Fandom

Wiki Errantes

El animal

1.451páginas en
el wiki}}
Crear una página
Comentarios0 Compartir

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

Relato escrito por Tourdeforce. Hilo original aquí.



El gélido aire de la noche nubla mis sentidos y entumece mi cuerpo . Apenas veo entre las sombras, pero sigo avanzando tan rápido como me lo permiten mis destrozados pies. No puedo pensar con claridad, mi vista se hace borrosa y parece que mis pulmones van a estallar. Las ramas enmarañadas de los arboles arañan sin piedad mi cuerpo cubierto de heridas y quemaduras. Sigo huyendo, tan lejos y tan rápido como puedo…..no miro hacia atrás. Las linternas de aceite de los soldados de la dama oscura quedan atrás en la oscuridad….. El dolor físico ya no importa. Algo mucho peor bulle en mi interior. Un dolor espantoso, que crece, se retuerce y consume mi alma. Y los recuerdos me abrasan las entrañas. El recuerdo de los ojos de mi mujer mientras se quemaba viva dentro de nuestra casa en llamas. El recuerdo de la luz de mi vida, nuestra hija, asesinada a manos de los soldados de Sylvanas. El dolor y la pena dejan paso al miedo y al odio. Atraviesan mi pecho como hierros candentes. Ya no oigo los gritos de mis perseguidores, pero sigo corriendo. Ante mi se extienden los bosques Argénteos, oscuros y amenazantes. Pero no importa, ya nada importa. Me detengo exhausto en el linde de un pequeño claro. En el centro, una pequeña y decrepita choza rodeada de un viejo cercado, casi todo invadido por la maleza. Me acerco cautelosamente. Silencio. Parece que ya nadie habita este fantasmagórico lugar. La puerta de la casita chirria sobre sus oxidados goznes. El suelo esta cubierto de enseres rotos y polvorientos. Los pocos y humildes muebles están cubiertos de telarañas y una gruesa capa de polvo. Son los testigos mudos del drama que asoló hace años Lordaeron, los recuerdos de unos años que siempre fueron mejores vagan por la estancia como fantasmas. Me acurruco en un rincón de la choza y el sueño me derrota……Sueño con la cálida caricia sol de verano de Gilneas, acompañado por la brisa marina que envuelve nuestra pequeña casa al borde del mar. Ariel nuestra hija juega en el pequeño jardín , mientras Clarissa, mi mujer, se abraza a mí en el pequeño balancín del porche. De pronto una ráfaga de aire helado nos sobresalta, mientras negras nubes ensombrecen poco a poco el cielo sobre el mar………. Mi hija y mi mujer tiemblan mientras las abrazo. La oscuridad se cierne sobre nosotros. Sus rostros se disuelven en las tinieblas. Me lo han arrebatado todo…..mi familia…..mi vida……mi humanidad…….. Grito...…. Un alarido de furia primigenia surgido del fondo de mi alma, se torna en un espantoso rugido, mientras me retuerzo de dolor sobre el suelo de la decrepita casa. Durante segundos que parecen horas, mi cuerpo se convulsiona y estremece. Como una gigantesca garra invisible que estuviese intentando volverme del revés. Los huesos se estiran, la carne y la piel se rasgan. De pronto el dolor cesa. A través de las tablas de la techumbre puedo ver como se filtran los rayos de la luna. Me incorporo de un salto. Una ferocidad primitiva y ancestral me envuelve. Un olor a naturaleza salvaje me embriaga. Los sonidos de la noche se revelan claros y nítidos, mientras las tinieblas se diluyen y revelan ante mis ojos los secretos de la noche. Ya no soy dueño de mi cuerpo, mi humanidad se hace a un lado mientras un torrente de instintos animales toma el control. Viajo cautivo dentro de la bestia. Me interno en el bosque. Las sombras que hace unas horas me amenazaban, me acompañan y me envuelven con su fraternal abrazo. Me detengo. Un irresistible olor capta mi atención. Aguzo mi oído para intentar localizar su orígen. Oigo los latidos del corazón de mi presa. Avanzo rápida y silenciosamente, agazapado entre los matorrales. Unos metros mas adelante, frente a mí, puedo discernir con claridad la silueta del confiado venado que está pastando entre las hierbas altas. Mis músculos se tensan como la cuerda de una ballesta apuntando hacia el despreocupado ciervo. En un instante, todo termina. En una fracción de segundo he librado los veinte metros que me separan del animal con salto prodigioso. Con un zarpazo secciono su yugular mientras la sorprendida criatura se desploma sobre el suelo. Una muerte limpia y rápida. La emoción de la caza me embarga, y mientras despedazo el infortunado animal, alzo la mirada hacia el despejado cielo. Un aullido gutural, profundo y liberador surge de lo mas hondo de mi ser. Todos mis miedos, todos los fantasmas que me asediaban carecen ya de sentido. Soy libre. Desaparezco en medio de la noche, rumbo a un destino incierto.

