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Bastián de Severac

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Bastián de Severac
Imagen de Bastián de Severac
Información del personaje
Servidor Los Errantes
Título Señor de Severac
Género Masculino
Raza Humano
Edad 24 años
Clase Paladín
Alineamiento Legal Bueno
Ocupación Cruzado, Castellano
Lugar de nacimiento Severac, Claros de Tirisfal
Residencia Monasterio Escarlata
Afiliación Reino de Lordaeron, Cruzada Escarlata, Custodia Escarlata
Estado Vivo

TrasfondoEditar

OrígenesEditar

Bastián nació como el hijo mediano del matrimonio formado por Grégoire de Severac e Isabeau de Temmerais, siendo Gabriel el mayor y la pequeña Sophie la menor. La Casa de Severac formaba parte de la nobleza rural lordanesa de los Claros de Tirisfal.
Severac.jpg

La Luz vela por nuestra Paz. Lema y emblema de la Casa de Severac.

Sin embargo poseía un estatus menor a la de otras más poderosas como los Agamand, o los Barov de Castel Darrow, también Señores de la Villa de Rémol, a quiénes el Señor de Severac debía lealtad directa. El dominio de la Casa era relativamente escaso, siendo únicamente administradores de una de las pequeñas aldeas a media jornada de viaje desde la Villa de Rémol, que tomaba su mismo nombre: Severac. Los súbditos de Grégoire de Severac habían permanecido leales a su Señor y al linaje de la Casa Menethil desde que se les concediesen dichas tierras a sus familias generaciones atrás. Así era, los habitantes de dicho lugar eran gentes típicas del campo lordanés, piadosas y devotas incondicionales de la Fe teística en la Luz Sagrada. La guerra no era ni de lejos la principal predisposición o preocupación de las gentes de Severac, siendo en su mayoría labradores como sus Señores, dados al trabajo de la tierra y la ganadería. La Luz vela por nuestra Paz, era el dicho popular de la región, satisfechos con sus simples pero dichosas vidas.
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Severac, en la campiña de los Claros de Tirisfal.

En este ambiente rural y pacífico de la campiña lordanesa se forjarían los hijos de Grégoire de Severac, tal y como antes que ellos lo habían hecho él y su hermano, y antes de él su padre y tío. El joven Bastián creció junto a su hermano Gabriel y la pequeña Sophie, aprendiendo los oficios de sus vecinos: agricultor, pastor, leñador, pescador, cría de caballos y equitación e incluso algo de viticultura. Sin embargo, no importaba cuán de bien se le diese a Bastián uno de ellos, pues su hermano Gabriel siempre obtenía mejores resultados que él en todos y cada uno. Esto, lejos de distanciarle de él, acabó creando una gran admiración por parte de Bastián hacia su hermano mayor.

Gabriel en cambio no poseía esa admiración mutua por su hermano ni por su traviesa y siempre tan alegre hermana Sophie, a quién con el tiempo, harto de ella, de repetirle las cosas una y otra vez, acabaría considerando tonta de remate. En cuánto creció, sus salidas a la cercana Villa de Rémol se hicieron más frecuentes, donde entabló amistad con varios miembros de la familia Barov, especialmente con la joven Jandice. Con el tiempo, acabó pasando más tiempo allí que en Severac, para tristeza de su hermano menor, que en aquella etapa sintió una creciente soledad ante la marcha del que había sido no solo su hermano, sino mejor amigo y ejemplo a seguir.

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Jandice Barov invitó a Gabriel junto con muchos otros jóvenes "prometedores" a Castel Darrow.

Grégoire e Isabeau no veían estas salidas con tan malos ojos, después de todo la Casa Barov era de las más influyentes de Lordaeron, y sería una gran apuesta para el futuro fortalecer las relaciones con dicha familia. Tal fue así, que cuándo Gabriel les pidió permiso para marchar a Castel Darrow una buena temporada, al parecer invitado por Jandice, le dieron el visto bueno sin pensárselo dos veces. Bastián no volvería a verlo en mucho tiempo, y cuándo lo hiciese, Gabriel no sería el mismo.

