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La Sagrada Caballería

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La autoría de esta guía me pertenece por completo. Si se desea adaptar, pasar a otro lugar, copiar o incluir en otros lugares que no sea esta página, se deberá pedir mi permiso.

¡Saludos a todos! Recientemente se ha podido ver un auge del rol caballeresco en la Alianza del servidor de los Errantes, lo cual es una gran noticia para todos aquellos a los que nos interesa esa clase de interpretación. Para ayudar a muchos de los que quieren iniciarse en el mundo caballeresco, algunos que ya lo rolean pero no conocen algunas cosas u otros que ya cargan con años de experiencia a sus espaldas y quieren aumentar sus conocimientos acerca de la caballería me he decidido a reescribir esta guía en su totalidad, reformando todas sus vertientes ya escritas con el fin de mejorar la calidad de la misma. Evidentemente, mucho de lo que se pueda exponer en esta guía está basado en datos acerca de la caballería que se ha venido a desarrollar en nuestra propia historia real, con el fin de que conocer nuestro propio pasado pueda ejercer como pilar básico de la interpretación de un rol caballeresco de calidad.

CAPÍTULO UNO: Historia de la caballeríaEditar

Tenemos constancia acerca del uso de caballería en la República Romana. Sin embargo, la importancia de la caballería como unidad militar en el Mundo Antiguo no era tan esencial como lo fue posteriormente, pues la unidad por excelencia de aquella era fue la infantería. En la mayoría de ocasiones, la caballería ejercía un uso de refuerzo a la infantería o de persecución en las batallas. Todos aquellos jinetes romanos, conocidos por formar parte del Ordo Equester, tenían el privilegio de emplear en sus togas dos franjas púrpuras. Sin embargo, no juzgo correcto datar esas fechas anteriores a Jesucristo como el nacimiento de la caballería, sino que sería mucho más tarde.

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Invasiones de los hunos

Concretamente, en el siglo V después de Cristo, cuando la caballería tomaría una importancia crucial a la hora del combate, pues hasta entonces no existió en Europa una estribos que permitiese a los jinetes acomodarse apropiadamente a sus corceles y a maniobrar correctamente encima de ellos. El siglo V es habitualmente conocido por ser en el que las invasiones bárbaras provenientes de Asia comenzaron a hacer estragos a lo largo y ancho del Imperio Romano, precisamente debido a la aplastante superioridad que adolecían los nuevos jinetes con sus estribos sobre una prácticamente indefensa infantería de a pie que apenas era capaz de defenderse de las brutales cargas de caballería. La figura más reconocida del siglo V fue Atila, caudillo de los hunos, cuya mítica figura trascendería en los tiempos y lo convertiría en uno de los héroes nacionales de la actual Hungría.

Así pues, en el siglo V, las tribus emigradas de Asia logran sojuzgar al Imperio romano de Occidente y hacer tambalear al Imperio de Oriente, que sobreviviría muchos siglos más con el nombre de Imperio bizantino gracias a la diplomacia de sus cesáreos emperadores. Al tambalearse la principal estructura de poder en el oeste de Europa, los tiempos se vuelven más caóticos y se desarrolla lo que hoy conocemos como la Alta Edad Media. También conocida como la Edad Oscura, esta época fue caracterizada por unas guerras provocadas por una afluencia de invasores cada cierto tiempo, el retroceso de la cultura y el conocimiento y un predominio de la Iglesia que incluso logró imponerse en muchas ocasiones al resto de gobiernos terrenales repartidos por Europa tras la caída del Imperio de Occidente. El caos desatado en la Edad Media da lugar a una constante situación de crispación en la que se ha de disponer de un afluente constante de guerreros con el que ir a una guerra, pero que a la vez exista la suficiente mano de obra con la que seguir alimentando al resto del reino mediante la producción agraria. Así pues, los continuos ataques de los invasores hicieron que la vida de la ciudad comenzase a decaer y hubo un importante auge del mundo real que convirtió a las ciudades en centros de poder de la Iglesia. Entre los principales reinos de la Alta Edad Media se encuentra el reino de franco de los merovingios, comprendido entre los actuales estados de Francia y Alemania, entre otros, el Reino lombardo de Italia (Lombardía), el Reino visigodo de Toledo (España) y el Imperio romano de Oriente, cuya capital era Constantinopla, la única ciudad que se mantuvo ajena al oscurantismo de la Alta Edad Media y logró arrojar algo de luz en un pasado repleto de ignorancia.

