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Expedición a La Hidra

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Expedición a La Hidra
Imagen de Expedición a La Hidra
Información del evento
Fecha 23/06/2014 - 2/07/2014
Lugar La Hidra
Participantes
Armada de la Alianza
Compañía de Mercenarios
Consejo de los Cuatro
Filibusteros de La Hidra
Promotores
Corona de Ventormenta

TrasfondoEditar

La Alianza, victoriosa en el Asedio de Orgrimmar y en la Campaña de Pacificación de Rasganorte devolvió la atención a los asuntos menores que menoscababan sus reinos. Uno en particular, aunque remoto, presentaba una molestia especial en el aseguramiento de las rutas marítimas tan necesarias en la paz para que prosperase el comercio y los transportes civiles. Se trataba de una pequeña isla, que antaño había pertenecido a la nación de Kul Tiras pero que ahora se encontraba gobernada por un consejo de cuatro señores piratas: La Hidra.

En aquel lugar se refugiaban toda clase de criminales que habían perpetrado ataques contra la flota de la Alianza o participado en asaltos contra asentamientos suyos tanto en los Reinos del Este como en Kalimdor. Además, por si eso no fuera suficiente, la Armada denunció la pérdida de la fragata "La Espada de Wrynn" en aguas cercanas a la ínsula, probablemente capturada por los piratas de esta.

Mapa Hidra antiguo.jpg

Mapa de La Hidra confeccionado por Don Rodrigo de Velasco.

Aprovechando la incorporación a las filas de la Alianza del corsario Jonathan Drake, conocedor del sistema pirático de La Hidra, y del apoyo financiero de Jesabela Rocarena, quien se había ganado los galones en la Campaña de Rasganorte, la Corona de Ventormenta tuvo a bien organizar una expedición con el objeto de expulsar a los bandidos del mar de aquella isla pirática y convertirla en una colonia aliada desde la que poder controlar las rutas marítimas y activar el comercio.

ObjetivosEditar

  • Liberar a los marinos de "La Espada de Wrynn" secuestrados por los piratas.
  • Derrotar al Consejo de los Cuatro en Tiramar.
  • Expulsar toda presencia de pirática de La Hidra.
  • Reactivar la isla como centro comercial y aduanero.

RequisitosEditar

Para poder participar en este evento tan sólo tenéis que enviar una carta al pj Jesabela dentro de juego indicando el nombre de vuestro personaje, la edad, y la experiencia militar del mismo para que pueda ser contratado como mercenario o situado como parte de la tripulación de la Armada bajo el mando del corsario Jonathan Drake. O en cambio, si lo preferís, podéis también dejar un comentario en esta misma página, justo abajo. Onrol, los personajes que vengan como mercenarios recibirán una paga de 40 monedas de plata por semana que dure la trama.

Se recomienda altamente que antes de participarn se lea la página de información referente a la isla de La Hidra, alojada en esta Wiki y que podéis leer seleccionando los enlaces de arriba o pinchando aquí.

El primer evento de la trama tendrá lugar el 23/06/2014 a las 22 horas en el Puerto de Ventormenta.

Resúmenes de eventosEditar

1-. 23/06/2014:Editar

Marineros, mercenarios y aventureros llamados por el buen sueldo que ofrecía la expedición a La Hidra embarcaron en el bergantín del Capitán Jonathan Drake, La Viuda de Neptulon. Tras soltar amarras y dejar atrás el puerto de Ventormenta se realizó una reunión en la cubierta del navío en la que se expuso la situación política y militar de La Hidra a los tripulantantes.

