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Cuentos de los trols

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Los cuentos han sido escritos por Máhal, Tadika y Kijara. Hilo original aquí.


Bwemba y DambalaEditar

Bwemba era un poderoso guerrero, que con sus fuertes brazos y su ira aterrorizaba a los enemigos de la tribu, y que desde su mayoría de edad había cosechado grandes victorias y acumulado numerosos trofeos. Sus colmillos eran enormes, su piel de un saludable color azul y sus músculos desarrollados eran la comidilla entra las hembras de la tribu, pero solo una ocupaba el corazón de Bwemba.

Se llamaba Donga y era la hembra más bella de la tribu. Su pelo verde, brillaba con el favor de Lukou, y sus sinuosas formas volvían loco hasta al más sereno de entre los guerreros. Se decía que el mismo Loa de la belleza la había bendecido durante su nacimiento, y durante muchas lunas Bwemba la cortejó, hasta que un día ella aceptó y ufano, el poderoso guerrero declaró ante la tribu que su amor era más fuerte que la voluntad de los mismos Loas y aunque su compañera le aconsejó prudencia, el, embebido por su éxito siguió tronando y jactándose, hasta que Dambala, el Loa del engaño le escuchó y sonrió, preparando su plan.

Bwemba tenía un amigo llamado Ayu que, aunque no era tan poderoso como él, era también un guerrero respetado por la tribu y con el que cazaba desde que ambos eran cachorros. Ayu amaba en secreto a Donga y el Loa, deslizándose en su catre sinuosamente tomando la forma de una pitón comenzó a susurrar dulcemente en su oreja,colmándole de visiones de éxito y amor e incitándole por medio de los sueños a cortejar a la amada de Bwemba mientras el guerrero salía a pelear contra las demás tribus.

Durante semanas, cada noche se introducía Dambala en el catre de Ayu susurrándole lo mismo, y durante el mismo tiempo, en la forma de un mono burlón avisaba a Bwemba de las intenciones de su amigo, preparando un clima de desconfianza y violencia latente.

Las lianas susurraban la vergüenza de Bwemba y las aguas cantaban el nuevo amor de Donga por Ayu. Bwemba sin embargo se resistió a actuar hasta que un día, cansado, fue a hablar con Ayu en su choza por la noche, y su sorpresa fue mayúscula cuando se encontró a Donga durmiendo plácidamente en la cama de Ayu. Este, herido y destrozado fue en busca de Ayu, al que encontró, como burlándose de él durmiendo en la cama de Donga. Sin mediar palabra, mientras dormía, le cortó la cabeza y le arrancó el corazón, que quemó instantáneamente para destruir el alma del amigo que le había traicionado y negar su entrada en el reino de Samedi y dejó el cadáver en medio de la tribu que asistía estupefacta ante el discurrir de los acontecimientos, cuando un alarido desgarrador resonó por el valle. Donga, al ver el cuerpo de Ayu profanado cayó de rodillas y una risa desquiciada resonó por la jungla entera.

El mono que había seguido a Bwemba, y la serpiente que había susurrado a Ayu aparecieron y se fusionaron, creando la figura espectral de un trol ni joven ni viejo que los miraba a todos con una alegría maliciosa. Con un chasquido de dedos, retiró su magia, y destrozado Bwemba se percató que el cadáver de Ayu tomaba ahora la forma de Donga, y que la hembra que lloraba de rodillas por su amada se transformaba en su amigo.

-Te jactaste de la fuerza de tu amor Bwemba y ni siquiera te sirvió para percatarte de la pequeña ilusión que he creado y de la falsedad de tus pensamientos. Te burlaste de los Loas y creíste ser más listo y aquí tienes el resultado- Tronó la voz colmada de alegría, pero al mismo tiempo severa.- Donga nunca estuvo con Ayu pero en vez de hablar con ella acudiste con tu arma y le has negado el descanso de la muerte, y a mi hermano Samedi el alma que legítimamente le corresponde. Paga ahora por tu insensatez y aprende que nada hay más fuerte que nuestra voluntad!-

Ante los ojos atemorizados de la tribu, el poderoso físico de Bwemba se desgastó en segundos como si los años pasaran a toda velocidad hasta que la carcasa consumida del trol cayó al suelo con una mueca de dolor y terror fijada en su rostro, mientras el misterioso trol había desaparecido y solo una risa perversa se escuchaba a los lejos dejando a todos los trols mudos y asombrados.

