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Cyril el Bardo

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Cyril el Bardo
Imagen de Cyril el Bardo
Información del personaje
Servidor Los Errantes
Género Masculino
Raza Humano
Edad 19 años
Clase Bardo
Alineamiento Legal Neutral
Ocupación Nómada, viajero, Bardo
Lugar de nacimiento Loch Modan
Afiliación Arlequín
Estado Vivo

TrasfondoEditar

Se podría decir que Cyril formaba parte de una compañía itinerante incluso antes de nacer. Cyril nació en el momento en que Gaele, una hermosa dama, fue unida a la compañía de Merael, un anciano comerciante que antaño, según él cuenta en sus historias, había sido un gran mago del Kirin Tor.

Lanre, su padre, el cazador de la compañía y de origen tirés, quedó prendado de la belleza de la lordanesa cuando esta le atendió un mordisco de un lobo durante una batida de caza. No solo era curandera la dama Gaele, si no que además dominaba el arte de la música.

La madre de Cyril dio a luz durante un viaje, en la parte de atrás de su carromato, en tierras enanas. Así pues, Cyril no se considera ni tirés ni lordanés, así como tampoco khaz modiense, obviamente.

Creció fuerte y saludable, y deacuerdo a sus padres y su compañía, se pasó mucho rato berreando con una energía asombrosa para ser solo un recién nacido.

Se puede decir que su infancia fue muy agradable. La compañía pasaba mucho tiempo en los caminos, y de vez en cuando paraban en algunas de las grandes ciudades y villas, comerciando con la nobleza o realizando encargos. 

Durante un invierno, la compañía se quedó una temporada en Villa del Lago. Cyril había escuchado historias, sobre los Roca Negra, sobre los Landcaster y sus riquezas, sobre el tiburón que vivía en el lago...pero sobre todo, lo que más le llamó la atención fue la Fortaleza de Petravista, pues había escuchado una canción sobre una batalla que allí se había producido contra un noble rebelde.

Cerca del final de año, seguían estancados en Crestagrana. Cyril no conocía a nadie aparte de a su compañía, y dedicó todo ese frío invierno a practicar con el laúd. Tocaba y volvía a tocar todas las canciones que se sabía de memoria. Luego empezó también a tocar canciones que se sabía a medias, intentado rellenar sus huecos como podía. Podía tocar desde que despertaba hasta que dormía.

Después, comenzó a tocar otra cosa que no eran canciones. Las melodías eran como la brisa matinal que te inunda los pulmones, o como los pies descalzo sobre la hierba fresca en un caluroso día de Verano. Tocaba y tocaba, hasta que se le rompieron algunas cuerdas y le salieron callos. Fue entonces cuando sus padres escondieron el laúd, y le instaron a que buscara amigos en la villa. 
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La música, su mejor compañía.

Cyril intentó buscar amigos, pero le costaba horrores. Villa del Lago siempre ha sido una villa llena de jubilo, donde se celebran multiples fiestas y donde viajan muchos comerciantes, pero por lo general son gente mayor, interesada en los negocios más que en otra cosa. Había algunas niñas..veía a diario a una chica que debía sacarle unos 5 años, de tez morena y cabello del color del ébano. Cyril siempre la saludaba, pero nunca llegaron a hablar. También veía a dos niñas y un niño que parecían acercarse más a su edad, pero ellos vivían en la mansión. 

Cuando el hielo comenzaba a derretirse y la vida volvía a florecer, una pequeña parte de esta se apagó en el corazón del joven. Su madre había caído enferma, y a pesar que ella nunca se rendía con ningún paciente, pareció aceptar con gusto el abrazo de la muerte, después de días de dar instrucciones a algunos compañeros, que en vano intentaban torpemente salvar su vida. Resultaba terriblemente irónico para Cyril, que la mejor curandera que él conoció, no pudiera salvar su propia vida.

Cyril seguía solo, encerrandose en lo más profundo de su mente, y debido a la perdida de su madre, este rincón se tornó oscuro y se inundó de lagrimas. Su padre estaba demasiado ocupado, así que cuando un arpista se unió a la caravana para viajar hasta Ventormenta, Cyril intentó buscar un amigo en él. El anciano músico resultó ser una gran persona, y le enseñó a Cyril a tocar la flauta además de regalarle la suya propia. Cyril aprendió mucho al lado del arpista, el cual acabó acompañandole hasta Forjaz y se despidió sin decir nunca su nombre. Para Cyril era el Arpista y siempre lo será.

