Fandom

Wiki Errantes

El No Amante Imperecedero

1.451páginas en
el wiki}}
Crear una página
Comentarios2 Compartir

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

Este relato participó en el I Certamen Literario "Arlequín". Narra la historia fantástica de un espíritu ligado a unas peculiares flores las cuales se rodean de diversas leyendas, quedando en el aire la veracidad de éstas.

El No Amante ImperecederoEditar

¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable,
es altanera y vana y caprichosa.

Antes que el sentimiento de su alma
brotará el agua de la estéril roca.

Sé que en su corazón, nido de sierpes,
no hay una fibra que al amor responda
que es una estatua inanimada; pero...

¡Es tan hermosa!


De: Rimas, leyendas y narraciones GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

* * *

Emancipator - Anthem (2006)05:31

Emancipator - Anthem (2006)

La delicada y ambigua elfa de la noche colocó la refinada maceta sobre una mesa. Más que una maceta era un adorno, pues estaba cubierta por una urna de cristal que protegía celosamente una hermosa flor de grandes pétalos blancos, parecida a un lirio.


¿Conocéis las flores imperecederas? Preguntó al kaldorei, quien negó contemplando curioso aquel presente sin encontrar el porqué de tanta expectación.


Son unas flores magníficas, ¿no creéis? Antes de que pudiera contestar a su pregunta, Lyrania continuó. Como se intuiría por su nombre son unas supervivientes, como lo es mi pueblo. Se adaptan a cualquier condición, podríais encontrarlas adornando con su belleza un desolado pantano sin juzgarle.


El elfo no parecía disfrutar gastando su tiempo en escuchar historias sobre plantas, pero por educación le permitió continuar.


Sus pétalos son hermosos, blancos, blancos como la pureza que intentamos alcanzar, un blanco insuperable. Sin embargo en ocasiones su color cambia. En esas ocasiones desde sus puntas hacia el interior adquieren un color rojo, incluso a veces negro, que parece contaminarlas como si algo en ellas muriera.
Oh, pero si ocurriera no deberíais preocuparos. Como dije son unas supervivientes, pueden aguantar mucho más que eso, Capitán, raramente mueren. Normalmente es lo que les cuesta adaptarse a un nuevo entorno.


El Capitán kaldorei hizo un gesto que manifestaba claramente su indiferencia hacia ese tipo de temas.


- ¿Os aburro con mis historias?


- La herbolistería no entra dentro de mis incumbencias. ¿Me habéis convocado hasta aquí solo para hablarme de plantas?


Oh, por supuesto que no.
La Altonata sonrió. ¿Creéis que me habría expuesto a la lluvia solo para ello?


No, claro que no. Alguien como ella jamás permitiría que las violentas gotas de lluvia estropearan su impoluta imagen sin un motivo que valiese realmente la pena y así había sido. Los cabellos azules océano que no habían sido abrazados por su trenzado recogido y que yacían por delante de sus puntiagudas orejas caían apelmazados sobre su escote, impregnando sus extravagantes togas. La seda blanca de estas que realzaba su pecho por encima del azulado corsé quedaba pegada a su cuerpo, insinuándola con pequeñas transparencias provocadas por el agua.
Contemplarla en esas condiciones era como admirar una pintura al óleo, con todo su maquillaje difuminado de forma errática salvo el carmín violeta que avivaba sus delicados labios. La belleza artificial de Lyrania no sería arrebatada por unas simples gotas de lluvia. Seguía presente ahí, año tras año, milenio tras milenio, ya fuera ante amigos o enemigos, dotándola de una juventud que desde hacía demasiado tiempo ya no le pertenecía como una carcasa que al igual que sus flores, imperecedera, protegía algo mucho más delicado si cabe en el caso de que aún conservara su afligida alma.


