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Los Santos Vivientes de Belore Emperador

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Los Santos Vivientes de Belore Emperador.pngLos Santos Vivientes en el Reducto de la Tradición, Tierras Fantasma de Quel'Thalas.

Trasfondo:Editar

Los Santos Vivientes de Belore Emperador fue una organización religiosa fundada por Ashel Soldras y Vindar Ruedasolar a comienzos del año 28 DAPO. Ambos líderes, que empezaron a denominarse Apóstoles Perfectos, razonaron la creación de la orden como reacción contra la decadencia de Quel’Thalas y la política pasiva del Regente Lor’Themar Theron que según su pensamiento permitía la libertad de cultos, consentía el tránsito de no-muertos en el reino y favorecía la brujería. Además, se le acusaba de ser siervo de Sylvanas y estar domeñado por el Orco Negro (Garrosh Gritoinfernal).

La Orden de los Santos comenzó a predicar públicamente primero en la ciudad de Lunargenta hasta que las autoridades les apresaron varias veces por escándalo público y alteración del orden. Una vez salieron de prisión continuaron con la expansión de su mensaje mediante la colocación de panfletos infamantes como el que se recoge a continuación en el que queda expuesto su ideario:

***

“¡Hijos del Sol, yo os saludo!:

En estos días negros en los que la moral ha sido pisoteada, los valores aniquilados y la soberanía encadenada a los brutales infraseres conocidos como la Horda, os informo de que hay una solución, la REBELIÓN ARMADA contra el gobierno usurpador que nos vende y nos denosta. Los motivos os los ofrezco a continuación.

¿Quién capitanea ese mal gobierno?

El Señor Regente Lor'themar Theron. Antaño conocido como capitán forestal, hoy apóstata filorenegado que procura la destrucción de nuestra Tradición Cultural, la mezcla racial con criaturas infernales que borra nuestra identidad como los predilectos hijos de Belore, el relativismo más ateizante contra el Sol Eterno, nuestra subyugación hacia los dictados de los monstruos orcos, no-muertos antinatura (los herederos de la Plaga, ahora renovada), así como a usureros goblin, bestiales trols (enemigos milenarios de nuestro pueblo) y los animales bípedos llamados tauren. No contento con todo ello, protege las Artes Negras como la brujería, la nigromancia, el culto a las Sombras y las llega a fomentar en contra de la difusión del Sacrosanto Clero Beloriano.

El objetivo de este maquiavélico e infame plan no es otro que finiquitar el espíritu de nuestro pueblo: Nos quiere quitar nuestra Tradición, nuestra Religión y nos quiere hacer olvidar nuestro Pasado, con el objetivo de moldear una nueva nación abominable y revolucionaria que esté bajo un ciego servicio a la facción militar e imperialista que nos domina, la infeliz Horda.

¿Pero acaso no nos protege la Horda?

¿Que nos protege de quién? ¿De la Plaga? ¡Atroz falacia! Propaganda de Sylvanas, la Reina Exánime, que extiende su influencia por nuestro territorio para descabezarnos nuevamente tal como lo hizo su predecesor, el Príncipe Arthas Menethil. Con más insistencia se nos habla de lo perentorio que es la presencia 'aliada' en las Marcas del Sur, cuando se hace cada día más patente su carácter prescindible. No nos dejemos engañar: los antinatura están esperando la orden de su Dama Oscura para completar el Plan de la Plaga y reducirnos a todos a la no-muerte bajo su servicio. Pues digámoslo bien alto: LOS RENEGADOS SON LA PLAGA.

¿Pruebas? Véase lo que hacen en las Tierras de la Peste, en Trabalomas, en las tierras Altas de Arathi. ¿Vamos los Hijos del Sol a proteger y a colaborar con la misma Plaga que nos diezmó? ¿Vamos a ir en contra de la Ley Natural de Belore y apoyar lo contrario a la misma? NO, PORQUE SOMOS FIELES A SU DIVINA LEGISLACIÓN.

Pero no solamente acaba aquí la perniciosa influencia de la Horda en nuestras vidas. La Horda, siempre salvaje, bárbara, pagana, demoníaca y mefítica, ha impulsado el más destructor libertinaje en nuestra patria: mujeres que se comportan como súcubos, hombres concupiscentes, fornicación fuera del matrimonio, divorcios, adoración de Ídolos Falsos que niegan a Belore, atuendos escandalosos. Por lo tanto, podemos concluir que la Horda no solamente no nos protege, sino que nos ENVENENA Y SUPRIME.

¿Pero cómo es posible que haya tanta corrupción en tan poco tiempo? ¿Por qué se permite?

Porque hay una REGENCIA INTRUSA que se afana en conseguir la perpetuación de estos cambios para sublimizar el proceso de esclavización de la sociedad sin'dorei. El que os habla, ha sido privado de la libertad y condenado a muerte por abrazar la Tradición y por dar vivas a la dinastía legítima y a sus reyes, los Caminantes del Sol.

¿Pero no es legítima la Regencia al haber sido designada por el Príncipe Kael'thas Caminante del Sol?

Tiene la legitimidad de origen, es cierto, pero no la de EJERCICIO. El Regente debe proteger la Tradición, la costumbre, la Religión y nuestros valores ancestrales. Tiene el deber de gobernar para el BIEN COMÚN de todo el pueblo. Teniendo en cuenta todo esto, miremos a su alrededor: ¿Ha defendido el Regente lo consuetudo? No, es más, promueve su eliminación auspiciando nuevas corrientes ideológicas extranjeras que se oponen a las nuestras. ¿Ha defendido la Religión? No, infecta la sociedad con la inclusión de paganos de la Horda, de brujos que pactan con la Legión Ardiente, de nigromantes y Caballeros de la Muerte que dan alas negras al Culto de la Sombra, primera enemiga de Belore y anatema por antonomasia. ¿Nos ha conducido al Bien Común? No, cada día mueren más sin'dorei por una Horda extranjera, que estanca el crecimiento natural, que no permite un desarrollo de una economía, cada vez en manos de forasteros. No se ha reconstruido la Patria, no se han recuperado las Tierras del Sur, se nos ha privado de autonomía, se le ha arrebatado la soberanía a la Corona para dársela a un descerebrado orco alienígena amante de la Reina Exánime, que se hace llamar Jefe de Guerra; quien solamente nos ve como peones para sus juegos bélicos, como números desnaturalizados, sin alma. Todas estas pruebas que aporto, demuestran que la Regencia colaboracionista con la Horda, ha mantenido un claro y obsceno ABUSO DE PODER que la convierte en ILEGÍTIMA e INTRUSA.