- Consejo de los Cuatro: Formado por Jean de Navau (jefe de filibusteros), Modrik Dientenegro (esclavista y princial poder económico), Mathew Porath (contrabandista y experto en relaciones exteriores) y Sir Rupert Hickam (noble proscrito de Ventormenta y líder político del Consejo).
- Tiramar: Asentamiento principal de la isla y sitio de gobierno de Sir Rupert Hickman. Cuenta con un muelle con tres goletas abarloadas y una fragata, la cual fue robada a la Armada de la Alianza, la Espada de Wrynn. Asimismo, se conoce que hay una población de alrededor de cuarenta personas que mantiene el fuerte-castillo activo en su defensa.
- Viejo Fuerte: Otra antigua fortaleza tiresiana fundada en la isla que tras la ocupación pirática sirve como prisión y almacenamiento de mercancías valiosas, las cuales se procesan antes de ser vendidas en Tiramar. Se considera queeste lugar está guardado por la guardia de Modrik Dientenegro y donde se podrían encontrar los marineros supervivientes de La Espada de Wrynn junto a su comodoro, Evans Doyle.
- Cueva Occidental: El corsario Jonathan Drake señaló que había una cueva que no figuraba en el mapa original de Rodrigo de Velasco, situada en la complicada costa occidental, donde mantenía el contrabandista Mathew Porath negocios secretos al margen del Consejo de los Cuatro y una guarida personal.

Tenida en cuenta esta situación se trazó un plan a seguir que sería puesto en movimiento al llegar a La Hidra para poder liberar a los cautivos y eliminar a los miembros del Consejo de los Cuatro.

2-. 25/06/2014:Editar

La Viuda de Neptulon arribó tras una semana de navegación con vientos favorables y sin imprevistos a una pequeña cala ubicada en la costa meridional de La Hidra. En aquel difícil lugar en la que la mitad de la tripulación desembarcó se encontraba otro navío que acababa de llegar en perfecta sincronización; se trataba de un drakkar de los Hombres del Norte capitaneado por Alban Ravencroft, que había decidido no perderse aquella expedición junto a otros amigos que habían vuelto de Rasganorte como el pater Alfdaen, Harald y Manala.

El reencuentro fue breve y se les explicó el plan a trazar. Desde la zona sur de la isla en la que se encontraban, remontarían el río que llevaba hacia el centro insular, donde se encontraba el Viejo Fuerte. El guía para aquella ocasión sería el Señor Edward Dover, antiguo pirata y ahora 'honrado' marinero de la tripulación del corsario Jonathan Drake que tenía como estrategia infiltrarse en el enclave pirata y poder realizar un amotinamiento con los presuntos prisioneros o esclavos que encontrase dentro, probablemente los marinos capturados de la fragata La Espada de Wrynn.

Armados y preparados, se adentraron en el interior hasta encontrar la antigua fortaleza tirasiana que ahora servía como almacenes y prisión, dominada por el esclavista goblin Modrik Dientenegro. Al llegar al objetivo los otros piratas vieron acercarse al Señor Dover y lo tomaron como uno de los suyos, mientras que el resto de la compañía aguardaba en el exterior escondidos en la vegetación. Tras casi una hora de espera comenzaron a escucharse disparos y el ruido de una pelea, aquella era la señal de que el infiltrado había tenido éxito, distrayendo a las defensas del fuerte y permitiendo que los expedicionarios irrumpiesen de sorpresa acabando con cuantos enemigos tenían delante. No obstante, de algún lugar se seguía escuchando una algarabía de fondo, por lo que el grupo de asalto registró en las edificaciones de madera y algunos casetones de piedra que aún aguantaban; pero lo único que hallaron fueron cargamentos de ron, azúcar, munición y algunos telares.

Sin embargo, pronto el suelo tembló como si una explosión interna acabase de suceder, dejando a la vista una escotilla en el patio del Viejo Fuerte, donde empezaba una red de túneles subterráneos, a la que los expedicionarios descendieron con prisa. En el interior había restos de esqueletos, instrumentos de tortura y celdas para prisioneros, en las cuales encontraron un almacén con objetos lujosos y especies; probalemente depositados allí para su futura venta. A su vez, en la galería interior también encontraron una gruta cubierta por agua, por la que tuvieron que bucear para dar con otro pasillo oculto en el que se estaba produciendo un encarnizado combate. Allí, los supervivientes de la Espada de Wrynn se hallaban luchando contra Modrik Dientenegro y su guardia personal.