Cyril ya era mayor, y su padre decidió que tenía la destreza, la madurez y la paciencia necesarias para salir de caza, así que en los montes de Dun Morogh, se produjo su primera cacería. Pero ellos no eran los cazadores. La matriarca de una cueva, una enorme loba de color negro, hirió de muerte a su padre antes de escapar junto a su camada. Cyril, aturdido, escuchó algunos ruidos y sin saber muy a donde iba y que estaba pasando, se topó con uno de los cachorros, que se había quedado atrás. Lo acogió y le llamó Caramon, como el héroe de las leyendas de Stromgarde...Caramon logró mantener encendida las brasas del corazón de Cyril cuando el destino le tiró otro jarrón de agua fría. Cyril no entendía si era casualidad o era algo personal. Crió y alimentó a Caramon de forma muy cariñosa, protegiendole del cruel destino que podía ser una posible despedida más.

Con la muerte de Lanre, Merael decidió disolver la compañía. Con dieciséis años, viajó al Casco Antiguo en Ventormenta junto con el arco de su padre, su laúd, la flauta del Arpista, Caramon, y los dos compañeros: Feren el Enano y Medrul, un goblin de Bahía del Botín. Lo acogieron hasta que tuviera la experiencia y madurez necesarias para vivir solo. "La madurez se mide por las experiencias, no por la edad" repetía Feren, el cual intentó enseñarle el noble oficio de la minería y la joyería, hasta que se cansó y a Cyril dejó de interesarse. Medrul, por su parte, le enseñó a usar ganzúas, a perfeccionar su camuflaje, a hacer volar una cerradura, a robar bolsos y bolsas, y a crear unas cuantas pócimas sencillas, como una que dormía a la gente y otra que provocaba terribles náuseas con una sencilla gotita.

Cyril se marchó poco antes de que acabara el verano, a pesar de las insistencias de esperar al inicio del siguiente. No había pasado ni un año en compañía de el goblin y el enano, pero ya se creía lo suficiente hombre para buscarse la vida solo. El bardo pensó que con robar y cazar podría sobrevivir facilmente, pero la cruel realidad era otra muy distinta. 

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La vida en la calle

Cyril aun no era un buen ladrón, y cuando salía a cazar siempre recordaba la sangre en la nieve y a su padre en el suelo.

A veces pasaba hambre, pero se negaba a regresar con Feren y Medrul, pues no quería que le tomaran por un niño. Casi llegado el invierno, conoció a Drelan.

Drelan era un bardo errante, un aventurero nato. Estaba caminando hacia el Aserradero de la Vega del Este cuando escuchó la música proveniente del laúd de Cyril, en el bosque. Decidió llevarse al joven chico, aunque vaciló al ver a Caramon, que todavía no había alcanzado ni la mitad de su tamaño adulto. A Drelan se recordaba a sí mismo de joven al ver a Cyril, así que lo acogió durante el invierno, a la vez que le enseñaba a componer canciones y a conseguir de forma honrada con su música lo que quisiera
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En Elwynn.

. De nuevo, con la primavera llegaba una nueva despedida, pero el joven estaba lleno de confianza y realmente preparado. Sabiendose ganar la vida con la música, tocando un día en un callejón cerca del palacio de Ventormenta, conoció a una chica de su edad, bien vestida, con unos ojos verdes y una larga trenza cabello castaño, la cual se había acercado al escuchar el laúd de Cyril cuando volvía a palacio. Trabaron amistad, y se amaron...pero Cyril temía. Pensó en su madre, en su padre, en el Arpista, en los dos bribones y en Drelan, y temía que lo de Alice también fuera a acabarse, pues ella era de la nobleza y él un chico de la calle. No tardó en ver sus miedos hechos realidad cuando el guardia Marvin los encontró besandose en el barrio de los enanos. Marvin era un buen tipo, prometió que no diría nada, pero con la promesa de que no volverían a verse más. Ambos aceptaron y se separaron, aunque Cyril continuó yendo a escondidas con la vaga esperanza de volver a verla y fugarse. No fue así.
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En las afueras de Ventormenta, con ella

Realmente no tardó en recuperarse de lo de Alice. Sí, había sido un golpe duro, pero pronto esa herida cicatrizó. Cyril intentaba pensar en otras cosas, aunque cada vez que la recordaba un sudor frío le recorría el cuerpo. Poco a poco, esa sensación de angustia desapareció, y se dio cuenta de lo joven que era para tener que preocuparse por una sola chica. Seguía tocando y teniendo a su lado a la mejor amante que puede tener un bardo: la música...¿o quizás no?

