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Relato escrito por Sebastiän. Hilo original aquí.



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La limpieza ya había sido efectuada, los cuerpos, por no llamarlos "cadáveres", yacían en el suelo mientras la sangre que alguna vez había corrido por sus venas, pintaban las paredes de piedra con un tono carmesí. No había sido un trabajo difícil, bueno, para el no, solo había necesitado la luz de la luna y un buen traje, total, hacer el trabajo y mantenerse uniformado era primordial en estos casos, especialmente para un demonio como el.

-Si que te has esmerado - dijo una voz en la puerta izquierda de la habitación.

El solo abrió los ojos de forma tranquila, no había sido necesario alarmarse, había sentido la presencia de Hannah ya hacia buen rato, en las sombras, como ella gustaba.

-Supuse que os gustaría - dijo y parando de bailar, bajo de la mesa.

-No es precisamente mi estilo, pero, para el tuyo pues si, puedo ver un esmero y eso es mucho, viniendo de ti - dijo Hannah.

-"Como un simple....".

-Ya me sé la linea - le cortó ella - Solo vengo a daros un aviso, que creo es importante.

-¿Un aviso? - preguntó el, poniéndole énfasis en las palabras de la demonio frente a el.

-La prole de vuestro amo esta vivo y ahora esta recuperando poco a poco el poder que su familia alguna vez tuvo y que vuestro amo quiso usar - Hannah lo había dicho sin interés, pero al finalizar lo había mirado de frente.

-¿Como puedo saber que esas palabras son ciertas? - preguntó el - Especialmente viniendo de la Señora de las Mentiras.

-Si me crees o no, es vuestro problema, eso a mi no me incumbe, pero, si me preocupa que el descubra el poder que tiene sobre sus familiares y que estos despierten después de casi tres décadas que han permanecido dormidos y no quisiera tampoco, que os priven de vuestra....libertad...

Hannah le quedó mirando sin saber que haría al respecto, hasta que él solo sonrió.

-Entonces, si es asi, creo que es hora de conocer a mi "Señor".

Hannah le quedó mirando un momento y sonrió.

-Entonces, ¿Como os debo llamar?

-Mi nombre no ha cambiado - dijo él y se arregló el esmoquin - Aun sigo siendo Sebastian.

Hannah estiró aun más su sonrisa e hizo una leve reverencia.

-Espero no verlo en mucho tiempo, Sebastian, mi deber aqui ha terminado.

-Tenga cuidado por el camino, milady - dijo Sebastian devolviendo la reverencia y viendo como las sombras se comian a la demonio hasta desaparecer.

Capítulo 1: 25 años despuésEditar

La mujer estaba encima de la mesa, miraba sus uñas mientras un Guardia Vil la vigilaba desde una esquina de la habitación, pero Sebastian no tenía tiempo para tales cosas, necesitaba información.

-¿Estas seguro? - preguntó la mujer - ¿Como saber si lo que te dice la "Señora de las Mentiras" es cierto?

-Porque la preocupación de la Señora de las Mentiras fue muy notoria al decirme del regreso de la prole de mi señor, he de suponer que la respuesta a mi pregunta no será una mentira, no si la Señora de las Mentiras desea que su preocupacion sea solo una ilusión.

La mujer quitó la mirada de sus uñas y miro directamente a los ojos de Sebastian, azules oscuros, pero este no parpadeó, solo le devolvió la mirada.

-Que inteligente y calculador, en fin, vuestro señor ya no esta en las tierras donde nació, estas fueron profanadas y lo obligaron a migrar a otros lugares, en especial uno protegido por esa odiosa luz lunar.

-¿Esta ahi ahora? - preguntó Sebastian entendiendo donde se encontraba ahora.

-Eso no lo sé, tendrás que averiguarlo, ¿Algo mas que desees saber?

-Solo eso - respondió Sebastian dandose la vuelta para irse.

-La información no es gratis, nunca lo es - dijo la mujer y sonrió.

Fue cuando una hacha voló por la habitación con destino la garganta de Sebastian, pero este solo dió un movimiento rápido y logró esquivarla, para luego tomarla con sus propias manos, aparecer frente al Guardia Vil y cortale en dos por la cintura, dandose tiempo para darse la vuelta y lanzar el hacha hacia la mujer. Esta, solo levantó dos dedos y detuvo el hacha a escasos centimetros de su cara.

-¿Porque siempre tan violento? - preguntó la mujer dejando caer el hacha a un lado.

-Porque asi le gusto mas - respondió Sebastian y luego de acomodarse el cuello de la camisa, dio una reverencia y salió de la habitación.


Ese dia había sido muy agradable, su señor, Fistome, estaba de camino a un baile en la mansión Cringis, había sido invitado por el Rey y como todo buen noble no era bueno faltar, quizás sacaría provecho de ello.

-Sebastian, en caso sientas la necesidad de cazar, te pediré que no oses dejar huella, no pueden haber indicios de algo hacia nosotros, por ningún motivo quiero problemas, espero ser claro - dijo Fistome sin nisiquiera mirarlo.

-Asi será, Mi Lord, asi será - respondió Sebastian.

El carruaje llegó y ambos bajaron, para luego entrar en un iluminado y enorme castillo, el Castillo de Lord Cringis, Rey de Gilneas, dentro habia todo tipo de personas, las mujeres, hermosas en sus vestidos de seda inculcaba un hambre voraz en Sebastian, quien solo cerró los ojos y pensó en otras cosas para distraerse, mientras su señor se habia acercado a cierto hombre, que tenía el titulo de Conde según sus recuerdos, que tenía de la mano a un hermosa mujer, alta, blanca como la nieve y de un cabello rubio sin sigual, sus ojos eran marrones claros y tenia una sonrisa esplendida, no vestía como las demás, tenia un vestido rojo amarrrado en el cuello y un escote en la espalda hasta la cintura.

