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El amor de un hijo

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Gilneas Ciudad.jpg

Nuestra historia da comienzo en la grande y orgullosa Ciudad de Gilneas. En una de las numerosas casas de duras paredes de piedra y madera del Barrio de los Mercaderes, donde vivía la que fue antaño una de las familias que guiadas por su egoísmo y avaricia llegaron a poseer grandes riquezas y un estatus social medianamente alto. Hoy en día, no queda nada más que el recuerdo vergonzoso de los actos pasados de la familia Plujaforta, quienes se han visto obligados por la avaricia a vivir como simples trabajadores teniéndose que ganar el pan como cualquier otro ciudadano, pues estas son las consecuencias de vivir a lo grande sin ni siquiera molestarse en crear algún negocio para asegurar que sus riquezas no desaparecieran.

Actualmente, tras las muertes acontecidas a lo largo de las generaciones, solo quedaron cuatro familiares vivos. El más joven de los familiares de dicha casa era un chico de doce años, con una tez pálida por el poco sol del lugar, un pelo castaño y algo largo a la altura de cuello. Su boca decorada con unos blancos y cuidados dientes, acompañaban siempre a su habitual semblante serio carcelero de cualquier sonrisa, sus ojos verdes muy hermosos acompañaban a ese semblante serio, con una mirada crítica y de desprecio que ya decía mucho del carácter del chico, pues no solo parecía serio físicamente, sino que también lo era en carácter. Enoch Plujaforta, el más joven de la familia era una persona muy apartada de la sociedad, no le gustaba estar con nadie y si alguien intentaba relacionarse con él, su carácter arisco y borde hacia que esa persona se replanteara la molestia de hablar con él.

Enoch se encontraba en su habitación, desperezándose de una noche placida y tranquila en su cómoda cama. Se frotó los ojos unos segundos y miró hacia la ventana, una vez más el tiempo se mantenía nublado, días de los cuales le gustaban a Enoch, pues había vivido tanto tempo con el cielo nublado, que los rayos del Sol le incomodaban más que un día lluvioso. Tras quedarse un momento observando por la ventana, se decidió bajar de la cama y vestirse, se puso sus ya habituales ropas y salió de su habitación soltando un suspiro.

Al salir de su habitación se encontró con su abuelo, Eldich III Plujaforta quien saludo a Enoch despeinándole mientras le daba los buenos días. Enoch gruño y le aparto la mano rápidamente fulminándolo con la mirada, tras quedársele mirando, bajo las escaleras negando con un cabeceo. Enoch más de una vez se preguntó por qué ese maldito viejo verde no había estirado ya la pata, cada día que pasaba la deba la sensación de que sus neuronas las iban perdiendo y sus bromas y tonterías iban en aumento, solamente el encontronazo con su abuelo, le bastó para maldecir el día de hoy.

Tras bajar las escaleras a la planta inferior se dispuso a ir a la cocina para conseguir algo de desayunar, al llegar se encontró con su madre, Mélani Dorler, una mujer de unos treinta años, con el pelo moreno y ojos verdes como los de Enoch, su tez era igual de pálida, suave y lisa como una muñeca de porcelana. Mélani dio los buenos días a Enoch mientras maternalmente acariciaba su barriga de ocho meses, pues aunque a Enoch no le hacía gracia, esperaba una hermana, eso le significaría a él días cuidándola y noches sin poder dormir por sus berridos nocturnos. Enoch con un leve movimiento de cabeza saludo a su madre sin decir nada y fue directo a uno de los estantes de la casa para coger su desayuno. Tras coger del estante unos cereales de trigo, cogió un bote de leche y echando ambas cosas en un cuenco, se sentó en la mesa a desayunar.

Mélani suspiro y volvió la vista a su marido y padre de Enoch que acababa de bajar de la planta superior vestido con el uniforme de Gilneas listo para ponerse a trabajar. Se trataba de Connor Plujaforta, aparentaba la misma edad que Mélani, pero a diferencia que ella, Connor poseía un color de pelo y ojos castaños, también, pese a su edad ya se le empezaban a notar algunas arrugas en su rostro.

