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Las Inquietantes Aventuras de un Soñador

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Relato escrito por Blaender. Hilo original aquí.



Daniel era un humano corriente y moliente, del que te sueles encontrar en la capital de compras. Solía ser normal, si, muy normal. Compraba el pan para su madre y después se concentraba en sus estudios, aunque nadie sabía realmente qué estudiaba y eso solía inquietar a su pobre madre.

Su padre había muerto unos meses atrás en un terrible accidente mientras reparaba una parte de la ciudad, así que su madre había comenzado a trabajar como sastre a tiempo completo. Él pescaba para conseguir comida sin necesidad de comprarla, aunque a veces el pescado no era suficiente y tenían que comprar otra fuente de alimento, o incluso, cazarla aunque eso fuera ilegal.

Daniel era un chico alto y delgado, podría decirse que enfermizo a causa de la desnutrición, pero no había nadie más dispuesto a cuidar de él y proporcionarle comida. Quería estudiar magia, pero nunca tenía tiempo.

Nuestra historia empieza en un caluroso 21 de junio, el sol de principios de verano caía como una pesada piedra y muchos de los vendedores estaban empezando a poner sus productos en las tiendas. Él había decidido comenzar una nueva aventura de forma independiente, así su madre no tendría que verse obligada a trabajar más de la cuenta por él.

Daniel se hizo la maleta con ayuda de su madre, había alquilado una habitación en una de las casas de la capital a muy buen precio, ya que en ella vivía una pareja de personas pequeñas (él consideraba un insulto llamarles “enanos”).

La mujer se llamaba Valentina y el hombre Rodolfo y ambos dirigían una pequeña tienda en la esquina de la plaza de la catedral. Solían hacer donativos al orfanato de aquella misma plaza. Cuando dejó su equipaje en la habitación salió y ellos le dieron una sorpresa: tenían un hijo llamado Francisco; aunque sus amigos le llamaban Franny de broma.

Este chico estaba, junto a otros más, apuntado a un “grupo” de personas con las que mantenía contacto y formaban algunas escaramuzas a sitios que a él personalmente le daban miedo, aun así decidió acompañarles un día.

Con él eran 25 justos, varios tenían conocimientos de sanación y curas. Otros tenían un carácter provocador y otros hacían mucho daño.

Aquella cueva estaba oscura y a él le daba miedo, pero se sentía protegido por uno de los chicos provocadores, ya que seguramente, de haber algo maligno, él podría enfrentarse directamente. Daniel iba en el grupo 2 junto a mas chicos como él que debían escudarse en los más grandes. No tenía miedo, junto a él estaba uno de los chicos que curaban.

Oyeron un gruñido y un grupo de “orcos” malolientes salieron en su aparición, eran extremadamente feos y andaban encorvados, además, tenían una voz aguda y cambiante. No parecían muy listos y aunque se asustó, comprobó la eficacia de su grupo. El enemigo cayó rendido a sus pies y él se animó, por fin tener puntería servía para algo más que para llevar comida.

Cuando salieron de la cueva él y Francisco se fueron a su casa. El “enano” le comenzó a hablar de algo completamente nuevo y desconocido para él. Un mundo nuevo y lleno de aventuras, un mundo en el que podría ser importante y le dijo que necesitaban uno más para completar su grupo. Aun así, Daniel no tenía suficiente dinero como para formar parte de ese grupo y tuvo que resignarse...

Daniel abrió los ojos y se encontró tirado en la hierba, algo iba mal. El suelo comenzó a temblar y rodó por el camino hasta quedar a un lado de este. Por el camino pasó un señor muy raro ataviado con armadura montado sobre un caballo castaño. Supuso que era por que la feria había llegado a la ciudad. Sintió una presencia a su lado y giró la cabeza.

-¡Pícaro!

Se levantó de un salto y salió corriendo ante la sorpresa del pobre kaldorei, que solo iba a preguntarle la hora. Daniel llegó hasta un pueblo pequeño. No tenía ni idea de que aquel pueblo existiera, aunque tampoco tenia ni idea de como había llegado hasta el bosque... Seguro que había sido Franny y compañía tratando de gastarle una broma. Entro en el primer local y descubrió que era una pasada. Es decir, Una posada.

-¿Te sirvo algo, pequeño cazador?- el hombre le miraba.

-Eh... Bueno, si, vale, un refresco.

-¿Refresco...?- el tabernero le miraba con curiosidad y algo de miedo.

-Si... Ya sabes, una coca-cola...

-¿Coca-que?

-Bueno, pues pone una fanta...

El tabernero miró a la mujer que había detrás de la barra y esta se encogió de hombros.

-¿En que idioma hablas, chico?- preguntó la mujer.

Daniel se rascó la nuca. Él también estaba aturdido y no sabía por donde tirar. No sabía que pedir exactamente ya que nunca había estado en una taberna.

“Pide zumo de melón o leche fría como el hielo” dijo una voz en su cabeza.

Se sobresaltó y miró a su alrededor. Un gnomo le sonrió y él alzó una ceja. El hombrecillo asintió amistoso y Daniel se volvió hacia el tabernero.

-Pues dame un zumo de melón...

-De eso si que tenemos- asintió el hombre caminando hasta la barra y sirviendo un vaso de zumo. Daniel se sentó junto al gnomo. El tabernero le puso la bebida delante y se marcho.

