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La salvadora invisible

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Relato escrito por Fronesis. Hilo original aquí.

Primera parte Editar

¿Cómo te encuentras? - su voz cálida y llena de compasión lo despertó, movió la cabeza en todas las direcciones, buscando fallida mente a su salvadora. - no te alteres, siento mucho asustarte, llevas varios días aquí le pedí a la luz tu recuperación, y ella como siempre ha oído mis plegarias. - el humano se incorporó en la cama, el mundo se movía a su alrededor recordó los días del cataclismo, se llevó las manos a la cara en un intento de parar el mundo. - intenta no levantarte ni tocarte las vendas. -  -¿qué ha pasado? - fue lo único que logro decir, el tacto de las vendas húmedas y de un escozor en los ojos le produjo un fuerte dolor de cabeza. - ¿Dónde estoy? ¿Quién eres tú? - Sintió como el corazón le latía más rápido, como las punzadas en la cabeza iban a más. - intenta tranquilizarte, sintió como se acercaba silenciosamente hacia él, le tomo la mano, noto sus manos acolchadas como las de un animal, cubiertas con un pelaje corto y unas pequeñas garras bien cuidadas, entonces supo que su supuesta salvadora no era humana, le ofreció una taza de té caliente. - bébetelo, con cuidado está caliente. - se llevó la taza a la boca y dio unos cuantos sorbos, noto el vapor caliente de este y un olor aromático que nunca había olido. - gracias, pero ¿puedes decirme algo de lo que ha pasado?  - ¿Qué es lo último que recuerdas? - la pandaren se sentó a su lado en la cama. - recuerdo estar meditando en el patio de la catedral, recuerdo un gran alboroto y como muchos de mis compañeros corrían de un lado para otro, recuerdo confusión. - pensó durante un momento mientras sentía el vapor del té, recordaba muchas cosas y nada a la vez, veía a su maestro luchando, lo veía morir, sintió el miedo que sintió en aquel momento, comenzó a temblar, la taza se le escapó de las manos, pero antes de que esta tocara tierra la pandaren la había cogido al vuelo sin que el líquido se derramara. - Tranquilízate, solo son recuerdos, recuerdos dolorosos, pero al fin y al cabo solo recuerdos.- se tranquilizó, escucho el canto de un pájaro a las afueras, el ruido del agua, la brisa que movía las hojas de las arboles. - así, perfecto, los recuerdos no te pueden hacer daño a no ser que tú quieras que lo hagan, todo está en tu mente. - no recuerdo más – tomo de nuevo la taza entre las manos y dio un pequeño sorbo, cada vez sabia mejor. - no quiero recordar nada más. - concluyo al final. - por ahora está bien, te contare lo que se y lo que ha pasado estos días, pero ahora no, necesitas descansar, tu cuerpo lo necesita. - esperó a que se acabara el té, le ayudó a recostarse y salió de la habitación. Él estirado en la cama escucho el chirriar de la puerta mientras pensaba en sus palabras, los recuerdos no nos pueden herir, a no sé qué queramos, durmió reviviendo el pasado, los días de juventud en el campo con su padre, la sonrisa de su madre, las largas caminatas con su perro pastor, soñó con el día en que decidió ingresar en el monasterio, las duras palabras de su padre al no entender su decisión, y como él le daba la espalda a su madre, sollozo entre sueños cuando recordó el día en que la plaga había entrado en los claros de tirisfal, como sus padres perecieron y no pudo hacer nada; se despertó con un grito, la puerta se abrió de par en par y pudo ver al ser que lo atormentaba, el ser que asesino a su maestro. ¿Te encuentras bien? – la pandaren había acudido en mitad de la noche al escuchar el grito de su huésped, no era la primera noche que se despertaba entre gritos de este, aunque cada vez eran menos frecuentes, se acercó a la mesita que estaba debajo de la ventana y humedeció un paño, lo coloco en la frente del humano y este se relajó. – solo es un sueño, relájate. - Lo he visto, he visto como entraba por la puerta con sus ojos negros mirándome fijamente, sentí el olor nauseabundo del demonio que lo acompañaba. –  - Recuerda que todo es mental, no lo has podido ver, primero porque no está aquí, y segundo porque no puedes ver. – sintió una punzada en los ojos se llevó las manos a la cara pero el vendaje estaba ahí, ella con suavidad le quito las manos. – no te toques. - ¿Nunca más podre ver? – sintió miedo, un miedo irracional, un miedo que solo había experimentado el día que regreso al campo de su padre y fue atacado por un ser que tiempo atrás había sido su madre. - Tranquilízate, es duro de aceptar, pero la realidad es así, y entre más rápido lo aceptas mejor será tu vida, el mundo no se acaba por que pierdas algo. – volvió a escurrir el paño, abrió la ventana, el amanecer se acercaba, el cielo estaba en unas tonalidades azules mientras las sombras huían de los rayos del sol. – hoy mientras desayunamos te contare todo lo que se, ya te puedes levantar, te aconsejo que camines por esta habitación, te acostumbres a su superficie y a los obstáculos que tiene, yo en un par de días he de marchar, la tierra de mis antepasados me necesita y no puedo ignorar su llamada, aquí en el bosque de Elwynn estarás a salvo, esta cabaña es de un amigo, murió hace unos meses, ahora te pertenece. - ¿Cómo se llamaba tu amigo? – se incorporó en la cama, ya no estaba mareado, pero sentía unas punzadas dolorosas en los ojos. - Era un paladín dranei llamado ytspiyakok, murió a manos de la bruja que te saco los ojos. – salió de la habitación dejándolo sumido en sus pensamientos, la bruja que te saco los ojos, repitió para sí mismo.