Los siguientes días y noches son confusos, poco claros. Como un borrón en medio de mi vida. Mi lado lado animal casi ha conseguido desterrar cualquier vestigio de racionalidad. Los bosques Argénteos se han convertido en mi coto de caza. Entre los desconcertados lugareños corren historias y rumores. El ganado aparece hecho pedazos todas las mañanas. Las patrullas apenas osan salirse de los caminos principales y los restos de mis andanzas nocturnas han conseguido imponer el toque de queda en toda la región. Ningún renegado se atreve ya a internarse en el bosque al anochecer. Recuerdo vagamente como su olor hediondo y putrefacto me atrajo una noche hasta una de sus aldeas. Rondando alrededor de las casas, desconcertado por aquellos seres cuyo corazón no podía oír latir. Examinando el terreno, acechando sus movimientos, intentando recordar algo que me roía la mente. Aquellos intrigantes seres me eran familiares, pero no conseguía recordar porque. Sucedió una noche de cielo despejado. La niebla cubría la zona a baja altura, justo lo suficiente como para pasar desapercibido. Mis paseos nocturnos me habían conducido de nuevo hasta un pequeño poblado no muy lejos de Entrañas. Aquella noche, contrariamente a lo habitual, los extraños seres parecían inusualmente inquietos y agitados. Rodeando cautelosamente el poblado conseguí acercarme sin ser visto a la que parecía ser la mas grande de las edificaciones, para intentar averiguar el motivo de dicha agitación, encaramado en lo alto de un gran abeto y cuidadosamente oculto entre su ramaje. Algo sucedía en aquella casa. Un extraño e inusual olor manaba de allí dentro. Ruidos de pasos, voces nerviosas y temblorosas resonaban en su interior. Durante un buen rato permanecí oculto atento a todo lo que allí acaecía. Dos guardias custodiaban la puerta, inmóviles y marciales, sin percatarse de lo que les estaba acechando entre las sombras. De pronto las voces cesaron. Del interior de la casa salieron varios de aquellos seres. El primero de ellos era inusualmente alto y fornido. Vestía una túnica larga y oscura con un intrincado dibujo sobre el pecho, con una capucha que ocultaba su rostro. En su mano un bastón retorcido con un cráneo en su extremo. Detrás de el, otros dos guardias salieron arrastrando con ellos otro ser totalmente distinto a ellos. Pude identificar en aquella criatura el extraño olor que me tenía intrigado. Pude sentir también como latía su corazón. Definitivamente no era como los demás. La mujer avanzaba arrastrada por los guardias a trompicones, con la cabeza gacha, resignada a sufrir el espantoso castigo a la que le habían condenado. Avanzaron hasta el centro de la plaza y se detuvieron. Fue como un relámpago rasgando el velo que entumecía mi mente, dando paso a un torrente de recuerdos. Yo recordaba aquel rostro de ojos amarillentos y crueles que había dejado a descubierto la huesuda mano al retirar la capucha. En mi salvaje y nublada mente todo se ordenó y cobró sentido en un instante. Me vinieron a la memoria las paredes de una celda oscura y mugrienta, donde se me había encadenado y torturado prácticamente hasta la muerte. Y recordaba aquel rostro, aquel rostro que se reía mientras degollaban mi hija. Todos aquellos putrefactos e infectos seres eran responsables de la ruina de mi patria, de la destrucción de mi hogar, y de la muerte de mi familia……. El nigromante