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Diario de batalla

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Relato escrito por Reinhold. Hilo original aquí.



Día 1. (Lunes 27/10/14)Editar

El contingente de batalla se divide en dos grupos. Nuestra misión es defender el campamento, ocupando las dos líneas defensivas con los cañones de la Séptima Flota. Mi unidad ocupa la línea izquierda tras el aviso con bengala.

Aguantamos las primeras cargas de los exploradores orcos y las explosiones de sus bombas, pasando al ataque en el frente. Conseguimos reducir el número de efectivos enemigos y nos replegamos a la línea. La táctica de los orcos son brutales, siempre pensando en grande: nos envían bolas de hierro que aterrizan frente a nosotros, y de ellas salen más y más orcos, que se organizan en formación. A la espalda de estos, dos ogros enormes con bombas adosadas. No podemos dejar que lleguen a nuestra línea defensiva, de modo que salimos a combatirlos.

La formación es muy cerrada, tardamos un poco en eliminarlos por completo. Además, en algún momento de la batalla, la formación se abre y sale un Comandante orco. Logran debilitarlo entre 5, y se encarga de rematarlo el soldado "Hojalata". Cuando este muere, grita <Flecha Rota>. Me tuvo confuso un rato, pero después se evidenció lo que pretendía: iban a bombardear nuestra posición.

El otro grupo se ha visto sobrepasado y se han retirado, no nos queda otra que retirarnos también. No obstante, la lucha contra los ogros se hace larga y pesada. La soldado "Rubia" y "Calvo" se ven en problemas (el combate contra los ogros resulta lento, y las bombas ya están encima suya) , por lo que intentan rescatarlos el soldado "Hojalata" y el chaval, creo que se llama Abraham. Abraham consigue llevarse a "Calvo", pero "Hojalata" se ve en apuros. Consigue cargar a cuestas con su compañera mientras las bombas caen sobre ellos. Un acto heroico, le recomendaré para que sea condecorado.

Heridos: 6
Desaparecidos en combate: 6, poco a poco van regresando. Un buen soldado sabe como volver a casa.

Día 2. (Martes 28/10/14)Editar

A mi unidad nos encargan la misión de infiltrarnos en el campamento cercano de la Horda de Hierro, y manipular su maquinaria de asedio. Es un plan muy precipitado, debido a la cantidad de heridos del día anterior. Pero, al parecer, contaremos con la ayuda de un encantamiento mágico de invisibilidad, proporcionado por los Altonato.

Partimos hacia nuestro objetivo, con sigilo e invisibilidad hasta llegar a la cima de una colina cercana, donde podemos observar el campamento enemigo. Se caen de bruces el soldado "Pelazo" y uno de los druidas, pero no llaman la atención, aunque se habrán dejado algún diente por la pendiente (a estas alturas, el encantamiento de invisibilidad ya había fallado, dejándonos sin esta ventaja, y yendo "a pelo") . No disponemos de explosivos suficientes para detonarlos en la maquinaria de asedio, así que los usamos para crear una distracción. "Pelazo", Wolf, Inaisha y Dargwen se aventuran hacia un edificio bastante consumido por la guerra, y consiguen echarlo a abajo, atrayendo la atención de los orcos. Mala suerte para Wolf e Inaisha, pues la mecha era demasiado corta y no pudieron escapar a tiempo, por lo que se les cae encima, quedando atrapados.

Aprovechamos la situación para intentar manipular las máquinas. Me cubren Dargwen y Dannasta, druida y centinela, respectivamente. Su funcionamiento interno es demasiado complicado, lo intento mil y una veces pero lo único que me llevo es un chorro de gas incendiario que asalta mi cara, y me deja inconsciente. A partir de aquí, el diario se basa en la información que me dieron posteriormente:

Wolf e Inaisha consiguen salir del edificio después de habérselas visto con un par de orcos entrometidos, ayudados por Dargwen y Dannasta. El campamento se alarma, nos retiramos Dannasta y yo (al parecer me cargaba a hombros un tal Evetharion). El resto consigue salir del campamento con la estela de las balas y las bombas. Wolf es abatido (cae inconsciente por el golpe de un explorador) y Abraham (que hizo acto de aparición, para ayudar en la retirada) cae desde una altura considerable, ya que al parecer Inaisha lo mandó por los aires en una medida desesperada de huida.

