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El brujo que se metió con el niño equivocado

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Gilneas Bosque.jpg

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Hacía rato que Enoch había dejado atrás las empedradas calles y las altas casas de la ciudad por las exuberantes hierbas y los altos arboles del bosque de troncos blancos. Era el único lugar donde Enoch podía descansar de todo, la gente le agobiaba, su familia le agobiaba, todos le agobiaban hasta límites que ni se podían imaginar. El escándalo que creaba la gente al hablar, sus pesadas bromas sin gracia y estupidez irracional hacían que Enoch terminara arto de todos, hasta el límite de tener que salir de la ciudad y buscar paz en la tranquilidad del bosque, donde el aire fresco, el sonido de la lluvia chapoteando y el olor a tierra mojada hacían de ese lugar un paraíso para él.

Enoch hacía rato que se había quedado sentado con las piernas estiradas apoyado dentro del hueco de su ya muy visitado árbol viejo, sabía que un días más iba a pasar la noche en el interior de ese árbol, pues no tenía ganas de ver la cara de su padre en un par de días. Pese a que sabía del peligro de permanecer en el bosque por los animales peligrosos como era el caso de los lobos, a Enoch le importaba bien poco, nunca había tenido problemas con ellos y ni siquiera se había encontrado con ninguno en las veces que estaba en el bosque, también sabía que sus padres estarían preocupado por él, pero… ¿Qué importaba eso? Había cosas más importantes que pensar que en lo que sus padres pensaran o no de él.

Tras estar un rato con los ojos cerrados, dejándose llevar por la tranquilidad del bosque, decidió ir a dar una vuelta por los alrededores, con un poco de suerte podría encontrar algún animal al que poder observar y de paso conseguir algo de comer, ya era casi la hora de la comer y no había comido nada desde el desayuno, su estómago ya le empezaba a sonar dándole un toque de atención.

Después de un rato caminando sin rumbo fijo por el espeso bosque, pudo encontrar un pequeño árbol con bayas rojas. Enoch sabía que comer cualquier baya del bosque podría traer consecuencias si no eran comestibles, pero por suerte, aquellas bayas ya las había probado antes y sabia de primera mano que se las podía comer sin problemas, por lo tanto cogió unas cuantas y se las guardo en una bolsa y continuo su viaje mientras se iba llevando una baya tras otra a la boca quitándose así poco a poco el hambre.

Hacía rato que la lluvia había dado un leve descanso y entre las oscuras nubes se podía ver algún que otro rayo rojizo que avisaba que estaba atardeciendo. Enoch no se preocupó en absoluto de lo tarde que era, pese a que estaba en mitad del bosque llevaba suficiente tiempo para saber guiarse por él, así que siguió andando, ahora los cantares de los pájaros se cambiaron por el silencio y el aullido de los lobos a la Dama Blanca y el Niño Azul.

Enoch llegó hasta una parte del bosque de la ladera de una pequeña montaña, donde escaló y se sentó en un saliente donde se quedó observando las vistas del lugar, un manto verde formado por las copas de árboles cubrían toda la vista del suelo que se unía en un horizonte de cielo oscuro completamente nublado. Ver tales vistas siempre le hacía pensar el por qué tenía que volver a su casa, por qué tenía que volver donde no estaba cómodo, aquí no había familiares a quien aguantar, ni discusiones que le hacía echar humo, ni siquiera tenía obligaciones que acatar, en el bosque podría ser él quien mandara de sí mismo. Pero sabía que eso era imposible, por más que pensara su padre se encargaría de buscarlo y traerlo de vuelta a casa. El hecho de pensar a su padre hizo que apretara los puños con ira, que asco le estaba cogiendo a su padre cada día que pasaba.

Tras seguir pensando en la mala suerte que tenía al contar con una familia, algo le llamó la atención, un extraño crujir de una rama había hecho acto de presencia entre sus pensamientos, como si la vida le fuera en ello, rápidamente se puso de pie y desenfundó su daga manteniendo la vista alrededor en busca del intruso. Mantuvo la compostura mientras sostenía la daga, sabía que algo le estaba observando, que algo o alguien quería algo de él, pero no sabía que ni con que intenciones, así que no bajo la guardia. Tras unos instantes de tensión Enoch mostró los dientes mostrando su enfado.

-¡Sal quien quiera que seas, no pienses que no sé qué estás aquí!- Mientras sostenía la daga escondió la otra mano dentro de la capa, si algo se le deba bien era trastear con las plantas, y si tenía que vérselas con algo grande nada como unas buenas guindillas en polvo para cegar al posible enemigo. Eso haría que estuviera fuera de combate.

-Baja eso niño, te vas a cortar- La extraña voz resonó por el lugar, pero Enoch había conseguido lo que quería, que el intruso se delatase. Tras asegurarse de donde podía estar, se abalanzó sobre una roca donde detrás de ella había calculado que estaría el responsable de molestarle, para su sorpresa allí no había nadie ¿Cómo podía haber sido posible? Se había asegurado que estaba allí ¿Cómo podía haberse movido sin que lo hubiese notado? Entonces se dio cuenta de algo tras de sí y rápidamente saltó hacia delante, al tocar suelo se giró y estiro el brazo de la daga apuntando a un hombre que mostraba su asombro ante la rapida actuación de Enoch.

-¡Como te muevas un solo paso, esta daga será lo último que veas!- Le amenazó Enoch mientras mantenía una distancia prudencial con la daga apuntando al hombre y la otra mano aun preparada para lanzarle los polvos.

-Tranquilo niño, no voy a hacerte nada, anda, baja eso y hablemos como personas-El hombre se mantenía inmóvil apoyado en un bastón pese a que su complexión atlética parecía denotar que no lo necesitaba.

