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La luz de un chico: El don merecido

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Habían pasado ya cinco días desde que Alnih salió junto con el viejo paladín Robinson Dain del orfanato para pasar toda la Semana de los Niños junto a él para aprender del día a día de un verdadero paladín. Durante esos cinco días que Alnih había pasado con Robinson, le había enseñado multitud de cosas necesarias para un paladín que Alnih desconocía y que jamás permitiría que se le olvidara, como técnicas de combates muy útiles u oraciones a la Luz que tuvo que memorizar.

Alnih estaba pasando esa semana como no había pasado ninguna otra, era entretenido aprender con Robinson sobre cómo ser un buen paladín, pero también había que decir que terminaba todos los días completamente agotado por el esfuerzo al que estaba sometido. Le dolía todo el cuerpo casi sin poder mover un musculo y sus manos estaban llenas de callos por el uso continuo de las armas que blandía. Pero pese al duro esfuerzo que Alnih estaba haciendo, ni tan siquiera se le pasó por la cabeza decaer en sus esfuerzos de combate. Como bien sabia Alnih por lo que ya sabía y le había enseñado esta semana Robinson, la segunda de las Tres Virtudes era la Tenacidad y si quería llegar algún día a ser un paladín para auxiliar a quien le necesitase, iba a tener que guiarse por las Tres Virtudes y someterse a cualquier entrenamiento necesario por lo duro que fuese para lograr algún día ese sueño.

Pero hoy iba a ser un día diferente según le anunció Robinson, al parecer, quería que las técnicas de combate que le había enseñado durante estos días atrás, las impartiera en un objetivo hostil. Según dijo Robinson, no era lo mismo luchar contra un objetivo que no tenía intenciones de hacer daño, que contra un objetivo que sí. Así pues, después de haber comido como primer plato una sopa caliente de pescado y de segundo unas deliciosas costillas de jabalí con miel acompañado de pan y agua, subieron a lomos de Compasión y cabalgaron hasta las afueras de Villadorada por el camino del norte hacia Ventormenta hasta la mitad del caminos, pues se desviaron por un camino de tierra donde allí el viejo paladín tiro de las riendas dejando parado a Compasión.

-Aquí es chico, desmontemos- Alnih asintió con un cabeceo y desmontó de Compasión de un leve salto, Robinson desmontó seguidamente con una elegancia caballeresca. Alnih al desmontar observó la zona donde se encontraba, solo alcanzó a ver nada más que árboles y arbustos, volvió la vista a Robinson esperando que le dijera que es lo que tenía que hacer en este lugar.

-Bien chico, vamos a ir de caza y tú, vas a ser quien cace a la presa- Alnih volvió a asentir con la cabeza ¿Qué clase de animal seria su presa? Estaba impaciente por saberlo, pero también rezaba por que no fuese un animal muy fuerte, no tenía ganas de salir mal parado, aunque se sentía seguro al contar con Robinson a su lado, era un experimentado caballero y pese a su avanzada edad, sabia gastárselas muy bien.

-Uhm… ¿Y cuál será…La presa…Señor?- Preguntó Alnih con curiosidad, quería tener una idea de contra que se las vería.

-El viejo Fauce Acero, un viejo lobo solitario que ha asaltado a numerosos ciudadanos de Elwynn cuando caminaban por estos lares. Ayer sin ir más lejos, casi le tienen que amputar un brazo a un pobre chico por la mordedura de sus fuertes fauces, pero no te preocupes, si veo que corres algún tipo de peligro cuando luches contra este, te echare una mano. Alnih tragó saliva, la verdad habría preferido no saber contra que se enfrentaba, pero al menos las últimas palabras de Robinson le habían reconfortado lo suficiente para mantener la compostura y no sentir temor.

- Bien, en marcha chico- Alnih y Robinson se adentraron en el bosque armas en mano manteniendo la guardia alta intentando percibir cualquier tipo de ruido que pudiera delatar a Fauce Acero.

Después de unos minutos caminando, escucharon a su izquierda el aleteo de un grupo de pájaros que alzaban el vuelo a la vez, algo que significaba que Fauce Acero podría estar cerca de ellos o tal vez se trataba de algún otro tipo de animal. Robinson posó su dedo índice en sus labios indicando a Alnih que se mantuviese en silencio y con el máximo sigilo que le podían permitir su armadura de placas, se aproximó sorteando los altos arbustos con el fin de llegar al lugar donde alzaron el vuelo los pájaros, Alnih le siguió por detrás maza en mano. Cuando llegaron al lugar donde creían haber escuchado el ruido no divisaron nada, todo a su alrededor estaba en calma… Demasiado en calma para estar en un bosque con tanta fauna, eso hizo que Robinson no bajara en ningún momento la guardia.

Entonces, del lado posterior de uno de los troncos de un árbol próximo a Robinson, salió un humano rubio con ropa oscura y un pañuelo que le tapaba medio rostro solo dejando ver sus ojos azules, el humano con pintas sospechosas iba armado con una enorme hacha de leñador que por las manchas oscuras de sangre seca, daba por entendido que no solo se le daba utilidad para cortar leña. Robinson tomó su maza empuñándola con ambas manos y se colocó en posición defensiva en dirección al hombre, el humano rubio tomó también el hacha con ambas manos y cargó contra Robinson a toda prisa atacando con un golpe vertical con su hacha, el viejo paladín paró con éxito el hacha con la maza causando que salieran despedidas unas cuantas chispas al chocar metal contra metal y comenzó una serie de forcejeos y golpes con las armas sin poder pasar las defensas de cada uno.