La Plaga llega al ReinoEditar

Pero incluso un día de armonía puede dar pie a una noche de tormenta, y eso fué lo que ocurrió en Lordaeron. Se oían cosas inquietantes en Severac y por la campiña: incursiones de los bandoleros de la Hermandad de Alterac, levantamientos orcos en los campos de internamiento del sur... pero ninguna de estas noticias era tan escalofriante como la de la Plaga de No-Muerte que estaba brotando por las comunidades más aisladas del norte. Al parecer, los que sucumbían a esta terrible enfermedad morían a las horas sin remedio posible, y luego se convertían en No-Muertos para atacar a sus antaño compatriotas.

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Los Muertos se levantan para atacar a los Vivos.

Para hacer frente a esta amenaza creciente, el Rey Terenas envió a su propio hijo, acompañado al parecer, de una joven hechicera del Kirin Tor, así como del legendario Uther el Iluminado. Sin embargo, la gravedad de la situación se escapaba en realidad del control del Rey, pues esta Sombra a la que Lordaeron había de hacer frente iba más allá de su imaginación y llevaba largo tiempo preparándose para acabar de una vez por todas con el más grande Reino de la Humanidad y la Fe en la Luz Sagrada. Era el Culto de los Malditos, que liderado por su maestro Kel'Thuzad había reclutado a no pocos sectarios entre las gentes más desdichadas, infames y ambiciosas de Lordaeron. El Culto se preparaba para liberar desde Andorhal un holocausto hacia el pueblo lordanés e instaurar un Nuevo Orden, dónde la No-Muerte no sería una maldición, sinó una bendición a aquellos que se sometieran al Rey Exánime.

A pesar de que el Enemigo era capaz de mandar a los muertos a su voluntad, se oyeron noticias de victorias en el Este: se habían producido batallas en Vega del Amparo y Stratholme, logrando contener la epidemia y a pesar de la magnitud del sacrificio, el Príncipe había marchado a Rasganorte para dar caza a los reponsables y llevarlos ante la justicia de la Luz.

En la aldea de Severac las cosas siguieron pese a todo, a su ritmo normal, aunque se tenía constancia de grupos de forasteros de negros ropajes que recorrían las villas y que aseguraban ser refugiados de las catástrofes del Este.

El Azote de LordaeronEditar

No fue hasta el regreso del supuestamente victorioso Príncipe del gélido norte a su hogar cuándo se desató el caos. Con el asesinato del Rey Terenas a manos de su querido hijo, Ciudad Capital cayó sin remedio ante una horda de No-Muertos y Cultores, y los supervivientes de dicha masacre se desperdigaron por la campiña lordanesa.
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La Corona Ensangrentada de Lordaeron.

Entre ellos se encontraban el General Abbendis y el Clérigo Isillien, de quiénes se decía que estaban rescatando a todos los lordaneses restantes para unirlos bajo una sola bandera que hiciera frente al Príncipe Caído y al llamado "Azote" un inmenso ejército de No-Muertos cuyo único objetivo era la anquiliación total de la Vida en Lordaeron.

En Severac el ambiente era tenso, pues la cercana Villa de Vandermar había sido arrasada por el Príncipe Caído y los No-Muertos empezaban a verse por los alrededores de todas y cada una de las localidades de los Claros de Tirisfal. Ante esta amenaza, y con el ejército del Rey siendo machacado por todos los frentes, el Señor de Severac no tuvo otro remedio que armarse él mismo y a sus vecinos para defender sus hogares de la Sombra que se avecinaba. Las armas de los labradores de Severac eran viejas y en mal estado, se notaba que aquellas gentes no habían visto una guerra en su tierra en generaciones. Bastián estaba por supuesto entre los desconcertados que apenas sabían blandir una espada, y entrenó todas las mañanas junto a sus vecinos ante la posibilidad de que los No-Muertos se abalanzasen sobre sus casas y hubiesen de entrar en batalla.

