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Morevius Velmora

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Alliance.png
Morevius Velmora
Imagen de Morevius Velmora
Información del personaje
Servidor Tyrande
Género Hombre
Raza Humano
Edad 110 años
Clase Magus
Alineamiento Neutral puro
Ocupación Consejero de la Casa Montenor
Lugar de nacimiento Stromgarde
Residencia Condado Montenor, Bosque de Elwynn
Estado Vivo

Trasfondo:Editar

Morevius nació en Stromgarde, en el año 80 antes de la apertura del Portal Oscuro, en la antigua familia Velmora. Este linaje, pese a que no se contaba entre la nobleza del reino, sí gozaba de cierta distinción social por la longevidad de sus miembros. Esto se debía a la sangre élfica que corría por sus venas, la cual tenía su origen en un matrimonio entre un Alto Elfo; Oroves Velmora, y una de las primeras magas humanas en los años posteriores de las legendarias Guerras Trols. Por los propios registros de los Velmora, se conoce que este no fue el único matrimonio interracial entre humanos y quel'dorei, por lo que la contribución racial thalassiana acabó haciéndose fuerte y visible físicamente. Morevius no es una excepción de este caso, y aunque tras una primera impresión nadie dudaría de que es un humano más, una segunda mirada puede revelar información más sutil. Sus ojos son más rasgados de lo habitual, de un azul chispeante que denota un empleo asiduo de la magia arcana. Por otro lado, sus pómulos son más altos y marcados, a la manera de los elfos. Finalmente, las orejas son prácticamente redondas, pero acaban en una extraña curvatura en espiral, hacia abajo. A sus actuales ciento diez años de edad, Morevius tiene la apariencia de un hombre joven.

Infancia:Editar

La juventud de Morevius no distaba demasiado de la de un niño de familia acomodada. Tenía todas las atenciones que necesitaba y creció en un clima en el que la paz y prosperidad reinaban en Azeroth, mucho antes de la primera invasión de los orcos. Su padre, Alerius Velmora, trabajaba en la Corte Real como asesor de asuntos mágicos, donde en ocasiones llevaba a su hijo para que se familiarizase con las altas esferas de la sociedad. El ambiente de la Corte fascinaba al pequeño Morevius: músicos, sabios, cocineros, políticos, sacerdotes, todos ellos creaban de aquel lugar un auténtico mundo mágico. Él descansaba por las noches, aliviado al saber que en un futuro él acabaría heredando el puesto de su padre cuando este muriera, como de ordinario ocurría con el primogénito de la familia.

Cuando cumplió los diez años de edad, Morevius fue enviado a estudiar los misterios de la magia a Dalaran para que adquiriese la formación necesaria con la que en un futuro pudiese entrar como Mago de la Corte Real. Permaneció en aquella magocracia por seis largas décadas; hasta alcanzar la titulación de Magus. Por sus expedientes académicos se puede deducir que fue un buen alumno, y que no tuvo demasiados problemas en titularse. Dado el largo tiempo que pasó en Dalaran, estuvo muy tentado de llevar a cabo las pruebas para convertirse en miembro del Kirin Tor; sin embargo, las obligaciones familiares lo obligaron a regresar a Stromgarde; desde donde le llegaron noticias de los problemas de salud de su padre. Poco tiempo después de llegar a la antigua capital del primer Imperio de los humanos en Azeroth, Morevius encontró a su progenitor en cama, aquejado de una extraña enfermedad.
Alerius Velmora.jpg

Los rasgos amestizados de Alerius Velmora causaban extrañeza a aquellos que lo observaban. Sin embargo, lo mismo ocurría con otros miembros de la familia.

En su lecho de muerte, Alerius le reveló a su retoño la creencia de que había sido envenenado por alguien de los Rovarde, una familia enemiga y profundamente racista que siempre había desconfiado de los Velmora por tener ascendencia élfica. Sin embargo, en esta ocasión parecía que había sido la envidia y la ambición la que habían conducido a envenenar a Alerius, quien hacía pocos años se había hecho con un importante cargo político que había arrebatado al patriarca Bolart Rovarde, como Consejero Real. Como consecuencia de aquella enfermedad, supuestamente provocada por el envenenamiento, Alerius murió a la edad de doscientos treinta y un años.