Alnih sin pensárselo fue a ayudar a Robinson, pero un segundo hombre, también con un pañuelo en la cara le cortó el paso, lo cogió por el cuello de la camisa dejando caer la maza y lo lanzo contra el árbol que estaba a sus espaldas, el humano saco una daga de detrás de pantalón y se aproximó a Alnih clavando la daga a escasos centímetros de su cabeza en el tronco, con una mano cogiéndole del cuello y la otra mano aun en la empuñadura de la daga, le amenazó con que lo mataba si se movía, Alnih miro de reojo la daga y rápidamente alzó su rodilla derecha golpeando al bandido en los bajos, aprovechó que le soltó para llevarse las manos al foco del dolor y le dio un puñetazo en el lado derecho de la cara haciéndolo caer al suelo. Alnih se cogió la mano con la cual golpeó, no sabía si le había hecho daño al bandido, pero el mismo si se lo había hecho al darle ese puñetazo.

Un tercer bandido apareció y entre los dos lograron coger a Robinson, desarmarlo e inmovilizarlo, Alnih busco rápidamente entre la maleza su maza pero no logro encontrarla, entonces cogió una piedra del suelo y la lanzó con fuerza a uno de los bandidos dándole con éxito en la cabeza y dejándolo en el suelo inconsciente con un pequeño hilo de sangre saliéndole de la zona del golpe, Robinson aprovechó la distracción del otro bandido y forcejeo con el dándose mutuamente una serie de puñetazos y patadas. Ahora Alnih no podía lanzar otra piedra para ayudar al paladín, corría el riesgo de dar a Robinson y se puso a pensar cómo ayudar a su mentor, pero ese pensamiento se vio interrumpido cuando el bandido al que había golpeado anteriormente, que ahora presentaba su lado derecho rojo y un corte en el labio inferior por el golpe, le cogió de nuevo por la camisa y lo golpeo contra otro árbol manteniéndolo en el aire, Alnih le cogió de la mano intentándose soltar y el bandido con un rostro que daba por hecho que estaba enfadado, le dijo.

-¡¿Quién te crees que eres chaval?! ¡¿Acaso no sabes con quien te estas metiendo?! ¡Te juro que no vas a tener la misma suerte como para morir al instante como lo hará tu compañero!- La voz del bandido era grave y llena de ira, y pese al pañuelo que llevaba en la boca para que no se le pudiera reconocer dejaba oler el tremendo hedor de su aliento que le revolvió el estómago a Alnih, suerte que no era de estómago delicado, porque habría echado toda la comida.

Robinson mientras tanto pareció flaquear en su lucha a puños contra el bandido, pues pese a que se defendía bien, presentaba algún indicio de haber sido golpeado y de estar cansado, Alnih miro un segundo a Robinson y volvió la vista al bandido, esta situación ya había llegado a un límite que Alnih no soportaba, sintió como las pulsaciones se le aceleraban y como apretaba las manos que estaban agarradas al brazo del bandido con fuerza, Alnih no había sentido esa sensación jamás, se sentía con fuerzas y una ira creciente contra esos bandidos, bajó la mirada un segundo suspirando para después volver la vista al bandido con ojos desafiantes.

-¡Soy Alnih! ¡Soy Respeto, Tenacidad y Compasión! ¡Soy aquel que velará por la seguridad de los inocentes! ¡Y aun que termine hoy aquí herido, tú vas a recibir una lección de disciplina!- El bandido alzo la cabeza echándose a reír con una enorme carcajada, pero dejo de reír cuando noto un extraño aumentó de temperatura en las manos de Alnih, este bajó la mirada y observo como Alnih estaba con los ojos cerrados murmurando algo tan bajo que era imposible de entender y sus manos estaban imbuidas en una luz dorada. El calor de las manos de Alnih fue en aumento y pasó de ser simple calor a arderle el brazo, el bandido soltó a Alnih y este cayo de pie.

Alnih abrió los ojos y miró al bandido con esos ojos esmeraldas que habían dejado la amabilidad atrás para dar lugar a la ira, y pese a que habían imbuido sus manos en luz no le prestó atención, pues su mente ahora solo estaba centrada en ayudar a Robinson. Alnih se puso en posición defensiva con las manos aun imbuidas a la espera del ataque del bandido y así fue, el bandido fue a por él, pero con suma rapidez que le proporcionaba su altura, fue más rápido y se apartó a un lado para darle seguidamente un golpe con el puño cerrado e imbuido en luz con fuerza en el costado acompañado de un destello de Luz. El bandido cayo de rodillas en el suelo atónito ante la situación, volvió la vista al chico que se había aproximado a él y Alnih se arrodillo diciéndole con voy tranquila.

-La Luz no ayuda a aquellos que sus intenciones son malas, hoy conocerás la lección de la Compasión, la compasión que no pretendías tener ni con Robinson ni con conmigo- Tras eso Alnih le golpeo en la cara dejándolo inconsciente, suspiro jadeando y se puso en pie ya sin la luz dorada en sus manos, al instante notó como una mano se le posaba en su hombro y se giró rápidamente para darse cuenta que era el viejo paladín que pese a sus heridas sonreía ampliamente.

-Mis más sinceras felicitaciones chico, la Luz ha dictaminado que eres digno de portar el don, sabía que poseías el corazón y espíritu digno para ello- Alnih lo miró sonriendo ampliamente y lo abrazó llorando por una mezcla de alegría y dolor, el paladín le devolvió el abrazo.

-Volvamos a casa chico, hoy ha sido un día muy largo y digno de recordar- Y tras todo lo ocurrido ambos salieron del bosque no solo con heridas, sino con una historia digna de contar a los hijos y nietos de las siguientes generaciones.

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