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Relato escrito por Gernot. Hilo original aquí.



Acababa de caer la noche en la ciudad, la actividad en los comercios iba cesando lentamente mientras los primeros faroles se iban iluminando, el trajín comercial empezaba a suspenderse y en lugar de comerciantes las calles eran tomadas por gentes de piel nívea y sonrisa fácil. El calor acompañaba pues la ciudad estaba lo suficiente al sur cómo para no haber conocido jamás una nevada, lo que si había conocido eran tiempos mejores, después del cataclismo todavía no había sido posible completar la reestructuración de esta, aun así, si fuera posible vislumbrar desde las alturas la ciudad, seguiría siendo una explosión de luz en medio de la oscuridad. Si todavía no sabes a qué lugar me refiero te lo diré, estoy hablando de Bahía del Botín. Era ya bastante tarde, lo suficiente como para que las calles estuvieran prácticamente vacías de actividad, las luces de los faroles se iban apangando lentamente esperando al gran astro para que les tomara el relevo de iluminar las calles. Dos figuras enlutadas se deslizan por las esquinas de la ciudad, en cualquier capital de Azeroth habría sido imposible para aquellas figuras pasar desapercibidas, pero en Bahía las cosas eran distintas, mientras no fueras contra el negocio, nadie se metía en tus asuntos.

Gernot vigilaba medio dormido la entrada de la estancia, el patrón había estado bebiendo y jugando a las cartas hasta hacía relativamente poco y su misión consistía en mantenerse despierto y cuidar que nadie entrase en el camarote, era algo sencillo, demasiado sencillo para Gernot, que en condiciones normales se hubiese sentido insultado al realizar tareas propias de un portero, pero eran tiempos difíciles para el patrón, hacía tiempo que los negocios no le iban bien y había tenido que prescindir del servicio de muchos hombres, bueno , en realidad se habían marchado puesto que el pago de honorarios tampoco marchaba bien.

Gernot era distinto, el seguía confiando en el patrón, pensaba que en cuanto las cosas salieran medianamente bien este se pondría al día en los pagos y cumpliría todas las promesas de viajes y hazañas que le hizo. Lo que no sabía Gernot es que su patrón debía dinero a mucha gente, alguna de esa gente era importante y sobretodo alguna de esa gente no quería esperar al futuro incierto de los negocios que podrán ser, esas personas estaban a punto de aparecer por la puerta mientras Gernot no con poco esfuerzo calculaba mentalmente cuantas pagas le debía el jefe.

Fue bastante rápido, tiraron la puerta abajo y entraron espada en ristre, Gernot una vez superado el impacto inicial, cogió la suya y se puso en guardia. Era un espacio bastante reducido y en cuanto comenzó a bailar el acero se vio que Gernot no tenía ninguna posibilidad contra los dos gráciles espadachines, que repelían sus brutales arremetidas con acrobáticos saltos y argucias circenses.

Para lo que si valió todo el combate fue para poner en alerta al patrón, que a sabiendas de sus deudas, sin dudarlo ni un instante cargo un rifle que tenia y esperó pacientemente a que abrieran la puerta para descargar su arma:

-¡Saluda a mi pequeño amigo! *Gritó mientras disparaba al arco de su puerta*

Gernot derrotado, con su espada clavada sin remedio en la pared, las costillas magulladas, la nariz y orgullo rotos, observaba la escena de rodillas y pudo ver en primera persona como uno de los asaltantes era herido mientras que el otro de un certero golpe desarmaba a su jefe y le reducía. Luego solo recuerda la ira y un golpe seco en la nuca que le dejó suave.

La estancia donde despertó Gernot era bastante asquerosa, el olor a madera podrida y salitre apenas le dejaba pensar con claridad. Se encontraba totalmente desnudo, atado con cadenas de pies y manos apenas podía moverse.

Dedicó un par de minutos a contemplar la estancia en penumbra y vio que estaba solo, lo que era una señal o muy buena o muy mala, pronto lo sabría. No tuvo que esperar mucho, pero a él le parecieron años bisiestos. La puerta se abrió y la instancia se iluminó por completo, un Goblin seguido de una Humana entraron y cerraron la puerta al entrar.

-Nos lo ha contado todo Gernot.-Habló el hombre.

-Sabemos que llevaba sin pagarte meses, sabemos todo, se derrumbó a los pocos minutos de “interrogatorio”- La voz de la mujer le resultaba familiar.

-¿Está bien, le habéis hecho algo?-Gernot hablaba con furia- Si le habéis tocado os aplastaré la cabeza con mis propias manos.

-¡Vaya! Veo que lo que te une a ese patán es algo más que el dinero, Eh ¿Que es tú mentor o algo así?-La Humana parecía estar disfrutando de su posición de dominio- En realidad es verdad lo que dicen de ti, no tienes ni medio gramo de cerebro muchacho, mírate...Estás encadenado y desnudo, aunque te enfureciésemos hasta que te pusieses rojo y echases espuma por la boca no podrías hacer nada contra nosotros.

-Por suerte para ti-Le interrumpió el Goblin.-Nosotros no tenemos nada en tu contra. En cambio cómo bien sabrás tu cabeza tiene puesto precio en el cártel, un precio pequeño, no obstante suficiente como para que te entreguemos. Mañana tomarás un barco y viajarás hasta Trinquete, después tomarás otro barco y viajarás hasta Cuna del Invierno, aunque desconozco si irás allí directamente o tomarás otra vía, menos directa.-El Goblin levanto la vista para comprobar el estado de ánimo del recluso antes de terminar su parrafada.- Ya veo que conoces los motivos por los que te reclaman en ese lugar, si no ¿Por qué esa cara? Y más aun cuando no te he hablado de tu condición como viajero, que por cierto será en “clase esclavo”, sí, he cuidado cada detalle para que tu viaje sea inolvidable.

Gernot, quedó sumido en oscuros pensamientos, tan oscuros que le impidieron centrarse en las cosas que pasaban a su alrededor, así fue como dócilmente se dejó conducir sin oponer resistencia y fue lavado, vestido y encadenado a los remos de un barco, donde pasó las siguientes semanas.

En silencio y con la mirada perdida, apenas interactuó con el resto de personas con las que se cruzó durante los días que duró el viaje en barco, el trabajo físico le ayudaba a dormir las escasas horas de descanso de las que disponía. Cuando llegó a Trinquete fue embarcado una vez más esta vez en un barco con mercancía, metido en una jaula era alimentado como las bestias y sometido a diferentes torturas pero Gernot no se inmutaba, estaba pensando y cuando el fornido mercenario pensaba una serie de engranajes chirriaban en su cabeza como si fueran las viejas ruedas de un reloj oxidado, cuando Gernot estaba sumido en una meditación profunda, el tiempo pasaba rápidamente a en sus ojos ciegos, tan solo respondía a instintos básicos y el silencio era más una imposición de su propio cerebro que un acto voluntario, pues el proceso que requería el pensamiento era tan complejo que le impedía realizar cualquier otra acción que no fuera pensar en su plan maestro y sin duda este lo era, el más elaborado y estudiado de su corta existencia. Para llevar a buen puerto la empresa que tenía entre manos, necesitaría utilizar algo más que su fuerza bruta y eso es ya bastante.

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