En la Corte del Rey:Editar

Como heredero de su padre, Morevius se convirtió en la cabeza del linaje Velmora, y ocupó su puesto en la Corte Real como asesor de asuntos mágicos. Una de sus primeras preocupaciones fue descubrir al asesino de su padre. Sospechaba abiertamente de Bolart Rovarde, pero no tenía ninguna prueba de momento para acusarle; por lo que durante cinco años se dedicó a su trabajo mientras poco a poco reunía indicios. No obstante, no todos los miembros de su familia compartían su discreción y sutileza. Uno de sus primos más belicosos, Namarius, apuñaló tras un banquete en la Corte Real a Simard Rovarde, el hijo predilecto de Bolart, en venganza por el asesinato de Alerius Velmora.

Después de aquel homicidio, la guerra entre los Rovarde y los Velmora comenzó, pero con un agravante para los segundos, ya que ellos no pertenecían al estamento nobiliario. En medio de aquella disputa, el Rey de Stromgarde apoyó a los Rovarde y decidió ajusticiar a Namarius, encontrándolo culpable de asesinato. Morevius sabía que él poco podía hacer ante la resolución del monarca, por lo que volvió a su trabajo como asesor de magia y empezó a urdir sus propios planes para desbancar a la familia rival.

No obstante, los Rovarde habían sacado provecho de su victoria, y a cada día que pasaba lograban arrinconar más y más a los Velmora. El descontento interno en la familia empezó a crecer y Morevius resolvió que había que pasar a la ofensiva. En una reunión secreta con los miembros que más talento mágico de su familia poseían, decidieron llevar a cabo el Avalasel Morelith, un antiguo ritual élfico de invocación. Se trataba de un oscuro secreto que el primer antepasado quel'dorei había transmitido a su esposa humana, por el cual le concedía la ayuda de un espíritu maligno que se sometería a las órdenes de la familia para protegerla. Sin embargo, aquel antiguo thalassiano le había advertido a su mujer y a sus descendientes, que sólo en casos de extrema gravedad deberían invocarlo, pues era difícil de controlar.

Morevius y los Velmora.jpg

Morevius y los Velmora preparados para llevar a cabo el Avalasel Morelith.

Pese a estar enterados de su advertencia, Morevius y sus otros parientes se reunieron en un círculo de piedras que antiguamente usaban los primeros Azotha para sus ritos primigenios, y llevaron a cabo la ceremonia. Tal como se indicaba, todos los Velmora debían hacerse un corte en las palmas de las manos y crear un círculo, enlazándose los unos con los otros. Finalmente, tenían que entonar la invocación adecuadamente, en una noche de luna llena, tal como hicieron. Cuando la conjuración finalizó, una sombra con rasgos rojizos había aparecido en el centro del círculo de piedras. Si la historia familiar era cierta, se trataba de Morelith, el demonio élfico que debía llevar la venganza a los enemigos de la casa. Morevius fue el primero, como representante del linaje, en dirigirse al espíritu maligno. Las órdenes fueron claras: acabar con todos los miembros de los Rovarde. El demonio escuchó en silencio, y cuando la petición fue finalizada, se limitó a responder con un parco: "Tal anu'men no Velmora". Que en lengua thalassiana quería decir: "Muerte a todos aquellos que se oponen a los Velmora".

