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Historia kaldorei

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Orígenes (-15,000)Editar

La historia de los elfos de la noche se remonta a hace milenios, cuando una tribu de elfos oscuros se instaló en una red de cavernas bajo el Monte Hyjal. Aborrecían la luz del día y sólo salían al exterior durante la noche. Al contrario que el resto de tribus trols, deseaban establecer una conexión pacífica con la naturaleza. Muchos de estos trols oscuros migraron hacia el centro de Kalimdor y se asentaron en las orillas de un lago resplandeciente de energías, al que bautizaron como Pozo de la Eternidad. Con el tiempo, los poderes del Pozo les afectó, volviéndoles fuertes, sabios e inmortales. Su piel se tornó de tonalidades violáceas y ganaron altura. Se llamaron a sí mismos kaldorei, "hijos de las estrellas". Creían que la diosa lunar a la que adoraban, Elune, dormitaba en las profundidades del Pozo durante el día. Mientras sus hechiceros estudiaban el Pozo y sus poderes, buscando superar los límites de su propio intelecto como motor principal de su cultura, el pueblo kaldorei se extendió por todo Kalimdor, pese a los inútiles intentos de los trols por evitarlo. Con el poder del Pozo y el uso de la magia, los elfos de la noche comenzaron a amenazar a los dos mayores imperios de Azeroth: los Amani y los Gurubashi. Pronto acabaron con sus defensas y provisiones, y en pocos años los territorios de ambos imperios trol se fragmentaron. El odio visceral entre ambas razas sigue presente desde entonces hasta el día de hoy.

La curiosidad de su raza les hizo conocer un sinfín de poderosos seres, entre ellos el semidiós Cenarius, quien se encariñó con los elfos de la noche y les enseñó todo sobre el mundo natural. Asimismo, conocieron a los dragones, a quienes tenían por protectores del mundo, mundo a través del cual se expandieron con el paso de los años. Sus templos, caminos y hogares se podían hallar a lo largo y ancho del continente. Azshara, su reina, hizo construir un inmenso y bello palacio enjoyado en las orillas del Pozo de la Eternidad. Sus servidores, a quienes llamaba quel'dorei o Altonato, creían estar por encima del resto de su casta. Con el tiempo, pasaron a ignorar al resto de razas y las creencias de la reina sobre la pureza racial caló en su pueblo, generando una atmósfera de xenofobia. La civilización kaldorei se convirtió en un próspero imperio, contando con maravillas sin igual incluso en la edad moderna. Ningún territorio había extendido tanto sus fronteras o poder desde el Imperio Negro. Sin embargo, Azshara y sus fuerzas evitaban un lugar en concreto: el Monte Hyjal. La magia del lugar y la armonía que representaban molestaban a la reina y por ello prohibió la expansión de su pueblo sobre la misma. Sólo los trols llamaban su atención, enfrentándose entre sí de vez en cuando hasta que la reina hizo un pacto con los Zandalar. A cambio de cesar las incursiones en territorio kaldorei, los Zandalari podrían conservar las sagradas Montañas Zandalar al sur del Pozo. Tal y como hicieran otrora los hechiceros, Azshara ordenó a sus Altonato estudiar los secretos del Pozo y revelar así su propósito en el mundo. Fue así como desarrollaron su habilidad para manipular y controlar las energías cósmicas del Pozo, usándolas tanto para crear como para destruir a placer, buscando alcanzar un mayor progreso cultural y tecnológico. Si bien sabían que un uso irresponsable de la magia arcana era peligroso, no cesaban en su temerario uso. Cenarius les advirtió que jugar con dichas artes sólo traería el desastre, pero Azshara y los suyos hicieron oídos sordos, sin apenas salir de palacio. Fue así como Sargeras y la Legión localizaron Azeroth, el alma-mundo.

