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Relato escrito por Ëchedey. Hilo original aquí.



Acostumbrado al frío helado de Dun Morogh donde solía cazar, aquel lugar era bastante agradable. Los árboles crecían altos y fuertes. A su alrededor la fauna cazaba entre los árboles. Ciertamente era un buen lugar para vivir. Eso si no contamos las tribus de trolls que adoraban a unas arañas del tamaño de un caballo capaces de succionar todos los órganos vitales de un humano en minutos, o quizás la gran cantidad de lobos que podía ver en muchas ocasiones fuera del camino. Gendur era un cazador experimentado pero esos lobos cazaban en grandes manadas. En contadas ocasiones podía llegar a vislumbrar un grifo entre los árboles. Los enanos Martillo Salvaje adoran a estos nobles animales según pudo apreciar en Pico Nidal. Su intención era llegar a la Avanzada Tempespluma y quizás encontrar algún trabajo.

Gendur, se bajó la capucha y respiró el aire puro de la zona. Entonces un olor horrible le sorprendió, un olor a muerte, a descomposición. Gendur notó como su caballo se ponía cada vez más nervioso y golpeaba duramente el suelo con sus pesuñas al caminar. Gendur agarró el viejo rifle con el que cazaba. Tratando de ver algo entre los árboles divisó un viejo camino y a su lado un destartalado cartel. Se acercó despacio y detuvo a su caballo al lado de la señal. La observó y vio que estaba escrita en un perfecto común. Comenzó a leerla.

Caminante, se advierte que este camino conduce a Roca Oculta, antigua base de operaciones de la Horda durante la Segunda Guerra.

La cueva se encuentra invadida por mocos y babas de un tamaño considerable que ataca a todo el que se aserca. Han desaparecido multiples mercaderes y viajeros. Se pide precaución.

Se ofrece a su vez una recompensa a aquel que sea capaz de eliminar de una vez por todas a una baba de tamaño descomunal que ha sido denomiada El Rik. Esta baba tiene un color grisáceo y es capaz de devorar a un enano entero en cuestión de minutos.

A quién consiga limpiar la cueva y sus alrededores se le ofrece una recompensa en Avanzada Tempespluma.

Por último se recomienda tener cuidado con las lechubestias que se encuentran por los alrededores ya que son hostiles a cualquier viajero.

Caza01.jpg

Avanzada Tempespluma.

El deseo de aventuras y la prometida recompensa hizo que Gendur no se lo pensara dos veces y avanzara por el pedregoso camino en dirección a la cueva. No tuvo que avanzar mucho cuando divisó unas viejas ruinas de trolls y a sus pies una cueva. No parecía haber nada alrededor por lo que avanzó hacía las ruinas dispuesto a dejar el caballo a buen recaudo en lo que preparaba un plan de actuación.

Las ruinas estaban vacías y no quedaban más que restos de lo que antaño fueron. Gendur amarró su caballo a uno de los pilares. Se disponía a explorar el lugar cuando un olor enfermizo a podredumbre le invadió.

A su alrededor comenzaba a brotar del suelo y de las esquinas masas de viscosidad verde que rápidamente fueron juntándose hasta convertirse en unos seres amorfos que sin dilación se lanzaron sobre Gendur. El humano saltó sobre uno de los antiguos muros para esquivar a una de esas viscosas criaturas. El olor se hacía cada vez más insoportable y peor aún, esas criaturas se acercaban a su caballo. En su caballo se encontraba varios fardos de dinamita que había conseguido en las ruinas del viejo puente cerca de Dun Modr.

Gendur saltó del muro y corrió hacía su caballo. Agarró su mochila y la tiro al suelo, rebuscó rápidamente en su interior y sacó la vieja dinamita. Tras esto, liberó a su caballo que salió galopando fuera de las ruinas. Gendur sacó un encendedor y se preparo para recibir a la primera de las criaturas. Cada vez estaba más cerca y su hedor era vomitivo. Cuando ya estaba a pocos pasos el humano encendió la mecha y la lanzó en el interior de la masa viscosa. Gendur corrió en busca de un lugar donde cubrirse agradeciendo que la mecha de la dinamita enana no se apagará. La criatura explotó y restos verdes de mocos y babas cayeron alrededor.

Caza02.jpg
Las otras criaturas comenzaron a introducirse entre los muros y grietas. Gendur salió de su escondrijo y cuando todo parecía haber acabado una gran masa comenzó a formarse enfrente de él. La masa viscosa tenía un color grisáceo. De una forma tan rápida que Gendur no pudo ni esquivar, la baba succionó a Gendur una de sus piernas y comenzó a tirar de él. El humano podía apreciar como en su interior flotaban restos de armas y armaduras, así como restos de criaturas y huesos. En la parte superior una inmensa calavera flotaba y parecía ser el epicentro de control del bicho. Gendur agarró velozmente su rifle y disparó una certera bala a la calavera. La criatura lanzó un sonido que Gendur interpretó como un rugido. La baba lanzó a Gendur contra las rocas y el golpe le dejó sin aliento. Gendur se puso de rodillas y vio como la baba se acercaba y volvía a succionarlo y esta vez por las dos piernas.
Caza03.jpg
Gendur se debatía mientras la criatura lo succionaba cada vez más. El olor era insoportable y el humano temía perder la conciencia. Tratando de agarrarse al suelo, Gendur avistó un cartucho de dinamita tirado en el suelo y trató de alcanzarlo. Se arrastró y luchó hasta que consiguió agarrarlo. Se jugaba la vida en este momento y tras encender la mecha la introdujo directamente en la calavera de la baba gigante. La masa comenzó a retorcerse y escupió a Gendur mientras trataba de sacarse la dinamita de la calavera. Gendur corrió a cubrirse mientras una explosión convirtió en una masa inerte en el suelo a la criatura.

Completamente cubierto de babas y restos viscosos, Gendur avanzó de vuelta al camino, Le dolía todo el cuerpo pero agradecía no haberse roto nada. Se preparo para ir caminando el largo trecho que le quedaba hasta la Avanzada cuando vio a su caballo junto al camino. Tras esta aventura Gendur esperaba tomarse unas buenas vacaciones cazando tortugas en la costa y quien sabe. Quizás la recompensa valga la pena.

Cuando disponía a montarse en su caballo le sobresaltó un rugido a sus espaldas y recordó el último aviso del cartel. Malditas lechubestias.

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