Conclusión de la misión: ninguna máquina de asedio destruida, y dos heridos. La próxima vez será.

Día 3. (Miércoles 29/10/14)Editar

Al principio parecía un día tranquilo, pero gracias a la soldado Dargwen no lo fue. Ella hizo que mi cabeza hiciera clic, para elaborar un plan que determinaría el curso de las siguientes batallas. Nethergarde.

Por mi cuenta, cogí un bote y me desplacé hasta el campamento avanzado de la Alianza. Detallando mi plan a los oficiales, nos brindaron la ayuda de dos unidades de marinos de Ventormenta, 40 valientes en total. Tras esperar un rato, acudieron a mi llamada los habituales, los soldados con más arrestos que puede haber en estas tierras. El plan era el siguiente:

Nos dividiríamos en dos grupos: el primer grupo junto con uno de los regimientos lanzaría una ofensiva contra Nethergarde, ocupada actualmente por la Horda de Hierro. Combatiríamos dentro de sus muros para captar la atención de los orcos del campamento donde se encuentran las máquinas de asedio. Aguantaríamos lo máximo posible y nos retiraríamos.

El segundo grupo, junto con el otro regimiento, se adentraría a modo de infiltración en la gruta subterránea que hay en tal campamento, y que ocupa el subsuelo de Nethergarde. Los 20 marinos crearían una distracción secundaria, lanzando un ataque frontal. El objetivo era destruir los recursos y munición que la Horda guarda dentro de la gruta.

El primer grupo lo dirijo yo, junto con "Guaperas", "Maciza", Darby, "Calvo" y "Capuchas", además de los 20 marinos. Avanzamos de forma implacable, captando la atención y obligando a que envíen refuerzos a Nethergarde. Montamos una línea defensiva, disparando con ballesta, contrarrestando las cargas de los orcos. Todo en orden, hasta que aparecen tiradores y manipuladores ígneos; rompen nuestra línea y nos desperdigan por los alrededores de la entrada izquierda. Los orcos cargan de nuevo, el frente de batalla está roto y un teniente aparece, mandando órdenes. Yo consigo recorrer toda la batalla hasta llegar hacia él y hundir mis espadas en su pecho. Esto hace que el resto de enemigos retrocedan hacia el centro de la fortaleza, y se escondan tras el muro más cercano.

Nos adentramos y sale por la herrería un orco descomunal. Repleto de placas negras, con un lanzallamas exageradamente grande. "Calvo" le dispara y la bala rebota, los marinos (ahora más mermados en número) disparan, poco daño le hacen. "Capuchas" lanza un martillo sagrado que aturde al enemigo y lo tira al suelo. Aprovechamos la situación y nos enseñamos con él. Disparan a sus bombonas de combustible, estos orcos son muy avispados. Darby queda gravemente herido, y es el momento de retirarnos. Los marinos se sacrifican y nos dan el tiempo suficiente, pero "Calvo", empecinado en venir, tenía el tobillo en mal estado, y es capturado por los orcos. El resto, nos vamos.

Todavía me tienen que dar detalles sobre la misión del segundo grupo, pero al parecer, les fue muy bien. Tuvieron complicaciones en la retirada, pero los suministros y municiones saltaron por los aires. Ahora tenemos la balanza a favor, la Horda de Hierro se ha quedado sin munición en este sector. Es la hora de pasar al ataque.

Y de forma sorprendente, "Calvo" volvió prácticamente ileso de su cautiverio, y con dos cabezas de orcos en una bolsa. No me cabe duda de que le condecoraré yo mismo si hace falta, ha hecho algo impensable. No debe ser una persona normal, sospecho que sea del IV:7.

Conclusión:
-Distracción conseguida mediante un ataque a Nethergarde y un ataque frontal al campamento orco.
-Suministros y munición de asedio destruidos.
-Heridos: 1, bajas: aproximadamente 40.
-Balance de la guerra: pasamos de la defensiva a ofensiva.

