Fandom

Wiki Errantes

Preludios del acero

1.451páginas en
el wiki}}
Crear una página
Comentarios0 Compartir

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

Relato escrito por Grofnik. Hilo original aquí.


Primera parteEditar

Forjaz. Ciudad ancestral hogar de los enanos. Con la finalización de la guerra contra la horda de Garrosh, los tres clanes se habían unido y hecho más fuertes que nunca. Y aunque en los últimos meses la ciudad había estado en constante ebullición, ahora se mostraba más calmada, haciendo que las noches fuesen más tranquilas con el eventual repiqueteo del martillo y el sonido de las antorchas al arder. No era el caso del barrio militar. Desde que se llevó a Garrosh al continente de Pandaria, varios reclutas de diferentes razas eran instruidos por un imponente enano hierro negro. No muy lejos de allí, en un balcón que daba a la plaza central, un gnomo observaba con detenimiento la insistencia de aquel enano en sus jóvenes soldados.

-¡De aquí nadie se marcha esta noche hasta que consigáis hacer un bloqueo en condiciones!- Gritó.

La reacción desalentadora de todos los reclutas hizo que aquel gnomo sonriese levemente y se apoyase con los brazos en aquel balcón de piedra. Pero al momento, una luz pulsante le sacó de su estupor, haciéndole girar y mirar hacia el interior del edificio. El Pal-N-Tir, un artilugio de comunicación mágica que mezclaba ingeniería y poder arcano por igual, brillaba con fuerza.

-¿Grofnik? ¿Grofnik, estás ahí? -Dijo una voz a través del artilugio.

-Buenos días señor administrador -Contestó el gnomo apretando un par de botones. -¿Qué tal su viaje por Pandaria?

-Estupendamente Grofnik. La verdad que todo lo que se ha contado de este continente se queda corto con la realidad.

-¿Y el juicio de Garrosh? Espero que todo esté transcurriendo con tranquilidad - Aseveró.

-Sin ningún problema. La protección brindada por los pandaren está siendo muy rigurosa, y aunque ha habido algún percance, no creo que pueda ocurrir nada serio. Pero basta de hablar de mí. ¿Qué tal todo por allí? ¿El señor Forjaoscura está siendo demasiado exigente con los nuevos?

-Los reclutas están respondiendo a las mil maravillas.- Sonrió el gnomo mientras decía esto, recordando el entrenamiento de esta noche.- Creo que cuando terminen el entrenamiento, serán capaces de equipararse a las tropas regulares de la Alianza.

-Que sean iguales o no a las tropas de la Alianza me da un poco igual, con tal de que sepan proteger enclaves y dar cobertura a nuestra gente.- Sentenció con firmeza.- No quiero que vuelva a pasar como lo de aquel monje de Elune en el risco de sierra espolón. Sólo me estremezco de pensar en la muerte que tuvo a manos de esos centauros.

-Pues la verdad señor, yo me estremezco más pensando en sus familiares y en la presión que ejercieron para que les devolviésemos el cuerpo. Espero que no se diesen cuenta de que no todas las partes eran de elfo nocturno...

Tras decir esto último, se produjo un silencio incómodo en el aparato.

-Bueno, volviendo a cambiar un poco de tema. ¿Qué tal nuestro proyecto? -Dijo el administrador entre una leve estática.

-Viento en popa señor, y nunca mejor dicho. El nuevo barco, aunque suponga un gran gasto inicial, nos ahorrará el pago de muchos aranceles comerciales, y agilizará nuestro comercio de ultramar. Que por cierto, ¿ha pensado algún nombre para el buque?

-Pues... Se que me vas a poner mala cara, pero había pensado en un nombre relacionado con... bueno. Ya sabes. -Contestó con voz dubitativa.

-Con el debido respeto señor, se la devoción que siente usted por esa mujer, pero si ponemos al barco el nombre de Ungaia, habrá fuego y dolor. Mucho dolor. -Contestó algo airado el gnomo.

-No seas tan exagerado. -Contestó entre risas- Ya no es como tú dices. Hace tiempo que ha aprendido a controlar su rabia y ahora es muy estable. Pero si quieres, puedo dejarte a tí elegir el nombre, que se que tienes mejor ojo para ests cosas.

El gnomo, que aunque parecía irritado por estos comentarios, se calmó levemente al escuchar esto último. No sabía si era cierto o no el hecho de que tuviese buen ojo poniendo nombres. Pero algo si que era seguro. Le encantaba.