Así pues, hijos del Sol os digo, sin ningún tipo de duda y con la pura Verdad, que tenemos LEGÍTIMO DERECHO A LA REBELIÓN.

Empuñemos las armas con decisión: Por la Dinastía Legítima, por Quel'Thalas, por los valores de nuestros antepasados y por el Sol Eterno.

¡MUERA LA REGENCIA INTRUSA Y SU HORDA REVOLUCIONARIA! ¡VIVA BELORE EMPERADOR!”

***

Como consecuencia de la colocación de estos panfletos la Regencia los acusó de alta traición y rebelión, por lo que la Orden pasó a establecerse en una zona montañosa del extremo meridional de las Tierras Fantasma, donde construyeron un enclave al que bautizaron como El Reducto de la Tradición. Desde allí continuaron captando más thalassianos descontentos con la situación del reino que prontamente se radicalizaron.

Durante varios meses los Santos Vivientes llevaron a cabo una guerrilla por todo el sur de Quel’Thalas, cuyos objetivos predilectos fueron los correos de la Regencia, patrullas de la Dama Oscura, y razas no élficas de la Horda. Los forestales recogen en sus archivos que hubo más de doscientos muertos por las acciones de los Santos, contándose más de siete autos de fe en su base.

Santistas en el bosque.jpg

Santistas retirando armas de un depósito oculto en el bosque.

La indumentaria con la que se ataviaban consistía en togas blancas con las que se cubrían de la cabeza a los pies, portando antorchas que iluminaban las zonas oscuras de los bosques muertos de las Tierras Fantasma por los que transitaban. También se cuenta que protagonizaron actos de bondad con elfos de sangre que se encontraban perdidos o secuestrados bien por reductos de la Plaga o de los trols Amani. Sin embargo, la mayoría de sus acciones eran ofensivas contra los enemigos de su fanática orden.

Los servicios de inteligencia del Alto Reino desconocen cuándo se aliaron Los Santos con la unidad kaelthiana del Ala de Fénix. No obstante, se tiene constancia de su participación conjunta durante el golpe de Estado a la Aguja Furia del Sol en la cual la Orden de los Santos Vivientes fue destruida por las fuerzas de seguridad de Lunargenta, que padecieron a su vez numerosas bajas por el ataque de los religiosos y sus seguidores civiles.

Actualidad:Editar

Los Santos.jpg

Grupo de santistas en una peregrinación hacia el Reducto de la Tradición en las Tierras Fantasma de Quel'Thalas

La muerte de Los Santos Vivientes ha tenido una notable repercusión en la religiosidad beloriana de Quel’Thalas. Son vistos por los ciudadanos tradicionalistas como una muestra del orgullo racial y patrio que se opuso a las ideologías extranjeras y que supuso un cambio en la política del reino como lo demostraría la ofensiva de los Atracasol en Pandaria y la rebelión contra la Horda de Garrosh. No obstante, no se conoce hasta qué punto el martirio de los Santos influyó en las directrices políticas de Quel’Thalas.

Lo que sí es cierto es que los mártires de la Tradición, como se les denomina, están ganando popularidad y algunos sectores muy radicales de ciertos cultos belorianos han oficiado misas clandestinas en su honor, así como elaborando imágenes para la feligresía. Existen casos de soldados que guardan las figuras de alguno de los Santos como protección, especialmente aquellos que parten a Kalimdor para luchar contra la Horda garroshista. Por la otra parte, la Regencia condena a Los Santos y provee su erradicación dentro del Alto Reino, así como la inclusión de sanciones para quienes les adoren.

Recientemente, el Reducto de la Tradición se ha convertido en lugar de peregrinación por parte de los santistas fanáticos, donde se realizan de forma marginal y fuera de la ley autos de fe, así como misas y otro tipo de ceremonias religiosas dedicadas a la Comunión de los Santos Vivientes. Asimismo, los forestales afirman que en las Tierras Fantasma ocasionalmente se detectan individuos con togas blancas que siguen la forma de vida de los mártires. No obstante, el santismo como doctrina sigue siendo residual y minoritario, incluso entre los belorianos conservadores.

Membresía:

Apóstol Perfecto Vindar Ruedasolar, Apóstol Perfecto Ashel Soldras, San Taldemar Nacámbar, Santa Divaria Esmeldis, San Dalnar Filosol, San Athaniar Balthareon, Santa Adiloth Taergir, San Adirhael Sin’Thael, San Milfarion Fénix del Sol, Santa Tashaldra Filodorado, Santa Hanila Llamaviva, San Nildoril Espada del Sol, Santa Melvaria Pileser, San Aldasur Sangrepura, San Imethril Delmarion.

Textos relacionadosEditar

1-. En el Desfiladero de la Santidad:Editar

- Mil veces bendito sea su nombre. Él, Sol Eterno que insufló la Luz en la nada y la llenó de vida. Motor y conservador de la Creación, nos hizo su culmen, su Gran Obra Maestra. Y entre los Hijos del Sol, sabeos los Elegidos de Él. Nosotros, somos los Puros. Santos en vida que consagramos cada instante de nuestra existencia a la subliminación del Plan Maestro de Belore. Levantaos, Primados de la Verdad, Luz que nunca muere. Esta noche, la purga contra los anatemas nos reclama. - proclamaba el capellán del grupo contrarrevolucionario denominado Los Santos, de espaldas a estos, mientras sus ojos se clavaban en una pequeña estatua que simbolizaba a Belore en forma élfica.

