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La Hidra

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Ficha lateral Hidra-0.jpg

La Hidra es una isla de los Mares del Sur perteneciente a la Alianza. Se encuentra a pocas jornadas de navegación de Pandaria y a una semana de Ventormenta. Fue descubierta en el año 40 antes de la apertura del Portal Oscuro por el capitán tirasiano Rodrigo de Velasco, quien la incorporó a Kul Tiras. Tras la Segunda Guerra, los habitantes fueron diezmados por los pigmeos locales, hecho que permitió que una banda de piratas ocupase la colonia. La isla fue recientemente reincorporada a la Alianza por Jesabela Rocarena, quien bajo el auspicio de la Corona, consiguió vencer a los piratas y dominar a los pigmeos locales.

HistoriaEditar

Época Pigmea Antigua (¿?- 300 AAPO): Editar

Hace más de trescientos años antes de la Apertura del Portal Oscuro, en La Hidra vivían tres tribus pigmeas: Los Tumonwo, los Aranga, y los Tuga Longa. Entre estas, la última era la más poderosa, pues controlaban las junglas orientales y disponían de los mejores guerreros, gracias al desarrollo de una naciente industria lítica. Poco se sabe de la forma de vida y cultura de los pigmeos en este estado primitivo, salvo que eran dados a guerrear entre ellos y se dedicaban a la caza y recolección.

Otmatlipoca forma trol.jpg

El brujo zandalari Atahamanwa sería adorado como un dios por los pigmeos.

No obstante, este estado más salvaje cambió cuando llegó a La Hidra un brujo zandalari exiliado de Zandalar llamado Atahamanwa. Este trol, al ver a las criaturas brutas y obtusas con las que se encontró (pensemos que pertenecía a la casta más alta de la raza trol) decidió emplearlas para sus propios fines. Con el fin de ser aceptado, justo cuando guerreros nativos fueron a su encuentro para expulsarlo, hizo gala de sus dotes mágicas, carbonizando por entero la montaña donde la tribu Tuga Longa residía, y acabando con la vida de sus habitantes. Desde entonces, ese lugar ha permanecido con una vegetación marchita y negra, donde sólo crecen pardos zarzales, produciendo así un gran contraste con el resto de la flora habitual isleña.

Cuando los indígenas se percataron del poder de Atahamanwa, la historia pigmea dice que se postraron ante él y lo adoraron como a un dios. El zandalari, viendo la oportunidad que tenía ante él les dijo que su nombre era Olmatlipoca, y que era el Dios de las Hidras (animales sagrados para los nativos), el cual había llegado para bendecir al pueblo pigmeo. Para ganarse aún más la fidelidad de sus nuevos adoradores, el brujo seleccionó a los caciques de cada una de las tribus y a partir de ellos construyó una nueva casta sacerdotal. Asimismo, unió a todos los habitantes de la isla bautizándoles como olmatlecas, y sobre la montaña carbonizada donde antes quedaba el poblado Tuga Longa, fundó la Ciudad-Templo de Olmatlán.

Alta Cultura Pigmea (300 AAPO - 40 AAPO): Editar

Esta nueva ciudad quiso ser un reflejo de los majestuosos templos zandalari. No obstante, los pigmeos pronto incorporaron su propio estilo, y siguiendo las indicaciones de su nuevo dios construyeron un palacio-templo de piedra en el interior de una caverna que se había abierto tras la explosión de los conjuros mágicos contra la montaña. En aquel mismo lugar, la casta sacerdotal fue instruida en las letras y lengua zandalari, mientras que los pigmeos más comunes siguieron hablando su idioma natal con alguna palabra nueva de origen trol.

Según pasaban las décadas, Olmatlipoca se hacía cada vez más viejo, mientras que la casta sacerdotal crecía en número y sabiduría. Muchos de ellos ya habían aprendido a realizar hechizos de piromancia notables e incluso dos Altos Sacerdotes conocían tímidamente los rituales del vudú y la magia negra. Esto preocupó al brujo zandalari, por lo que resolvió recurrir a la más tenebrosas de las artes para prolongar su vida y poder, de modo que ninguno de sus devotos osase jamás desafiarlo.

Cocijo.jpg

Estatua de Olmatlipoca en Olmatlán, representando al dios con cabeza de hidra.

Fue de esta manera por la que se estableció la fiesta-ritual del Olmatlepetl, por el cual, cinco pigmeos y cinco bajos sacerdotes elegidos al azar eran sacrificados en el Templo de Olmatlipoca, de forma similar a la que algunos Imperios trols realizaban sacrificios a sus loa. El funcionamiento de este ritual mágico funcionaba de la siguiente manera: El Sumo Sacerdote y sus asistentes colocaban a sus sacrificios sobre el altar mayor del templo, a cuyo frente se encontraba la deidad, ataviada con una máscara de piedra en forma de hidra, de cuya boca emanaba un haz oscuro que atraía la energía vital de las víctimas, nutriéndose de ellas. A continuación, el Sumo Sacerdote les sacaba el corazón y los exprimía sobre un cuenco de madera, el cual se le daba a Olmatlipoca para que bebiese de él (aunque algunos relieves y murales de Olmatlán reflejan que era la propia deidad la que se comía los corazones crudos). Como es ostensible, este ritual anual permitía al trol prolongar su vida y mantener a un nivel aceptable sus reservas mágicas.