-Bueno, pero eso no va a hacer que me olvide de mi preciosa melena y de cómo esa mujer loca me produjo esta quemadura.- Dijo mientras se acariciaba la calva.- Que por cierto, ¿Se puede saber dónde está ahora mismo? Las cortes de Ventormenta están pidiendo su audiencia, y yo ya no sé qué hacer ni decir. Lo último que supe fue que finalizado su servicio obligatorio en Pandaria, usted le dió unas vacaciones pagadas.

-¿Otra vez? ¿Qué demonios quieres ahora? -Dijo claramente cabreado el administrador.

-Por lo que sé, el tribunal de la Alianza considera saldada su deuda. Pero no se a quién ha cabreado esa mujer para que la corte de Ventormenta siga insistiendo.

-Intenta averiguar lo que puedas y consígueme tiempo. Yo me encargaré de llevar a Ungaia a la ciudad. Pero sobre todo, saca información sobre quién está detrás de todo esto.

-Intentaré lo que pueda señor, pero no prometo nada. Cada vez que hablo con esos dichosos nobles, me dan ganas de lanzarles a la cara nuestro prototipo de bomba araña.

-Se que harás lo mejor para La Corporación.- Dijo el administrador riéndose por el último comentario del gnomo.- Y ahora si me disculpas, van a empezar a servir la cena, y no quiero perdérmela. Buenas noches Grofnik.

-Buenas noches señor administrador.

El artilugio poco a poco dejó de hacer ruido mientras el gnomo hacía lista de todo lo que tenía que hacer para el día siguiente, agobiándose de sólo pensarlo. -¡Más alto! ¡Más alto!- Se escuchó una voz gritar desde fuera, lo cual hizo otra vez sonreir a Grofnik. Su noche era dura, pero ahí fuera había un grupo de muchachos que estaban pasándolo aun peor...

Segunda parteEditar

Las costas de Tanaris brillaban bajo la luz de un sol que parecía que no iba a acabar nunca. Gadgetzan, que ahora gozaba de puerto y de un maravilloso servicio turístico de sol y playa, estaba bulliciosa, con diferentes goblins de un lado para otro. En cambio, un poco más alejado de la ciudad, una pequeña sombrilla resaltaba sobre el color blanquecino de la costa. Allí, una humana de piel nacarada en bikini, permanecía tumbada boca abajo en una tumbona mientras un góblin le traía manjares en una bandeja metálica.

-Señora del fuego, aquí tiene su coktail de frutas.- Ofreció un goblin enseñando sus dientes afilados.

-Gracias Gazlit. La señora del fuego se siente muy complacida.- Dijo con soberbia mientras daba una moneda de oro como propina.- Por cierto, hazme un favor cuando vuelvas a la ciudad y dile a Zirig que necesito sus servicios.

-Por supuesto mi señora.- Contestó mientras dejaba la bebida en una mesita auxiliar al lado de la tumbona en la que estaba tomando el sol aquella humana.

Los pasos de aquel goblin se alejaron y Ungaia sonrió mientras daba un sorbo a su coktail. Era un día magnífico y no parecía que fuese a empeorar de ningún modo. Así que cerró los ojos y se relajó escuchando el ir y venir de las olas. Pasado un rato, unos pasos se escucharon acercarse desde el asentamiento.

-Oh Zirig. La señora del fuego necesita tus habilidosas manos. Échame esa crema tan maravillosa para que no pueda quemarme y quizás te ganes una moneda de oro.- Dijo mientras se desabrochaba la parte de atrás del bikini.

-Creo que la "señora del fuego" va a tener que esperar o conformarse conmigo.-Contestó una voz burlona pero familiar.

La muchacha, que se había girado para mirar al recien llegado, se tapaba el sol de la cara con la mano.

-Vaya vaya... señor administrador. ¿Qué te ha traido a este lugar tan paradisíaco? ¿Quizás quieras unirte a mi en este día tan soleado y tranquilo? ¿O has venido para soltarme un sermón relacionado con el trabajo?-Dijo de manera jocosa.

-Pues tristemente me temo que va a ser lo tercero.-continuó sonriendo.- He hablado con los empleado de La Corporación en nuestro puesto comercial en Gadgetzan y veo que te estás gastando bastante bien el dinero que te dí para tomarte tus vacaciones.

-¡Oooh venga! ¡Tu me dijiste que me gastase ese dinero como quisiese, siempre y cuando fuese para mis vacaciones!