Y así fueron pasando las semanas, meses incluso, estando la pequeña comunidad aislada del mundo exterior, sin noticia alguna de lo que sucedía más allá de los terrenos que señalaban el fin de Severac. Sin embargo, una tarde oscura y lluviosa, unos jinetes atraviados con negros atuendos se acercaron a la aldea, y a pesar de que los lugareños se mostraron reacios a recibirles, no tuvieron más remedio que ceder en cuándo uno de ellas reveló su identidad: Gabriel había regresado a Severac. Aseguraba que aquellos que lo acompañaban eran los supervivientes que había reunido por el camino. Grégoire, Isabeau, Sophie y por supuesto Bastián fueron de inmediato a recibirle con lágrimas en los ojos, en un familiar abrazo, después de todo creían que se encontraba entre las víctimas de la Plaga y Azote.

Una vez los viajeros entraron a la aldea volvieron a atrancarse las puertas ante la inminente noche. La familia de Severac junto a gran parte de sus vecinos decidieron festejar el regreso del querido Gabriel, una alegría entre tantas desgracias, una señal de que la Luz no les había abandonado. A pesar de que el banquete fue algo frugal, el vino de Severac corrió en no poca cantidad entre varios de los comensales, y a la madrugada, parte de ellos estaban dormidos o demasiado cansados para reaccionar a lo que estaba apunto de pasar.
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Gabriel de Severac revelando al fin su verdadera cara: Cultor y traidor a Lordaeron.

Conforme la noche se hacía más oscura y las calles se sumían en un silencio sepulcral, varios de los acompañantes de Gabriel se encargaron con cautela de apuñalar a todos y cada uno de los guardias que vigilaban los límites de la aldea, así como de abrir las puertas. Fue entonces cuándo Bastián, por milagro o señal de la Luz, despertó y contempló horrorizado a su hermano, en la plaza de Severac.

La Batalla de SeveracEditar

Lo que Bastián entendió a continuación fue un horror digno de sus peores pesadillas. Su hermano estaba entre las filas de los Cultores (pues desde luego aquellos que lo acompañaban también lo eran), así como de una hueste de No-Muertos que se precipitaba sobre la ahora indefensa población desde la espesura, sin oposición alguna, habiendo sido asesinados todos y cada uno de los milicianos que custodiaban los lindes y abiertas las puertas.

Sin nadie más para dar la alarma, Bastián corrió gritando por las calles de la aldea, alertando a todos y cada uno de los vecinos y exigiéndoles que tomaran sus armas en nombre de Lordaeron y la Luz para defender sus hogares y sus familias. Por desgracia, la mayoría de los habitantes estaban demasiado ebrios y fatigados para responder al reclamo, y casi todos seguían roncando apaciblemente en sus casas. Los No-Muertos empezaron a romper las puertas de las viviendas en brutales acometidas y a asesinar a los aldeanos desprevenidos que se encontraban en su interior sin piedad alguna, como era de esperar.

Bastián rezó a la Luz, se entregó en oraciones a Ella, rogando que interviniese de algún modo para salvar las vidas de aquellos a los que amaba. Y la Luz respondió.

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Los Cruzados llegan a Severac para enviar a los Cultores y No-Muertos donde se merecen.

Un segundo ejército compuesto por hombres y mujeres en armaduras carmesíes, así como portando por estandarte la Santa Letra Lordanesa y la Llama Escarlata se apresuraba hacia la aldea por el borde contrario a través del cuál estaban accediendo los No-Muertos ayudados por los Cultores. Una imponente mujer los comandaba, portando un escudo que llevaba grabado el mismo Sol, ordenó sin dudarlo el movimiento de carga a sus soldados, que corrieron a buen paso hacia Severac con alaridos de justa cólera y encomendándose a la Luz para obtener la victoria.

El choque entre ambas fuerzas fue brutal, Vivos contra No-Muertos, Leales contra Traidores, ese día en Severac, como había sucedido en tantos otros lugares, se batalló por el alma misma de Lordaeron. Y la Luz quiso que los Cruzados se alzasen con la victoria. Mientras, Bastián corría para comprobar el estado de su familia, aún destrozado por el dolor que le producía ver a su hermano con esas marcas en la cara.