Segunda parte Editar

Sintió un dolor agudo en la pierna, había tropezado con la silla en la que se iba a sentar a la mesa. - Cuidado con la mesa. – le comento la pandaren mientras bebía una taza de té caliente - Gracias por la tardía información. – le contesto mientras palpaba la silla, era una silla robusta, pulida, tenía un tacto suave algo que antes no habría ni notado, palpo con las manos en busca de la mesa, cuando por fin la encontró se sentó cuidadosa mente acercándose a esta. - Tienes delante un bol de fideos, a la derecha está la cuchara y a la izquierda la taza de té, no sé si te gustan los fideos pero es lo único que se cocinar, es una profesión en la que no tengo mucha habilidad. -Gracias, cualquier alimento es bueno. – levanto el bol con las manos y dio un pequeño sorbo de repente sintió como si hubiera ingerido agua de mar con fideos, trago lo poco que tenía en la boca e intento que estos se mantuvieran en su estómago, puso la mejor cara que pudo y busco la taza de té. - ¿Qué tal esta? – espero impaciente la respuesta, no conocía muchas recetas, pero los fideos eran su plato estrella. - Muy sabrosos. – mintió. – estoy muy impaciente por saber que me ha pasado.  - ¿Has recordado alguna cosa más?  - No, tengo la cabeza un lio y cada vez que lo he intentado el dolor de cabeza me ataca con más ahínco.  - No te preocupes, es algo temporal. – bebió un poco más de té mientras arreglaba un poco las ideas de cómo debía narrarle la historia, al final decidió contarla sin omitir nada. – hace unos meses, llegue al continente después del cataclismo, vivíamos en una isla errante, muchos compañeros nuestros recorrimos los continentes con ansias de aventuras o simplemente por curiosidad, una monje amiga mía y yo nos encontrábamos en las tierras de las peste este, nos había enviado una gnoma un tanto extraña que estaba en la torre de la corona, a inspeccionar las ruinas de villa Darrow, un grupo de no-muertos nos estaba atacando nos superaban en números de cuatro a uno, aunque podíamos con ellos nos estaban dando algunos problemas, de repente apareció con un halo de luz dorada un paladín dranei, blandía una espada roja con un brillo azulado y un escudo que después supimos que era el emblema de lordaeron. Con una fuerza brutal él solo aniquilo a los no-muertos, casi sin derramar ni una gota de sudor, mi amiga y yo estábamos agradecidas y a la vez enfadadas, no nos gusta depender de alguien y menos sin haberle pedido su ayuda, le agradecimos su ayuda e intentamos seguir las dos solas, pero él muy amablemente nos acompañó en nuestra pequeña misión, mi amiga entablo conversación con él, era un guerrero veterano, había luchado en la campaña de terrallende, al servicio de Xi’ri a las afueras del templo oscuro, un veterano de la puerta de cólera, estuvo al servicio de del alto señor Tirion Vadín corona de hielo, y después de ver las atrocidades que según él podía hacer la guerra en nombre de la paz o de la justicia decidió auto exiliarse en la ciudad estado de Dalaran, por aquel entonces aún se encontraba por rasganorte, durante algún tiempo vivió ajeno al cataclismo, hoyo rumores sobre los destrozos que ocasiono alamuerte por el continente, pero aun así siguió viviendo en la ciudad, ejerciendo su profesión era un ingeniero no muy versado por cierto, cuando se supo de la derrota de alamuerte decidió emprender un peregrinaje a la tumba de Sir uther el iluminado, en las tierras de la peste y ahora se encontraba de viaje hacia la capilla de la esperanza de la luz donde pretendía unirse a la cruzada argenta, después de tan grande historia y de algunos días de viajar juntos los tres nos hicimos buenos amigos, marchamos con la huargen Fiona atreves de las tierras de la peste en dirección a la capilla, mi amiga la monje marcho hacia las tierras devastadas en busca de más aventuras, yo decidí quedarme un poco más de tiempo con el dranei, sus historias sobre la luz me habían cautivado, sabes para mi pueblo esa palabra carecía de sentido, el conocimiento y la contemplación lo es todo, y gracias a él supe amar lo que es la luz, a creer en ella y sobre todo a hacer un instrumento de ella, no, no soy paladín, soy… ¿cómo lo llamáis vosotros?, así, una sacerdotisa.

