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Diario de una pirata del aire

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Capítulo 1Editar

Tarde calurosa de verano en la lejana Bahía del Botín. La débil brisa movía ligeramente las hojas de las palmeras, mientras que algunos de los mas atrevidos o quizás aburridos pescadores se aventuraban a pasar el tiempo bajo un sol de justicia.
Un joven humano, de no mas de diecisiete años, cruzaba rápidamente por los muelles de la desierta Bahía. Miraba hacia los lados, preocupado, sin encontrar a su objetivo. Después de un rato buscando por las diversas casas, rincones y oscuros recovecos llenos de piratas borrachos, la encontró.
Tumbada boca arriba, sobre uno de los tejados recién reparados, Larka Winderth, una joven enana rubia, pecosa, de ojos azules miraba el cielo despejado.
-¡Eh! La de ahí arriba, baja - Dijo el muchacho jadeando-. ¡Por favor!
-¿Mmm?¿Qué pasa? - Contestó la enana mientras se desperezaba y dando un ágil salto aterrizaba junto al joven.
-Yo... Toma, me dieron esto para ti. Es urgente - Le dijo mientras se calmaba un poco. Rebusco en una pequeña mochila durante unos segundos y le entrego una carta lacrada.
Larka observo la carta mientras se la arrebataba bruscamente. No tenia remitente y por el estado del sobre parecía haber sufrido un largo viaje.
-¿Quién te la dió? -Dijo secamente.
-Eh... No puedo decirlo señora, yo...
-Esta bien muchacho. Puedes irte - Dijo cortandole la frase.
-Si, si...
La enana le dirigió una sonrisa mientras se giraba. A paso lento, con la mirada fija en la carta que se encontraba entre sus manos se dirigió a la taberna del Grumete Frito, donde entro saludando con un gesto de cabeza.
Levantando la vista de la carta, pidió un ron y subió a la segunda planta. Se sentó en la mesa mas apartada y a la vez la que mas limpia estaba y volvió a contemplar la carta con mirada ausente.
"Es urgente"
-Maldita sea y maldito sea él - Murmuró mientras reaccionaba.
Entonces abrio la carta con cuidado, poco a poco, y sacándola con delicadeza la leyó.

---

A Daganza Larka Winderth, mi hija:

Sé que te extrañará recibir una carta de mi procedencia tras tanto tiempo sin noticias mías, pero tengo algo importante que decirte. Las cosas en los cielos últimamente no han ido del todo bien y quería hablar contigo de alguna forma, siendo esta carta la única que pude hallar. Es posible que pronto muera, Daganza. Quería que lo supieras. Sea como fuere y sin querer darle importancia al por qué (Ya sabes cómo es nuestra vida, a todos nos toca algún día...) también quería contarte que todas mis posesiones, son ahora tuyas. Te digo ahora, hija mía, pues mientras lees esta carta, puede que yo ya no viva. Quiero que sigas adelante, como has estado haciendo hasta ahora sin saber de mi, como debes seguir haciendo pase lo que pase. Escondí mis posesiones en las escarpadas laderas de la montaña Roca Negra, pero debes tener cuidado si decides ir a buscarlas, pues las montañas, y en concreto esta, son muy traicioneras. Prométeme, aunque no pueda oirte, que tendrás mucho cuidado, hija mía.

Pase lo que pase, vaya donde vaya, siempre te querré.

Marvik Winderth.

---

-¿Qué...? -Susurro muy bajito, casi inaudible. Dio un fuerte golpe en la mesa que llamó la atención de la gente que allí se encontraba. Recogió sus bártulos, la carta, el ron y salio despacio, sin mirar a nadie, silenciosamente, como si ya no fuese ella, como si le faltase algo...


Desde un oscuro rincón de la taberna, dos figuras encapuchadas sonreían maliciosamente.

Capítulo 2Editar

Crestagrana. Noche fresca, despejada y llena de estrellas en la Villa. Las luces de todos los edificios brillan con el encanto que da un hogar acogedor mientras la gente va y viene. Algunos pescan, otros pasean, otros, discuten. Una pareja de enanos discute mientras quienes pasan a su lado quedan perplejos. No hay gritos, voces ni palabras altas.
-Vete...-Dijo el enano.
-No hacía falta echarme - Dijo la enana sin mirarle y caminó hacia el puente de piedra.

