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Mavelith

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Mavelith
Imagen de Mavelith
Información del personaje
Servidor Los Errantes
Género Masculino
Raza Sin'dorei
Edad 182 años
Clase Cazador de demonios
Alineamiento Caótico neutral
Ocupación Matar demonios
Lugar de nacimiento Ciudad de Lunargenta
Afiliación Los Illidari
Antigua afiliación Reino de Quel'thalas
Estado Vivo


TrasfondoEditar

Infancia y juventudEditar

Mavelith Almadorada nació en la preciosa y exótica Ciudad de Lunargenta situada al norte del Bosque Canción Eterna, siendo el mediano de sus tres hermanos tuvo una infancia bastante tranquila en una ciudad enfrentada desde hace siglos con trols quienes obsesionados por tomar aquello que reclamaban como suyo mantenían una hostilidad sin fin contra su pueblo.

Su familia estaba orientada a labores militares, el padre de Mavelith formaba parte de la Guardia Real por aquel entonces y su hermano mayor ya lo suficiente adulto se unió a los forestales, ocupados de defender los otoñales bosques de Quel'thalas. Sin embargo, él sentía una atracción más que notable en su padre y en la tarea que realizaba en beneficio de su pueblo.

Sintiéndose atraído por la labor que realizaba su progenitor y dispuesto a seguir sus pasos, Mavelith no tardarían en convertirse inconscientemente en el favorito de sus tres hermanos a ojos de su padre, ya que el resto de sus hermanos parecían haberse decantado por otros caminos. Sin darse cuenta se vio muy influenciado al tener la mirada crítica de su padre siempre encima y como con sus hermanos, Mavelith fue adiestrado, instruido y educado por su padre. Aun que ser el favorito también le resultó ser un inconveniente en su vida, su padre a medida que pasaba el tiempo iba aumentando las expectativas respecto al futuro de su hijo y cualquier acto que no le gustara hacia que este se decepcionara enormemente con su hijo y tomara medidas tajantes para poner a raya al chico.

Pasaron los años y Mavelith se unió finalmente al ejército de Quel'thalas mejorando así sus habilidades que ya habían aprendido previamente gracias a su padre y experimentó de primera mano el dolor de la guerra real y el sentimiento de matar a alguien. Continuó forjándose en un destino que pedía mucho de él y con el tiempo, se unió junto a su padre a la Guardia Real de Lunargenta.

Sus labores como guardia real a veces requerían de mucho esfuerzo del que no estaba acostumbrado a diferencia de las que realizaba en el ejército, pero había llegado muy lejos para volver atrás y tampoco quería decepcionar a su padre quien había aportado mucho esfuerzo y confianza en él para que llegara a donde actualmente estaba.

La caída de Quel'thalasEditar

Años más tarde y alejado de su reino como guardia real del príncipe Kael'thas en la ciudad humana de Dalaran, se enteró de la horrible noticias de la caída de Ciudad Capital y Lordaeron ante una marea negra de no-muertos que ahora se aproximaban a Quel'thalas, pese a ello Mavelith no se preocupó lo más mínimo pues las barreras protectoras de Quel'thalas eran totalmente imposibles de atravesar haciendo del reino una fortaleza inexpugnable. Pero las cosas no fueron tal como su orgullo había dado por hecho, las noticias eran confusas pero todas coincidían en algo: Quel'thalas también había sucumbido a la muerte.

Junto con el resto de la guardia real del príncipe abandonaron Dalaran y marcharon a ayudar a lo que quedara de su reino y reunir a los supervivientes de aquella masacre. Por desgracia para ellos las penurias de su pueblo no terminaron ahí pues la Fuente del Sol, el poder del que se alimentaba su pueblo, había sido corrompido y en un último esfuerzo para que su pueblo no sucumbiera el príncipe lo destruyó, causando un sed insaciable de magia a los que Kael'thas había rebautizado como sin'dorei, hijos de la sangre.

Hambriento, sin noticias de su familia y con el corazón roto a ver el estado de su hogar, a Mavelith no le quedó otra que seguir a su príncipe allá donde fuera, su mente necesitaba y debía pensar en otras cosas para mantenerse cuerdo y no sucumbir a la desesperación, necesitaba mantenerse ocupado y alejarse de su hogar, pues ver el estado en el que había quedado su reino solo hacia más grande la herida de su ahora marchito corazón.