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Roldán jurándole lealtad a Carlomagno. Miniatura medieval del siglo XIV

El momento más crucial de la Edad Media podría situarse en la llegada al poder de Carlomagno, que logra afianzar el poder del reino que le legó su padre, Pipino el Breve, que había usurpado el poder en el reino franco de los merovingios y consolidó a su familia en el trono que antaño perteneció a los Reyes holgazanes (los merovingios). Carlomagno fue un monarca extraordinario, renovador y promotor de la cultura (a pesar de que no aprendió a leer hasta edad avanzada), cuya máxima expresión se encuentra en la Escuela Palatina Carolingia, encabezada por Alcuino de York, un filósofo anglosajón que dio origen al estilo de las actuales minúsculas. Carlomagno creó diversas escuelas a lo largo y ancho de su vasto Imperio, y reemprendió importantes reformas con las que logró dar origen al feudalismo. Según François-Louis Gansho, el feudalismo es:

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Un clérigo, un caballero y un campesino en una letra capitular de un manuscrito medieval

Puede definirse el feudalismo como un conjunto de instituciones que crean y rigen obligaciones de obediencia y servicio –principalmente militar– por parte de un hombre libre, llamado «vasallo», hacia un hombre libre llamado «señor», y obligaciones de protección y sostenimiento por parte del “señor” respecto del «vasallo», dándose el caso de que la obligación de sostenimiento tuviera la mayoría de las veces como efecto la concesión, por parte del señor al vasallo, de un bien llamado «feudo».

Es decir: el contrato de vasallaje entre un vasallo y un señor se basa en una serie de obligaciones de obediencia y servicio entre ambos. Por poner un ejemplo, un vasallo podía encargarse de arar los campos de una granja y de sembrar la tierra para el señor, que a cambio, se encargaba de proteger a dicho vasallo de cualquier mal que le pudiese acontecer en su labor. A lo largo del tiempo, esa función se fue diluyendo más y más y pronto los vasallos fueron los principalmente contribuyentes en la relación y los señores descuidaron sus deberes con ellos. Precisamente por ello, el marxismo histórico ha venido a tratar al sistema feudal como un sistema de esclavitud más.

Ahora, imaginaos que tenemos ante nosotros al rey de Francia, el cual gobierna un territorio vastísimo y no puede encargarse de defender una de sus muchas aldeas de los mil males que la pueden azotar. El rey de Francia necesita entonces delegar en sus vasallos nobles -principalmente los más útiles- sus territorios para que dispongan de ellos. Así pues, el rey de Francia decide ceder al duque de Borgoña una considerable cantidad de territorio para que la administre en su nombre, y así sucesivamente formando una rígida escala estamental que determina el triángulo base en el que se fundamenta el feudalismo:

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Pirámide feudal

Monarca (el señor de todo el territorio en cuestión)

Nobles y clérigos (los denominados oratores y bellatores: caballeros, nobles, clérigos, obispos...) Vasallos (los denominados labratores: campesinos, labradores, granjeros, artesanos...)

A partir de esto se deduce que se establece una relación piramidal de lealtades en las que cada personaje ha de tener su utilidad. Para defender sus tierras, los nobles comienzan a emplear a los caballeros, que debían ser hijos de nobles o nobles lo bastante adinerados como para poder mantener a un caballo con el que combatir. En muchas ocasiones, a esos caballeros se les concedían unas tierras, siendo así su labor defenderlas en nombre de su señor. La mayoría de caballeros marchaba a la guerra con sus señores cuando era necesario y en muchas ocasiones peleaban por causas entre nobles de un mismo reino.

Tiempo más tarde, la Iglesia decide centrar todos los esfuerzos de una Europa ociosa y sin más enemigos que el propio vecino en las cruzadas, una serie de campañas promovidas por el pueblo llano y el papado cuyo objetivo es hacer la guerra santa contra los musulmanes y los llamados infieles con el propósito de recuperar los lugares santos de la cristiandad. Muchísimos caballeros, terratenientes, nobles, príncipes y reyes, acompañados por sus huestes, marcharon hacia Tierra Santa, donde daría lugar el principio de la caballería medieval tal y como la conocemos.