El goblin esclavista, antes de percatarse de la llegada de los intrusos le cortó el cuello al Señor Dover y le arrojó una pequeña bomba explosiva a buena parte de los prisioneros, que cayeron fulminados en el acto. Apremiados por la urgencia, los incursores atacaron con ímpetu destruyendo a la guardia del goblin y enfrentándole directamente. Viéndose rodeado, el esclavista recurrió a una técnica de combate taimada y miserable, lanzando dinamita contra los presentes e hiriendo a varios, pero finalmente y tras recibir varias heridas, el señor Dalinar Loughlin le clavó su espada y daga en el cráneo, dándole muerte. De esta forma, y sin más fuerzas enemigas en el Viejo Fuerte, los prisioneros fueron rescatados. Entre ellos, el Comodoro Evans Doyle de La Espada de Wrynn, que les dio las gracias y se mostró voluntario para continuar junto a la expedición como refuerzos.

3-. 27/06/2014Editar

Asegurado el Viejo Fuerte la expedición fijó su siguiente objetivo en una cueva occidental de la isla donde tenía su base de operaciones particular el contrabandista Mathew Porath. Descansados y preparados, marcharon varias horas hasta dar con el lugar, a cuya entrada se encontraban seis filibusteros apilando cajas de madera, los cuales fueron reconocidos como hombres de Jean de Navau. Aparentemente, dos miembros del Consejo también se hallaban allí, aunque los incursores no sabían por qué.

Con el fin de poder penetrar en la guarida del contrabandista, el druida Baltoru tomó forma felina para atraer a los centinelas mientras el resto del grupo aguardaba en la vegetación, listos para emboscarles mientras 'la pantera' les conducía hacia la trampa. La estratagema funcionó a la perfección y cinco de ellos murieron, quedando tan sólo un vigía al que se dejó maniatado y amordazado para ser interrogado una vez la operación estuviese completada. Sin más impedimentos en el exterior, los expedicionarios se adentraron en las profundas cavernas, en cuyos pasadizos sostuvieron algunas peleas cortas contra piratas que patrullaban, en las que salieron indemnes y se apoderaron de alguna documentación y libros de cuenta que mantenía allí Mathew Porath.

Finalmente, en lo más profundo de la caverna divisaron una inmensa cámara natural en el que había un pequeño lago interior con vegetación, como si fuese una pequeña jungla subterránea. Allí se encontraba Mathew Porath junto a Jean de Navau, quien nada más descubrir a los intrusos ordenó a sus hombres que atacaran. Sin embargo, y para sorpresa del jefe militar, estos no obedecieron, y Porath aprovechó su desconcierto para sacar su pistola y volarle la tapa de los sesos, consumando la traición a su 'colega' de gobierno. El contrabandista, presentó aquel gesto como señal de buena voluntad por obtener un Perdón Real y la patente de Corso. Asimismo, disponía todas sus fuerzas al servicio de la expedición.

No obstante, Jesabela recordó que el Rey no había ofrecido ningún tipo de perdón, y que aquellos piratabas debían ser eliminados, por lo que le dio la orden al Comodoro Evans Doyle de que los marinos de la Armada se lanzasen al combate contra los piratas mientras que otro grupo se encargaba del propio Porath. Desconcertado y llevado por la rabia, el contrabandista se preparó para el combate cuando los expedicionarios más destacados fueron a su posición y accionó una palanca, que produjo un extraño ruido en el fondo del lago interior de la cueva, del que emergió una enorme hidra de tres cabezas a la que él apodaba Duquesa.

El combate fue salvaje, pero la lancera Alextria consiguió dar muerte a Mathew Porath; quien no obstante se las ingenió para herir a disparos a varios marinos; mientras que finalmente la hidra fue abatida no sin un gran esfuerzo. Por su parte, la escaramuza entre marinos de la Armada y piratas se declinó a favor de los primeros, que superaron con mucho a sus enemigos, pese a sufrir cinco bajas. Finalizada la refriega, la expedición tomó el control de la caverna e interrogaron al filibustero que habían atrapado en el exterior, quien les reveló que el contrabandista estaba introduciendo granos de café en la isla para expandir su riqueza sobre otros miembros del Consejo entre otras cosas.

Sin más que realizar, los expedicionarios prepararon la estrategia para asaltar Tiramar en los días siguientes y descansar mientras se ponía en marcha el plan.

