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Nhung Ondasuave

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Horda.png
Nhung Ondasuave
Imagen de Nhung Ondasuave
Información del personaje
Servidor Los Errantes
Apodo Loto de Fuego
Género Femenino
Raza Pandaren
Edad 32 años
Clase Chamán
Alineamiento Neutral Bueno
Ocupación Curandera de la Isla Errante
Lugar de nacimiento Labrantío Dai-lo de la Isla Errante
Afiliación La Horda, Pandarens Huojin
Estado Viva

Descripción físicaEditar

Nhung es una pandaren de estatura menor que la media y figura sinuosa. No tiene un porte atlético o robusto, si no que todas sus curvas parecen mullidas y esponjosas. Nada en ella sugiere un entrenamiento riguroso.

Tiene el rostro en forma de corazón y unos mofletes generosos; en ocasiones se forman hoyuelos en los márgenes de su sonrisa. Dos manchas en forma triangular enmarcan sus ojos color jade y le confieren una imagen muy femenina.

Sus labios dibujan muecas dispares que van desde la gentileza más honesta hasta el cinismo más descarnado, a veces pasando de una a otra en un tiempo más breve de lo recomendado para una mente equilibrada.

Por otro lado, su pelaje intercala zonas negras y pelirrojas; estas últimas, de una tonalidad parecida a las hojas de otoño. No puede apreciarse a simple vista, pero una mancha blanca cruza con gracia su vientre. Siempre lo lleva aseado y brillante; puede adivinarse que cuida con esmero de su apariencia. 

Tiene el cabello largo y de un color muy similar al cobre rojizo que cubre parte de su cuerpo. Acostumbra a llevarlo recogido en un moño. Lo sujeta con dos palillos de madera de cerezo, de los que penden dos gemas sin pulir de diminuto tamaño. En ocasiones también lo adorna con mechas de colores que conjuntan con su ropa.

Descripción psicológicaEditar

Virtudes y Defectos

Nhung tiene muchísima fuerza de voluntad, es fiel seguidora de la norma “Quien lo sigue lo consigue”. Tenaz, obstinada y muy valiente. Para ella no hay nada imposible cuando se lo propone. Es muy trabajadora y compensa con creces su mediocridad en las tareas físicas con empeño. Goza de un sentido del humor muy saludable y un carácter alegre y tremendamente optimista, quizás demasiado en este último punto.

Se obliga a sí misma a no derrumbarse y permanecer firme ante las circunstancias más adversas; lejos de ser una cualidad, miente y disimula el dolor hasta que hace estragos irreparables dentro de ella.

Hace gala de un temperamento fogoso y abrasador que disimula de todas las formas posibles. Intenta que el equilibrio prime en ella y se esfuerza constantemente por moderarse en todos los aspectos... a veces sin mucho éxito.

Es decir, es una falsa asceta. Se ha reprimido durante años, y eso la lleva a balancearse entre la privación más absurda y la gula desenfrenada. Esa obsesión con el autocontrol también afecta a otras partes de su personalidad. Sufre una contradicción muy fuerte en lo más profundo de su ser, entre lo que es y lo que quiere llegar a ser, esto hace que en ocasiones parezca que sufre de bipolaridad.

Aunque tiene un gran corazón, su mal genio cuando se la provoca es legendario. Si bien nunca llega a ensañarse con los demás, en ocasiones parece que reacciona de forma desmedida.

Es una joven prudente que suele mantener las distancias con los desconocidos; en ocasiones resulta demasiado impersonal al trato e innecesariamente desconfiada en la primera toma de contacto. Pese a ello se muestra sensible a los problemas ajenos, es amable con los demás y los trata a todos por igual con una educación exquisita. Este último punto nos revela que tiene una mentalidad abierta y tolerante. Su espíritu ardiente y caótico, justo aquella faceta que trata de sofocar, le otorga flexibilidad a la hora de amoldarse a los demás.

Es muy observadora, cualidad indispensable en su labor como curandera. A pesar de lo poco ortodoxo de su enseñanza ha demostrado ser una chiquilla inteligente y muy perspicaz.

A Nhung le gusta...

…tomar a todas horas una taza humeante de infusión, para ella siempre es la hora del té. Es una enamorada de los pequeños detalles. Ritualiza cada acción de su rutina como si se tratase de una ofrenda a la vida misma. Disfruta de los baños calientes, el aroma de las flores y  el sonido de la lluvia al repicar contra el empedrado del suelo.