La Guerra de los Ancestros (-10,000)Editar

Mientras los Altonato seguían experimentando con el Pozo de la Eternidad, un joven Malfurion Tempestira se convertía en el primer druida mortal bajo la tutela de Cenarius. El semidiós había percibido algo en él desde que el espíritu de su alumno se adentrara por vez primera en el Sueño Esmeralda. Tenía la esperanza de que difundiría el druidismo entre los suyos y los alejaría de la magia. Sin embargo, los Altonato se habían vuelto crueles con sus hermanos kaldorei. La belleza de Azshara se había tornado más oscura y no se separaba de sus sacerdotisas Altonatas, alejándose de sus intereses amorosos. Sargeras, que se hacía pasar por un venerable dios, contactó con la reina y su más leal ayudante, Lord Xavius. Les convenció para abrir un portal a Azeroth para él y bendecir así a su raza, erradicando a todas las demás, tachándolas de indignas. Cuanto más grande era el portal, más emisarios enviaba Sargeras para ayudar a traer a su "dios". Dichos emisarios eran demonios de la Legión Ardiente y habían llevado a las cenizas incontables mundos a través del vacío. Sin la ayuda de los hechiceros de Azshara, Sargeras y la Legión tardarían eones en llegar a Azeroth. Cerca de la finalización del portal, un pequeño grupo liderado por Malfurion Tempestira, Tyrande Susurravientos y Jarod Cantosombrío se percataron de lo que la llegada de Sargeras a Azeroth suponía para el mundo.

Mientras la guerra se sucedía a lo largo y ancho del mundo, fueron muchos los protectores que se alzaron para ayudar a Malfurion en su misión de cerrar el portal. Cenarius se unió a la lucha junto a otros seres tales como los guardianes ancestro, los dragones aspecto, los terráneos, los tauren o los fúrbolg. Habiendo aprendido de su maestro, Cenarius, Malfurion fue capaz de interrumpir el hechizo del portal y cerrarlo. No obstante, con tanto poder en movimiento, el Pozo de la Eternidad implosionó, ocasionando una catástrofe mágica conocida como el Gran Hendimiento. Muchos kaldorei fueron arrastrados a los abismos marinos, conviertiéndose en serpientes marinas llamadas naga. La catástrofe hizo que el continente se desmoronara y sus partes quedaran separadas por el océano con una sempiterna tormenta, el Maelstrom, donde se hallaba el Pozo. Esto hizo que los kaldorei rechazaran la magia y su cultura se centrara en la naturaleza, asentándose en los claros del Monte Hyjal. Illidan, el hermano mellizo de Malfurion, quería preservar la magia arcana en el mundo pese a lo sucedido. Así pues, vertió tres viales que contenían aguas del Pozo de la Eternidad en un lago, imbuyéndolo de poder y convirtiéndolo en un nuevo pozo. Al rechazar abandonar el uso de la magia, fue capturado por Malfurion y encarcelado en las cavernas del túmulo bajo la atenta mirada de Maiev Cantosombrío. El uso de la magia arcana fue penado con la muerte y los altonato que quedaban fueron exiliados, abandonando Kalimdor para buscar un nuevo hogar allende el mar.

Durante muchos años, los elfos de la noche trabajaron arduamente para reconstruir su antiguo hogar, construyendo uno nuevo en el Monte Hyjal. Con el tiempo, los dragones que sobrevivieron al Gran Hendimiento salieron de sus moradas. Alexstrasza, Ysera y Nozdormu visitaron y supervisaron los frutos del trabajo de los elfos de la noche. Malfurion, que se había convertido en un archidruida de inmenso poder, les contó a los dragones la creación del nuevo Pozo de la Eternidad a manos de su hermano gemelo Illidan. Alarmados especularon que, mientras el Pozo perdurara, la Legión Ardiente lo usaría para hallar de nuevo Azeroth. Hicieron un pacto en el que los elfos de la noche servirían de guardias del nuevo pozo. Alexstrasza plantó una bellota encantada en el Pozo, de la cual creció el primer Árbol del Mundo, Nordrassil. Dicho árbol era el símbolo de la conexión entre los elfos de la noche y la naturaleza, y usaría las energías del Pozo para sanar el mundo tras la devastación causada por el Gran Hendimiento. Nozdormu bendeció el árbol para que, mientras el árbol permaneciera en pie, los elfos de la noche jamás envejecieran y cayeran presa de enfermedad alguna. Ysera, por su parte, encantó el Árbol del Mundo para vincularlo a su reino, el Sueño Esmeralda, lo cual vinculó a los druidas con dicho reino. Como parte del pacto, los druidas aceptaron dormir durante siglos para que sus espíritus rondaran los infinitos senderos del reino de Ysera.