La voz de la elfa continuó de nuevo, tan delicada como la misma imagen que ofrecía, con sus pausas en el momento adecuado, con su armonía. Cualquier gesto, detalle, manera... cualquier cosa que acompañara a Lyrania era un adorno más, como si lo cuidara aposta para que así se sintiera.


He venido aquí para hablaros de mi hermano, creo que hay muchas semejanzas entre estas flores y él, pensadlo detenidamente. Mi hermano siempre ha deseado lo mejor para nosotros, para su pueblo. Nos abandonó hace mucho para encontrar las respuestas que necesitamos llevando consigo sus preciosos pétalos blancos, brillantes, magníficos... Él era así... magnífico... Por nosotros ha viajado por todo este vasto mundo, ha hecho lo que ninguno haría y se ha tenido que adaptar constantemente.
Sus hermosos pétalos han sido contaminados en numerosas ocasiones, tornándose rojos, a veces negros... Y ahora ha decidido volver a realizar un cambio.
Vos le juzgáis porque tan solo os ha mostrado uno de sus colores y no os ha gustado lo que habéis visto. Pero, por poco que entendierais de plantas, imagino que sabréis que es mejor preparar la tierra a la que se va a trasplantar una flor que esperar a que ésta se habitúe al entorno.


El Capitán pareció comprender la comparación aunque no era muy dado a ese tipo de charlas tan metafóricas.


Preparad esa tierra y mi hermano brillará con todo su esplendor. Ayudadme y entre los dos lograremos que así sea. Tendréis un gran aliado.


Ambos contemplaron durante unos instantes la flor imperecedera, la cual blanca como la nieve se erguía poderosa bajo el cristal. No cabía duda de su majestuosidad.


Solo por curiosidad os narraré su leyenda. Quizás si la creéis podréis consultarla con tal fin.
Se dice que estas flores habían sido blancas, siempre blancas.
Había un príncipe el cual tenía un fiel consejero. Tan fiel consejero permaneció a su lado hasta en aquellos momentos en los que nadie más se hubiera atrevido a hacerlo, durante una cruel guerra incluso sobrevivió más allá de la muerte de su príncipe. Cuando ocurrió la catástrofe, herido de muerte, dicen que se arrastró hasta estas flores ya que brillaban tanto que las confundió con Elune. Al llegar a ellas se dejó morir desangrado, impregnándolas con su misma esencia.
Desde entonces se cree que quien posea una es un afortunado, pues ante sus dudas estas flores podrán cambiar su color para advertir de malas o buenas decisiones. ¿Creeréis semejante leyenda?


El elfo tan siquiera dudó en formular la siguiente pregunta, como si la hubiera estando reteniendo durante su narración, incluso dio la sensación de no haberle estado prestando atención.


¿Y cómo la riego?


Tras un molesto suspiro Lyrania le dio la solución. Podéis desenroscar el cristal.


* * *


No deberías subestimar las leyendas, aunque muchas de ellas no sean ciertas, Capitán. Has tenido el privilegio que yo nunca tuve y ni siquiera te has dado cuenta de ello por tu ciego rencor. Déjame que te cuente una historia.


Hace eras, cuando tan siquiera tus ancestros habían nacido, cuando Kalimdor permanecía unido, cuando éramos eternos y algunos se creían infinitos de poder... Yo también pude escuchar esa voz tan melodiosa, quizás tuve el honor de ser contemplado por esa mirada plateada, o no, nunca lo sabré pues nunca me creí digno de mantener mis ojos puestos sobre su figura ni de dirigirle palabra alguna.


Deberías haber vivido por entonces para entender mi pasión, creéme, insinuar que la Luz de Luces era superada en hermosura habría supuesto una de las peores condenas mas yo la desafié. Atendiendo los asuntos de mi príncipe había sido conducido hacia Zin-Azshari. La ciudad de mármol blanco bañada por la luz de la luna brillaba majestuosa, gobernada por la más bella criatura quien nos prometía la gloria en la que nos regocijábamos.


