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Brioche

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Brioche
Imagen de Brioche
Información del personaje
Servidor Los Errantes
Apodo Loca, Pequeña, Quitalasmanosdencima...
Título Miss
Género Femenino
Raza Goblin
Edad 28 años
Clase Sacerdotisa
Alineamiento Caótico Bueno
Ocupación Directora (y única empleada) de Bunny Boom
Lugar de nacimiento Kezán
Residencia Casa de Faustián en estos momentos/Itinerante
Afiliación Cártel Pantoque
Estado Viva

Aspecto físicoEditar

Brioche es una goblin de aspecto delicado y encantador.

Su cuerpo es la perfecta recreación de una muñequita de porcelana… en versión verde y algo desproporcionada, por supuesto. De estatura media para los de su raza pero con una constitución endeble y menuda; los hombros son estrechos y sus caderas, aunque provistas de algunas curvas, no parecen haberse desarrollado del todo en voluptuosidad. Una cintura estrecha y unos senos turgentes y juveniles la salvan de parecer una criaturita recién salida de la pubertad.

Tiene un cutis envidiable y su piel es de un tono verde lima muy saludable. No parece que se broncee con asiduidad (quizás de ahí lo sano de la misma), pero sí presenta unas tímidas pecas que manchan el tabique de su nariz y algunos de los recovecos más pudorosos de su cuerpo.

Ganó la lotería genética, de eso no hay nuda: aunque está cerca de la treintena, sus rasgos son aniñados y no presenta signos de envejecimiento. El rostro está pintado magistralmente con unas líneas dulces y muy finas que enfatizan aún más si es posible esta impresión de joven pueril. 

Su naricilla es prominente y respingona, está acabada en punta y le da cierto aire de dignidad… o de niña repelente sabelotodo, dependiendo de la bondad del observador. Tiene los pómulos altos y las mejillas rellenitas, y cuando sonríe se le forman dos hoyuelos en las comisuras de sus labios carnosos y gruesos. Estos últimos están bien hidratados porque los embadurna con pintalabios en tantas tonalidades y tan brillantes que a veces rivalizan con el arcoíris.

Allá donde posa la mirada no suele pasar desapercibida, principalmente porque el iris de sus ojos es del color de la amatista pulida y posee un brillo curioso que aviva su faz e inquieta al observado. Su mirada se adorna con unas espesas pestañas que ella no duda en espesar aun más con ayuda del rímel.

En este último punto no suele escatimar: Brioche adora el maquillaje.

Como no podría ser de otro modo, y para culminar su imagen de princesita del desguace, su cabello es rubio platino y cae sobre la espalda como una madeja desordenada de bucles hasta los omoplatos. No se tiñe y acostumbra a llevarlo anudado en dos coletas altas para mayor comodidad. En ocasiones lo adorna con lazos de seda, diademas, florecillas u orejitas sintéticas de animales, siempre a juego con el resto de su vestuario y dependiendo de la ocasión.

Escoge su ropa en consonancia con el resto de accesorios. Adora los colores cálidos, las tonalidades pastel y la paleta de los blancos rotos. Aunque su atuendo es llamativo y ridículamente infantil para una goblin de su edad, guarda cierta armonía en su conjunto. Le gustan las faldas abombadas, el encaje, el tul y los volantes. A veces sacrifica algo de su extravagancia a favor de togas largas y sedosas que le otorgan un aspecto más elegante y la dejan maniobrar con más facilidad. Se perfuma con fragancias dulces como la vainilla y la fresa, nunca en exceso. No hay duda de que otorga una importancia desmesurada a su vestuario, ya que forma parte de su seña de identidad.
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Colección de ropa de Brioche.

Se encamina hacia su destino con pasitos cortos y dando saltitos graciosos, no parece conocer la vergüenza ni tampoco la prisa. Observa todo con una ingenua curiosidad que en ocasiones ruboriza sus mejillas y que hace brillar sus ojitos traviesos. A veces hace gala de unos ademanes más refinados, que desmienten su fachada de renacuajo y sacan a relucir una educación más concienzuda y elaborada de lo que se podría esperar en un principio.