Un par de días después, en el mismo lugar, la enana, Larka se acercó a la pequeña posada de la Villa esperando no encontrarle pero con la certeza de que así sería. Y así fue, al entrar y vislumbrar el fondo del lugar le vió, pero para su suerte acompañado. Una elfa con aspecto cansado y ropas de viaje conversaba con él.
Fue hacia la barra, mirando al frente mientras se repetía mentalmente que no debía mirarle, que él no estaba allí. Pidió un ron, como de costumbre, y con el mismo pensamiento se sentó en una mesa lejana. Sabía que no podría convencerse de que no estaba allí y su ser le mandaba ir con él, pero se mantuvo firme y dio un trago a su ron.
-Esto es más difícil de lo que pensaba...- Murmuró.
Rebuscando en su mochila sacó un pequeño mapa de las Estepas Ardientes. Estaba algo roto y bastante pintarrajeado pero aun así se veía bien. Se quedó observándolo largo rato, tan largo que podría haberse olvidado del enano de no ser por la llegada de una joven. La recién llegada caminó por la posada hasta donde estaban el enano y la elfa. No pudo entonces sino que dirigir una fugaz mirada que bastó para volver a verle y sentir el amor-odio que la corroía cada vez que la imagen del enano pasaba por su mente.
Tomando la firme decisión de no mirar más, clavó su vista en el mapa y en las marcas que este tenía.
Una vez más, alguien llegó a la posada, esta vez era una joven elfa nocturna de cabello verde y ropas ligeras.
-¡Una enana! - Exclamó mientras se acercaba a Larka. - No había visto nunca a ninguna, creí que no existían.
Se puso enfrente de la enana mientras esta, levantó la mirada para bajarla al segundo.
- Y, ¿Qué hace una enana por aquí? - Dijo con un claro entusiasmo.
- Estoy ocupada... - Dijo en voz baja la enana.
La elfa se encogió de hombros y con una sonrisa se sentó en una de las mesas vacías. Larka suspiró e inconscientemente miró hacia la mesa del grupo del enano, pero para su sorpresa este ya no estaba. Se levantó entonces con intención de pedir un ron, mas cuando llegó a la barra cambió de idea.
- ¿Sabes? Ya no quiero ron. Pero te dejare pagadas las cervezas del cabezón del enano. - Dijo Larka al tabernero mientras este asentía.
-¿Pagando las borracheras de Gilfor? - Pregunto la elfa que había estado con el enano mientras que la humana que le acompañaba soltaba una risita.
Larka se dio la vuelta y las observo. La elfa se presento como Ailil Sombra Arcana, la recordaba vagamente de estancias anteriores en la Villa, del tiempo en que conoció al enano, pero era la primera vez que veía a la humana, que se presento como Tharel.
- Si, le pago las borracheras, pero él no las acepta. - Contesto secamente.
- Ah, mal de amores... - Dijo la joven con cierto aire ausente.
- Amores amores, ¿Quién quiere amor teniendo ron? - Dijo la enana mientras soltaba una carcajada.
-Gilfor es burdo y basto, ahuyenta a las mujeres. -Dijo Ailil mientras Tharel se reía levemente.
- ¡Pues a mí me gusta! - Exclamó la enana mientras se sonrojaba.
-Me retirare por ahora, estoy agotada. Hasta pronto. - Dijo Ailil para posteriormente inclinarse e irse.
- Bueno, mi pequeña amiga... Dijo Tharel
-Bueno, mi gigante amiga... - Contesto Larka con tono burlón.
- Iré a cuidar del caballo, volveremos a vernos. 
-¡ A más ver!
Tharel salió de la posada y Larka se quedo a solas con el tabernero.
- Y bueno... Lo de pagarle las cervezas.. Apúntamelo en la cuenta y cuando vuelva de mi viaje hablamos...
Sin esperar contestación del tabernero salió con paso lento y se sentó mirando al lago. Todo estaba tranquilo, había algún que otro joven sentado en la orilla contemplando el paisaje, el cielo, o haciendo manitas con sus respectivas parejas.
- ¡¡¡Enana!!!
Levantándose de un salto, miro hacia los lados y detrás suyo encontró a la elfa nocturna que le había estado molestando. Con una gran sonrisa observaba a Larka mientras que se acercaba más y más.
- ¡¿Por los dioses, que pasa?! - Exclamó la enana a la vez que se apartaba de ella.
-¡Hola!
- Si si, hola... - Le contesto mientas la miraba con desconcierto y algo de miedo.

