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Relato escrito por Valldemar. Hilo original aquí.



Día 149. El Monte Negro, Gilneas. Medianoche. -...¿Y entonces qué te dijo?- Je, pues me dijo "Eres muy encantador, me alegro de que esa vieja arpía te contratase" <El más alto de los dos soltó una risotada prolongada, cosa a la que el más joven y más limpio imitó> - Venga ya, ¿cómo te va a decir una damisela gilneana tal cosa? - Que sí, créeme. Las de aquí son como en todas partes: Van de...<Coge unas hojas secas del suelo con la mano> mujeres que solo están a la altura de la más alta nobleza <Mueve las hojas cubriendo su cara como si fuese un abanico> pero son iguales que unas cerdas en celo. - Jajajajajajajaja <Las risas se volvieron a adueñar del lugar>

El bosque esa noche estaba más calmado que los días anteriores y se hacía notar, sobretodo en el silencio que imperaba en todos lados. Ni los cuervos volando de rama en rama acechando a los transeúntes, ni el sonido de las gotas de rocío precipitándose contra la hierba del suelo hacían acto de presencia.

El Monte Negro tenía ese nombre y realmente se lo merecía, ese lugar resultaba tétrico a cualquiera que se armase de todo su valor para adentrarse en él. Los árboles eran los moradores más antiguos y más imponentes del bosque; sus ramas eran tan grandes como un ogro con grandes espinas en ellas (cosa que avivó la imaginación de un trovador para darles más tarde el ápodo de "Árbol Coladraco"). Pocos podían decir con toda seguridad haber visto a los grandes y tenebrosos Coladraco con hojas, pero esa época del año parecía que los dioses habían obrado haberles dotado de un puñado de flora mal crecida.

El suelo estaba cubierto de flores de paz, brezoespinas y musgo rojo que daban un toque macabro pero romántico al bosque.

-Mira, no seré yo quién te diga esto amigo mío, pero creo que solo te lo estás imaginando todo tú solo - <Se sentó en una roca dejando una pala sucia a su lado> - ¿Cómo voy a imaginarme que me echan los trastos las mujeres? Oye, si tienes envidia que sepas que estoy acostumbrado, Berloc. - <Dijo con sarcasmo el joven de pelo negro recogido con una coletilla y un bigote debidamente recortado de tal forma que quedase lo más elegante posible> - Oh sí, me muero por estar en tu cama junto a las más guapas del reino: La viuda Roggerson, la nieta del panadero que tiene los dientes como los de un caballo. Ah sí, y cómo olvidarnos de la preciosa y simpática hija del enterrador, su pelo albino es de lo más bonito que uno puede ver - Já, la hija del enterrador...En realidad es maja, pero no veas como tartamudea la pobre - ¿Por qué tartamudean los tartamudos? - Porque su tartamudeo les convierte en tartamudos - ¿Y qué provoca el tartamudeo de los tartamudos que tartamudean? - El tartamudismo tarmudero... <Volvieron a estallar en risas ante su conversación tan banal y sin sentido>

El joven de piel morena se estuvo riendo un poco más y se sentó al lado en la misma roca que su amigo, dejando en sus rodillas una pala que también tenía aspecto de haber sido usada. Las ropas de ambos distaban mucho la una de la otra: El del chico joven eran una camisa con un pañuelo azul al cuello, pantalones negros y unos zapatos de color betún. Sin embargo el otro más viejo y desaliñado llevaba un abrigo propio de los ciudadanos de gilneas de clase media, tenía el pelo cortado de mala manera como si lo hubiese hecho usando algo afilado con prisa y su calzado eran unas botas usadas que dejaban ver agujeros en ellas.

-Oye Berloc, ¿sabes quién era? <Dijo mirando a una rama del árbol que estaba frente a ellos que tenía un par de hojas que danzaban por la brisa nocturna> - Sí, espera que mire...<Sacó un papel de un bolsillo del abrigo y miró> Aquí está: Mathew Thomas Nosequé. Hijo de un tal Donovan que no pagó a un cosechador su sueldo de un año de cosecha. Y dice también que debíamos enterrarlo bien profundo en la tierra en un lugar apartado. - Pues ya está hecho casi todo el trabajo, ahora solo falta despedir el cadáver - <Berloc le miró un momento como si no supiese si hablaba con su amigo> - ¿Qué pasa? - Nada, solo que me extraña que TÚ, Valldemar Gloomday quieras dar un entierro digno a un desconocido.

El joven llamado Valldemar dedicó una sonrisa a su compañero.

-Ya..bueno. Es que verás, si lo piensas bien no hay nada de malo despedir un maldito cadáver, es solo decir palabras huecas que no significan nada - Deja de hablar así ya - ¿"Así, cómo? - Así. Diciendo cosas como "palabras huecas", ¿eres algún poeta o estás haciéndote el culto conmigo? - No me vengas con esas. Te cabreas por cualquier !@#$%^ que digo, vete y chúpame un pie - Ahora sí que hablas como Valldemar <Ríe> - "Pelfecto". Pues ahora a enterrar a este y a cenar que me muero de hambre -.

Ambos se levantaron y cogieron las palas. Valldemar cogió la suya con una mano y caminó unos metros acompañado de su camarada con una caja de madera agarrada con una cuerda en la otra mano, parecía pesar un poco. Llegaron a las raíces de un árbol no muy grande donde había un agujero en forma de rectángulo donde debía ir la caja. El agujero podía alcanzar los dos pies y medio de profundidad. El joven de camisa blanca y limpia se agachó y bajó la caja usando la cuerda hasta el fondo de la tierra negruzca de la que asomaban raíces y algún que otro insecto.

-Bueno, le dejo a usted decir unas palabras <Dijo en tono jocoso Berloc a su amigo que se paraba junto a su lado> - Bien...Ahora mismo en este lugar apartado de tu casa, de la seguridad que te daba tu familia y demás te damos un ultimo adiós Mathew Thomas. Aunque solo estuviste en este puñetero mundo por dos primaveras y seguramente ni eras un hijo querido, pero a lo que me refiero es que...Si tu fantasma decide deambular por este sitio o maldecirnos que sepas que tu padre tiene la culpa por avaro. Alabada sea la Luz. - Alabada sea y las sacerdotisas marchosas- <Tras un momento de risas tras ese comentario empezaron a echar tierra al agujero tapando la pequeña caja que usaron de ataúd para el desafortunado Mathew Thomas>

-Bruff. Que frío hace, -*!@r. - Y eso que ha llovido menos que hace unos meses - Odio este reino, siempre hace frío y llueve...sus muertos <Se frotó sus blancas y rugosas manos y dio media vuelta con su amigo con la pala al hombro> - A todo esto, ¿te he contado que la asquerosa de mi vecina me tiró una manzana? - Jajajaja, cuenta, cuenta...-

Y así es como poco a poco volvieron al camino de piedra que los llevaría dentro del reino y volverían a sus respectivos lugares de descanso, listos para volver mañana con otro trabajo nocturno.

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