Pasados dos siglos y medio de la llegada del Dios Hidra, los pigmeos habían evolucionado hacia una cultura más avanzada. En la cúspide de su civilización estaban los Sacerdotes, tras ellos, estaban los Guerreros, y por último, los Trabajadores. A pesar de esto, la mayoría de los indígenas, especialmente los guerreros de bajo nivel y los trabajadores, continuaron con una forma de vida primitiva, pues ni siquiera empezaron a arar tierras ni a criar animales (quizás porque el mismo medio les proporcionaba el sustento). Tan sólo la casta sacerdotal y ciertos guerreros asociados al Templo de Olmatlipoca se beneficiaron de los avances. Sin embargo, el control que ejercían sobre los demás nativos era absoluto. Año tras año, continuó celebrándose religiosamente el Ritual del Olmatlepetl. No obstante, cada vez era mayor el número de sacrificios que Olmatlipoca demandaba, pues a pesar de nutrirse de la energía vital de los desdichados que acababan en su altar como ofrendas, seguía envejeciendo y debilitándose. Las crónicas pigmeas cuentan que unos veinte años antes de la llegada de los 'invasores tirasianos', se realizaban alrededor de cien sacrificios anuales (la mayoría trabajadores) al dios. El incremento de las demandas comenzó a provocar cierto malestar en las castas bajas, quienes comenzaron a sentirse explotados por el Templo sin recibir apenas beneficios a cambio.

Descubrimiento y Gobierno Tirasiano (-40 AAPO - 8 DAPO):Editar

Tapiz de Tiramar.jpg

Tapiz de Tiramar, donde se representa el descubrimiento de la isla por Don Rodrigo de Velasco, la masacre de hidras, y la fundación de Tiramar por el célebre capitán tirasiano. Realizado por Diego de la Velamayor.

Cuarenta años antes de la apertura del Portal Oscuro, cuando en los Reinos del Este imperaba la paz, una goleta de Kul Tiras, pilotada por el capitán de la Armada Don Rodrigo de Velasco, tocaba tierra en una remota isla de los Mares del Sur, donde fundó el asentamiento llamado Tiramar. Este, a quince jornadas de navegación de su patria y a siete de Ventormenta, se convertía en un punto estratégico para el comercio entre las distintas naciones humanas. Asimismo, serviría también para controlar las rutas marítimas y mantener una pequeña flota con la que mantener a raya a los buques piratas que incesantemente azuzaban a las compañías mercantes que surcaban el Gran Mar.

A raíz del descubrimiento de Don Rodrigo de Velasco, al año siguiente la nación marítima de Kul Tiras envió cinco barcos con al asentamiento de Tiramar, en el suroeste de la ínsula, donde también se construyó un castillo donde se asentó el gobernador elegido por las autoridades del país. La economía de la nueva colonia pronto se basó principalmente en el comercio y en la exportación de caña de azúcar de las plantaciones insulares controladas apenas por dos familias importantes. También se empezó a cazar activamente a las hidras locales, con el objetivo de vender a altísimos precios sus escamas, garras, mandíbulas,  y carne, lo que permitió a la isla crecer de forma próspera. Asimismo, también se obtenía un buen pellizco de los beneficios que reportaban las aduanas comerciales.

Por otra parte, los pigmeos vieron a los primeros exploradores tirasianos (y después a los colonizadores de Tiramar) como intrusos. Es en esta época cuando guerreros nativos asesinan al explorador Felipe Esquivel en las junglas orientales, cuando estaba cerca de descubrir la ciudad de Olmatlán. No obstante, Olmatlipoca, enterado de los acontecimientos e intrigado por la aparición de aquellas criaturas, ordenó a sus adoradores que consintiesen a los humanos asentarse en la isla, permitiéndoles tan sólo que capturasen a viajeros solitarios o grupos pequeños para que sirviesen de sacrificio. De esta manera, los tirasianos no fueron conscientes de la existencia de los pigmeos, y al mismo tiempo, el brujo trol conseguía desviar los malestares de las castas bajas al dejar de realizar sacrificios sobre ellas. Empero, esta estrategia quedó en entredicho cuando Tiramar empezó a crecer con inesperada rapidez y los tirasianos cada vez se adentraban más en las junglas orientales, conscientes de las constantes desapariciones que tenían lugar en esa zona. Fue en torno al año 6, después de la Apertura del Portal Oscuro, cuando, el Sargento Roberto Robles localizó la ciudad pigmea, pese a que no vivió para contarlo, pues rápidamente fue apresado y sacrificado en el Templo.