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Las estrellas brillaban con un tono asfixiado, como si la niebla grisácea que nacía de los hongos de las Tierras Fantasma apagase su fulgor. La noche estaba en calma, tan sólo se escuchaban los sonidos metálicos de las armaduras de placas negras con volutas carmesíes de los guerreros y caballeros de sangre, mientras los pliegues de las togas de magísteres y sacerdotes murmuraban melodías fúnebres. Tras horas de dificultoso ascenso, aquellos a los que la Regencia tildaba de bandidos y rebeldes extremistas se habían posicionado sobre un terraplén en mitad del Desfiladero Thalassiano; apenas respiraban, permaneciendo en total quietud, aguardando el momento.
- Vienen los antinatura. - anunció un forestal de espantosa delgadez, cuyo rostro estaba salpicado de pequeñas cicatrices, pese al vano intento de ocultarlas con su cabello pelirrojo.
- Santo Nacámbar, Santa Esmeldis, rodeen a su portaestandarte. Santo Hadros, preparad a los magíster para el bombardeo. Santo Filosol, bajen por la ladera y colóquense detrás de su formación. - El capellán, Ashel Soldras, cerebro de la operación y de la organización, repartía las órdenes en un tono enérgico, imperioso. Cualquiera hubiera dicho que en lugar de un sacerdote de baja casta, era un general experimentado. Tanta impresón causaba, que hasta veteranos bajo su mando lo obedecían sin chistar. El religioso se asimilaba a esas estatuas pías de mártires de época quel'dorei, en la que fueron expulsados por los elfos de la noche, hacía más de diez milenios. Llevaba el pelo a la altura de la cintura, del color de la plata bruñida, liso y escaso. La delgadez que se entreveía en su carne mostraba unos pómulos afilados  y enjuntos, que servían de altar a unos brillantes ojos azules pe-netrantes. Nunca había tomado cristales de magia vil, y nadie sabía con certeza cómo podía haber aguantado a la adicción. Él decía que su sustento era la Luz, y no la sangre de los demonios.

- ¡Viva Belore Emperador! ¡Segunda Muerte al antinatura! - Rugieron Los Santos como una sola entidad mientras descendían  raudos como un viento furioso. Los renegados, unos treinta soldados de infantería ligera que se movían a pie, excepto su capataz, que marchaba a lomos de un caballo esquelético, se detuvieron en seco.
- "Y Belore arrojará al Fuego Eterno al impío, al apóstata y al anatema. Aquellos que rompen su ley son sus enemigos. No habrá misericordia para ellos. No habrá otro destino salvo la liquidación sempiterna." - Entonó en una salmodia que rasgó el éxtasis el capellán Soldras desde lo alto de su posición estratégica. Los no-muertos vertían miradas cargadas de pavor en derredor, tratando de localizar su posición. El salmo sagrado causó un eco entre las paredes montañosas del Desfiladero Thalassiano que magnificó el timbre de su voz. Y finalmente, se hizo la luz.

Una luminaria más brillante que cualquier fuego emanó de las manos del religioso y prendió en los podridos huesos del abanderado renegado, que comenzó a aullar de dolor y a patalear el suelo en espamos de agonía. A los pocos instantes la negrura se apoderó de él, y dejó de moverse. El resto de su compañía militar se agrupó en la formación de erizo e interpusieron una muralla de escudos en forma de calavera ante los elfos, que se aproximaban hacia ellos lentamente, como un verdugo que saborea el cuello de su víctima antes de cercenarlo.
- ¡Sea el fuego el elemento purificador! - Volvió a exclamar el sacerdote, dirigiéndose a los dos magísteres que preparaban un conjuro de lluvia de fuego que rompió el bloque defensivo de los soldados de Sylvanas en una vorágine crematoria que iluminó la noche en una llama purificadora. Aprovechando la desbandada de los renegados, los caballeros de sangre y guerreros cargaron contra ellos y los despedazaron mediante Luz y acero. Ninguno consiguió escapar.
- Que la purga del anatema sea el camino de la Salvación de vuestras almas. Vuestra Santidad ha sellado su resolución en la extinción de estos antinatura. Belore está satisfecho. - Dijo el capellán mientras dedicaba miradas ausentes a los cuerpos abrasados y devastados de los sylvanitas. - Hoy la Patria dormirá tranquila.
- Venerable, ¿qué hacemos con este? - Preguntó una Dama de Sangre que tenía el rostro cubierto por una máscara dorada de gesto impertérrito, vacío de expresividad.
- Santa Esmeldis, me alegra que me lo preguntéis... - El sacerdote clavó sus ojos llameantes en un agonizante renegado que boqueaba patéticamente los últimos estertores de no-vida que se le escapaban poco a poco y le dedicó una mueca que pretendía ser una sonrisa.

Tras despuntar el alba, una patrulla de forestales en misión de reconocimiento encontraron parte del pavimento del camino del Desfiladero carbonizado con restos de miasma rojizo desperdigado en varios metros a la redonda. Uno de ellos, seguramente un aprendiz todavía, encontró trozos de tela en los que logró distinguir símbolos del blasón de la Dama Oscura.
- ¿Habéis visto eso? - Le despertó de su ensimismamiento el murmuro de sus compañeros de armas.
- ¿El qué? - Inquirió el joven thalassiano en tono curioso. Sus compañeros apuntaron con el dedo a la gran arcada natural de piedra que formaba la entrada natural a Quel'Thalas desde la antigua Lordaeron. De ella pendía el cadáver de un renegado que tenía colgado un letrero que decía en Thalassiano: Purgado.