Enoch sentado aun en la mesa, ni se dignó a saludar a su padre y soltando aire por la nariz siguió desayunando ajeno a lo que hacían sus padres. Connor se sentó como si nada a la mesa sin molestarse en preparar el desayuno, Enoch lo fulmino con la mirada visiblemente molesto y dejo la cuchara en el cuenco bruscamente.

-¿Por qué tiene que hacerte mamá el desayuno? ¿No ves que está embarazada y quiere sentarse?- Connor miro a su hijo y le contesto.

-Hijo, no tengo tiempo para prepararme el desayuno, ya sabes que tengo prisa para ir al trabajo y yo no sé dónde están las cosas-

-Porque ni te molestas en saber dónde están- Le contesto Enoch tajante y rápidamente, tras una leve pausa siguió hablando.

-Siempre pones la maldita excusa de que no sabes dónde están las cosas, siempre la misma excusa de que tienes que ir a trabajar ¡Pero bien que te tocas los huevos cuando vienes a comer, que ni siquiera la ayudas!- Connor golpeo con la mano abierta la mesa mientras Mélani sostenía el cuenco de cereales en sus manos en silencio, a la espera de que terminase la discusión.

-¡Un poco de respeto a tu padre! ¡No pongo ninguna excusa, si estas comiendo es gracias a mí, me pateo día a día estas calles con una armadura de mallas que he de aguantar su peso para ganar un poco de dinero al semestre!- Enoch fulmino a su padre con la mirada.

-¿Patearte las calles? Eso será una vez al día que te das la vuelta a la manzana ¡Por que la mayor parte del día te quedan apoyado en las cajas del mercado haciendo como si vigilaras!- Connor abrió los ojos sorprendido y señalo a Enoch con el dedo índice.

-No consentiré que mientas Enoch ¡Castigado ahora mismo, a tu habitación ahora mismo!- Enoch se puso de pie dejando caer la silla al suelo y miro desafiante a su padre.

-Que te den, viejo, encima me intentas tomar por mentiroso, cada día que pasa me das más asco, ahí te mueras ya de una puta vez- Tras decir eso empujo su cuenco que se deslizo por la mesa hasta llegar al otro extremo de cayendo encima de las piernas de Connor.

-¡¿Cómo?! ¡¿Qué forma es esa de hablarle a un padre?!- Connor se levantó de la silla apoyando con un fuerte golpe ambas manos en la mesa y los cereales en sus pantalones de mallas y cuero.

-La que te merece por estúpido e idiota- Connor harto ya del comportamiento de Enoch se aproximó a él y le asesto una bofetada en el moflete, Enoch se mantuvo unos segundos en la misma posición como si se hubiese congelado y después se posó la mano en el moflete enrojecido por el golpe.

-Lo siento, tú te lo has buscado hijo- Enoch apretó con fuerza los puños y alzo la vista mirando con odio a su padre.

-Ahí te pudras por esto, viejo- Tras decirle esas palabras le escupió en la cara y se giró para salir por la puerta limpiándose la sangre de la comisura de la boca. Enoch se cruzó por el camino con su abuelo que había escuchado el griterío y sin decir palabra lo aparto de su camino bruscamente para seguidamente coger su capa y salir a la calle dando un fuerte portazo.

Connor se volvió a sentar en la silla mientras se limpiaba la saliva y la sangre de su hijo de la cara y seguidamente suspiro.

-Ya no sé qué hacer con este hijo nuestro Mélani…- Mélani con el otro de circunstancia, le dejó el cuenco en la mesa y le dio un beso con cariño.

-No te preocupes mi vida, ya cambiara-

Enoch al salir a la calle se colocó su vieja capa que le protegía de la lluvia, se subió la capucha que esta tenia dejándole el rostro sombrío y como si de una sombra se tratase camino por las calles ignorando lo que le rodeaba en una dirección clara, los bosques de Gilneas.

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