-¡No quiero hablar con nadie, lárgate de aquí, déjame en paz idiota!- Enoch ya había perdido la tranquilidad del momento ¿Por qué incluso en el bosque no podían dejarle en paz? ¿Podría ser un enviado de su padre para traerlo de vuelta a casa?

-No me seas tan borde niño, baja el arma y empecemos de nuevo, soy Vladimirius Thompson, Brujo de la Cosecha- Enoch frunció el ceño pese a que no se pudo ver con la sombra de la capucha, mirando de arriba abajo al hombre vio algo de razón en sus palabras, pues no llevaba una pesada armadura que delatara que era guardia y tampoco iba armado, simplemente iba con ese bastón y con un pequeño cuchillo enfundado, su ropaje daba por entender que era una persona de economía media, Enoch volvió mirándolo a la cara fijamente y le preguntó.

-¿Qué es lo que quieres?- Enoch bajó el cuchillo y ocultó el brazo bajo la capa, aun así no la enfundó por si las moscas.

-Nada en especial, solo te vi aquí solo y me preguntaba que hacia un renacuajo como tú solo por aquí- Vladimirius poso una pierna sobre una roca y apoyo los brazos en la pierna con una pose chulesca.

-¿Y a ti que te importa lo que haga por aquí? ¿No me has escuchado antes? Lárgate y déjame en paz, me estas enfadando- Vladimirius sonrió de medio lado y negó con la cabeza ante la cabezonería de Enoch.

-Que cabezota que eres niño, encima de borde, así no llegaras a nada- Enoch gruñó y señalo a Vladimirius con la daga.

-¡¿Y que si soy borde?! ¡¿Acaso te he pedido tu opinión?! ¡¿Por qué no te largas y te vas a tocar las narices a alguien más indicado?!- Aquel hombre ya estaba terminando con su paciencia, se había marchado de Gilneas para estar tranquilo y Vladimirius le estaba tocando ya la moral.

-Sabes, hay un dicho donde yo vivo que es: “mastín ladrador, poco mordedor”- Rápidamente Vladimirius creo una bola dorada en su mano y la lanzó en dirección a la mano de Enoch, este por suerte la esquivo llevándose un quemazón en el brazo, esos segundo hicieron que bajara la guardia lo suficiente para que Vladimirius lo cogiera de la mano de la daga y se la hiciera soltar.

-Eres un tonto si crees que puedes valerte por ti mismo niño, como ves, ahora si fuera una amenaza estarías muerto- Enoch apretó los dientes soltando un sonido de asombro, entonces sonrió irónicamente, Vladimirius lo miro sin terminar de entender por qué sonreía ¿Qué es lo que estaba planeando el chico?.

-Me parece que has subestimado las capacidades de este niño, idiota- Vladimirius frunció el ceño y Enoch saco su otra mano de debajo la capa lanzando el polvo de guindilla a los ojos, Vladimirius soltó a Enoch llevándose las manos a los ojos mientras se quejaba del escozor. Rápidamente Enoch empujó a Vladimirius al suelo y cogió una cuerda que llevaba encima atándole las manos.

-Esto es lo que le pasa a aquellos que me molestan y van de listos- dijo mientras sacaba su cantimplora de agua y le echa el agua en los ojos, tampoco era su intención dejarlo ciego, solamente incapacitarlo.

Tras echarle el agua lo dejo allí tumbado a mientras recuperaba su daga y la enfundaba, se sentó en una roca cruzándose de brazos observando a Vladimirius.

-Veo que eres bastante listo- dijo Vladimirius aun con los ojos enrojecidos, el escozor por suerte ya estaba disminuyendo.

-De no ser así no estaría en mitad de bosque solo, se cuidar de mi mismo, no necesito de nadie, y menos de desconocidos- Le contesto Enoch con arrogancia mientras se mantenía sentado en la roca.

-Me he fijado en las bolsas de tu cinto, tienes muchas plantas ¿Te gusta la naturaleza, niño?- Enoch bajo la mirada observando sus bolsas y volvió la vista al brujo, suspirando le respondió a la pregunta.

-Así es, me tranquiliza y me ayuda a olvidar a la gente como tú ¿Pasa algo con eso?- Vladimirius miró a la sombría cara del Enoch, este le devolvió la mirada sin inmutarse.

-Te propongo un trato, tú me sueltas y yo me comprometo a ser tu mentor, tienes dotes de Brujo de la Cosecha- Enoch miro fijamente a Vladimirius ¿Brujo de la Cosecha? ¿Enserio? La verdad que no era algo que le disgustara, la verdad es que era algo que siempre le había interesado, su madre era Bruja de la Cosecha pero jamás se interesó por su oficio. Enoch sacó su daga y se la coloco en el cuello a Vladimirius.

-Como intentes algo raro, no tendré compasión, ya te he perdonado la vida una vez, no te la perdonare una segunda- Enoch tras la amenaza le cortó las cuerdas de las manos, Vladimirius se froto las muñecas y asintió.

-Bien, dime tu nombre niño, quiero saber a quién instruiré- Enoch desconfió un momento y enfundando la daga a desgana le contesto.

-Enoch Plujaforta- Vladimirius asintió y se puso de pie mirando a Enoch.

-Bien Enoch, te quiero ver todos los días por la tarde aquí, me encargare personalmente de que llegues a ser un buen Brujo de la Cosecha- Enoch miró a Vladimirius y luego volvió la vista al bosque, no sabía que es lo que le iba a esperar mañana, pero sabía que iba a ser un día muy curioso.

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