Por último, Brioche habla con un tono agudo que modula con facilidad. Está dotada de un cierto oído musical y eso la ayuda a no destrozar los tímpanos de lo oyentes cuando trata de hacerse oír con exclamaciones más elevadas de la cuenta. Exagera sobremanera y endulza a conciencia sus palabras. Seguramente tendría una voz agradable y femenina si no se empeñase en sonar como una adolescente hormonada.

Características PsicológicasEditar

Virtudes y DefectosEditar

Brioche es un derroche de energía, dulzura y cosas bonitas. El problema es que esa mezcla de ingredientes está aderezada también con el terrible don de la inoportunidad, la extravagancia en sus cotas más extremas y la voluntad de hacer oídos sordos a los demás.

Es una goblin creativa, con muchísima imaginación y un ingenio agudo; en ocasiones, cuando no está sumida en alguna ensoñación absurda, puede apreciarse en ella una mente inteligente y despierta. El problema es que esa mente más perspicaz está enterrada bajo sacos y sacos de impulsividad, ganas de divertirse y conejitos.

Aunque tiene la virtud de ignorar convenientemente a los demás cuando le viene en gana, también es cierto que posee una empatía desmesurada y que es sensible a los problemas ajenos. Es extremadamente complicado serenarla, pero cuando la situación es peliaguda y lo requiere, Brioche se vuelca en aquellos que más lo necesitan y trata de auxiliarlos de todo corazón. Al contrario que muchos de su raza, es una mujercita desprendida y con una ambición comedida, posiblemente porque las circunstancias que la han llevado a ser lo que es han sido peculiares y bastante exclusivas.

Si la espontaneidad es una de sus mayores dones, la flexibilidad a la hora de entablar relaciones y de moverse en entornos nuevos también lo es. No obstante, esta es un arma de doble filo: el amor desmedido por las sorpresas y su tendencia caótica la empujan a aborrecer la rutina y prácticamente cualquier tipo de orden establecido. Se aburre con una facilidad espantosa y eso la impulsa a crear situaciones de lo más inverosímiles para aquellos que no la conozcan, e incómodas para los que sí lo hayan hecho.

Lo cierto es que tras la hermosa máscara del artista bohemio, libre de las leyes que atañen al resto de los mortales, hay algo muy distinto. La vida ha golpeado con dureza a Brioche repetidas veces y eso ha dejado mácula en su personalidad. Al margen de sus lapsus de memoria más que oportunos y de un interés malsano por desbaratar los planes de todo el mundo, está desequilibrada mentalmente. 

Si bien parece que posee cierta estabilidad emocional, tiene la autoestima mellada y un miedo atroz al abandono. Su ingreso en el psiquiátrico la ha vuelto desconfiada con los más desinteresados y ha bloqueado muchos de sus sentimientos con la intención de mantenerlos escondidos y a buen recaudo, y así protegerlos de los golpes de la vida que estaban por venir.

Aunque hace ya casi una década que Brioche dejó atrás su adolescencia, parece que aún sigue anclada en una pubertad tardía. Solo en ocasiones puntuales demuestra algo de madurez y de sentido común. Esto último ocurre con más frecuencia desde que conoció al doctor Faustián. 

FeEditar

Brioche cree en el amor por encima de todo, para ella nada es imposible siempre que el afecto por los demás se mantenga vivo. No sigue la doctrina filosófica de la Luz a rajatabla (más que nada porque la desconoce), pero sus ideales se aproximan bastante a esta sin ser consciente de ello. En su cabecita, todas las acciones provienen de la necesidad de mostrar a otros nuestro afecto… o de la necesidad de recibirlo.

Desde este curioso y reduccionista punto de vista, simplifica todo a una búsqueda frenética de cariño: incluso las acciones más deplorables pueden explicarse por una urgencia insana de ser amado.