La elfa se sentó frente a la enana, aun con esa gran sonrisa y después de un rato dijo: - Enano ¿eh?
- ¿Qué?
- ¡Eso, que te gusta el enano! - Exclamó muy alto a la vez que acercaba su cabeza a la de la enana.
- Si, ¿Y? ¿Tienes algún problema? 
La elfa negó enérgicamente con la cabeza, empezaba a resultarle irritante, tanto como los gnomos.
- ¿No tienes que ir a un bosque o algo?
- No, ¡Estoy viendo una enana! – Dijo entusiasmada mientras sonreía aun más.- Lo creas o no, es algo que no se ve todos los días. ¡Y menos si está enamorada!
- No lo estoy, ¡Solo estoy enamorada de mis inventos! 
Larka que nunca se enfadaba, empezó a hacerlo.
- No mientas, vi tus ojos, brillaban como solo el amor puede hacerlos brillar. – Dijo la elfa, adoptando una actitud más seria y soñadora. – Pero a la vez, tienen un toque de tristeza que los apaga.
- Si bueno, estoy trabajando en un trabuco que dispare cucharas. – Le contestó cambiando radicalmente de tema con la esperanza de que lo dejase ya. – ¿Te interesaría invertir en él?
- ¿Trabu… qué? – Pregunto la elfa desconcertada. - Te estoy hablando de algo tan bonito como el amor ¿Y me hablas de armas?
Larka soltó una carcajada mientras miraba a la elfa.
- Si no quieres, también fabrico cortazanahorias, pero ese ya esta patentado.
- ¡Ve a por el enano y lánzate a sus brazos!
- ¡Por todos los malditos cielos!, ¿Quieres callarte ya? ¡Te van a oír!
- ¿Y? Algo tan bonito como el amor hay que gritarlo a los cuatro vientos.
La elfa se levanto y alzando los brazos gritó:
- ¡Amor! ¡Lo más bonito y así lo digo!
Larka, ya cansada de la elfa y sus comentarios llevó la mano a la empuñadura de una de sus espadas.
- Cállate, maldita sea… ¡Cállate!
- Lo hare si me prometes que acabareis juntos. – Le contestó mientras se arrodillaba frente a ella.
- Tú estás loca, grillada, chalada… ¡Ida totalmente! – Dijo Larka mientras apretaba con fuerza la empuñadura. – Mira, te regalo el cortazanahorias de D.L.W., pero deja al enano.
Entonces apareció un hombre montado a caballo, vestía bien, con ropas caras. Iba a paso lento, mirando a los lados.
- Buenas noches. – Mientras se inclinaba desde el caballo y proseguía con su camino.
- ¡Eh! ¡Espere! – Exclamo la elfa a la vez que se levantaba de un salto. - ¿Conoce al enano?
- ¿Cuál de ellos?
- Cállate… - Le dijo Larka a la elfa con calma.
- Uno muy arisco. – Contesto la elfa sonriente. – Así, como feo…
- ¿Gilfor? – Dijo el hombre mientras soltaba una leve risilla. - ¿Qué le ocurre?
- Cállate… - Repitió la enana. Esta vez mas secamente.
- Nada, es que tiene cervezas pagadas. – Contesto la elfa mientras cruzaba los brazos por la espalda. –Si se lo podría decir…
Larka suspiró aliviada. Se relajó y soltó la empuñadura.
-¿Puedo hacer algo mas por ustedes? – Preguntó el hombre.
-Sí, si le ve, dígale también…
-¡No! – Grito la enana interrumpiéndola.
La elfa haciendo caso omiso del grito de la enana.
- El amor es lo más importante. – Dijo mientras se giraba y sacaba la lengua a Larka
- Maldita sea… - Murmuro la enana.
Frunciendo el ceño, con cara de confusión el hombre asintió y prosiguió con su camino. Larka se giro y pateo con fuerza un barril que tenía a su lado.
-¿Qué pasa enana? – Dijo la elfa con tono burlón.
- Eres realmente estúpida… - Respondió la enana sin mirarla mientras daba otra patada al barril que salía rodando.
Larka dio la vuelta y se puso en dirección a la posada. Ahora había más gente, debieron entrar mientras discutía con la elfa. La chimenea estaba encendida y el calor era bastante insoportable.
- ¿Está segura de querer darle el mensaje?
Era el hombre de antes, frente a ella.
- Haga lo que quiera, pero no le hable de mí. – Contesto la enana mirando a la chimenea. –Por favor….
- Gilfor trabaja en la guardia de mi finca. – Dijo el hombre esperando una mirada de la enana.
- ¿Sabe? – Aun sin mirarle.- Tiene un gran enano trabajando. Trátelo bien.
- Así lo hare. – Asintiendo. – Suerte, my lady. El amor tarde o temprano triunfa.
El hombre marcho sin decir nada más y Larka se quedó sola, mirando cómo bailaban las llamas. Perdió la noción del tiempo y cuando decidió que era hora de marchar despego su vista de fuego. Una mujer joven la observaba.

-Buenas noches. –Dijo la joven mientras se inclinaba. - Inclinarse es malo para la espalda señorita. – Contesto la enana sonriendo.
- Soy joven, no creo que me haga mucho daño.
- Ah, ah, ah, ah, el que avisa no es traidor. ¿Quiere que le invite a algo?
- No gracias. ¿Qué trae por aquí a una enana?
- Un viaje, y el enano. –Al decir eso último volvió a apartar la mirada.
- Con permiso, vuelvo a casa. A padre no le gusta que ande por ahí mucho tiempo.
- Si, bien…- Dijo la enana mientras se inclinaba.
- Es malo para la espalda inclinarse, dama – Y salió por la puerta de la posada.
Larka no pudo más que sonreír ante tal comentario. Al menos, la noche no había acabado tan mal. Subió a su cuarto, estaba casi vacío. Recogió sus escasas pertenencias y bajó por las escaleras. No había entrado nadie más.
- Mejor… -Susurró mientras miraba detalladamente el sitio.