Con el ritual concluido, Morevius regresó a su puesto en la Corte Real, como si nada hubiera sucedido. Pero pronto los hechos empezaron a suceder. En una fría tarde de invierno, Uria Rovarde, la segunda hija de Bolart, fue encontrada muerta en la bañera con un cuchillo de cocina cerca y las venas abiertas. La causa de la muerte se resolvió como suicidio. Desolado por la pérdida de su hija, Bolart entró en depresión, ya que se había quedado sin herederos directos en los últimos cinco años. Sin embargo, sus tragedias no se habían acabado allí. A las pocas semanas, su esposa Nallara se arrojó desde las murallas de Stromgarde, en un supuesto arrebato de desesperación. Al mes, su hermano pequeño Lawert falleció en un accidente de caza. Días después, sus dos jóvenes sobrinos, Robin y Michaelle, se ahogaron mientras nadaban en el lago que la familia poseía en su casa de campo. En resumen, los miembros de la Casa Rovarde estaban cayendo uno tras otro en una serie de acontecimientos en los que la locura o la mala suerte parecían influir. Pero el viejo Bolart estaba convencido de que aquello era culpa de los Velmora y de sus malas artes.

Justo el día antes en la que Bolart Rovarde iba a denunciar públicamente a todos los Velmora y a proponer ante el Rey una ley de expulsión y confiscación de bienes, un personaje se presentó en la cámara personal del anciano noble. Iba vestido con ropajes rojos y con el rostro cubierto por una capucha. La aparición se acercó a él poco a poco, dejando ver unas manos sombrías con las que lentamente se retiró la capucha. No se sabe a ciencia cierta qué fue lo que vio Bolart aquella noche, pero fue demasiado para él y no lo soportó. Falleció a la edad de setenta y tres años de un ataque al corazón.

Nuevos Consejos:Editar

Varios años después de la desaparición de los Rovarde, la reputación de los Velmora se ennegreció hasta tal punto que el Rey de Stromgarde decidió prescindir de los servicios de Morevius. Antes de morir, Bolart ya había revelado sus sospechas a distintos ciudadanos ilustres del reino, por lo que muchos en Arathi pensaban que la extinción de hasta el último de los Rovarde había sido "demasiada coincidencia." En lo que refiere a los asesinatos que había cometido Morelith, todo parecía que se había detenido allí, pues pese a que los Velmora se habían enemistado con otras gentes, a estas no les había ocurrido nada extraordinario. La caída en gracia de la familia de antiguos magos condujo a que varios de sus miembros se dispersasen por otros reinos y países, en los que su reputación seguía intacta o era desconocida. Varios de ellos, entre los que se encontraba Morevius, encontraron asilo en diversas casas nobles extranjeras. Él mismo fue a parar al Bosque de Argénteos, en un antiguo marquesado lordanés que hacía frontera con Dalaran, Alterac, y Gilneas. Aquel hombre que lo había contratado era el Marqués Aramer de Montsamur, un señor feudal en decadencia que buscaba asegurar su posición como fuera...

Fue en una noche de lluvia otoñal, en el mismo año en el que el Portal Oscuro se abría en el lejano sur. El Marqués de Montsamur hizo llamar a Morevius, turbado por unas visiones que lo sacudían en sueños. El hechicero trataba de calmarlo, asegurándole que eran pesadillas sin más. Pero en su fuero interno sabía que se trataba de algo más complejo. En las últimas semanas su nuevo señor le había pedido que invocase a ciertos espíritus bajos, capaces de traer todo tipo de riquezas y tesoros. Él le había disuadido de semejante empresa, pero Aramer no aceptaba un no por respuesta. Morevius sabía que ya había traspasado las prohibiciones que le habían enseñado en Dalaran al conjurar junto a otros familiares al demonio Morelith; por lo que pensaba que no ocurriría nada malo si tan sólo evocaba a unas cuantas entidades controlables. Es por ello que obedeció. Los resultados fueron positivos durante una temporada: de pronto aparecían antiguos deudores del Marqués, sus minas encontraban nuevos minerales que explotar, los campos producían espléndidas cosechas, y sus inversiones prosperaban. Casi de la noche a la mañana, el feudo de Montsamur se convirtió en referente de la más pecaminosa ostentación, de la pompa y del derroche.

Aramer el Avaro.jpg

El Marqués Aramer de Montsamur se volvió avaricioso según sus riquezas crecían.

