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La luz de un chico: Primer día de una larga semana

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Habían pasado dos meses desde que el pasado Febrero Alnih y su mejor amiga Yesica se separaron y no volvieron a verse jamás, a Alnih le pareció una eternidad a pesar del corto tiempo y pese al tiempo que había pasado todavía seguía echándola en falta, pero al menos había dejado tiempo a tras de llorar su inminente marcha del orfanato.

Y tras esos dos meses, por fin llegó el 29 de Abril, el día más especial para todo huérfano, pues empezaba la Semana de Los Niños, la semana más deseada de los huérfanos de todos los continentes. Por una semana tenían la suerte o la desgracia, según los gustos del huérfano, de pasar toda una semana entera junto a una persona que les enseñara la vida del oficio al que se dedicaba. Todos los huérfanos se vestían y se arreglaban para recibir a los que por una semana, serían sus tutores o tutoras, querían estar bien arreglados y decentes para ver si eran de los agraciados de poder pasar una semana junto a un curtido guerrero de mil batallas del que poder escuchar miles y miles de historias y les pudiera enseñar alguna técnica de ataque.

A toda prisa, en el Orfanato de Ventormenta, los huérfanos se preparaban para la llegada de los que estarían a cargo de ellos, todos corrían de aquí para allá para que no se les echara el tiempo encima, todos excepto Alnih que estaba tumbado en su litera. Alnih no comprendía porque todo el mundo se arreglaba y se ponía elegante para la ocasión, no entendía el por qué tenían interés por aparentar lo que no eran, Alnih prefirió quedarse con su ropa de siempre y sus pelos desarreglados, total, sabía que aun que le tocara una persona con un trabajo de poca diversión o emoción, él se lo pasaría bien.

Y después de unas horas empezaron a llegar los interesados en adoptar durante una semana a un huérfano, todos los huérfanos se agolpaban en la puerta del orfanato o en los alrededores de este esperando que las matronas les llamaran para decirles con quien pasarían la semana, la mayoría querían que les mandaran con un valeroso soldado de la alianza como poco. Poco a poco el número de huérfanos fue disminuyendo según los llamaban, y entre los que aún quedaban en el orfanato estaba Jack jugando con su cuchillo, que no tardó en ser elegido poco después por un noble granjero que se dedicaba al cultivo de calabazas, a Jack pareció no hacerle mucha gracias ir con él, pues se fue con el granjero soltando un bufido de enfado y refunfuñando por lo bajo maldiciendo su mala suerte.

Mientras tanto Alnih seguía tumbado en su litera mirando al techo con las manos en la nuca y las piernas cruzadas pensando en cualquier cosa ajeno a lo que acontecía alrededor, pero esos pensamientos cesaron cuando escuchó a una voz adulta y masculina pronunciar su nombre, este miró hacia su derecha, donde procedía la voz y se sobresaltó dándose un cabezazo contra el techo de la cama de arriba al ver a un hombre de pelo rubio, canoso y corto, con una extensa barba bien recortada y bigote que apenas dejaba verle la boca, sus ojos era de un color castaños como la corteza de un árbol y numerosas arrugar delataban su vejez. Alnih también se dio cuenta de que el hombre iba con un atuendo de placas con los colores dorados y azules seguramente relacionados con la alianza, con un enorme león dorado, que confirmaba sus sospechas de la relación de los colores, en la pechera , por el estado de la armadura, que mostraban algún que otro corte en el metal, posiblemente de armas de enemigos, se daba por entendido que esa armadura habían pasado por muchas batallas y también llevaba un enorme maza plateada de dos manos a la espalda con adornos azules. El hombre sonrío al haberlo sobresaltado y se arrodilló poniéndose a la altura de la litera y Alnih, y el hombre le dijo:

-¿Eres Alnih, verdad muchacho?- Le dijo con una voz grave que infundía respeto y honor, Alnih con un ojo cerrado frotándose la zona de la cabeza por el doloroso golpe, asintió.

-Me presentare, Soy Sir Robinson Dain, antiguo paladín de la Mano de Plata, caballero de Lordaeron, y a partir de hoy y si tú lo deseas, seré tu tutor o mentor esta semana- Alnih se le quedo mirando atónito al estar ante un paladín que decía que si quería estar una semana junto a él, no se lo podía creer ¿De verdad esto estaba ocurriendo? ¿Por fin iba a poder estar junto a lo que él deseaba ser de mayor, un paladín?
Alnih sin pensárselo asintió e impulsándose con las piernas se sentó en el borde de la cama mirando a Robinson sin disimulo de arriba abajo admirando su armadura y su persona.

-Veo por ese gesto…Que para ti soy más que un simple caballero ¿Me equivoco chico?- Dijo mientras se ponía de pie y se cruzaba de brazos mientras soltaba una risotada. -Uhm…Así es…Señor…De mayor deseo ser un paladín como usted…y poder…Ayudar a los demás- Robinson sonrió ante las palabras sinceras del chico.

-Me alegra que desees seguir el camino de la Luz chico, sin duda tu tenacidad es fuerte, y si la Luz te considera digno de portar tal don, algún día lo podrás ser, pero para eso se necesita mucho esfuerzo y dedicación- Alnih asintió de acuerdo con las palabras de Robinson. Alnih le ponía mucho empeño en lograr su sueño, escuchaba y aprendía lo que podía sobre la Luz pese a ser analfabeto, y rezaba todo los días a la Luz en la Catedral dos o tres veces.