Salió de la posada, en la calle no había nadie, normal a esas horas. Las luces de las casas estaban apagadas casi totalmente. Hacia frio y algo de viento. Miró hacia el cielo, luego a un lado y luego al otro. Suspiro y se puso en camino hacia la parte trasera donde tenía aparcada a Singular, su máquina voladora. Era una maquina, como su propio nombre indica, singular. Un cúmulo de chatarra oxidada y vieja pero llena de botones y lucecitas. Colocó sus bártulos, subió y arrancó lentamente.
Desde las alturas contempló por lo que seguramente fuese la ultima vez la pequeña villa. Ya no tenía nada que hacer allí.

Capítulo 3Editar

Habían pasado unos días desde que Larka paritió de la villa, días aburridos y solitarios. La Vigilia de Morgan estaba tranquila, serena. Empezaba anochecer y los habitantes del campamento se dedicaban a sus quehaceres diarios sin prestar mucha atención a su alrededor.
Cuando llegó al campamento nadie se sorprendió ni dijo nada. Aparcó a Singular en la parte trasera sin hacer ruido y se instaló en una de las pequeñas casas, si es que aun se les puede llamar así, en ruinas, polvorienta y oscurecida por las cenizas. Ciertamente no era el lugar más cómodo en el que había estado pero le valdría temporalmente y no molestaba a nadie. 
- Esto es más aburrido de lo que yo creía… - Musitó mientras observaba las ruinas.
Se sentó en el sucio suelo cerca de una caja y coloco el pequeño mapa de la zona sobre ella junto a la carta de su padre. El mapa no era muy detallado, cuatro cosas importantes y nada más pero le serviría para guiarse.
- Quizás si voy por aquí, o mejor por allí… - Susurro mientras giraba el mapa en todos los sentidos. – Esta zona no me gusta nada.
Miro hacia el cielo, ya era tarde, y acomodándose como pudo entre ruinas y cenizas se durmió.
- ¡Huye! ¡Márchate de aquí antes de que sea tarde! Este lugar…. ¡Fuera!
Larka se despertó sobresaltada y se dio un coscorrón con una viga de madera. Mientras se frotaba la cabeza vio al anciano de pelo gris y ropas rasgadas de tela que le había gritado, le miraba fijamente pero sin mirarla realmente. Este se fue despacio, andando hacia atrás mientras la señalaba.
- ¡Pero usted está loco! ¡¿Qué le pasa?! –Dijo mientras se intentaba levantar de un salto dándose otro golpe. - ¡Ay!
Para cuando volvió a mirar hacia la puerta el hombre ya no estaba. La verdad es que no le sonaba de haberle visto el día anterior, pero tampoco se fijo en los distraídos lugareños.
Estaba amaneciendo, o eso parecía porque el rojizo cielo no facilitaba la visión. Recogió los trastos que había desperdigado por la casucha y sacudiéndose el polvo salió de ella. Había un par de hombres, quizás tres, junto a una pequeña hoguera, en silencio.
- Esta gente es realmente extraña. –Dijo para sí misma y suspirando se puso en dirección a Singular.
Singular seguía allí, quieta, pero con una capa de polvo y ceniza que se había acumulado a pesar de llevar allí solo una noche. Sacando un pequeño y sucio trapo de una de las mochilas que llevaba atadas a Singular la froto bien fuerte para quitarle esa suciedad. No le costó mucho esfuerzo y sonrió mientras miraba lo brillante que estaba su máquina. Colocó todo en su sitio y se sentó acomodándose en Singular. Apoyo las manos en el volante, dio a un par de botones y…
- ¡¿Qué?! 
Grito tan alto que debió escucharle todo el campamento pero nadie dio señas de haberlo hecho. 
- Maldita sea, ¿Cómo demonios no va haber combustible?, ¡¿Cómo?! - Se bajó de Singular y la observó detenidamente. – ¿Se puede saber a qué te has dedicado esta noche pedazo de chatarra? ¿Cómo quieres que vayamos hasta allí arriba? – Dijo señalando el cielo.
Dio media vuelta y marchó hacia los hombres que vegetaban junto al fuego. Estaban completamente en su mundo, mirando las llamas. Larka carraspeó pero o no se enteraron o pasaron de ella.
- ¡Hola! ¿Alguno de ustedes, seria taaaaan amable de decirme dónde puedo encontrar combustible en estas horribles tierras? – Dijo con una sonrisa mientras les miraba, aunque estos a ella no. – He dicho, que si saben dónde encontrar combustible, c-o-m-b-u-s-t-i-b-l-e.
Los hombres seguían ignorándola así que resoplando se dirigió hacia Singular de nuevo y cogió algunas de sus pertenencias.
-Volveré pronto, más te vale que te cuides bien tu solita.
Lanzándole un beso giró sobre sus talones y se puso en marcha hacia la puerta de la Vigilia de Morgan. Una mano se posó en su hombro.
- Quizás, en otro asentamiento, hacia el este… 
Lo dijo un elfo con el rostro muy serio que no la miró en ningún momento y apartando la mano de su hombro señaló al horizonte. La enana le miró sorprendida y le dio las gracias, el elfo hizo una pequeña aunque elegante reverencia y volvió a su tienda.
-Hacia el este, hacia el este, en mi mapa no pone nada de ningún campamento en el este… 
Llevaba ya un rato andando por el viejo camino semienterrado y no había visto mas que rocas, montañas y algún que otro lobo en la lejanía. Estaba cansada, no acostumbraba andar mucho y menos por zonas de ese tipo. Se sentó en una gran roca a la izquierda del camino y sacando su petaca de ron dio un trago. 