Al margen de la moralidad y la ética, Brioche cree en todo tipo de cosas: cerdos con alas, ponis multicolores, ángeles con alas de mariposa, etc. Esta fe en imposibles no se sabe muy bien si nace de su exuberante imaginación o si es un reflejo distorsionado de su esperanza en las causas perdidas. 

A Brioche le gusta...Editar

Amodorrarse con la radio encendida, más aún si emiten algún temita popular o infantil que sea de su gusto. Le cuesta horrores conciliar el sueño, así que ha transformado la media hora antes de dormir en toda una odisea plagada de detalles para su confort. 

Le encantan los dulces de cualquier tipo, pero siente cierta debilidad por los que presentan una composición líquida: batidos, chocolate caliente, sirope… Su postre favorito es un enorme vaso lleno hasta el borde de batido de fresa, coronado por un monte de nata y con virutitas de colores que hagan compañía a una cereza solitaria en la cúspide. Tampoco rechaza bebidas alcohólicas que estén ligeramente edulcoradas y tiene una pasión secreta por la comida picante y el chocolate negro más puro.

Su marca de juguetes se llama “Bunny Boom”, así que es fácil deducir que los conejitos son una parte esencial de su vida. Actualmente no posee ninguno vivo, pero cuando era pequeña cuidaba de un conejo enano del color de la avellana que respondía al nombre de Gofre. Al margen de los animales domésticos, plaga cada uno de sus accesorios con figuras conejiles; incluso corren rumores de que tiene un conjunto de ropa interior bordado con ellas.
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Gofre cuando aún estaba vivo.

Por descontado, adora también los juguetes. Mantiene un carácter pueril y despreocupado que le permite tomar un punto de vista más próximo al de los infantes. Muchos dicen que esa fue precisamente la clave de su éxito.

Dibujar es su pasión. Aunque diseñar nuevos engendros mecánicos a los que dar vida es parte de su trabajo y su devoción, no le hace ascos a pintar cualquier otra cosa. Para ella cada línea de grafito en el pergamino es un mundo nuevo por descubrir, un paraíso del que es dueña y señora y dónde los problemas están lejos, muy, muy lejos.

Aunque hace mucho tiempo que abandonó la niñez, aún juega con frecuencia. Cuando no goza de una colección de peluches a su disposición no teme en usar a las personas que tiene alrededor para satisfacer su sed de diversión. Jamás lo hace con malicia y mucho menos admitirá que lo hace a propósito. No obstante, meter a sus compañeros en los líos más surrealistas que se le pasen por su cabecita es uno de sus hobbies más reseñables.

Perder horas y horas preparándose como si de una diva del pop se tratase es otro de sus quehaceres favoritos. Lápiz de ojos, sombras, barra de labios… Brioche se trata a sí misma como un lienzo más que rellenar y lo cierto es que no se le da mal del todo. Algunos pequeños cambios se han producido en las últimas semanas desde que vive con el doctor: utiliza una paleta de colores ligeramente más sobria (del rosa chicle al lila solo hay un suspiro) y ha cambiado las faldas de tablas por togas largas que estilizan su figura y remarcan las curvas de su cuerpo.

BiografíaEditar

Una niñez muy singularEditar

Brioche nació en una preciosa villa de ricachones en la periferia de Kezán. Sus padres disfrutaban de un patrimonio privilegiado y ambos ejercían profesiones de prestigio. Jem Pulestrellas fue una “idol” juvenil de poca monta que había visto los beneficios de dedicarse a las nobles labores del encamamiento y la prensa rosa, en lugar de perder el tiempo con las pobres letras de sus canciones y sus exiguos admiradores.

En una de esas aventuras nocturnas conoció a Clash, un abogado que frecuentaba más los clubes nocturnos que sus oficinas en el bufete. El flechazo fue instantáneo, pero el noviazgo no se consumó hasta unos meses después, cuando Jem apareció en el despacho de Clash con la amenaza de destruir su vida si no le daba una existencia digna a ella y a su pequeña hija nonata.