Estos hechos, sumados a la caza masiva de hidras, que seguían considerándose animales sagrados e hijos de Olmatlipoca, provocó la furia de los pigmeos y del propio Dios Hidra, el cual determinó que la presencia humana tenía que llegar a su fin, declarándole la guerra a los colonos. A mediados del año 7, al anochecer del octavo día del sexto mes, un ejército de entorno a los diez mil pigmeos marcharon con Olmatlipoca a la cabeza contra Tiramar. El Fuerte de la Tenacidad, localizado en el centro de la isla y con una guarnición de doscientos soldados cayó rápidamente ante el ataque fugaz de los nativos que, sorprendieron y mataron a placer al destacamento militar, dejando a su paso derruida la fortaleza. Sin embargo, tres supervivientes lograron dar la voz de alarma a Tiramar dos horas antes de que el ejército olmatleca llegara a las puertas de la ciudad. Precipitadamente, el gobernador Lope de Gómara, logró reunir a las defensas de la ciudad, que se cifraban en torno a los mil soldados y doscientos guardias urbanos. Las fuerzas tirasianas lograron resistir al empuje pigmeo por varias horas, causando numerosas bajas al enemigo, hasta que el mismo Olmatlipoca empleó sus conjuros para derribar la muralla exterior, facilitando así la irrupción de sus acólitos en la ciudad.

Sacrificio a Olmatlipoca.jpg

Representación del Olmatlepetl en el que los tirasianos supervivientes de Tiramar fueron sacrificados.

La ofensiva en el interior de la ciudad se saldó a favor de los olmatlecas gracias a la decidida participación del Dios Hidra y de los Altos Sacerdotes. Acabado el combate, toda la población superviviente (los pigmeos en sus tablillas apuntan a que fueron unos 2000 en total, aunque quizás sea una cifra exagerada) de Tiramar fue apresada y conducida a Olmatlán. Allí, se celebró un gran Olmatlepetl, por el cual Olmatlipoca estuvo diez días y diez noches consumiendo la energía y bebiendo la sangre de sus sacrificios. Las calaveras de sus víctimas fueron empleadas para construir un trono en el cual el nefario dios se sentó y donde quedó aletargado (muchos piensan que sufrió una sobrecarga de energía vital que su anciano cuerpo no pudo procesar efectivamente lo que provocó este estatus), dejando a sus Altos Sacerdotes por su propia cuenta y con una perspectiva incierta, pues pese a la gran victoria que habían conseguido al exterminar a los tirasianos, el pueblo pigmeo había perdido a la mayoría de su población en el conflicto bélico.

Semanas después del exterminio de los colonos humanos, barcos de la Armada tirasiana llegaron a las costas de La Hidra para descubrir que los pobladores o bien se habían esfumado sin dejar rastro o bien habían sido asesinados. Tiramar presentaba el rastro de la devastación, e incluso el castro principal presentaba serios daños. La explicación más compartida fue que un contingente pirata había asaltado el enclave y secuestrado o asesinado a sus habitantes, mientras que otros opinaban que habían sido nagas, debido a la ausencia de balas y muescas creadas por los cañones. Independientemente de la explicación que le diesen, Kul Tiras, ocupada con otras cuestiones (Segunda Guerra), decidió abandonar la isla, por lo que en los años siguientes la ínsula fue paulatinamente ocupada por filibusteros y esclavistas que se aprovecharon de las infraestructuras que aún quedaban en pie.

Ocupación Pirática (15 - 31 DAPO):Editar

Piratas en Tiramar.jpg

Un grupo de piratas en Tiramar durante la Ocupación.

La reactivación de La Hidra como refugio de piratas, contrabandistas, y mercaderes de mala reputación conllevó que el comercio se reactivase y que se fundase un órgano de gobierno local compuesto por los cuatro hombres más ricos de la población, llamado sencillamente El Consejo de los Cuatro, del cual eran parte: Jean de Navau, filibustero stromgardiano; Modrik Dientenegro, esclavista goblin; Sir Rupert Hickman, noble proscrito de Ventormenta; y Mathew Porath, pirata nacido de la Isla del Saqueo y contrabandista de éxito. Estos cuatro prohombres facilitaron a otros Hermanos de la Costa de los Mares del Norte y del Sur cobijo en su isla cuando regresaban de sus saqueos, a cambio de un módico precio por el hospedaje. De la misma manera, se adueñaron igualitariamente de las plantaciones de azúcar que volvieron a reactivar.

El impacto del gobierno pirático dejó una huella visible en la isla tras quince años de su establecimiento. Una parte de los edificios de Tiramar fueron reconstruidos y el castillo del enclave ocupado por El Consejo de los Cuatro. Sin embargo, el Fuerte Viejo se convirtió en una prisión donde marineros incautos esperaban a que se pagase un rescate por ellos, y en almacenes secretos donde se hacinaban mercancías y esclavos. Por otra parte, la Torre del Río Oriental fue totalmente abandonada y reclamada por la vegetación. A día de hoy, se estima que alrededor de doscientas personas poblaban Tiramar durante la Ocupación y que contaban con una milicia de cincuenta filibusteros como defensa que recibían un salario pagado por el gobierno de la isla. En cuanto a los pigmeos, con sus números reducidos por la guerra contra los tirasianos, y con su deidad durmiente, no se atrevieron ni siquiera a abandonar las junglas cercanas de Olmatlán, por lo que los Señores Piratas que se adueñaron de La Hidra consiguieron prosperar cómodamente sin interferencias. 