La tierra se había quebrado, y los elementales habían atacado Ventormenta. Cyril no tenía refugio, así que solía meterse en el Cerdo Borracho cuando comenzaba a diluviar, pero eso estaba abarrotado cuando ocurrían los desastres. Puede que fuera durante la confusión cuando su laúd se rompió, pero eso es como cuando te haces un corte grave...realmente no te interesa saber como te lo has hecho, simplemente lo primero que piensas es en curar la herida. Pero esa herida no era tan facil de curar, era como si hubiera perdido un brazo o una pierna, se sentía como un tullido. Le quedaba la flauta, sí, pero la flauta era algo secundario, para acompañar de vez en cuando. Él lo que realmente amaba, era el frío tacto cuando de las cuerdas y la marca que te deja en los dedos al puntearlas. Entonces, el cielo se volvió oscuro del todo, y pasó ese dragón de la muerte.

Poco a poco todo volvía a la normalidad. Los obreros comenzaron a reparar las estructuras dañadas, y la guardia vigilaba el cielo constantemente. Se había derrumbado el parque, lo cual había entristecido de sobremanera a Cyril, pues era un barrio agradable, tranquilo, en el que relajarse de vez en cuando. A él le importaba el cataclismo, claro que sí, pero lo que más le importaba era su instrumento. Habían pasado unas semanas y no había conseguido ninguno. Ganó algo de dinero con la flauta, y se sorprendió robando dinero a gente honrada, pero no sentía remordimientos. A pesar de lo ganado, no le llegaba para un buen laúd de 6 cuerdas. De hecho, Cyril había empezado a comer menos solo para conseguir ahorrar más dinero. A veces se hacía el mendigo, hasta que unos guardias quisieron llevarselo al orfanato y consiguió escapar por poco. Empezó a vivir en los tejados a partir de entonces. 
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Realmente se estaba bien allí arriba, ¿no?

Un día conoció a un joven de piel morena, de unos veinticinco años, con el pelo completamente rubio ceniza, que vendía un laúd, de buena madera y nuevo. Las pocas monedas de oro que tenía no le alcanzaban, pero llegó a un acuerdo con el chico para un trabajito. No penséis mal, se trataba de cazar...no a una bestia, si no a una persona.

Realmente tenía que quitarle la vida a alguien, a una persona y perder todo lo que tenía ahorrado por un laúd? realmente aquel laúd era precioso, de los mejores, si no el mejor que había viso hasta ese momento, pero no se puede medir el conejo con el cochino. Pasaba días pensando, aguardando en cual podría ser su solución...su objetivo era un chico de pocos años más que él, que al parecer había parado el oído donde no debía. No, definitivamente Cyril no iba a acabar con ese chico, pero tampoco iba a quedarse sin el instrumento.

Tenía tiempo para pensar un plan, pues le habían dado de margen de tiempo un mes entero, y la mente de Cyril funcionaba rapida. Pensaba y pensaba, y cuando por fin encontraba un camino claro, resultaba estar lleno de piedras y raíces. Había conseguido que el hombre le perdonara el pago en monedas, por lo que ahora podía gastar todo ese dinero. Alquiló una habitación en Villa del Lago, y pasó casi cuatro semanas allí. Una de las trabajadoras de la posada poseía un laúd, pero Cyril se negaba a tocarlo, pues tocar con el instrumento de oro era como acostarse con su mujer, o con su marido. La insistencia de la tabernera los llevó al acercamiento, a pesar del constante miedo a las despedidas que había aflorado en el joven.

Aquellas semanas se le hicieron muy cortas. En parte la brisa otoñal era agradable en Crestagrana, el crujir de las hojas bajo los pies y el constante tono marrón claro de los bosques resultaban confortables para él, lo que hacía que se sintiera como en casa. Cada día salía a pasear a ultima hora de la tarde. Al principio era solo, pero finalmente acabó acompañado de la joven Sela. Cada día se repetía lo mismo; caminaban hasta donde era seguro caminar, se paraban en el puente y contemplaban la ulima luz del sol sobre el lago y Cyril le cantaba a cambio de chismorreos.
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Cyril y su araña Gertrudis, que le regaló Montana Márbury