El pobre chantajeado admitió el desliz y cedió a la presión de la opinión pública. Contrajo matrimonio con la estrella unas semanas más tarde. 

Así pues, la tierna Brioche pasó los primeros años de su vida entre una madre con un complejo de diva insatisfecho que trataba de revivir una y otra vez las “glorias” del pasado; y un padre al cual todo este asunto de la familia le venía grande. Pese a las extrañas circunstancias relativas a su hogar, y aunque nunca encontró en sus progenitores todo el cariño que le hubiese gustado, a la pequeña goblin jamás le faltó de nada en lo que al plano material se refiere. Muñecas, vestidos a la última moda y ponis de colores; la colmaban de caprichos innecesarios para que se mantuviese risueña, feliz y lo más importante de todo: en silencio. 

Pero en su séptimo aniversario el drama se desata.

Los sucesos no están demasiado claros, pero de lo que no hay duda es que ese día aciago Jem y Clash ven en su hija un comportamiento extraño que los asusta y que hace que se replanteen la actitud que mantienen para con su hija. Ambos toman una decisión crucial que cambió la vida de su retoño para siempre. Hicieron lo que todo matrimonio cariñoso y atento hubiese hecho con un niño problemático: internarlo en un psiquiátrico. 

Brioche pasa cinco años de su vida entre las lúgubres paredes de una institución  de la salud mental, sedada la mayor parte del tiempo. Sus padres van a visitarla una vez al mes y cubren la celda con juguetes y obsequios tan caros que harían enmudecer hasta a la conciencia más limpia.

Una tarde lluviosa, las alarmas del psiquiátrico suenan en honor a nuestra protagonista: Brioche se ha fugado. No se sabe a ciencia cierta cómo lo hizo ni dónde se cobijó, lo que sí se sabe es que sus padres no volvieron a saber de ella y que tampoco hicieron el intento de buscarla. Para ellos, su hija mentalmente inestable había muerto en las peligrosas calles de Kezán el día de la huida. Al fin eran libres para empezar una nueva vida.

Adolecencia y el camino hacia la fortunaEditar

Lo cierto es que Brioche estuvo a punto de caer en las garras despiadadas de las peligrosas calles de Kezán. Tras vagar sin rumbo unas horas, se desplomó sin fuerzas a los pies de un basurero en el barrio más problemático de la ciudad. La suerte sonrió a la jovencita, y en lugar de caer en las manos de una mafia o de algún lascivo descarriado, un anciano juguetero dio con su cuerpo inconsciente cuando iba a tirar la basura y se apiadó de ella.

Rinzler tenía una juguetería en los bajos fondos, a punto de caer en la bancarrota pero sin sumergirse del todo en la ruina, siempre subsistiendo como la mala hierba en el asfalto. No tenía herederos que sacaran a flote su negocio y él ya había probado tantas veces los sinsabores de la vida que había perdido toda esperanza. Brioche se probó útil para el viejo con los años: además de contagiarlo con su energía, atendió el negocio y se prestó a auxiliarlo en la etapa más difícil de su vejez. Rinzler no podría haber sido más generoso ni ella más gradecida.

Pero nada dura para siempre, y el anciano murió el mismo año que su nieta adoptiva alcanzó la mayoría de edad.

Tras una sucia guerrilla por la herencia contra los familiares oportunistas del anciano, Brioche se alza como legítima heredera del emporio gracias a la ayuda de un antiguo socio de Rinzler, Bash.

Bash tenía un desguace en el mismo barrio que Rinzler y en ocasiones arreglaba para él los juguetes que venían defectuosos de las fábricas. Cuando este enfermaba o  sufría un imprevisto que le impedía atender su negocio, el viejo siempre enviaba a su nieta para cubrirlo. Bash, pese a ser un cascarrabias insufrible, termina por cogerle cariño a la jovencita e incluso monta por placer algunas de sus creaciones con las sobras inservibles de la chatarrería.  Es así como comenzó su carrera hacia el estrellato… y hacia la riqueza. 