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Las Cruzadas

La Iglesia decidió promover entonces la imagen mítica del noble entregado a las virtudes y a las causas por las cuales se han de aunar los caballeros medievales propiamente dichos. Su labor era combatir al infiel, ser un paragón de las virtudes caballerescas, ser galante, cortés y educado siempre con una reverente piedad hacia Dios. Este ideal se promueve más allá de Jerusalén, y llega a calar bien hondo sobre todo en Francia y en Inglaterra, dos reinos relevantes en el panorama político de la época.

Con el paso del tiempo, el concepto de caballero se va ampliando y se va engrandeciendo. En ese momento se añaden a la tradición de la caballería los fastuosos torneos y se forma un rígido código que impele a todo caballero seguir a rajatabla una serie de principios morales, virtudes, pautas y protocolos con los que ser un perfecto adalid de la cristiandad.

En aquellos tiempos aparecen los primeros cantares de gesta, unas vastas epopeyas que narraban las hazañas particulares de uno o varios héroes, normalmente máximos exponentes de alguna virtud. Al ser el pueblo llano principalmente analfabeto, en muchas ocasiones los trovadores se encargaban de narrar las aventuras y desventuras de los protagonistas de los cantares mediante el verso, yendo de villa en villa o cantando a nobles señores las historias de los héroes del pasado, pues los cantares de gesta ensalzaban y elevaban figuras míticas o de tiempos pretéritos, como se puede ver en el extenso mito artúrico que versa acerca del noble Rey Arturo y sus muy nobles caballeros de la Mesa Redonda. Entre los máximos exponentes del cantar de gesta también se encuentra el Cantar de Roldán, que narra las vicisitudes de un sobrino de Carlomagno después de que este conquiste toda España (un invento de los poetas por engrandecer a Carlomagno, como acostumbraban a hacer los cantares de gesta) al mando de la retaguardia de los ejércitos del Emperador, que se ve rodeada por una hueste musulmana que los destruye, pero no sin antes haber peleado con mucha bravura y destreza. Al ser los juglares y trovadores personas errantes, pronto el ideal de la caballería se fue extendiendo más allá de Occitania, lugar donde nació el arte trovadoresco y con ello el ideal caballero creció más y más. Por lo general, la mayoría de las batallas de la Baja Edad Media no alcanzaron bajas demasiado superiores hasta la Guerra de los Cien Años. Al ser los caballeros la unidad más valiosa en el combate, en muchas ocasiones las pugnas solían ser combates entre jinetes en los que la infantería hacía de testigo presencial y en la que se combatía con denuedo por capturar al rival en cuestión. El objetivo de los caballeros en sus combates era capturar al otro combatiente, siempre tratándolo con honor y respeto y devolviéndolo a su hogar tras cobrar un jugoso rescate. Este comportamiento está más que justificado en el hecho de que mantener un corcel, un escudero y unos pajes resultaba una tarea de lo más cara, y cualquier manera (siempre honorable) de obtener un ingreso extra era más que bienvenida por cualquier caballero. A lo largo de los siglos, se fueron fundando diversas hermandades santas que buscaban la consecución de metas piadosas y elevadas a ojos de Dios: las Órdenes Santas. Consagradas a la lucha contra el infiel, éstas logran tener un papel de importancia en la Reconquista Española y alcanzan su auge en las Cruzadas, donde su importancia fue máxime. Los Caballeros Templarios, los Caballeros Hospitalarios, los Teutónicos, los de Calatrava o Montesa o los Guardianes del Santo Sepulcro son nombres que han pasado a la posteridad.

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La Guerra de los Cien Años

Pero poco a poco el ideal caballeresco va perdiendo fuelle. Con el fin de vencer la Guerra de los Cien Años, el rey de Inglaterra comienza a emplear a sus letales arqueros largos y obtiene aplastantes victorias sobre los caballeros franceses, que se van quedando atrás ante el largo alcance de las flechas inglesas. La Guerra de los Cien Años representa pues una pugna entre lo atrasado y lo moderno, y para desgracia del ideal caballeresco, terminó venciendo lo moderno. El máximo exponente de esas victorias inglesas sobre Francia fue la batalla de Agincourt, en la que en el bando inglés sólo murieron unos cien hombres mientras que en el lado francés tuvieron unas pérdidas (elevadísimas para las clásicas batallas caballerescas) de más de seis mil hombres.