Día 4. (Domingo 02/11/14)Editar

El día esperado llegó. El día en que dejaríamos de defendernos, para volver a atacarlos. Todos reunidos en la cubierta del navío, recibiendo el discurso de un draenei con un gran corazón, arengando a los soldados a luchar. Antes de coger los botes y partir no hay rastro de duda en sus miradas: lucharán.

El plan constaba de tres partes: el primer grupo lanzaría un ataque frontal contra las barricadas exteriores, luchando en el propio campo de batalla, para abrir un frente. Un segundo grupo lanzaría un ataque sobre las fuerzas reservistas del campamento de la Marcha de Hierro, abriendo un segundo frente. Con dos batallas en una, la caballería se encargaría de asestar el golpe definitivo contra los operadores e ingenieros de la Maquinaria de Asedio, partiendo desde el flanco izquierdo.

Empezamos la carga con el grupo de ataque frontal y un par de escuadrones de marinos de Ventormenta. Línea contra línea, intentando avanzar metros hacia delante, nuestro paso es implacable. A medida que avanzamos, el enemigo usa su artillería, incluso cuando sus propios soldados todavía están combatiendo en el campo de batalla. Se ven inquietos, algo desesperados por ver nuestros cadáveres, y cometen errores. Los orcos deciden romper su propia línea, dejando ángulo de disparo para sus tiradores y manipuladores de fuego. Nos vemos en serios apuros, nos acribillan y no hay demasiada cobertura. He de admitir que menos mal que teníamos al Altonato de mirada indeferente, ese Farelar, porque los evaporó con magia arcana como viles cucarachas.

El segundo grupo que partió del flanco derecho ya estaba haciendo su trabajo: mantenían a raya las fuerzas de reserva del campamento, iniciando un intenso tiroteo. Por otra parte, nosotros ya asaltamos las barricadas, teniendo por delante a la maquinaria de asedio. No obstante, esta estaba bien defendida por infantería, los orcos se habían olido algo de nuestra estrategia. Prendí la bengala roja para avisar a la caballería, y esta lanzó su carga contra ellos. La primera carga resultó ser un fracaso. Decidimos ayudarles con la infantería, mientras los soldados de la Alianza se ocupaban del resto de orcos del campo de batalla.

En esta fase de la contienda, los orcos estaban más furiosos que de costumbre. Sabían lo que se jugaban si perdían tal posición. Cuatro máquinas de asedio, la situada más a la derecha cometió un error fatal: activó su trampa frontal, desplegando puntas metálicas, por lo que mató a su guarnición defensiva de un plumazo. De inmediato di orden para que las asaltaran. Las máquinas eran bastante grandes, y costaba subirlas para alguien con mucha placa encima, e incluso los conductores estaban avispados, llevando consigo pistolas.

Para nuestra suerte, una segunda carga de caballería, sumada a que la marina había acabado su parte con los orcos del campo de batalla y habían acudido a nuestra posición, nos permitieron asaltar (una por una, y costosamente) a las máquinas de asedio. El "Capuchas" hizo reventar al conductor de una sentencia, el caballero Cálox asaltó la segunda, Alnih y Sharil se encargaron de las dos restantes, aunque la draenei cayó abatida (pero no muerta). La tercera máquina dio bastantes problemas, porque consiguió hacer mella con su trompa frontal. De todas formas, ese sector ya estaba asegurado, y Cálox, a saber cómo, consiguió llevarse una de las máquinas para ayudar al segundo grupo.

En una medida desesperada, un Capitán orco y su guardia hizo acto de presencia por el lado izquierdo, pero entre todos conseguimos matarlo. Fue algo parecido a la muerte del teniente lanzallamas de los días anteriores, porque se ensañaron entre todos con él. El resto de su guardia huyó como perros en dirección al Portal Oscuro.

De esta forma, la posición fue tomada, e hicimos retroceder al enemigo. El lugar estaba lleno de cadáveres orcos, cadáveres humanos...y fosas comunes llenas de antiguos defensores de Nethergarde. Ese es nuestro próximo objetivo. Nada más finalizar la operación, y dar parte de que habíamos ganado, los acorazados de la Alianza comenzaron a realizar fuego de cañón, iniciando el asedio a Nethergarde.