Nunca te jactes, joven trol, ni te rías de los Loas, pues puedes acabar como Bwemba quién mató a su amada y perdió a su amigo y su alma por su arrogancia, ni te fíes de los sueños provocadores pues pueden llevarte a la ruina como a Ayu, quién llevado por la confianza no meditó sus pasos antes de actuar irreflexiblemente.

Laku, el tallador de piedraEditar

Hace muchos miles de años, cuando Zul’Gurub no era más que una aldea jóven, y sus habitantes aún estaban erigiendo la maravilla en la que después de unos siglos esta ciudad se iba a convertir, cuenta la leyenda de Laku, un trol cuya tarea era tallar los bloques de piedra de la muralla. Desde que amanecía hasta que se ponía el sol, el trol trabajaba la roca sin más remedio. Sabía que si no lo hacía, dejaría de ser útil en la tribu y se desharían de él. Laku era un trol de casta baja, que sobrevivía a duras penas en la pobreza. Él miraba a los de castas más altas, siempre anhelando convertirse en un trol más poderoso y rico. Un día, en la cantera, imploró en voz alta ese deseo a Zim’Torga, la Madre de la Prosperidad. Y, para su asombro, se había convertido en un mercader con muchas riquezas.

Laku, complacido, vivió una temporada disfrutando de su nueva condición. Sin embargo, cierto día vio a un trol de las castas más altas, mucho más rico y poderoso que él. Envidioso, volvió a implorar a Zim’Torga el deseo de ser como ese trol, y su deseo de nuevo fue concedido. Ahora era un trol de la casta más alta, rodeado de muchas riquezas y muchas hembras. No obstante, su dicha no duró mucho. Laku fue consciente de cómo sus enemigos crecían más y más, debido a su posición social.

Cierto día, viendo a los rabiosos más fornidos de todo Gurubashi resolver las divergencias con sus enemigos de una manera tan rápida y sencilla, rezó durante largas noches a Ogoun, el Loa de la Guerra. Laku pensaba que de esa manera sería completamente indestructible y hallaría la paz en su día a día. Y así fue, Ogoun escuchó las plegarias del trol, y le convirtió en el más diestro y poderoso guerrero.

Aún siendo el más temido de la tribu, sus enemigos no dejaban de crecer, y el resto de guerreros le guardaban mucha envidia y rencor. Laku, saturado de esta situación, tornó la vista a los cielos, y, al mirar al sol, encontró la solución: “¡Él es superior, nadie puede hacerle daño y siempre está por encima de todo! ¡Quiero ser el sol!”. Imploró con ahínco a los cielos y Shango, El Amo y Señor del firmamento, le sonrió.

Cuando a Laku se le concedió su deseo, un gran nubarrón surgió de la nada y se interpuso delante de él. Así, pensó que la nube sí que era realmente poderosa y quiso ser la nube. Shango le sonrió, milagrosamente, por segunda vez.

Una vez cumplida su petición, la desilusión fue insoportable cuando el viento le dirigió en contra de su voluntad. Entonces, el trol importunó a Legba, “El que es tán rápido como el viento”, el gran Loa de la Velocidad, que le concedió su sagrado don, y Laku fue convertido en viento. Siendo viento, se estrelló con fuerza contra una gran piedra, comprobando que ésta permanecía inamovible.

¡Ella sí que es realmente fuerte! ¡Quiero ser la roca!” Deseó Laku con tanta fuerza a Lukou, Loa de la Sanación y del Descanso, que consiguió hacer tornar su bella mirada al trol, convirtiéndolo en una grande y consistente roca, situada en una colina elevada en la selva. Laku, por fin, encontró la paz en esa condición. Se sentía indestructible, ya que creía que nada de este universo era más fuerte que él.

De repente, surgió un trol de la frondosidad. Se acercó a la piedra y con un cincel y un martillo comenzó a tallar la dura roca en la que Laku se había convertido. Laku deseó con fuerza salir de esa situación, imploró el favor de todos los Loa. Sin embargo, solo uno respondió. Y ese Loa respondió al mismo tiempo que tallaba la piedra: “La ambición te ha llevado hasta esta situación. Nos has importunado y no has sabido apreciar tu posición en este mundo. Ahora, acepta tu destino.” - contestó Dambala, el Señor de los Trucos, al tiempo que martilleaba con saña y placer la superficie del gran peñón. Laku escuchó, acompañando a los golpes secos del martillo, unas risas sobrehumanas que inundaron la selva durante aquella noche.