Como si se desquitase por décadas de burlas y ruinas, el Marqués celebraba continuas fiestas, mientras subía los impuestos a sus vasallos para extraer hasta el último centavo de sus gobernados. Se llegó a un punto paradójico para los campesinos en el que el mejor año de cosechas se convirtió en un período de hambrunas y pobreza. Sin embargo, en el caserón de Aramer se convidaban otros nobles, músicos, poetas, pintores, danzantes. Grandes banquetes con platos de lujo, hermosas mujeres traídas de extrañas tierras para saciar sus deseos y joyas talladas por maestros enanos se concentraban en sus cámaras privadas. Sin embargo, algo empezó a ir mal. El Marqués comenzó a sufrir terrores nocturnos en los que soñaba con gilneaos, alteraquienses, u otros aristócratas que les robaban sus tesoros. En otras noches en cambio, sus pesadillas lo mostraban siendo asesinado por sus sirvientes, o por sus familiares, que luchaban para hacerse con su fortuna. El señor feudal se volvió paranoico. Solamente su brujo de confianza podía acercársele. Morevius le recomendó dejar de seguir invocando espíritus, ya que probablemente se apoderaban de su mente y le inducían esas pesadillas. Pero Aramer se negó, y le hizo una petición aún más oscura al taumaturgo: llamar a un demonio maligno que acabase con la vida de sus enemigos. El magus se negó a hacerlo, y se limitó a darle una pócima tranquilizante durante un par de meses, que consiguió calmar las sospechas del Marqués temporalmente.

Sin embargo, el brote de locura se desató con la llegada de los primeros refugiados de Ventormenta que habían perdido su reino en la Primera Guerra. A diferencia de otras casas nobiliarias del norte, los Montsamur negaron el paso de los exiliados por sus dominios. Incluso las fastuosas fiestas se dejaron de celebrar, por el temor del noble a que alguien le robase mientras festejaban. No obstante, la semilla de la locura germinaba lentamente, y dio sus primeros frutos cuando un grupo de ventormentinos cruzaron los campos de Aramer para acortar camino hacia Ciudad Capital. Cuando se enteró de la presencia de "ladrones y bandidos", el Marqués reunió a varios de sus guardias personales y ensilló a su caballo. La partida militar fue inmisericorde con los "invasores", los cuales recibieron una bienvenida de acero lordanés. El espantoso crimen llegó a los oídos de otros terratenientes de Argénteos y Trabalomas, quienes se indignaron por la absurda matanza y amenazaron con denunciarlo al rey Terenas por lo que había ocurrido. La amenaza soliviantó a Aramer, quien volvió a pedir a Morevius que invocase al demonio. Una vez más, el hechicero volvió a negarse. Sintiéndose traicionado, el noble acusó a su brujo personal de conspirar con sus enemigos y lo expulsó de su feudo.

Tras su expulsión, Morevius fue buscado por varios siervos de los Montsamur, quienes lo llevaron a ver a un caballero de Trabalomas llamado Sir Augustus de Sternhold, que gozaba de muy buena reputación como protector de la plebe. Este le propuso sumarse a un levantamiento campesino, apoyado por otros nobles menores, con el que acabar con el Marqués avaricioso. A cambio, Sir Augustus se comprometió a llevarlo a la Corte Lordanesa cuando saliesen victoriosos. La perspectiva de formar parte de los círculos más altos del reino humano más poderoso de aquel tiempo animaron a Morevius a tomar parte en la conjura. Corría por aquel entonces el año 6, justo cuando la nueva Alianza de Lordaeron se disponía a frenar el avance de los orcos, que marchaban hacia el norte con sed de sangre. No había tiempo que perder.

