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Harald Torfasson

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Fondo hearthstone 0000078.png
Neutral.png
Harald Torfasson
Imagen de Harald Torfasson
Información del personaje
Servidor Los Errantes
Apodo El cuervo entre las sombras
Título Jarl del clan Ravencroft
Género Masculino
Raza Hombres del Norte
Clase Seid
Alineamiento Neutral Caótico
Ocupación Hablarunas
Lugar de nacimiento Rasganorte
Residencia Ravensburg
Afiliación Sangre, Clan Ravencroft
Estado Vivo
Fondo ficha, Harald.jpg

Yo...no recuerdo nada, no recuerdo donde nací, no recuerdo quienes o qué son mis Padres, sólo me recuerdo a mi...en medio de un bosque, desnudo, gritando entre sollozos...cerrando y abriendo los ojos...perdido en un recóndito páramo de aquel Fiordo Aquinonal de hace años...recuerdo despertarme entre sollozos y verme perdido...tapado tan sólo por una fina manta de hojas berberiscas para protegerme del frío...quizás ocultarme, pero...¿Por qué? ¿Quienes eran mis padres, que hacía allí? Y lo más importante...quien era yo. Pasaron horas, yo seguía arropado por esa fina manta de hojas en la fértil tierra de aquel bosque en el fiordo...hasta que vi dos figuras, peludas, con cuatro patas y brillantes hojas en la oscuridad de esa fría noche, se acercaban a mi... cada vez más, babearon al ver esa suculenta presa...tan débil, por aquel entonces no tendría ni un año de vida...un simple crío en un bosque rodeado por cuatro enormes huargos, se dispusieron a usarme como su cena hasta qué...¡Auuu! Se oyó un lobo agonizar de dolor mientras una hoja se clavaba en su dura piel, una hoja lanzada desde la sombra de los árboles. Los huargos distrajeron su vista de mí y miraron a los arboles, con la mandíbula abierta de par en par y rugiendo a modo de amenaza y advertencia, otra hoja salió de los arboles, parecía venir de la copa, tan sólo quedaban dos lobos, uno de los cuales caminó unos pasos enfrente hacía la copa de esos arboles y pisó una red, la cuál se alzó al aire y atrapó al lobo en esa red hecha de piel de Colmipala, totalmente inmóvil, el último lobo miro a sus compañeros caídos e incapacitados y con las orejas bajadas salió huyendo al bosque del cuál había salido. Yo seguía sollozando, cada vez más fuerte y con más miedo, de repente dos figuras camufladas con hojas venosas y pieles pintadas de un color marrón bajaron de la copa del árbol y me miraron los dos, miraron a esa pobre criatura sollozando y sola, ambos zapadores miraron a los alrededores, esperando a qué alguien fuera a buscar al niño...pero no apareció nadie, ambos zapadores (una mujer y un hombre) miraron al niño en busca de algo distintivo...un medallón de un clan quizás, un amuleto con un nombre...Sólo encontraron una cosa, una nota que ponía: "Cuidad de él, por favor, cuidad de mi pequeño Harald". Ni siquiera tenía una firma o un nombre, era sólo un papel arrugado con ese texto. La pareja de zapadores miró alrededor del bosque.

-No podemos dejarlo aquí, es sólo un niño, morirá si le dejamos a merced de la noche.-Dijo el zapador hombre.

-Quizás tengas razón...es sólo un niño, pero...no sabemos cómo cuidarlo, jamás hemos tenido uno, vivimos en el bosque, cariño, ni siquiera tenemos un clan...o una ciudad dónde vivir. -Dijo la zapadora hembra.

Ambos se miraron fijamente a los ojos, hasta que segundos después, uno de ellos me recogió en sus brazos.

-Vamos, de vuelta al refugio, si se oscurece más esos lobos volverán, y en manada.

En los brazos de aquel zapador conseguí calmar mis sollozos hasta llegar a lo que pareció ser una simple chabola hecha con piedras y ramas, en la cima de un cerro, encendieron un fuego y me dejaron arropado entre unas pieles dentro de una tienda de campaña hecha de hojas sujetadas por una fina madera de roble, de fondo se oía hablar a los dos zapadores.