La caballería entonces pasa a representar un papel de menor importancia ante una renaciente infantería en los fines bélicos. Los ideales caballerescos se mantienen en alto, pero el uso militar de los corceles se ve relegado a un segundo plano y poco a poco va decayendo hasta el punto en el que finalmente la caballería cobra un lugar de importancia en los círculos de la aristocracia, dedicada entonces a los torneos, a los juegos y a las fiestas de esplendor pre-renacentista. Si los caballeros ya no ofrecían seguridad contra los nuevos invasores provistos de novedosas y destructivas armas, ¿de qué servían? Con ese pensamiento agoniza la caballería. A pesar de ello, el poderoso duque de Borgoña, Carlos I el Temerario, funda una orden de caballería reservada a los más altos aristócratas del mundo y en la que tienen cabida todos los reyes cristianos, y dicha orden se conocería como el Toisón de Oro y supondría algo similar a una cumbre de importantes terratenientes medievales. Así pues, los nobles recogen el guante dejado por los caballeros propiamente dichos y se enzarzan en el gobierno de sus feudos bajo los fuertes dogmas de la caballerosidad.

Pero finalmente la caballería va convirtiéndose en un mero ideal en el que se prima la educación, la cortesía, las buenas maneras y el seguir a rajatabla unas férreas doctrinas morales, éticas y cristianas. Con el paso del tiempo, la razón de estado fue cobrando importancia por encima de la voluntad de los reyes y podemos ver como los hombres comienzan a ser más pragmáticos a la hora de dirigir sus reinos. Si la decadencia de la caballería da comienzo en la batalla de Agincourt, esta termina por desvanecerse con la muerte de los dos últimos reyes caballeros: Carlos I de España, V de Alemania y Francisco I de Francia.

CAPÍTULO DOS: ¿Qué es un caballero?Editar

Un caballero es el más firme defensor de los preceptos que promulga la Iglesia en nombre de la Cristiandad. Su labor ha de ser la de enarbolar el estandarte de las siete virtudes cardinales contra todo mal; proteger al débil y al inocente; combatir la herejía y a los infieles; ayudar al indefenso y ser galante y cortés, siempre bajo un manto pío provisto de la Iglesia. A lo largo de la Edad Media y en los siglos posteriores, el ideal del caballero se ve representado por una figura prominente de los cantares de gesta, Sir Galahad el Puro, hijo de sir Lancelot y el mayor caballero que jamás haya existido sobre la faz de la Tierra según el mito artúrico.

La instrucción del caballero era siempre laboriosa y cansada, repleta de dificultades y problemas debido a su carácter errante. Por lo general, un caballero era nombrado por su tutor, que tenía que ser también caballero. El futuro caballero debía de pasar por una época de paje, de siete a doce años, y por otra de escudero, de doce a dieciséis años. Una vez cumpliera la edad requerida y si su tutor lo consideraba apto, lo nombraba como caballero en una ceremonia llamaba investidura. El caballero se pasaba toda la noche en vela, vigilando sus armas, vestido de blanco, en el llamado velamiento de armas, y al día siguiente, si se estaba en paz, el caballero era nombrado entre pomposos festines. Al alba, el futuro caballero era cubierto por una capa roja que representaba la sangre que estaba dispuesto a derramar, se le daban unas medias de color pardo, por la tierra que debía de defender, un cinturón blanco, espuelas doradas y una espada de dos filos (uno por la justicia y otro por la lealtad). Y por fin llegaba el momento más esperado, el espaldarazo, o golpe, lo administraba el señor feudal u otro caballero (su tutor) recitando más o menos estas palabras: “Recuerda al que te hizo caballero y te ha ordenado; despierta del malvado sueño y mantente alerta confiando en Cristo”. El investido juraba lealtad, honrar y ayudar a las damas y asistir a misa diariamente siempre que le fuera posible. Entonces el señor le daba con la espada en el hombro y así quedaba convertido en caballero. En tiempos de guerra, con colocar el filo de la espada en el hombro ya bastaba. En World of Warcraft se desconoce el sistema por el cual se nombran los caballeros, así que sugiero que se podría hacer lo mismo en la ordenación del caballero, jurando así proteger con devoción al débil e indefenso, ser cortés, leal y valiente y defender y confiar en la Luz Sagrada.