2-. Auto de fe:Editar

El Reducto de la Tradición hervía de actividad. Localizado en las agrestes montañas meridionales de las Marcas del Sur, el campamento base de Los Santos consitía en un par de tiendas de campaña militar cuidadosamente establecidas en lo alto de riscos, y de banderas tradicionales de la Quel'Thalas de Anasterian y del Príncipe Kael'thas, antes de su Traición. Sin embargo, lo que más sobresalía era la estatua de Belore en su forma de Emperador, representado en forma élfica sobre un trono y sosteniendo un sol en su mano izquierda, más un cetro en la derecha. A pesar de que no eran más de una docena, el ajetreo creaba la ilusión de que eran un auténtico regimiento. En el centro del campamento, se encontraba un pequeño cadalso levantado con troncos y relleno de hierba seca, de él sobresalía una larga estaca en la que se encontraba una figura maniatada. 
- ¿Admites entonces tus pecados? - Inquiría el Apóstol Perfecto Ashel Soldras al prisionero, un elfo de sangre de piel bronceada y cabello castaño claro.
- Sí, sois unos cerdos. Soy un leal soldado del Jefe de Guerra. Me enorgullezco de haber combatido en Kalimdor junto a mis camaradas trols y orcos. Lok'tar ogar. - Respondió el interpelado con los ojos rabiosos.
- ¿Crees en Belore? - Continuó el religioso preguntando.
- No. Creo en mí mismo y en el filo de mi hacha. - Contestó el thalassiano miembro de la Horda.
- Muy bien, muy bien. Así que no solamente reconoces tu apostasía y tu trato degradante con nuestros esclavistas, sino que encima te enorgulleces de eso.  Es más que fehaciente que sufres de una corrupción provocada por el contacto con esos monstruos. Lamentablemente para ti, la única solución para que tu alma tenga un mínimo de probabilidades de salvarse es purificándote en vida. - Dijo en voz alta el sacerdote, en un tono plano, que no denotaba ninguna emoción, ni alegría ni odio. - No sabes cuánto me duele cuando es un Hijo del Sol desagradecido el que reniega de su padre.

El resto de Los Santos vestían togas radiantemente blancas, que brillaban con tonos anaranjados por el resplandor de las antorchas que cada uno sostenía en posición ceremonial.
- En nombre de Belore, de la Dinastía Legítima y de la Verdadera Quel'Thalas, yo te sentencio a morir por el fuego. Morirás como el orco que eres, y si el Sol Eterno lo quiere, renacerás como un perdonado hijo suyo. De lo contrario, te aguarda la oscuridad que no tiene fin, la inexistencia. - Dictaminó el Apóstol. - Santos, Puros. Que la llama lo consuma. - Tras la orden, los togados descendieron sus antorchas hasta que las primeras llamas lamieron la madera y la yesca, que prendió con un rápido fogonazo. Una cortina de humo ascendió en espirales mientras la temperatura aumentaba vertiginosamente.
- ¡Por la Horda! ¡Por Garrosh! - Gritó desesperado el apóstata, empapado en sudor, hasta que sus aclamaciones dieron lugar a espantosos chillidos de dolor y sacudidas contra la estaca. Los Santos lo contemplaban con miradas ausentes, algunos con rostros de dolor y tristeza en el corazón por tener que acabar con un hermano de raza extraviado.

Finalmente, el cadáver del hordizante cayó calcinado, desgajándose en montoncitos de ceniza junto al pequeño escenario en el que se hallaba. Cuando la llamarada acabó por consumirse en la pira de purificación, el Apóstol Perfecto se prosignó ante ella y levantó una plegaria por el alma del purgado. Después de dos meses de lucha contra la Regencia Intrusa, era el primer sin'dorei con el que se habían visto obligados a acabar. Le habían ofrecido el perdón, la oportunidad de arrepentirse, pero no la aceptó.
- No logro entender cómo alguien puede traicionar de este modo a sus antepasados ni a su tradición. - Decía Taldemar mientras recogía las cenizas.
- Ni yo. A mi hermana la asesinaron los trols y a mi padre los orcos durante la Segunda Guerra, cuando quemaron los bosques de la frontera sur. Y a mí me... - La mujer que se cubría con la máscara dorada ahogó las palabras que se negaban a salir de sus labios.
- Sé lo que te hicieron, aún me lamento de no haber podido haber hecho nada por ti. No tienes por qué repetirlo. Belore te devolverá el rostro en la vida futura. Todos los defectos serán corregidos. - El corpulento elfo rubio la tomó de la mano y le dedicó una tierna sonrisa, que hizo estremecerse a la mujer, aunque permaneció en silencio.
- Sabéis que todos hemos sufrido por la culpa de estos monstruos. Por mucho que diga un falso Regente, no vamos a permitir que nos dominen aquellos que son culpables de nuestra desolación. Quel'Thalas murió junto a Anasterian, lo que queda hoy es un espejismo profano e impuro. Es la Anti-Patria. Nuestro verdadero hogar, en el que siempre viviremos, no está en este mundo. - Añadió otro thalassiano ataviado de blanco. Era uno de los guardias que había ayudado a Taldemar a fugarse antes de que lo capturasen.
- Sí, es cierto lo que dices, Milfarion, pero muchos todavía creemos posible la restauración de nuestro reino terrenal. - Contestó la Santa Esmeldis dejando escapar un suspiro.
- Yo también. Pero no me preocupa si lo conseguimos o no. Nuestra causa es eterna, luchemos donde luchemos. Lo hacemos por Belore y por su delegado en la Patria, el Rey del Sol. Allá donde ambos estén, eso será Quel'Thalas. Lo único que queda de ella, es este campamento. Más allá de él, solo queda tierra profana, baldía, apóstata. Como ese traidor vendepatrias que hemos asado. - El guardián escupió sobre las cenizas a medio recoger y se dio la vuelta, volviendo a su tienda.