Holia Escusol, pues así se llamaba la comandante de los Cruzados, detuvo una ráfaga de Sombras que le lanzaba Gabriel con su flamante escudo que destelló con el poder de la Luz, antes de ponerle de rodillas con un embate y al no tener noticia alguna de su tabardo o de quiénes eran estos llamados Cruzados, el Cultor sólo pudo espetar un ¿Quién sois? Holia respondió con un simple Vuestro fin, mientras lo decapitaba de un fugaz mandoble de su espada plateada. La cabeza del desleal rodó en la plaza de Severac, con los vítores tanto de los soldados de Holia como de los pocos supervivientes de la aldea que se habían enterado de lo que estaba sucediendo y unido a la lucha contra Cultores y No-Muertos, apoyando a los Cruzados.
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Holia Escusol, Campeona de la Cruzada Escarlata y futura Patrona de las gentes de Severac. Se reuniría con la Luz tras dar muerte al Señor del Terror Beltheris.

No fue hasta el alba, tras horas de batalla, cuándo hasta la última de las alimañas No-Muertas: una gigantesca abominación que había causado estragos, fue erradicada de Severac. Las pérdidas de la refriega eran cuantiosas y muchas de ellas irreparables, pues la aldea se encontraba casi por completo en ruinas y había sobrevivido poco menos de la mitad de la población total. Grégoire de Severac, el Señor, se encontraba entre los caídos, apuñalado por varios de los esbirros de su hijo Gabriel.

Isabeau y Sophie habían logrado sobrevivir debido al sacrificio de su esposo, pues Grégoire se interpuso en el camino de los Cultores y No-Muertos el tiempo suficiente para que los Cruzados llegasen a salvarlas de sus garras. Bastián junto con los pocos supervivientes de Severac lloraron a sus seres queridos aquel amanecer y maldijeron al Culto de los Malditos y la No-Muerte, jurando devolver a su tierra la Gloria y la Luz que jamás debió perder.

La comandante Holia propuso entonces a lo que quedaba del pueblo de Severac usar los antiguos carros del grano para transportar cuánto quisieran llevarse y a sus fallecidos al Monasterio Escarlata, que según se enteraron los aldeanos, era el mayor bastión que los leales al Reino de Lordaeron aún conservaban en los Claros de Tirisfal. Allí se daría digna sepultura a los caídos de Severac, lejos del alcance de los nigromantes. En cuánto a los cadáveres de los Cultores y a los No-Muertos, no hubo funeral alguno, fueron apilados en las afueras de la ya aldea en ruinas y en aquel frío amanecer se hizo un gran fuego en el que ardieron todos y cada uno hasta que no quedaron más que cenizas.

Un nuevo comienzoEditar

El pueblo de Severac al completo se mostró de acuerdo con la líder de los Cruzados, que les había salvado de un destino peor que la Muerte. Así lo hicieron, en poco más de una hora, los aldeanos restantes partieron junto a las carretas que transportaban a sus caídos y todo cuánto pudieron llevar rumbo al Monasterio.
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Los supervivientes de la destrucción de Severac se unieron a la Cruzada Escarlata.

Escoltados por Holia Escusol y sus Cruzados (a la que los supervivientes de la Batalla de Severac acabarían dando el título de Santa y considerando su Patrona), hasta el último de ellos decidiría unirse a la Cruzada por la cuál combatía aquella mujer que había acudido en su ayuda en sus horas de máxima necesidad y liberado de ser ahogados por las Sombras.

Tras someterse al período de cuarentena necesario para comprobar que ninguno de ellos era portador de la Plaga, los antiguos habitantes de Severac ahora formarían parte de la Cruzada Escarlata y llegado el momento acabarían por convertirse en brazos leales y trabajadores en los asentamientos de los que disponía la Orden. O tomar el voto del Cruzado para convertirse en brazos armados de la Luz, como haría Bastián. Todos dispuestos a obrar y luchar donde se les encomendase, y dar hasta la última de sus gotas de sudor y sangre en la Guerra Santa por restaurar el Reino de Lordaeron.