Aunque nuestra Brioche adolescente se encargaba de la juguetería, su mayor pasión era dibujar. Disfrutaba plasmando ideas imposibles y dando forma con sus dedos a mundos cada cual más fantasioso que el anterior. Finalmente una de esas ideas cobra vida: el Bunny Boom. 

El Señor Bunny Boom es el sueño de todo pequeño goblin. Consiste en un conejo mecánico que cumple las funciones de una mascota real, esto es: acude cuando se le llama, responde a los mimos, etc. Además, tiene un compartimento en el trasero con media docena de bombas caseras, ilumina con sus ojitos fosforescentes en la oscuridad e incluso baila si se lo pides amablemente. Lo que al principio comenzó como un boceto en la esquina de una servilleta, terminó convirtiéndose en la obsesión de Bash, quién tenía pensado llevar a cabo una réplica a escala de la susodicha alimaña para regalársela a Brioche el día de su cumpleaños. 

La goblin estaba encantada con su regalo: el Señor Bunny Boom, desde ese día es un compañero inseparable y su mejor amigo. Lo que Brioche ni Bash se imaginan es que el juguete en cuestión cosecha un relativo éxito entre los clientes que lo ven en la tienda brincando tras su dueña. Ambos goblin no se lo piensan dos veces y crean una docena de conejitos mecánicos para ponerlos a la venta. ¡Los resultados no podrían haber sido mejores! En menos de tres días se vendieron todos. 

La clave del éxito: conejitos hasta en la sopaEditar

La locura se desata. Lo que al principio parecía un experimento inocente para ver si podían captar con ayuda de los conejos algo de público para el negocio, termina siendo una revolución. En menos de tres meses hay cuatro prototipos diferentes del Bunny Boom, cada uno de un color distinto y con características especiales que hacen las delicias de sus compradores. En menos de medio año había siete prototipos y la tienda del abuelo Rinzler se había mudado al centro de Kezán. La marca ya no solo se utilizaba para juguetes mecánicos, sino también para muñecos de trapo, ropa, utensilios de papelería, etc.
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Prototipo antiguo del Bunny Boom.

Mientras que Brioche es la imagen y fuerza creativa de la empresa, Bash se encargaba de las labores burocráticas. Contrataron a varias dependientas con el perfil de perfectas lolitas para asistir a nuestra protagonista con la juguetería, y para sorpresa de esta última (pues nunca le sobraron las compañeras de juego) terminaron entablando una hermosa relación de amistad.

Pero no es oro todo lo que reluce y los problemas no tardan en surgir en torno al imperio del Señor Conejo. 

Aunque Bash era el socio y el segundo al mando de Brioche, la codicia no tardó en tentarlo para que traicionara a su compañera. En lugar de llevar a cabo una burda táctica para desbancarla del trono orejudo, opta por desviar algunos beneficios de la empresa a su cuenta privada. De este modo mantiene la imagen de la marca (que funciona bastante bien) y no entra en una retahíla de juicios para decidir quién se queda con la juguetería. A su joven socia no le importaban en exceso sus tejemanejes y prefería ocupar su cabecita con cosas más divertidas. En su actitud de eterna adolescente, Brioche alimentó la ambición de Bash y llegó al punto en que se convirtió en tan solo una empleada más. Una empleada de honor, eso por supuesto. 

Por otro lado, en el plano amoroso las cosas también se complican…. O más bien se complican porque nunca empiezan. Mientras Brioche atiende las cartas anónimas de algunos de sus seguidores más acérrimos (y es necesario añadir que muchos de ellos no pasaban de una decena de primaveras), una de las dependientas suspiraba en secreto por ella. 

Xana entró a trabajar en el Bunny Boom cuando la tienda se instaló en su más célebre ubicación; como esta había salido recientemente de una relación tormentosa, concentró toda su energía en su nuevo empleo. Encontró en su jefa a una goblin cariñosa con la que dejar atrás las penas. Puesto que Brioche respondía a sus tentativas de forma favorable, no tardó en encapricharse más de lo previsto.

