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Malas nuevas del Oeste

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Del diario de viaje de Januar Luz de Plata. 



"Llegamos hace unos días a Ventormenta desde el sur. La Orden ha tenido un largo viaje desde que subimos por la Bahía de Tuercespina y algunos tienen un más que merecido descanso, por lo que nos hospedaremos en esta ruidosa ciudad unos días. 

No es tan segura como antaño, las calles parecen haberse llenado de delincuencia por algunos de sus rincones y no me fío de la corrupción que emana el aire de sus gentes. 

Estamos en el Barrio de los Magos, al menos ahí estaremos seguros hasta que llegue al muelle el barco que nos llevará a las frías tierras de Rasganorte. El resto de la Orden sigue en Kalimdor, asentados en la base, a la espera de órdenes. Todo parecía tranquilo en Vallefresno. Al igual que las tierras de Feralas y Sierra Espolón parecen haber sanado gran parte de esa magia que hacía tanto se había marchitado por los problemas del mundo. 

Sólo nos queda esperar. 

Sin embargo, siento como si la tierra llorase. Las aguas no descansan tranquilas, el mundo sufre. He estado hablando con el Señor Esmeralda y algunos druidas más de la Orden. Ellos siempre sienten el dolor en cada resquicio de la tierra, pero no. Esta vez es distinto. Algo altera las lineas ley. Y no solo eso. También los rios, los pájaros, el viento que recorre las montañas. Quizás sea una sensación extraña que deja escapar esta ciudad. Quizás sólo sea eso. "



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"Tras meses sin saber noticia, hoy llegó junto a nosotros el doctor Thausam. Ese huargen desaliñado llevaba ya tiempo sin dar muestras de vida. Siempre había sido muy independiente y con un sentido de la aventura que lo había mantenido a nuestro lado durante largo tiempo y a su vez, errante como un alma solitaria por las tierras de Azeroth. 

Pero hoy ha vuelto. Y sus nuevas que ha traído consigo, han sido malas. 

A sólo un día de marchar de Ventormenta, Oliver llegó a nosotros apresurado, nervioso. Traía noticias del Oeste, noticias nada tranquilizadoras. 

"Garrosh ha escapado". Ese maloliente y maldito orco, aquel al que debieron de ajusticiar en el momento de su captura, aquel responsable de tantísimas muertes y sufrimiento. ¿Lo habían dejado escapar? No, parece ser que tuvo ayuda. El rumor corre por las calles de Ventormenta y algunos miembros de la Orden temen un futuro conflicto. 

Si no ha actuado solo y si ha podido escapar de autoridades que lo tenían preso con una seguridad tan férrea ha de ser peligroso. 

Nos estamos cuestionando nuestro viaje a Rasganorte... Quizás debamos permanecer en Ventormenta un poco más hasta tener noticias. Desde el norte no podremos estar atentos a las nuevas que tengan lugar acá en los Reinos del Este. O las tendremos tarde. 

Vamos a esperar. Quizás unos días más. Quizás unas semanas. Tenemos que partir tranquilos y con la seguridad de que nada nos hará volver una vez hayamos partido hacia la mar. Sólo esperar...



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"La tierra tiembla. Ventormenta está completamente desalojada. Sólo la recorren civiles asustados y alguna vigilancia que, temerosa, sigue defendiendo sus calles. 

La mayoría de guerreros, soldados, mercenarios y demás gentes del acero y espada marchan ahora hacia el sur. Hace unos días, se dio la voz de alarma de que el Portal Oscuro escupía feroces orcos por doquier que asolaban el lugar. Tomaban las tierras adyacentes a Tierras Devastadas y el contingente parecía ser infinito.No sabemos si esto tiene relación con Garrosh y su huída... No. No puede ser. Son demasiados orcos. Parecen haber salido de la nada, haber nacido de la noche a la mañana y emanado de la tierra. 

Los pueblos de los hombres se movilizan con velocidad a detener la amenaza. Forjaz recibió primero la noticia. Luego fue hecha llegar a las sociedades draénicas y kaldoréis del Este. Todo está pasando muy rápido y parece que la amenaza está siendo feroz...



La Orden ahora se cuestiona, ¿qué hemos de hacer?"




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"Viajamos al sur. Definitivamente, no nos queda más remedio. 

Juramos lealtad a la alianza y a los pueblos que la componen. Juramos defender nuestro mundo codo con codo ante cualquier amenaza que atacara a los fieles miembros de su sociedad y unión. 

La que se nos avecina es grande. Esta enfermedad que asola la tierra puede salir de más allá de Tierras Devastadas. Puede llegar hasta Ventormenta. Puede cruzar el mar. Puede azotar nuestra amada tierra, Kalimdor. Y ahí, no podríamos hacerla frente solos. Hay que detener el virus antes de que sea demasiado tarde. Como Orden, haremos lo que tenemos que hacer y pondremos a disposición de la Alianza nuestras manos, nuestros arcos, y nuestras espadas... Una vez más. 