Tercera parte Editar

Las tierras de la peste, estaban plagadas de seres que se autodenominaban el culto a los malditos, ytspiyakok y yo hicimos todo lo que estaba en nuestra mano para poder ayudar a sanar la tierra, nos habían pedido que fuéramos a ayudar a la torre del bosque de la peste, cerca de la entrada de Stratholme, ¿has estado alguna vez allí? Es el sitio más horrible que yo había visto nunca, las secuelas de las prácticas nigromantes son aun latentes, creo que ese lugar nunca más volverá a ser el mismo. Teníamos que destruir unas abominaciones que merodeaban por el bosque, con la ayuda de ytspiyakok todo era más fácil, los no-muertos casi desaparecían con solo una mirada suya, de repente sentí un miedo incontrolable, eche a correr sin motivo aparente mientras hui vi como una figura en lo alto de una construcción se reía, con una carcajada profunda, el guardia vil se lanzó a toda velocidad contra mi amigo, el ser llevaba una arma de asta roja, ytspiyakok pudo detener el ataque con su escudo mientras intentaba localizar al brujo que controlaba al ser, con una fuerza increíble el esbirro arremetía una y otra vez contra él, y sin previo aviso la bruja apareció, llevaba una toga roja con los símbolos de la horda en sus hombros, una cresta blanca que acababa en siete rastas dejaban ver las cicatrices de su cara, la orco estaba rodeado de un ejército de diablillos horrendos, sus risas llenaban el bosque de la peste mientras atacaban al unísono, lo último que recuerdo fue ver como si un meteorito negro cayera encima mío, caí desmayada y su carcajada fue el único sonido que recuerdo, una risa malévola, una risa sin un ápice de compasión. Cuando desperté vi el cadáver sin vida de mi amigo, el escudo estaba roto por la mitad, la espada tirada a un lado, me acerque llorando, su capa blanca estaba manchada de sangre el tabardo de la cruzada argenta que tanto le había costado conseguir estaba roto, intente usar mis plegarias para curar sus heridas pero me fue imposible su espíritu se había marchado, ahora era uno con la luz, recogí su cuerpo sin vida y grite del horror, sus ojos habían sido extraídos. Volví como pude a la capilla de la esperanza de la luz me llevo tres días, custodie el cuerpo lo mejor que pude, en las noches lloraba como cuando era cachorra, me desahogaba destruyendo a los cadáveres que deambulaban por la zona, cuando llegue por fin a la capilla enterré en el cementerio a mi compañero, con todos los honores de un paladín de la cruzada, y cuando me decidí a quedarme y continuar con el sueño que tenía ytspiyakok ocurrió lo que nunca hubiera imaginado, la infame asesina y profanadora entraba montada en su caballo ígneo, no lo podía creer, los guardias no hicieron nada se dignaron a ignorarla, corrí hacia el alguacil de la zona y le explique lo que me había pasado y que ahí estaba la asesina, el alguacil cogió a dos guardias más e interrogaron a la bruja orco, esta presento una misiva firmada por el