Ya llevaba 24 días en Villa del Lago, cuando decidió marcharse. En el ultimo paseo, no supo muy bien como reaccionar. Intentaba distraerla todo el rato, hacerla reir y durante todo el camino de vuelta, sentía como si hubiera surgido una tensión entre ellos. Intentaba arreglarlo hablando, pero cuando se pararon en el puente, Sela esbozó una misteriosa sonrisa, y por la cabeza del bardo rondaba la sospecha de que debía esperar algo. ¿Un abrazo? ¿Un beso? ¿Una caricia? No podía saberlo bien, así que resistió la atracción. Se despedirieron casi con indiferencia, tan disimulada que resultaba obvio que era fingida. No consiguio dormir, pensó en el paseo...debía haber sido más atrevido y besarla. Había hablado en exceso, pero no había dicho suficiene. Y además, solo tenía 7 días para trazar un plan.

Era de noche cuando salió de la taberna. A pesar de las altas horas, aun quedaba bastante gente, la mayoría soldados Landcaster, que habían llegado tras el fallecimiento del anterior barón Alfred. Le agradeció la generosidad al tabernero y se marchó. El camino a Ventormenta era tranquilo, así que tenía rato para pensar.

Cyril paró en casa de Drelan. Necesitaba su consejo, o su ayuda, así que le explicó la situación resumidamente. Después de un rato de charla, se abrió una puerta en casa y Cyril vio al joven de piel cobriza y pelo color ceniza saludando a Drelan, atónito. Drelan y Fils, que es su nombre, le miraron y estallaron en carcajadas. Todo se trata de una broma...claro, Cyril había visto ese laúd antes...era el instrumento de Drelan. Este dijo que se lo regalaba, que no quería saber nada. Cyril prefirió no preguntar, así que se marchó con un laúd gratuito y una sonrisa en la cara.

Comenzó a frecuentar las tabernas, ganandose el aprecio de los parroquianos del Ermitaño Taciturno, y la amistad de la tabernera Chelsey, así como la hospitalidad de los Lohan, que a cambio le ofrecían comida y una cama. Es verdad que lo tenía todo solucionado...se ganaba la vida con lo que más amaba, pero deseaba ver mundo...pasaron unos cuantos años así, hasta que decidió unirse a Arlequín.

Con la compañía circense viajó, rió y sufrió, pero Cyril sabía que eso era solo temporal. Llevaba tiempo buscando un mecenas para él, y era consciente de que un día dejaría la compañía. Fue en los ultimos días del torneo, cuando borracho y bajo los efectos de la hojaplata, le escribe una carta a Mávira después de una tontería que le ofendió de sobremanera debido al estado en el que se encontraba. Dejó la compañía en Darnassus y se embarcó a Ventormenta en el primer barco que zarpó.

En Ventormenta de nuevo, hace un analasis junto a una amiga sobre los nobles de la ciudad, sus costumbres y hasta sus fetiches. Necesitaba dinero para comprar buena ropa y accesorios de lujo, para poder llamar más la atención, así que pensó en sus contactos en la Compañía Harford, y recordó que tenían un contacto con Lord Galahalt. Tal vez podría usar el sueldo para costearse las cosas necesarias, y de paso para acercarse al noble Halford y tratar de ganarse su favor.

AparienciaEditar

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Cyril con 14 años

Cyril es un joven de aspecto saludable y atlético. De complexión delgada, y músculos poco prominentes pero marcados. 
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Actualmente

Su piel es blanca y suave, excepto por algunas cicatrices pequeñas repartidas por el cuerpo. Suele peinarse el cabello castaño rojizo suelto y libre, ni muy largo ni muy corto, equilibrado y cortado a navaja. Sus ojos son del  color de la esmeralda, profundos y curiosos, como si tuvieran hambre de ver mundo y saber más de lo que sabe. Aunque normalmente lleva la mandíbula bien afeitada, a veces asoma en ella una fina manta de barba rojiza que le encaja perfectamente en el rostro. 

CarácterEditar

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El carácter pícaro de Cyril

De carácter alegre, Cyril siempre está dispuesto a hacer una 
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Tristón y nostalgico.

demostración de sus dotes con el laúd a cambio de algo, desde

una sencilla sonrisa a una historia. Es curioso y impulsivo, dejandose a veces llevar por su corazón en lugar de pensar las cosas que va a realizar o hacer. Así como puede sonreirte de forma picaresca, también puede lanzarte una mirada fría y cortante.

FamiliaresEditar

  • Caramon - Su lobo huargo
  • Lanre - Padre. (Fallecido)
  • Gaele - Madre. (Fallecida)

Spotlights de otros wikis

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