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"Llevábamos días de viaje cuando por fin vislumbrábamos a lo lejos las áridas y rojizas tierras del lugar. No hacía demasiado que algunos habíamos pisado el lugar, cuando descansábamos en Nethergarde antes de tratar de llegar a las lejanas tierras de Terrallende...

Ahora todo es distinto. Al parecer, Nethergarde ya no existe. O al menos, lo que había quedado de su fortaleza no es más que fuego, roca y muerte. Y orcos, eso sí. Muchos. 



Habíamos llegado a Mechasur donde la pequeña ciudad había sido desalojada. Ya sólo quedaban algunos militantes que se disponían a continuar con el resto de los suyos a las costas. 

Al parecer el ataque se haría diariamente. Se desembarcaría, pelearía, y volvería al barco. ¿La intención? Dormir tranquilos, supongo. Dormir sin el miedo a que un orco raje tu carne y vierta tu sangre en tan maldita tierra mientras descansas. 

Nuestra embarcación es pequeña, tomada desde Mechasur. No tardaremos en llegar al barco. No sabemos lo que nos encontraremos allí. No tenemos noticias de Thausam, para variar. Salió hace días, antes que nosotros incluso. No sabemos qué ha sido de él, ni donde se encuentra. Algo nos huele mal, y tememos que se haya inmiscuido en el frente, solo. "



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"Llevamos varios días en este barco infectado de humanos y la convivencia no es buena. Su orgullo les impide ver el número de bajas que están regalando al enemigo y hacen oídos sordos a cualquier palabra. Ya esperábamos este trato a los elfos. 

Por suerte, no todos los humanos son iguales. Al menos de momento. 

Encontramos a Oliver Thausam en primera línea de batalla. Siempre ha sido un buen doctor, pero estaba arriesgando demasiado. 

Días más tarde, Silver llegó también al barco humano. Llegaba desde la fría Rasganorte... Aunque eso es otra historia. 

En estos días, hemos acompañado a los humanos en la batalla. Los orcos son seres temibles en el combate, no guardan piedad alguna en sus fríos corazones. Han llegado a este mundo con sed de sangre y no se cortan de modo alguno en arrebatar vidas por muy conmovedoras que sean las súplicas de sus víctimas. 

Vivo con la sensación de que en cualquier momento todos vamos a caer. Subestimar al enemigo nunca es bueno..."



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"Mi aprendiz estaba en el campo de batalla. No lo creí cuando me lo dijeron, pero parece que así fue. La dejé en Ventormenta, instruyendo su conocimiento en la simple y humilde biblioteca del Barrio de los Magos. No podía traerla tan lejos y a este peligro. Sin embargo, me ha desobedecido como viene siendo costumbre. 

Alan me informó. Curioso que la noticia le haya llegado a él antes que a mí. Sumado a sus intentos de salir a buscarla y a ese ímpetu por hacerla regresar me hacen sospechar. ¿Qué tipo de afecto mueve las acciones de este druída hacía mi aprendiz?



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Estamos heridos, y mucho. He enviado misivas a todos los miembros de la Orden. A los druidas, a las sacerdotisas. A cada mago y a cada arquero. A cada forjador del frío filo de las armas. No podemos con esto solos. 

Salimos de aquel barco hace días. Seríamos más útiles en primera línea de batalla. 

Encontramos a mi aprendíz. Herida e inconsciente. Quizás también algo consternada ante tanta sangre. Pero había sobrevivido. Eso era lo importante. 



Hemos organizado a cada elfo de la siguiente manera en el campo de batalla:



- En primer lugar, aquellos druídas que dominan el poder de la garfa recorren los cielos previos a nuestros pies. Nos informan del número de orcos, de su armamento. De sus máquinas de Asedio. El señor Esmeralda ha capitaneado los cielos con el resto de druidas mientras un contingente de arqueros y los guerreros más experimentados les pisaban los talones atrás. 

Silver ha ido dirigiendo cada pelotón hacia los grupos orcos. Siendo rápidos y, aunque inmerecidamente, indoloros ante los orcos. 



- La maquinaria de asedio que portan estas criaturas era un inconveniente grave, por lo que Rienthal y algunos altonato se han infiltrado sigilosos y con un mánto de invisibilidad entre las fieras de hierro y madera, convirtiéndolas en cenizas. 



- Las sacerdotisas se mantienen detrás. Algunos druidas con ellas, otros, atacan junto con Silver el frente. Preparan vendajes como si les fuera la vida en ello. Tratan pócimas y hierbas traídas desde Kalimdor. Sanan a todo herido y dan una merecida despedida a cada hermano que se nos marcha. 



Esto se hace interminable."  

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