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Nekharis Vientopena

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Alliance.png
Nekharis Vientopena
Imagen de Nekharis Vientopena
Información del personaje
Servidor Los Errantes
Género Femenino
Raza Humana
Edad 38 años
Clase Caballero de la Muerte
Alineamiento Legal Neutral
Ocupación Ex-militar, herrera
Lugar de nacimiento Costasur
Afiliación La Alianza
Estado No-muerta

TrasfondoEditar

Vida antes de la muerteEditar

La mayor de dos hermanas de una familia humilde de Costasur, fue nombrada Valeria Nakhar Vientosur. Su padre ahorró mucho dinero de su trabajo como herrero para poder enviar a sus dos hijas a la iglesia de la Luz de Stratholme, donde ambas se formaron bajo la doctrina sagrada. Isvalda fue destinada a Sacerdotisa mientras que Valeria fue expulsada y castigada por un supuesto robo que asumió ella. Su padre la instruyó como herrera y pronto fue llamada a las filas de la segunda guerra, en la cual vio tantos horrores como una muchacha de corta edad pudo. Finalmente por su servicio y su juramento, fue iniciada como Paladín e inició su trabajo como escudera en el Alba Argenta hasta que fue ascendida íntegramente a labores de Paladín. Cuando maduró lo suficiente se casó con un hombre de su mismo gremio, mientras todavía permanecía en el reino de Ventormenta, y dio a luz a Valeria.

Como Paladín estuvo al servicio de esta en numerosas contiendas y batallas, hasta que fue llamada a filas en Rasganorte para parar los pies a Arthas antes de que alcanzara el trono helado. Su batallón cayó en una catacumba nerubiana y fueron masacrados para más tarde ser convertidos en caballeros de la muerte.

Iniciación como Caballero de la MuerteEditar

El príncipe de sangre Valanar le forzó cada día a aceptar su no-muerte hasta que esta dijo “” y fue vinculada a la mente del Rey Exánime, que le exigió como pago por su lealtad las muertes de sus familiares. Asesinó a sangre fría tanto a su hermana como a sus padres en el pueblo portuario de Costasur, sellando así el vínculo.

Durante un tiempo sirvió a las órdenes del Rey Exánime sin dilación, siendo en parte herrera, en parte mercenaria para arrancar cientos de vidas junto a sus compañeros en Vega del Amparo y cobrarse las almas de Cruzados Escarlata.

Cuando Darion Mograine liberó a la Espada de Ébano, se adhirió a la causa para cobrarse su venganza por la muerte de sus familiares, y permaneció en los campos del torneo Argenta hasta que consideró sellada su deuda, sólo volvió a Ventormenta cuando asesinaron a su aprendiz, la draenei Innea. Allí dio caza y captura a su asesino, siendo lapidada también por aquellos que proferían odio a los repugnantes no-muertos que campaban con libre albedrío por las calles de la ciudad. Nekharis no fue bien recibida tampoco, hasta que tuvo que ocultar su rostro y sus ojos.

Consagración con la AlianzaEditar

Se ganó un hueco en la sociedad de los siete reinos de los humanos buscando un puesto como alguacil de su antiguo pueblo, Costasur, para así protegerla de las constantes batallas de la Horda que la asolaban constantemente, se presentó en numerosas batallas, y casi todas acabaron en victoria hasta que el enemigo se retiró.

Los alguaciles a menudo se reunían en la ciudad de Ventormenta, donde elegían numerosas medidas para fomentar el comercio cruzado entre las ciudades. Theramore, Costasur, Villa del Lago y Ventormenta eran las principales, pero más tarde empezó a escasear el personal que marchaba a las guerras de Vallefresno. El alguacil de Ventormenta y Nekharis comenzaron a establecer un vínculo fuerte que le llevaría a hacer una promesa que jamás pudo cumplir: Protegerle. Y selló su promesa con una flor de lirio.

Pasó a formar parte de las Espadas de Wrynn, siendo la única caballero de la muerte a la que se le permitió entrar. Intentando desarmar a aquel pedante que se hacía pasar por Comandante, se dio cuenta de que en realidad era la persona más justa y leal que había conocido en toda su vida. Poco después recuperó gracias a numerosas conversaciones tanto la conciencia de Maxide Voltaire como de su hija Valeria, a la cuál llevó y abandonó en las Cavernas del Tiempo creyendo que era una copia salida de allí. Madre e hija no volvieron a tener una relación normal desde entonces.

