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-Déjame que lo entienda. – El elfo miró a la techumbre una vez más mientras pasaba su mano por sus arrugas y el reflejo de miles de años de longevidad inalterable. 

-Claro, tómese su tiempo. – Dijo Rienthal con pasividad, mientras entretenía sus dedos trenzando un trozo de sus argénteos cabellos. 

Sin embargo, el experimentado elfo puso ambas manos sobre la mesa con la cabeza gacha ahora, suspirando y sin mirarle a los ojos siquiera. 

-Explícamelo una vez más. 

La gente en la sala callaba y observaba la situación con sumo silencio mientras Rienthal Brisa Noctura relataba una vez más el suceso de forma animada, cómo si de una anécdota irrelevante se tratara.

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-Venga, una vez más.- Repitió el eternamente paciente instructor- Sólo álzala, es sólo agua, ¡maldita sea!

-Qué poca paciencia, ay…- Dejó escapar tranquilamente el muchacho con toda la parsimonia del mundo. 

Alzaba sus manos y se concentraba, pero sin embargo el agua del recipiente ni se inmutaba. Al ver que no lo conseguía, sonreía y se dejaba caer sobre una de las sillas de la sala.

-¿Pasamos a otra lección, maestro?

-¡No, Rienthal! Esa esta es imprescindible. 

“Vaya aburrimiento…” pensaba para sí el joven alumno, sosteniendo su mento con una mano, apoyado en la mesa de madera de ébano mientras el cada vez más enervado instructor se dirigía hacia él, habiendo perdido casi toda esperanza. 

-El agua es un bien. Es sencilla, ¡maleable! Sus millones de minísculas moléculas la hacen ligera y fácil de manejar. ¡No te estoy pidiendo que provoques una tormenta de agua, hielo o arena! ¡Sólo mueve la maldita copa!- Gritó una última vez escupiendo ya la poca saliva que le quedaba en su boca hacia el joven Rienthal. 

Él en cambio no parecía alterarse lo más mínimo o siquiera ponerse nervioso ante situación alguna. Aunque su instructor y maestro quizás tuviera razón… No le ponía ganas. Pero cierto era que le aburría de una forma inimaginable esas vacías y estúpidas lecciones. 

Alzó la mano con desgana y nada, la copa no parecía que fuera a moverse ni aunque pasasen mil años. 

-Bah- dijo en un bostezo- Ya nos veremos. 

Mientras se levantaba  y caminaba con las manos en la espalda, la puerta de salida de la clase hacia la que se dirigía se cerró violentamente en sus narices por un rápido movimiento de su instructor. 

-No, Rienthal Brisa Nocturna. Antes de marcharte vas a oirme – El rojo de su sangre denotaba la ira y furia desmedida de una paciencia marchita en su rostro, hastiado de soportar a aquel incontrolable elfo- No sólo no sabes NADA de magia, sino que además te domina la pesadumbre y una vagancia extrema. Eres y serás un inútil incapaz de mover una triste copa de agua. 

Rienthal se giró lenta, muy lentamente frunciendo el ceño y observando a su experimentado y ya anciano instructor. 

-Necias palabras, señor. ¿Para qué iba a querer mover el agua…? – Comenzó a caminar hacia él, haciendo resonar sus pasos por la angosta sala- El agua es para las bestias que nos transportan, o para que las mozas que acarician nuestro torso desnudo en las pozas termales… - río quedadamente- Oh, disculpe. A vos ya no se le acercan mozas y no sabe de eso, ¿me equivoco…?

La ira del instructor iba en aumento, y casi parecía que fueran a estallarle los ojos. Pero antes de mediar palabra, Rienthal hizo algo más. 

Veréis, creéis que soy un inculto y un inútil por no mover vuestra ridícula copa. – Mientras decía esto, movia su mano y sus dedos hacia el candil de la sala- pero no tengo interés en hacerlo. Y si no tengo interés, dudo que se mueva. No puedo forzar mi magia, ¿sabe? Usted en cambio usa estúpidos trucos de magia y… - la llama del candil comenzó a crecer y crecer. Ya de forma escandalosa- son inútiles, al fin y al cabo. En cambio el fuego es diferente. Teméis el fuego y su control, pero el fuego sí tiene una utilidad en el mundo, señor…

-¡Calla! El fuego es destructivo, peligroso e imposible de controlar en su totalidad. 

-Vamos, maestro- dijo observando como su maestro tornaba los ojos a una mirada asustada por una llamarada que llegaba al techo de la sala y comenzaba a tomar paredes y muebles de madera- mirad, mirad como se extiende. ¿Y aún creéis que es necesario mover un absurda copa de agua?

Mientras reía divertido, moldeaba el fuego de la sala con ambas manos, con una mirada perdida en el fuego, como hipnotizado por él. Sin percatarse siquiera de los gritos de su maestro, el cual había sido rodeado por el fuego y sus togas ardían sin tregua. 


_________________

-¿Y eso para ti fue un accidente, Rienthal?

Rienthal se encogió de hombros. Miró hacia atrás y vio al final de la sala y con cara de pocos amigos al que había sido su maestro, vendado de pies a cabeza con quemaduras graves mientras lo maldecía en voz baja. 

-Sí, señor. No hay que tomarse las cosas tan en serio…

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