-Que sitio tan horrible… - Dijo en voz alta. - Lo es, ¿Verdad Daga?
Era una pequeña goblin la que hablaba desde abajo. Tenía el pelo corto de un marrón brillante e iba vestida de lila marcando su esbelta aunque pequeña figura.
- ¿Qué? – Dijo Larka mientras la miraba, no esperaba encontrarse a nadie en medio de ninguna parte y le resulto muy extraño. - ¿Quién es?
- ¿Ya no te acuerdas de mí? Si tampoco hace tanto desde la última vez que nos vimos, que fue… Cuando murió Yeirrek ¿Verdad? – Dijo con una amplia sonrisa en sus labios mientras miraba a la enana.
- Yeirrek… ¿Gauwina? Pero, ¿que estas haciendo aquí? – Le dijo Larka sorprendida. – Pensé que estabas en otro dirigible.
- Si bueno, así es, en parte, pero ahora no necesitan de mis servicios en él y, nada, aquí estoy ¿eh?
- Me alegro de que trabajes pero no me has contestado. ¿Qué haces aq..?
- Te vi a lo lejos, ya sabes que tengo muy buena vista, en realidad solo vi una figura, y pensé que era algún moribundo, pero, ¡Mira a quien me encuentro! A la perdida Daganza. – Dijo interrumpiéndola. - Tengo una pequeña tienda aquí cerca, ¿Y si vamos allí?
- Sí , bueno, supongo, pero yo tengo que ir a un sitio y…
- ¡Tonterías! – Dijo interrumpiéndola de nuevo.
Gauwina subió ágilmente a la roca y cogió del brazo a Larka. Esta aún extrañada por el encuentro se dejo arrastrar y acabo de camino hacia la tienda de la goblin. No tardaron mucho en llegar pero a la enana se le hizo el camino eterno debido al parloteo constante de la goblin, hablaba y hablaba pero no le decía que hacía en esos lares.
- Bien, aquí estamos, ¿quieres comer algo, bebida, ron? Ron, seguro ¿verdad? – Preguntó mientras entraba en la tienda sin dejar tiempo a Larka para contestar.
- Yo, no gracias. Pero de verdad, tengo que irme, tengo que encontrar combustible para Singular… - Le dijo sonriendo.
- Singular… ¿Aún funciona ese viejo trasto? Pero mira, es tu día de suerte, si te quedas conmigo puedo darte algo de combustible ¿eh? – Dijo en voz alta desde el interior de la tienda.
Era una tienda lo bastante grande como para tres o cuatro personas, fuera tenía unas cuantas cajas y mochilas y a la izquierda había un gran bulto tapado con una tela blanca. Larka se dirigió hacia él y dio un tirón a la tela, realmente no fue una sorpresa lo que encontró. Una maquina voladora, más nueva, brillante y quizás más potente que Singular se erguía ante ella. Gauwina salía en ese momento de la tienda con un par de vasos que coloco sobre una caja.
- ¿Te gusta? La cree yo… - Comentó señalándose a sí misma.
- ¿Ahora vuelas sola? – Sin apartar la mirada de la maquina.- Y que sepas, Singular no es ningún trasto…
- Si bueno, claro, ¡Ven, siéntate! Cuéntame que te ha traído a estos parajes ¿no?
La goblin se sentó en el suelo cruzando las piernas frente a la caja y cogió uno de los vasos. Larka aun confusa fue junto a ella y se sentó.
- Dime, dime. – Le dijo mientras esbozaba una sonrisa.
- Pues nada Gau, te acuerdas de mi padre Marvik ¿Cierto? Pues resulta que murió. – La goblin se puso seria. - Y nada, he venido porque su última voluntad fue que así lo hiciera, pero Singular me ha dejado tirada y no puedo subir a las montañas.
- ¿Y vienes tu sola? ¿Sabes que es peligroso? Pero aquí estoy yo para acompañarte, si quieres, claro está. – Volvía a sonreír y la miraba fijamente. 
- No sé, es entre mi padre y yo… - Le dijo bajando la vista. – No creo que…
- Si no me dejas acompañarte como en los viejos tiempos, no tendrás tu combustible. – Dijo Gauwina interrumpiéndola burlonamente.
- Está bien, pero al interior solo iré yo. – Le contestó secamente.
- Claro, claro.
Gauwina se puso en pie y tras recoger su campamento un poco se dispuso a cargar un par de pequeños barriles de combustible, mientras, Larka se perdía entre sus recuerdos, tiempos pasados que había pasado en el dirigible, donde había entablado amistad con la goblin entre otras personas. Gauwina siempre había estado muy alejada de la tripulación, de hecho era la encargada de avistar en las alturas mientras que los demás estaban en la cubierta. Era una goblin muy habladora y siempre estaba perfectamente arreglada, igual que ahora, en medio de una tierra llena de pedruscos y lava, su belleza y elegancia hacia acto de presencia. No había vivido muchas aventuras con ella, pero bueno, era conocida y había sido la única que le dio apoyo tras la muerte del Capitan Yeirrek. 
-¿Nos vamos? – Pregunto Gauwina.
-Sí, claro. – Contesto Larka con una sonrisa de felicidad, al final su problema se había solucionado.
Gauwina monto en la maquina dejándole espacio a Larka, que se monto de un salto detrás de ella. La goblin arrancó y salieron a toda velocidad hacia Vigilia.
El campamento de la goblin quedo solo, pero recogido, tanto que parecía abandonado. Larka sonrió para sí misma, la máquina de Gauwina no era más rápida que singular por mucho que fuese más bonita.