Cuando los cuernos de guerra de la Horda comenzaron a sonar, la guerra reclamó a cientos de hombres y mujeres válidos para la batalla, para sellar sus pactos de alianza con los Elfos de la Noche, y así fue. Nekharis muy a su pesar quedó relevada como alguacil en funciones de Ventormenta. Mas las complicaciones fueron a mayor, y en el interior de la propia Alianza hubo un golpe de estado y se instauró la ley marcial. Temiendo por su vida, el Comandante le sugirió que huyera de la ciudad hasta que el peligro hubiera pasado, pero Nekharis permaneció impasible a pesar de lo que pudiera sucederle, era su deber.

Tras que el orden fuera restaurado en la ciudad de Ventormenta, Nekharis fue llamada nuevamente a las armas en la batalla por Vallefresno, con nefastas consecuencias puesto que sufrió un maleficio que distorsionó sus sentidos. La Horda no sólo utilizó su cuerpo para enviar un mensaje a la Alianza, sino que intentó hacerse con el control de su alma como una vez lo hiciera el Rey Exánime. Abandonó el campo de batalla creyendo en una visión que Terenas II de Menethil le pidió recuperar una espada y restablecer la paz en Lordaeron, junto con el líder de una hermandad, partió en su busca vinculándose a él y olvidando tanto a su Comandante, como a su marido.

Nekharis.jpg

Agravamiento de su personalidad y destitución del cargoEditar

Fallecido su comandante, muerta su única hija, a cargo de su nieta y repudiada por Costasur, Nekharis vagó por la senda de la desesperación hasta que el Comandante Ignace Victus le pidió que se reinsertara en las Espadas de Wrynn, pero estas no duraron demasiado tiempo. Al disolverse crearon un nuevo orden, donde Nekharis pudo hallar la retribución por la muerte de su anterior Comandante al que tanto había admirado y respetado.

Batalló junto a los Cruzados del Códice en numerosas ocasiones hasta pactar junto a otras hermandades para viajar al norte y recuperar las tierras de la Peste del Este y purificar Lordaeron. No cabía en su júbilo interno y solicitó al que entonces se había convertido en su compañero, ayuda. También se lo pidió a otras tantas hermandades que ofrecieron sin dilación su apoyo, pero todo se torció en el norte. Una de las noches mientras montaba guardia, la espada que portaba Ignace Victus, Seraphis, le mostró una visión del alma de Serafín que había quedado en ella atrapada. Nunca en su no-vida había sentido la necesidad de curar las tierras de la Peste del Este. Ni si quiera por su sentido patriótico, quería enmendar su error, la humillación de su honor, restaurando el dolor que le produjo a su Comandante, y eso intentó.

Cruzados del Códice fueron abandonados en la batalla y el Comandante Victus desapareció en combate junto a Seraphis, posiblemente fallecido. Nekharis permaneció tres días y tres noches esperando que su compañero cumpliera la promesa de reunirse con ella, pero ese día nunca llegó.

Búsqueda de retribuciónEditar

Con el códice que Serafín había escrito, Nekharis se aferró con uñas y dientes, y buscó a las antiguas espadas, siendo la única a cargo de la hermandad, reclamó las vidas de todos y cada uno de los desertores en un libro negro que siempre portaba encima. Asesinar a los enemigos de la Alianza, a los de dentro antes que a los de fuera para purificarla y así lo hizo, sin apoyo de nadie más que de Rhogland Puenteumbrío.

El descanso del héroeEditar

Tanto ella como Rhogland idearon un plan y se hicieron pasar por dos nobles llamados Lady Alekara Filargenta y Lord Ébeno Wallace, que se hicieron cargo de la taberna “El descanso del héroe” mientras se hacían con la suficiente confianza como para en el momento más oportuno, asesinarlos a sangre fría. Hicieron tanto amistades como enemigos, y el capitán de la marina Hadric Galien fue el más grande de sus aliados, que fue el detonante de que Nekharis no fuera capaz de soportar más el peso de la máscara que estaba llevando.

La famosa taberna fue un éxito, y a pesar de los problemas de ambos Caballeros de la Muerte, consiguieron salir adelante gracias a la ayuda de múltiples benefactores que consiguieron paliar las consecuencias de irresponsabilidades, derivadas de sus respectivos disfraces. Cuanto más pasaba el tiempo, más le pesaba la máscara a Nekharis, pero a su vez se daba cuenta que sus manos servían para algo más que para matar.

Tras intentar realizar una sanación a Hadric Galien, este falleció y lo poco que quedaba de la cordura de Nekharis se volatilizó en un mar de desesperación. No obstante la esperanza se reencarnó en un sacerdote, un sacerdote que decía las mismas palabras que Serafín había escrito en el códice, el cúal pasó incontables días intentando descifrar.