Conclusión:
-Posición de Avanzada de la Marcha de Hierro asaltada y tomada.
-Cuatro máquinas de asedio operativas en manos de la Alianza.
-Frente ampliado, dando paso a la reconquista de Tierras Devastadas.

Día 5. (Martes 4/11/14)Editar

Este día era el día del asalto a Nethergarde. Pero al parecer, entre tantos heridos, pocos suministros y demás complicaciones no pudimos salir al ataque. En cambio, sugirieron una misión de exploración, a la cual di el permiso para que fuera llevada a cabo por el soldado Wolf, Maciza y Calvo.

No tengo muchos detalles del transcurso de la misma. Lo que sí sé, es que todos volvieron hechos una porquería, heridos y agotados. Wolf y Maciza parecían los más malparados, de modo que pregunté a Calvo qué había sucedido. Al decirme que su compañera se puso a defecar en medio de la misión, decidí no pedirle más detalles, se habría llevado algún golpe en el cráneo.

Al menos pudieron recabar que la zona suroeste de la fortaleza es la que está menos vigilada, aunque me temo que tras su penosa actuación la hayan reforzado.

Mañana será el día.

Día 6 (Miércoles 5/11/14)Editar

Las guerras no terminan nunca. De hecho, en esta era, solo hay guerra. La cantidad de heridos y bajas se acentúan cada día, pero hay que seguir adelante. Además, a mi me pagan muy bien.

Hoy era el día en que arrebataríamos Nethergarde de las manos de la Marcha de Hierro. El fuego de cañón continuado sobre la Puerta Oriental nos permitió (todos nosotros, más un par de escuadrones de infantería, 3 cañones y una máquina de guerra de "Calvo") acceder sin problemas. Resultaba extraño, ya que nada más entrar solo había silencio, calma. Mandamos adentrarse a "Calvo" con su máquina (véase excavadora goblin aka Dreadnought), para que lidere la vanguardia y explore en adelante. Nada. Pero de pronto, empiezan a sonar fuertes pisadas, y cuando nos personamos cerca del centro de la fortaleza, vemos a la muchedumbre orca, furiosa, desafiante. Todos allí congregados, por lo menos 3 batallones de 20 orcos cada uno, o más, no me paré a contar en ese momento.

Su Comandante nos desafía: descabeza a un oficial de alto rango que había desaparecido los otros días. Sin dilación cargamos contra ellos, y el grupo del líder orco se esconde dentro del castillo. Nos quedamos luchando contra el resto en el patio, y de nuevo, sabían lo que se jugaban, sus movimientos en grupo eran muy fuertes, poco a poco nos hacían retroceder. Además, la Máquina de "Calvo" se le encasquillaba la ametralladora y directamente no pudo usar en ningún momento el lanzallamas. Menos mal que apareció una elfa amistosa que lanzó un huracán con descargas eléctricas sobre los orcos, de lo contrario no habría Reinhold para escribir este diario.

Tras vencer a duras penas a un batallón, ayudamos a los soldados de infantería con el otro, ellos también las pasaron canutas. "Calvo" abre fuego y el resto es historia. Nos dividimos en dos grupos: uno para hacer contención sobre la Puerta Occidental, y otro para internarse en el Castillo. Aedan se lleva a los más veteranos, yo me quedo con el "Calvo", la elfa, Farelar, Zhenos y Cálox. Y de nuevo he de dar las gracias al juguetito que trajó el primero, porque de entre las sombras aparecieron un par de escuadrones orcos, escondidos durante el transcurso de la batalla. Los masacró a base de disparos, y el resto de fuego arcano y huracanes; aunque tuvimos algunos problemas con el último, pero los cañones hicieron fuego justo a tiempo.

Los soldados de infantería estaban furiosos y se metieron en el castillo antes que nadie, eso resultó ser fatal. Tras un rato, algunos orcos salieron del mismo empapados en sangre. Los matamos rápidamente y entramos. Todos muertos. Una carnicería siniestra. Todas las paredes del castillo decoradas con sangre, los cadáveres de ambos bandos sustituyen el propio suelo. Tras varias complicaciones con orcos escondidos en los pasillos, llegamos a la sala de Mando. Ahí estaba el Comandante, un par de tenientes y un orco bastante penoso para su raza. Este sostenía a un prisionero, le rajó la garganta, llenó un recipiente con la sangre y se la dio de beber a su jefe.