Lo cierto es que nuestra jovencita no entendía del todo las reglas no escritas de la seducción y en su afán por ser amable con todos, creó falsas esperanzas en Xana. Esta última vio competidoras en el resto de sus compañeras de trabajo e ideó una estratagema para quitárselas a todas del camino. Justo antes de la explosión de la isla, la juguetería solo contaba con dos dependientas y estaba al borde del colapso.

Viaje a una nueva vidaEditar

Tras los catastróficos acontecimientos en la isla, Brioche llega sana y salva a la costa de Azshara. La acompaña su antigua y leal dependienta: Xana, quien aún tiene esperanzas de poder conseguir algo más que unos inocentes piquitos y decide acompañarla allá adónde va. No obstante, las cosas no salen tal como preveían ambas. La ex directora de la marca sufre un shock con el obligado cambio de aires y da palos de ciego en su objetivo de levantar de nuevo el negocio. 

No se sabe exactamente el qué, pero algo impulsa a Brioche a viajar hacia los Reinos del Este. Tras largas semanas de espera mendigando por los baldíos, consigue llegar a su misterioso destino: la antigua ciudad Lordaeron, ahora Entrañas.

Es justo allí, tras un rechazo súbito e inesperado, donde Xana abandona a su caprichosa compañera a su suerte. La prometedora dependienta se había cansado de pagarle los batidos de fresa a Brioche y prefería buscar prados más verdes en cualquier otro lado.  Se rumorea que  consiguió un puesto de trabajo en una fábrica de textiles y que frecuentó las camas de algunas celebridades de Pantoque. 

Por otra parte, apenas se sabe nada de Brioche tras la ruptura y su viaje a la capital Renegada. Algunos conocidos la vieron vagar de un lado a otro sin un rumbo fijo, muchos menos se percataron de un deterioro preocupante en su salud mental. Las últimas noticias que se han obtenido al respecto son que tras un intento fallido de robo al anticuario conocido como Faustián, la susodicha se instaló en su casa. 

Nadie sabe a ciencia cómo se supone que consiguió alojamiento tras un absurdo hurto y mucho menos la naturaleza de esta unión; se cree que tiene algo que ver con la expedición al sur de Kalimdor que el doctor está organizando. Mucho más enigmáticos son sus planes para el futuro de la misma, y si al final la locura imprimió una huella permanente en ella. 

CuriosidadesEditar

Siempre arrastra con ella una mugrienta mochila de peluche con forma de conejo que da malas vibraciones. ¿Mal rollo un conejo de trapo? ¡Exacto! Cualquiera con cierta sensibilidad para percibir el aura de las personas/objetos mágicos puede notarlo.

El Señor Bunny Boom original alberga un compartimento secreto en su trasero con media docena de bombas. Solo ha usado una de ellas, pero como nunca lleva ningún arma tradicional encima, se intuye que no tendría reparos en utilizar el resto si se viese en peligro.

En Kezán tenía un hermoso ciclomotor rosa con topos blancos que “respondía” al nombre de Sally. Ha manifestado varias veces su intención de hacerse con uno similar. 

Ha trabajado varias veces para la editorial Barco de Bonvapor. Con sus manos ha ilustrado varios manuales (ver Llave a los Infiernos ) y algunos libros infantiles. Aún no es muy conocida… ¡Pero no piensa rendirse!

Cocina estupendamente. Aunque su especialidad es la repostería, no teme adentrarse en la cocina y experimentar. Para sorpresa de todos (ella incluida) se le da relativamente bien, muy seguramente por la cantidad de años que ha tenido que subsistir sola. 

Tiene nociones básicas de enfermería y primeros auxilios. Se encargó personalmente del juguetero Rinzler cuando enfermó y eso la obligó a aprender urgentemente algunos truquitos de medicina casera. 

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