Leyó las memorias de Hadric y finalmente, tras que el sacerdote le informara que podría llevar a su querido amigo al “despertar”, accedió. Una parte del códice que Nekharis había reconstruido los últimos días hablaba de ese despertar y supo que fuera a donde fuera Hadric, sería con Serafín. Robó su ataúd y se lo entregó al extraño barco del despertar, pero Serafín no apareció, y el sacerdote Praetus rompió en pedazos con su muerte una frase que Nekharis llevaba tatuada a fuego en lo que quedaba de su marchito corazón máxima de “la fe es más pura si no es cuestionada”, que yacía escrita en el códice.

Locura y últimos díasEditar

Hizo así una prueba de lealtad con las personas que estaban a su lado, y tan sólo Ébeno la superó. Sus propios amigos la traicionaron y acusaron del robo, sin molestarse en entender sus razones llevados por las palabras venenosas de otro de los integrantes, y pronto llegaron días oscuros. Ante la falta de apoyo de todos aquellos que le habían jurado lealtad, Nekharis se vio a la desesperada de terminar con su misión.

Partió hacia Costasur junto al que antaño fue su compañero, el cual se había vuelto a enamorar de ella sin si quiera saber que ella era la misma a la que abandonó en Vallefresno, en numerosas ocasiones estuvo a punto de descubrirla, hasta que, tras conseguir por fin que se encontrara en una situación vulnerable, intentó asesinarle y no pudo, su mano tembló.

No fue capaz de asesinar a una persona indefensa, así que, dado que tenía que acabar lo que empezó, se quitó la coraza, se colocó sobre el pecho de su compañero. Con el más potente de sus hechizos hizo que el fuego vil consumiera su espada y despidiéndose de la puesta de sol con un adiós, se atravesó en dos para pagar con su vida la injusticia del asesinato. Misteriosamente y sin saber cómo, su compañero sobrevivió.

ResurrecciónEditar

Nekharis fue levantada de nuevo y parte de su alma se seccionó, quedando muy destruida y demacrada. Parte de sus recuerdos se borraron y no acabó por ser la misma, ni compasiva, ni leal, ni valiente. Una mera carcasa que se movía por puro instinto, hasta que Ébeno recompuso parte de esta con un ritual de sangre: El halcón bebió de su sangre y se vinculó con ella, el halcón Máximo que a partir de entonces comenzó a acompañarla como un compañero leal.

Nekharis buscó a Serafín en los montes helados de Rasganorte, olvidándose de sus anteriores venganzas con el único objetivo de redención y entregarle su vida, su alma y su cuerpo, por haber faltado a su promesa, pero jamás le encontró.

Sirvió a la causa junto a Boreas y Ébeno: La auténtica justicia, porque la Luz también podía actuar desde las sombras, y fue así como decidió entregar su vida y alma al no encontrar jamás a Serafín. En los relatos que su compañero le contaba aparecía un hombre llamado Rasilt Noktumbra, Andor Corazón de Luz, el cual fue relatado como el caballero más noble existente en la faz de Azeroth, y tras escuchar el relato de su cruel muerte Nekharis decidió que su alma, ya cansada de vivir, sería el mejor regalo que podría ofrecerle al mundo para obtener al fin su esperada redención, su descanso eterno. Andor a partir de entonces sería sin saberlo el Viento del Sur y el halcón Máximo velaría por él. 

AparienciaEditar

Pocas veces se veía a esta mujer sin su ennegrecida armadura, de raídas correas sujetas a su amoratada piel, vestigio de la plaga que corría por sus venas. Una larga cicatriz le atravesaba el vientre, desde la cadera hasta parte del abdomen, víctima de un nerubiano que se cobró su vida.

Su cabello era oscuro del mismo color del profundo océano de Rasganorte, largo y recogido en la coronilla, sus ojos de azul pulsante que emanaban el fuego frío característico de cualquier Caballero de la Muerte, pese a que sus ojos transmitieran una fiereza indomable, en ellos todavía quedaba la mirada del honor y la lealtad que había portado con orgullo en vida. Su armadura ennegrecida por el frío y las adversas temperaturas del norte habían dejado el cuero y los goznes revestidos de óxido y negrura. De su espalda a diferencia de muchos otros guerreros, llevaba una espalda colgada en una vaina del mismo color que su armadura, de ella supuraba un frío hálito, como si estuviera viva, pues temblaba mientras su portadora permanecía impasible ante las situaciones más adversas.

Medía un metro setenta y siete, de complexión atlética y diversas cicatrices que marcaban su cuerpo. Su cuerpo quedó demacrado tanto por la plaga como por las numerosas batallas y encuentros desafortunados. Parte de esas heridas eran las quemaduras de sus piernas y de sus brazos, cuando suplicó ayuda a un Naaru para salvar a su protegida, que degeneraron en ampollas y cortes. En el cuello, las que ella misma se hizo para deformar sus cuerdas vocales, con las mismas que había jurado sus votos como Paladín, en penitencia. Una inscripción que Bordruk Puño de Sangre le inscribió en el abdomen por la batalla de Vallefresno, que más tarde ella misma se arrancó. En cuanto a las cicatrices que mantuvo de su vida, las marcas de latigazos en la espalda que le propiciaron en la Iglesia de Stratholme, y tres marcas de las zarpas de un oso en el costillar derecho, de donde proviene su fobia a los mismos.