La "traición" de los Sin'doreiEditar

Sus andanzas junto al grupo que acompañaba al príncipe le llevaron hasta las tierras humanas de Lordaeron, donde los estragos de la Plaga en aquellas tierras no le hacían más que recordar el lamentable estado en que había quedado su hogar. Su ira hacia la Plaga fue siendo alimentada y saciada por cada no-muertos que era destrozado por su mandoble.

El grupo del príncipe continuamente eran asaltados por los no-muertos que habitaban aquellas tierras y la magia con la que intentaba alimentar su sed nunca le era suficiente para saciarse, las cosas no mejoraban y no parecía que fuesen a mejorar en aquellas tierras, no sabía cuanto más podría aguantar aquella desesperación.

Para empeorar las cosas, a Mavelith le estaba empezando a sacar de quicio aquel odioso humano con delirios de grandeza con el que el príncipe se había unido para luchar contra la plaga de no-muertos, cosa que no llegaba a comprender puesto que aquel humano no se molestaba ni en ocultar su desprecio hacia su pueblo y su orgullo.

El Gran mariscal Garithos haciendo gala de su orgullo y su táctica militar, ordenó a Kael'thas a restaurar un observatorio situado al otro lado del Lago Lordamere, como era normal allá dónde su príncipe fuera él le acompañaría como había hecho siempre y marchó junto al resto de tropas y el príncipe hacia el lago. Para su sorpresa al llegar a Lordamere, los barcos estaban en un estado lamentable así como los astilleros, impidiéndoles cruzar el lago y por lo tanto llegar a su destino, a Mavelith no le extrañaba lo más mínimo que aquel maldito humano ya lo supiera desde el principio y por eso les encomendó esa misión a su príncipe. Pese a todo y aun con desconfianza, Mavelith tuvo que colaborar junto a los naga al servicio de Lady Vashj, quien humildemente se ofrecieron a ayudar a Kael'thas a restaurar los barcos y aunque le cueste admitirlo gracias a la ayuda de los naga pudieron llegar y restaurar el observatorio.

No tardó en enterarse Garithos de su colaboración con los naga y este acusó a su pueblo de traidores por confraternizar con ellos, aunque de momento todo quedó en sucias palabras por parte del humano, aun así el Gran mariscal retiró las tropas al servicio del príncipe dejando a los sin'dorei solos frente a una oleada de no-muertos que iban a atacar su posición, el humano había osado dejado al príncipe y a su gente a merced de la muerte.

Los no-muertos llegaron y la batalla comenzó con los elfos en inferioridad numérica, la Plaga se les estaba atacando sin descanso y sus hermanos y él mismo no aguantarían por mucho tiempo la presión. La salvación llegó para aquellos que aún se mantenían en pie, no fue sin duda el humano quien les fue a ayudar sino nuevamente Lady Vashj quien llegó junto a sus naga y la balanza cambió a su favor, ahora eran ellos quienes superaban en número a la Plaga y en cuestión de horas, todo terminó. Herido, cansado y exhausto Mavelith por fin pudo descansar, pero ese descanso no duró mucho tiempo, las tropas del Gran mariscal Garithos llegaron y conscientes de que los naga les habían ayudado en la batalla los acusó de traición y todos los elfos que aún se mantenían con vida fueron encerrados en las mazmorras de Dalaran, incluido el príncipe Kael'thas.

No sabia cuanto tiempo había pasado en las mazmorras, quizás días, quizás semanas pero por fin llegó su deseada libertad, Lady Vashj haciendo gala nuevamente de su apoyo a los Sin'dorei, ayudó a escapar al príncipe y seguidamente a Mavelith y todos sus hermanos que aún se mantenían encerrados, juntos escaparon por un extraño portal que rezumaba a sulfuro y azufre. Al otro lado del portal sus ojos observaron una devastada tierra roja que no se asemejaba a nada que hubiera visto antes, más tarde sabría que no se encontraban en Azeroth, sino en el mundo natal de los orcos, Draenos; ahora llamado Terrallende. Se encontraban en la Península del Fuego Infernal según le habían comentado, una de las zonas más afectadas por los oscuros rituales realizados en aquel lugar muchos años antes cuando los orcos comenzaron su invasión en Azeroth.

TerrallendeEditar

Una vez en Terrallende y a salvo de los humanos las noticias de su próxima lucha llegó al poco tiempo, los naga y los sin'dorei lucharían codo con codo en aquellas tierras para ayudar a liberar a Illidan, Mavelith no sabia muy bien quien era pero era un nombre que ya había escuchado antes allá por las tierras de Lordaeron, al parecer ahora era prisionero y los elfos y los naga acudirían en su ayuda para liberarlo.

