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Guía de clase: Monje

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Guía escrita por Whupan en Guía de clase: Monje.



¡Hola! ¡Buenos días! Desde ya, ¡enhorabuena! Has elegido rolear una excelente y novedosa clase de Warcraft: el monje. Quizás te hayas visto atraído por sus filosofías e inspiraciones orientales, o tal vez te guste ser un guerrero a puño desnudo. Sea lo que sea, has seguido una senda con milenios de tradición y buscas orientación para tu personaje; aquí la encontrarás.

Esta guía ofrece el contenido y la información necesaria para crear un personaje monje creíble y vivo en el trasfondo de World of Warcraft, así como sugerencias para hilarlo y, con un poco de intuición por tu parte, hacerlo crecer, expandirse ¡y vivir aventuras! Por supuesto, y como de costumbre en mis trabajos, no encontrarás absolutamente toda la información disponible sobre la clase en esta guía: el verdadero rolero es aquel que tiene la iniciativa de buscar y ahondar en las bases que le dan, contrastar informaciones y crear su propio y emocionante concepto de aquello que interpreta, probablemente distinto al de otros y así generando una bonita divergencia.

Esta guía, por contra, no ofrece soporte para los monjes ajenos a la tradición pandaren; por ejemplo, los monjes de la Luz, los monjes de la Cruzada Escarlata, los monjes auchenai... No me enrollaré mucho más con el preludio. Ponte cómodo... ¡Y disfruta!

¿Qué es un monje?Editar

Es una buena pregunta. Un monje es un artesano, un pensador, un guerrero, un escriba y un artista simultáneamente. Quizás la cualidad más famosa de los monjes es que son personajes que luchan con sus puños, sus pies y su cuerpo en general como arma. También son bien conocidos por ser hábiles productores de brebajes diversos, como la cerveza o el té. De temperamento templado, aportan sabiduría y paz allá donde ven que es necesaria, iluminan la tiniebla y ensombrecen la luz cuando se torna soberbia. Con su conocimiento escriben largos pergaminos con sabiduría que exponen en sus templos.

Cuando hablan, lo hacen desde la humildad. Cuando actúan, lo hacen con la velocidad de los vientos y se prueban insuperables. No son violentos, pero no dudan en combatir cuando lo determinan necesario.

Ser monje es tener un estilo de vida, más que una profesión. Tras mucha virtud, entrenamiento, fe, alcanzan una habilidad incomparable en el mano a mano, una capaz de igualar (o incluso superar) la habilidad para tejer la magia o blandir el acero. Aquellos que sigan diligentemente su entrenamiento descubrirán que comienzan a percibir la energía denominada "chi". El chi no es más que la energía del propio espíritu de toda persona, toda criatura, todo ser vivo. Una energía que fluye a través de todos y que el monje puede manipular a su voluntad; desde canalizar la exótica niebla de color jade con la increíble capacidad sanadora que la caracteriza, hasta convertirla en temibles rayos crepitantes que hacen vacilar hasta al más aguerrido guerrero.

Lo duro de su entrenamiento fortalece el cuerpo de todos y cada uno de ellos. Además de su fortaleza natural, la propia afinidad con la energía chi se suma a las facultades naturales del cuerpo: esto le hace que puedan golpear con una fuerza que poco tiene que envidiar a una temible maza de combate, es lo que realiza su sorprendente capacidad de golpear criaturas de fuego y no quemarse, o incluso llegan a poder repeler y devolver a su descanso a espíritus esclavizados a nuestro plano y otros tipos de entes no físicos.

A la hora de combatir golpean con celeridad y precisión; analizan rápidamente a su rival, buscan sus puntos débiles y los hienden hasta exponerlos y aprovecharlos para derrotarlos o matarlos. Visten armadura ligera, de tela o cuero, y portan armas tales como espadas, bastones, armas de asta, y algunas veces hasta hachas o armas de puño. El uso de estas es complementar los ataques contundentes de sus puños con un elemento cortante como el que podría añadir una espada, o !@#$trante como el de una alabarda.

¿Cómo surgieron los monjes? Historia y orígenesEditar

Los monjes surgieron en la era del imperio mogu, cuando estos oprimían a las razas de Pandaria y con sus monstruosos experimentos creaban otras tantas para servirles. Liderados por el valeroso Kang Puño del Primer Alba, los primeros monjes se reunieron en secreto en sus escondites para entrenar las artes marciales y el combate con herramientas de arado y trabajo habitual, como hoces, guadañas y martillos, pues los mogu prohibieron a sus esclavos portar armas convencionales.