Goza con placeres tan sencillos como sentir los brotes de hierba frescos bajo sus zarpas y levantarse temprano para oler la tierra mojada tras una noche de tormenta.Le encanta comer dulces. ¡Pero no dulces cualquiera! Tiene un fino olfato para detectar los más sabrosos. Luego los degusta en la intimidad, como si se tratase de un tesoro prohibido.

Nhung adora el sonido de la flauta dulce, aunque hace años que no toca la suya. Se queda embobada cuando algún músico ambulante toca el preciado instrumento con maestría y siempre trata de compensarle con unas monedas; como si le hubiese hecho un favor personal sin ser consciente del todo y ella celebrase esa coincidencia.

Tiene debilidad por las historias picantes. No contenta con simplemente leerlas, ella también escribe sus propios relatos lujuriosos bajo un seudónimo. Se deleita imaginando historias imposibles, el anonimato la imbuye de valor y le da emoción extra a su aventura literaria.

Se enorgullece de tener un gusto exquisito para la ropa. Le encanta plantarse frente a un espejo durante horas, en esos instantes se siente como la jovencita pudiente que nunca ha sido. Tiene pocos vestidos, pero los combina con maestría con los complementos que hace ella misma y las flores silvestres que recoge. Se viste con esmero para todas las ocasiones; aunque solo vaya a comprar el pan (y unos bollos), ella siempre va impecable.

Es amante y fiel guardiana de la naturaleza. Aunque su relación con los espíritus elementales pueda clasificarse como irregular, ella los respeta y les brinda toda la ayuda que está en sus manos; Nhung jamás abusa de sus cualidades.

TrasfondoEditar

Baixu vivía con los padres de Lixue, los ancianos Zarpafirme. La parcela de tierra estaba situada cerca de la granja Dai-Lo; tenía un modesto campo de cultivo y una casa de piedra que había visto décadas mejores.

Aunque era una familia con recursos muy limitados, era una familia feliz. Baixu había sido un flautista bohemio que frecuentaba las tabernas para ganarse unas monedas de cobre.

O lo fue, hasta que conoció a Lixue Zarpafirme. La dulce muchacha cuidaba con su padre del campo y se instruía en la medicina tradicional pandaren con ayuda de su madre. La unión de ambos jóvenes no fue una sorpresa, pero sí lo fue el nacimiento de Nhung. Lixue tenía una constitución más delicada que el resto de sus congéneres, y una naturaleza enfermiza. Contra todo pronóstico, sobrevivieron madre e hija. La familia Zarpafirme nunca había sido tan feliz… y tan pobre.

Todos querían que la pequeña panda ingresase en el monasterio, pero siempre surgía algún imprevisto que lo impedía. El dinero, el tiempo, la recolecta de frutos o todo a la vez. Las cosechas se malograban, año tras año. Así pues, cuando Nhung tuvo edad suficiente para colaborar con las faenas del campo, se unió a sus padres para intentar lograr lo imposible.

Tuvo una educación poco ortodoxa y muy irregular. Todos colaboraron en la enseñanza. Su madre no solo le enseñó a leer y a escribir, si no que también la instruyó en el arte de la medicina tradicional para perpetuar con la tradición familiar.

Baixu la dotó de un gusto poco común por la música popular y le regaló su primera flauta dulce, hecha con caña de bambú. Los ancianos Zarpafirme le inculcaron modales y la sabiduría (o sentido común) que solo se conoce a través de los años.

Aprendió a elaborar las comidas según las normas adecuadas de la cocina terapéutica, cultivar el campo en las fechas adecuadas dependiendo del fruto, cuidar de los pocos animales que tenían en la granja… etc. Así fue como Nhung abandonó la infancia antes de lo habitual, y asumió las responsabilidades que su familia depositó en ella.

Por mucho que se esforzasen, la granja de los Zarpafirme no daba suficientes beneficios para subsistir. Tomaron la decisión de abandonar el campo (que tantos sinsabores les había dado) y buscar otra forma para sobrevivir, sin necesidad de depender de la generosidad del resto de granjeros.

Lixue empezó a enfrascar todos los remedios que había confeccionado a lo largo de su vida, y junto con Nhung, empezó a labrarse un nombre entre las aldeas más cercanas como curandera errante. Madre e hija iban siempre de un lado a otro, descansando solo algunos días en su hogar para reponer los tónicos, hierbas y ungüentos.

Baixu también colaboró. El padre volvió a tocar la flauta en las tabernas e hizo propaganda de sus dos mujercitas. Todo parecía ir mejor, la suerte les sonreía de nuevo. Nunca recaudaron tanto como para tener una vida llena de lujos, pero a todos les pareció más que suficiente. La joven no tenía demasiado tiempo para entablar muchas relaciones. En un viaje a una de las aldeas situadas en la falda de las montañas orientales, Nhung encontró al que sería su amigo más duradero y fiel.