La pelea fue más dura de lo que pensaba, casi me ahoga uno de los tenientes. Incluso clavándole un cuchillo en la garganta seguía apretando mi cuello. Entre todos los demás consiguen acribillar al Comandante y matar al otro teniente, el que me acosaba intenta escapar y le parten la rodilla de un golpe, lo rematamos. Nethergarde es nuestra por fin .

Salimos al exterior para contemplar el panorama: el grupo de Aedan está seriamente tocado. Por lo que me contó Dario, sufrieron 4 oleadas de orcos y ogros. En la cuarta un disparo mató al Caudillo que les lideraba y se replegaron. Siempre hay que tener algo de suerte.

Interrogamos al orco que quedó de la sala, pero lo que reveló lo marcaron como clasificado, así que mejor no me arriesgo a escribirlo aquí. Una batalla, una victoria, me gusta esta dinámica.

Conclusión:
-Cuantiosos heridos por nuestra parte, infantería de la marina aniquilada en nuestro asalto.
-Campamento colindante orco a Nethergarde sin líder claro, estarán confundidos y sin liderazgo durante un corto espacio de tiempo.
-Nethergarde se encuentra dentro del Dominio del Ejército de la Alianza. Su estado es el siguiente:

·Primer castillo: infraestructura solida, no se cae abajo. Necesita limpieza total y retirada de cadáveres de las salas (las cuales algunas se usaban como fosa común improvisada por parte de los orcos)

·Segundo castillo: totalmente destruido.

·Herrería: derruida hasta los cimientos.

·Puesto de grifos: quemado.

·Torre de magos: derruida hasta los cimientos.

·Establos: estructura solida.

Se han colocado estandartes de la Alianza a lo largo de toda Nethergarde y se han añadido defensas a la Puerta Occidental y a las brechas más significativas de los muros que la rodean.

Día 7 (Jueves 6/11/14)Editar

Al día siguiente de tomar Nethergarde había que actuar rápido. No se le puede conceder ni un segundo de descanso a la Marcha de Hierro, o volverán a tomar la iniciativa. Por ello, organicé una misión voluntaria para arrasar el campamento colindante a la fortaleza y vaciar de orcos las minas. Con el fuego de las máquinas de asedio que capturamos los días anteriores, se podría decir que la misión fue fácil.

Nos acercamos al campamento saliendo por la Puerta Occidental. Pudimos hacerlo ya que un grupo de los Caballeros del Norte acababan de matar a una oleada orca que intentaba acceder a la fortaleza. Inmediatamente ordené bombardear el primer campamento, dando sus coordenadas. No sé si no me he aprendido bien las coordenadas, o que los operadores son unos chapuceros, pero las bombas cayeron en mayor o menor medida cerca nuestra. Los médicos dijeron que un par de centímetros más centrado, y me habría rajado la yugular.

Pero estos orcos son muy persistentes, y se negaban a morir bajo su propio metal, de modo que "Calvo" y Mendoza ocuparon un par de máquinas y abrieron fuego. El campamento quedó prácticamente arrasado, aunque nos precipitamos a él debido a que el disparo de Mendoza llegó a parar justo detrás nuestra. De modo que incluso antes de poner un pie en suelo verdaderamente enemigo ya íbamos apañados. Y sinceramente, voy a llegar a admirar la astucia de estos orcos, porque nos tendieron una emboscada: algunos se hicieron el muerto y nos atacaron a ambos lados, aprovechando que estábamos justo en medio del lugar. Entre el trabajo de todos, los disparos de precisión de Calvo y la furia de los marinos voluntarios que nos acompañaron pudimos solventar la situación.

La entrada a la mina se había derrumbado con tanta explosión, así que se pusieron a quitar piedras hasta que llegaron a las más pesadas. Oíamos movimiento orco en dirección oeste, así que solicité otro bombardeo, y como es costumbre, más metralla sobre nosotros. No vuelvo a usar una granada en lo que me quede de vida, salí despedido al intentar despejar la entrada. No obstante la abrimos y pudimos adentrarnos.