4-. 30/06/2014Editar

El plan estaba en marcha. Jack Graham, el filibustero superviviente de los hombres de Jean de Navau había conducido a los invasores a las puertas de Tiramar. Disfrazados de los piratas caídos, un grupo trataría de introducirse sigilosamente por la entrada principal, mientras que los marinos de la Armada comandados por el Comodoro Evans Doyle abrirían fuego contra el enemigo, creando la distracción necesaria para que la ardid funcionase.

Al caer la noche, cuando era más factible la incursión, los marineros de la Alianza iniciaron el ataque contra Tiramar, desencadenando la alerta entre los defensores, los cuales se aprestaron a subir al muro principal de origen tirasiano para contestar a los primeros disparos. Iniciada la batalla, los expedicionarios con los disfraces aún encima lograron escabullirse hacia el interior, hasta dar con Jonathan Drake y sus corsarios en el interior de un tugurio de mala reputación de la ciudad. Allí, el corsario les entregó a diez de sus hombres para que volasen por los aires con dinamita a las dos goletas piráticas que estaban atracadas en el muelle, dejando intacta la fragata La Espada de Wrynn que permanecía abarloada en el puerto. El objetivo era menoscabar las defensas del Consejo y destruir sus naves para que no pudiesen huir, mientras tanto, él tomaría posiciones en el fuerte, donde se encontraba el último miembro de los Cuatro, Sir Rupert Hickman.

El plan trazado se siguió a la perfección. El grupo infiltrado despachó una patrulla de piratas que vigilaban los muelles y dinamitaron las dos goletas que habían sido marcadas como objetivos, causando una vorágine de destrucción. No obstante, en las calles de la urbe los marinos del Comodoro Evans Doyle perdían su combate contra los piratas, los cuales finalmente acabaron por dar muerte a todos ellos y a lanzarse a la persecución de aquellos incursores que habían destruido los barcos.
Muy apurados por la situación, los expedicionarios supervivientes corrieron esquivando a sus persecutores hacia el castillo-fuerte, donde hallaron los primeros cadáveres de la guardia personal de Sir Rupert Hickman y sus clientes, con tan sólo dos cuerpos inertes de los seguidores de Jonathan Drake. Con presura, subieron hasta el piso superior de la fortaleza, hasta llegar a la sala principal donde el Consejo de los Cuatro se reunía en una larga mesa con cuatro sillas de cabecero alto. Allí, sobre ese mueble descansaba exánime el último miembro de la institución criminal, el anciano Rupert Hickman, que lucía una reciente herida en el la garganta provocada por la hoja de un sable.

Sentado con los pies sobre la mesa, fumando pipa y luciendo atuendo de los Velasangre se encontraba el corsario Jonathan Drake y sus veintitrés muchachos, quienes apuntaron con pistolas a los expedicionarios, revelando la traición. El traidor, les confesó que planeaba entregar la isla al Señor de los Velasangre, el Duque Falrevere, con el objeto de ganarse un puesto en el almirantazgo de la Isla del Saqueo y convertirse en uno de los grandes señores de la piratería. Por ello, dio la opción a cualquiera de los expedicionarios de unírsele, o morir en aquel lugar. Sin embargo, nadie se le unió, dando lugar a un silencio que fue interrumpido por el sonar de los disparos de las pistolas y el choque metálico de las espadas.

Llevados por la rabia y la desesperación, los últimos expedicionarios acabaron con la tripulación de Drake, que se interpuso entre ellos. Gritando y abogando por una solución pacífica, Amaldir se negó a luchar contra sus antiguos compañeros, situación que aprovechó el corsario traidor para abatirle con un disparo, dejándolo gravemente herido. No obstante, eso no fue óbice para que los traicionados lograran arrinconarle tras haberse deshecho de sus hombres.

Sin ninguna opción mejor que la de retirarse, Jonathan Drake logró escapar del castillo empleando un juego de poleas, saliendo así por las almenas del edificio, a pesar de los intentos frustrados por detenerle. Ya en la calle, reunió a los piratas supervivientes de Tiramar y se encaminaron hacia el muelle, donde aún se encontraba la fragata La Espada de Wrynn, sobre la cual huyeron, no sin antes de izar como último gesto la bandera negra. Frustrados, los expedicionarios se dieron cuenta de que habían sido utilizados y que las goletas que habían destruido no eran para que los piratas pudiesen huir, sino para que ellos no tuviesen un medio para perseguir al traidor.