Recuperación por la Alianza (31 DAPO): Editar

Tras tres largos lustros de ocupación pirática, la Corona de Ventormenta, libre de preocupaciones militares tras la victoria del Asedio de Orgrimmar, devolvió la atención a los asuntos menores que menoscababan sus reinos. Uno en particular, aunque remoto, presentaba una molestia especial en el aseguramiento de las rutas marítimas tan necesarias en la paz para que prosperase el comercio y los transportes civiles. Se trataba de una pequeña isla, que antaño había pertenecido a la nación de Kul Tiras pero que ahora se encontraba gobernada por un consejo de cuatro señores piratas: La Hidra.

Jesabela Conquista de la Hidra.jpg

Jesabela Rocarena conquistó La Hidra para la Alianza bajo el auspicio de la Corona de Ventormenta.

En aquel lugar, como se había constatado ya, se refugiaban toda clase de criminales que habían perpetrado ataques contra la flota de la Alianza o participado en asaltos contra asentamientos suyos tanto en los Reinos del Este como en Kalimdor. Además, por si eso no fuera suficiente, la Armada denunció la pérdida de la fragata La Espada de Wrynn en aguas cercanas a la ínsula, probablemente capturada por los piratas, y sobre la cual iba abordo el Comodoro Evans Doyle. Aprovechando la incorporación a las filas de la Alianza del corsario Jonathan Drake, conocedor del sistema pirático de La Hidra, y del apoyo financiero de Jesabela Rocarena, quien se había ganado los galones en la Campaña de Rasganorte, la Corona de Ventormenta tuvo a bien organizar una Expedición a La Hidra con el objeto de expulsar a los bandidos del mar de aquella ínsula y convertirla en una colonia aliada desde la que poder controlar las rutas marítimas y activar el comercio.

Aquella empresa militar consiguió sus objetivos principales: acabar con el Consejo de los Cuatro y eliminar la presencia pirática de La Hidra. No obstante, en el asalto final contra Tiramar el corsario Jonathan Drake traicionó a la expedición y huyó con la fragata La Espada de Wrynn, convertida ahora en un buque leal a los Velasangre. Empero, la Corona de Ventormenta se dio por satisfecha y por la capitulaciones firmadas con Jesabela Rocarena, se le concedió el cargo de Gobernadora General, así como la tarea de repoblar la isla con ahora gentes honestas al servicio de la Alianza.

Guerras Pigmeas (31 - 32 DAPO):Editar

Atalizpin.jpg

Atalizpin sacrificó incluso a su propio hijo para lograr despertar a su dios. Relieve en oro hallado en Olmatlán.

Unos meses antes de la conquista de La Hidra por la Alianza, el esclavista y Señor Pirata, Modrik Dientenegro, acompañado por una cuadrilla entera de esbirros encontraron de casualidad la ciudad pigmea en las junglas orientales, tomando de sorpresa a los nativos. Según cuentan los propios indígenas, el goblin logró capturar a una centena de ellos junto a un Alto Sacerdote llamado Babaya, sin demasiado esfuerzo, pues los olmatlecas pronto huyeron al Templo interior. Desesperado por la ausencia de su dios, el Sumo Sacerdote Atalizpin realizó un Olmatlepetl (que llevaba sin realizarse más de veinte años desde el letargo de Olmatlipoca) en el cual fueron sacrificados cien pigmeos, incluyendo a su primogénito, con el fin de despertar a su dios. El ritual pareció funcionar, pues el viejo brujo zandalari despertó de su sueño, azuzado por el sabor de la sangre y energizado por la energía vital de las ofrendas. De nuevo contando con su dios y guía, el Sumo Sacerdote Atalizpin le habló del regreso de los colonos a la isla, y de la captura de pigmeos por los esclavistas. Olmatlipoca, colérico por la nueva intromisión y llevado por la sed de más sacrificios, dio la orden a los pigmeos de que se preparasen de nuevo para la guerra. Tras la primera semana del despertar de Olmatlipoca, los olmatlecas volvieron tras más de dos décadas de aislamiento, a abandonar su ciudad, para patrullar las junglas y tender emboscadas a los colonos de la Alianza.