El ejército conjunto cayó sobre las Centinelas de Maiev quienes eran las carceleras de Illidan, cuando fue liberado Kael'thas juró le juró lealtad y a cambio los sin'dorei obtendríamos una fuente de poder para poder saciar el hambre que su pueblo estaba sufriendo desde la pérdida de la Fuente del Sol.

No tardarían en llegar más refuerzos desde Lunargenta para unirse a Kael'thas y como fue prometido obtuvieren una fuente de poder vil, Mavelith no entendía muy bien sobre esa magia pero si su príncipe había confiado en aquel ser debía de ser lo correcto, así pues la magia vil se unió en uno a él y no le habían engañado, aquella magia realmente le alimentaba aún que para su pesar seguía sin ser suficiente, empezaba a pensar que ninguna otra magia llenaría su sed como la Fuente del Sol. Con el tiempo, la magia vil mostraría sus efectos en el elfo, convirtiendo el color de sus ojos en un color esmeralda como la misma magia de la que se alimentaba y como sentía que cada vez necesitaba alimentarse de más cantidad de ese poder, sin darse cuenta, su vida ahora se vería forzada a prescindir de ese poder.

La lucha contra la LegiónEditar

Si historia ahora parecía ridícula, había pasado de combatir a no-muertos en Azeroth, a luchar contra demonios en Terrallende. Desde la caída de Quel'thalas no había conocido ni un instante en que sus armas no se tiñeran de sangre. Ahora sus armas se bañaban en la sangre vil de los demonios, juntos a los naga, Illidan y sus hermanos recorrieron aquel desolado planeta destruyendo unos extraños portales viles que conectaban con otros mundos.

Cuando llegó el momento, la lucha se centro en el Templo Oscuro, en el Valle Sobraluna. Las tropas comenzaron el asedio al templo, al parecer, en su interior se escondía el Señor de Terrallende, el señor del foso Magtheridon. Illidan en su cruzada contra la Legión había reclutado a aliados para expulsar a los demonios de este planeta y su objetivo final era Magtheridon, quien lideraba a las tropas de la Legión Ardiente en Terrallende.

Mavelith luchaba junto al resto de sus hermanos a los pies del templo, la sangre vil de los demonios y los orcos viles empezaban a cubrir su armadura y nuevamente las heridas empezaron a ser presentes en su cuerpo. La batalla prosiguió durante bastante tiempo hasta que el patio del templo quedó libre de sirvientes del señor del foso, Mavelith sin poder pararse a descansar siguió las ordenes de su príncipe y las fuerzas asaltantes llegaron hasta una sala del trono donde allí les esperaba el señor del foso rodeado de sus sirvientes, Mavelith quedó asombrado al ver a aquel demonio pues era cinco veces más grande que él. Las palabras se cruzaron entre Illidan y aquel demonio y la batalla continuó, mientras él se decantaría por atacar a los demonios menores pues sabia que no dudaría mucho si se enfrentaba a ese señor del foso.

Cuando las fuerzas enemigas fueron eliminadas, Mavelith se quedó atónito mirando como Illidan combatía contra el señor del foso, sus habilidades y su poder parecían superiores a las de aquel demonio pese a que le superaba considerablemente en altura, pero pronto su vista se cegó Illidan y Kael'thas lanzaron una serie de hechizos que iluminaron toda la sala, cuando pudo recuperar la vista, todo había acabado, el demonio aún vivo había sido encadenado, habían ganado.

Un nuevo caminoEditar

Mavelith se molestó bastante cuando su príncipe marcho a cerrar un portal demoníaco a Tormenta Abisal, pues esperaba que el príncipe lo llevara con él pero su sorpresa fue uno de tantos que se quedaron en el Templo Oscuro, ahora en ausencia de Kael'thas la cadena de mano había cambiado y sus movimientos a partir de ahora estaban comandados por Gathios uno de los más talentosos guerreros quien habían sido elegido entre otros tres sin'doreis para aconsejar a Illidan en ausencia de Kael'thas.

El tiempo que Mavelith pasó sin hacer nada en el templo su mente no paraba de recordar como Illidan derrotó al demonio, el poder que tenia y con la facilidad que había derrotado al demonio eran formidables... Si tan siquiera él hubiera tenido un tercio de su poder de seguro Kael'thas habría confiado en él para ir a Tormenta Abisal, estaba seguro que incluso podría superar a Gathios. Pero no era así, había luchado en numerosas batallas junto a las tropas de su príncipe y ahora se sentía como un arma abandonada necesitaba poder, necesitaba demostrarse que era fuerte.