Los Santos Taldemar y Esmeldis se sentaron en actitud recogida en lo alto del Reducto, esperando deleitarse con aquellos hermosos amaneceres que disipaban las tinieblas de la noche.
- Me pregunto cómo estará mi familia. Temo que los regentistas les hayan hecho algo. - Murmuró con una nota de preocupación el hombre.
- Eres un Elegido, la protección de Belore se extiende a tu familia, estarán todos bien. - Trató ella de aliviarle. Él asintió con un suave cabeceo y se fijó en el recorrido del carro solar anunciando la aurora. La visión de uno de los miles de millones con los que Belore iluminaba el universo le hizo sentir un brillo de esperanza en su interior y entonces recordó las palabras:
- Tienes razón, hermana. "Al final todo será como debe ser".

3-. Reflexiones del Apóstol Perfecto Vindar Ruedasolar:Editar

Altísimo Belore Emperador, a Tus filas encomiendo mi alma en esta noche de sacra voluntad.

La suma de toda mi vida de sacerdocio jamás podrá igualar en mi espíritu a aquello que en una sola noche me has concedido en Tu infinita Gracia y, por lo tanto, superado todo mi conocimiento, me limito a arrojarme al cumplimiento de Tu Voluntad.

Yo, Vindar Ruedasolar, sacerdote de la Verdadera Iglesia del Verdadero Reino, hago constar que he nacido de nuevo en la virtud y la responsabilidad de preparar la tierra para el retorno de Su Reino absoluto. Como tal lo he declarado, y por tal causa fui apresado tras la sagrada misa de la declaración pública. Dentro de la total tiniebla que oscurece nuestra Patria, encerrado en muros de piedra y traición, fui sostenido por la luz del Altísimo Belore Emperador, trascendido en la soledad espiritual, y engrandecido a Sus ojos cuando me hizo entrega del Destino al prender Su gracia en los corazones de aquellos guardias que cumplieron el cometido de liberarme junto a otro de sus Hijos.

Puesto en clandestinidad por leyes ilegítimas regentistas pero en suprema libertad por Él y para Él, me separé de aquellos Santos que me sacaron de prisión. Vagué en soledad por los antiguos bosques de la Patria y encontré cobijo eremita en lo más profundo de su interior. En oración asceta y austero ayuno supe confirmado el deseo del Gran Belore Único para con mi vida: Su llegada sería cercana y hoy nuestro reino no es digno de Él, debía yo entonces marcar mis esfuerzos por la sagrada lucha de renacimiento espiritual y nacional para nuestra Patria. Belore lo ha grabado a fuego en mi alma y en mi interior arde con fuerza su Voluntad de Hierro. Debía volver al campamento junto a sus Santos y el Apóstol Perfecto para sumarme al Filo de la Justicia Venidera.

Recorro el camino de vuelta que me lleva a la pureza primigenia. Avanzo por los bosques que aguardan en silencio marcial el próximo amanecer y contienen su respiración bajo las estrellas temblorosas ante el poder del Sol Eterno. Porque los tambores del Atlítismo empiezan a sonar para quien sabe y puede escucharles. Porque cuando estos retumban las leyes callan, y nuestro pueblo debe y va a escucharlos con el estremecimiento de la Fe los dignos y del miedo los indignos.

En medio de la más negra noche rompe el cielo en Luz y calor, iluminando los corazones de quienes aguardamos Su llegada. Quien lo ve se asombra al no ser hora de amanecer, pero en lo más profundo de su alma sabe que Belore puede alumbrar el día cuando así lo estime a cualquier hora de la noche; y aquella claridad imperial es Su declaración de omnipotencia. Me arrodillo y elevo mis oraciones.

El fuego de las piras ha amanecido en la noche y mis hermanos me esperan antorcha y espada en mano para que completemos la Magna Obra. Si el Gran Belore, Centro del Universo, así lo dispone, así lo haremos. La noche terminará, y el día llegará en plenas horas negras de la mano del fuego en el que se consumen los paganos, herejes y traidores. Porque sobre sus cenizas renacerá la Gloria del creyente, al igual que sobre la sangre y las ruinas del reino usurpado resucitará el Sacro Imperio Beloriano Thalassiano que se proyectará hacia la Eternidad. Y nosotros, la Comunión de los Santos, seremos su arma más afilada.

No siendo amenaza sino declaración de Santa Guerra y Cruzada contra el mal.
Sea.

Vindar Ruedasolar.
Apóstol Perfecto de la Orden y Comunión de los Santos de Belore Emperador.


4-. Mártires de la Tradición:Editar

La multitud se agolpaba en el Frontal de la Muerte mientras dirigían miradas cargadas de curiosidad a aquel grupo de quince personas que lanzaba proclamas en alta voz: - ¡La Horda se quiere llevar a vuestros hijos, mancillar a vuestras mujeres y hacer que mueran en tierra extraña en una guerra que no es la nuestra! ¡No serviremos nunca a un sucio orco negro! Mientras tanto el Regente se acuesta con la antinatura y nos vende a bajo precio. ¡Rebelaos, Hijos del Sol! Entregaos en martirio a Belore Emperador antes de dar la vida por la falsa Regencia y los monstruos diabólicos de Kalimdor. - Ashel Soldras clamaba con la voz del trueno subido a una pila de cajas con sus albos cabellos tremolando al viento que creaba con sus propios movimientos, gesticulando enérgicamente mientras señalaba acusadoramente con el dedo a la Aguja Furia del Sol - ¡Allí vive nuestro carcelero! ¡El Gran Apóstata! El enemigo odiado de Belore!

A medida que el discurso era coreado con gritos de Viva Belore Emperador enardecidos por el Apóstol Perfecto Vindar Ruedasolar, la masa de sin'dorei crecía. La mayoría se exaltaba rápidamente junto al grupo de Los Santos Vivientes y daba vivas a la Tradición, a la Monarquía, y le dedicaba mueras a la Horda y a los no-muertos. Sin embargo, algún que otro que respaldaba a la Regencia se retiraba de la escena discretamente, en dirección hacia el cuartel de la guardia. La agitación patriótica que empezaba a bullir en las calles de Lunargenta acabó por prender una vez los vigilantes de la ciudad empezaron a movilizarse hacia la posición de los insurgentes, que sabiéndose blanco de cualquier represión, empezaron a movilizarse hacia la Corte del Sol, donde las aclamaciones, los cánticos y las demandas contra el Lord Regente Lor'themar Theron se acentuaron.