AparienciaEditar

A primera vista Bastián no difiere demasiado de los otros tantos jóvenes Cruzados que puedes encontrarte por el laberinto de pasillos, salas y estancias que conforman el Monasterio Escarlata. Su altura no es la más impresionante, pero a pesar de ello sí que alcanza el metro ochenta. Su complexión en cambio es atlética y se le nota en buena forma física; no hay duda de que además de los rezos y el preparamiento psicológico característicos del buen Cruzado, entrena todos los días junto con el resto de sus hermanos y hermanas para enfrentarse a los enemigos de la Cruzada Escarlata.

Su piel cambió de cómo fuera originalmente ya que Bastián empezó a perder el color y se volvió más pálido conforme la luz del Sol desaparecía casi por completo de Lordaeron para dar paso al sombrío clima actual. Una melena de pelo castaño le cae hasta la altura de los hombros, sujeta por un pañuelo de color escarlata. Sus ojos son azules, como los de la mayoría de lordaneses, aunque en su caso han adquirido una tonalidad más clara e incluso grisácea.

Porta el Anillo del Gallo, cuya posesión le acredita como el actual Señor de Severac, aunque es poco probable que el observador reconozca el símbolo ni su significado si no es de la región o un erudito de las Casas Nobles de Lordaeron y se conozca el emblema, al ser ésta tan desconocida (una de tantas Casas vasallas de los Barov) y con poco peso político (actualmente nulo, dado que la aldea como tal ya no existe). No es una joya muy ornamentada, así que por lo general pasaría por una mera bagatela sin valor.

CarácterEditar

Bastián suele mantener un rostro y actitud en cierto modo monótonas ante aquellos que no forman parte de la Cruzada Escarlata, siendo algo difícil sacarle expresiones positivas o sonrisa alguna, ya que (en el mejor de los casos) se mostrará algo distante ante aquellos ajenos a la organización. Profundamente seguidor de la Fe teística en la Luz Sagrada y adoctrinado durante años por los lnquisidores del Monasterio Escarlata, Bastián ha llegado a los extremos de fanatismo propios del Cruzado, considerando a todos aquellos que no practiquen la misma Fe como unos invasores/traidores/herejes más y posibles amenazas para la restauración del Reino de Lordaeron. Ni que decir tiene el odio que demuestra hacia todo tipo de No-Muertos y Demonios (y todo aquel que aspire a serlo o les proteja de la justicia de la Luz), hacia prácticas como la Nigromancia, la Brujería, el Druidismo, los Huargen, y otros Cultos y Aquelarres que puedan brotar aprovechándose de la destrucción del Reino de Lordaeron.

Entre sus camaradas de la Cruzada ya es otro cantar, mucho más sociable y receptivo, una persona amigable, cercana y que siempre está dispuesta a echar una mano cuándo sea necesario. Escuchará con atención todo aquello que sus hermanos y hermanas tengan que decirle, siendo también de su agrado entablar largas conversaciones en las que compartir varios de sus sueños y reflexiones, así como aprender sobre las de sus compañeros.

Su dedicación a toda orden que le den sus superiores es incuestionable, mostrando siempre un gran respeto hacia ellos y por lo general las cumplirá sin poner objeción alguna, aunque ello implique un considerable riesgo o la posibilidad de perder la vida. Bastián se toma muy en serio sus votos, pues el hecho de que la organización les salvase a él y a sus gentes de las garras de la No-Muerte ha desarrollado una lealtad y disciplina férreas hacia la causa de la Cruzada Escarlata, considerando que es su deber hacer cuánto sea necesario para que se alce con la victoria.

Familiares conocidosEditar

  • Humana.gif Nagadra Visgalia, esposa.
  • Niña humana.gif Sibyla de Severac, hija.
  • Humano.jpg Grégoire de Severac, padre.
  • Humana.gif Isabeau de Temmerais, madre.
  • No-muerto.gif Gerontius "Lunático" de Severac, tío.
  • Humano Cultor.png Gabriel de Severac, hermano mayor.
  • Humana.gif Sophie de Severac, hermana pequeña.

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