Hacia ya tiempo desde la primera vez que escuchó el termino que se usaba para describir a los de la clase de Illidan; cazadores de demonios, le habían llegado rumores de que Illidan había empezado a reclutar a varios de sus seguidores para adiestrarlos. La idea no le desagradaba, al fin y al cabo era poder en lo que estaba interesado desde hacía ya tiempo pero aún no se había hecho a la idea, temía que su codicia terminara por llevarle por un mal camino pero el aburrimiento lo estaba matando, muchos de sus hermanos se habían acomodado en un rincón del templo donde pasaban las horas entre entretenimientos, pero para él no era entretenimiento, eran distracciones inútiles, necesitaba liberar la ira que su cuerpo aún acumulaba.

Finalmente se decidió, habló con uno de sus superiores quien no puso ninguna pega, al parecer Mavelith no era el primero que había pensado en unirse a las filas de los cazadores de demonios de Illidan y seguramente no seria el último. Así pues no tardó en reunirse con uno de los cazadores de demonios sin'dorei, jamás había visto a uno tan cerca, era claramente uno de su misma raza, pero las diferencias también eran evidentes, cuernos, piel escamada, extraños tatuajes con una aura parecida a la que salían de sus propios ojos y lo que más le llamó la atención, los ojos del cazador de demonios, pues pese a que los cubría una gruesa tela roja de vez en cuando podía ver un aura verde mucho más fuerte que la que trasmitían sus propio ojos, no tardo en apartar la mirada, pese a que el elfo no había dicho nada, Mavelith había estado un par de minutos mirando fijamente al elfo.

Llegó pues a una parte, aquello destrozó todo lo que había imaginado de aquel lugar, gritos, sollozos, elfos tirados por doquier, aquello parecía una pesadilla pues para nada se había imaginado. Nervioso y agobiado por la cantidad de elfos, buscó un lugar donde descansar, no tardó en encontrar una pequeña esquina vacía donde podría sentarse.

Mavelith ya no recordaba cuanto tiempo llevaba sin dormir bien o cuanto hace que empezó su instrucción al mando de Varedis y otros cazadores de demonios que se encargaban de instruir a los futuros cazadores de demonios, pero lo que si recuerda es cuando le entregaron sus nuevas armas y se deshizo de aquella armadura que le había acompañado durante años pues su instructor le dijo que no iban a ser necesarias desde este momento, tenia mucho apego a aquella armadura, así que la guardó en un lugar del templo por si algún día la necesitaba junto a su arma.

Durante la estancia que estuvo allí se cuidó de hablar lo menos posible con la gente, muchos habían sucumbido a la locura y las peleas y las muertes se habían convertido en algo ya común al paso de las semanas, lo único que mantenía ahora cuerdo a Mavelith era su instrucción, el tiempo que no pasaba siendo instruido o descansando lo pasaba mejorando sus habilidades con aquel par de gujas, era inevitable en el, pese a haber decidido seguir aquel camino, en su espíritu seguía siendo un guerrero.

El cazador de demoniosEditar

Por fin había cambiado la rutina diaria, tras más de un mes de entrenamiento habían citado a muchos de los que a lo largo de las semanas se habían adiestrado a la par que él, podía recordar alguna de las caras aún que los nombres los había olvidado, realmente desde que había llegado a aquel lugar no se había relacionado con nadie, no conocía a nadie y tampoco había llegado hasta allí para conocer a nadie, muchas veces había pensado de renunciar, pensaba en si él terminaría como muchos de los cadáveres que sacaron de las salas, pero sabia que no había vuelta atrás y debía enfrentarse a su miedo.

No tardó en sorprenderse al ver que aterrizaba frente a ellos Lord Illidan, ya no recordaba cuando había empezado a llamarlo por lord, la presencia de Illidan no le hacia más que dar la sensación que iba a suceder algo importante. Entonces Illidan habló sus palabras no eran reconfortantes pero era hora de empezar, no sabia el qué pero pronto lo descubriría se sentía tan cerca del tan deseado poder.

Perdió el número de rituales que se habían realizado ya pero por cada uno que se hacia su espíritu se iba derrumbando, Illidan tenia razón muchos de los aquí presentes no pasaban ese ritual sentía como su orgullo se iba desintegrando en trocitos y como sus piernas le temblaban, sabia que un poder mayor requería un alto precio, pero esto no entraba en sus expectativas. Otro de los aspirantes murió, ya quedaban pocos para pasar el ritual, Mavelith se infundió en valentía y se adelantó, ya no había vuelta atrás ya solo habían dos caminos, el poder deseado o reunirse con su familia en la muerte, pronto lo descubriría.