Al mismo tiempo que la Horda lanzaba su ataque sobre Khaz Modan, un puñado de campesinos guiados por Sir Augustus de Sternhold y Morevius se internaron en el feudo de Montsamur, sin ninguna oposición. Motivados por la insurgencia, otros vasallos del enajenado Marqués se sumaron a la contienda y obligaron al señor feudal a abandonar sus tierras para comparecer ante el rey por sus crímenes. Sin embargo, cuando Aramer observó a Morevius, se enfureció de tal manera que desenvainó su espada y saltó hacia él con la intención de atravesarlo de parte en parte. No obstante, cuando faltaban apenas centímetros para que la hoja de su espada lamiese la carne del brujo, el demente aristócrata se detuvo en seco, para escupir algo de sangre negra y caer al suelo, muerto. Todos se quedaron perplejos por el acontecimiento; pero Morevius vio perfectamente cómo una silueta rojiza se posó detrás del Marqués antes de morir, para después desaparecer como si hubiese sido un fugaz ilusión.

Los Montenor de Lordaeron: Editar

El rey Terenas Menethil repartió las tierras de los Montsamur (que quedó sin herederos directos) entre varias familias campesinas, las cuales permanecieron bajo la protección de Sir Augustus de Sternhold. Por su parte, Morevius fue invitado a Ciudad Capital, donde la mala reputación de los Velmora ya era un eco lejano, o ni siquiera había llegado desde Stromgarde. Los primeros días en la Corte Lordanesa fueron muy agitados debido a la conmoción que sufría Azeroth por la Segunda Guerra. Era el año 7 después de la apertura del Portal Oscuro, y por fin parecía que la Horda retrocedía tras haber sido derrotada por la Alianza en Arathi. Mientras que el grueso de las tropas de la coalición se preparaban, Alterac fue asediada. En ese contexto bélico, Sir Augustus de Sternhold hizo llamar a Morevius para que luchase a su lado, puesto que conocía su talento mágico. El brujo colaboró de buen grado con su contacto en la Corte y se unió al sitio, donde reconoció a otros caballeros de Stromgarde, que formaban la mayor parte del ejército que debía capturar a los traidores alteraquienses. En una de las noches, en una incursión por la cuenca interior del reino traidor, Morevius y Sir Augustus fueron acompañados por un noble lordanés llamado Lord Henrich Montenor junto a varios de sus tropas personales.

Morevius Magia de Sangre.jpg

Morevius se vio obligado a usar magia de sangre para derrotar a los traidores de Alterac.

Cuando todo parecía ir bien y la ofensiva iba a tomar un pequeño puesto fronterizo, una emboscada de alteraquienses rompió la calma de la noche. Sir Augustus fue de los primeros en recibir una seria herida a causa de un flecha certera, mientras que Lord Montenor conseguía junto a sus hombres mantener a raya a los traidores a la Alianza. Por su parte, Morevius preparó un conjuro para invocar una bola de fuego con la que destruir un parapeto donde se ubicaban los arqueros enemigos. Pese a la rapidez de la escaramuza, el magus stromgardiano consiguió evocar el hechizo con éxito y desintegró la estructura desde donde se ocultaban los luchadores a distancias, que salieron ardiendo. No obstante, la pérdida de los arqueros no pareció cambiar las tornas del combate, ya que los enemigos seguían llegando, y por si fuera poco, empezó a nevar con fuerza. La situación era desesperada, por lo que Morevius tomó su daga auxiliar y se rajó la palma de la mano con el objetivo de emplear magia de sangre. En el momento preciso en el que sus demás acompañantes estaban ocupados, empleó la esencia de su propia sangre para conjurar una bola de sombras empoderada que se dirigió hacia un batallón alteraquiense.

El contacto de la energía oscura con el cuerpo de los adversarios provocó que varios de ellos cayeran al suelo entre gritos de agonía, dando el tiempo necesario a Lord Montenor y a Sir Augustus para cerrar filas y rechazar el ataque enemigo. La victoria se cobró un precio alto, pero sirvió para que los ejércitos de Stromgarde y Lordaeron continuaran con la ofensiva, la cual acabó finalmente con la capitulación de lord Perenolde ante el rey de Stromgarde, Thoras Aterratrols. Morevius recibió el agradecimiento de los nobles que participaron en la expedición - que afortunadamente ninguno se dio cuenta del uso de magia de sangre - y lo apoyaron en su posición en la Corte Lordanesa.