Capítulo 4Editar

Habían pasado unos dias desde que Larka y Gauwina se encontraron y se pusieron en marcha para recuperar a Singular. Viajaron hasta la Vigilia de Morgan sin ningún problema y una vez estuvo a punto la maquina de la enana, pusieron rumbo hacia la gran montaña, pero era un viaje largo y cansado debido al calor que procesaban esas tierras. Decidieron parar en el asentamiento a mitad del camino entre la montaña y la Vigilia. Era un lugar espacioso y acogedor. Los enanos Hierro Negro que vivian alli eran bastante hospitalarios y no tuvieron ningun inconveniente en que la pareja de aventureras se estableciese durante unos días hasta tenerlo todo a punto.
- Debería volver a recoger mi campamento antes de que nadie se lo apropie. - Dijo Gauwina esbozando una mueca de preocupación.
- Si... Claro... Pero no tardes... -Contesto la enana sin mirarla.

Gauwina marchó hacia su máquina en la parte trasera del campamento mientras Larka miraba distraida la hoguera del centro del poblado. Era bastante alta y chisporroteante y daba calor, mucho calor, La enana se durmió mirandola y se desperto horas mas tarde. Ya había anochecido y desperezandose se levantó en busca de la goblin, dio una vuelta entera al campamento pero no había rastro de ella asi que regresó junto a la hoguera y se sentó a observarla de nuevo.

- Buenas... 

Era un enano el que hablaba. No recordaba su nombre pero le había visto antes en la Villa del Lago. Se había dirigido lentamente hacia uno de los bancos cerca de Larka sin que ella se diese cuenta. La enana le miró de reojo.

- ¡Hola!
- La prometida de Gilfor, ¿Cierto? - Le pregunto el enano mientras la miraba.
- ¿Qué? - Preguntó la enana sorpendida y le miró fijamente.

El enano nego levemente sonriendo.Despues de un rato dijo:

- Gilfor y yo luchamos juntos.
- ¿Sabe si está bien?
- Aquí estamos asentados el Conclave de Piedra,. - Contesto ignorando la pregunta de la enana.- que sorpresa verla aquí.
- Hay mucha gente por aquí ultimamente.- Larka sacó su petaca y le dio un largo trago. - Ofrecería, pero es ron y no tiene cara de que le guste.
- Gracias, pero estoy servido. - Le contesto el enano sonriendo. - Y, ¿Qué haceis por aquí?
- Pues nada, de viajecito por las montañas.
- Que coincidencia pues...

La conversación se alargó bastante pero finalmente el enano la miro detenidamente y se retiró a sus que haceres. Larka volvió a quedarse sola frente al fuego que desprendía un calor horrible.

- Prometida de Gilfor... - Susurró mientras negaba con la cabeza.

Pasaron aún más horas hasta que se escuchó un leve ruido y la maquina de Gauwina fue descendiendo lentamente hasta posarse en el suelo junto a Singular, tras las tiendas del campamento. Se acerco a la enana bostezando.