-¿Cómo piensas cuidar a ese niño, Torfas? ¿Acaso no valoras nuestra situación? Vivimos en un bosque, luchando por sobrevivir cada día, alimentados sólo de lo qué podamos cazar, no podemos vivir con la obligación de cuidar al niño...debemos devolverlo a la ci...

-¿¡Devolverlo, devolverlo al bosque?! -Le interrumpió Torfas -¿Para que sea alimento de esos huargos, para que sus restos sirvan de abono para el bosque? ¡¿Eso es lo que quieres?!

-No lo entiendes...-le contestó la zapadora con un tono apenado y una lágrima en el rostro- Llevemoslo a la ciudad, que lo adopten los lugareños, ellos sabrán cuidarlo...miranos, vivimos cada día sobreviviendo para poder llegar adelante...esto no es vida, y menos para un niño.

-No...nos quedaremos al niño, ¡Vivirá, con nosotros! ¡Será un gran zapador de mayor! Le enseñaremos...conviviremos con él, y si algún día pasa algo...sé que estarás aquí, para ayudarme, al igual que yo lo estaré.

-Los dos zapadores se sonrieron mutuamente al fín, se abrazaron los dos y se besaron frente a la hoguera...y yo, me dormí.

Pasaron años, ambos zapadores me entrenaron para la caza, pero no obtenían resultado alguno, yo no sabía luchar, ese no era mi don, sobrevivimos muchos años, yo tenía 14 por aquel entonces, aprendí a esconderme en el bosque y a crear trampas, seguimos adelante pese a todo...hasta qué llegó el día. Me acosté en la tienda pero no conseguí conciliar el sueño, tenía pesadillas continuamente...en esas pesadillas veía fuego en una aldea, gente huyendo, hombres montados a caballo quemando todas las casas qué veian, luego veía una madre...cogiendo a un niño y huyendo hacía el bosque perseguida por unas figuras oscuras y llameantes de hombres...entraba al bosque y allí paraba la pesadilla, me despertaba exhalando muy rápido y sudando, a veces, incluso llorando. Mis supuestos padres venían, siempre me preguntaban de que me angustiaba...Pesadillas, sólo pesadillas, les contestaba yo, ellos se miraban y volvian a su tienda, a veces se escuchaban murmuros de ellos hablando...pero nada más...pero una noche ví mucho más, la pesadilla continuó, las figuras en llamas perseguían a la mujer hasta las entrañas del bosque, la mujer llevaba un niño en manos, por mala fortuna, los años habían pasado factura y las figuras cada vez estaban más cerca de la mujer. En el corazón del bosque la mujer consiguió hacer el amago de desviarse de la mirada de aquellas figuras, cogió al niño y lo dejó reposado sobre una fina capa de hojas berberiscas y dejó una nota bajo mi cuello. "Cuidad de él, por favor, Cuidad de mi pequeño Harald" Después la mujer hacía señales a los hombres y se alejaba de mi, apartando a esos hombres de mi vista...allí, la pesadilla se paró...esta vez desperté de un grito y con las manos en el cuello, exhalando aún más rápido de lo habitual. Mis supuestos padres vinieron corriendo.

-¡Harald! ¡Harald! <Repetian los zapadores a un atemorizado Harald con la mirada y rostro petrificados de terror>

-¡Despierta, hijo! <Me abrazaron muy fuerte y pude reaccionar>

-Papá...Mamá...¿Quién soy? <Los dos padres se miraron fijamente y se lo llevaron a fuera de la tienda, dónde se pusieron sentados cerca de la hoguera y le cogieron las manos a Harald mirándole fijamente a los ojos>

-Tenemos que contarte algo <Dijo Torfas> Te lo hemos estado ocultando todo este tiempo...pero...<Los dos zapadores se miraron fijamente unos instantes y respondieron al unisono> -Nosotros no somos tus padres, Harald, te encontramos en el bosque, a punto de ser devorado por cuatro enormes Huargos...solo pudimos rescatar esto de tí. <Me enseñaron la nota de mis madre> "Cuidad de él, por favor, cuidad de mi pequeño Harald"

Me quedé parado, perplejo, no sabía que decir, en mi rostro sólo se podían contemplar lágrimas, lágrimas de tristeza, enfado.