El nacimiento de las Centinelas (-9,400)Editar

El paso de los siglos hizo que la sociedad kaldorei se expandiera hasta ocupar los bosques de Vallefresno. Tyrande Susurravientos, suma sacerdotisa de las Hermanas de Elune, posicionó su orden como líderes del gobierno élfico y del ejército, pues había salido prácticamente indemne de la Guerra de los Ancestros. Asimismo fundó una nueva fuerza de combate, las Centinelas, la cual estaba compuesta por guerreras de élite y protegía a la emergente sociedad kaldorei. Debido a su cercanía con ella, fruto de sus hazañas, Tyrande nombró capitana a Shandris Plumaluna, quien había luchado con valentía en la Guerra de los Ancestros y había destacado entre sus congéneres. Malfurion, por su parte, continuó avivando el druidismo entre los suyos. Tras abandonar la magia arcana, muchos de los que otrora fueron hechiceros abrazaron las enseñanzas del druida y buscaron la harmonía con la naturaleza. Con el tiempo, experimentaron el arte del cambio de forma para convertirse en diversas criaturas que habitaban las profundidades de los bosques. A menudo hibernaban para explorar el Sueño Esmeralda, algo que irritaba a Tyrande y a sus Centinelas, pues lo veían como una despreocupación por parte de los druidas. Aunque a menudo se solicitaba la ayuda de ellos, eran pocos los que permanecían despiertos para responder a la llamada.

Si bien la nueva sociedad kaldorei iba tomando forma, un mal que creían extinto reforzaba su presencia en Kalimdor. Los sátiros supervivientes a la Guerra de los Ancestros se habían mantenido ocultos, aguardando el momento oportuno para vengarse de los elfos de la noche. Xalan el Temido movilizó a sus hermanos y preparó a los sátiros para la guerra. Este hecho llamó la atención de los remanentes de la Legión Ardiente que permanecían atrapados en Azeroth tras el Hendimiento. Fueron muchos los que se unieron a la llamada de Xalan y, juntos, lanzaron un brutal asalto sobre la fortaleza de Senda de la Noche. La guerra había regresado al pueblo kaldorei.

La Guerra de los Sátiros (-9,300)Editar

El pueblo kaldorei sufrió grandes pérdidas causadas por los ataques de los sátiros. Sin embargo, el curso de la batalla cambió cuando Shandris Plumaluna propuso una nueva estrategia. Convocó a los druidas y, junto a las Centinelas, se lanzaron al corazón del territorio sátiro como una única fuerza de choque. Derrotaron a muchos de sus enemigos, incluido Xalan, pero no vieron la nueva amenaza que surgía entre sus propias filas. Un grupo de druidas buscaba blandir la furia del ancestro Goldrinn y tomaron la forma de lobos salvajes, recibiendo el nombre de huargens. Liderados por Ralaar Colmillo de Fuego, se vieron presa de su propia ira. Atacaban a aliados y enemigos por igual. Aquellos kaldorei que eran mordidos, contraían la virulenta maldición que los transformaba en huargens. Malfurion y otros compañeros, a raíz de lo vivido con Ralaar y los huargen, crearon el Círculo Cenarion, una orden armoniosa que guiaría y regularía las prácticas de los druidas del mundo entero. Su primera tarea era lidiar con la amenaza que suponían los huargen. Ralaar y los suyos fueron exiliados al Sueño Esmeralda, donde Malfurion creía que se sumirían en un pacífico sueño bajo el árbol Daral'nir. Tras la expulsión de los huargen, toda posibilidad de victoria de los sátiros se esfumó. Los kaldorei asediaron sus territorios y eliminaron la corrupción de los bosques. Los pocos sátiros que quedaban con vida desaparecieron en las sombras, pues ya no suponían una amenaza para la sociedad kaldorei.