Cuando la Segunda Guerra finalizó, Lord Montenor solició a Morevius formar parte de su propia casa, como consejero privado. El brujo aceptó la propuesta y pasó a residir en el rico palacio de la familia en Ciudad Capital, rodeado de lujo, sirvientes y otros prohombres que frecuentaban la corte. Los diez primeros años junto a la familia fueron perfectos. La paz y la prosperidad que reinaban en toda Lordaeron facilitaron una vida acomodada al cabeza de los Velmora. Durante toda esa larga década no tuvo que hacer uso de ninguna clase de magia tenebrosa, ya que lord Henrich Montenor era un hombre cabal y justo. Sin embargo, eso no significaba que todos los miembros de su familia fueran así; ya que su esposa, Artemisia Montenor, empezó a coquetear con fuerzas fuera de su alcance.

La aristócrata, muy preocupada por lo ocurrido en la Segunda Guerra, se aficionó a la astrología y a prácticas de adivinación. Morevius satisfacía sus curiosidades con algunos consejos fáciles con el fin de distraer a la señora, sin crear la necesidad de consultar a oráculos espirituales que pudieran ser un peligro. No obstante, de nuevo volvió a aparecer esa hibris maligna que nace en los mortales como un impulso que hace perseguir un conocimiento oculto. La insistencia de la mujer le recordó al caso del Marqués de Montsamur, y en seguida le reveló a Lord Henrich Montenor lo que le estaba ocurriendo a su esposa. A petición del patriarca, Morevius dejó de entretener a la señora con juegos adivinatorios y cartas para se centrase en la crianza de su hijo, el pequeño Rembrand. Empero, aquella estrategia no funcionó en absoluto, pues al más mínimo despiste, Artemisia empezó a frecuentar a una pitonisa que practicaba necromancia; y que adivinaba el futuro por la invocación de los muertos. En una de las sesiones espiritistas, algo salió mal; pues la vidente invocó a una fuerza maligna que lejos de responder a las preguntas formuladas, se introdujo en Artemisia Montenor, la cual acabó poseída.

Ciudad Capital 2.jpg

La capital de Lordaeron era tras la Segunda Guerra una de las ciudades más iluminadas y ricas de todo Azeroth.

La posesión fue muy discreta al principio, tan sólo revelándose en ciertos gestos bruscos o espontáneos, como un guiño repetido del ojo, o por una creciente repulsión por los objetos sagrados. Sin embargo, la prueba definitiva no se obtuvo hasta que la propia Artemisia confesó que contrataba los servicios de una maléfica pitonisa. Puesto que Montenor no confiaba en un exorcismo mágico, lo primero que hizo fue llamar a su confesor habitual para que le sacase el espíritu maligno. La ceremonia tuvo lugar en una de las pequeñas capillas de Ciudad Capital, en un barrio muy discreto donde los nobles pudieron llegar sin ser vistos, bien entrada la madrugada. Allí, el sacerdote llevó a cabo el exorcismo, consagrando a la mujer y dándole de beber de un cáliz con agua bendita. Cuando Artemisia bebió del recipiente sagrado, empezó a toser sangre, seguido de un humo grisáceo que emanó de la noble hasta que calló de rodillas, desmayada. La suave humareda quedó suspendida en el aire por un instante, como si se resistiese a desaparecer. Morevius, que parecía entender la naturaleza de la entidad con la que la dama había tratado, comentó que haría falta más que un exorcismo para hacerla desaparecer.