- Pues ya está. Pero yo me voy a dormir que estoy muerta, y tu deberias hacer lo mismo señorita ausente. - Dijo la goblin mientras la miraba con una cara entre felicidad y sueño.
- Supongo que sí Gauwina, supongo que sí. Hoy me intentaron casar...
- ¿Y eso?
- No quieras saberlo.

Se despertaron la mañana siguiente no muy pronto y recogieron todos sus trastos. Compraron bastantes provisiones ya que el trabajo que les esperaba iba a ser largo y marcharon. Iban con una velocidad lenta y haciendo mas ruido del que querían. A casi el anochecer llegaron a la montaña y buscaron una explanada lo suficientemente grande para dejar las maquinas y poder descansar. Encontraron una hacia la mitad de la montaña. Entraban bastante justas, pero entraban las cuatro. - Pues ya estamos aquí Daga... ¿Y ahora que se supone que tenemos que hacer?
- Buscar.
- ¿Pero buscar que y donde? - Pregunto la goblin desconcertada.
- Pues, un cofre, una cueva, un algo... Ya sabes que mi padre es muy especial.
- Si, claro... Pero eso nos llevará mucho tiempo. ¿No te dijo donde está?
- Esta por aqui en alguna parte Gauwina, pero si no quieres buscar te puedes ir. Me las puedo apañar muy bien sola.
- No, no. Ya que estoy aqui... Yo me voy a dormir, que luego me salen arrugas.

Gauwina sacó unas mantas y se tumbó cerca de su máquina tapándose bien. Larka se quedó sentada y sacó la carta de su padre para releerla. No daba ningún detalle. La enana se iba desesperando poco a poco. Seguramente no encontraría lo que su padre guardaba o tardaría mucho. La montaña era demasiado grande para buscar entre dos personas sin perderse o sufrir algún accidente. Demasiada altura y demasiada lava cerca.


Pasaron unos días dando vueltas por la montaña, de abajo arriba, y solo vieron rocas y rocas y mas rocas. Iban en pareja, iban separadas y nada.
- Deberíamos dejarlo, ¿no Daga? Aquí no hay nada.
- Seguro que lo hay, seguro. Te puedes quedar aquí, ya seguiré buscando yo sola.
- Pues si. Te esperaré, te esperaré...

La enana se dio media vuelta y subió en Singular. La maquina estaba muy sucia y parecia muy vieja pero aun funcionaba a las mil maravillas. Arrancó sin hacer mucho ruido y miró una ultima vez a la goblin que estaba sentada junto a una pequeña hoguera comiendo. Subió hasta casi la cima de la montaña y pegandose a ella, fue descenciendo muy lentamente en circulos, fijandose en cada detalle, en cada roca. Siguió bajando y buscando, hasta que, vio una gran roca redonda. Era demasiado redonda y pulida como para ser una roca natural. Aterrizo cerca de ella mientras sonreía. Por fin habia encontrado algo, que sin duda era de su padre.
- Pero desde luego, padre, como quieres que mueva semejeante piedra...

Se acerco a ella hasta tocarla, se puso a su izquierda, cojio aire y empujó con todas sus fuerzas. La roca salió rodando.

- En serio padre, ¿Tú crees que esto es seguridad?


Tras la roca se escondía una pequeña cueva, que estaba demasiado oscura para ver nada. Larka se dirigió a Singular y rebuscó en sus bolsas en busca de algo con lo que hacer fuego. Cuando por fin lo tuvo, se apresuró a encenderlo. Fue con paso rápido y decidido hacia la entrada del agujero y asomó su antorcha improvisada.

- Que demonios.... ¡Padre!

La enana no podia creer lo que veia. Cuadros y cuadros y mas cuadros de su difunto padre, de mil y una poses, colores...

-¿Esto es mi herencia? ¿Esto es tu tesoro? Ya te vas a enterar cuando te coja... - Gritaba hacia el techo de la cueva.

Larka se adentro aún mas a la pequeña cueva, solo había retratos. Pero en el fondo, apoyado en el medio, sobre otros, habia un retrato que no era de su padre. Era de ella, cuando era mas pequeña. Una niña enana rubia de pelo rizado sonriente.

- ¡Ja! No padre, por que tengas uno mio no te voy a perdonar.
- Ni yo tampoco... Ni yo tampoco...

La enfadada enana se giro al escuchar esa voz. Tres goblins cerraban el paso hacia el exterior. Confusa dio un paso hacia atras.

-¿Qué?¿Quién?
- ¿No te alegras de verme pequeña Daganza? Tu padre tampoco se alegró de verme la ultima vez... - Dijo el goblin del medio, con un tono bastante burlón mientras daba unos cortos pasos hacia la enana dejándose ver mejor.
- ¡Tu! ¡Tekror! ¿Qué le has hecho a mi padre? - Preguntó mientas se ponía a la defensiva.
- Matarle. - El goblin solto una larga y horrible carcajada. - No creerías que no me iba a vengar de vosotros dos por lo que me hicisteis. ¡Lo que le hicisteis a mi brazo!