El exilio de los Altonato y la Larga Vigilia (-7,300)Editar

Si bien los Altonato habían intentado integrarse en la sociedad élfica tras siglos desde el Hendimiento, muchos tuvieron dificultades. Se veían tentados por la magia arcana, a pesar de las estrictas leyes que prohibían su uso bajo pena de muerte. Pese al castigo que suponía, las tentaciones arcanas eran demasiado intensas como para ignorarlas. Dath'Remar Caminante del Sol, un venerado Altonato, se reveló y proclamó que la magia arcana era un derecho natural, tachando de cobardes a quienes la temían. Él y sus seguidores comenzaron a practicar magia de forma abierta, desafiando a la sociedad kaldorei a actuar. Fueron tantos que los elfos de la noche eran incapaces de ejecutar a tantos de sus hermanos y hermanas, por lo que fueron expulsados del Monte Hyjal. Dath'Remar y sus seguidores perdieron el acceso a las energías del Pozo de la Eternidad. La mayoría de Altonato aceptaron el castigo con sumo gusto, pues eran libres de las restricciones kaldorei. Liderados por Dath'Remar, construyeron una flota y se hicieron a la mar, abandonando Kalimdor. Su determinación se vio recompensada cuando, años más tarde, tocaron tierra. Habían llegado a los Reinos del Este, cuyas tierras caminaron durante meses hasta establecerse en un lugar marcado por una enorme escultura de una extraña mano de plata. Las tribus humanas que habitaban dicho lugar llamaban a esas tierras Tirisfal y mantuvieron inicialmente las distancias con los Altonato. Sin embargo, los elfos empezaban a notar los efectos del envejecimiento y la enfermedad. Su piel perdió su color violáceo y su estatura menguó progresivamente. Si bien empezaron una nueva vida en los Claros de Tirisfal, las energías oscuras latentes del lugar hicieron enloquecer a muchos de ellos. Dath'Remar tomó la decisión de abandonar Tirisfal y buscó un hogar para su pueblo más al norte, en unas tierras de frondosos bosques y poderosas líneas Ley. Allí se establecería lo que hoy día se conoce como el Reino de Quel'Thalas.

El exilio de los Altonato supuso el fin de un capítulo oscuro en la historia de los kaldorei. Sin embargo, aquello no significaba que Tyrande o Malfurion pudieran descansar. Malfurion y el Círculo Cenarion guardaban el equilibrio de la naturaleza y restauraban las tierras contaminadas por la corrupción demoníaca. A veces se pasaban décadas enteras en trance mientras sus formas espirituales vagaban por el Sueño Esmeralda. Tyrande, Shandris y las Centinelas patrullaban los bosques sin descanso, atentas a cualquier resurgimiento demoníaco. Su buen hacer desembocó en un periodo de paz y tranquilidad. Con el tiempo, los guardianes del bosque y las dríadas salieron de sus moradas en el Claro de la Luna. Junto a ellos, otras criaturas mágicas comenzaron a hacer acto de presencia. Los kaldorei desarrollaron fuertes lazos con estas criaturas mágicas y recurrieron a ellas en tiempos de necesidad. Mientras Malfurion dormitaba en el Sueño Esmeralda, el peso del gobierno del pueblo kaldorei recaía sobre los hombros de Tyrande. Pese al optimismo y la esperanza que reinaba entre los suyos, la suma sacerdotisa presentía que se acercaban tiempos difíciles. Aunque habían expulsado a la Legión Ardiente, no habían derrotado a Sargeras y Tyrande estaba convencida de que permanecía oculto entre las estrellas, maquinando un nuevo asalto sobre Azeroth.