Paralelamente, soldados de la Alianza se encontraron en los túneles de la prisión del Viejo Fuerte un grupo de pigmeos que Modrik Dientenegro había hacinado en aquel lugar antes de ponerlos en el mercado. Creyendo que eran simples víctimas, la Gobernación de La Hidra no tomó ninguna medida salvo la de alimentarlos y tratar de iniciar un diálogo con el propósito de descubrir cómo habían llegado allí. Sin embaro, durante una exploración a las junglas orientales, exploradores hallaron el diario de Felipe de Esquivel, un aventurero tirasiano que participó en el descubrimiento de La Hidra, y que registraba en su diario que había sido atacado por criaturas extrañas. La prueba definitiva de que los pigmeos eran nativos isleños quedó confirmada cuando varios de ellos fueron divisados (y abatidos) en la costa cercan a Tiramar por el enano Thorgrim Cumbre Nevada. Este importante descubrimiento jugó a favor de los colonizadores de la Alianza, los cuales a pesar de recibir órdenes de la Corona de no esclavizar a los indígenas ni causar un genocidio, sí prepararon las defensas de sus posiciones y descubrieron la localización de Olmatlán (poblado pigmeo) en las junglas orientales.

Pasadas varias semanas desde los primeros encontronazos con los nuevos colonos de la Alianza, una batida en torno a cincuenta pigmeos resolvieron rescatar a sus compañeros prisioneros en el Viejo Fuerte, con resultados desastrosos. Aquella acción, que demostraba lo confiados que estaban de nuevos los olmatlecas desde el despertar de su deidad, comportó que la Gobernadora General Jesabela Rocarena ordenase la preparación de represalias militares contra el pueblo pigmeo. Fue en esta primera fase, cuando el sacerdote olmatleca Babaya trató, según fuentes oficiales, de amotinarse y sabotear cualquier intento de colaboración pacífico con la Alianza.

Babaya pigmeo.jpg

El sacerdote de Olmatlipoca, Babaya, organizó una rebelión en la prisión del Viejo Fuerte en la que pereció el joven soldado Algernon de Menethil, abrasado por uno de sus conjuros de fuego.

Aquel intento de amotinamiento fue rápidamente sofocado por las fuerzas militares, y el religioso pagano pagó tal cara osadía con su muerte y la de sus principales adláteres. Sin embargo, los odios y hostilidades ya estaban bien sembrados y dando sus primeros frutos. El ala dura de las fuerzas de la Alianza en La Hidra, representada por el Teniente tirasiano Marcos Aguilar (el cual era y es nieto de uno de los primeros colonizadores de la isla, Carlos Aguilar), recibió el visto bueno de la Gobernadora General para que las tropas regulares empezasen a limpiar las zonas selváticas de la región oriental de la isla, con el fin de establecer caminos por los que en un futuro, las tropas pudiesen transitar para tomar la Ciudad de Olmatlán. El avance de los hombres del Teniente Aguilar provocó la furia y la indignación pigmea que, descontrolados, volvieron a salir en tropel de su nefario poblado para dar cuenta de la vida de los usurpadores de sus tierras. En el episodio conocido como El Incidente del Puente Roto, los soldados de la Alianza inflingieron una severa derrota a los olmatlecas, los cuales sin embargo, reanudaron a los pocos días los combates y se dedicaron a entorpecer el avance de las obras a lo largo del noveno mes del año 31 DAPO.

No fue hasta a finales del décimo mes cuando las tropas de la Alianza, comandadas por Jesabela Rocarena, pusieron sitio a Olmatlán. Las fuerzas conquistadoras, aprovechándose de la orografía y de la vegetación seca que componían zarzales y espinas de la montaña donde el enclave pigmeo se hallaba, emplearon a dos magos (Henrich Chassier y el Profesor Veringas) para incendiar los niveles superiores del poblado y forzar así a que la mayoría de las castas bajas de los indígenas tuviesen que salir al exterior a batallar. Allí, de manera inmisericorde, fueron masacrados por los hombres del Teniente Marcos Aguilar, permitiendo culminar la toma de la superficie de la montaña. Con ello, las tropas invasoras entraron en el interior de las redes de túneles de la ciudad donde se encontraban las cámaras del Templo de Olmatlipoca, protegidas por los miembros de la casta sacerdotal y los guerreros sagrados de estos. No obstante, la superioridad numérica y militar - en esta ocasión de los colonizadores - permitieron que rápidamente la Alianza ocupase el interior hasta llegar al sanctasanctórum donde el mismo Olmatlipoca les esperaba en lo alto de su pirámide.

Ciudad-Templo de Olmatlán.jpg

Entrada subterránea a la Ciudad-Templo de Olmatlán.

Según el testimonio de varios de los soldados presentes en el combate final contra el Dios Hidra, este presentaba el siguiente aspecto: "Estaba muy viejo y contrahecho. Tuvimos que taparnos las narices pues desprendía un hedor nauseabundo a muerte, a sangre y a carne quemada. Su cuerpo era enteco y deforme, con una panza descomunal que llegaba al suelo. Se encontraba incrustado en su trono de calaveras, con una máscara de piedra en forma de cabeza de hidra, de las que en ocasiones se ven en ciertos lugares de esta ínsula. Llevaba la piel pintada de verde y de sus manos crecían unas garras retorcidas y mal parecidas." Pese a su repulsiva condición, Olmatlipoca presentó batalla una vez que sus sacerdotes cayeron. Varios fueron los que presenciaron el genio de su poder. Sin embargo, a pesar de que sus devotos lo creyesen inmortal y eterno, la Alianza demostró que no era así. El miserable brujo zandalari acabó pereciendo, con su cuerpo hecho trizas e implosionando en un amasijo de carne y huesos negros. Fue en aquella celebrada jornada, en la que el pueblo pigmeo había quedado finamente sometido, y su dios protector, eliminado.

