y unos niños, Diamantino alzó su espada, y entonces una imagen apareció en su mente, era una niña de unos doce años, entonces Diamantino se quedó mirando a la nada, no sabía que le había pasado, tras eso oyó la voz de su amo.

- Mátalos Diamantino - le susurro el Rey Exánime.

Pero entonces Diamantino vió como todo se volvía borroso y desaparecía ¿Acaso había muerto otra vez?, pero entonces oyó otra voz, era la voz de Athénea.


  • Ventormenta*


Diamantino se despertó sudando, Athénea le estaba mirando sentada en una silla, la había despertado.

- ¿Te he despertado, hija? - dijo Diamantino quitandose el sudo de la frente

- No importa, casi es de día - dijo la muchacha

Era cierto, el día empezaba a salir, Diamantino vió que las primeras luces del día empezaban a asomarse, se sentía algo mejor pues había dormido más, pero ahora no era momento para examinar como se sentía, ordenó a su hija que se vistiese, era de hora de irse a trabajar.

- Vamos - le urgió Diamantino a su hija

- ¿A donde? - preguntó extrañada

- Me vas a acompañar a mis labores como soldado de Ventormenta - dijo el Caballero de la Muerte

Tras salir ambos partieron hacia el monumento a los caídos en el Bosque de Elwynn donde algunos decían haber visto cultores y no-muertos , su misión era descubrir que hacían en Elwynn y detenerlos, Diamantino había previsto que opusieran resistencia.

Tras un rato de viaje llegaron a su objetivo, pero era peor de lo que pensaban se trataba, aquellos seres eran nigromantes, había tambien algunos necrófagos e incluso algún caballero de la Muerte sin bando alguno.

- ¿Miembros de la plaga? - murmuró Athénea

- No - dijo su padre mientras miraba a todos los cultores - Son enemigos de todas las facciones

Tras decir esto saltó hacia los enemigos indicando a su hija que le siguiese, en pleno combate una explosión de fuego hizo que Athénea y Diamantino salieran volando hacia ambos lados del sitio, Diamantino al ser un Caballero de la Muerte pudo resistir, pero su hija había salido gravemente dañada por la explosión, apenas se movía, Diamantino no quiso pensar que podía pasarle, por lo que guiado por su sangre fría y su rabia mató a casi todos los que había allí, algunos escaparon, pero logró vencer al resto, tras eso cogió a su hija y se volvió a casa con ambas monturas.

En su hogar curó las heridas de Athénea y la dejó reposar en la cama, tras eso se quedó esperando.

Mientras esperaba el Caballero de la Muerte vió como todo se difuminaba de nuevo, sabia que iba a pasar

  • Andorhal muchos años antes*

Diamantino estaba sentado cerca de la chimenea llorando, tenía un colgante entre las manos, su hija Athénea le mira, pese a que es una niña comprende su dolor, su padre llora por la muerte de su familia a manos de esa misteriosa plaga, lo único que le consuela es mirar el colgante que perteneció a su padre, entonces se percata de que Athénea está mirandole fijamente con los ojos llorosos.

- Acercate, hija mía - dijo Diamantino entonces

- Mientras yo viva, hija, no temas a la muerte, pues yo te protegeré - dijo Diamantino.


  • Ventormenta, la actualidad*


Sin darse cuenta Diamantino estaba repitiendo aquellas palabras que una vez le dijo a su hija, pero esta vez estaba sentado frente a donde yacía Athénea herida, entonces comprendió una cosa, pese a que no tenía sentimientos, sentía como si algo le llamase a ayudar a su hija, no sabía que era pero sabía que iba a ayudarla en lo que viniese, tras eso Diamantino se pasó los días siguientes atendiendo a Athénea.