Cuando era investido, el nuevo caballero solía ir a la guerra a luchar contra los enemigos de su señor, de la forma en la que éste se lo ordenase. Si en aquellos momentos el reino estaba estaba en período de paz, los caballeros marchaban a torneos y justas. Los torneos se parecían mucho a las batallas reales, pues en ellos combatían varios caballeros en una misma zona dispuesta para ello, mientras que las justas eran distintas, pues eran más individuales; en las que combatían dos caballeros a solas. El perdedor de una justa o un lance perdía sus armas, armaduras y el caballo, teniendo que pagar un rescate por ellos a su vencedor, lo que hacía que todos, en un momento u otro, salieran ganando o perdiendo. Y sus sirvientes no debían ser menos de tres: uno para cuidar los corceles, otro para el mantenimiento y limpieza de las armas, y uno como ayudante personal para ponerle la armadura, subirle al caballo, levantarle del suelo y ayudarle si se caía durante el encarnizado combate.

CAPÍTULO TRES: ¿Y qué puedo hacer si soy caballero?Editar

La vida del caballero es dura, y por ello, laboriosa. Por lo general, el caballero busca siempre la justicia en todo aquello que le rodea; es cortés y gentil con las damas (a las que reverencia y respeta por encima de todas las cosas) y en muchas ocasiones buscará hacerse con su favor, en forma de prenda que pueda anudar en su lanza o en su espada.

Los caballeros por lo general solían ser gente piadosa, pues su poder emana de la propia deidad en la que creen, por lo que siempre pueden hallarse rezando, meditando o tratando de desentrañar algún misterio que ofrezca la Luz Sagrada. Los caballeros se rigen por un estricto código moral de virtudes que siempre los impele a comportarse de una manera éticamente correcta, por lo que jamás faltarán a los principios de la honestidad, la caridad o la templanza que explicaré en otro apartado de esta guía.

CAPÍTULO CUATRO: ¿Y los títulos?Editar

En general, el título de caballero se considera el más bajo dentro del régimen estamental, pero no por ello surge deshonra en ostentarlo, si no más bien todo lo contrario. Al no ser un título hereditario, muchos combatían con el fin de labrarse un nombre y convertirse en caballeros, lo que conllevaba un gran prestigio en la sociedad. Aun así, protocolariamente, al estar el de caballero en el escalafón más bajo de la pirámide de títulos, un noble siempre ha de presentarse con su título más alto. Por ejemplo, uno de mis personajes es Raynault III, Margrave de las Marcas del Sur del Reino de Stromgarde, pero también es caballero. Raynault no debería presentarse como "sir Raynault de las Marcas del Sur del Reino de Stromgarde", sino como "sir Raynault Karling, margrave de las Marcas del Sur del Reino de Stromgarde"; y a pesar de eso, la fórmula correcta implica que la presentación adecuada sea: "margrave Raynault Karling, margrave de las Marcas del Sur del Reino de Stromgarde", y si gusta, de decir que es caballero. Quiero remarcar también que el título de sir siempre acompaña al nombre, y no al apellido, por lo que si queremos saludar a Eristhoof von Khanstein nunca diremos sir von Khanstein, sino sir Eristhoof o sir Eristhoof von Khanstein. Para los nobles, el protocolo, la educación y las maneras supone algo muy importante y errar en el trato a uno de ellos puede ser incluso crucial.

CAPÍTULO CINCO: ¿Y mi blasón?Editar

El arte de la heráldica supone un arte de lo más noble y elaborado. Su origen se encuentra en las banderas que llevaban las legiones romanas para reconocerse unas con otras, y ello fue perdurando con el paso del tiempo. Los caballeros solían llevar blasones en sus escudos y armaduras con el fin de reconocerse los unos con los otros, y eso resultaba imprescindible en una batalla, pues sabiendo que si capturabas al caballero con tres flores de lis en el pecho, estabas capturando al rey de Francia, ya sabías a por quién ibas a ir. Remarco otra vez que los caballeros no solían matarse los unos con los otros, y si lo hacían era llamándose a un duelo mediante una letra de batalla.

