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La luz de un chico: No es una despedida, es un hasta pronto

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Alnih se encontraba tumbado en la cama de la pequeña casa de Robinson con las manos en la nuca y las piernas cruzadas con la mirada en el techo perdido en sus largos pensamientos. Estaba triste, porque aunque se lo había pasado de maravilla junto al viejo paladín a lo largo de toda la semana, hoy era el día menos deseado para Alnih, era el último día para volver al orfanato junto a los demás huérfanos ya que la Semana de los Niños culminaba.

De todas maneras, Alnih se alegraba que no había perdido el tiempo toda esta semana pues había aprendido muchísimo junto a Robinson y sabía que sus enseñanzas jamás se le olvidarían, pero aunque durante los seis posteriores días se había esforzado muchísimo para aprender lo máximo posible, hoy daba por hecho que sería un día muy tranquilo tanto para Alnih como para Robinson ya que tenían que recuperarse de las heridas producidas en el conflicto con los bandidos, sobre todo Robinson, que tenía numerosos cardenales por todo el cuerpo por los golpes que le propinaron. Alnih por suerte, simplemente se le inflamó la mano derecha y sentía molestias al moverla a consecuencia del golpe que le asesto al bandido en el rostro.

Alnih sacó la mano de debajo de su nuca y la alzó moviéndola levemente con un gesto de dolor que dibujo en su rostro para después soltar un suspiró, Robinson que en ese momento había subido al piso superior por las escaleras lo miró y le dedico una leve sonrisa.

-Las heridas y el dolor ayudan al guerrero a hacerse más fuerte y resistente- Dijo mientras se acercaba a la cama donde estaba Alnih tumbado y se sentó en el borde mirando a Alnih.

-Uhm…Supongo…- Alnih se puso derecho sobre la cama con las piernas cruzadas y las manos apoyadas en las piernas mientras miraba a Robinson.

-En ese caso supones bien chico- Robinson se rio y posó su mano en la cabeza de Alnih frotándole la mano despeinándolo como gesto amistoso, Alnih agacho la cabeza con una sonrisa.

-¿Tienes todo listo para irnos?- En ese momento a Alnih se le borró la sonrisa de la boca y asintió con un cabeceo con un semblante de pena dando por hecho que no le gustaba esa idea de tener que irse ya.

-Anima esa cara chico, que parece que estés en un velatorio, deberías estar contento en vez de mostrar esa cara de tristeza, la Luz te ha elegido para dar ayuda al inocente y ese era tú sueño ¿No?- Alnih asintió con la cabeza mirando a Robinson, todo eso le alegraba muchísimo pero la idea de separarse de Robinson después de toda la semana que habían pasado juntos evitaba que se alegrara.

-Entonces alegra esa cara, ponte los zapatos y baja para empezar nuestro camino hacia el orfanato- Robinson se levantó y se dirigió a las escaleras bajando al piso inferior. Alnih hizo caso de lo que le dijo Robinson y se sentándose en el borde de la cama se colocó los zapatos y bajó las escaleras y dirigiéndose a la puerta que daba a la calle, el paladín le estaba esperando junto con Compasión ya preparado con su silla de montar listo para el viaje, pero había algo que le llamo la atención de Alnih, en la silla de montar había un paquete atado ¿Qué es lo que habría en el paquete? Alnih salió de la casa mirando con curiosidad el paquete.

-Todo a su tiempo chico, ahora sube a lomos de Compasión- Alnih se frotó la nuca un poco avergonzado al haber sido tan descarado mirando el paquete y con los mofletes sonrojados se subió a lomos de Compasión, Robinson subió tras subir Alnih, cogió las riendas y espoleó al corcel empezando el corto viaje hacia el orfanato.

Tras una media hora a lomos de Compasión llegaron a la Plaza de la Catedral, muchos huérfanos ya estaba por allí correteando y jugando y otros tantos como Alnih volviendo de una entretenida o pesada semana. Robinson detuvo el corcel y con un leve salto Alnih bajó del corcel seguido por el viejo paladín que también bajó de Compasión y empezó a desatar de la silla de montar el paquete que Alnih había observado con un vergonzoso descaro, Robinson tomó el paquete y se arrodilló frente a Alnih colocando su mano derecha en el hombro de Alnih mirándolo a la cara.

-Chico, has demostrado en estos siete días que eres más que digno de obtener este regalo, es todo tuyo, tómalo- Robinson le tendió el paquete a Alnih y este lo cogió, al cogerlo casi se le cae al suelo, no se esperaba que el paquete pesase tanto ¿Qué podría ser?

-Adelante, ábrelo- Alnih asintió con la cabeza y desato el paquete, aparto la tela con la que estaba envuelto y miro con asombro el contenido del paquete sin poder creérselo ¿De verdad le estaba regalado su vieja armadura a él? Alnih lo miró aun con el rostro asombrado.

-Uhm…No…No puedo aceptarlo es…- Robinson sonrió y negó.

-Claro que puedes aceptarlo chico, ahora es toda tuya- Alnih miró la armadura una vez más y alzó la mirada hacia Robinson.

-Uhm…Pero…La necesitaras para…Luchar- Robinson con un leve apretón en el hombro le negó con la cabeza.

-No chico, mis días en el campo de batalla llegaron a su fin, y tú serás quien me suceda. Todo aquel mal que queda por purgar, todo aquel inocente al que ayudar, toda aquella alma atrapada que queda por liberar y todo el mundo que queda por ver ahora te lo heredo a ti, pues ese es el deseo de este viejo paladín y sé que esta armadura por muy vieja que este será una gran acompañante en tu futura senda como paladín- Alnih se mordió el labio inferior y dejando la armadura a un lado abrazo con fuerza a Robinson mientras lloraba, Robinson manteniendo la compostura abrazo al chico dándole unas cuantas palmaditas a la espalda intentando calmarlo con una leve sonrisa en el rostro.

-Uhm…No…No te olvidare- Dijo Alnih aferrado a Robinson con la voz entrecortada. El viejo paladín sonrió.

-Yo tampoco te olvidar chico, ahora coge esa armadura, guárdala donde no te la puedan quitar y cuando empieces la verdadera senda del paladín, dale uso- Alnih se separó de Robinson y limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano asintió con un cabeceo.

Robinson frotó su mano en el pelo de Alnih y se puso de pie para después subir a lomos de Compasión, cogió las riendas y miro a Alnih.

-Los caminos se cruzan y se separan, no me despido de ti chico, pues algún día nuestros caminos volverán a cruzarse, no lo dudes- Tres eso, Robinson tiro de las riendas de Compasión y cabalgó mientras Alnih lo miraba hasta que desapareció entre las calles de la concurrida ciudad, tras perderle de vista suspiró apenado y se giró mirando el orfanato, tapo de nuevo la armadura y se encamino hacia el interior del edificio con la mirada en el suelo, se paró frente a la puerta del orfanato y giró la cabeza mirando a la estatua de Uther el Iluminado.

-Jamás te olvidare… Maestro- Y Alnih entre al orfanato pensando en que le depararía el futuro a partir de ahora.

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