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La brusca llegada

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Relato escrito por Sharedia. Hilo original aquí.



Una tormenta había empezado en las Tierras Devastadas. Habían pasado varios años desde la última vez que esas rocas habían contemplado algo semejante. El estruendo de miles de truenos resonaba entre las paredes del cráter donde se erigía el Portal Oscuro mientras los feroces vientos se iban convirtiendo poco a poco en una fútil brisa hasta desaparecer y la lluvia ahogaba a las rocas del suelo. Era una tormenta que algunos veteranos recordaban, el estruendo del choque del metal y los gritos de batalla, el último aliento de los caídos que se fusionaban en una racha de viento mortecina que poco a poco desaparecía entre la brisa y la sangre inundaba el suelo rocoso y muerto. Una figura observaba entre las sombras, a salvo, escondida de las miradas ocupadas por no captar su última imagen. Los gritos, el dolor, el miedo, la ira, la muerte, un festín para esos ojos hambrientos, la mejor de las melodías para sus oídos y el mejor de los manjares para su hambre. Pero aquello solo era un aperitivo, el verdadero banquete estaba al otro lado de aquel portal.

Sharedia abrió los ojos, estaba tumbada sobre la dura piedra rodeada de cadáveres; desorientada y confundida intento ponerse en pie. Aquella sensación le resultaba extraña, hacía mucho tiempo que no se sentía así, desde que dejó de estar viva. Aquella sensación de haber estado fuera de tu propio cuerpo y no recordar nada, la sensación de que tu cuerpo era como un traje que aun se estaba adaptando a ti, su mano izquierda aun no respondía del todo a sus órdenes, los dedos de su mano derecha habían cambiado sus roles, su ojo izquierdo estaba inmóvil mirando al frente en todo momento, sus piernas a duras penas respondían y sus oídos solo captaban parte del sonido.

¿Qué hago aquí?, ¿Dónde estoy?, ¿Qué es todo ese ruido?, las preguntas se aglomeraban en su cabeza, su mente se estaba sobrecargando con tantas cosas; hasta que de repente un impulso externo puso todo en orden y empezó a mover la maquinaria. Un orco a un paso de muerte, utilizando su último aliento, intentó aplastarle el cráneo con su maza, la cual no pudo retener en su mano cuando la inercia empezó a hacer efecto en ella, cayendo al suelo junto a su dueño.

-¡El Portal!- grito Sharedia incapaz de retener la idea en su cabeza. Miro al frente y allí se alzaba, separado por unos metros de cadáveres y moribundos.

-¡El portal está perdiendo fuerza, lo están consiguiendo!- Gritó lo que parecía un humano.

“¡No, aun no, tengo que cruzarlo!, ¡se me acaba el tiempo!” pensó Sharedia que acto seguido salió corriendo como una exhalación hacia el portal pisando cadáveres e intentando no resbalar con la sangre y las vísceras que impregnaban el suelo. El Portal volvió a titilar, cada vez parecía más inestable, había pasado de aparentar las aguas tranquilas de la costa a las de un mar embravecido. En ese momento se alegra de ser una no-muerta, pues el dolor que sus músculos y los huesos debían sentir al correr y forzar tanto su cuerpo mientras cargaba con su arma y armadura debía de ser una verdadera tortura. En los últimos escalones se había rodeado de otros soldados y aventureros de las diferentes facciones que por diferentes razones anhelaban cruzar aquel portal. Podía sentir la magia en su cara, uno paso más y empezaría a sumergirse en aquella barrera mágica.