A la hora de elegir el blasón de vuestro personaje, recomiendo que busquéis intensivamente a lo largo de la web páginas donde podáis encontraros con escudos heráldicos a vuestro gusto. Para no extenderme demasiado, aconsejo ver estas páginas:

http://es.wikipedia.org/wiki/Her%C3%A1ldica http://es.wikipedia.org/wiki/Portal:Her%C3%A1ldica http://dibujoheraldico.blogspot.com.es/

CAPÍTULO SEIS: ¿Hay algo que pueda leer para mejorar mi interpretación de caballero?Editar

Además de los cantares de gesta, puramente medievales que puedas encontrar, también existen las novelas de caballerías, un género especializado en narrar las hazañas y peligros de un caballero. La literatura medieval es la mejor que podemos consultar ya que siempre nos ofrece una visión bien real acerca de como eran los caballeros en sus tiempos. Aquí os dejo una pequeña lista de ejemplares que podéis leer para mejorar vuestra interpretación.

Cantares de gesta:


El Cantar de los Nibelungos: cantar alemán famoso por ser llevado a la ópera por Richard Wagner que narra las vicisitudes y aventuras de Sigfrido, Brunilda o Krimilda entre otros muchos personajes.

El Cantar de mio Cid: cantar castellano famoso por ser el primero de todos cuantos conocemos, que narra las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, que con la conquista de Valencia queda referenciado como el máximo exponente de la caballería en España.

El Cantar de Roldán: cantar francés famoso por narrar las complicaciones que tuvo el joven y diestro Roldán, marqués de Bretaña, a la hora de enfrentarse a una emboscada musulmana mientras lideraba los ejércitos de Carlomagno.

Cantares de la Materia de Bretaña: versando acerca del Rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda, los cantares de la Materia de Bretaña ofrecen una vasta miríada de los muchos caballeros de la Tabla Redonda, principalmente desarrollados por Geoffrey de Monmouth, Chrétien de Troyes o Wolfram von Eschenbach.


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Novelas de caballería:


El Quijote, de Cervantes: Quizás la obra de literatura más universal y famosa de todos los tiempos, que narra las onerosas venturas y desventuras de Alonso Quijano y su escudero Sancho Panza, que recorren los campos de Castilla en una brutal sátira al ideal caballeresco y a los libros de caballerías.


Tirant lo Blanc, de Joanot Martorell: Como valenciano que soy, no puedo sino añadir esta obra maestra a la lista. El Tirant cuenta la épica epopeya en la que se sumerge un joven caballero de la corte del rey de Inglaterra para salvar al Imperio bizantino del Gran Turco, y acerca de cómo se enamora de una princesa bizantina entre otras muchas cosas. Considerada una obra cumbre de la literatura en lengua catalana, el Tirant fue incluso catalogada por Cervantes como la mejor novela de caballerías jamás escrita.


Amadís de Gaula, de Garci Rodríguez de Montalvo: Narra las aventuras del joven Amadís de Gaula, hijo del rey Perión de Gaula que es abandonado en una barca. Amadís será el máximo exponente de la caballería en una serie de aventuras en las que será perseguido por el pérfido Arcaláus el Encantador, en las cuales buscará el amor de la princesa Oriana. Continúa con las Sergas de Esplandián.

CAPÍTULO SIETE: Las siete virtudes de la Caballería.Editar

Además de los ideales caballerescos, que son nueve: nobleza, lealtad, templanza, generosidad, justicia, humildad, fe, defensa y valor, existen otras siete virtudes de la caballería promovidas por la Iglesia. Se oponen a los pecados capitales, los cuales también expondré aquí. Dichas virtudes son: 

Humildad (en latín, humilitas). Esta virtud hace imperar el hecho de que un caballero siempre ha de ser humilde, y no orgulloso de su fuerza o sus cualidades y siempre considerando a la Luz Sagrada por encima de él. Se opone a la soberbia.

Generosidad (en latín, generositas). Esta virtud se basa en el compartir cosas con los demás, estando así basada en la inclinación del caballero a dar y a compartir por sobre el propio interés con otras personas. Se opone a la avaricia.

Castidad (en latín, castitas). Esta virtud se basa en la pureza del cuerpo y del espíritu. El caballero se obliga a sí mismo a no caer en el pecado original ni en la lujuria, siendo casto en cuerpo y espíritu. La mayoría de caballeros sólo compartían su cuerpo con damas tras las nupcias. Se opone a lujuria.