Fauna y flora Editar

La presente clasificación se basa en el texto que escribió el doctor tirasiano Juan Ayala Torres en la época de descubrimiento de la isla, como obra informativa para aquellas personas que colonizasen La Hidra.

Flora: Editar

Esta isla que es de clima tropical presenta una gran variedad de especies vegetales favorecidas por el bosque húmedo de la región. En la mayor parte de los casos, no se encuentran especies de árboles dominantes. Más bien, los ejemplares de cada especie se encuentran muy dispersos por el bosque y un sorprendente número de especies de árboles pueden crecer juntas.

Frutos de la Hidra.jpg

Dibujo sobre algunos frutos de La Hidra por el Doctor Ayala.

A pesar de esta heterogeneidad a nivel de especie, el bosque húmedo tropical tiene una composición muy clara a nivel de familias de plantas. Las Leguminosas (familia de los guamos, chochos y fríjoles) son la familia más diversa de árboles en la mayor parte de los bosques húmedos que hemos encontrado en La Hidra. Otras familias presentes de árboles son las Moráceas (familia de los higuerones similares a las que encontramos en los Reinos del Este), Anonáceas (familia de los guanábanos y cuyo fruto es un bulbo pinchudo de color verde que cuando está maduro toma color marrón), Rubiáceas (dan frutos en forma de bolitas rojas y echan flor de pétalos carmesíes o albos), Miristicáceas (su fruto principal es la nuez moscada que es muy valiosa como especie y que en otros lugares los trols emplean como alucinógeno para sus rituales).

Bromeliáceas (suministran la sabrosísima piña) Sapotáceas (cuyo fruto al ser tratado puede dar un aceite muy provechoso y nutritivo), Meliáceas (de madera dura y colorida con follaje albo o rosáceo), Arecáceas (las conocidas palmeras ricas en cocos), Euforbiáceas (familia del árbol del caucho, carnosos y con hojas estipuladas de color rojizo oscuro) y Bignoniáceas (pétalos con forma de campana bien amarillas o blancas, muy bellas y vistosas). En el sotobosque son muy evidentes varios tipos de hierbas gigantes con grandes hojas, como los platanillos, cañagrias y anturios y afines. También abundan en este estrato diversas especies de arbustos de las familias Rubiáceas, Melastomatáceas con bellas flores púrpuras y abiertas, y Piperáceas (familia de los cordoncillos y la pimienta.) En lo alto de los árboles abundan las plantas epífitas, como las bromeliáceas y orquídeas.

Los troncos de muchos árboles del bosque húmedo tienen contrafuertes muy notorios, también conocidos como bambas, combas o raíces tablares. Aunque su función no se ha determinado satisfactoriamente, parece que ayudan a sostener a los árboles que crecen sobre suelos poco profundos. Otra característica notoria de los bosques húmedos tropicales es que el tamaño relativamente grande de las hojas de muchos árboles, en comparación con las hojas pequeñas que predominan en climas más fríos. Para terminar, mencionemos la abundancia de lianas de gran tamaño, que contribuyen con su presencia al aspecto característico de los bosques húmedos.

Fauna: Editar

De forma similar a la que ocurre con la flora, hay diversas especies animales repartidas a lo largo de los bosques húmedos de La Hidra, los más comunes son los siguientes:

Dibujo ocelote Ayala.jpg

Ilustración de un ocelote por el Doctor Ayala.

-Mamíferos Sobresale como felino el ocelote, con forma de un tigre de pequeño tamaño de alrededor de ochenta centímetros a la cruz. Hemos encontrado además dos razas de monos: una pequeña similares a los capuchinos, pequeños y ágiles; mientras que otra se parece más a ciertos primates de Tuercespina, siendo gruesos y corpulentos, pero no excesivamente grandes. Los de la primera clase se encuentran cercanos a Tiramar, mientras que los segundos pueblan la parte oriental de la isla y son hasta cierto punto territoriales.

- Ofidios destacan la boa, la macanche, que es venenosa, y los coralillos, también venenosos. Tienen escamas de distintos colores que van del verde claro al marrón oscuro. Son muy peligrosos y altamente letales.