Sharedia cayó de rodillas frente al portal, lo primero que pudieron ver sus ojos de ese nuevo mundo fueron dos borrones, de los cuales pudo apreciar que el que estaba en frente tenia colores verduzcos y entonces desapareció en un portal. Entonces, mientras se recuperaba, pudo apreciar lo que verdaderamente debería haber sido su primera imagen de ese nuevo mundo y no dos manchas borrosas a través de una rejilla de metal. Alguien habló, no podía distinguir los sonidos a causa del estruendo de la batalla, entonces pudo ver como varios soldados y aventureros corrían en dirección al portal, que estaba cerrado, “menos mal que me dio tiempo a cruzar” pensó Sharedia. Pasaron unos segundos para que reaccionara y tomase una decisión, luchar valerosamente junto aquellos que se habían quedado a frenar a la inmensa horda de hierro donde seguramente las posibilidades de salir con vida eran reducidas, o dejar tirados a aquellos locos que preferían sacrificar sus vidas y seguir al grupo que parecida estar formado por grandes héroes y otros individuos de fuerza considerable y aumentar en gran medida sus posibilidades de vivir. Hay muchas posibilidades de que la toma de decisión sólo tardase unas milésimas en ser realizada. Salió corriendo intentando alcanzarlos, buscando los rastros de destrucción que habían dejado, las chozas ardiendo, el humo y los cadáveres de orcos parecían ser un perfecto rastro de migas de pan, pero de repente, un orco le asalto desde la maleza. Una de sus hachas atravesó la hombrera derecha quedándose a pocos milímetros de la maya que protegía la carne, y quedándose atascada en el metal, con su segunda hacha intentó cortar su vientre con un ataque horizontal, el cual consiguió esquivar moviéndose rápidamente hacia atrás, dándole los segundos necesarios para desenvainar su arma y bloquear un tercer ataque del orco rabioso.

Parecía que los dados del destino estaban empezando a estar del lado de Sharedia y eso mismo pensaba ella, hasta que sin previo aviso una orca cargo contra ella embistiéndola y haciendo que se precipitaran al agua que había después de una buena caída por el terraplén. En un último instante, Sharedia consiguió conjurar lo que parecían dos garras de energía oscura que agarraron al primer orco que la había emboscado y arrastrarlos con ellos en una caída por el terraplén hasta el agua. Los constantes golpes contra la piedra hicieron que muchas partes de su armadura se abollasen, rompiesen o incluso se desprendiesen al romperse las correas o los aguantes que las mantenían sujetas, entre ellas sus hombreras y su bota izquierda, junto con pedazos de su yelmo y de las partes más duras que cubrían su cuerpo pues su armadura apostaba mas por la agilidad que por la resistencia, pues de qué sirve proteger carne muerta en una pelea cuando puedes evitarla huyendo. La caída contra el agua fue como golpearse contra el suelo, sólo que en este suelo te hundías en vez de quedar en su superficie, por suerte, gracias a su condición, el dolor y el oxigeno no fueron un problema para ella como si lo era para sus contrincantes, dejándole solamente la tarea de recuperarse y atacarles mientras estos aun intentaban superar el dolor y tomar aire en la superficie. Por desagracia para ella, estos orcos estaban tan ensimismados en la batalla que parece que el dolor no les distrajo y el aire de sus pulmones les sobraba para acabar con ella.

El hacha de la hembra cayó sobre a lo que Sharedia solo pudo responder alzando el brazo izquierdo. En el agua el peso de la armadura la volvía torpe, se hundía más rápido que sus agresores lo que les daba ventaja pues el orco tuvo la oportunidad de llenar de aire sus pulmones y atacarla con una piedra que sostenía con fuerza en la mano. El impacto resonó en su cabeza junto a su yelmo mientras se separaba de su dueña y se hundía hasta desaparecer en las profundidades, mas tarde lamentaría su perdida, ahora tenía una amenaza de la que librarse. Un nuevo ataque de la hembra alcanzo su costado derecho, una cicatriz más para la colección. El icor mezclado con sangre pútrida teñía el agua de un color negro oscuro como la noche, su mano izquierda apenas podía realizar acciones por culpa del corte en el brazo que le había destrozado tanto músculos como tendones, en su cabeza aun resonaba el impacto del orco, el agua estaba inundando su cuerpo y su arma empezaba a resbalarse de su mano, seguramente se rompió algún dedo durante la caída. Tapándole la poca luz que entraba de la superficie, el orco se posiciono delante de ella, moviendo el mismo brazo con el que lo atacó, pues parecía que se había roto el otro pues flotaba como un tronco y no aparentaba hacer movimiento alguno. La hembra le dio su arma cuando éste había echado su brazo hacia atrás, y desde esa posición, a menos de un brazo de distancia se dispuso a efectuar su último ataque.