Paciencia (en latín, patientia). Esta virtud se fundamenta en que un caballero siempre ha de ser paciente y tranquilo, sin alterarse y contemplando el abanico de opciones que se le presenten, siendo siempre reflexivo e introspectivo siempre. Se opone a la ira.

Templanza (en latín, temperantia). Esta virtud se basa en el no caer que regula la atracción por los placeres de la carne que no pertenezcan a la índole sexual, y procura el equilibrio en el uso y disfrute de los bienes que posea. Se opone a la gula.

Caridad (en latín, caritas). Esta virtud surge en base al amor que ha de tener un caballero por uno mismo y por todas las criaturas creadas por la Luz Sagrada. Una forma de caridad es la limosna, muy en boga en la caballería. Se opone a la avaricia.

Diligencia (en latín, diligentia). Esta virtud impone cumplir todas las promesas que el caballero haga a alguien, por lo que todo juramento será siempre cumplido por un buen caballero. Se opone a la pereza.

CAPÍTULO OCHO: Los siete pecados capitales.Editar

Los pecados capitales son las más bajas virtudes de las razas mortales, consideradas incorrectas por los caballeros, intentado ser normalmente contrarios a los siete pecados capitales, que son opuestos a la lista anterior en orden:

Soberbia, (en latín, superbia). La soberbia es similar al orgullo, y se basa en considerarse superior, mejor y de gozar de mejores virtudes que el resto del mundo. Es la opuesta a la humildad.

Avaricia, (en latín, avaritia). La avaricia se basa en el hecho de que un caballero desee quedarse con todos sus bienes y posesiones sin dar limosna ni ofrecer caridad a nadie. Es la opuesta a la generosidad.

Lujuria, (en latín, luxuria). La lujuria se da particularme cuándo alguien cae en los pecados viciosos carnales con otro mortal, sean cuáles sean. Es la opuesta a la castidad.

Ira, (en latín, irae). La ira es el pecado que dicta el enfado y el enojo, haciendo que el caballero se comporte de manera irascible y provocable a la par que iracunda. Es la opuesta de la paciencia.

Gula, (en latín, gluttire). Este pecado capital se basa en la caída a los placeres carnales, recayendo, concretamente, en el vicio relacionado con la comida y la bebida y en el desequilibrio del propio caballero. Es el opuesto de la templanza.

Envidia, (en latín, invidia). Este pecado capital se basa en el deseo de los bienes o posesiones de otro mortal, sea cuáles sean. Es el opuesto de la caridad.

Pereza, (en latín, acedia). Este pecado capital se basa en el remoloneamiento, en la desidia, en el falso cansancio y en la falta de ganas, que harán que el caballero vaguee sin cumplir sus muchos deberes. Es el contrario de la diligencia.

CAPÍTULO NUEVE: Las Tres Virtudes.Editar

Uther el Iluminado, primer paladín y arquetipo de los mismos.png

Las Tres Virtudes son el pilar de la Iglesia de la Luz, y deben ser cumplidas a rajatabla por todo creyente de la Luz Sagrasda. Esta parte adicional está extraída de la Justa Medida de la Orden del Alba de Plata, puesto que yo mismo no he podido explicarlo mejor:

Respeto: El Respeto es la Primera Virtud a enseñar a todos aquellos que se unen al camino de la Luz, no exenta por ello de ser de las más complicadas de alcanzar en plenitud. Es el nuestro el camino del guerrero de la Luz, y es fácil encontrar ante nosotros numerosos enemigos a los que podríamos despreciar por su origen o actos. Y sin embargo, nuestros oponentes son dignos, como nuestros hermanos, del mayor de nuestro respeto. El respeto nos otorga una conexión con nuestros enemigos, sea cual sea el campo de batalla, con sus intereses y su sufrimiento. El respeto nos proporciona entendimiento. Respetar a quien se aprecia es una tarea sencilla. El verdadero reto se encuentra en tender la mano y extender la Virtud más allá de quien amamos.  Extracto de los versos del libro de Alonsus Faol:  Principio del Respeto: Cada cosa posee su propia conexión con el mundo  Lección del Respeto: No dañes aquello que valorarías si fuese tuyo. 