Aunque finalmente victoriosos, el triunfo había tenido un alto precio. A pesar de haber conseguido expulsar a los piratas de La Hidra, habían perdido a los marinos de la Armada, al Comodoro Evans Doyle y la propia fragata La Espada de Wrynn durante el asalto. Ya bien entrada la madrugada, una fuerte tormenta cayó sobre Tiramar, formando riachuelos por las calles con la sangre arrastrada que emanaba de los más de noventa cadáveres que permanecían desparramados por doquier, como muestra de la brutal carnicería que había tenido lugar en aquella noche de traición, conquista y muerte.

5-. 2/07/2014Editar

Dejando en La Hidra a varios expedicionarios con el fin de mantener la vigilancia, el resto de la expedición regresó a Ventormenta, donde se le dio parte de lo acaecido al Canciller Coloma, quien pesar de la pérdida de La Espada de Wrynn y la muerte del Comodoro Evans Doyle junto a sus marinos, mostró su satisfacción con la captura de la isla y la expulsión de los piratas.

Con la misión cumplida, el Canciller confirmó las capitulaciones que había firmado Jesabela Rocarena cuando abonó el 50% del coste de la empresa; por las que quedaba como Gobernadora General de La Hidra, y se le guardaba el derecho a captar la décima parte de tesoros, mercancías y especies que se hubiesen encontrado, resevando todo lo restante para la Corona de Ventormenta. Concluida la operación, los mercenarios contratados para la expedición fueron pagados cada uno con cuarenta monedas de plata, y se celebró un banquete final para recordar a los caídos y solazarse en el éxito conseguido.

Epílogo: La suerte de Jonathan DrakeEditar

Sus dedos se enroscaron en los bucles castaños, rojizos y dorados de sus acompañantes mientras un frenético baile se sucedía debajo de sábanas blancas de seda. El sabor a miel, a dulce acaramelado y a frutas tropicales estremeció el cuerpo de aquel caballero de fortuna, perlado en sudor y entregado al éxtasis de la carne. La música del placer acarició sus oídos a la par que una de las lascivas doncellas chillaba picantemente. Él, ahíto de gozo, las atrajo hacia sí con su brazo fuerte y bronceado por la mar y el sol, para encontrarse los semblantes plácidos y satisfechos de las mujeres, finalizada ya aquella escena de pasión.

Jonathan Drake Velasangre.jpg

Jonathan Drake logró escapar de Tiramar en el último momento junto a un grupo de piratas supervivientes.

Justo en aquel instante calmo y plácido, cuando todos los problemas de uno parecen solventados y olvidados, una explosión abrupta tuvo lugar a los pies del rico lecho, dando paso al ascenso de una humareda brillante de color verde. A medida que se intensificaba la manifestación, parecía que todo a su alrededor se volvía oscuro y tenebroso. Cuando quiso mirar a sus lados, tan sólo estaba él, en la cama y ahora vergonzosamente desnudo, por lo que subió la sábana para cubrirse sus intimidades y contempló con temor reverencial el fenómeno inexplicable que estaba desatándose en el cuarto.

- ¡De nuevo perdiendo el  tiempo con fantasías y ensoñaciones! – Una entidad pétrea, verdosa y con forma de moai taladró con la mirada al hombre, cuyos brillantes ojos azules contemplaban de hito en hito a la aparición.

- ¡Oh, Chápiro Verde! ¡He conseguido todo lo que siempre quise! ¡Lo que me vaticinaste! – Jonathan Drake se echó hacia atrás, con la cabeza apoyada en la almohada de plumas de oca mientras aquel inescrutable ser avanzaba hacia él, flotando por el aire y encarándole severamente.