-Si, pero es que no llevas ni diez días y te has gastado casi mil monedas de oro. ¿Acaso no ves que esos goblins te están haciendo la pelota y estafando para que les des más dinero? ¿Qué imagen piensas dar de La Corporación así?

-Una imagen muy lucrativa.- Sentenció mientras volvía a apoyar la cabeza en la tumbona sonriente.- Pero dime. ¿Para qué has venido?, porque se que no estás aquí para hablar del dinero que me he gastado.

El hombre, que permanecía en pié junto a la muchacha, se giró y comenzó a hablar de manera más seria.

-Al parecer las cortes de Ventormenta quieren abrir un juicio contra tí por algo que hiciste en el pasado. No se que has hecho Ungaia, pero necesito solucionar esto y poder acabar con todo de una vez por todas.

-¿No se supone que para eso he estado haciendo el idiota en Pandaria? -dijo claramente molesta.

-Si, y el consejo de la Alianza da por zanjada tu deuda.

-¿Entonces?

-Pues para eso estoy aquí.- contestó con más tranquilidad.- Al parecer te quieren acusar de varias cosas. Entre ellas atentar contra la seguridad de Ventormenta, destrozo de complejos de la corona y alta traición.

-Pero todo eso se refiere a la fuga del complejo de aislamiento, que se supone vosotros solucionasteis contando la historia del martillo crepuscular y todo eso, ¿No? Dime por favor que no han descubierto que fuisteis vosotros los que me sacasteis de allí.

-No no, tranquila. -Se volvió para mirar a Ungaia.- Quieren volver a acusarte de eso, pero no van a conseguir nada por ahí. Lo que me preocupa es lo de "Alta traición". He estado leyendo el informe de Grofnik, y al parecer te quieren acusar de haber matado a un noble años atrás. Dime por favor, ¿eso es cierto?

La cara del administrador mostraba verdadera preocupación. Pero la muchacha no sabía qué responder.

-Pues... no lo sé. -dijo Ungaia de manera dubitativa.

-¿Te suena el nombre de Lord Baurles K. Wishock? Porque su hijo, de mismo nombre, te acusa de haber matado a su padre envenenándolo con una bebida.

-Que familia más original...

-Ungaia por favor, necesito que te tomes esto en serio.

-Pues si él dice que lo hice, puede que lo hiciese. ¿Qué más da? -Contestó mientras hacía un gesto con la mano para que el administrador se girase y poder levantarse y así ponerse algo que le cubriese.

Girándose, el administrador, que claramente estaba cada vez más irritado, observó en el horizonte de Tanaris como el tiempo comenzaba a empeorar. Una tormenta de arena se estaba formando en el desierto y no tardaría mucho en llegar a su posición.

-¿Es que no te das cuenta? ¡Te están acusando de algo muy serio y tu te lo tomas como si no fuese nada! ¡Podrían encerrarte de por vida! O peor aun... ¡Podrían sentenciarte a muerte! ¿Quieres tomártelo esto como una persona adulta?

-¡Ya me lo estoy tomando de manera seria!-Gritó enfurecida y con los puños apretados.

El administrador, que sentía que se había pasado en sus comentarios se giró levemente para observar a Ungaia. Estaba dándole la espalda con una toga sujeta con rabia entre las manos. Sólo la había visto una vez con la espalda desnuda, y aunque aquel momento fue terrible, ahora no era menos. Cicatrices de latigazos y una terrible marca de quemadura ocupaba la mayor parte de su cuerpo. A veces se olvidaba de lo que había pasado esa muchacha e intentó relajar el tono.

-Ungaia yo... lo siento. Sólo me preocupo por tí. Me dolería enormemente si te volviese a pasar algo. Te tengo demasiado aprecio como para que sea así...

Pasaron unos segundos en silencio y la muchacha se tornó más relajada, como si el peligro ya hubiese pasado, poniéndose la toga por encima.

-Muy bien, iremos a Ventormenta y haremos lo que tu quieras. -Dijo Ungaia derrotada.- Pero antes, cenaremos en Gadgetzan. Tengo encargada una langosta pinzaoscura y me apetece tener otra compañía que unos goblins pelotas.

Ungaia sonrió levemente y el administrador asintió satisfecho sin querer preguntar cuánto le costó.

-Después de tí, "señora del fuego". -Dijo reverenciando leve y cojosamente mientras dejaba pasar a Ungaia delante.

Spotlights de otros wikis

Wiki al azar