Cuando estuvieron listos, los pandaren y las demás razas de Pandaria declararon la rebelión y la guerra a sus amos. Los monjes, veloces, eran un rival insufrible para los, aunque extraordinariamente fuertes, lentos mogu. Uno a uno cayeron hasta que los rebeldes se alzaron con la victoria. Fue entonces cuando se fundaron templos en honor a estos guerreros santos y comenzó la perfección del nuevo estilo de lucha, que se convertiría en el predilecto entre los pandaren.

Han pasado los años y el estilo primitivo de los primeros monjes se ha ido puliendo y ramificando, incluso han incluido lecciones de combate con las armas. A pesar de todo esto, el espíritu del monje no ha cambiado con el pasar de los años; un luchador versátil, que no necesita armas, humilde y buscador de la libertad suya y de los suyos.

Las sendas monásticas: los estilos de combateEditar

A lo largo de su instrucción, un monje recibe instrucción en cuatro estilos y posiciones de combate. Aunque al final del camino sabe desenvolverse en los cuatro, abandera un estilo como predilecto y lo perfecciona con su propia sabiduría personal.

La senda de Xuen: El estilo del tigre fieroEditar

El Tigre Blanco vive en las cimas nevadas de Kun Lai y enseña que la fuerza es otorgada tanto por el cuerpo como por la mente. Quien se obceca en una de ambas obtiene poder, pero nunca auténtica fuerza.

Los que siguen el estilo de Xuen son combatientes extraordinariamente rápidos; asestan golpes de velocidad huracanada y conocen una amplia gama de movimientos para incapacitar y derribar a sus adversarios. Esta senda construye en los que la anderan como predilecta muestra un cuerpo fuerte y una mente rápida y afilada como una espada.

La senda de Niuzao: El estilo del buey robustoEditar

El Buey Negro se planta desafiante en las tierras más allá de la muralla y enseña a los pocos que allí se aventuran sobre la importancia de saber mantenerse estoicos ante los obstáculos que plantea la propia vida y la batalla.

Los que siguen el estilo del buey robusto suelen adquirir gran corpulencia y una resistencia más allá de lo imaginable; valiéndose de su poderoso aguante y de brebajes de batalla, consiguen recibir daño que otros no conseguirían soportar. También asestan poderosos golpes usando sus barriles, su cerveza y su archiconocido aliento de fuego, el cual invocan gracias al chi. También saben recubrirse de una égida protectora manipulando este tipo de energía, permitiéndoles ser unos protectores tenaces excepcionales. Se mueven de manera impredecible y lanzan sus golpes de forma arbitraria... pero no merece la pena subestimarlos.

La senda de Yu'lon: El estilo del dragón sabioEditar

El Dragón de Jade se halla en lo profundo de su templo en los bosques de bambú del este de Pandaria. En dicha edificación yacen escritos de incontable antiguedad, y de prodigiosa sabiduría.

Los que siguen el estilo del dragón sabio son calmados pensadores y virtuosos sanadores. Son también excelentes elaboradores de té, tanto simples como de combate; saben explotar la energía de la medicina herbolaria y sumarla al uso del chi para potenciar a sus camaradas y sanar heridas más allá de la sanación mundana. Aunque pueden parecer inofensivos, un dragón sigue siendo peligroso y esto se refleja en su estilo de arte marcial que radica en pocos golpes, pero !@#$trantes, dirigidos a puntos vitales.

La senda de Chi-Ji: El estilo de la grulla intrépidaEditar

(¡Atención! Lo contenido bajo este estilo es especulación basada en el funcionamiento de la clase en el juego. No debe tomarse como trasfondo fidedigno y probable por la propia Blizzard.)

La Grulla Roja reside en las junglas de Krasarang y es el gentil portador de la fuerza residente en la esperanza y la fe que albergamos todos. Bajo sus preceptos, hasta el más ensombrecido ser es capaz de emerger hacia la luz del amanecer.

Su gracilidad y elegancia es lo que caracteriza a los adeptos de este estilo; cuando combaten, lo hacen con movimientos propios de un pez en el agua. Especializados en el arte de combatir con las piernas, pero no incapacitados para hacerlo con sus puños, combinan su luchar con ciertas artes sanadoras, y mientras superan a sus rivales en un torbellino de elegancia, alzan sus manos para invocar las artes sanadoras y cuidar de sus compañeros.

Perspectivas raciales del monjeEditar

Como último apartado de la guía tenemos unos invitados especiales, uno por cada raza, que nos hablarán sobre qué pensaron al principio sobre qué era ser un monje y cómo están llevando su entrenamiento.