- ¡Yo te denuncio como sirviente del Orco Negro, esclavo de la religión de la brujería y protector de la Plaga! ¡El fuego sea contigo, falso regente! ¡Viva Quel'Thalas! - Entre el gentío empezaba a aflorar manifiestos de pasión enfervorecida que se sumaban a los Santos. Algunos portando armas y desenvainándolas en actitudes amenazantes. Pocos minutos después, los Guardianes de la Regencia comenzaron a descender por el puente para disolver a los alborotadores. - ¡Santos Vivientes! ¡A las armas! Belore nos aguarda. ¡Al martirio! - Los Apóstoles Perfectos se adelantaron con toda la escuadra de la Orden de Los Santos, que iban totalmente equipados en armaduras de combate y con las espadas en ristre. Plantaron cara a la Guardia de la Regencia, que titubeó un instante, justo en el momento en el que una embajada de la Horda formada por diez miembros de la misma corría a guarecerse en palacio. - ¡Que no huyan, a ellos! ¡Muerte a la Horda! ¡Viva Quel'Thalas! - Al grito respondieron los Santos y varios ciudadanos poseídos por el patriotismo, que cargaron violentamente contra los embajadores. El Santo Nacámbar fue el primero en cortar de un tajo limpio la cabeza de un orco de piel verdosa, cuyo cadáver hizo una espiral provocada por el reguero de sangre a presión que emanaba del corte, hasta caer redondo al suelo. A este lo siguió una trol que fue empalada por la lanza de la Santa Esmeldis, y después una renegada cuyo cráneo fue reventado por un monárquico de la ciudadanía que la aplastó con su maza.

- ¡Guardias, a ellos! - Un elfo robusto de cabellos rojizos dio la señal de ataque a los protectores del Regente, que se lanzaban con las gujas en alto contra los causantes de la masacre. El Santo Adirhael Sin'Thael murmuró una plegaria y Los Santos Vivientes se vieron escudados por un áurea dorada sacra que detuvo la carga de las fuerzas del Orden. Dándoles la oportunidad de reorganizarse, los tradicionalistas que ya habían dado muerte a la Embajada de la Horda, se volvieron y al grito de Muera la Regencia Intrusa, se entregaron al combate. La multitud chillaba histérica, de las ventanas de los edificios que acordonaban la Corte del Sol se asomaban cabezas cuyos rostros iban desde el pánico más absoluto hasta la más profunda fidelidad, llegando a vitorear a los insurgentes. Los rayos de Sol rosados del atardecer refulgían como llamas en las armaduras de los combatientes de ambos bandos, a la par que la sangre salpicaba a unos y a otros, en todas direcciones. Pocos instantes después, el fragor del combate ya se había cobrado la vida de la mitad de Los Santos Vivientes y de dos docenas de guardias de la Regencia. Sin embargo, ni unos ni otros cejaban en la lid.

- ¡No nos rendiremos jamás! ¡Con Belore a nuestro lado, siempre estaremos en mayoría! ¡Viva la Religión! - Ashel Soldras hacía lo imposible por sanar a los que caían, dándose cuenta de que estaban totalmente rodeados por el enemigo, y que la muerte era inminente. - Viva... Belore... Emperador... - La Santa Esmeldis, que se cubría su rostro con máscara dorada, se dobló de rodillas y acabó por dar vivas a su dios antes de que una hoja de manufactura thalassiana lamiese su cuello e hiciese manar de él el agua de la vida, poniendo fin a su vida. El Santo Taldemar Nacámbar, paralizado por la visión de su amada perecer, renovó la furia de las embestidas contra sus adversarios, deteniendo ataques con su escudo y devolviéndolos letalmente con la espada, hasta que sintió en su estómago el tacto del frío acero. La visión se le nubló y cesó de escuchar el ruido de la batalla. No sentía nada. Paulatinamente, una luz blanca le cegó, sin dejar de ver nada más que un vacío inmenso, en el que comenzaba a dibujarse una figura coronada con rayos del Sol. Esbozando una sonrisa en sus labios trémulos alzó una mano como queriendo tocarlo, y murió.

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Al fin llegó la calma. La Guardia de la Regencia había disipado a los alborotadores que volvían a sus casas con celeridad y el terror en sus corazones. Del puente que comunicaba la Corte con la Aguja Furia del Sol nacía un río de sangre que se desbordaba cayendo en pequeñas cascadas derramándose sobre el foso. Los cadáveres amontonados de guardianes, Santos Vivientes y de los embajadores de la Horda se confundían formando un espectáculo grotesco, hasta que finalmente fueron retirados, las manchas fregadas y la alfombra imperial retirada y finalmente sustituida por otra. Los gólems arcanos rápidamente emitieron sus mensajes de prosperidad, y felicidad, como si nada hubiese ocurrido allí en las calles de Lunargenta. Sin embargo, muchos habían sido testigos de lo que realmente había acontecido, y por la mañana se rumoreaba en tonos quedos acerca del Martirio de los Santos y de cómo habían dado sus vidas por Belore, y por la Tradición.

