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La nueva senda

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Ya había pasado unas semanas desde la desastrosa sorpresa de cumpleaños que le hicieron a Alnih, las matronas se disculparon con Alnih y con los días fue intentando no recordad el desastroso día que vivió.

Alnih le había dado numerosas vueltas a la idea de dejar ya el orfanato, se suponía que había cumplido los dieciséis años según el registro y eso quería decir que ya era mayor de edad, por lo tanto podía dejar el orfanato, dejar toda su vida atrás y empezar una nueva donde poder cumplir el sueño que había soñado durante tanto tiempo. Desde hacía ya mucho tiempo, Alnih quería seguir el camino de la luz para poder ayudar a todo el que le necesitase, y ahora que sabía que la Luz lo había bendecido, con más razón para seguir ese camino.

Así pues, tras informar a las matronas, preparó sus cosas para marchar del orfanato a la Abadía de Villanorte, donde seria instruido definitivamente como Paladín. Tras cerciorarse de que no se dejaba nada, sobre todo la armadura que le regaló el viejo Paladín Robinson, bajo a la planta inferior con sus pertenencias en un saco cargado al hombro y se detuvo frente a la matrona Ruiseñor.

-¿Ya tienes todo listo, Alnih?- Le pregunto Ruiseñor con una expresión facial que expresaba tristeza. Alnih asintió dejando el saco en el suelo con cuidado mientras se frotaba el hombro debido al peso de este.

-Bien, te acompañare hasta la Abadía, quiero asegurarme de que no te ocurra nada por el camino- Alnih asintió y en un repentino silencio incomodo escuchó las risas de alguno de los huérfanos del orfanato, Alnih sonrió y miro a Ruiseñor.

-Uhm….Vale…Pero antes me gustaría…Despedirme de mis amigos- Dijo mientras sonreía. Pese a lo feliz que hacia poder instruiré como Paladín, la idea de dejar a sus amigos del orfanato le daba algunas punzadas en el corazón, pero intento coger fuerzas para no llorar.

Ruiseñor asintió mientras cogía la pesada bolsa de Alnih con una sonrisa dibujada en su rostro, Alnih se giró y se encamino en dirección a sus amigos. Alnih entro en la sala de juegos donde allí estaban reunidos unos cuantos huérfanos que Alnih conocía, y como no, Jack y su fiel amigo Delse seguramente, molestando a los demás tomando como de su propiedad algún juguete que alguno estuviera utilizando. Alnih se quedó plantado delante de ellos, sus amigos también se le quedaron mirando, algunos tristes pues ya se había corrido el rumor de que se marchaba, Alnih tragó saliva y se decidió a hablar algo nervioso.

-Uhm...Bueno...Me…Me lo he pasado genial junto a vosotros...Y...Bueno…Os echaré muchísimo…en falta- Sus amigos dejaron lo que estaban haciendo y entre palabras de despedida le abrazaron despidiéndose, Alnih no pudo resistir más y las lágrimas le empezaron a recorrer el rostro sin poder evitarlo.

Tras la multitud de abrazos y despedidas se secó las lágrimas, cuando termino de secarse puedo cerciorarse de que Jack se había ido, pues su mejor amigo también se había molestado en despedirse de Alnih dejándolo por un momento solo. Alnih puede que sufriera muchísimas bromas de mal gusto por parte de Jack, pero el rencor no era parte del carácter de Alnih, así que decidió ir a despedirse también de él.

Subió a la planta superior y se dirigió a la habitación de Jack, donde suponía que podría estar, se detuvo frente a la vieja puerta de madera y le dio un par de golpes flojos con el puño cerrado llamando a la puerta.

-Pasa- Le dijo Jack con voz seria. Alnih abrió la puerta y entro a la habitación, Jack se encontraba tumbado en su litera rayando con su famosa navaja la madera de la cama superior de la litera, Alnih se aproximó a Jack y este se le quedo mirando.

-¿Para qué vienes? ¿Quieres que te gaste una última broma antes de largarte?-Le comento Jack con una sonrisa burlona dibujada en su rostro. Alnih negó con un cabeceo.

-Uhm...No…Solo quería despedirme…No quería irme sin despedirme…De ti- Jack se le quedo mirando asombrado y guardo la navaja sentándose en el borde de la cama, con la mirada aun en Alnih.

-Espera, espera, espera… ¿Cómo? ¿Después de todo lo que te he hecho durante todo el año? ¿Por qué?- Jack estaba completamente desconcertad, aun no se estaba terminando de creer lo que estaba sucediendo, incluso le paso por la mente que le estaba tomando el pelo.

-Uhm…Ya…Pero ya que me marcho…Y no sé si nos volveremos a ver…Al menos quiero irme…Siendo tu amigo- Alnih le miro sonriendo y Jack se le quedo mirando con el ceño fruncido. Alnih se escupió en la mano y la extendió hacia Jack.

-Uhm… ¿Amigos?- Jack negó con un cabeceo sonriendo y se puso de pie.

-Amigos- Jack se escupió también en su mano y chocaron las manos sellando así su amistad. Alnih sonrió ampliamente y le soltó la mano limpiándose la palma de la mano en el pantalón, tras despedirse Alnih se salió al pasillo en dirección a las escaleras para ir a la planta inferior, cuando se decidía a bajar las escaleras, Jack salió apresurado de su habitación llamando a Alnih, este se giró soltando su peculiar coletilla interrogativamente, Jack llego hasta Alnih con una sonrisa.