El goblin se acercó más a ella y alzó un espantoso y enorme brazo mecánico. Los goblins que le acompañaron retrocedieron un poco y dejaron pasar a una de sus congéneres, Gauwina.

- Pero... ¿Gauwina? Tú...? - Pregunto la enana, en voz baja pero lo suficiente alto como para que todos la oyesen.
- ¿Yo? No creerias que todo se iba a quedar así despues de hacerle eso a mi querido. No era suficiente lo que le hice a Yeirrek para vengarnos de vosotros, patéticos enanos.
- ¿Tú le mataste?¿Tú mataste a Yeirrek? Nosotros confiabamos en ti... 
- ¿Qué mas te da? Ahora podrás reunirte con él en el abismo. 

Los dos goblin que les acompañaban se dirigieron a la enana sin que a esta le diese tiempo a reaccionar y la sujetaron por los brazos. La enana se retorció intentando librarse de ellos, pero eran demasiado fuertes. Tekror y Gauwina se acercaron a ella, el goblin delante y su compañera detrás.
- Mira a la cara del hombre que va a acabar con tu miserable vida, estúpida enana.

Era Gauwina la que hablaba mientras le tiraba con fuerza de las trenzas para levantarle la cabeza con una mano y con la otra le ponia una daga en el cuello. Tekror tenia una mueca de felicidad, por fin acabaría con los enanos que le mutilaron y se rieron de él.

- Daganza Larka Winderth, hija de Marvik Winderth, triuplantes de la arrasada Bomba Ambulante. En este dia acabo con vosotros, con todos vosotros. - Al acabar de decir esto, Tekror volvio a reirse.

La enana le miró. El goblin a ella y seguidamente alzo el puño sano y le dio un puñetazo. La enana intento bajar la cabeza por el dolor pero Gauwina le volvio a dar un tirón para levantársela mientras le hacía un corte poco profundo, de aviso. El goblin repitió la acción y esta vez la continuó con una patada en el estomago de la enana. Tekror hizo un gesto con la cabeza y los goblin la soltaron. Larka se encogió sobre si misma.
- ¿Ya no aguantas más? ¡Si aún no emos empezado!

El goblin la agarro de la pechera y la tiro con fuerza hacia una de las paredes de la cueva. La enana vio sangre, suya seguro, pero no acertaba a saber de donde venia. El goblin se acercó a ella dándole una nueva patada para seguidamente arrastrarla por el suelo hasta el centro de la cueva. Tenia que salir de allí. Tenía que librarse de ellos. Los goblin que le acompañaban estaban bastante distraidos pero Gauwina y Tekror no. Tenía que ser rapida y lo conseguiría, o al menos moriria intentando salvarse y no apaleada en el suelo. 
- Y ahora, enana, es cuando lamentarás haberme cortado el brazo. - Dijo Tekror mientras alzaba el brazo metalico para pegarla.

Larka hizo acopio de todas sus fuerzas y justo cuando el brazo iba a caer sobre ella se aparto rodando por el suelo, cojió un puñado de tierra y se lo echo al goblin a los ojos mientras se levantaba, este gritó y se llevó la mano sana a la cara, mientras que, Gauwina, con rapidez, le lanzo la daga que se clavo en la pierna de la enana. La enana se estremeció pero corrió hacia la salida. Los goblin de la entrada reaccionaron tarde y Larka corrio. Con un último esfuerzo saltó a Singular y arranco.

- ¡Matadla! - Grito Tekror.

Gauwina se subio en su maquina rapidamente, seguida de los otros goblins y se pusieron en persecucion de la enana. Larka lo veia todo borroso y no sabia que direccion habia puesto. Los goblin desde sus maquinas comenzaron a disparar. Una bala le alcanzo el brazo y la enana solto un grito de dolor. Siguieron disparando, sin alcanzarla hasta que lo consiguieron, pero esta vez dieron al deposito de Singular. La maquina empezo a soltar más humo que normalmente y a hacer ruidos muy raros. Larka giró la cabeza, le seguían muy de cerca. Volvió a mirar al frente y cogio los mandos intentando que singular funcionase bien y no se estrellara, pero, dos balas le alcanzaron en el hombro. La maquina daba espasmos y la enana se golpeó perdiendo el conocimiento. Singular se acercaba rapidamente a otra montaña callendo en picado dejando tras de si una espesa nueve de humo. El dispositivo de seguridad saltó y el asiento de singular salio de la maquina mientras abria un pequeño paracaidas. La maquina siguio cayendo en una direccion mientras que la enana caia en otra, sin enterarse de nada.

Se escucho una explosión y mucho mas humo.

- Su patética maquina se ha encargado de acabar con ella... Qué pena...

Los goblin dieron la vuelta riendose. La enana cayó entre unas grandes rocas de la montaña, aun sin conocimiento y dejando un charco de sangre.

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