Una pequeña niña elfa de cabellos dorados y camisón púrpura encendía una vela en el santuario familiar y empezó a rezar ante una representación elaborada en oro de su deidad: - Belore, te pido que protejas a mi familia, a mis amigos. Que no le pase nada a mi papá que se lo lleva la Horda. - la pequeña sollozaba recordando cuando su progenitor había abandonado la casa obligado a servir en Kalimdor horas atrás. Los lloros fueron haciéndose más amargos, hasta que fueron escuchados por su madre, que entró portando una bandeja de plata con quince velas más. - Mi amor, ayúdame a encender más velas. - Le indicó a su hija. - ¿Para quién son, mamá? - Inquirió la jovencita secándose los ojos enrojecidos con las manitas. - Para los nuevos mártires de Belore que han conseguido la inmortalidad hoy. - La mujer fue encendiendo los pábilos uno a uno con devoción y respeto. Cuando finalizó abrazó a su hija con amor maternal y murmuró dulcemente una plegaria: - Que Los Santos y Belore protejan a mi marido en la guerra, y que me lo traigan de vuelta, por favor. - Achuchó más a la niña y no pudo evitar dejar escapar una sencilla lágrima que recorrió su mejilla derecha y se vertió en forma de gota sobre la estatuilla del Sol Eterno, que creó la ilusión de que la imagen del dios lloraba también en aquel sangriento día que moría...


5-. Misa en honor a los Santos Vivientes:Editar

“Tú serás mi espada en el mundo, obedecerás mis preceptos incondicionalmente, así como lo harán tu pueblo y tus descendientes. Mientras se observe este mandato, seréis mis hijos predilectos y mi bendición siempre se encontrará con vosotros. Os daré una tierra y allí medraréis.”

Así habló Belore, Emperador del Universo, Sol de Soles y Luz de Luces a nuestro padre y primer Rey del Sol, Dath’Remar durante el exilio impuesto por los primitivos kaldorei. El nuevo Monarca marcó su dinastía real como la de los Caminantes del Sol, simbolizando así que tanto él como sus descendientes siempre seguirían la senda que Él había marcado para nosotros, sus Elegidos. Siguiendo siempre la Alianza con Belore, se fundó el Alto Reino que Él nos prometió y que ha sido preservado por nuestra sangre y bajo Su protección hasta hoy y bien continuará persistiendo hasta el final de los tiempos o hasta en el momento en el que Divino Pacto se rompa, y entonces será el llanto que no conoce fin.

Nos encontramos hoy en unas circunstancias terribles, en el que los Hijos del Sol, culmen de la Creación, afrontan una difícil prueba que nuestro Altísimo Señor desea que superemos, pues nos quiere fuertes en la fe y triunfantes, no débiles y arrastrados. Al igual que quería a Dath’Remar y a los altonato exiliados poderosos como el resonar del trueno. Todos sabéis ya, que el infame Orco Negro, llamado Garrosh Gritoinfernal, ha llevado la guerra a un continente extraño del que se quiere apropiar tiñéndolo de sangre para satisfacer su vacío y endeble ego de bestia animal. Para ello, se vale de la alianza con los seres más demoníacos de la pasada Vil Horda que quemó nuestros bosques y que causó muertes entre los nuestros, caídos que NO OLVIDAMOS. El afán por derramar sangre thalassiana no se ha detenido en ese engendro tiránico, sino que ha reclamado más vidas de nuestro pueblo para consumar sus más abyectos planes y ambiciones.

Esta mañana he conocido a una mujer que ha perdido a su marido y a su hijo, que participaron en el batallón liderado por el Relicario del Lord Regente en Pandaria, y me ha mostrado las condecoraciones al honor que les ha dado la Horda. ¿Pero qué valor tienen esas insignias demoníacas en comparación con la Vida que Él ha creado y ha insuflado en su Magna Obra? Arrójalas al fuego, le dije a la desconsolada viuda, que no había nada para aliviar su dolor salvo el conocimiento de que sus amados seres queridos ya estaban con Él, sentados a su derecha como todos los Elegidos. Es en estos momentos, cuando el Lord Regente tiene constancia, y todo el pueblo thalassiano reconoce y recuerda el mensaje de Los Santos Vivientes de Belore Emperador, una Comunión de verdaderos Hijos del Sol Eterno, que entregaron sus vidas en martirio, con total anegación y sacrifico, buscando así un cambio en el Alto Reino, oprimido por las sombras de los antinatura renegados y tiranizada por orcos y trols.

“¡Viva la Religión!” “¡Viva Belore Emperador!” “¡Muera la Horda!” Con estas sacras palabras perecían los Santos aquel día en el que la Regencia empezó a cambiar su política, la cual esperamos tenga al Pueblo presente en sus legítimas demandas. Los Apóstoles Perfectos, Ashel Soldras y Vindar Ruedasolar, que hoy median por nosotros con sus Inmortales Hermanos junto a Belore, nos advirtieron hace meses de que el infame Orco Negro clamaría las vidas de nuestros hijos, esposos, mujeres e incluso que nos trataría de arrebatar la Tradición y la Religión. A día de hoy, ni el más escéptico y recalcitrante traidor puede negar la Verdad con la que hablaron, y por la que debieron pagar con sus vidas para que nosotros estuviésemos alerta.

“El que tenga oídos, que oiga.” Dijeron entonces, y les hemos escuchado. La Obra de Los Santos debe continuar, y creedme cuando os digo Hijos del Sol, que hemos de denunciar a la Horda, que es la Anti-Quel’Thalas, y que hemos de recordar a los mártires de la Tradición. Muchos dirán que es mejor estar al lado de los orcos para conservar la cabeza. Pero yo os digo que es mejor entrar en el Imperio Celestial de Belore descabezado que ser arrojado a las llamas con nuestra testa intacta.

Tampoco piensen que voto a favor de la reconciliación con la Alianza, cúmulo de razas detestables que han demostrado en varias ocasiones su odio al Alto Reino. Conocida y lamentable es la última matanza que se ha perpetrado nuevamente en Dalaran, la Ciudad de la Prisión, la Ciudad de la Matanza. Aquellos que se decían hermanos, que reclamaban la Fuente del Sol, los que se siguen considerando en día Altos Elfos, ya no lo son más. Belore ya no les reconoce, les ha apartado de Su Senda, pues son indignos. He escuchado de primera mano relatos aterradores de simples mercaderes de los Atracasol, que vieron como eran pasados a cuchillo hermanos o familiares simplemente por ser sin’dorei, y no rendir culto a la filosofía atea humana de la Luz Sagrada.