A la mañana siguiente, donde siempre Laku solía trabajar, un grupo de trols encontraron un bloque de piedra perfectamente tallado y pulido. El bloque, considerado cómo un regalo divino de los Loa, fue colocado en un lugar privilegiado de la muralla de Zul’Gurub, para permanecer durante incontables generaciones en ese lugar.

Zansoa y Mai'ahEditar

En las orillas de Durotar, se distinguía en la lejanía una figura solitaria, algo cabizbaja. Se trataba de Zansoa, un fornido Trol que se lamentaba de sí mismo mientras observaba el mar. Recientemente los Loa Dambala y Samedi se habían aliado entre ellos y decidieron llevarse a su esposa más reciente, Mai'ah, mientras trataba de cazar en el desierto una serpiente la hirió de muerte y no logró llegar con vida a la tribu.

En su infinito dolor, recordaba a Mai'ah, que en vida nunca había sido muy devota de los Loa, el sabía que su alma no descansaría en paz. En su dolor, con la zurna que ella misma le había tallado, tan sólo era capaz de crear melodías tristes y desgarradoras. Tal era la tristeza que despertaba que hasta los mismos Loa se compadecieron de él y le recomendaron ir a buscar el alma de Mai'ah en el mundo de los espíritus.

Decidido, hizo su petición al Loa Samedi, y de nuevo gracias a sus melodías logró encontrar su misericordia y le concedió el permiso para ir a buscar a su esposa, con la condición de que hasta que no lograra sacar por completo su alma del mundo de los espíritus, jamás debía mirar hacia atrás volviendo para ver el estado de su amada, si miraba su estado, no podría sacarla de allí.

Mediante un ritual llegó hasta ella, aliviado, la rodeó con una cuerda y se ataron mutuamente mientras Zansoa le prometía que la sacaría de allí.

Samedi, fue misericordioso pero era consciente de la debilidad del trol y no iba a concederle un alma que le pertenecía tan fácilmente, y durante todo el trayecto el cual duró horas (A lo que Zansoa le pareció días) Torturaba el alma de Mai'ah, la cual rompía en gritos desgarradores de dolor y sacudía la cuerda. Zansoa luchó contra sus instintos de protección y jamás la miró.

Fue tan sólo al final, cuando lograba vislumbrar el mundo de los vivos; Zansoa, preso de su alegría al pensar en la nueva oportunidad de vivir juntos que se les había otorgado, tomó la mano de Mai'ah y durante unos instantes miró a su esposa a los ojos.

Samedi rápidamente capturó de nuevo el alma de Mai'ah y Zansoa perdió para siempre la oportunidad de recuperarla. Cuando Zansoa volvió al mundo de los vivos, Samedi unió la cuerda rota para siempre con el cuerpo del Trol, para que él mismo y los demás miembros de la tribu nunca olvidaran lo sucedido, y para que no siguieran los mismos caminos de Mai'ah ni de Zansoa, puesto que todo tenía un precio y los Loa no perdonan.

Worodu y SamediEditar

Worodu era un jóven trol Gurubashi muy curioso e inteligente. No era el más alto ni el más fuerte, y sus colmillos no tenían nada de especial, pero aprendía más deprisa de lo que nadie podía recordar. Apenas recién destetado preguntaba a los ancianos sobre el origen del mundo y con apenas seis años conocía ya los nombres de los Loas y las historias de los dos imperios, y con ocho podía recitar de memoria más de setecientas plantas de la jungla y sus propiedades, así como los brebajes que se podían fermentar de ellas y los medicamentos extraídos.

Los ancianos de la tribu estaban contentos ante la prodigiosa inteligencia del joven trol y su dedicación al conocimiento de la cultura ancestral. Mientras otros trols practicaban con los machetes y las lanzas, Worodu preguntaba a los más sabios sobre el color de las nubes, los procedimientos de reducción de cabezas o el número de bigotes de los tigres. Worodu quería saberlo todo sobre todo.

Creció sin incidentes y su conocimiento aumentaba cada vez más, pero con dato adquirido crecía en él una oscura ansiedad en su corazón. ¿Que pasaría con todo lo que había guardado en su mente cuando muriese?. Apenas llegado a su mayoría de edad Worodu se interesó por los rituales del adusto Samedi, con el esfuerzo de encontrar un modo de retrasar, o evitar, su comparecencia ante el señor de la muerte. Durante años rezó al Loa, estudió las antiguas tablillas, e incluso llegó a organizar grandes sacrificios en su honor con el fin de cambiar las almas de las ofrendas por la suya, pero en vano. El loa siempre permanecía en silencio.