-¿Por qué no me lo habíais dicho...hasta ahora? <Dije entre lágrimas y la mirada perdida en el bosque> ¡Por qué!

-Harald, no queríamos que lo supieses, queríamos que fuese feliz a nuestro lado, sin importar nada, sólo nosotros, nosotros te acogimos...quizás no seamos idénticos en linaje...pero juntos somos una familia, una verdadera familia. <Torfas trató de consolarme, pero fué en vano>

Miré a mis supuestos padres con enfado. -Ésta no es mi vida...vosotros no sois mis padres...este...no es...mi...sitio. <Empujé a mi padre y me fuí corriendo, perdiéndome en las profundidades de ese oscuro bosque>

Corrí por esos bosques frondosos y oscuros durante horas, sin saber siquiera a dónde iba, estaba furioso...triste, necesitaba encontrar esa aldea, necesitaba encontrar algo más, ¡Saber quienes o qué eran mis padres! Tan sólo necesité esas horas para saber qué me había perdido, y esta vez no estaban aquí mis padres. Caí agotado en medio del bosque, conseguí abrir una lumbre en ese oscuro páramos de los Fiordos, cuándo por fin concilié el sueño no tuve una pesadilla, esta vez sólo ví cosas bonitas, todo lo que soy, lo que era junto a mi padre. Me acordé de él, cazando en el bosque, tropezándome y él riendo ayudarme, mientras yo refunfuñaba por lo bajo, pero él siempre con una sonrisa y ganas de ayudar, por muchas veces que fallara una flecha, por muchas veces que acabase la trampa y me pillase con la misma, él siempre estaba allí, pescando en el río, enredándome las manos con la red y el hilo de la caña, cuándo no podía dormir y él me contaba la historia del Colmipala y los tres cuervecitos, cuándo no paraba de llorar en mis pesadillas me abrazaba fuerte y me recordaba qué las lágrimas no apaciguarían las pesadillas, pero que la sonrisas se reirían del temor, cuándo me llevaba a jugar al bosque al escondite...Cuándo llegaba al refugió y mamá me recibía con una sonrisa y un abrazo, me vestía siempre con sus mejores ropas y ella se quedaba los trapejos sucios, cuándo estaba triste siempre me dibujaba una sonrisa en la cara y me abrazaba tan fuerte, parece que aún pudiese sentirla. Recordar todo eso hizó que se me saltarán las lágrimas, me desperté con el rostro apenado y me decidí a volver al cerro...pero estaba perdido...no sabía cómo volver y de repente me entró pánico, pero recordé lo que me dijo un día mi padre, "Las bestias huelen el miedo, el miedo te delatará ante cualquier peligro, mantente en calma y nadie jamás te hará daño, ¡Demuestra que eres un Torfasson!" Así lo hice, calmé mis miedos y miré al cielo, orientado por la luz de la luna caminé durante días hasta llegar a un poblado...pero eso no era un poblado cualquiera, todo estaba arrasado, sólo quedaban cenizas,

-¿Hola? ¿Hay alguien? <Grité antes de avanzar hacía el pueblo>

Avancé con cautela, hasta llegar al interior del poblado, cuándo puse un paso en aquel lugar la cabeza empezó a dolerme, sentía mareos...me palpé la frente y me desmayé, tuve una visión, ví el poblado de mis pesadillas, era igual al que vislumbré, arrasado...quemado pero una cosa era diferente, estaban siendo invadidos, no por humanos, por Trols, trols de piel azulada que quemaban las casas y maldecian a sus habitantes con sus diábolicos hechizos, los cuáles morían entre sombras y agonías, entre todo eso ví una casa que destacaba de las demás, en la visión brillaba con fuerza y me dirigí hacía ella y atravesé esa pared, yo no estaba allí físicamente, era solo un sueño...o un pasado, ví una pareja.

-¿Que vamos a hacer? ¡Lukas, estamos siendo invadidos, el niño no podrá sobrevivir, tenemos que pensar algo!