Todo se volvió negro durante un instante, entonces la oscuridad se desvaneció como una niebla arrastrada por un fuerte viento. Sharedia se encontraba en lo que parecía la sala de un castillo, repleta de juguetes y armas de todos los tamaños, era un lugar que conocía muy bien, pues era parte de su mente, una representación de sus pensamientos y su alma que existió sólo después de volver a la vida como un alma rota en mil pedazos atrapada en un cuerpo que ya no debería moverse.

-¿Qué haces aquí?-dijo la voz dulce de una niña pequeña-¿no deberíamos estar acabando con esos tipos?-una figura salió de detrás de una estatua gigantesca representando la lucha entre ella y el orco. Una pequeña cría Kaldorei de pelo rojizo y ojos verdes, color antinatural para el típico plateado de su raza, y ataviada con un vestido rojo.

-Eso mismo me pregunto yo, de repente todo se volvió negro, como…como suele pasar últimamente- Sharedia se quedó en completo silencio durante un momento pensativa para luego decir- ¿Has visto a alguien más? –

-Sabes que soy parte de tu mente, al igual que todo esto- dijo mientras acababa con una tierna risilla infantil- pero es verdad que últimamente escasean las tús, ¿hace cuanto que no ves u oyes a otra?-

-Demasiado, ahora sólo están los susurros-el silencio reinó unos segundos y entonces- ¿y quién está llevando los riendas si se puede saber?-

Un temblor hizo temblar la sala mientras esta se resquebrajara como el hielo, y mientras todo se derrumbaba a su alrededor, unas cadenas sonaban a lo lejos. Entonces todo explotó como una copa de cristal y la oscuridad lo inundó todo.

El sonido de unas burbujas sonó en su mente, entonces, Sharedia abrió los ojos y vio como con sus brazos le arrancaba la mandíbula a la hembra mientras el macho flotaba inerte hacia la superficie con la cabeza suelta siendo retenida a su cuerpo por solo piel y músculos. Los gritos de dolor de la hembra eran transportados en burbujas hacia la superficie mientras la sangre teñía el agua mezclándose con el negro de Sharedia hasta que su espada atravesó el vientre de la hembra y dejó que ascendiera mientras el rojo se hacía con el control de todo a su alrededor.

Sharedia se deshizo de su bota y las bolsas de menor importancia en su cinturón que habían sobrevivido a la caída, así como algunas partes más pesadas de su armadura, puede que ya no sintiese dolor físico, pero el dolor de perder tanto dinero le torturaba como si le clavasen un hierro ardiente en el pecho. Con la falta de sobrepeso, Sharedia por fin pudo ascender hasta la superficie y agarrarse a la roca. Necesito de su poder profano para hacer un apaño en su brazo y algo de suerte para escalar aquel terreno que le había costado una fabulosa armadura a medida y un tiempo crucial.

Cuando alcanzo consiguió alcanzar el punto de retorno, después de un buen rato de escalada y hechizos profanos sobre sus lesiones, pudo observar que el paisaje había cambiado un poco con respecto al su última vez antes de ser empujada. Algo del fuego de las chozas se había propagado y no se había orcos a la vista.

Indecisa sobre qué dirección tomar, opto por volver al portal e intentar reunirse con los guerreros que quedasen luchando en, si es que quedaba alguno, o escapar en el peor de los casos, puede que el ojo de Elune no estuviese posado sobre ella y tuviera suerte.