-Oye... tu eres nuevo por aquí, ¿no?

-Si... ¿se nota mucho?- preguntó cohibido.

-No te preocupes, todos hemos sido nuevos alguna vez, yo te ayudaré.

Daniel asintió y tras pagarle al tabernero salió tras el gnomo. Éste le compró una armadura de cuero y un arco. Fueron primero por el bosque y allí conoció a los kobold y su apego por las velas. Después cambió de zona y conoció a la horda y a un extraño ser que resucitaba a los muertos. Junto al gnomo mato a su primer dragón élite raro. Completó misiones. Consiguió logros. Equipo. Oro. Mujeres (ya le gustaría a él). Así, junto a su amigo avanzó por el desconocido Azerdoth... O sea, Azeroth.

Al darse cuenta de lo fuerte que era le pidió a su amigo que le recomendara algún conjunto de armaduras para poder así transfigurar su conjunto o al menos, tener uno decente.

-Mira, tu ve a los campos de batalla, con tu nivel hay piezas muy buenas y bastante aceptables, esta tarde me las ingeniare para que podamos ir a meseta.

El gnomo dejó solo a Daniel. Ya había ido antes a campos de batalla, aunque solo por la experiencia, nunca para conseguir algo de ello. Le tocó garganta grito de guerra. Siempre le había gustado. Su araña parecía muy animada cuando salió junto a él.

-Que coja el guerrero- dijo uno.

-Yo le curo.

-Que se queden tres a defender y el resto que vaya a por bandera.

-Yo me quedo. ¿Quién más?

-Yo.

-Yo también.

Daniel odiaba defender y daba gracias a que se hubieran ofrecido. Sabía que su cometido, aparte de acabar con la horda, era frenar a estos. Tenía muchas habilidades para ello y se enorgullecía. La batalla comenzó y todos salieron, montaron en sus respectivas monturas y avanzaron hasta la base enemiga. El guerrero cogió la bandera y todos salieron tras él. Grande era desde luego, aunque Daniel dudaba de su aguante. La horda apareció justo en el centro y comenzó la lucha. Daniel iba muy bien, manteniéndose cerca del portador de la bandera... Que cayó.

-¿Qué ha pasado?

-¿Hola? ¿Sanador?

Daniel cogió la bandera y poniendo tras de sí una trampa congelante salió a todo correr hacia la base Alianza. No pensaba detenerse ante nada. El corazón le iba a mil por hora. -Recuperar bandera.

El portador horda estaba a mitad de la vida y Daniel rezaba todo lo que sabía para que el orco cayera...

¡La bandera de la Alianza ha sido devuelta a su base!

A Daniel casi le da un infarto. Sentía que la batalla y el honor dependía de llegar antes que la horda. Puso más trampas y vio como una elfa de sangre quedaba congelada detrás. Cogió carrerilla y...

¡La Alianza ha capturado la bandera!

-Buen trabajo.

-Muy buena.

-Defender.

-¡Vamos, vamos, vamos!

Y aunque no metieron más banderas, Daniel se sintió muy fuerte y profesional. Nada más salir, su amigo el gnomo le dio grupo y le invocaron en la Isla de Quel'thalas. Primero iban a acabar con los esbirros para que Daniel pudiera ir tranquilo. Todos los componentes de la banda eran fuertes a pesar de que algunos tuvieran una constitución pequeña. Entraron y él se mantuvo en todo momento por detrás del grupo.

-¿Nos saltamos a Kalecgos?

-Si, total, no tira nada...

pasaron de largo ante el inmenso dragón que en un principio les siguió hasta que vio que el grupo era más rápido que él. Llegaron al segundo jefe. Daniel se lo paso distraído haciendo paños con lo que le habían dado sus compañeros hasta que lo tiraron no le dijeron que fuera con ellos.

-Bien, a ver, vas quedarte escondido, dudo que haga algo, ¿vale?

-Vale...

Una vez abajo se escondió tras un árbol y observo como el dragón alzaba el vuelo...

Los necrofagos salían de todas partes...

Un rayo verde golpeaba el suelo y de repente...

¡Bruma vil coge aire!

Daniel alzó la cabeza lo justo para ver la nube verde caer encima suya...

Se incorporó de un salto.

Estaba de nuevo en su habitación. ¿Qué había pasado?

Bajó al salón...

-¡Sorpresa!

Rodolfo, Valentina, Franny y varios amigos estaban en el salón, sonriendo.

-¿Cómo sabíais que es mi cumpleaños?

-Magia- bromeó Valentina.

-Yo le doy el primer regalo- dijo Franny adelantándose.- Seguro que es el que más le gusta. El chico le tendió un paquete rectangular bastante ligero. Cuando Daniel lo abrió se quedó alucinado.

-Es...

-Son la classic, burning y wotlk, es un pack- sonrió él.

-Nosotros hemos comprado las dos restantes- dijo otro compañero, tendiéndole otro paquete. Abrió las otras dos expansiones y miró a sus compañeros.

-Pero... Pero...

-Y no te preocupes por el nivel. Cuando te hagas una cuenta te daremos el código de la wod y tendrás un 90 semiequipado.

-¿Qué te harás?

Daniel no se lo pensó dos veces.

-Hunter.

Rieron y tras esa tarde y muchas explicaciones, Daniel entró por primera vez con su hunter nivel 90. Aquello iba a ser el principio de una larga adicción.

Fin.

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