- Saurios están la iguana, el pacaso y muchas lagartijas. Son tranquilas y apacibles, de alrededor de un metro de largo y unos ocho kilos de peso las que he podido coger. En el río oriental de La Hidra y en los manglares viven poblaciones de crocoliscos, de tamaño considerable y gran territorialidad. Asimismo, también se encuentra aquí el animal más brutal y terrible de cuantos se han catalogado, las hidras. Las hay por la zona occidental y la oriental. Alcanzan los cuatro metros de alto y suelen tener dos o tres cabezas. Sus escamas son más duras (normalmente de color negro o verde oscuro, pero también blancas y azuladas) que la de los crocoliscos y su agresividad es muchísimo mayor. Son muy territoriales, por lo que se recomienda no acercarse a lagos internos o ríos profundos, pues es allí donde suelen morar.

- Anfibios: Hay bastantes elementos, siendo el más conocido el sapo gigante de color pardo y otras ranitas de piel escamosa con tonalidades muy bonitas, moteadas y coloridas. No obstante, algunas pueden ser venenosas, sobre todo las de colores más llamativos.

- Aves: También variadísima y abundante. Lo que más abundan son los loros, cacatúas, quetzales, cotorras, guacamayos y tucanes. Son muy variados en el colorido de su plumaje, pero generalmente presentan tonalidades llamativas y agradables a la vista humana.

- Ictiofauna: Es muy rica, con muchas especies relacionadas con las de Tuercespina. Destacan varias especies de peces tropicales comestibles. También hemos encontrado presencia de pirañas en zonas fluviales del interior. En el río oriental existen además cuatro especies de camarones y una de cangrejo de río.

Economía: Editar

La Hidra actuamente goza de una economía en alza. Sus dos mayores centros económicos son la Ciudad de Tiramar y el grupo de haciendas situadas en el valle occidental de la isla.

Mercado de Tiramar.jpg

Mercaderes de Tiramar ofreciendo todo tipo de productos ultramarinos y exóticos a la venta.

En Tiramar la mayoría de la actividad económica deriva del mercado, donde se venden al público productos de artesanía locales, telares, alimentos, y bebidas como el ron, el grog, y pulque. En los mercados de la ciudad también es fácil hallar animales exóticos capturados en las junglas orientales como monos, loros, quetzales, ocelotes e iguanas que se venden a buen precio. Asimismo, también puede encontrarse imitaciones de objetos arqueológicos de los pigmeos como pueden ser máscaras, báculos, tocados de plumas, y pulseras. En lo relativo a la producción de las haciendas, la mayoría cultiva caña de azúcar y café. De la misma manera, hay algunas plantaciones de maíz, banano, y cacao, aunque menos extensas. Estos productos se venden tanto en el mercado local como en el extranjero, donde son exportados especialmente a las naciones de la Alianza en los Reinos del Este.

A nivel institucional, la Gobernación de La Hidra se financia a través de los impuestos de las aduanas comercianles del puerto de Tiramar y sobre imposiciones fiscales sobre el alcohol.

Geografía: Editar

En su cuaderno de bitácora, el descubridor Rodrigo de Velasco retrataba la isla de esta manera:

“Allá vimos una extensión de tierra con frondosas selvas del trópico y escarpados acantilados, que nos obligó a abarloar en una larga playa de la costa meridional. Varios muchachos de la tripulación han visto monstruos cerca, de piel escamosa con largos cuellos de reptil, sobre las que descansaban varias cabezas monstruosas. Según el Doctor Ayala esas criaturas se denominan hidras, por lo que hemos bautizado este lugar como La Hidra.

Don Rodrigo de Velasco.jpg

Don Rodrigo de Velasco nada más desembarcar en La Hidra.

El día después del descubrimiento nos aventuramos tierra adentro. El terreno y la vegetación son verdes y húmedos. La temperatura en el interior aumenta, pero la brisa marina provoca que el bochorno sea soportable. A medida que avanzamos hacia el centro encontramos que la pendiente aumenta y se forman cerros escarpados que adquieren una altura desde la que se domina visualmente el resto de la isla. Desde allí detectamos unas tierras bajas, con selvas muy espesas, hacia el lado oriental del mar cruzadas por un caudaloso río del que nos hemos dado cuenta nace de esta montaña a la que subimos en el centro de la ínsula. Hay, a su vez, otros riachuelos que se pierden hacia el sur y poniente, pero menos vastos.

En las jornadas posteriores detallamos en que en general hay lluvias regularmente por las tardes y que el caudal del río principal y de los arroyos que fluyen de él riegan la isla y facilitan la exuberancia de la misma. El suelo tal vez en el sur se muestra algo arenoso y desmenuzable, pero aun así es moderadamente fértil y está cubierto por altos herbazales. Es en esta zona donde en mi opinión podrían establecerse plantaciones agrarias, pues en otras áreas sería más costoso.

Por último, cabe destacar que hay una buena variedad de  clases de animales salvo en los mamíferos de los que solo hemos visto una especie similar a las ardillas, monillos y ocelotes. En cuanto a insectos los hay en números elevadísimos, así como aves coloridas de varios tamaños y alegre canto. No obstante, lo que nos alertaba eran las mencionadas hidras monstruosas que, gracias a la Luz, sólo parecen rondar en la costa occidental. La pesca, por otra parte, parece abundante también y hay bancos de peces tanto en los ríos como en toda la costa, por lo que nos pudimos suministrar sin problemas de alimento y bebida.”