-Ve...ve al sotano, saldré de la casa y atraeré la atención, cuándo la puerta esté despejada sal ¡Huye con el niño y no mires atrás! <Lukas abrió la puerta del sotano y señaló a Helga> ¡Vamos, no hay mucho tiempo! <Ruidos de trols golpeando la puerta sonaron> Y recuerda...te quiero. <Lukas besó a Helga y cerró la puerta del sotado, abrió la puerta y golpeó a uno de los trols con el hacha, empujó al otro a las afueras y se oyeron gritos de guerra> ¡Por los titanes, esta es tierra nórdica trols, y jamás nos la arrebatareis! <Lukas salió al exterior de la casa y formó parte de la encarnizada batalla entre trols y nórdicos> ¡Helga, es el momento, huye con el niño, vamos, vamos!

Helga salió del sótano y vislumbró a su marido en el suelo, con un hacha clavada y rodeado de cadáveres trols, antes de morir Lukas escribió con el filo de su hacha en el suelo de aquella batalla "Nos vemos en el Valhala, mi queridísima" Helga sollozó y apenas tuvo tiempo de abrazar a su marido por última vez pues dos enormes trols saliendo de un edificio en llamas, con las armaduras prendientes de fuego salieron y se lanzaron contra Helga, esta corrió como pudo acariciando a su niño entre gritos y desesperación, al salir de la aldea, la visión acabó...no importaba, yo sabía como continuaba esa historia...en el bosque. Desperté y me dirigí a la casa, a mi casa, era un pueblo fantasma, literalmente, huesos... algún cadáver putrefacto... nada más, me dirigí a mi antiguo hogar, estaba destrozado, al llegar ví escrito en el suelo "Nos vemos en el Valhala, mi queridísima Helga" Y volví a sentir un mareo y revivió ese momento de la visión despierto. Su padre luchando contra unos trols, acabando con cada uno de ellos, cómo un buen guerrero, alzando sus hachas al aire a modo de victoria un trol le atravesó con una flecha en el pecho, Lukas pudo hacer ademán en lanzarle una de sus hachas, acabando con su vida...pero la suya ya estaba sellada, con escasos segundos de vida presentes, Lukas cogió su única hacha que le quedaba por el mando y escribió el mensaje hacía su querida, segundos después, entre rugidos angustiosos le gritó a su esposa escondida en el sotano. "Helga, es el momento, huye con el niño, vamos, vamos!" La visión volvió a acabar y Harald entró en esas ruinas de lo que antes era su casa, cada paso que daba revivia una visión unos insantes, llegó al sotano y en una de las mismas contempló a su madre con el niño agarrado, en la invasión. Harald tenía en sus manos un muñeco, y a la hora de huir la madre hecho a correr y el muñeco de cayó al suelo. Yo en ese momento presente, cogÍ el muñeco, lo miró fijamente y unas lágrimas surgieron de su rostro...en ese momento la casa retumbó, el techo sonó, parecía que se venía abajo, Huí hacía las afueras con el muñeco en manos...y ví una figura en el techo. Escuché sonidos en la aldea...no, no estaba solo. Oí el sonido de unas cuerdas tensarse, una flecha disparar, pero...-¡Hijo, no! ¡Cuidad...Era mi padre, Torfas se interpuso entre esa flecha, él había salido en mi búsqueda, un trol aguardaba esa maldita aldea y atravesó con una flecha a mi padre. Apenas unos segundos después ese trol fué atravesado por una daga arrojadiza que lanzó mi madre, llegada con unos segundos de retraso...se adelantó hacía a mi para abrazarme, pero ahí le vió, Torfas agonizando con una flecha en el pecho, él había dado la vida por mi...

-Harald...<Dijo Torfaz entre toses> ¿Quien diría que esto acabaría así, eh? <Torfas hizó ademán en sonreir levemente pero no pudo> Escucháme, hijo mio <No dejaba de toser> Sé que no fuí el mejor padre...pero...lo intenté, he vivido cómo he podido, he luchado por lo qué me parecía justo, he vivido junto a la mejor persona que he podido conocer...y he podido saber lo que es el amor materno...<Tosió y su rostro se fué enblanquineciendo> Hijo, sólo te quiero decir qué...qué...vivas...como un Jarl, sueña...como un niño, sé ambicioso como un simple aldeano...y quiere a quienes te quieran...pero...pero no acabes cómo yo...<tosió y fué entrecerrando los ojos, cada vez más pálido>

-¡No! ¡Padre! <Dije entre sollozos> ¡No me hagas esto...no...no! <le abraze por última vez>

-Nos vemos...en el Va...Valha...<Torfas exhaló aire por última vez y cerró los ojos, la herida dejó de sangrar y su cuerpo se quedó inerte, sin vida>

Mi madre me cogió de la mano y me miró fijamente, entre lágrimas.