Mi ignorancia me incomodaba, admiraba la magnificencia a la par que maldecía el no haber sido bendecido con tal don. Pero aún fue mayor mi maldición el día en el que la conocí.
Pequeña, frágil, sola, tan sola... Alejada de su imperio, alejada de su gloria, ella solo quería estar con las flores, expuesta al peligro de los silvestres bosques, decidida. En más de una ocasión la hallaba en aquel lugar por casualidad o destino, por suerte o capricho. Yo la observaba en la lejanía sin atreverme a más, pues su belleza era tal que cualquier mortal... inmortal incluso, habría sido incapaz de contemplarla fijamente sin cubrir su rostro en lágrimas por conmoción.


Ah, si fueras capaz de escucharme, si fueras capaz de verme, te darías cuenta de tantas cosas... Los rencores pasados ciegan tus sentidos, sin embargo yo no me canso de adorarla, ni siquiera el paso de los años se atreve a perturbar la maravilla que creó tiempo atrás. Su boca con forma de fresa, la perfección hallada en la frágil línea que acariciaba su rostro... Sus frondosas y largas pestañas parecían las alas de una mariposa y sus delineadas cejas, espesas en su nacimiento y trabajadas en longitud acababan en una forma que recordaban a las antenas de este fantástico y delicado insecto. Así era mi Lyrania, mi nunca mía Lyrania. La nunca de nadie.


Conocí su historia, devoto de ella quise salvarla de las imperdonables maneras a las que la sometía su padre. Cuán feliz habría sido, cuán dichoso, si tan solo hubiera podido reunir el valor de advertirla y consolarla. Tan solo las flores podían, envidioso de ellas soñaba con poder dejarle algún mensaje. Si la hubieras visto entonces, Capitán, hasta tú habrías olvidado la noción del espacio tiempo para dedicarle tu misma existencia pues una criatura tan frágil y exótica, tan necesitada, no merecía ningún sufrir.


Cuando la Luz de Luces trajo la condena a nuestro mundo el imperdonable Shalanor permaneció fiel a su Reina. Y podría haber abandonado Zin-Azshari, ¡haberme aferrado a la vida! Pero sabía que mi mariposa azul no volaba y que tan pérfido villano la arrastraría hasta el mismísimo averno.
Acompañé a mi príncipe en su cruzada con una cruzada propia, contemplé fuego y blasfemia, dolor y desamparo, pero no encontré a mi verdadera reina entre las ruinas de la profanada ciudad. No sentía miedo, sentía desespero, mi mariposa... ¿Dónde estaría? Quizás, quizás huyera hacia sus flores para despedirse de ellas... Solo quizás. Eso pensé cuando conocía que pronto llegaría mi último aliento, herido de muerte por la pesadilla que se había desatado, más herido aún por la tristeza.


Me arrastré por páramos desolados donde la naturaleza moría junto a mi corazón. El reflejo de los cielos rojos se proyectaba sobre las plantas como si éstas fueran llamas movidas por el viento. ¿Y mi mariposa?
Capitán, creí encontrarla una última vez, yaciendo bajo las blancas flores. Creí escuchar su voz entre el murmullo del viento, creí notar su caricia junto al roce de los pétalos... Creí sentir sus lágrimas junto a las últimas gotas de rocío que bañaron mi faz. Y entonces entendí que estaría con ella, de forma imperecedera. Soy tan afortunado...


Volvería a vertir la última gota de mi existencia hasta quedar seco con tal repetir mi destino si me la arrebataran. Ahora que sé cómo es su roce, conozco la gloria eterna.


* * *


Dicen que las flores imperecederas son buenas consejeras... o quizás representen la tristeza de un amor no correspondido. La única leyenda cierta es que son las únicas flores que consiguen conmoverla hasta hacerla llorar, a ella, a la mariposa que convirtió su alma en roca, a la triste mariposa que nunca pudo amar.

Spotlights de otros wikis

Wiki al azar