Sabed que la hermana de la Dama Oscura, la Reina Exánime Sylvanas, es tan vil y malvada como esta. Vereesa Brisaveloz, en su afán de contribuir a la generación de la ominosa subraza inferior de los híbridos medio humanos, capitaneó el genocidio contra los elfos de sangre en Dalaran y clamó manchada en sangre su ira contra el Sol Eterno, del cual niega su amparo y existencia, poniéndose bajo el manto de la Bruja Humana Jaina Valiente. En este momento, hermanos, denuncio y condeno a todos los quel’dorei, y en nombre de Belore les despojo de su condición racial, y les hago iguales en su apostasía e inferioridad al peor de los humanos. Y que estos sean considerados tan nocivos y profanos como cualquier no-muerto de la Plaga antinatura.

¡Muera la Horda! ¡Muera la Alianza! ¡Mueran los traidores! ¡Viva Belore Emperador! ¡Viva el Rey del Sol! ¡Viva Quel’Thalas! Encomendemos nuestras almas y vidas al Sol Eterno, Único Guía que nunca falla, infalible en todo el momento. No sigamos los dictados de la Horda, ni de nadie que no sea nuestro legítimo gobernante. Que el Lord Regente sepa de nuestro deseo y expulse a los malignos que nos oprimen. Sed insumisos al Mal, negaos a ser reclutados por el ejército de Garrosh, dad la propia vida en martirio si es preciso. ¡Belore os recompensará, Él nos hizo esa promesa! Recordemos los nombres de Los Santos, para que ellos nos protejan y nos inspiren:

Apóstol Perfecto Vindar Ruedasolar, Apóstol Perfecto Ashel Soldras, San Taldemar Nacámbar, Santa Divaria Esmeldis, San Dalnar Filosol, San Athaniar Balthareon, Santa Adiloth Taergir, San Adirhael Sin’Thael, San Milfarion Fénix del Sol, Santa Tashaldra Filodorado, Santa Hanila Llamaviva, San Nildoril Espada del Sol, Santa Melvaria Pileser, San Aldasur Sangrepura, San Imethril Delmarion.

SALVE


6-. El verdadero deber:Editar

El caballero Maerthil Il'sonan había recibido las órdenes de detener a los causantes de aquel Auto de Fe que se iba a realizar en la antigua fortaleza de los Santos Vivientes de Belore Emperador en las Tierras Fantasma. Aquel dictado por parte de sus superiores le había sentado como un jarro de agua fría por la cabeza. Él era particularmente devoto del Apóstol Perfecto Vindar Ruedasolar y tenía una imagen de Santa Divaria Esmeldis junto a San Taldemar Nacámbar. Aunque no lo había reconocido públicamente, era un santista de corazón, y siempre que podía rezaba por ellos y por su socorro. Por otra parte, la Regencia había cambiado su forma de actuar desdel Martirio de los Santos Vivientes, aunque todavía había permisión hacia los brujos del Sagrario y se veían algunos muertos deambulando por las calles. ¿Quizás con el fin del Orco Negro el Alto Reino volvería a los días de Anasterian? No lo sabía. Tan sólo tenía las órdenes de detener aquello.

Por fin llegó a la antigua fortaleza abandonada que ocupó la Comunión de los Santos. Todavía permanecía esa estatua de Belore en forma de Emperador sosteniendo un sol en su mano izquierda y un cetro en la derecha. Las banderas antiguas y grabados con himnos religiosos eran asimismo otro testimonio de la actividad que aquellos mártires llevaron a cabo. No obstante, lo que más le sorprendió fue encontrar otros seguidores santistas, fanáticos que allí permanecían, con togas albas. Algunos portaban imágenes de los Santos, mientras que otros simplemente miraban con devoción desde las últimas filas un patíbulo donde se había colocado una pira y un poste al que estaba atado una mujer sin'dorei de piel rojiza oscura, ojos verdes muy brillantes por el vil y cabello negro ominosamente oscuro, similar a los sangrevil. Al lado de ella se encontraba un sacerdote vestido con los hábitos regulares de un sacerdote del Sol Eterno. Debido a las aclamaciones e insultos de los congregados contra la bruja apenas pudo escuchar nada.

- ¡Santo, Santo, Santo es el Sol de las Legiones! ¡Viva la Religión y muera la impía! - Los gritos de los exaltados, enfevorecidos, que se sentían insultados por las provocaciones que hacía la mujer a punto de ser ajusticida colmaban el ambiente.
- ¡La Legión os consumirá a todos! - Contestaba la emética mujer desde su poste, empezando a reirse histéricamente según la escena aumentaba su tensión. Maerthil, en total comunión con la emoción del ambiente olvidó su deber, el de detener aquello. ¿Cómo lo iba a hacer? Se estaba aplicando la Ley de Anasterian, la de Belore, aquella que prohibía las artes oscuras.

Cuando el sacerdote le permitió a la vil mujer arrepentirse de sus pecados, esta no solamente no lo hizo, sino que le escupió en el rostro, sentenciando su destino. Justo cuando los primeros rayos de sol se arrancaban desde el amanecer en el horizonte, el clérigo entregó a la bruja a las llamas, como consecuencia de los crímenes de brujería, apostasía e infanticidio. La maligna hechicera se consumió en el hedor de sus pecados dejando soltar un chillido de dolor que retumbó en el lugar, santificándolo. Una vez que la sentenciada no era más que un puñado de huesos calcinados y cenizas, Maerthil alzó su mirada al cielo, por encima de la columna de humo que aún permanecía naciente desde la pira. Y fue entonces cuando observó a quince figuras resplandecientes que lo sonreían desde lo alto del cielo...

Tras la visión, en aquel mismo día, Maerthil abandonó sus insignias de los Caballeros de Sangre y se embutió en unas togas blancas, para adentrarse con ellas en los olvidados bosques de las Tierras Fantasma de Quel'Thalas.

El legado de los Santos Vivientes permanecería vivo.

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