mismísimo jefe de guerra, era una enviada a luchar contra la plaga, el alguacil la soltó inmediatamente y hasta le pidió perdón por haberla interrogado, entre en cólera no entendía como podían comportarse así, había asesinado a sangre fría a mi compañero, a mi amigo, a uno de los vuestros, le dije al alguacil y su única respuesta fue, los problemas entre la horda y de la alianza no tienen importancia aquí, somos neutrales nuestro único enemigo es la plaga, habla con tu alguacil en Ventormenta ellos aran justicia. No lo entendí, aun no lo entiendo, los llamados proclamadores de la justicia imparten todo menos justicia, abandone la capilla sin mirar atrás, no les perdono nunca el trato que le dieron a uno de los suyos, busque información sobre la bruja, se llama Merríck sirve a la horda como mercenaria, la perseguí por las campañas de pandaria, vi como profanaba los templos de mis antepasados, como destruía el mundo de mis ancestros, y como algunos compatriotas se unían a ella, un día mientras estaba por Andorhal, vi que ella acompañada de un pandaren houjin, un trol, un no-muerto, y una tauren , pasaban a paso veloz, decidí seguirlos, se adentraron en claros de tirisfal en dirección al monasterio escarlata, yo nunca había estado en esa zona, sabía que era un lugar controlado por la reina alma en pena Sylvanas, seguí su rastro de muerte, los acólitos escarlatas huían de la matanza, los miembros amputados expulsaban sangre a borbotones los gritos inundaban las cámaras del santuario, lo seguí hasta los jardines anteriores a la catedral, vi como su esbirro decapitaba los monjes, entonces te vi, estabas escondido detrás de una columna a la derecha de la entrada a la capilla los restos del hermano Korloff estaban siendo devorados por un diablillo de la bruja, la batalla continuaba en la catedral la alta inquisidora melenablanca peleaba contra los cinco al mismo tiempo, me escondí detrás de una columna esperando mi momento, pero fui descubierta por el pandaren, pensé que era mi final, no moriría sin plantarles cara pero este me hizo señas de que me mantuviera escondida, no sé porque pero le hice caso, cuando despojaron los cadáveres apareció una no-muerta encapuchada, clavo dos espadas en el cadáver de melenablanca y desapareció, el trol conjuro un portal, en el interior se veía Orgrimmar, todos cruzaron el portal a excepción de la bruja, salió de la catedral, corrí detrás de ella y pude ver cómo te arrancaba los ojos con su daga verde, no espere más rece a la luz para que me diera fuerzas, para poder vengar a ytspiyakok, corrí hacia ella pero antes de poder llegar a atacarla desapareció antes mis ojos, la carcajada que escuche ese día en el bosque de la peste se repitió, había vuelto a huir, pensé en buscarla, el efecto de la poción no debería tardar mucho en desaparecer, pero tú estabas ahí, aun vivías, estabas muy débil, si no te ayudaba perecerías, como lo hizo él.

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