La Tercera Guerra (20)Editar

La aislada existencia de los elfos de la noche llegó a su fin durante la Tercera Guerra, cuando los refugiados de los Reinos del Este llegaron al continente. Los orcos buscaban recursos y habían enviado a los Grito de Guerra a Vallefresno. Aquello suponía una ofensa para los kaldorei y atacaron. Las iniciales victorias orcas llegaron a su fin cuando Cenarius se presentó, confundiendo a los orcos con demonios y destruyendo sus avanzadas. Como medida desesperada, los Grito de Guerra bebieron sangre demoníaca y acabaron con la vida de Cenarius.

A medida que el conflicto crecía, la Legión y su Plaga de no-muertos asaltaron tierras kaldorei. Tyrande despertó a Malfurion y a sus druidas para que se unieran a la batalla. Durante la mayoría de la Tercera Guerra, los elfos de la noche se mostraron hostiles con la Horda aliada y la Expedición de la Alianza. Fue durante la batalla final, la Batalla en el Monte Hyjal, cuando se unieron a las razas mortales para defender el Árbol del Mundo. No obstante, los esfuerzos de esta nueva alianza no parecieron surtir efecto. No podían detener la invasión demoníaca, pero la ralentizaron lo suficiente para que Malfurion pudiera completar su ritual. Archimonde, el líder de la invasión, fue desgarrado por miles de fuegos etéreos y finalmente asesinado por el propio Árbol del Mundo.

Aunque habían logrado la victoria, los elfos de la noche habían sufrido tremendamente en la batalla contra Archimonde. Nordrassil, que garantizaba su inmortalidad, había sido sacrificado para poder así obtener la energía suficiente para derrotar a Archimonde. Con la destrucción de Nordrassil desapareció la fuente que protegía al pueblo kaldorei de la vejez y la enfermedad.

Post-Tercera GuerraEditar

Con el tiempo, Nordrassil comenzó a sanar sus heridas. Sin embargo, un número de druidas liderados por Fandral Corzocelada deseaba crear un nuevo Árbol del Mundo, creyendo que así volverían a ser inmortales. Malfurion reprochó un acto tan egoísta, pero cayó en un repentino coma y su espíritu se perdió en el Sueño Esmeralda. Fandral se convirtió así en el nuevo líder de los druidas y plantó Teldrassil en la pequeña isla de Kalidar. En la copa de dicho árbol fue donde los elfos de la noche se asentaron y fundaron la ciudad de Darnassus. Sin embargo, Teldrassil estaba corrupto, por lo que los dragones aspecto se negaron a bendecir el árbol.

Poco después de la Tercera Guerra, el pueblo kaldorei se unió a la Alianza. Como resultado de la misma, la corrupción y la locura se hizo con muchos de los antiguos lugares y aliados de los elfos de la noche, debilitando así la fuerza de su nación. Como miembros de la Alianza, tomaron parte en varios conflictos, uno de ellos la Segunda Guerra del Mar de Dunas. Aunque no todos se unieron a la Alianza. Los druidas permanecieron neutrales en el Círculo Cenarion.

Mientras la corrupción de Teldrassil crecía, la Pesadilla Esmeralda se propagaba cada vez más. Para cuando la guerra contra el Rey Exánime hubo acabado, gente de todo el mundo comenzó a caer en coma y sus espíritus eran arrastrados al Sueño Esmeralda. Lord Xavius, que había sido encerrado en la forma de un árbol durante la Guerra de los Ancestros, lideraba la Pesadilla Esmeralda. Fandral había causado el estado comatoso de Fandral y había corrompido Teldrassil al darle una rama del cuerpo de Xavius. La Pesadilla fue derrotada y la corrupción limpiada gracias a la ayuda de otros druidas y del vuelo verde. Finalmente, Ysera y Alexstrasza bendijeron Teldrassil, restaurando el ancestral vínculo de la naturaleza con los elfos de la noche. Malfurion y Tyrande contrajeron nupcias, compartiendo así el liderazgo de la nación kaldorei.