Las órdenes eran claras: ni un solo orco vivo en la mina. En vanguardia "Rubia la sorda" y "Calvo", flancos Kaneela y Mendoza, retaguardia Zhenos. Yo iba en el centro de la formación, realmente estaba perjudicado con tanto fuego amigo. A los marinos no sé qué les dieron de fumar, pero iban como bestias salvajes masacrando a cada minero que veían. No escuchaban mis gritos y siguieron avanzando hasta que llegó el silencio. Nos situamos en un punto intermedio, cerca de las entradas (una de ellas estaba sellada). Cuando ordeno a "Calvo" y Mendoza explorar, vienen a nosotros corriendo porque todos los orcos de la mina huían en dirección a nosotros. Sí, huían de algo muy grande y asqueroso, pero no por eso íbamos a dejarlos con vida, así que los descabezábamos a medida que llegaban.

Tras un rato esperando a que los dos antes mencionados regresaran, llegaron como lo hacían los orcos, corriendo por patas. Una abominación les perseguía, y como son muy avispados, nos la trajeron para que la destruyésemos entre todos. En resumidas cuentas, nos llevamos una buena paliza. Gracias a Luz que apareció la draenei...Sharil. Ella fue la que puso más de su parte para trocear a la bestia. Poco más soy capaz de recordar, incluso me llevaron en carretilla hacia una zona más segura.

Conclusión:
-El campamento más cercano a Nethergarde no hay orcos, el que está más alejado es posible que quede alguno.
-La mina está libre de orcos, no obstante, ocurren cosas raras: entre la abominación y que los mineros humanos son ahora no-muertos no da lugar a que la Alianza vaya a poder usarla al 100% hasta que este problema no esté del todo resuelto.
-Seguimos avanzando por la reconquista de Tierras Devastadas, cada día más heridos y cansados, pero seguimos.

Día 8 (Domingo 9/11/14)Editar

Tengo las costillas magulladas del otro día, pero los malditos perros de la Alianza no me pagarán si me quedo descansando un día entero. Así que volvemos al tajo, y este día tocaba asaltar el hogar de los ogros.

Los muy estúpidos se aliaron con la Horda de Hierro, y lo pagarían con creces. Pero se dejan aconsejar, y cuando llegamos no había nadie. Muy sospechoso, nos adentramos cada vez más en su campamento, y en un lugar apartado, estrecho y que conecta tal lugar con el Bastión Okril´Lon nos aguardaban una formación de lanzas de orcos. Los paladines ocupan la primera línea y lanzas descargas de luz cegadoras en la carga para hacer que bajen sus picas. Lo consiguen y comenzamos una pequeña batalla contra ellos. A mi (cómo no) me alcanzan con una lanza en el hombro, lo cual me condiciona para el resto del encuentro. Seguidamente, nos atacan con hienas y aparecen los orcos por retaguardia, teniendo que agruparnos en círculo. Los muy hijos de ogra se habían ocultado en sus cavernas mientras todo pasaba.

Tras varios mordiscos, lanzadas y vísceras gigantes esparciéndose por todo el lugar conseguimos derrotarles. Me parecía una jugada realmente estúpida del Mando, hasta que un grupo de montaraces consiguieron por su parte iniciar un asalto con fuego de cañón hacia el bastión de la Horda. Nos acercamos a ellos y nos unimos al asalto, liderado por Peter el Montaraz, puro nervio enano.

El encuentro se resume en una batalla de fuerzas por la entrada del bastión. Me llevo un par de flechazos y entre las heridas de antes no puedo más, y caigo desplomado al suelo, agotado. Además, en la primera carga consiguieron romperme la nariz de un golpe. Este es el precio que hay que pagar para conseguir cobrar los honorarios de todo buen mercenario emprendedor.

Al reponerme y ser atendido, descubro que los orcos se replegaron hacia el interior del bastión, y que el asalto final será mañana. Poco queda para la victoria final, para cobrar todo el oro del contrato y unirme a las filas de estos paladines, que parece que están rodeados de dinero y lujo luciendo esas armaduras.

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