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Francisco

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Francisco
Donsilurojr.jpg

Caricatura de Francisco Jr.

Calidad de arma Pobre
Clase de arma Pescado
Estado actual Perdido
Dueño TH
Creador La madre naturaleza
Antiguos dueños Algún pescador sureño

TrasfondoEditar

La todopoderosa y omnipresente naturaleza hizo que un día, hará un tiempo ya, doña siluro y don siluro practisen el por todos conocido pero por todos censurado acto de la reproducción. De esta pasional relación, concebida con la entrega de dos amantes y el beneplácito de las aguas del bosque, se celebrase lo que sería el parto de Don Francisco.

Este siluro vivió una infancia feliz. Solo nadaba. Y comía. Y evacuaba. Y nadaba. Un día, la monotonía de su rutina se interrumpió. Viose seducido por lo que parecía un semidios hasta ahora nunca descubierto. Sus amigos le habían advertido, pero él era por definición aventurero y descubridor. Se aferró a su excitante presa, besándola con ambos labios, "¡mmm!" ese gusano sabía a gloria, "¡ay gusano, quien te devolviese para volverte a comer!" pensaba Don Francisco.

Cual fuerza divina de radiante potestad para ello, Don Francisco fue elevado a los cielos del frondoso Bosque de Elwynn. Lo que hasta hace segundos era una explosión de pasión y placer, un orgasmo para el paladar, había descubierto que no lo era. El gusto se volvió dolor, y sus branquias ya no sentían el habitual agua del lago de Cristal, sino su propia sangre. El anzuelo había dado con su presa y la habia pescado.

No iba a ser tan traumático. Tenía compañía. Iban un poco apretujados, pero no pasaba nada. Simplemente ya no sentía nada, "el aire está sobrevalorado", pensaba siluro jr, "yo prefería el agua antes de que fuese tendencia". Bueno, o al menos lo pensaría, si su cerebro todavía pudiese. Estaba muriendo acompañado por algunos especímenes mas, y siendo transportados en un hediondo barril, que llevaba en su carromato un todavía mas hediondo si cabe señor, al cual lo que le sobraba de entrecejo le faltaba de dientes.

Schof. Así sonó cuando el mercader liberó a Francisco Jr. sobre la plancha de madera, ligeramente inclinada en diagonal. "¡Tengo las sardinas mas frescas que la Charlotte!" gritaba entre alardes el pescadero, haciendo referencia a un juego de palabras que relacionaba la frescura del pescado con el libertinaje de la ramera mas barata del puerto. "¡Comprad, están recién pescados!" alardeaba nuevamente. El pobre Francisco Jr. no alcanzaba a pillar el chiste, pero si las mentiras de aquel cruel hombre que lo había secuestrado, sin rescate alguno, y ahora lo prostituía ante las masas. "¡Pero si han pasado días!" pensaba Francisco. O eso haría.

Pasaba por aquel lugar un hombre de barba recortada, cabellos negros recogidos en coleta, de mirada pícara que oteaba con una mano en el estómago y la otra en la faltriquera del cinto, los alrededores portuarios. Vestía de cuero, sin duda no era un civil mas, era un mercenario. Su apocalíptico olor y los filos de sus armas, embarrados en sangre seca, lo delataban. "Estoy hasta los obeliscos del estofado que prepara el enano" pensaba. "No me apetece carne de reno hoy" pensaba "Pescado es buena idea" pensaba. "Estoy seguro que a Elixia le gustará" pensaba.

Por un par de monedas aquel siniestro hombre secuestró, violando los inexistentes derechos de Francisco, que habíase sentido utilizado por el pescador. Francisco sentía miedo. Excepto por el pequeño detalle de que no podía exteriorizarlo. Pensaba que iba a ser digerido, su instinto le hacía pensar cosas que ningún otro pescado pensaría. En especial estando muerto. Pero él lo sabía. Sorprendentemente, sus apuestas de futuro se vieron interrumpidas en seco. ¡PLAF! "¿Qué significa esto?" pensaba nuestro amigo el pescado muerto, que acababa de golpear el cachete de otro sucio mercenario, siendo usado como una vulgar arma de cuerpo a cuerpo. Otro aluvión de salvajes testarazos inducidos hicieron a Francisco pensar, en el fragor de una batalla en la que él no había decidido meterse, que quizá no iba a ser fileteado e ingerido. Quizá, su destino era otro.

Su destino sería convertirse en el arma cuerpo a cuerpo mas épica jamás utilizada por un hombre de a pie. Nadie sabe por qué se llamaba Francisco, bueno, si, porque su amo así lo había decidido, pero nadie sabe a qué impulso respondía ese nombre. Lo único que estaba claro es que haber comido durante tantos años en aquel lago lo había convertido en un humillante arma de cuerpo a cuerpo, usado en las manos correctas.

Aquí nació la leyenda de Lord Sardina, el mercenario que a sus enemigos tendía a apalizar usando una sardina, término incorrecto, pues en realidad era un siluro. Y bien gordo. Allá donde veas a un hombre sembrando el caos en el campo de batalla (o en la taberna) con un pescado, sabrás que el legado del Lord Sardina sigue vivo. Y aunque probablemente Francisco ya no, su legado también seguirá vivo.

¡Viva el Lord Sardina!

(esto es en serio, no es ningún trolleo)

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