Con ayuda del sacerdote, el magus entonó un antiguo versículo de destierro, en el que se pedía la ayuda de la Luz Sagrada para reforzar el poder de la orden dada al espíritu. Tras la pronunciación de las palabras, el demonio se revolvió y acabó por esfumarse, sin tener la oportunidad para atacar a aquellos que luchaban contra él. En aquella ocasión, habían tenido éxito. Después de tan traumática experiencia, Artemisia se volvió una de las mujeres más pías de toda Ciudad Capital. Oía el oficio divino y se confesaba diariamente, hasta tal punto que lord Montenor pensó que su mujer se iba a enclaustrar en el Monasterio de Tirisfal, pero no fue tal el desenlace. En lo que refiere a la pitonisa, fue acusada formalmente de hechicería, necromancia, y de practicar artes oscuras por la Iglesia de la Luz. En este sentido, no significaba que el Reino de Lordaeron quemase magos, pero sí vigilaba de forma muy estrecha a aquellos que no tenían una formación recibida en instituciones como las academias de Dalaran u otras con cierto control sobre sus miembros. La vidente, para salvarse de un terrible castigo, confesó sus pecados públicamente y como pena fue atada a dos burros, la cual la arrastraron desde Ciudad Capital a Rémol como forma de expiación.

El Culto de los Malditos: Editar

Pocos meses después del exorcismo de lady Artemisia Montenor, Lordaeron se sacudió entero por diversos sucesos. El más inmediato fue la rebelión de los orcos de los campos de reclusión, liderados por un esclavo llamado Thrall. Mientras esto ocurría, una secta que prometía la inmortalidad y el poder predicaba en los rincones más oscuros del reino. Gente poderosa, de motivaciones siniestras, pero también personas descontentas, pobres, y engañadas por igual empezaron a formar parte de aquel tenebroso culto.

En una tranquila tarde estival, mientras Morevius paseaba por los jadines de Ciudad Capital, recibió una inesperada visita. Se trataba de una mujer de piel blanquísima, vestida de negro, y con una tiara sobre la testa que dejeaba caer un largo velo como la noche detrás de ella. El magus no tardó demasiado en reconocerla; se trataba de su tía Paimara Velmora. Hacía más de veinte años que tía y sobrino no se veían, desde la invocación del demonio Morelith, pero ninguno de ellos había envejecido lo más mínimo. En cambio, habían mantenido contacto epistolar desde entonces, por lo que el brujo de los Montenor sabía perfectamente que la mujer se encontraba trabajando en El Cruce de Corin, al este de Lordaeron, junto a una familia terrateniente bien acomodada. Sin embargo, como le relató Paimara, algo se había torcido en las últimas semanas con aquella familia principal, puedes todos se habían unido al Culto de los Malditos. Como consecuencia, y al sospechar que había algún tipo de objetivo siniestro en esa secta, Paimara había abandonado a sus señores para ir en busca de Morevius, al que le invitó a investigar qué se escondía detrás de esa misteriosa religión que hacía sombra a la Iglesia de la Luz Sagrada. El cabeza de los Velmora no pudo resistirse a la propuesta y solicitó a Lord Montenor permiso para ponerse a trabajar. Su patrón lejos de poner reparos, le animó en su misión, pues como hombre piadoso que era, estaba interesado en que todos los cultistas desaparecieran del reino.

Paimara Velmora 2.jpg

Paimara Velmora llegó a Ciudad Capital para pedir ayuda a su sobrino en la investigación sobre el Culto de los Malditos.

