Fandom

Wiki Errantes

Escritos vacacionales

1.451páginas en
el wiki}}
Crear una página
Comentarios0 Share

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

Escrito por Gareus.

(2011)


  1. La nieve azotaba sin piedad alguna los campos baldíos de las Cumbres de la Tormenta de Rasganorte. La sensación de frío de las tierras del sur no era nada comparada con la tormenta que ahí se desataba. Una pequeña figura luchaba contra la nieve y el viento. Los elementos clamaban por desatarse más poderosamente, y así era cada día. La hirsuta faz del pequeño ser estaba totalmente blanquecina, llena de nieve, hasta en las pestañas, en sus ojos y en su pelo largo. Sin embargo, allí estaba él, incapaz de luchar contra la tormenta, pero soportándola con valentía y fiereza digna de la raza más inteligente de Azeroth. Ese gnomo, se llama Gareus Harderlis Tuercaplata Tuercarcana Mekanotostadora, Archimago del Kirin Tor, profesor de Astromancia, Conjuración, Abjuración, Escritos de temas arcanos beneficiosos y galardonado con el premio de la revista Mago del Mes, la copa de Sabiduría Arcana. Aqueste gnomo, era un conjurador excepcional, capaz de controlar el fuego, el hielo y el fuego. Sin embargo, ante la tormenta, apenas era una mancha negra. Enfermo como estaba, el gnomo buscaba una cura para su maldición, y en su periplo había viajado hasta lejanos mundos como Terrallende, el antaño floreciente Draenor.

Así pues, su pequeño diario estaba repleto de emocionantes pasajes de luchas contra demonios, hora del té (pues en aquel inhóspito planeta, no se podía saber la hora, debido a que estaba estacionado en mitad del vacío y sin sol alguno, ni luna, además de que su reloj había decidido dejar de funcionar, y eso que siempre era puntual e infalible) y anotaciones de como vencer a Maquinus en el Ajedrez Arcano (Maquinus era un elemental experto en ese juego). Además, iba pertrechado con un pañuelo, herencia de su tío Oblib Nóslob, una espada llamada Naldasthir (la cuál tiene su propio relato), y su sombrero de viaje. A pesar de ello, no había logrado encontrar la cura de tal maldición demoníaca, y pronto se vería reducido a materia diminuta. Y tenía muy cerca la clave de curarse, era, viajar hasta la selva de Sholazar y buscar la belorae, una flor curativa de gran valor en las sociedades cultas, como la de los elfos, los ciudadanos de Dalaran, y gran parte de la Alianza de Lordaeron.

Gareus estaba montado en su fiel grifo de color blanco, con la pequeña cría de grifo Gwifdir a su hombro. Había pasado la tormenta tiempo ha, y ahora volaban en las alas de la inercia. ¿Y si esa flor era una mera falacia y tan solo prolongaba lo inevitable: su defunción? ¿Y si no existía dicha flor? De todas formas, él albergaba esperanza de que fuera así.

Y, remontando el cielo, los tres volaron. Volaron con las alas de la duda, y la esperanza, claro.

Diario de Gareus:

Día uno.

Hoy he vencido por quincuágesima vez a Maquinus desde que empezamos nuestro viaje.

Me he encontrado un manáfago al que he derrotado sim problemas,.

Todo normal, pero no sabía que en Terrallende hubieran chinches.

Día dos.

Hemos estado en Shattrath, ¡y he tenido que hacer cola para saludar a Khadgar! La mitad era gente vestida con trajes de diversos colores y espadas grandes. Le he dado una de mis gemas de maná, pues ha tenido que invocar varios elementales a la vez. Le he entregado el mensaje de Rhonin. No lo he leído, y sigo con mi camino hacia la Tormenta Abisal. Pese a mi enfermedad, ¡el crisol arcano de Tarinius es lo primero!

Día quincuagésimo tercero.

¡Ya casi está! ¡La flor está en Sholazar, y todo apunta a que el crisol también! Ya me dolía la cabeza de estar en ese lugar...

(2012)

No amanecía en ese instante en la violeta Dalaran. No caía una pesada lluvia sobre los áureos edificios de la gloriosa Dalaran. El sol apenas se veía tras una capa de nubes negras como el carbón que amenazaban con cubrir la ciudad de las ciudades, la joya del norte, el centro del saber de toda Azeroth, el eje arcano que movía la magia.



Pero tales elucubraciones no pasaban por la distraída mente de Gareus Tuercaplata, tipo con monóculo profesional. De su bolsillo sustrajo un sencillo pañuelo blanco con una G bordada cuidadosamente, quitóse el monóculo, y empezó a limpiarlo con cuidado. Manías.

Ante sí (y su monóculo), se hallaba un libro con la tapa completamente roja, en la que no había letra alguna que lo identificara. Era su quebradero de cabeza más profundo desde la Guerra del Norte. Era un libro escrito con una tinta roja que parecía ser sangre, empero podía ser tinta roja que simulara ser sangre para dar un aspecto de libro escrito en “época-oscura-que-no-debe-ser-abierto”. Tras un exhaustivo análisis de tres minutos, se había cerciorado de que la misteriosa tinta era tinta roja, y que el libro era un compendio de misterios sobre los diferentes planos del Vacío Abisal, escritos por un tal Salviano Bedoran, perteneciente a una ramificación menor del Culto de los Malditos llamada “El Amanecer Legendario”.