CarácterEditar

Nekharis Vientopena desde su conversión sufre un debate interno. El hecho de no poder expresar sus sentimientos, de no poder llorar, abrazar o sentir apenas el tacto la convirtieron en un muro de piedra y hielo. El no sentir frente a sus valores de Paladín que no murieron con ella, y la necesidad de no aparentar debilidad ante nada ni nadie agravaron los síntomas de una personalidad seria, regia y tajante. Sus conflictos internos la llevan a tomar decisiones basadas en el bienestar del conjunto y no en el suyo propio, considera que su labor es servir a la Alianza y cuidar de las personas que la conforman. Cualquier cosa que la amenazara, incluso los enemigos internos de la misma, y los traidores, según su criterio debían ser extirpados como un tumor de un organismo limpio. 

El dolor de la pérdida de múltiples seres queridos, las vejaciones y humillaciones llevadas a cabo por los mismos a los que protegía acabó por trastornar su conciencia de la realidad.

Hoja de servicioEditar

- Herrera.

- Paladín al servicio del Alba Argenta (escudera).

- Paladín al servicio del Alba Argenta, soldado.

- Caballero de la Muerte a las órdenes del Rey Exánime.

- Caballero de la Muerte a las órdenes de la Espada de Ébano.

- Militar y mercenaria a las órdenes de la Alianza.

- Elegida Alguacil de Costasur.

- Cofundadora del Culto del Lirio.

- Soldado de Espadas de Wrynn.

- Soldado, Sargento, Capitán y General de Cruzados del Códice.

- Viento del Sur.

FamiliaresEditar

Verlon y Ashiria Vientosur (Padres)

Isvalda Vientosur (Hermana)

Maxide Voltaire (Marido en vida)

Valeria Voltaire (Hija fallecida)

Claryse Vientosur (Nieta)

Características y curiosidadesEditar

- Su hojarruna se llama Pena, muchos decían que el temblor inquietante de la espada era el alma de su dueña intentando escapar, de ahí el nombre. Antes de la hojarruna definitiva llevó otras espadas que fueron destruidas. 

- Su caballo se llamaba Areothbal. Vió a su propio caballo nacer y lo crío.

- Mezclaba una cantidad muy pequeña de pólvora con su tabaco para poder sentir, aunque fuera el dolor por las quemaduras, la calidez en su boca.

- Forjó su propia armadura y para ello hizo un retiro silencioso. La bautizó con el nombre de Isvalda en nombre a su hermana que creyó fallecida.

- Antaño, llevaba las calaveras de sus padres en las hombreras, pero en cuanto se deshizo del yugo del Rey Exánime, enterró sus restos en su ciudad natal, Costasur.

Frases y anécdotasEditar

“—¿Si estuve casada? Sí, una vez, estuve casada con la Luz pero como podéis ver, la muerte nos separó."

“—Me preguntas por qué avivo el fuego de esta hoguera si no tengo frío, por qué me unjo las manos de aceite si no siento dolor y me preguntas por qué cocino para vosotros cuando no tengo hambre.

—Mi cuerpo no alberga la capacidad de sentir ni frío ni calor, apenas el dolor, no siento la brisa azotarme la cara ni siento pavor cuando la muerte en la batalla se presenta certera.

—Pero aun así enciendo el fuego, porque su imagen me recuerda el calor que sentí en vida, aun así sigo ungiéndome las manos con aceites para curtir los callos pese a que no sienta dolor, porque eso me recuerda que soy guerrera y que serlo conlleva un sacrificio. Aun así, sigo cuidando y protegiendo a las personas que me importan porque me recuerdan que mi juramento y mis valores como Paladín no murieron conmigo.” —En Costasur.

"Valeria, en la vida hay tres cosas que debes ser a la vez para sobrevivir y ser fiel a ti misma. La primera... hay que ser inocentes como palomas, porque la Luz está en todos nosotros y debemos cuidar de ese don. La segunda, hay que ser astutos como serpientes, nunca permitir que el enemigo sepa más de ti que tú de él, y la tercera, que hay que ser bravos como leones, rugir en la batalla, gritar y que te vean fortalecida, pues te temerán y evitarán acercarse a ti de frente". —Verlon Vientosur.

“—No le correspondí, pese a que lo que fuera que quedara puro de mi alma decía "Ve con él, él cuidará de ti”. La única manera, querida conciencia, de cuidar a un muerto es llevándole flores a su tumba. Eso ya ha acabado para mí.”

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