Una vez que por fin alcanzó la esquina izquierda del frente del portal, apenas tuvo tiempo de observar la situación, sólo escuchó el estruendo de un gigantesco cañón, seguido por una fuerte explosión en el pilar del lado contrario. La fuerza de la explosión lanzó a Sharedia desde la base del portal hasta el suelo, rompiéndole seguramente la mayoría de las costillas, alguna vertebra y el bazo derecho entre otros; otra vez, el ser una no-muerta le ayudo a lidiar con el tremendo y a salvar la vida, irónicamente. Cuando la nube de polvo provocado por la caída del portal empezó a disiparse, empezó a moverse, mientras vía otras víctimas que o bien murieron por la destrucción del portal o bien ya habían muerto en combate y sus cuerpos cayeron desde el campo de batalla. En la lejanía pudo apreciar una marcha de diversas formas humanoides de todos los tamaños y colores, así que o bien eran los supervivientes que escavan o uno de esos desfiles y cabalgatas de algunas celebraciones, aunque ese no parecía ni el lugar ni el momento apropiado para esos eventos. Rauda y veloz empezó a correr intentando alcanzarlos, al igual que algunos supervivientes malheridos y muchísimos orcos. Muchos de los aventureros fueron atrapados o simplemente no pudieron continuar, otros, como Sharedia, tuvieron la suerte de no ser alcanzados, o de que algunos enemigos no se percataran de sus presencias a causa de su fijación en el grupo principal.

De repente, un orco enorme se interpuso en el camino de Sharedia preparado para atacarla con su gigantesca hacha, pero justo en el momento del ataque, una flecha atravesó su cráneo de lado a lado matándolo en el acto. Mientras continuaba su huida, Sharedia giro su cabeza para observar a su salvadora, una humana armada con arco, su armadura en pésimas condiciones, y tenia múltiples heridas visibles por todo el cuerpo. Ella la miro a ella y le lanzo una pequeña sonrisa de camaradería justo cuando un disparo de cañón la hizo volar en mil pedazos, "menos mal que no era yo" pensó Sharedia mientras via la como la destrucción se expandia y tantas cosas sucediendo a la vez le impedian pensar. Una lluvia de fuego y metal arrasaba el camino de piedra y sus inmediaciones, tanto orcos como aliados caían ante las explosiones, si no eran aplastados antes. Algunos Draenei malamente armados se unieron a la huida, el embarcadero estaba a unos pocos metros. La piedra fue cambiada por madera, los botes ya habían empezado su marcha y los orcos más adelantados se estaban dando la vuelta para acabar con los rezagados. Como otros, Sharedia se dirigió hacia un lado del embarcadero para saltar agua. Solo hizo falta tirar con algo de fuerza de lo que quedaba de su armadura para que se desprendiera como un montón de chatarra. El poco peso de la maya de lo que una vez fueron sus grebas y su hoja runa, no resultaron un estorbo a la hora de nadar intentando alcanzar el bote como si lo fueron sus huesos rotos a la hora de mover su brazo o su cuerpo. Independientemente de eso, Sharedia forzó su magullado cuerpo al límite para poder alcanzar el barco, algunos huesos rajaron su piel y órganos, nada realmente importante que no se solucionase con los debidos tratamientos mágicos. “Solo un poco más” se repetía una y otra vez en sus pensamientos, un poco más para que pudiese toca la popa del buque, con un último impulso, Sharedia consiguió tocar la popa cubierta de metal, y usando el poder de las escasas runas de escarcha que poseía, consiguió congelar el agua alrededor de mano, que estaba agarrada malamente en una hendidura del casco. Sharedia ya podía recordar esa zambullida como uno de los peores segundos que ha pasado en su no-vida, el embarcadero se alejaba de ellos poco a poco junto con aquellas tierras, ahora solo hacía falta concentrar su poder en mantener ese montón de hielo para que no se soltase del barco hasta que llegaran a tierra, lo cual ya podía ser rápido, pues del uso de la escarcha Sharedia apenas llega a congelar fluidos que estuviesen en contacto con ella.

Y así comenzó su nueva aventura en una tierra inhóspita, salvaje y llena de tesoros, tierras y alguna raza estúpida de la que intentar hacerse reina.

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