-Fué...fué un bue...un buen hombre, <se secó las lágrimas, pero no podía dejar de llorar> Volvamos al refugio...y por favor...nunca más...nos vuelvas a abandonar.

Mi madre y yo nos abrazamos, y volvimos al refugio esa misma noche, pero ya nada era lo mismo.

Mi madre entró en una depresión profunda desde entonces, dejó de comer, no podía dormir, cada noche sólo eran llantos y sollozos...sólo pudo sobrevivir unos meses hasta que se suicidó. Se tiró desde un acantilado, ella me dejó con el colgante que Torfas y ella habían compartido desde entonces, entonces me quedé sólo...y decidí emprender una nueva aventura, una aventura de la que jamás me arrepentiré.

Así emprendí un viaje a las tierras de esos trols, cogí el colgante de Torfas, una vieja daga de mi madre y unas pocas prendas de cuero y una capucha que me cubría todo el rostro, tras eso me dirigí al poblado de Valgarde, esperé horas y horas hasta que el sol cayera y la luna se alzara, la mayoría de aldeanos y guardias bajaban su sombrero y se iban en grupos o parejas a la taberna del poblado así que aproveché esa oportunidad...me acerqué con la capucha cubriendo todo mi rostro y cubierto por una densa toga de piel de huargo, bajo la cual se encontraban las pequeñas piezas de cuero que cubrían mi torso y piernas -hacía bastante frío esa noche en los fiordos, se escuchaban las familias con sus respectivos hijos entrar en las casas, amigos y compañeros de trabajo festeando con cerveza y bebida desde la taberna, donde se podía apreciar una cálida luz desde las ventanas de la misma, poco a poco la ciudad se vaciaba, así que me acerqué al establo donde solo un pobre granjero sin armar alimentaba a las yeguas y caballos-

-Disculpe, noble granjero, ¿me permitiría coger uno de sus caballos?

<El granjero, vestido con unas arapientas togas, una edad considerable -las arrugas características de la vejez se apreciaban en ese hombre, giró la cabeza y me miró>

-¿Cómo alguien por aquí a estas horas? Ya todo aldeano se retira a sus aposentos o taberna...yo simplemente soy el único sin suerte que tiene que pasarse todas las horas del día para poder traer pan a casa, si se le podría considerar casa a una chabola alejada de la ciudad <el granjero se rasco la calva y dejó ir un suspiro> pero supongo que eso no te interesará, ¿un caballo decías? Claro, por un par de doradas y cinco plateadas te lo dejaré.

-No llevo dinero, noble señor, pero deje que le deje algo a cambio <acto seguido me descolgué el colgante que mi madre me había dado, en el cual se apreciaba una leve pintura de escasos centímetros de la pareja dándose su primer beso, con una base ornamentada de madera y alguna pizca de plata> Quizás usted no lo vea un gran pago, pero para mí es el único recuerdo que me queda de mis padres...bueno, mis padres adoptivos, tome.

-Oh...'<el viejo granjero admiró el collar y antes de cogerlo preguntó> ¿Y dime, por qué me entregas esto si tan importante es para tí, por un solo caballo?

-No '<negue con la cabeza y le puse el collar en la palma de su mano, cerrándola a continuación> le doy este único recuerdo de mi infancia porqué me quiero dirigir a las tierras muertas de Zul'drak, hogar de los trols, asesinos de mis padres adoptivos y de sangre.