Se adelantó hasta las runas del suelo para seguidamente escuchar las palabras de Illidan y ver esta vez en primera persona como aparecía un demonio frente a él. Ante él apareció un Guardia de cólera, alto, imponente y ataviado con dos grandes hojas que de seguro cortarían su carne como si de queso de Dalaran se tratase. El Guardia de cólera como sabiendo lo que ocurría a su alrededor se abalanzó sobre Mavelith sesgando el aire con sus dos grandes espadas, el acero no tardó en chocar, pese a que la agilidad del sin'dorei eran superior el demonio demostraba ser un guerrero sorprendente y un verdadero reto para él, las heridas no tardaron en reflejarse en ambos, pese a que había herido al demonio parecía que solo él sintiera el dolor de los cortes, su movilidad era reducida dentro de la zona de combate y los ojos de Illidan no hacían más que ponerle más nervioso. En uno de los ataques del demonio Mavelith se vio atrapado contra la pared mágica, el demonio no tardó en aprovechar la ventaja y atacó con una de sus grandes espadas contra el elfo, este intento bloquear el ataque con su guja pero solo pudo evitar el que corte en el hombro no le seccionase el brazo, en ese momento aprovecho para realizar un rápido ataque con su otra guja, el ataque destrozó el estómago del demonio, este se tambaleó hacia atrás y Mavelith lo sentenció con un limpio corte en la garganta.

Estaba vivo, lo había logrado, no pudo evitar gesticular una sonrisa de victoria mientras se caía de rodillas frente al demonios, sabia que esto no había terminado, Illidan se mantuvo impasible, hacia tiempo que ya no le indicaba a sus adeptos como debían proceder, todos habían visto que había que hacer una vez derrotaban al demonio. Clavó su guja en el pecho del demonio y abrió su carne en busca de su corazón, cuando lo encontró dejo caer las gujas y arrancó el corazón sosteniéndolo en sus manos. El miedo volvió a reinar su mente, pero no había llego tan lejos para nada abrió su boca y se acercó lentamente el corazón su boca, los segundos le parecían minutos en aquel momento, dio un mordisco a aquella carne y con intención de saborearla lo mínimo posible se lo tragó notando como descendía por su garganta, era repugnante. Ahora introdució sus manos en el cuerpo del demonio, notaba como la sangre le quemaba las heridas de las manos, se llevo las manos a la boca e inclinando la cabeza hacia atrás bebió la sangre del demonio, el escozor, el olor y la sensación dentro de su estómago eran insoportable, la cabeza le daba vueltas mientras escuchaba la vos murmurante de Illidan, la sensación iba en aumento, el dolor poco a poco se volvía insoportable, sentía como su cuerpo se quemaba, se llevo las manos a la cabeza y sus gritos taparon la voz de Illidan, era insoportable, iba a morir después de todo, iba ah... Todo quedó a oscuras.

Entonces, estaba allí, en lo que fue su hogar, destruido, arrancada su belleza por la Plaga a la cual había maldecido tanto en sus sueños pero aquello no era real, allí estaba otra vez el demonio o uno muy parecido al que había matando anteriormente se apresuró a coger una de las armas del suelo y se apresuró a luchar contra el demonio, había perdido practica en las espadas pero fue suficiente para derrotar al demonios, algo en su interior le forzó a abrir en canal al demonio y devorar su corazón, las voces en su cabeza le susurraba, las visiones se sucedían una tras otra a cada cual más horrible que al anterior, gritó pero seguía escuchando, cerró los ojos pero seguía vendo, no podía aguantar más, su mente borró los recuerdos de ese momento pero bien recuerda ese momento en que dejó de ver el sentir de la sangre manando de sus ojos y como en sus manos sostenía un ojos, después, todo terminó.

Tardó mucho en adecuarse en su nuevo ser, recuperar su vista, su piel escamada, largos cuernos, los susurros en su cabeza y los tatuajes requirieron de largo tiempo para por acostumbrarse a todo, no fue fácil y lo recordará como uno de los peores momentos de su vida pero era el precio a pagar por su codicia, por su poder.

Finalmente participó en la invasión de Nathreza, algunas cicatrices le recordarán por siempre la lucha encarnizada contra los demonios de aquel planeta. Con todos los acontecimientos vividos y con la muerte de Kael'thas no hizo más que aferrar su lealtad a Illidan. Cuando los extranjeros llegados de Azeroth atacaron el Templo Oscuro, Mavelith cruzó el portal a Mardum junto con el resto de los de su clase.

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