- ¡Idiota, no has conseguido nada! Has fracasado y estás a punto de morir atragantado de tierra y arena. ¡Despiértate de una vez! – El Chápiro volvió a hablar con una voz cavernosa y profunda. Tras la revelación, el pirata sintió por primera vez que en efecto tenía algo pastoso en la boca, y que apenas podía respirar. Se llevó una mano a la garganta y empezó a toser con violencia, despidiendo trocitos de piedra, agua y arena de costa. Asustado, se puso en pie de golpe para dar saltos y doblar el abdomen con la finalidad de imprimir más fuerza, hasta que acabó vomitando tierra oscura.

[…]

- Capitán, capitán. ¿Me puede oír? – Glovert el Lánguido permanecía de rodillas, apoyado sobre la mullida arenisca de la playa mientras daba golpecitos en la mejilla de Jonathan Drake, el cual ajeno a la realidad, llevaba más de dos horas delirando desde que llegaron a la Isla del Saqueo tras más de dos semanas de viaje accidentado desde La Hidra.

- Se han ido… las damas de Boralus… se han ido…  - El perro del mar siguió balbuceando desatinos, tras escupir entrecortadamente arena que se había tragado de forma involuntaria al desplomarse borracho nada más desembarcar de La Espada de Wrynn, la fragata que había robado en la ciudad de Tiramar, traicionando a sus antiguos camaradas y a la propia Alianza, en la cual servía como corsario.

- Capitán, hemos llegado. – Otros dos piratas se colocaron alrededor de Drake tomándolo de la cintura y los brazos, para lograr ponerlo en pie. Todos y cada uno de ellos lucía un aspecto asqueroso, incluso para el estándar de un hombre del mar. Apestaban a salitre, a sudor agrio, a grog adulterado, a orín y a excremento de gaviota.

Cuando el líder de aquellos criminales de las olas logró recobrar el juicio pestañeó varias veces hasta acostumbrarse a la inclemente luz del sol que golpeaba fuerte en aquella playa de blancas arenas y límpida costa. Avanzando unos pasos en los que sus botas de cuero sonaron acolchadas al pisar la espuma del mar, se fijó con ansiedad en su barco. Aquella espléndida fragata militar con treinta y dos cañones y cuarenta metros de eslora permanecía abarloada de manera muy poco ortodoxa, prácticamente encallada en el litoral ahora que la marea había bajado desde la noche anterior en la que llegaron. A pesar de que había sufrido serios daños en la mesana y que los obenques estaban hechos añicos (por no mencionar el carenado que requeriría en general), gracias a la voluntad de Neptulon habían conseguido llegar sanos y salvos a tierra.

- Por un momento creí que no lo lograríamos, me vi también en el pañol de Azshara. – Glover el Lánguido palmeó con compañerismo la espalda de Drake, como compartiendo una misma sensación y se colocó un sombrero de tres puntas que había robado hacía muchos años a un mercader de Trinquete. – Mucho mejor así.

- ¿Y los otros johnnies, cómo están? Recuerdo que Payne cayó en aquella tormenta. Pobre diablo. – Jonathan se giró para contemplar el rostro desnarigado de Jacques el Narizotas, quien se encogió de hombros y esbozó una sonrisa tétrica.

- Ahora estarán en algún negro infierno, capitán. Ninguno más consiguió salir con vida de La Hidra. Contándole a usted, no quedamos más que diez. – Respondió el preguntado, dejando escapar un suspiro con cierta nota de melancolía.

- Nuestra suerte cambiará, muchachos. Os juro por el Chápiro Verde y por la barba de Sargeras que no habrá más descalabros. – El líder de aquellos hombres destartalados comprobó con decepción sus tres pistolas de mecha, con la pólvora mojada, y dirigió la mirada hacia un camino abierto entre la maleza tropical que se adentraba hacia el interior de la isla, donde se alzaban altos riscos cubiertos por palmeras, y frondosos árboles húmedos típicos de aquella región. – No hagamos esperar a nuestros amigos Velasangre, entonces. – Dijo finalmente haciendo un gesto a sus compañeros para que lo siguieran, quienes más bien resignados que convencidos, lo siguieron hasta adentrarse por el camino, perdiéndose en él a la vez que el canto de las aves les daban la bienvenida a su nuevo destino.

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