-He pensado en eso de no volvernos a ver, y bueno…Toma, para que no te olvides de mí-Jack se metió la mano en el bolsillo mientras con la otra mano le cogió del hombro derecho de Alnih, de su bolsillo saco su navaja y rápidamente le hizo un corte limpio en el brazo. Alnih soltó un agudo grito de dolor tras hacerle el corte y se llevó la mano a la herida la cual empezaba a sangrar.

-Bah, no seas quejica Alnih, seguro que a dónde vas un corte no es nada- Alnih asintió y con una mueca de dolor se miró la herida, pese a que no era profunda, Jack se había pasado un poco con el corte. Tras tratarle una de las matronas la herida, la cual necesito algunos puntos, por fin Alnih estaba listo para partir.

-Si tienes todo listo, nos vamos Alnih, que de seguro te estarán esperando- Le digo Ruiseñor mientras se cargaba al hombro las pertenencias de Alnih. Alnih asintió y se pusieron en marcha hacia la Abadía.

Después de media hora por fin lograron llegar a las murallas del Valle de Villanorte, Alnih miro con curiosidad la muralla, volvió la vista al frente y aceleró el paso para volver al lado de Ruiseñor quien le había adelantado. Cuando Alnih paso las murallas, allí la pudo ver, al final del camino una enorme abadía de paredes de piedra y techos rojos, un lugar que pese a haber sido reconstruido aun brillaba como el primer día. Ruiseñor miro a Alnih y sonrió.

-La Abadía de Villanorte, lugar de culto a la luz y donde la mayoría de sacerdotes y paladines se adiestran para en un futuro ayudar al mundo a ser un poquito mejor- Le explico la Ruiseñor como si hubiera vivido allí toda la vida.

-Uhm…Es...Es muy hermosa- Pudo decir Alnih todavía sorprendido por la belleza de aquel edificio humano.

-Y aquí, es donde tú serás instruido- Puntualizó Ruiseñor, Alnih sonrió ampliamente, con una cara de felicidad que ni un gnoll se la podía quitar.

Mientras se cercaban cada vez más a la abadía, Alnih puedo observar a un grupo de paladines entrenándose a la derecha del camino, su marcha disminuyo hasta el punto de quedarse parado observando impresionado a los paladines conjurar y luchar. Ruiseñor se giró y sonriendo le dio un toque de atención para que no se parara, Alnih se disculpó y corrió hasta llegar al lado de la matrona. Poco después llegaron a las puertas de la abadía y entraron. Tras entrar uno de los sacerdotes de allí les condujo hasta una gran sala donde en el centro había una gran mesa redonda de piedra, acompañada de numerosos libros y papeles y atento a tanta escritura estaba un hombre, este alzo la cabeza mirando a Ruiseñor y a Alnih y sonrió.

-Supongo chico que tú eres Alnih -Comento dando por entendido que les estaba esperando.

-Uhm… Si señor- Dijo tímidamente Alnih.

-Lo suponía, me presentare como es debido, soy el Hermano Sammuel, paladín y a partir de este momento y hasta que yo lo decida, tu nuevo instructor- Decía mientras rodeaba la mesa y se colocaba frente a ambos.

-Se bienvenido a nuestra querida Abadía de Villanorte, a partir de ahora va a ser tu nuevo hogar y espero que la Luz desee que logres ser Paladín- Alnih asintió con la cabeza en silencio pues no quería interrumpirle, Sammuel termino de hablar y despeino al chico de forma amistosa.

-Bien, te enseñare tu nueva habitación. Por cierto, y usted ¿Es...?- Sammuel miro a Ruiseñor. Esta se inclinó con amabilidad y contesto a su pregunta.

-Son la matrona del orfanato, me llamo Ruiseñor, solo he venido para acompañarlo y asegurarme que no le pasaba nada por el camino- Sammuel asintió.

-Le aseguro que aquí está sano y salvo, puede marcharse cuando queráis- Ruiseñor asintió y se giró hacia Alnih apoyándose en sus hombros mientras se agachaba para hablarle mirándole a los ojos.

-Cualquier cosa que quieras pedirme o necesites, ya sabes dónde encontrarme- Tras lo dicho Ruiseñor le abrazo con cierto amor materna, Alnih la abrazó también con los ojos vidriosos, casi a punto se romperse a llorar, Ruiseñor le dio un beso en la frente y se despidió marchándose de la sala.

-Bien chico, aquí empieza tu nueva vida, te aseguro que vas a llegar a ser un buen paladín, como que me llamo Sammuel- Alnih sonrió y ambos salieron de la sala, pasaron por estrechos pasillos de piedra hasta llegar a una puerta de madera situada en uno de los pasillos, donde habían unas doce puertas a parte de la que tenían en frente.

-Bien, aquí es donde pasaras las noches- Le explico Sammuel mientras abría la puerta y entraban dentro de una pequeña habitación con una cama acompañada de una mesita de noche y un amplio armario.

-Mañana empezaras los entrenamientos con los demás paladines de tu edad, veremos delo que estas hecho, tienes el día libre para conocerte la abadía y las personas que habitan en ella- Finalmente Sammuel le dedico una sonrisa y salió de la habitación cerrando la puerta. Alnih se sentó en la cama observando por la ventana y sonrío ampliamente.

-Uhm…Empieza una nueva senda- Sonrió y se dejó caer de espaldas sobre la cama con los brazos abiertos.

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