Desde la caída de Arthas (sí en sentido literal), el Culto de los Malditos se había dividido en varios grupos liderados por los antiguos maestros necromantes que servían al Rey Exánime. El Kirin Tor había terminado con dos de ellos: el Culto al Canto de Fenecer, liderado por Savos Nerys, un nigromante kaldorei, y el Culto del Príncipe Caído, otra ramificación del Culto de los Malditos dirigida por el antiguo Archimago Elimodes Anneas, uno de los amigos de Kel'Thuzad y simpatizantes de la magia negra durante la Primera Guerra.

Gareus Tuercaplata había sido llamado a Dalaran para acabar con otra ramificación, dirigida nada más y nada menos que por el Magnífico e Ilustre Salviano Bedoran, gnomo de raza, “archinigromante” de profesión, Tejecosas, y amigo del Rey dos veces Caído. Era todo un quebradero de cabeza hasta por los gnomos del Kirin Tor la forma en la que el Amanecer Legendario se movía y realizaba sus operaciones. Un día, atacaban a los fúrblogs de Colinas Pardas (aunque Escarcha los repelía), otro día atacaba a los vrykuls de Fiordo Aquilonal y otro día se dedicaban a tomar el té en sus lugares de reunión secretos. O eso decían los informes que les mandaban a Dalaran una vez cada semana.

Y ahora, Gareus debía de averiguar lo que haría el culto, pensando como Salviano. Al menos, eso le

había ordenado el alto mando de Dalaran en su carta.

Se había visto obligado a despedirse someramente de sus compañeros y superiores de la Orden del Alba de Plata, alegando que lo requerían en Dalaran, pero sin revelar demasiado sobre su misión en Rasganorte. Le habían llegado un par de noticias preocupantes, a las que pidió explicaciones y todo eso que se hacía en esas ocasiones.



Tras limpiar su monóculo y mirar el libro de Salviano, lo abrió y empezó a pasar páginas que trataban sobre todo tipo de temas esotéricos para los lectores como vosotros (o yo), sobre como preparar un té al alba, como gritar más fuerte que un vrykul o sobre dragones de dos patas y dos alas. ¡Qué locuras!

Había probado todo tipo de formas de descifrar el libro, pero no había forma, por qué estaba escrito en una mezcla de thalassiano, común, gnomótico y vrykul incomprensible al ojo vivo. Todo un galimatías sin sentido alguno.

Traduciendo idioma por idioma, con un diccionario común-vrykul al lado, solo descifraba frases tan incomprensibles como las estrellas para un orco.

Trató de darse un respiro, mientras se limpiaba el sudor de la pálida frente, se acomodó en la silla de terciopelo violeta, y observó las estanterías llenas de libros, de dulces libros de historia, de magia, novelas, novelas arcanas, tratados arcanos, conocimientos sin fin plasmados en papel y tinta normal.

<<Quemar un libro es el peor pecado que alguien pueda cometer>> se dijo a sí mismo, mirando el tratado de Salviano con los ojos entrecerrados. Cayó dormido, presa de un sueño terrible.

Una retahíla de sueños apareció en su mente, impregnándolo todo con visiones de personas que no conocía, que no existían, que conocería, que vería, que odiaría...

Lo primero que vio fue a un hombre pálido, con el cabello negro, vestido de cuero azul oscuro con un laúd a la espalda, que caminaba por un páramo gris devastado, solo.

Después del bardo solitario, vio a una figura negra con las manos en la espalda, de ojos verdes, que observaba un cielo siempre verde en una montaña.

Tras el hechicero oscuro, un enano con una larga barba blanca afilaba una hacha dorada a la luz de un fuego menguante en mitad de la nieve, que cantaba una canción sin letra en un mundo blanco y rojo.

Una vez vio al guerrero fiero, un jinete vestido con placas negras y moradas apareció recorriendo a lomos de un grifo el cielo pardo de un paisaje inconfundible.

La muerte alada precedió a un hombre muy viejo, con una perilla blanca y larga, andaba con dos hombres en cuyo tabardo estaba dibujado un león dorado, camino a una tumba al lado de un lago.

Tras el viejo caballero, una bellísima kaldorei de cabellos violetas y ojos dorados recorría un bosque de gigantescos árboles, vestida tan sólo con una escueta túnica de hojas y rocío.

Tras la dama del bosque, vio a una criatura verde, preciosa y bien formada que se calentaba en un fuego con otra figura del mismo color.

Y por último, vio a una doncella de cabellos blancos y piel del mismo tono, vestida completamente de blanco que andaba por un camino interminable con una humana, en aras de una capilla desvencijada.

Una voz lo despertó de sus extrañas visiones, y con la boca pastosa, resolvió el galimatías del libro.

Simplemente, la primera letra de cada palabra formaba la dirección de la capilla oscura dónde se reunía el Amanecer que esperaba ser legendario.

- Cadance, me has despertado de un extraño sueño. ¿Eso que huelo es té? ¡Perfecto! Después de tomarlo, iremos a la Ciudadela a solucionar ciertas cosas.

Spotlights de otros wikis

Wiki al azar