Con la búsqueda ya iniciada, Morevius y Paimara llegaron a la finca de la familia del Cruce de Corin. El aspecto lóbrego de los dos Velmora pronto llamó la atención de los thuzadines, que vieron en ellos a los candidatos ideales para la secta. Fingiendo interés, tía y sobrino se unieron al Culto de los Malditos para poder trabajar desde dentro. Lo que allí descubrieron fue un horror incluso para ellos. Los iniciados en el grupo bebían una pócima repulsiva, que según lo que decía un predicador vestido de negro "les otorgaría claridad de conocimiento y la visión última". Como regalo, también se les otorgaba tras haber pasado unas pruebas unos orbes que les servían para ocultarse y mimetizarse entre la población local, pasando desapercibidos. A las pocas semanas, los thuzadines ya predicaban por pueblos remotos ciertas promesas futuras en la que la desigualdad y las cargas desaparecerían para dar lugar a una sociedad utópica. Paimara y Morevius pronto descubrieron que la dádiva final sería convertirse en un no-muerto y superar a la misma muerte. Los Velmora retrasaron la ceremonia de la ingesta de la pócima todo lo que pudieron, hasta que empezaron a levantar sospechas. En una de las reuniones en la que se enseñaba la doctrina a los aspirantes, uno de los altos mandos de la secta llamado Alfonsus von Bathel, llegó al Cruce de Corin para llevar a cabo una iniciación masiva. Durante el ritual, Morevius y Paimara no tuvieron más remedio que emplear su magia para escapar y llevarse de por medio a todos los sectarios que pudiesen. Sin embargo, Von Bathel, que era un habilidoso duelista arcano, consiguió derrotar a Paimara y estuvo cerca de asesinarla junto a otros cultures, de no ser por la apariencia de una figura rojiza que iba encapuchada hasta los labios.

Aquella extraña entidad arrancó las tripas de cuajo de un cultor y arrojó a Alfonsus von Bathel contra el suelo, debilitándolo. Con el camino libre, Morevius y Paimara consigueron huir del Cruce de Corin. Lo que les había sucedido lo tenían claro: Morelith había vuelto a aparecer de nuevo para salvarles la vida. En el camino hacia Ciudad Capital Paimara le reveló a su sobrino que en los últimos años había visto al demonio familiar en dos ocasiones, en las que su vida había estado en peligro. Morevius confesó lo propio, y le relató el suceso acaecido con el Marqués de Montsamur. Por alguna razón, el hechizo de invocación de Morelith no se había detenido, y el espíritu seguía libre para cumplir su función. Sin embargo, ambos tenían la oscura sensación de que aquel demonio acabaría cobrándose los servicios que había realizado por ellos algún día.

Apariencia:Editar

En los últimos años, Morevius se ha dejado crecer las patillas y la perilla, lo que le ayuda a endurecer sus rasgos, más finos de lo habitual en un humano medio. Los ojos son de color azul, un poco achinados, y la mandíbula es afilada. Quizás no se podría decir que el cabeza de los Velmora es atractivo, ya que aquel que lo observa detenidamente por varias ocasiones suele tener la sensación de que "tiene unos rasgos raros."

Mide aproximadamente un metro setenta y siete de estatura, y suele adoptar una postura erguida. Su caminar es suave y calculado, por lo que denota unas maneras más sofisticadas. Sin embargo, suele vestir con ropajes estrafalarios. Le gusta adornar sus túnicas con plumas de dracohalcones de distintos colores, algo que choca mucho con la tonalidad normalmente oscura de su vestimenta.

Fe:Editar

Las creencias religiosas de Morevius son más bien misteriosas. En lo social, solía acompañar a los señores a los que ha servido a los oficios divinos de la Luz Sagrada, y se le ha visto llevar a cabo los rituales ordinarios con total normalidad. Sin embargo, dada la clásica hostilidad que ha existido entre la Magocracia de Dalaran y la Iglesia de la Luz, suele tener una opinión negativa del clero, especialmente del rural, más dado a acusar de herejes a los practicantes de magia.

Carácter:Editar

Morevius suele ser discreto y cortés. No es un hombre dado a expresar sus emociones y tiende a la reserva. Internamente pocas personas han llegado a conocerle en profundidad, por lo que sencillamente es un hombre con el que se puede tratar con cordialidad. No obstante, todavía quedan algunos en Arathi que pueden desconfiar de su apellido. En otros reinos, su linaje no es un problema, ya que se su procedencia suele ser desconocida.

Familiares:Editar

  • Oroves Velmora: Antepasado - Muerto.
  • Alerius Velmora: Padre - Muerto.
  • Paimara Velmora: Tía - Viva.
  • Namarius Velmora: Primo - Muerto.

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