-Te entiendo hijo '<el granjero me dió dos palmadas en la espalda> yo también perdí a mi mujer y mi hijo, los dos partieron en un viaje en Drakkar hacia el sur, meses después me llegó la misiva de que el Drakkar en el que partieron sufrió un ataque de una enorme bestia marina y se hundió en el hondo mar de esta tierra. <el anciano dejó caer una lágrima al suelo> yo ni siquiera tengo nada más que esto, cuido de mi nieto en esa "chabola" que te he hablado, tengo que pasarme casi todo el día cuidando a estas bestias para traer pan y si hay suerte una pizca de carne cruda, ni siquiera puedo estar todo el tiempo que quiero con mi nieto, ahora mismo está solo en casa, seguramente intentando cazar algún ratón para cenar esta noche. Toma el caballo, tómalo, y si vuelves con vida de esa tierra maldita vuelve aquí y te devolveré el collar.

-Gracias...gracias anciano, si vuelvo vivo de ahí le traeré suficiente fortuna como para alimentar a su nieto lo que le reste de vida. <dicho eso monté en el caballo y me alejé de Valgarde>

A medida que me alejaba múltiples pensamientos rondaban por mi cabeza; ¿Y si no vuelvo?¿Y si me hacen preso? Oh...no he cogido suministros.

Eso último lo grité en alto.

-¡Comida y agua, maldita sea, se me ha pasado!

Cálmate Harald, pensaba para mi mientras observaba la vieja daga de mi madre, tras eso paré en medio del bosque y con una rama caída de un árbol me hice una pequeña fogata, la encendí y deje ahí al caballo, atado a una pequeña roca, tras ver eso una idea rondó en mi mente.

-Sí..madera...la cuerda del caballo...¡Ya lo tengo! <corrí algo lejos de la fogata y reuní dos ramas más del árbol del cual había cogido las primeras, tras eso volví a la fogata y corté una fracción de la cuerda que ataba al caballo a la roca, tras eso volví a atar el nudo que sostenía al caballo, junté las dos ramas y las uní con la cuerda, formando una forma encorvada, así pues, con el resto de la cuerda lo que hice fue hilarla más delgada y fina, así até un extremo de la cuerda a un extremo de la rama norte y el otro extremo de la cuerda a la rama sur> perfecto, ¡un arco en condiciones! Ahora solo me falta reunir más madera y unas pocas piedras para hacer las flechas.

La noche pasaba, yo reuní todas las ramas que encontraba y pequeñas piedras apuntadas, aunque era difícil, la mayoría de rocas eran redondas y tenía que afilarlas con la vieja daga de mi madre, la pobre daga estaba abollada y oxidada, pero pude conseguir tallar quince flechas esa noche. Así que las puse todas de mala manera en una bolsa que cargaba el caballo, claro, no me había hecho un carcaj y tenía que apañármelas como podía.

Así pues nada más se hizo de día salí a cazar con los conocimientos que había aprendido de parte de mi padre sobre la caza. Yo nunca fui igual de bueno que él en caza y lo único que pude cazar fue un huargo solitario que aún no se había despertado, así que despedacé el cuerpo de la bestia y me guardé los trozos de carne en la bolsa de suministros, junto a las flechas.

EL VIAJE A ZUL'DRAK

Día 1

Emprendo el camino hacia las laderas de Zul'drak, desde mi campamento cerca Nafsavar, monté en mi caballo armado con la vieja daga y el arco fabricado por mi marché hacia el norte de los fiordos, a las tierras de Colinas Pardas. Hacía un día soleado y me molestaban las prendas de cuero más la capucha, lo único que me quité fue la toga que llevaba puesta, pues quería permanecer mi identidad en oculto. Fueron horas de camino sin eventos importantes, hasta que cerca de llegar a la frontera un grupo de asaltantes saltó a mitad de camino.

-Mirad a ese de ahí, si parece que se ha escapado de su cárcel '<los asaltantes dijeron eso y se echaron a reír y continuaron> Puedes darnos todo lo que lleves en esa bolsa, a tu caballo y quizás te dejemos de una pieza.