Capítulo 4: Al ServicioEditar

La noche había caído sobre Ventormenta, Diamantino acababa de llegar con vendas para curar a su hija, la cuál seguía en cama por las quemaduras que había sufrido, ahora ya estaba consciente pero las quemaduras tardarían en desaparecer, Diamantino se acercó a donde reposaba su hija, tenía la armadura empapada de agua, al parecer llovía en Ventormenta. - ¿Llueve mucho? - Preguntó Athénea - Pues... la verdad es que sí, resulta que tenemos una gran tormenta encima - dijo el caballero de la muerte quitandose el casco De repente Diamantino se dió cuenta de que tenía que cambiarle las vendas del brazo a su hija, tras esto sacó una tira de paños de seda y empezó a hacer vendas, había aprendido a hacer este tipo de vendas en la campaña que la Alianza había tenido en pandaria, según había oído aquellas vendas eran de lo mejor que había en todo Azeroth, cosa que Diamantino le costaba creer pues esas vendas parecían normales.  Cuando terminó de hacer las vendas se acercó a su hija y le retiró las vendas que la cubrían gran parte de los brazos y el torso, tras ver que las quemaduras mejoraban se lo volvió a vendar, y tras esto le quito la venda de la cabeza, la herida ya había hecho una costra, por lo que decidió no volver a vendar aquella parte, y tras esto se sentó a sacar brillo a sus espadas, Soul y Heart. - ¿Donde las conseguiste? - dijo la joven guerrera - Pues... es una larga historia, pero te la contaré, si no me salta ningún recuerdo - dijo simulando una falsa risa. - Fue en un lugar del continente helado de Rasganorte llamado Ciudadela Corona de Hielo, he estado dos veces allí en mi vida, una fue cuando fui levantado y mi mente perdió todo lo que conocía, pero esa es otra historia, la otra fue cuando la Espada de Ébano asaltó la fortaleza, nos guió hasta allí el Alto Señor Darion Mograine, una vez allí nos unimos al Alto Señor Tirion Vadín y a su Cruzada Argenta para entra a la ciudadela, el caso es que cuando entramos el Rey Exánime nos había preparado un comité de bienvenida de Caballeros de la Muerte, estas dos hojas rúnicas estaba en poder de uno de aquellos caballeros de la muerte - terminó por decir Diamantino - ¿Y tú armadura y equipo, donde las sacastes? - Pues... - comenzó a decir Athénea - el casco me lo dieron en tu honor tras tu muerte como humano, la armadura la gané luchando contra mercenarios en Bahía de Botín mientras te buscaba y las espadas me las dieron cuando alcancé el rango de Cruzada a los diecisiete años, tras eso salí a buscarte- Tras oír es Diamantino cerró los ojos un momento, y dijo algo que Athénea no llegó a oír, momentos después decidió entregarle algo que había estado guardando durante años, se levantó hacia un cofre que tenía en encima de un mueble cercano a la despensa, de inmediato abrió el cajón del mueble, sacó la llave y abrió el cofre, tomó en sus manos aquél objeto envuelto en paños rúnicos, se acerco a su hija y se lo entregó. - ¿Que es? - preguntó ella nerviosa - Abrelo y lo veras - dijo secamente el Caballero de la muerte Athénea quitó los paños y vió que se trataba de una empuñadura malgastada por la batalla, y en su mango ponía el nombre desu padre grabado con letras que parecían arder. - Se trata de la empuñadura de mi primera espada como Caballero de la Muerte, la cuál se partió en pedazos en una batalla, decidí guardarla por si quería forjar una espada con ella - dijo el Caballero de la Muerte - pero creo que tu le daras mejor uso - Gra... gracias padre - dijo la muchacha mientras sostenía la empuñadura - forjaré una espada con esto Tras esto la joven se puso de pie como pudo, y se empezó a colocar la armadura, era obvio que las quemaduras la hacía poner muecas de dolor, pero aún así acabó de colocarse la armadura entre muecas de dolor y gritos al tocar las quemaduras. - ¿Que haces?, no estas recuperada - le grito Diamantio - Lo se padre, lo se - dijo Athénea - pero quiero forjar una espada  Tras esto salió corriendo por la puerta hacia el barrio de los enanos de la ciudad, donde probablemente forjaría una espada muy buena

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