Tenacidad: Resistencia y perpetuidad. No cabe duda de que los nuestros son tiempos oscuros y difíciles. Inocentes sufren a nuestro alrededor, en un mundo consumido por la guerra y el odio. Buenos hombres y mujeres caen a diario para defenderles y proveer un mañana mejor. Muchos hemos experimentado el sabor de la traición o el desánimo. No rendirnos ante esto, prevalecer con firmeza ante ellos nos acerca a la Virtud. Frente a las adversidades debemos continuar sinceros al motivo de nuestra lucha. La Tenacidad es inherente a la condición de todo aquél que toma las armas para defender a los que ama, y pese a la dureza de la lluvia, sigue en pie. No hay que confundir no obstante, la tenacidad con la insensatez o la bravuconería desmedida. La lección no es que el hombre no debe temer. La lección reside en que debe ser capaz de sobreponerse a sus miedos, de tomar las decisiones acertadas y de prevalecer. 

Extracto de los versos del libro de Alonsus Faol:  Principio de la Tenacidad: El mundo es demasiado grande para reconstruirlo en un día.  Lección de la Tenacidad: La perseverancia genera fuerza. 

Compasión: La última pero no menos importante de las tres Virtudes. Es sencillo ver rivalidades y diferencias, experimentar el odio y el desprecio, pero el verdadero desafío se encuentra en observar más allá de las apariencias y comprender las similitudes que nos acercan. A través de ésta visión, podemos sentir la compasión por las pérdidas de aquellos que nos rodean, incluso cuando batallan bajo diferente estandarte. Sintiendo y comprendiendo por amigos y enemigos del mismo modo, se reafirma nuestra conexión con el mundo. 

Extracto de los versos del libro de Alonsus Faol:  Principio de la Compasión: Es más productivo iluminar la vida ajena que la propia.  Lección de la Compasión: Proporciona ayuda libremente, pero no menosprecies a quien la recibe. 

CAPÍTULO DIEZ: Clases que pueden ser caballero.Editar

Por lo general, los caballeros clásicos o románticos suelen ser paladines, guerreros y Caballeros de la Muerte, pues sus estilos de combate se fundamentan en el cuerpo a cuerpo y en un combate equitativo. En las sociedades en las que el título pasa a ser honorífico, como la gilneana, todas las clases pueden ser caballeros. Los caballeros suelen considerar las armas a distancia deshonorables y no suelen hacer uso de ellas, con lo que no se suelen ver caballeros magos o caballeros cazadores.

CAPÍTULO ONCE: Los Caballeros en World of Warcraft.Editar

Los caballeros en World of Warcraft se encuentran presentes sobre todo en los Siete Reinos de la Humanidad, como parte fundamental de las tropas humanas. Con la ordenación de los primeros paladines el caballero y el paladín suelen estar entremezclados en sus deberes de proteger a los débiles e indefensos, hacer imperar la justicia o acabar con el Mal. De hecho, en las historias medievales los paladines son paragones de virtudes que representan a la perfección los ideales del credo cristiano. En Azeroth, no todos los caballeros pueden ser paladines, pero sí persiguen un mismo método independientemente del uso que hagan de la Luz Sagrada. Por lo general los paladines suelen utilizar martillos debido a que no se ve bien que un hombre santo derrame sangre ajena (recordemos la vertiente de clérigo que acusan todos los paladines) y los caballeros se ven más libres de llevar espadas o armas punzantes.

CAPÍTULO DOCE: Final, notas y agradecimientosEditar

Antes de finalizar, quiero dejar bien claro que gran parte de esta guía es fruto de la interpretación personal propia. Dentro de la misma, interpreto que todas las culturas de World of Warcraft son igualitarias, por lo que todo lo aplicado anteriormente sirve tanto para hombres como para mujeres, y sin duda existen en World of Warcraft personajes femeninos caballeros o que se valen de las virtudes caballerescas e incluso que son paladines. como bien hemos podido ver dentro del juego.

Hemos llegado ya al final. Espero con total sinceridad que esta pequeña guía os haya gustado, que os haya divertido, pero que al igual os sirva para interpretar a vuestros personajes, y que a la vez os enriquezca también fuera del juego. Agradezco sobremanera al Alba de Plata por la acertadísima visión de las Tres Virtudes, redactadas por el mismo Tristan. También solo queda pedirle un pequeño perdoncito a Eristhoof por mencionarlo en la guía sin su permiso, pero no me he podido resistir a hacer el guiño.

¡Muchas gracias los que hayáis llegado hasta aquí!


Gareus.

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