se aprestó a ejecutar la sentencia que habían dictaminado unos instantes antes los magistrados de Rémol. Los silenciosos e intrigantes habitantes se agolpaban ahora alrededor de la plaza, expectantes ante lo que allí iba a suceder. Podía oler el miedo de la mujer. Temblaba paralizada ante la espectral figura de su verdugo. En un segundo todo terminaría. Mi recién recuperada mente humana se rebelaba ante el asesinato que allí se iba a consumar. El brujo no pudo terminar de recitar el encantamiento. La visión de sus putrefactas tripas esparcidas por el suelo se lo impidió, mientras se desplomaba con un grito ahogado en sangre. Todos se quedaron paralizados ante la feroz irrupción de aquel inesperado invitado. La mujer que yacía postrada en el suelo, alzó la vista y me miró incrédula sin saber bien que hacer. Recobrándose de la sorpresa inicial, los guardias renegados se desenvainaron sus armas y avanzaron dispuestos a segar la insolencia de aquel extraño intruso. Dicen que los renegados no tienen miedo a nada. Que carecen de sentimientos. Que todo aquello que les hacía humanos se perdió barrido por la plaga……. En aquel momento, cuando los dos primeros guardias cayeron hechos pedazos sobre el suelo, pude percibir el horror reflejado en sus ojos, el olor del miedo que empezaba a atenazar sus fríos corazones. Sin embargo no hay mayor miedo para un renegado que el de enfrentarse a la ira de su señora Sylvanas. Sus compañeros se recompusieron y se abalanzaron sobre mí gritando como posesos. Nunca tuvieron una oportunidad. El animal salvaje se alimentaba ahora de la ira y el odio del lado humano. Uno por uno fueron reducidos a montones de carne sanguinolenta. La plaza de Rémol quedó salpicada de cadáveres y desierta. Solo quedó la temblorosa mujer en pie, en medio de la carnicería, temerosa siquiera de alzar la vista. Unas palabras roncas y entrecortadas brotaron de mis fauces “ ¿Como te llamas? “ le pregunté. La chica me miró sobresaltada. “ Cla…..Cla…Clara” me contestó con voz temblorosa. “No has de tenerme miedo- le dije- no te haré daño” “Tenemos que irnos de aquí, no estamos seguros” le dije mientras le tendía mi zarpa para que me siguiese. Y así, sin mediar palabra abandonamos la aldea perdiéndonos en medio de la oscuridad. No estaba siquiera seguro de hacia donde huir. La masacre de Rémol probablemente pondría en estado de alerta la guardia de Entrañas. La muchacha me seguía sin decir palabra. Probablemente la idea de seguir una horrible bestia parlante en medio de la noche la aterraba casi tanto como el destino que le habían reservado los no muertos de Rémol. Era joven y muy hermosa. Su olor, el olor que me había atraído a Rémol aquella noche, era embriagador. Pelirroja de ojos negros, llevaba ropa sencilla, sucia y medio rota, debido sin duda al exquisito trato que le habían dispensado sus captores. Al llegar a un cruce de caminos, siempre al amparo del bosque, nos detuvimos. Olfateé el aire a mi alrededor para cerciorarme de que nadie nos había seguido……Estábamos solos. Era muy peligroso para ambos permanecer más tiempo en tierras Argénteas, pero la muchacha estaba exhausta y no sería capaz de ir mucho mas lejos. Un saliente de roca a unos metros por encima del camino, con un una pequeña covacha escarbada en la pared rocosa, era todo lo que pude encontrar para esa noche.

Spotlights de otros wikis

Wiki al azar