-¡Fistome! Muchacho, que alegría verte por aqui - gritó el Conde con una sonrisa - Ven querida, quiero presentarte a uno de los invitados del Rey.

La mujer dió un movimiento de cabeza a un hombre y su madre, que se habían acercado a saludarle y miró a su padre con una sonrisa, mientras lo seguía agarrado del brazo.

-Querida, te presento a Lucar Fistome, cabeza de la Familia Fistome, esta es mi hija, Patricia - dijo el Conde.

-Un gusto verlo de nuevo Conde Lindley - dijo Fistome con un movimiento de la cabeza para luego mira a la mujer - Señorita, es un gusto para mi el conocerla.

-El gusto es mio, Señor Fistome - dijo la mujer con una sonrisa.

-Porfavor, digame Lucar, Señor Fistome viniendo de usted me hace sentir que tengo mas de mis veinticuatro años - dijo Fistome con una sonrisa para luego mirar al Conde - ¿He llegado a tiempo? Me preocupa saber que el Rey ya dió su discurso.

-No joven no, usted a llegado a tiempo, el Rey pronto saldrá.


Sebastian parpadeó y volvio a dejar ese recuerdo entre los demás que habia guardado durante cientos de años, imaginar que su señor, un Man'ari, se habia unido a una humana y de su unión había nacido la prole de este, lo enervaba, el contrato debia haber terminado hace veinticinco años, pero no, la sangre de su señor aun seguía latente en alguien y eso lo ataba al contrato, aun no era libre y no era todo, los familiares de su señor aun seguían bajo el yugo de su sangre y esto los mantenía dormidos hasta que el heredero por linea los proclamase como suyo, era algo normal, pero al mismo tiempo imposible, el contrato no establecía herencía, pero si sangre y el sabía que si esto seguía, la prole de su señor se podía seguir extendiéndose y terminaría siendo esclavo para toda su existencia y eso era algo imposible, para él.

Entonces el espacio comenzó a distorsionarse de un momento a otro, primero una leve luz entre la oscuridad, para luego expanderse y dejar su brillo, mientras donde había estado hace un momento la luz, un orificio había aparecido y empezado a crecer poco a poco; ya antes varios portales habían aparecido en el oscuro e infinito Vacio Abisal, mortales deseosos de poder, habían tratado de invocar demonios para un deseo, un contrato, sangre, o para ser esbirros, la mayoría eran asesinados, mientras que otros fueron muy inteligentes y pidieron cosas coherentes a cambio de pequeñas maldades, matar a un niño, hacer que una mujer de a luz en el altar para luego entregarle al recien nacido al demonio para que este lo devorase, cosas sin sentido, pero era increíble hasta donde podían llegar los humanos por poder. El portal ya había crecido lo suficiente y era momento de actuar, antes de que este, dependiendo de los ingredientes, atrayese algo que lo obligara a esperar otro portal. El azul de sus ojos cambió al rojo natural mientras se acercaba al portal, asomó la mirada y vio a un hombre ya en sus cincuenta años hablando una lengua que reconoció como la suya, Eredun, "Escuchad mi rezo, recibid esta alma como una ofrenda, venid, cruzad la puerta y vanaglorien su paladar con ella", el humano era valiente, poner un orbe con un alma dentro a escasos centímetros del portal era algo muy inteligente y al mismo tiempo, arriesgado, por una parte, el olor del alma podía entrar con mas facilidad al Vacio y así atraer demonios, pero por otra parte estos podían solo acercarse y arrancarle el brazo con tal de obtener el orbe y sin necesidad de cruzar el portal. Entonces los sintió demonios, abisales y bestias se movían presurosas por el olor del alma, como un anzuelo en un mar oscuro para el primero que lo agarre; fue cuando supo que era momento, se concentró y se puso frente al portal, mirando al humano, quien lo quedó mirando asombrado, esperando que este le dijera su nombre, para que pudiera pasar al otro plano, con una voz engatusadora le dijó su nombre al varón y este lo repitió sin vacilar, abriendo por completo el portal y dejando que el cruzara, apareciendo en una cripta abandonada, con un humano frente a el, pero este humano era uno de los tantos otros que habían fracasado, habian usado su sangre para dibujar el circulo y sus runas y por lo visto, no había esperado a recuperarse, si no que presa de la emocion habia iniciado el rito, el portal ya de por si había consumido mucha de su energía y solo tenía frente a el a un debil humano que aun tenía extendida la mano con el orbe (Oh si, el alma) extendió su mano y cogió el orbe para cuando vió que este solo era un fragmento de un alma y el todo era el hombre que estaba frente a el. Además era todo un novato, ni una runa para controlarlo o inmovilizarlo, enserio era necesario una escuela de demonios en este plano.

-M-m-mi d-d-d-deseo es... - tartamudeó el hombre mientras el portal se cerraba por la falta de energía y este se dejaba caer por el debilitado estado en el que el rito lo había dejado.

-Siento mucho no poder ayudarte - dijo el con una sonrisa amable y tranquila - Pero yo ya tengo un contrato, asi que no puedo ayudarte.

El hombre se quedó pasmado ante las palabras del demonio y comenzó a sudar frío.

-P-p-pero.... - tartamudeó antes de quedarse sin fuerzas para hablar.

Los ojos de Sebastian, carmesí, empezaron a brillar mientras se acercaba al hombre.

-Quisiera ayudarte, pero tengo...tanta hambre...

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