Dicho eso no hice más que coger mi arco, tensar la cuerda y disparar a la cabeza de uno, inmediatamente ese cayó muerto y los demás asaltantes, que eran unos cuatro, se echaron encima mío, solo pude hacer caer a uno más propiciándole un golpe de daga. Los tres restantes me tiraron al suelo, estuvieron a punto de matarme hasta que una bala atravesó el corazón del asaltante que iba a clavarme su mandoble. Los dos siguientes en seguida se apartaron de mi cuerpo, el cual estaba amordazado en el suelo y se pusieron en una posición de defensa mientras daban vueltas por alrededor mío, mirando los árboles. Segundos después otra bala atravesó el cráneo de un asaltante, la bala silbó en el aire por la velocidad lanzada, el asaltador restante echó a correr pero justo cuando volvía tras sus pasos una trampa atrapó sus pies y cayó al suelo con un grito de dolor. Tras eso una figura encapuchada, bajita con una barba característica que le llegaba casi hasta la cintura descendió de un árbol de los alrededores del camino y atravesó al asaltante del suelo con una espada corta, tras eso se dirigió a mí y me liberó de mis amordazas, me ayudó a levantarme y se bajó la capucha. Era un enano, con un torso cubierto por una ligera cota de malla, un cinturón donde habían atados diversos explosivos y una especie de artilugios que no conseguí reconocer, sus pantalones eran de cuero junto a unas viejas botas de, también, cuero, nada le tapaba los hombros, además de la capucha que tras quitársela se apreció un rostro serio, algo sucio y con una larga barba acabada en punta. Además de eso disponía de un gran rifle en la espalda y una pequeña espada enfundada en su cintura.

-Folken Folkenson. <dijo el enano>

-Harald Torf

-Sí, me da igual quien seas '<me interrumpió mientras se encendía un puro> te acabo de salvar el pellejo, así que ahora déjame montarme en ese caballo, monta conmigo y pirémonos de aquí, esto está plagado de estos saqueadores patéticos que acabas de ver ¡Venga, no tengo mucho tiempo! <montamos en el caballo y el enano me llevó hasta una pequeña aldea el límite de los fiordos, en las gélidas montañas que separaban ambas zonas, los Fiordos y las Colinas>

-¿Y cómo te llamabas?

-Harald, Harald Torfasson '<respondí mientras los dos bajamos del caballo y entrabamos en una pequeña caseta que parecía ser del enano>

La caseta era muy rústica, en el interior había cuadros con las cabezas de sus presas; ciervos, conejos, osos y huargos. Una pequeña hoguera en una pequeña chimenea emitía una cálida llama, alfombras con símbolos de tuercas y llaves de ingeniería, junto a una mesa redonda con un par de sillas en las que nos sentamos. Además de eso había una escalera de madera que comunicaba con la habitación de arriba, que parecía ser donde el enano tenía sus camas y cosas privadas, pues la puerta a esa habitación estaba cerrada a cal y canto.

-Hijo de Torfas, eres al que buscaba, venga entra <me empujó para dentro y cerró la puerta con llave> ¿Quieres una cerveza? <me dijo mientras él se llenaba un cuerno de cerveza, pero yo negué con la cabeza> como quieras.

-¿Y como que soy a quién buscabas, quién eres tú y que quieres de mi? <dije mientras me bajaba la capucha>

-Soy un viejo amigo de tu padre, ese viejo zapador y yo nos separamos cuando él decidió ir a vivir a los bosques y yo me quedé en esta aldea con mis hobbies, que por si te preguntas cuales son, me gusta cazar, inventar, construir, beber cerveza y las mujeres. Algún día quizás consiga superarme y entre en algún gran clan como ingeniero superior o algo así. Sería genial <el enano sonrío un instante> pero qué demonios, eso no pasará nunca <volvió a fruncir el ceño> sabía que tu padre había muerto hace poco ¿Un trol? Esos seres me tienen hasta la punta del bigote de mi barba, menudos cabrones. Sí, me enteré, justo antes de que fuera a por ti un cuervo me llegó con un mensaje que decía "Voy a buscar a mi hijo, ha partido hacia los adentros de los bosques y temo que llegue a esa aldea, sí, ambos sabemos cual es. Si no te llega otro mensaje en las próximas 24 horas estaré muerto, si es así Harald tratará de vengarse de los trols como nunca ha podido, creo que ambos sabemos donde se dirigirá, cuídale por mí, este sería el último favor que te pidiese. Atentamente Torfas." <me la leyó mientras me entregaba la carta y rió por un instante> ¿Pensabas entrar en Zul'drak tú solo, con esas flechas de mierda y esa daga? Venga ya, esas flechas no servirían ni para limpiarme los dientes.