Un diminuto panda de las nieves había perdido a su madre y merodeaba hambriento alrededor de las raíces de unos árboles en busca de comida. La pandaren no pudo resistirse a esos ojitos negros suplicantes y lo metió en el cofre lacrado que llevaba consigo, junto con las hierbas secas y los tónicos.

Desde entonces, Polvorón (Nhung tenía ganas de comer dulce cuando se lo encontró, de ahí el nombre) nunca se ha separado mucho de su salvadora.

Pese a los inconvenientes, no es la primera ni la última vez que ha entablado una amistad. Cuando la pandaren aún era una cachorra, jugaba a menudo con un renacuajo llamado Tao Shu.  La amistad perduró lo suficiente como para cristalizar con los años en un idilio amoroso muy irregular.

Durante este tiempo de estabilidad, Nhung descubrió por accidente su afinidad con los espíritus elementales. La joven receló, pero su madre la animó para que buscase ayuda en el templo de los cinco albores. Dejó a su familia atrás por primera vez en su vida.

Tras un largo viaje, el maestro Fu Lee se hizo cargo de su aprendizaje y le prometió ayudarla con todo lo que estuviese en su mano. Fu Lee era un geomante muy reputado, con fama de ser cascarrabias y huraño. La razón por la que el maestro accedió a tomar a Nhung como aprendiz aun a regañadientes, sigue siendo un misterio.

Lo cierto es que entre los viajes que hacía con su madre y algunas clases con el maestro, llevaba una vida dura y nada hogareña. Pese a todo, ella nunca descansaba y se mantenía fiel en su propósito de ayudar a la familia… hasta que un buen día el drama se desató.

Lixue enfermó gravemente. Todos se volcaron en busca de una cura para su misteriosa dolencia, pero nunca la encontraron. Tras unas agónicas semanas, murió.

Desde entonces los Zarpafirme no volvieron a ser los mismos, y la familia se fragmentó. Baixu se escondió en las tabernas día y noche, pues la pérdida de su compañera lo dejó sumido en una profunda desesperación. Nhung ahogó las lágrimas en el legado de su madre y dejó a un lado su aprendizaje espiritual. Por mucho que le insistió Fu Lee, ella nunca volvió. 

Las lunas llenas se sucedieron y aunque la pérdida les había dejado un vacío inmenso a todos en sus corazones, cada uno siguió adelante a su manera. Baixu buscó refugio en los brazos de otra pandaren, en un tiempo tan breve que a Nhung le pareció insultante. Se marchó de la granja y rehízo su vida en otra aldea. Aunque su hija renegó de él, su padre de vez en cuando enviaba algún obsequio para intentar granjearse su afecto. Preciosos vestidos de seda con bordados imposibles, mariposas de madera pintadas de bellos colores para el pelo, instrumentos musicales de la mejor calidad… etc. Nada hizo que Nhung consintiese volver a verlo.

Los ancianos Zarpafirme también se apartaron de Baixu y apoyaron a su estimada nieta. Por su parte, ella jamás se marchó del hogar y compartió los beneficios que obtenía como curandera errante entre los tres para sobrevivir, igual que había hecho hasta entonces. Una vida segura, monótona y aburrida… muy aburrida.

El tiempo transcurrió en la vida de Nhung sin imprevistos… hasta el día en el que conoció a Zhurong. La sanadora catalogó aquella tarde como la más desastrosa y sorprendente que había tenido en toda su vida hasta entonces. Tras el incidente, y dado lo grave de los acontecimientos, los ancianos Zarpafirme animaron a Nhung para que volase fuera del nido y abandonase la Isla Errante en busca del susodicho Maestro; pues ambos tenían afecto por el despistado eremita y en secreto temían por su seguridad.

La pandaren se vio atormentada por los remordimientos en una primera estancia, pero pronto la liberaron de toda responsabilidad. No había vuelta atrás, sus abuelos marcharon ese mismo día al bosque de los bastones.

El deseo de ver otros lugares y vivir aventuras la impulsaron a salir de la granja e hizo que partiera junto a las fuerzas de la Horda en busca de Zhurong para ayudarle en su empresa.

Actualmente se encuentra viajando de un lado a otro sin descanso en busca de Mojo, el discípulo del maestro. Se mantiene optimista y ejerce de curandera allá donde va. Elabora nuevos remedios con las hierbas de los sitios por donde pasa y enriquece así su querido legado materno.

¿Quién sabe dónde la llevará esta búsqueda?

FamiliaresEditar

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