La isla ha sido cartografiada recientemente, y se ha observado que tiene una dimensión aproximada de doscientos kilómetros de largo y setenta de ancho.

Mapas: Editar

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Mapa actual de la isla.

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Mapa en el que se muestra la ubicación de La Hidra en Azeroth.

Lugares: Editar

Ciudad de Tiramar: Editar

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Fundada por Don Rodrigo de Velasco en el año 40 antes de la apetura del Portal Oscuro, es el centro político, militar y económico de la isla. Aquí tiene su sede el mercado, el puerto, el cabildo, el castillo, el Colegio de Instrucción, y la mayoría de la residencias de los habitantes. A pesar de los destrozos provocados por la reciente toma de la ciudad, Tiramar continúa creciendo y reconstruyéndose día a día. La mayoría de los edificios que siguen en pie son aquellos levantados durante la época colonial tirasiana.

Haciendas: Editar

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Situado a tres kilómetros al norte de Tiramar se encuentra un amplio valle con tierras bajas y fértiles que pronto fueron ocupadas por las familias más nobles de la colonia. Allí, en un espacio privilegiado para la agricultura se sucedían de manera común haciendas y plantaciones de azúcar, maíz y bananos. Tras la ocupación pirática, los Cuatro Señores del Consejo se adueñaron de las tierras para incrementar sus riquezas, incorporando también el cultivo del café. Actualmente, después de la recuperación de la isla por la Alianza, las haciendas están controladas por la Gobernadora General, la cual ha colocado tres de ellas en subasta pública y guardando una para sí misma según el derecho que le otorgaban las capitulaciones firmadas con la Corona de Ventormenta durante la conquista.

Cueva de Porath: Editar

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Durante el período pirático, un miembro del Consejo de los Cuatro, Mathew Porath, tomó posesión de un sistema de túneles situado en la costa oeste de La Hidra, donde estableció una red de contrabando, actualmente desarticulada. Asimismo, el lugar le sirvió también para criar a su hidra particular, Duquesa, la cual fue muerta durante la conquista por la Alianza. Hoy en día, las cavernas están abandonadas.

Viejo Fuerte: Editar

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Llamado antiguamente el Fuerte de la Tenacidad, fue construido aproximadamente en la misma época de la fundación de Tiramar. Sus propósitos eran esencialmente defensivos, sirviendo como un lugar al que evacuar a la población isleña en caso de ataque enemigo por mar. Al mismo tiempo, se le incorporó una mazmorra subterránea para prisioneros especialmente peligrosos. Durante el período pirata, el esclavista goblin Modrik Dientenegro convirtió el fuerte en su almacén personal de esclavos y productos preciosos. Desde entonces se conoce al lugar como Viejo Fuerte. En la actualidad, ha recuperado su función original.

Torre en ruinas: Editar

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Del mismo modo que el Viejo Fuerte y Tiramar, es una estructura tirasiana que se encuentra en la parte meridional de las junglas orientales. Se cree que servía como puesto de estudio de la flora natural o como refugio para los exploradores que hacían la ruta de exploración desde el Campamento de Caza. Actualmente está en ruinas y tan sólo una pequeña población de monos la habitan.

Campamento de Caza: Editar

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Establecido en el corazón de la jungla oriental, cerca del Río Velasco. Fue levantado por los primeros exploradores tirasianos y mantenido por el resto de ocupantes como lugar destinado a actividades cinegéticas, especialmente a la caza de las hidras salvajes, cuyas escamas, garras, colmillos y carne se vendían a alto precio en el mercado. A día de hoy sigue manteniendo este propósito, y sirve también como punto de exploración.

Ciudad-Templo de Olmatlán (Poblado Pigmeo): Editar

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Pirámide exterior de Olmatlán, que conduce al templo subterráneo de Olmatlipoca.

Tras la reciente toma del poblado pigmeo en las junglas orientales, se ha descubierto la presencia de una cidad-templo en el interior de la montaña donde vivían los indígenas. Este lugar, tal y como le llaman los nativos se denomina Olmatlán, y era donde tenía su asiento de poder el 'dios' que esta gente pigmea adoraba, quien se trataba de un zandalari brujo que se hacía pasar por el Dios de las Hidras, Olmatlipoca. El templo, ubicado en lo más profundo de una caverna, reflejaba patrones arquitectónicos propios de la cultura trol, si bien presentaba un acabado más rudimentario y pobre. En este mismo lugar se han encontrado relieves, frisos, piezas ornamentales y joyas que fabricaron los olmatlecas durante los siglos en los que convivieron con su temida deidad. Actualmente, se está realizando un catálogo para claisifcar todos los objetos hallados. Los pigmeos tienen prohibido regresar a Olmatlán, y únicamente personal autorizado por la Gobernación de La Hidra puede hacerlo.

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