Frustrado, Worodu maldijo a Samedi. Declaró ante su tribu que el no viviría bajo su oscura sombra y encontraría el modo de evitar la muerte. Se fue de la tribu y durante años viajó por todo el mundo, hasta llegar a Tanaris, donde en un oscuro templo semi enterrado en las arenas halló un ritual Farraki ancestral que le permitió vincular su alma y alejarla de los perros del señor de la muerte.

Satisfecho, salió del templo y sonrió ufano. ¡Ya no pertenecía al Loa del inframundo, él, Worodu, era libre para hacer lo que quisiera, ya que no debía temer nunca más a la hora de comparecer ante el Loa de mirada severa. Volvió a su tribu, donde halló una compañera y tuvieron muchos cachorros. Sin embargo, unos años más tarde su compañera murió por la picadura de una serpiente y apenado, Worodu creó un pequeño altar para honrar su espíritu.

Los años pasaron, y sus crías crecieron y murieron. Sus conocidos también desaparecieron, y sus bisnietos pasaban ante sus ojos como las moscas de verano. Worodu vió como todo iba muriendo a su alrededor e incluso el pequeño altar que había construido se resquebrajó y cayó bajo el peso de los años. Los rostros se confundieron en su memoria y fue olvidando los preciados datos que había atesorado. ¿Como se llamaba su compañera? ¿Quien era su padre? ¿Como era su tribu? Enloquecido, Worodu olvidó incluso su nombre y se retiro a una caverna de la jungla, donde habitó durante años y años, hasta que los días dejaron de tener sentido para él. Finalmente, un día un trol adusto se presentó ante el, mirándolo con fijeza. Tenía el rostro pintado de blanco y los ojos completamente negros, con un tocado de color igualmente negro en su cabeza, tapando los cabellos blancos y un bastón de madera vítrea, y Worodu se arrodilló ante él, pues sabía que se hallaba ante el mismísimo Samedi. El Loa abrió los brazos y señaló los juncos que el anciano trol había estado mascando. Con otra mano señaló un brote que creía a la entrada de la cueva, y Worodu comprendió.

En su arrogancia había pretendido escapar de Samedi, sin saber que todo acaba volviendo a su reino para que otros apareciesen y a su vez alimentasen su reino. Escapar a él era una locura pues todo le pertenece en última instancia.

-Eres mío Worodu.- Dijo el Loa con la voz de mil vientos helados, y el trol asintió, pues había comprendido.- Intentaste escapar de mi sin saber que aún evitando tu muerte tus cachorros y tus compañeras acabarían alimentando mi reino. Has vivido de forma prestada como lección, Worodu, pero es hora de que vuelvas a casa.-

-Estoy cansado.- Contestó sencillamente el anciano trol. El Loa sonrió, dejando a la vista unos dientes amarillentos. Su sonrisa no era ni cruel ni bondadosa, si no inevitable y Worodu no pudo si no asombrarse de su propia estupidez. Comprendió que todo obedecía al plan del Loa y que aunque el mismo había evitado su muerte durante un tiempo nada escapa de forma eterna al señor de los muertos. Samedi le tendió una mano, también empolvada con pintura blanca y Worodu la tocó. No se sorprendió al comprobar que estaba fría.

-Iré con mi compañera?- Preguntó con voz quebrada. Samedi le miró de forma severa.

-No Worodu, pues te rebelaste contra mí. Tu eternidad no está junto a los tuyos, si no siendo castigado por tu rebeldía. Pagarás mil veces mil cada hora robada a Samedi, pues nada ni nadie ha de vivir más que el tiempo que yo juzgo necesario- Respondió con un tono solemne, pero al mismo tiempo malicioso. Worodu abrió los ojos al comprender que pasaría una eternidad alimentando al Loa y siendo torturado por sus sirvientes por su acto de rebelión. Quiso gritar pero ya era tarde.

Estaba muerto.

“Samedi nos juzga a todos y más pronto o más tarde vendrá a buscarte joven trol. Es un recordatorio de la brevedad de nuestras vidas y nosotros decidimos que hacer durante ese período para hacer que valga la pena la eternidad en sus frías salas”

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