-Bien chico, prepara las cosas que necesitas, partiremos en nada, te esperare abajo mientras tanto- Robinson froto su mano derecha enguantada en el pelo de Alnih como gesto amistoso y bajo a la planta inferior, Alnih como alma que se lleva un brujo, se puso los zapatos y bajó corriendo por las escaleras sin coger nada, total, no iba a necesitar nada, o eso creía.

-¿No te llevas nada chico?- Alnih negó levemente con la cabeza- Sea pues, Señora, me llevaré al chico toda esta semana si así me lo permite- Le dijo a Ruiseñor mientras esta asentía de acuerdo con el caballero.

-Bien chico, sígueme, iremos en Compasión, mi corcel- Corcel, había dicho corcel, Alnih no se lo podía creer, no solo montaría en un caballo por primera vez sino que en un corcel de auténtico paladín, deseaba saber cómo sería la sensación de ir montado sobre un caballo así, muchísimas veces había visto esos hermosos corceles adornados con placas doradas o plateadas y con telas de colores que representaban algunas veces a la facción o hermandad que pertenecían, y caminando junto a Robinson, llegaron a una de las calles de la Plaza de la Catedra, donde atado en una farola farolas estaba aquel hermoso corcel de pelo blanco y manchas marrones con una armadura dorada y telas azules y blancas y una tela que colgaba a ambos lados del lomo con la “L” de Lordaeron.

-Uhm…Vaya…Es muy hermoso- Dijo Alnih completamente impresionado, Robinson se rio y cogió por las axilas a Alnih subiéndolo al caballo para después montar él delante suya cogiendo las riendas. Robinson le advirtió que se cogiera fuerte a su cintura y no se soltara, juntos cabalgaron por las calles de Ventormenta hasta algún destino que Alnih desconocía.

-Uhm… ¿Dónde…Vamos?- Preguntó Alnih mientras cabalgaban por el Distrito de Mercaderes hacia el Valle de los héroes, un valle del que era imposible no observar, era un enorme puente con cinco estatuas que representaban a los mayores héroes de la alianza de la segunda y primera guerra.

-Hoy pasaremos la noche en mi hogar de Villadorada chico, mañana por la mañana te mostrare lo que es ser un verdadero paladín; te levantaras cuando yo lo haga, rezaras cuando yo lo haga, comerás cuando yo lo haga, y te enseñare como coger y usar una maza. Y no te preocupes, por ahora usaras una de maderas, no quiero que te aplastes un pie en el intento- Alnih y Robinson se echaron a reír mientras cabalgaban, a Alnih todo esto le estaba impresionando, y solo había hecho que empezar ¡Y por la Luz! Le había hecho reír, cosa que no había hecho en dos meses.

Llegaron tras un cuarto de hora a Villadorada, ese pueblo siempre le había gustado a Alnih, era tan tranquilo y hermoso que siempre sintió fascinación por ese lugar, algunas veces se iba caminando hasta allí con algunos del orfanato para dar una vuelta por el pueblo. Robinson tiro de las riendas e hizo parar a Compasión justo delante de una pequeña casa de fachada de piedra lucidas y pintada de blanco y casi grisáceo con numerosas grietas zigzagueantes por numerosos lugares y de tejas azules desgastadas por el tiempo con una chimenea humeante.

-Bien, aquí es, supongo que te esperabas algo mejor, pero para un paladín como yo, que estoy más en el campo de batalla que en mi hogar, no necesito más- Alnih echó un ojo a la casa y se encogió de hombros quitándole importancia, no le importaba mucho el estado de la casa, la verdad. Ambos bajaron de caballo, Alnih con ayuda del paladín, y entraron en la casa. Por dentro era tan simple como por fuera, había una mesa con un par de sillas que daban por entendido que ese era el lugar donde comía, más que nada por el frutero y las migas de pan que aun habían y más a la derecha, sin estar separado por una pared, estaba lo que parecía la cocina. Justo a la izquierda de la puerta, una escalera de maderas que ascendía por arriba delataba una segunda planta donde Alnih supuso que podrían estar las camas donde tanto Robinson como él pasarían las noches.

-Arriba están las camas, ten cuidado porque hay unas cuantas armas, no vayas a cortarte, y si necesitas comer algo, en la cocina puedes coger un mendrugo de pan o cualquier otra cosa, tampoco hay mucho- Alnih asintió y subió lentamente al piso de arriba observando las numerosas armas de madera y metal que allí habían. También había dos camas, supuso que la que no tenía mantas era la suya y se tumbó sobre un colchón viejo de paja, pero que parecía poco usado. Pese a que no era muy tarde, aunque ya estaba empezando el crepúsculo, a Alnih le empezaron a pesar los parpados y a soltar algún que otro bostezo mientras miraba al techo con las manos en la nuca, y tras unos minutos aguantando el sueño, cayó en un dulce mar de sueños. Robinson subió por las escaleras al piso superior, miró a Alnih, y cogiendo una manta del armario, tapo a Alnih asegurándose de que no pasara frio, tras eso bajó dejándolo dormir, los siguientes días podrían serle un poco duros y necesitaba descansar.

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