-Pues maté un huargo con ellas.

-¿Estaba durmiendo, verdad? El huargo digo.

-Sí...¿Cómo lo sabes?

-No lo sabía, me lo acabas de decir <echó a reír> podría intentar convencerte para que no marcharas a Zul'drak y te quedaras aquí, pero como sé que no te vas a quedar te acompañaré ¿Qué te parece? Mañana mismo partimos <tiró su puro al suelo, apagándolo con el pie mientras se encendía otro y se lo colocaba entre labios>

-No te incumbe, es algo personal, tú no tienes porque ir ahí ¿O sí?

-Mira hijo, que no me hayas conocido antes no significa que lo sepas todo de mi, así que cierra esa bocaza y escúchame. Voy a ir, te voy a acompañar, mira, ahí en Zul'drak hay una gran reliquia muy poderosa, yo me hago con ella, la vendo y con ese dinero financio material suficiente como para que me asciendan en un gran clan y consiga mi sueño, y tú matas a unos cuantos trols por venganza con mi ayuda ¿Un buen trato, eh?

-Como quieras, puedes hacerte con esa reliquia pero tú me ayudarás a matar al cabecilla trol que lideró el ataque a esa aldea.

-Claro tío.

La noche cada vez se hacía más oscura y el enano se fue a su habitación, mientras que yo estuve un buen rato con la mirada fija en la hoguera de la casa, hasta que horas después me quedé dormido en la alfombra.

Día 2

El cielo amanecía, la hoguera se había apagado y una brisa gélida recorría la primera planta de la casa, lo primero que hice fue acurrucarme en mi toga y ponerme la capucha, mientras subía por las escaleras y llamaba al pomo de la puerta del enano.

-¡Despierta, pedazo de vago!

Un golpe se escuchó y en unos instantes la puerta se abrió, Folken salió con la mano en la cabeza.

-¡Ya estarás contento, eh! Con lo cómodo que estaba durmiendo y...<imitó de forma burlona lo que le dije> ¡Aish, despierta pedazo de vago, añaña! Bah, déjame fumarme un puro y salimos anda.

Pasaron unos minutos, el enano se acabó de vestir, con las mismas prendas que el día anterior y salimos.

-¿A dónde vas?

Me dijo al ver que me dirigía al caballo.

-A la montura.

El enano rió unos segundos.

-¿Qué estamos, en el año cien antes de Soron? Ven anda. <Dijo mientras quitaba una tela y mostraba una especie de vehículo a dos ruedas, viejo y sucio> Esta belleza es mejor que ese caballo lento como no hay más.

-¿Y qué hacemos con el caballo?

-Lo dejas

-Pero...

-Venga, nos vamos '<dijo mientras encendía la vieja chopper y me cogía por el hombro, montándome a fuerza a la chopper y alejándonos a través de un camino entre las montañas que hacían frontera de los Fiordos y las Colinas>

-Pobre caballo.

El enano no me contesto, estaba concentrado en el camino, manejando ese viejo vehículo que dejaba ir ruidos altos y fuertes, mientras retumbaba entre los caminos montañosos.

Tras horas de aterrador viaje, esa chopper daba más saltos y vueltas que cualquier otra cosa, llegamos a una bifurcación de caminos.

-¿Por dónde? <dijo el enano>

-¿No has traído mapa? <le pregunté con un tono más bien enfadado>

-¿No lo has traído tú?

-¡Claro que no!

-Bah, pues cálmate, capuchitas <dijo a modo de burla a mis vestimentas, mientras se chupaba un dedo y lo alzaba> de acuerdo, el viento sopla hacía esa dirección <señaló el camino del este>

-¿Y eso que tiene que ver? <pregunté suspirando>

-Nada, pero yo me dejo llevar por el viento <se encendió un puro y dio marcha a la chopper, corriendo por el camino del este>

Más horas de viaje pasaron por esos páramos, hasta que yo me mareé y convencí a Folken para que me dejara descansar unos minutos en un lago cercano, mientras él esperaba en la chopper, o la arreglaba, esa cosa no estaba bien ni mirado de lejos.

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