El Cataclismo (28)Editar

Durante el Cataclismo provocado por el dragón aspecto Alamuerte, un grupo de altonato conocidos como los Shen'dralar pidieron audiencia con Tyrande. Deseaban volver a formar parte de la sociedad kaldorei. Mordent Sombrapar, su líder, quería que las diferencias desaparecieran y deseaba poner al servicio de los kaldorei sus conocimientos y sabiduría. Fueron aceptados y también se les permitió enseñar las artes arcanas a aquellos kaldorei que lo desearan, así como algunos altonato fueron iniciados en el sacerdocio o en los caminos druídicos. Los elfos de la noche también intervinieron cuando el pueblo gilneano fue atacado, tanto por los renegados como por los huargen, quienes expandieron la maldición de orígen kaldorei sobre los habitantes del reino humano. Consiguieron la Guadaña de Elune y les ayudaron con su transformación, dándoles un hogar a los supervivientes en la misma Darnassus.

Los territorios kaldorei fueron uno de muchos frentes durante la guerra entre facciones. Los Rompelanzas se unieron a la Horda y asaltaron la parte norte de Costa Oscura, aunque fueron rechazados por las fuerzas kaldorei. Dos ofensivas Horda atacaron Vallefresno y también fueron repelidas gracias a la ayuda de la Alianza. Sin embargo, no todos sus esfuerzos militares fueron satisfactorios. El asalto de los elfos de la noche en Azshara fue repelido y una bomba lanzada por la Horda destruyó Thal'darah en las Sierra Espolón.

Aunque Malfurion era co-líder del pueblo kaldorei, era parte del Círculo Cenarion, el cual permanecía neutral. No obstante, la mayor contribución de los elfos de la noche tras el Cataclismo fue en el Monte Hyjal. Si bien Ragnaros intentó invadirlo para destruir Nordrassil y al Círculo Cenarion, las celadoras de las sombras y el vuelo verde se unieron para formar los Guardianes de Hyjal, siendo victoriosos contra la invasión elemental inicial. Cuando los elementales de fuego aparecieron nuevamente para volver a intentar invadir el Monte Hyjal, lo hicieron ayudados por Fandral Corzocelada y sus druidas de la llama. Los Guardianes de Hyjal no sólo los rechazaron, sino que lograron infiltrarse en las Tierras de Fuego y acabar con Ragnaros y Fandral.

Mists of Pandaria (30)Editar

Para restaurar la inmortalidad de los elfos de la noche, el tradicionalista Vaeldrin buscó las Pozas de la Juventud, creadas por una civilización anterior a Azshara. Guiándose por antiguos pergaminos, abrió un portal a la Espesura Krasarang. Un grupo de centinelas acudieron, enviados por Tyrande, quien había tenido una visión. Sin embargo, las pozas no otorgaban libremente la inmortalidad, sino que se usaban para transferir las energías vitales de una persona a otra. La expedición ayudó a los pandaren contra los mogu Dojani y en la defensa de Villarroca.

Poco después de que la Alianza llegara a Pandaria, la Campana Divina fue descubierta y los elfos de la noche la llevaron a Darnassus para estudiarla y custodiarla. Sin embargo, la Horda logró infiltrarse en la ciudad y robar la campana.

Durante el Asedio de Orgrimar, Tyrande reunió a un ejército de su gente en Vallefresno y comenzó a marchar hacia Orgrimmar. Gracias a sus lanzagujas, la muralla de Orgrimmar fue destruida. Ella y sus centinelas derrotaron a los kor'kron de Garrosh, permitiendo así que las fuerzas de la Alianza y los rebeldes Lanzanegra invadieran la ciudad. Tras la guerra, Tyrande llegó a un pacto con el nuevo Jefe de Guerra: permitió que las fuerzas de la Horda que aún quedaban en Vallefresno se retiraran y los kaldorei abandonarían Azshara.

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