Como ya sabemos, el rol de cada personaje es un mundo, y esto sólo pretende esgrimir una perspectiva neutra dentro del estereotipo racial. Si dominas la raza y puedes aportar una mejor percepción interior que la aquí expuesta, búscame en el juego para hablarlo.

HumanoEditar

Al principio, cuando vinieron estos pandaren y nos hablaron sobre sus artes marciales, pensé que tenía ante mí una buena oportunidad para salir de la vida de campesino y labrarme un nombre para mi familia, aunque sus exóticas maneras me extrañaban. Ahora que estoy en el templo entrenando, creo que he nacido para esto. No soy tan enorme como ellos, pero ello nos supone una ventaja.

EnanoEditar

De maravilla. Vienen los pandaren, que aman la cerveza como nosotros, y nos hablan de sus luchadores... que basan su luchar en beber... ¡Como nosotros! Es espléndido. Como si la Luz misma hubiera enviado a sus mensajeros a la tierra. Además, ahora puedo partir la cara a los troggs que acosan constantemente Kharanos con mis propias manos.

GnomoEditar

Cuando salí de Gnomeregan, recién desintoxicado de radiación vil, me encontré una amable pandaren que entrenaba a otros gnomos como yo en sus artes. Son nuevas y dignas de estudio, así que decidí iniciarme en ellas. Aún no puedo creer lo sorprendentemente fuerte que golpeo con mis palmas, parezco casi un pacificador robótico.

Elfo nocturnoEditar

A nadie le pasó desapercibida la llegada de aquel pandaren a la Cañada Umbría. Venía con buenas intenciones y le recibimos con los brazos abiertos. Su cultura es rica, como la nuestra, y me inicié en su tutela para probar el fruto de ese intercambio. Teldrassil ahora cuenta con un celador que combina lo mejor de dos culturas ancestrales.

DraeneiEditar

(Se obvia el acento para no dificultar la lectura)

Aunque practican las mismas artes que nuestros hermanos Auchenai, ellos tienen una perspectiva distinta; predican un arte puro, y seguramente cercano a la Luz, aunque ellos no lo sepan. Seguir su sabiduría me permite comprender más sobre cómo funciona este mundo y ofrecer mi puño y mi asistencia a los necesitados.

Pandaren (Ambas facciones y neutrales)Editar

Es nuestra senda, nuestro estilo de combate. Es un orgullo seguirla y que las otras razas también hayan dado el paso. Espero poder honrar la memoria de los antiguos monjes e igualar sus hazañas con mis actos.

OrcoEditar

Uno de esos Pandaren llegó al Valle de los Retos, diciendo ser maestro de un estilo de lucha que jamás habíamos visto. Buscando mi camino hacia la gloria, me convertí en su pupilo, y el aprendizaje fue dificultoso; hacía hincapié en que dominara la furia, y no lo comprendía, pero ahora que lo he hecho, veo claramente que soy capaz de hacer cosas que antes no hacía y de acudir con increíbles historias a las hogueras del Kosh'harg, donde los orcos cantamos a los héroes y los Ancestros

TrolEditar

(Se obvia el acento para no dificultar la lectura)

Un día estaba por las Islas del Eco, buscando mi camino en la vida, y vi cómo uno de los nuestros y un Pandaren entrenaban. Sus movimientos eran extraños, pero luchaban con certeza. Aquel trol me enseñó conocimientos extranjeros y lejanos, y a golpear con la fuerza de los mismos loa. Ahora sí que tiene utilidad mi habilidad para hacer el estofado.

TaurenEditar

Los pandaren se parece mucho a nosotros, a pesar de que no veneren a la Madre Tierra. Buscan la paz, y nunca agreden a otros pueblos, pero cuando se lo hacen, no se quedan de brazos cruzados. Hasta que seguí el camino ancestral de su pueblo, nunca pensé que podría utilizar las pezuñas de esta manera.

No-muertoEditar

El renacer me había resultado chocante, y no sabía adónde dirigirme. Cuando me encontró aquella señorita, no pensé que sería la que me iniciaría en mi camino de luchador. Es difícil encontrar la calma interior a la que tanto alude siendo un no-muerto, pero cuando lo hago, por instantes recuerdo cómo era la vida.

Elfo de sangreEditar

Era escéptico, pero cuando comencé con esto se despejaron mis dudas. Me atrajo que fuera un camino que hubieran seguido pocos sin'dorei, pero ello me permite luchar de una manera distinta por los intereses de mi pueblo, y paliar las dolencias de los heridos. Nuestro cuerpo esbelto es idóneo para seguir este camino y nuestro sufrimiento nos ha permitido sabiduría que no siempre explotamos, pero que con la debida reflexión no es difícil discernir.

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